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	<title>Walter Schmidt &#187; Estados Unidos</title>
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		<title>Por una política exterior previsible</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Mar 2016 03:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Walter Schmidt</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Barack Obama]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Lousteau]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Política exterior]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Las relaciones internacionales distan mucho de asemejarse a las relaciones políticas internas, partidarias, al menos las que se desarrollaron en la Argentina en las últimas décadas.</p>
<p>El lenguaje diplomático es sutil, moderado, cuidadoso de no ofender a otra nación o entrometerse en los asuntos domésticos de otro país. Debajo de toda esa puesta en escena, obviamente subyacen las negociaciones crudas, duras, de la política internacional. Pero no se exhiben ni ostentan, salvo excepciones.</p>
<p><b>Hay una condición que convierte a un país en serio: la previsibilidad</b>. Una nación puede ser de izquierda o de derecha, pro-norteamericana o pro-china; con un Estado omnipresente o un Estado vacío. Pero debe ser previsible. Los actores internacionales deben saber hacia dónde apunta su política exterior, cuáles son sus socios, sus aliados, qué se está dispuesto a negociar y qué es innegociable.</p>
<p>Establecidas esas reglas, las de la <i>Realpolitik</i>, la Argentina es un país poco serio. Prueba de ello es que a menos de cuatro meses del cambio de Gobierno, el país dio un giro de 180 grados en su política exterior, que bien lo pueden reflejar tan sólo dos frases respecto del Gobierno del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. La primera pertenece a quien fuera presidente hace apenas 108 días atrás, Cristina Fernández y la segunda, al actual jefe de Estado, Mauricio Macri.<span id="more-278"></span></p>
<p>Cristina Fernández a Obama: “Quieren voltear al Gobierno con ayuda extranjera. Y si me pasa algo, después de las amenazas recibidas, no miren hacia oriente, miren hacia el norte”.</p>
<p>Macri a Obama: “Su liderazgo ha sido muy inspirador para la mayoría de los dirigentes. Usted emergió proponiendo grandes cambios y demostró que con convicción se podía desafiar el <i>statu quo</i>”.</p>
<p>¿Cómo puede ser creíble para el mundo una nación que puede pasar del odio al amor o del amor al odio en cuatro meses? La primera respuesta es la <b>falta de políticas de Estado que construyan la identidad de la Argentina a partir del consenso de todas las fuerzas políticas y de los representantes de los distintos sectores de la comunidad, plasmado en la Constitución Nacional</b>. Que refleje ese gran acuerdo, pero también que exija su cumplimiento.</p>
<p>No se trata de discutir o debatir si la postura de Cristina Kirchner era mejor o peor que la de Mauricio Macri, sino en construir un sendero que sea transitado por todos los Gobiernos que sucederán al actual. Es muy poco serio que el presidente que llega al poder moldee al país de acuerdo con su criterio y que el que venga después tenga las manos libres para hacer algo en sentido contrario.</p>
<p>En los ochenta, con el retorno de la democracia, Raúl Alfonsín (Unión Cívica Radical) eligió una política exterior basada en la unión sudamericana —el Mercosur—, con un vínculo distante aunque no confrontativo de los Estados Unidos de Ronald Reagan. La llegada de Carlos Menem (Partido Justicialista) dio un giro, estableció las “relaciones carnales” con Washington, una buena relación con Europa y algunos problemas comerciales con los socios sudamericanos. Fernando de la Rúa (Unión Cívica Radical) no tuvo demasiado margen para las relaciones internacionales y su agenda fue muy acotada, casi neutral en todo aspecto, supeditada a la crisis económica, aunque trató de mantener el equilibrio, sin alineamiento alguno.</p>
<p>Tras el breve Gobierno de Eduardo Duhalde, a quien Estados Unidos le hizo padecer las negligencias de la Argentina para evitar una crisis total, los Kirchner volvieron a dar un giro a su agenda internacional. Los Estados Unidos, primero con George W. Bush y luego con Barack Obama, siempre fueron el enemigo a enfrentar, ya sea dando muerte al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), denunciando la intromisión en asuntos locales o un complot cuando fue descubierta la famosa valija de Guido Antonini Wilson que pretendía ingresar con 800 mil dólares no declarados al país, hasta el memorándum con Irán o los fondos buitre.</p>
<p>Nuevamente, como si se tratara de un reloj de arena al que, luego de determinado tiempo —una gestión de Gobierno de un color político— se lo da vuelta, ahora Estados Unidos pasó a ser un aliado estratégico y el modelo a seguir.</p>
<p>“<b>La volatilidad de nuestra política exterior puede llamar la atención, pero es un reflejo de algo más grave: la inestabilidad interna, las crisis recurrentes que nos impiden aprovechar las capacidades existentes y generan daños económicos, políticos y sociales</b>. Ese comportamiento nos torna cortoplacistas, impidiéndonos mirar hacia delante e imaginar juntos un futuro mejor”, escribió el actual embajador argentino en Washington, Martín Lousteau.</p>
<p>Ese cortoplacismo del que habla Lousteau inunda a la Argentina de interrogantes en el mundo. ¿Cuál es la verdadera Argentina? ¿La de las relaciones carnales de Menem o la setentista y antinorteamericana de los Kirchner? ¿La de la frialdad de Alfonsín o del alineamiento de Macri? Lamentablemente, todas.</p>
<p>En la medida en que la política no se siente a una mesa a diseñar el modelo argentino, que deba regir de aquí en más, por encima del color político del presidente de turno (como ocurre en Estados Unidos, Brasil, Uruguay o Europa), nuestro país quedará supeditado a los aciertos y las buenas intenciones de quien gobierne. Y esperar eso de la política es demasiado ingenuo.</p>
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		<title>Mantener el poder a cualquier precio</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Oct 2014 09:46:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Walter Schmidt</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Axel Kicillof]]></category>
		<category><![CDATA[complot]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Fernández de Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[ISIS]]></category>
		<category><![CDATA[Néstor Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[Osama Bin Laden]]></category>
		<category><![CDATA[Rafael Bielsa]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>La presidenta Cristina Fernández de Kirchner encontró <strong>una rara y peligrosa fórmula para mantener el poder</strong> en los 14 meses que le quedan de mandato. El complot interno con la ayuda de los Estados Unidos, mas la incertidumbre, parecen haber tranquilizado el temor de la mandataria de permanecer como una simple testigo la transición hacia el próximo gobierno, el de su sucesor.</p>
<p><strong>El recurso del complot no es nuevo. Fue utilizado en forma recurrente por Néstor Kirchner y Cristina Fernández durante los 11 años de gobierno.</strong> Ocurrió en el conflicto con el campo, en el debate por la ley de Medios con el Grupo Clarín, con la figura de Eduardo Duhalde, con la Policía bonaerense por el aumento de hechos de inseguridad, pero de manera reiterada, cuando se presentaba algún escollo económico que el kirchnerismo no sabía enfrentar y terminaba culpando a los empresarios.<span id="more-60"></span></p>
<p>La teoría del complot con el apoyo de los Estados Unidos tampoco es de ahora. En junio de 2004, con poco mas de un año en el gobierno, cuando el entonces presidente Kirchner viajó a China para concretar –lo que obviamente nunca ocurrió- un préstamo multimillonario que permitiría a la Argentina terminar con su deuda externa, <strong>el santacruceño promovió desde Pekin un fuerte cruce con la Casa Blanca con el objetivo de desviar la atención de los medios.</strong> Así, el entonces canciller Rafael Bielsa tomó unos artículos de dos diarios que citaban a una “fuente” del gobierno norteamericano que se refería a la Argentina como “el patio trasero”, para armar un escándalo diplomático.</p>
<p><strong>El concepto de “complot” responde a la necesidad permanente del kirchnerismo de buscar enemigos</strong>, si son más fuertes, mejor, para alimentar la batalla dialéctica “ellos” o “nosotros”. Fue una constante. <strong>Nunca se comprobó ni hubo resultado alguno de una investigación judicial que comprobara que algún sector planeó derribar o voltear al gobierno kirchnerista. </strong></p>
<p>Nadie niega la impronta imperial de los Estados Unidos, pero hablar de Osama Bin Laden en la reciente Asamblea General de la ONU y 14 años después del atentado a las Torres Gemelas, o utilizar una supuesta amenaza a la Presidenta al 911 vinculada con el Grupo ISIS para denunciar que si llega a pasarle “algo”, los argentinos “miren hacia el norte” para hallar a los responsables, resulta cuando menos irresponsable o paralelo a la realidad.</p>
<p>Al complot la Presidenta le sumó la incertidumbre.</p>
<p>Cada día causa más sorpresa que miembros del gabinete nacional, renombrados empresarios, poderosos sindicalistas, experimentados legisladores y operadores políticas utilicen la misma respuesta cuando un periodista les consulta, en privado, qué hará el gobierno nacional con los bonistas, la inflación y la inseguridad de aquí a diciembre de 2015: “No sé&#8221;.</p>
<p>Como una regla no escrita, <strong>los gobiernos que atraviesan una delicada situación en el tramo final de su gestión, se cierran sobre sí mismos.</strong> Los interlocutores son menos, la mesa de decisiones mucho más chica y la desconfianza mayor. Así, Cristina Fernández se recluye con su hijo Máximo Kirchner, Carlos Zannini, Axel Kicillof y los pibes de La Cámpora. Nadie más.</p>
<p>Pero lo más grave para la confianza, credibilidad, previsión, certeza de un país, no sólo dirigida a sus habitantes sino a la comunidad internacional, los inversores, las PYMES y cualquier actor económico, es la incertidumbre. Para todos ellos, Cristina Fernández puede devaluar, hacer una reforma impositiva, echar al embajador interino de los EE.UU en el país, recomponer la relación con el mundo, acordar en paz con los bonistas, realizar un default general y una nueva reestructuración de la deuda, aplicar la Ley de Abastecimiento cerrando empresas, detener la inflación, llevar al país a un proceso hiperinflacionario, reformar la Constitución, generar una transición ordenada. Todo es capaz de hacer. Cualquier cosa puede hacer.</p>
<p>De manera voraz, <strong>el Poder Ejecutivo se ha convertido en un culto al personalismo y el fanatismo de ciertos funcionarios</strong>, como el ministro de Economía, Axel Kicillof que recientemente, durante su viaje a China, terminó hablándole de Mao Tse Tung al presidente del Banco Central chino.</p>
<p>La Argentina es caracterizada por los analistas como un país comprendido por un ciclo que alterna, cada determinado tiempo, bonanza con crisis. Es hora de que alguien rompa esa lógica y el país deje de pasar de un extremo a otro, y simplemente tenga una estabilidad perdurable.</p>
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