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	<title>Ricardo Romano &#187; Elisa Carrió</title>
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		<title>Los políticos argentinos y el Papa: entre oportunismo e ingratitud</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jun 2015 09:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Romano</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[Elisa Carrió]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Bergoglio]]></category>
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		<description><![CDATA[Borges decía que los peronistas eran incorregibles; debió decir “los argentinos”. Porque mientras el mundo admira a Francisco, en su país de origen muchos observan su pontificado a través de la lente deformante de la pequeña política doméstica. Mientras Bergoglio pone su liderazgo y su autoridad al servicio de un orden mundial signado por la... <a href="http://opinion.infobae.com/ricardo-romano/2015/06/10/los-politicos-argentinos-y-el-papa-entre-desubicacion-e-ingratitud/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Borges decía que los peronistas eran incorregibles; debió decir “los argentinos”.</p>
<p>Porque <b>mientras el mundo admira a Francisco, en su país de origen muchos observan su pontificado a través de la lente deformante de la pequeña política doméstica</b>. Mientras Bergoglio pone su liderazgo y su autoridad al servicio de un orden mundial signado por la paz y el diálogo entre los pueblos, cierta dirigencia local observa resentida la agenda argentina del pontífice. Mientras el primer Papa latinoamericano junta las cabezas de líderes mundiales enfrentados, en su país, oficialistas y opositores son incapaces de construir una cultura del encuentro.</p>
<p>Respecto a Bergoglio, <b>el grueso de la dirigencia argentina pasó, sin transición, de ignorarlo a esperar todo de él</b>. De ningunear al Cardenal a pretender que el Papa haga “justicia” con cada uno de ellos. En el oficialismo hay desubicación –hasta dicen que es Francisco el que cambió-; en la oposición, ingratitud. En ambos, oportunismo.<span id="more-237"></span></p>
<p>Es curioso que <b>quienes durante 12 años no fueron capaces de desarrollar una oposición inteligente y eficaz,</b> y que por sectarismo y falta de convicción no pudieron potenciar las varias derrotas contundentes que le infligieron al kirchnerismo –crisis del campo, victoria sobre Néstor Kirchner candidato a diputado, triunfo en las legislativas de 2013, entre otras-, <b>pretendan ahora que el Papa Francisco se sirva del sillón de Pedro para hacer lo que ellos no pudieron hacer. </b></p>
<p>Mientras fue el Cardenal Jorge Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires, <b>él se puso al hombro la verdadera oposición </b>–como bien lo percibió Néstor Kirchner-, no partidaria, no contra una administración, sino la oposición a las hecatombes que la clase política –y la dirigencia en general- dejaban pasar sin reaccionar: narcotráfico, pobreza, corrupción, fragmentación&#8230;  Siguiendo su propia exhortación, <b>se puso “la Argentina al hombro”, y ninguno de los que hoy lo señalan con el dedo lo ayudó a cargar la cruz</b>. El gobierno kirchnerista de inmediato se puso el sayo de las diatribas de Bergoglio. Sin embargo, la agenda que aquellas homilías iban desgranando, año a año, no fue encarnada por ningún opositor.</p>
<p>La soledad en la cual el Arzobispo de Buenos Aires libró casi todos sus combates contrasta con la abundancia de reclamos que algunos referentes opositores se creen con derecho a formular ahora, <b>exigiendo de quien hoy está en la cumbre del poder eclesial el respaldo a sus aspiraciones pequeñas de candidatos en carrera hacia no se sabe bien qué meta. </b></p>
<p>En estos días, un paradigma de esa conducta fue Elisa Carrió, cuando dijo: “El error del Papa (al recibir a Cristina) es enorme”. “Yo no uso a mi pastor. Si él se deja usar es su problema, lo pagará”, llegó a decir. Pero ella, pese a llamarlo hoy su “pastor” y a haber sido en el pasado una de sus interlocutoras frecuentes –además se declaraba<b> “de misa diaria” y aseguraba votar “como cristiana”-, desertó a la hora de respaldarlo en el Congreso, </b>pronunciando una de las intervenciones más desopilantes de que se tenga memoria en ese recinto, en el año 2010, cuando se debatía el matrimonio gay: “Yo hubiera podido votar en contra y quedar bien con la Iglesia;  hubiera podido votar a favor y quedar bien con la comunidad. Pero yo no quiero quedar bien con nadie. Yo sólo quiero explicar la tensión y solicitar permiso para mi abstención, <b>que favorece absolutamente a que la norma sea sancionada</b>” (SIC).</p>
<p>No fue la única supuesta discípula del Cardenal Bergoglio que se dejó amedrentar por la tiranía de la corrección política. Pero otros tienen el pudor de callar, al menos en público.</p>
<p><b>El verdadero “rédito” de la visita de Cristina Fernández de Kirchner no se lo da el Papa sino la oposición con sus críticas</b>. Si en vez de cuestionar a Francisco por recibirla, <b>interpelasen o conminasen a la Presidente a definir de qué modo traducirá en políticas concretas la agenda que dice compartir con el Papa,</b> limitarían el oportunismo oficial.</p>
<p>La distancia personal, política e incluso ideológica entre Cristina y Francisco es tan grande –por más que ella diga lo contrario- que <b>la oposición podría convertir lo que parece un beneficio para la Presidente en una demanda</b>.</p>
<p>En cambio, le dejan el terreno libre para presentarse como ejecutora de una agenda que sería la del Papa. Por ejemplo, ¿cómo puede jactarse de querer un mundo multipolar una Presidente enfrentada o distanciada con casi todos los países latinoamericanos –excepto Venezuela-, y que pasó, de un exceso de admiración a Obama cuando asumió, a intentar “chicanearlo” ahora, en el preciso momento en que éste tiende puentes como pide Francisco?</p>
<p>Si los opositores no ponen en evidencia estas cosas <b>no es sólo por distracción o torpeza política</b>. Lamentablemente es antes que nada porque <b>tampoco ellos encarnan la agenda papal. </b></p>
<p>En cuanto a los kirchneristas, <b>su oportunismo hacia Francisco es directamente proporcional a la misericordia con la que éste los ha tratado</b>. Hasta llegan a decir, como el embajador argentino ante la Santa Sede (que también la va de amigo): “En Argentina, cuando era Bergoglio, era muro. Es puente desde que se convirtió en Francisco”.</p>
<p><b>Autocrítica cero, de parte quienes hasta intentaron meterlo preso</b>. Y ahora, con el mismo entusiasmo, buscan colgarse de cada uno de sus triunfos.</p>
<p>Bergoglio lo sabe perfectamente. <b>Pero él no hace política partidaria ni cortoplacista. Sólo busca preservar a la Argentina de sí misma.</b> Limitar el daño que estos tiempos de desencuentro le han causado al país; daño que se traduce en la magnitud de los flagelos sociales que padecemos.</p>
<p>De momento, <b>la Presidente no se ha “convertido”.</b> La mentira, el rencor y el sectarismo siguen siendo la materia central de sus discursos. Es una pena. <b>Pero el resto de la dirigencia tampoco está a la altura de esta oportunidad que la Providencia le dio a la Argentina</b>. La mayoría sólo observa con rencor quién ve al Papa y por cuánto tiempo.</p>
<p>Sin embargo Francisco nos habla de política constantemente; no de política partidaria claro está. Hace muy poco, a la pregunta de cómo veía a la Argentina desde El Vaticano, respondió: <strong>&#8220;Como un país de muchas posibilidades y de tantas oportunidades perdidas&#8221;.</strong> Quien quiera oír que oiga.</p>
<p>Los políticos locales, lamentablemente, están distraídos. Entre la Historia y los titulares de los diarios, eligen sistemáticamente lo segundo. Y si revisamos la lista de visitas a la Santa Sede, al menos la pública, porque es sabido que muchos argentinos lo van a ver y lo sirven en silencio, <b>sobran los dedos de una mano para contar los dirigentes que fueron a Roma, no para intentar servirse de su prestigio, sino para aportar algo a los nobles propósitos </b>que Jorge Bergoglio ha fijado para su pontificado.</p>
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