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	<title>Sergio Bergman &#187; Jorge Bergoglio</title>
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		<title>La Revolución de Mayo de Francisco</title>
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		<pubDate>Sun, 25 May 2014 09:49:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergio Bergman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco]]></category>
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		<description><![CDATA[Coincide con nuestra fecha patria, pero no se trata de la historia sino del futuro. Los argentinos somos contemporáneos de una nueva revolución, que es la que lidera desde su ejemplaridad Francisco. Es la revolución de la paz. Estamos orgullosos de nuestro tan querido, y ahora masivamente admirado, Bergoglio; que ha resucitado para nosotros mismos como... <a href="http://opinion.infobae.com/sergio-bergman/2014/05/25/la-revolucion-de-mayo-de-francisco/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Coincide con nuestra fecha patria, pero no se trata de la historia sino del futuro. <strong>Los argentinos somos contemporáneos de una nueva revolución, que es la que lidera desde su ejemplaridad Francisco.</strong> Es la revolución de la paz.</p>
<p>Estamos orgullosos de nuestro tan querido, y ahora masivamente admirado, Bergoglio; que ha resucitado para nosotros mismos como Francisco. Ahora se perfila en su esencia: el maestro de la fe, el líder de lo institucional y el estadista.</p>
<p>Para nosotros mismos es una revolución descubrirlo en su dimensión universal, en escala mundial y asumiendo los desafíos de una agenda global. Cuánta falta nos hace en el mundo liderazgos inspiradores que puedan conducir desde la esencia del saber, la coherencia del hacer y la visión de hacer política noble en la dimensión más plena y auténtica de este arte, que es transformar la realidad para que la idea del bien común encarne en las problemáticas complejas; iluminando con la cultura del encuentro el diálogo que hace posible los consensos, que traen como fruto la paz.</p>
<p><strong>La Argentina no tiene estadistas de su calibre, pero los argentinos tenemos los dones y bendiciones, tanto naturales como culturales, que podemos muchas veces desperdiciar en nuestra tierra pero ofrendar al mundo.</strong> Es la paradoja de verificar que el diálogo interreligioso entre nosotros es parte de nuestra identidad cultural, la de un pueblo unido en su diversidad, y que tenemos hombres y mujeres excepcionales que, como el mismo Papa, pueden tener dimensión de estadistas ejemplares, pero que al mismo tiempo para resolver nuestros desafíos cotidianos como Nación no logramos dialogar ni tenemos en nuestros liderazgos institucionales la calidad de quienes sirvan a todos desde el poder y no se sirvan a sí mismos de todo lo que el poder les otorga abusando de él.</p>
<p>En estos días, seremos testigos privilegiados de una revolución que es la paz en nosotros, entre nosotros y para toda una humanidad. Francisco llega a Medio Oriente; y es precisamente en el lugar más problemático donde propone lo más simple: el diálogo y el encuentro como una cultura que integra las diferencias y asume los conflictos, no para evitar la discusión sino para transitarla por este método espiritual, más allá de toda religión. <strong>Y en el diálogo, no cancelar las diferencias sino a partir de ellas, buscar los consensos en los que se fundamentan los logros que traen los acuerdos, renunciando a imponer una sola visión y someter a quien no la comparte.</strong></p>
<p><a href="http://opinion.infobae.com/sergio-bergman/files/2014/05/image-3.jpeg"><img class="alignnone size-full wp-image-103" alt="image (3)" src="http://opinion.infobae.com/sergio-bergman/files/2014/05/image-3.jpeg" width="1103" height="795" /></a></p>
<p>En este sentido, Francisco es un revolucionario de la paz cuando explica en su peregrinar y en su clamor enérgico como sutil en gestos que no dialogar es una forma de violencia, que no hace falta una guerra para reconocer que imponerse por la fuerza en opresión o en terror solo profundiza el sufrimiento degradando lo humano y que la paz se inicia en el mismo instante de reconocer al otro como interlocutor en igualdad de derechos y de obligaciones éticas en reverenciar la dignidad de lo humano.</p>
<p>Somos hoy testigos de momentos históricos, y es por ello que debemos no solo admirar lo que vemos sino reflexionar en lo que hacemos para que este testimonio de Francisco sea nuestro propio evangelio.</p>
<p>Como testigo de estos días que emocionan, celebro en Jerusalem, la ciudad santificada por judíos, cristianos y musulmanes, que los argentinos, al recordar un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, podamos reflexionar en una nueva revolución por evolución de hacer entre nosotros lo que Francisco hace para el mundo.</p>
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		<title>Las Pascuas judeocristianas</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Mar 2013 17:48:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Sergio Bergman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Bergoglio]]></category>
		<category><![CDATA[judeocristianos]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[Pascuas]]></category>
		<category><![CDATA[Pesaj]]></category>
		<category><![CDATA[Semana Santa]]></category>

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		<description><![CDATA[Estas Pascuas serán una celebración signada en el espíritu del Papa Francisco. No solo la Semana Santa, acorde a la liturgia cristiana, sino también nuestra celebración judía de las Pascuas: Pesaj. La fiesta de la Libertad que celebramos a partir de esta noche. El encuentro personal y el afectuoso saludo que la semana pasada en... <a href="http://opinion.infobae.com/sergio-bergman/2013/03/27/las-pascuas-judeocristianas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Estas Pascuas serán una celebración signada en el espíritu del Papa Francisco</strong>. No solo la <strong>Semana Santa</strong>, acorde a la liturgia cristiana, sino también nuestra celebración judía de las Pascuas: <strong>Pesaj.</strong> La<strong> fiesta de la Libertad</strong> que celebramos a partir de esta noche.</p>
<p>El encuentro personal y el afectuoso saludo que la semana pasada en la<strong> Sala Clementina</strong> me permitió reencontrarme con mi maestro y Rabí Jorge Bergoglio, ya investido como Papa Francisco, renovó también la raíz común. Fueron breves instante, intensos en emoción y compartidos en oración. Recité la bendición que se prescribe decir frente a los sabios de la humanidad y agradecimos el tiempo y espacio donde Dios se nos revela, sentí que lo hacia en ese abrazo. <strong>Abrazar a Francisco fue para mi afirmarme al tronco judeocristiano, tan vivo y presente cada día como en especial en esta próxima festividad de las pascuas judeocristianas.</strong></p>
<p><strong>Pesaj y Pascua comparten los valores de la redención y la salvación</strong>. Desde el relato bíblico del <strong>Éxodo</strong>, como primera alianza en la Ley que nos hizo libres, hasta la <strong>Última Cena</strong>; en la que —celebrando Pesaj— se forjó una nueva alianza que dio origen al credo cristiano de Dios. Su Hijo y el Espíritu Santo que vuelven a manifestarse en la <strong>Eucaristía</strong>, cuyo origen histórico fue en este tiempo pascual que<strong> hoy celebramos cuando nuestro común rabino Jesús se revela a sus discípulos como Cristo</strong>. Jesús que celebrara Pesaj con los suyos tomando el pan ázimo —la <strong>Matzá</strong>—, presento su cuerpo para la comunión; y en la copa de vino del Kidush, de la consagración y del agradecimiento como su propia sangre.</p>
<p>Encontramos cómo el tronco de la misma raíz mesiánica se divide en dos ramas, que, ya diferenciadas en los siglos siguientes, se desarrolla en la misma tierra y bajo el mismo cielo para dar frutos de la siembra de lo humano que <strong>cosecharemos juntos como hermanos</strong>. Son  los mismos frutos divinos de lo mesiánico, sea celebrado en Pesaj en la espera del Mesías que aun esperamos o en la Semana Santa como la vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo. <strong>Celebramos juntos de maneras diferentes en el nombre del mismo Padre que anhela que sus hijos se unan y reúnan en la misma mesa.</strong></p>
<p>Así, las liturgias diferentes de dos tradiciones reveladas que —unidas en valores a la tradición islámica— hacen del servicio a lo humano en el monoteísmo ético, un mismo camino al que llegamos por diferentes senderos.</p>
<p>Hoy, conmovidos aún por la transformación de nuestro querido Bergoglio, en Papa Francisco, llegamos a las Pascuas judeocristianas convocados al mismo desafío: s<strong>ervir a Dios es servir al hombre, y el poder terrenal se hace celestial cuando no abusamos de él, sino que lo desplegamos para que los que menos tienen, tengan lo mínimo de lo digno.</strong></p>
<p>Así, en estas fiestas, <strong>la redención y salvación es recuperar lo digno de lo humano,</strong> revela lo que hay en nosotros de divino. Tenemos en este nuevo tiempo la buena nueva de un hombre que se hace grande por bajar su perfil, y desde la cúspide de su ejemplaridad baja al llano, donde siempre sabe transformar la realidad por lo que hace, transmitiendo con claridad concreta potente y fértil los gestos de aquello que debe transformarse en nuestra forma de ser.</p>
<p>Escuchemos con fervor su llamado. Q<strong>ue todas las religiones y seres humanos nos unamos en la espiritualidad</strong>, que es esa energía que nos permitirá reparar, curar, sanar; <strong>amar lo humano en cada hermano</strong>; renunciando a la posesión; anticipando la fraternal ofrenda que, desde el sermón de la montaña, vuelve Francisco a decir: «Bienaventurados sean los pobres, porque de ellos será el reino de los cielos», un cielo que podemos anticipar en la tierra para que no debamos esperar a que partan. Partamos y repartamos nuestro pan aquí. <strong>Partir el pan en bendición de equidad con justicia social es el milagro humano de multiplicarlo</strong>,  de la misma forma que lo consagra la liturgia cristiana en la hostia de cada misa, así nosotros esta noche tomaremos Matzot, el pan de la pobreza que comieron nuestros antepasados en <strong>Egipto</strong>; y que hoy proclama la libertad para todos los hombres que serán libres cuando todos los que tengan hambre vengan a la mesa y coman.</p>
<p>Pan para el cuerpo de la dignidad humana. Pan para el alma de la redención y la salvación, que en el amoroso llamado de unidad en la diversidad<strong>, el Papa Francisco nos enseña que estas Pascuas son tan cristianas como judías.</strong></p>
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