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	<title>Tania Quintero &#187; La Imperial</title>
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		<title>Guanabacoa, la próspera villa habanera que se nos fue</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Sep 2013 05:11:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tania Quintero</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando uno se entera que antes de 1959, sólo en <strong>Guanabacoa</strong>, había ocho firmas productoras de calzado de calidad, no puede menos que indignarse, o entristecerse.</p>
<p>Guanabacoa, uno de los quince municipios que hoy conforman la provincia de <strong>La Habana</strong>, mundialmente es conocido por ser la patria chica de tres grandes de la música y la <strong>cultura cubana</strong>: <strong>Ernesto Lecuona, Rita Montaner e Ignacio Villa, Bola de Nieve</strong>. También por sus santeros y babalaos.</p>
<p><span id="more-32"></span>Antes de 1959, <strong>Guanabacoa</strong> y <strong>Rancho Boyeros</strong> eran dos de los territorios más industrializados de la capital. A ellos se sumaría <strong>Marianao</strong>, la ciudad que progresa, como rezaba el slogan. A pesar de las ruinas habaneras, el olvido de los más viejos, agobiados por la supervivencia diaria, y la desinformación y apatía de los más jóvenes, vale la pena desempolvar el pasado de localidades de <strong>Cuba</strong> que vivieron tiempos de auge y esplendor en la industria y la economía.</p>
<p>En el idioma de los <strong>taínos</strong>, Guanabacoa significa &#8220;tierra de ríos y lomas&#8221;. <strong>La Villa de Pepe Antonio</strong>, como popularmente le llaman, fue fundada por los españoles el 12 de junio de 1554. Su prosperidad se inició en los siglos 17 y 18 y ya en los siglos 19 y 20 se destacaba por su desarrollo económico. A unos 5 kilómetros del centro de <strong>La Habana</strong>, tiene alrededor de 113 mil habitantes. Es el municipio con más cementerios del país, 6 en total, incluidos dos judíos.</p>
<p>En la <strong>Guía Provincial de La Habana</strong> (1944), reproducida en el sitio online <strong>El Güije</strong>, se encuentran datos sobre aquella Guanabacoa que se nos fue. Cita obligada es <strong>Pedro A. López</strong>, natural de <strong>Laredo</strong>, <strong>Santander</strong>, que llegó a la isla en 1887 y desde sus inicios se dedicó al ramo de la papelería. Fundó tres <strong>importantes fábricas.</strong> La primera en 1925, de sacos de papel, en <strong>El Cerro</strong>, que producía todos los sacos para envasar azúcar que Cuba necesitaba. La segunda de cartón, en 1938, en Guanabacoa, cuya producción se distribuía en el mercado nacional. Y la tercera, en la misma localidad, una fábrica de colorantes y condimentos. El colorante utilizado era natural y se convirtió en sustituto del costoso azafrán.</p>
<p>Otro español ilustre fue<strong> José Bravo</strong>, dueño de <strong>La Casa de los Catalanes</strong>, que no era catalán, si no asturiano. Desde que en 1928 llegó a Cuba se asentó en Guanabacoa. En 1942 abrió el negocio, que siempre estuvo dedicado a la venta de <strong>tabacos, cigarros, fósforos y billetes de lotería.</strong></p>
<p>Unos propietarios eran extranjeros, otros cubanos, como<strong> Salvador Rovira,</strong> dueño de <strong>La Imperial</strong>, fábrica de dulces especializada en jaleas y conservas en pastas y latas. <strong>Antonio González Cuéllar</strong> fundó la panadería y repostería <strong>El Louvre</strong>, famosa por la alta calidad de sus materias primas. Dos cubanos, <strong>Bernardo e Ignacio Uriarte</strong>, en 1941 decidieron trasladar de una céntrica calle habanera a otra guanabacoense, los <strong>Labarotarios Uriarte</strong>, productores de jarabes y píldoras muy populares entonces. Es probable que estos Uriarte estuvieran emparentados con <strong>Florencio Uriarte Ercoreca</strong>, uno de los dueños de la <strong>Ferretería El Progreso</strong>. El otro dueño,<strong> Teodoro Leisa</strong>, también era vasco. Instalada en 1937, por su surtido y por el trato afable de sus dueños y empleados se consideraba la mejor ferretería de Guanabacoa.</p>
<p>Importante también fue el <strong>Tostadero de Café Regil</strong>, fundado en 1881 por Don <strong>Augel Regil</strong> y que en 1933 pasó a manos de <strong>José María Serna</strong> y los hermanos Enrique y <strong>Domingo Trueba</strong>. Los cartuchos de Regil eran envasados herméticamente, en la fábrica laboraban 75 empleados y con una flota de 16 camiones pequeños, lo repartían por toda <strong>La Habana</strong> y parte de las provincias de <strong>Pinar del Río</strong> y La Habana. Las dos marcas de café más vendidas en Cuba antes de 1959 eran Regil y Pilón.</p>
<p>Pero el número uno se lo llevaban las industrias de las confecciones y el calzado. En Guanabacoa existieron 5 talleres de confecciones. Tres llevaban los nombres de sus propietarios: Benito Pérez e Hijos; <strong>Humberto González Espuch</strong>, dedicado a la ropa de hombre; <strong>Isidoro Marín Padilla</strong>, camisas y ropa interior de la marca <strong>Boston Sport.</strong> A ellos se suman la <strong>Compañía de Confecciones S.A</strong>., con 250 empleados y una producción mensual de 5 mil docenas de piezas, entre camisas, pantalones y ropa interior, y la American Textil S.A., que elaboraba materia prima para toda clase de colchonería.</p>
<p><strong>La industria del calzado contaba con 8 fabricantes:</strong> Pupy, del cubano Octavio García Cartaya, quien junto a sus siete hermanos y tres empleados se especializaron en calzado infantil; Sr. David Melcer; Señores Mendoza y Arbelo; Gercowiky y Mordhowicz, rusos; Osinski, Ozeski y Stern, polacos; Natan Wager &amp; Co, también polacos; Martínez y González, cubanos, y The Dorothy Shoe, de Carlos Zelcer, lituano. Todos estos talleres o chinchales elaboraban zapatos de gran calidad, cualquiera los podía adquirir y llegaron a tener una selecta clientela.</p>
<p>Es que el cosmopolitismo de La Habana no se concentraba solo en las barriadas del <strong>Vedado</strong> y <strong>Miramar</strong>; las tiendas exclusivas situadas en <strong>Galiano, San Rafael y Neptuno;</strong> los hoteles, teatros y cabarets. Se extendía a todos sus municipios. Es el caso del cine-teatro <strong>Lutgardita</strong>, en Rancho Boyeros: pese a su actual nombre, Sierra Maestra, y la desidia de las autoridades, por su diseño y arquitectura, figura entre los inmuebles de interés para los especialistas.</p>
<p>Cuando uno se entera que antes de 1959, solo en Guanabacoa, había 8 firmas productoras de calzado de calidad, no puede menos que indignarse -o entristecerse- cuando lee lo que la periodista independiente Gladys Linares en un artículo reciente en Cubanet escribió sobre la escasez de zapatos:</p>
<p>&#8220;Una opción muy socorrida la podemos ver muchas veces en los portales o en áreas cercanas a centros comerciales: <strong>algunas personas venden zapatos recuperados por los &#8216;buzos&#8217; de los contenedores de basura, que previamente arreglan y limpian</strong>. Su precio puede oscilar entre los 4, 5 o 10 pesos convertibles. Y aunque no se crea, siempre aparecen compradores, sobre todo entre los ancianos y jubilados&#8221;.</p>
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