
Por: Nicolás Tereschuk
Hace poco menos de un año repasamos en esta columna una serie de acciones y políticas del Gobierno nacional que generaron un aumento del peso del Estado en la economía. La cita propia es antipática, pero creo que en este caso vale la pena.
“En el marco de una dinámica que la Casa Rosada puso en marcha tras las elecciones de octubre de 2011, durante el año que finaliza el peso del Estado en la economía aumentó. En algunos casos, recuperó resortes que había dejado de manejar en los años 90. En otras ocasiones concretó nuevas formas de intervención. Se trata en ciertos aspectos de formatos de acción con los que cuentan países vecinos. En otros, son equiparables a modalidades con los que cuentan los Estados en los países centrales. Y también hay novedosos cursos de acción”, señalamos.
Opinamos entonces que el Estado comenzó a aparecer así como “un actor objetivamente con más poder, en comparación con el que también manejan y seguirán manejando influyentes sectores empresarios”.
En aquella nota se enumeraban distintos elementos, incluidos los controles a las importaciones y a la compra de divisas. La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, la ley por la que se nacionalizó YPF -la mayor empresa del país-, la presencia de representantes del Estado en los directorios de grandes compañías y la disposición para que se apuntara a reinvertir utilidades en lugar de repartirlas entre accionistas fueron también algunas de aquellas medidas. A esas acciones podría sumarse la reforma del mercado de capitales, aprobada por ley del Congreso en 2012 e implementada en 2013, y la estatización de los ramales ferroviarios metropolitanos.
Poco menos de un año después, Paolo Rocca parece haberse referido desde su punto de vista al mismo tema. El número uno de Techint se mostró preocupado porque “en 10 años ha ocurrido un cambio estructural muy grande en la Argentina”. Apuntó de manera central a “la evolución del tamaño” del Estado. Ocurre, según su visión, que el sector público “aumentó mucho su dimensión”. El empresario, quien para la revista Forbes se trata de un ciudadano italiano que ocupa junto con su hermano Gianfelice el puesto 195 entre los mayores billonarios en el mundo, consideró que esta nueva posición del Estado, como ocurriría en un simple juego de suma cero, es un “peso” sobre las empresas que ven melladas su “competitividad”.
Al parecer, la cuestión del tamaño del Estado, su presencia, su capacidad de regulación e intervención en la economía sigue siendo una cuestión relevante, digna de polémicas públicas, a pesar de los cíclicos certificados de defunción que se le han extendido al tema. Durante años fue un lugar común afirmar que no sería tanto el tamaño del sector público lo que importa sino su capacidad o que el tema del Estado se trata en sí de un tópico de discusión “viejo” en el marco de la primacía de la “globalización”.
A fines de 2012, indicamos que uno de los desafíos del Gobierno, al frente de las estrategias del sector público, está en cómo traducir un mayor protagonismo en el terreno económico en “niveles adecuados de apoyo político”. Algo de eso debe intuir también Rocca, quien elige este intenso fin de 2013, para salir a marcar la cancha con preocupaciones que no parecen nada ingenuas.