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	<title>Pablo Olivera Da Silva &#187; devaluación</title>
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		<title>El pez por la boca muere</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Feb 2014 09:38:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo Olivera Da Silva</dc:creator>
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		<category><![CDATA[ajuste de precios]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Estamos ante un peligroso discurso político en donde el <strong>fanatismo</strong> <strong>ideológico</strong> violento condiciona el debate e impide la necesaria apertura de pensamiento para encontrar soluciones urgentes y consensuadas a los problemas cíclicos de la Argentina.</p>
<p>El Jefe de Gabinete, <strong>Jorge Milton Capitanich</strong> no ignora la gravedad de sus declaraciones en relación a la <strong>estigmatización del ahorro</strong>, la crítica violenta a los<strong> ajustes de precios</strong> dominados por el efecto devaluatorio de la moneda argentina versus el dólar estadounidense para la composición de los precios de bienes y servicios que cuentan con componentes con precio atado al dólar.</p>
<p>Tanto él como el ministro de Economía, <strong>Axel Kicillof</strong> saben muy bien cómo se comporta la macroeconomía en escenarios de depreciación monetaria por alta emisión. Ambos saben qué ocurre cuando además esto se combina con la decisión de elevar las tasas de interés en una economía con escaso acceso al crédito interno y externo para las <strong>PyMES</strong> que deben recurrir frecuentemente a ellas para hacer frente al pago de sueldos. También conocen los efectos devastadores de una inflación descontrolada en los salarios y la economía doméstica. Ni hablar que conocer muy bien el temible efecto “<strong>estanflación</strong>”.</p>
<p><span id="more-31"></span>Así como conocen todas las nociones básicas de economía política y praxis económica tanto ortodoxas como heterodoxas es que resulta una obviedad entender que las respuestas y denuncias de conspiraciones y actitudes antipatrióticas o codiciosas son discursos dirigidos a un público dogmático que no está dispuesto a analizar el contenido y certeza de tales afirmaciones.</p>
<p>El problema de los dogmatismos es que se sustentan sobre una base ideológica rígida que no permite revisiones ni cuestionamientos a las verdades absolutas en las que basa su doctrina y praxis. Cualquier tipo de pensamiento contrario es atacado, desestimado o ignorado cuando menos. El asunto suele escalar hacia la violencia ya que un componente fundamental del dogmatismo es la definición del campo de forma maniquea. Los unos son buenos mientras los otros son malos. No hay una interpretación distinta y con ello devienen los peores males que la política no siempre puede solucionar. La violencia activa, ya sea en forma de discurso, agresión verbal, o incluso llegando a los extremos físicos que pueden desencadenar un baño de sangre.</p>
<p><strong>La irresponsabilidad de Capitanich es de una gravedad peligrosa al atacar a productores, empresarios y demás actores de la economía del país,</strong> aquellos que realmente generan la riqueza real que se traduce en bienes y servicios, puestos de trabajo, salarios e impuestos. En este momento de grave crisis realmente compleja, atacar a quienes pueden realmente dar una mano a la política económica es lo mismo que echar nafta al fuego.</p>
<p>Estigmatizar al ahorro diciendo que “retrasa la expansión y el crecimiento económico” es como decir &#8220;poner el horno en fuego mínimo o moderado es retrasar la cocción de la torta”. Ésto puede resultar una obviedad. El asunto del equilibrio entre ahorro, inversión, gasto público y privado tiene más complejidades que la conclusión lógica pero falaz que hace el Jefe de Gabinete. Si uno pone el fuego del horno al máximo, la torta se quema por fuera y queda cruda por dentro. Moraleja, la torta se echa a perder.</p>
<p>El ahorro de excedente es beneficioso para dosificar la inversión y un crecimiento alto lleva consigo el peligro de la inflación. El asunto es que la inflación golpea a los más pobres y sostiene a los gobiernos que se financian con ella, emitiendo moneda sin control y acelerándola cada vez más. Sería de una honestidad intelectual acorde a los cargos que detentan el Jefe de Gabinete y el Ministro de Economía que escuchen los consejos que el premio Nobel de Economía<strong> Paul Krugman</strong> acaba de hacer en relación al problema argentino (ver <em>Macroeconomic Populism</em>).</p>
<p>Por último, sería deseable que relean el siguiente párrafo: “El país no puede continuar cubriendo el déficit por la vía del endeudamiento permanente ni puede recurrir a la emisión de moneda sin control, haciéndose correr riesgos inflacionarios que siempre terminan afectando a los sectores de menos ingresos.&#8221; Lo pronunció <strong>Néstor Carlos Kirchner</strong> en el discurso de asunción presidencial el 25 de mayo de 2003. El pez por la boca muere.</p>
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		<title>¡Es la inflación, estúpido!</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jan 2014 16:11:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pablo Olivera Da Silva</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En los últimos días hemos escuchado toda clase de explicaciones tendientes a negar la razón (o la causa) de la devaluación del 25% desde el 1° de enero. Entender que la <strong>inflación</strong> y sus efectos impactan en la <strong>depreciación de la moneda</strong> parece ser imprescindible para despejar afirmaciones temerarias en boca de quienes tienen la responsabilidad de definir las políticas económicas del país. Primero, resulta necesario aclarar que desde el mismo mes del año 2013 a la fecha, nuestra moneda se depreció (se devaluó) un 65%, cuando el valor de nuestra moneda oficial era publicado en las pizarras a $4,90.- por dólar.</p>
<p>Segundo, no se puede negar que la devaluación de una moneda impacta en forma variable y dispar a todas las cadenas de valor. Los precios en dólares de los productos esenciales no han dejado de aumentar y se han transferido sin remedio. Si pensamos cuál sería el ejemplo más sencillo para entenderlo es tomar el precio de los combustibles a lo largo del año y relacionarlo con el costo creciente del transporte de todas las mercancías y servicios que requieren de algo tan simple como la acción de trasladarlas.</p>
<p>Vayamos un poco más allá en el tiempo: marzo de 2012, la <strong>nafta súper</strong> se vendía en <strong>YPF</strong> en la Ciudad de Buenos Aires a $4,94.- por litro. Hoy, 22 meses después, el aumento de petrolera nacional superó el 84% con un precio de $8,91.-. Este costo, el de los combustibles, se refleja inexorablemente en la porción relativa a transporte que está incluida dentro de cada producto que se comercializa en cualquier cadena de valor del país.</p>
<p><span id="more-24"></span>Tercero, quizá algo que no se entiende si uno no ha participado directamente en una relación comercial o tenido la posibilidad de ver cómo se completa el circuito de comercio. Un comerciante que tiene su <em>stock</em> como principal capital para generar riqueza y cubrir sus expectativas de vida, no puede (aunque no quiera por sesgo ideológico) reponer su <em>stock</em> si no actualiza permanente el precio de venta mayorista que requiere para continuar teniendo idéntico <em>stock</em> para que su negocio persista, es decir, no se funda. Sucede que para quien tiene la grave responsabilidad de dirigir la economía del país, esto resulta desestabilizador o cuando menos, una “avivada”. ¿Irresponsabilidad o ignorancia?</p>
<p>Expliquémoslo más simple. Si un comerciante tiene que comprar 1 kilo de clavos para su ferretería, va al mayorista y le consulta el precio para adquirirlo luego de hacer sus proyecciones de venta para saber si lo que va a <em>stockear</em> es suficiente o puede comprar menos para no tener tanto capital retenido en <em>stock</em>. Una vez que decide la compra y el producto se encuentra a la venta y efectivamente vendiéndose, es indispensable que tenga la suficiente gimnasia periódica (mensual, semanal, diaria) para constatar que la parte del precio mayorista del precio al público no ha variado, de lo contrario debe hacer el ajuste para poder seguir comprando el mismo <em>stock</em> cuando tenga que reponerlo.</p>
<p>¿Qué pasa si no lo hace? La primera vez que no lo haga, habrá perdido capital para comprar el mismo <em>stock</em> o resignado utilidades o ganancias para reponerlo. Si no actualiza los precios adecuados a los cambios de los precios mayoristas, entonces sus posibilidades de sobrevivir van a depender de la tasa de inflación y el recalentamiento de la economía. Si imaginamos la secuencia repetida, el ferretero va a comprar cada vez menos <em>stock</em> hasta que no pueda hacerlo más, más allá de que haya ajustado el precio al volver detrás de cada compra mayorista.</p>
<p><strong>¿Y por qué aumentan los precios mayoristas?</strong> Bueno, ahí es donde el impacto de las variables macroeconómicas hacen que muchos productos con precio estándar internacional (<em>commodities</em>) aumenten sin más remedio e impacten en las industrias primarias o simplemente porque hay otros productos que contienen componentes importados a valor dólar que se ajustan por lógica ante una devaluación de nuestra moneda. Así es como puede aumentar el acero, el petróleo, el maíz, la soja o mantenerse a valor constante. Pero si la moneda se devalúa, su impacto va a ser siempre inevitable y se trasladará siempre a las cadenas de valor de nuestro país.</p>
<p>La razón de una <strong>devaluación</strong>, o depreciación de una moneda, tiene que ver con una decisión de un país de volverse competitivo ante el resto de los mercados, para el caso de sus mercancías exportables, pero cuando sucede en forma violenta o acelerada, las razones hay que buscarlas en la inflación y en la gran cantidad de billetes que se imprimen de moneda local cuyo respaldo no es otro que la confianza de la economía de <em>transar</em> esos pesos por bienes, aunque el bien sea una moneda como el dólar o el peso uruguayo.</p>
<p>No reconocer que la causa de esta devaluación y todas aquellas que nos han golpeado dramática y cíclicamente en nuestra Argentina, han provenido de situaciones de <strong>inflación acumulada</strong>, a veces contenida con precios ficticios, subsidios y emisión descontrolada de moneda para financiar déficits de las cuentas públicas, implica buscar excusas que puedan eximir a los responsables de asumir culpas. Una cuestión de ego o personalismos narcisistas, nada más que eso.</p>
<p>La solución será asumir el problema y corregir sus causas y contrarrestar los efectos. Eso se logra con humildad, con un plan férreo de control de emisión monetaria y una batería de medidas que apunten a devolver la confianza en la moneda.<strong> Pensar en retrotraer los precios o devolverle valor a la moneda argentina, con este escenario de aumento generalizado de precios y enfriamiento de la economía con un aumento tipo parche, de las tasas de interés, es francamente imposible.</strong></p>
<p>Para comprender el problema, es fundamental reconocer los síntomas y asumirlos como tal, para entender que atacarlos resultará tan efectivo como tratar una infección febril con una aspirina. La causa, la enfermedad, apenas puede ser pronunciada en boca de los responsables de la conducción económica del país. ¡Es la inflación, estúpido!</p>
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