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	<title>Pedro Corzo &#187; América Latina</title>
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		<title>Cuba, un tiempo que se repite</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Jun 2016 00:00:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Corzo</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hay quienes afirman que la historia no se repite; sin embargo, es fácil encontrar en su devenir analogías y similitudes, lo que confirma el aserto de que “hay que conocer la historia para no repetirla”. Por supuesto que los sucesos no se reproducen con exactitud, porque cada período tiene sus especificidades y sus personalidades; empero, hay elementos casi constantes que hacen evocar el pasado, así como una especie de espíritu de la época que se reedita y conserva valores fáciles de identificar en las vivencias de cada pueblo.</p>
<p>La historia de Cuba no es una excepción. En ella hay elementos constantes que conforman su quehacer nacional, a pesar de los nuevos escenarios y actores que se sucedan. Hay situaciones que parece que se reproyectan, como si se contemplara una película reconstruida sobre otro ambiente.</p>
<p><b>Hay una singularidad en el pueblo cubano de fácil verificación y es la capacidad que posee para involucrar en sus conflictos domésticos a países extranjeros</b>, con independencia de la inclinación intervencionista o mediacionista que puedan tener esos Estados.</p>
<p>Los cubanos han sido hábiles en internacionalizar sus conflictos y el reciente restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos lleva a evocar el Tratado de París, pero también la mediación de Sumner Welles en la crisis nacional de 1933.<span id="more-135"></span></p>
<p>Durante el Tratado de París, en 1898, el papel de Estados Unidos fue muy importante, como también las omisiones y las participaciones del resto del mundo, particularmente la de los países de América Latina, que por lo regular han optado por ignorar lo que sucede en Cuba bajo la dictadura de los Castro.</p>
<p>En relación con la isla hay agentes históricos muy similares entre la época colonial y el actual régimen, por ejemplo, un régimen autoritario, poderoso, represivo, cimentado en la fuerza y la intolerancia. Un gobierno que, al igual que el colonial, muestra más interés en negociar con poderes extranjeros los conflictos internos de la nación que con los propios nacionales que reclaman respeto a sus derechos.</p>
<p>Paradójicamente, se repite la existencia de un exilio influyente y poderoso que trabaja contra la dictadura, mientras, paralelo a este, hay isleños que, como los viejos autonomistas, prefieren que actores extranjeros decidan sobre su país, antes que sus compatriotas que enfrentan el despotismo.</p>
<p>En 1896, el Gobierno de la República de Cuba en Armas intentó celebrar un Congreso Panamericano que auspiciara el proceso independentista cubano, lo que resultó en un rotundo fracaso, porque faltó el apoyo de las naciones hermanas.</p>
<p><b>Frente al castrismo, </b><b>la desidia y la falta de solidaridad latinoamericana también han sido constantes</b>, y donde mejor se ha apreciado esa conducta ha sido en los foros internacionales, en particular en las instancias defensoras de los derechos humanos de Naciones Unidas. Hay que destacar que de América Latina no ha partido una sola iniciativa que promueva el establecimiento de una sociedad democrática en Cuba.</p>
<p>Sin embargo, aunque los países del Viejo Continente no respaldaron a los independistas cubanos en la lucha contra España, en 1996, la Unión Europea instituyó una posición común hacia la dictadura de la isla, ahora en revisión, pero, en términos generales, <b>Europa ha sido más solidaria con la oposición democrática cubana que los países que integran el continente americano</b>.</p>
<p>Por otra parte, la influencia ejercida por Estados Unidos en Cuba durante la colonia, el período independentista, la república y durante el totalitarismo, es un factor que ha marcado de forma indeleble a la nación isleña.</p>
<p>La Resolución Conjunta, en 1898, la referida intervención de Welles ante la dictadura de Gerardo Machado, en 1933, el embargo de armas al régimen de Fulgencio Batista, en 1958, el diferendo con Washington que se extendió por más de cinco décadas, han sido factores claves en el devenir histórico de la isla. No obstante, toda la relevancia de esos acontecimientos palidece ante las expectativas que generó en la población el restablecimiento de relaciones entre Washington y La Habana.</p>
<p>El castrismo intentó sembrar el odio contra Estados Unidos y todo lo que ese país representa, pero el rotundo fracaso del modelo político y social que impusieron en la isla ha sido un factor clave para que muchos isleños hayan dejado atrás la consigna “Cuba sí, yankees no” y miren hacia la nación del norte con una devoción que nunca antes sintieron.</p>
<p>Esta situación se testimonia en el comportamiento lastimoso de un sector de la sociedad cubana después del restablecimiento de relaciones entre Washington y La Habana, y la visita del presidente Barack Obama, porque al parecer <b>estiman que los problemas del país se resolverán por la gracia extranjera y no por la voluntad y el esfuerzo de los cubanos</b>.</p>
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		<title>Populismo made in USA</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Feb 2016 06:44:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Corzo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[Bernie Sanders]]></category>
		<category><![CDATA[Donald Trump]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Estados Unidos es el escenario de una campaña muy singular en la que se debaten dos propuestas populistas antagónicas en origen y objetivos, abanderadas por sendos candidatos con caracteres y proyecciones que no pueden ser más diferentes.</p>
<p>Otro aspecto de interés es que, aunque los discursos y sus respectivas propuestas son radicalmente opuestos, ambos parecen contar con suficiente respaldo para que cada uno de sus líderes aparenten tener posibilidades de éxito, lo que demuestra que al menos un importante sector del electorado estadounidense está a favor de cambios radicales con orientaciones disparejas.</p>
<p>En los países latinoamericanos, predios favoritos de caudillos cargados de promesas con poca capacidad y menos disposición para cumplirlas, muy pocas veces, si es que ha ocurrido, se ha presentado más de un hacedor de sueños en una misma elección como acontece este año en el país más poderoso del mundo.</p>
<p>El populismo no es precisamente la expresión de una doctrina determinada. En ocasiones es una mezcla de ideas y propuestas difíciles de encasillar. Por ejemplo, Benito Mussolini trasmutó de líder socialista a dictador fascista y Fidel Castro, con un discurso nacionalista y de justicia social, impuso una autocracia sostenida sobre normas marxistas.<span id="more-38"></span></p>
<p><b>El populismo se identifica más por las denuncias de sus abanderados que por la ideología que promuevan o que hayan encarnado en el pasado.</b><b></b></p>
<p>Consideran las instituciones del Estado un estorbo a eliminar. El hechizo de sus propuestas hará posible la construcción de sus promesas. El populista recurre a los sentimientos y las frustraciones ciudadanas, manipula a sus seguidores hasta transformarlos en una masa de partidarios irritados sin capacidad para dirimir racionalmente lo negativo o lo positivo de lo que apoya o rechaza.</p>
<p>Los populistas, más que ideas elaboradas sostenidas sobre pesquisas serias, trabajan con consignas, recurren a propuestas milagrosas, sin aventurar el mecanismo y los sostenimientos de las soluciones que pregonan. La mayoría de los dirigentes populistas ha irrumpido en la política de forma abrupta, prácticamente sin antecedentes en la gestión social, con discursos y propuestas contrarias a lo convencional, presentando soluciones radicales a los problemas, y generando crispación y rivalidad en la comunidad.</p>
<p>Aunque no hay reglas sin excepción. Hay quienes después de estar años identificados con una agrupación política deciden reinventarse y asumir posiciones de liderazgo a través de la radicalización de sus propuestas o cambian drásticamente de rumbo por oportunismo o convicción.</p>
<p>Su bandera es la de la conveniencia. Atacan el sistema y a quienes lo representan, se presentan como excluidos sin importar las posiciones políticas que ocupen o la fortuna que disfruten. Rechazan la política y a sus representantes con propuestas demagógicas, divisivas, denigran el sistema, aunque hayan sido o sean parte de él.</p>
<p><strong>Las diferencias de carácter, origen y formación entre Donald Trump y Bernie Sanders son abismales; sus propuestas, radicalmente opuestas y sus objetivos, muy diferentes.</strong></p>
<p>Trump es un empresario exitoso, egocéntrico, con un lenguaje fuerte y agresivo, a veces grosero, que recurre con frecuencia a la ofensa. Presenta una imagen de hombre duro dispuesto a usar medidas extremas contra quienes le adversen.</p>
<p>Ha coqueteado con alguna regularidad con la política, pero culpa a los profesionales de esa área de no haber resuelto los problemas y hasta de agravarlos, por no asumir los riesgos que puedan derivarse de soluciones drásticas. Sus promesas no exponen, como es habitual, las fórmulas para resolver los problemas sociales. <b>Contrario al discurso populista regular, no promete mejoras salariales y afirma que la economía debe ser conducida por los hombres de negocios.</b><b></b></p>
<p>Bernie Sanders es un político profesional. Está en el Congreso desde 1991. Se confiesa socialista y su populismo sí transita por lo políticamente correcto. Sus propuestas de “cambio real” auguran una especie de refundación nacional. Su discurso enfatiza las diferencias entre ricos y pobres, lo que se traduce como la promoción de una lucha de clase capitaneada por un senador que, aunque ataca el sistema, forma parte de él y hasta aspira a ser presidente.</p>
<p><b>Sólo se puede entender el respaldo popular alcanzado por Trump y Sanders en virtud de la frustración del electorado ante los malos manejos de la clase política</b>. Ambos candidatos de tendencias extremistas, de acceder a la Presidencia, afectarían dramáticamente el presente y el futuro de la nación.</p>
<p>Pero lo menos comprensible es que un número notable de jóvenes, estudiantes en particular, respalde propuestas de un candidato que defiende ideas que la historia ha demostrado que solamente conducen al fracaso económico y a la pérdida de los derechos ciudadanos. Pero también es devastador que otro sector del país apoye a un individuo capaz de afirmar que sus partidarios son tan leales que votarían por él aunque disparase a las personas.</p>
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