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	<title>Nicolás Cachanosky &#187; desempleo</title>
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		<title>Shock o gradualismo</title>
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		<pubDate>Thu, 07 May 2015 09:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nicolás Cachanosky</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Llevar adelante reformas de manera gradual o mediante shock es un debate que va ganando presencia entre los candidatos presidenciales. Si bien ninguno es explícito sobre este tema, algunos candidatos hablan de, por ejemplo, <b>quitar el cepo y eliminar la inflación rápidamente,</b> otros, de tomarse <b>varios meses o toda una gestión presidencial para bajar la inflación a un dígito.</b> En síntesis: “shock” versus “gradualismo”.</p>
<p>La oposición a las políticas de shock suele basarse en que las mismas imponen <b>un costo innecesario</b> a la sociedad. Bajar el gasto público de golpe, por ejemplo, puede generar <b>desempleo y desaceleración de la actividad económica</b>. Por el otro lado, el gradualismo suele quedar a medio camino y <b>las reformas, al quedar incompletas, son inconsistentes</b> y nuevos problemas económicos aparecen en el mediano plazo. El gradualismo, por lo tanto, busca minimizar los costos sociales y económicos durante la transición. La crítica a las reformas en shock, sin embargo, obvia que las mismas también pueden hacerse con <b>un plan de transición</b> que hace justamente del gradualismo una opción innecesaria. Y dado que, de intentar hacer reformas de manera gradual, se corre el riesgo de que las mismas queden inconclusas, <b>un shock bien planeado sería preferible al gradualismo.<span id="more-254"></span></b></p>
<p>Una analogía puede ilustrar el punto. Una muela que causa dolor es retirada en el momento (shock), no de forma gradual, por el dentista. <b>Si el shock no es una mera medida económica aislada, sino un plan económico cuidadosamente planeado</b>, entones antes de quitar al muela se aplica anestesia o algún calmante. <b>Si el plan de shock no es cuidadosamente planeado y se hace porque la realidad se lo impone al político, entones es como quitar la muela sin anestesia o calmante</b>. El problema que enfrenta la próxima administración no es sólo encarar las reformas apropiadas para Argentina, sino <b>diseñar un claro plan de transición</b> hasta que las reformas hagan efecto. Esto es distinto al gradualismo donde las reformas se hacen lento, paso a paso, esperando que sus efectos se materialicen gradualmente.</p>
<p>Hay, por lo tanto, <b>dos tipos de políticas de shock</b>. Las que poseen un plan de transición (plan bien diseñadas) y las que no (plan mal diseñadas.) <b>La crisis del 2001 dejó impregnado en la opinión pública que un ajuste fiscal y cambios fuertes (shocks) implican altos costos económicos y sociales.</b> Sin embargo, el manejo que hizo la política Argentina podría ser ejemplo de haber hecho todo lo importante mal: (1) pesificación asimétrica, (2) corralito y corralón, (3) aumento de impuestos, (4) creación de nuevos impuestos, (5) evitar un ajuste racional del gasto público cayendo en default, (6) congelar tarifas sin un plan de salida subsidiando a la oferta en lugar de la demanda, etc. A su vez, estas medidas fueron impuestas por la realidad; Ricardo López Murphy tuvo que renunciar <b>por proponer un ajuste fiscal notablemente inferior y más ordenado que el que se terminó realizando</b> por persistir en el mismo camino de desequilibrios económicos y fiscales.</p>
<p>Las políticas de shock se inspiran en el caso del <b>milagro alemán</b>, donde <b>Ludwig Erhard</b> tuvo un papel central. Luego de fracasos en la administración por parte de los aliados de la economía alemana, Erhard lleva adelante una reforma monetaria dando fin al Reichmark para dar origen al marco alemán. El mismo día que se anuncia esta medida se informa la eliminación de los controles de precios y la flexibilización de los programas de racionamiento en contra de las recomendaciones de Estados Unidos y los aliados. Estas reformas fueron el origen del milagro alemán, cuya economía ya se encontraba en recuperación para cuando el Plan Marshall entró en vigencia.</p>
<p><b>Chile (1975) y Bolivia (1985) son otros dos conocidos ejemplos de políticas de shock</b>. Chile abre su economía a inversores externos llevando a los productores locales a competir en igualdad de condiciones con el mercado externo. Estas reformas pueden haber sido llevadas a cabo durante el gobierno de Pinochet, pero el resultado fue estabilizar la economía en el corto plazo y un ritmo de crecimiento de su economía mayor al de países vecinos en el mediano y largo plazo. En Bolivia las reformas que pusieron fin a la hiperinflación se llevaron adelante en los primeros 100 días de gobierno por Gonzalo Sánchez de Lozada. Entre otras medidas, Lozada liberó el tipo de cambio, eliminó los controles de precios y subsidios a empresas públicas, redujo en dos tercios los empleados públicos de empresas estatales en el sector energético, y negoció un canje de deuda con el FMI. En sólo unos meses la hiperinflación cayó a valores en torno al 15% anual. Si bien se percibe un aumento en la tasa de desempleo, este indicador ya tenía una tendencia creciente desde 1978. A estos casos podría agregarse que, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos reduce el gasto público en términos del PBI del 80% al 30% en 3 años, junto a una desregulación general de la economía, sin producir una recesión ni aumento del desempleo (ver : <a href="http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2014/03/18/alto-gasto-publico-callejon-sin-salida/" target="_blank"><em>Alto gasto público: ¿callejón sin salida?</em></a>).</p>
<p>El caso de Polonia (1989) luego de la caída de la Unión Soviética presenta resultados más ambiguos. En el caso polaco, sin embargo, si bien se eliminaron regulaciones y control de precios, no se avanzó de manera decidida en la privatización de empresas públicas. Una cuestión central en un país satélite de la Unión Soviética. No obstante se redujo la tasa de inflación y se redujeron faltantes de productos. En el mediano y largo plazo Polonia incrementó el ritmo de crecimiento de su economía.</p>
<p><b>Los casos exitosos de shock muestran que las medidas económicas no fueron tomadas de modo aislado, sino que se implementaron planes integrales</b>. Por ejemplo, una política de shock no se limita a levantar el cepo de un día para el otro, sino que tiene que estar acompañada de una serie de medidas que todas juntas conforman un plan. En contra ejemplo de las políticas de shock se puede mencionar a China, que ha llevado adelante reformas graduales. Y si bien los resultados no son negables, tampoco se puede ignorar la gran cantidad de ciudadanos chinos que siguen viviendo en pobres condiciones de vida por no llevar adelante las reformas a todo el país en lugar de concentrarlas principalmente en la zona costera de China.</p>
<p>Discutir políticas de shock versus gradualismo es útil en la medida que esto implique un plan de transición para navegar las reformas que <b>tarde o temprano van a tener que hacerse</b>, especialmente en lo que respecta desequilibrios fiscales. Si en lugar de medidas aisladas lo que hay es un plan completo de reforma, entonces correr el riesgo de dejar las reformas a medio hacer al elegir el camino del gradualismo parece ser un riesgo innecesario. Es decir, si su dentista es un estadista y le aplica un calmante, ¿para qué quitar la muela gradualmente en lugar de hacerlo en el momento?</p>
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		<title>Crear empleo o crear valor</title>
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		<pubDate>Wed, 21 May 2014 10:15:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nicolás Cachanosky</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<category><![CDATA[desempleo de largo plazo]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El 19 de Mayo el Indec informó los datos de desempleo para el primer trimestre del 2014. Los resultados no muestran una mejora en el índice de desempleo y se prestan a la interpretación que sugiere que <strong>se ha estancado la creación de empleo a la par de una posible disminución en la fuerza laboral</strong> (menos gente buscando empleo.) Esto, sumado a las dudas que los indicadores del Indec presentan, genera incertidumbre sobre la situación del mercado laboral. El organismo oficial de estadística (al que tan fácil le resulta criticar estimaciones privadas) ha tenido que admitir importantes correcciones en sus principales indicadores.<strong> ¿Será el de desempleo el próximo índice a ser revisado?</strong></p>
<p>El desempleo para los 31 aglomerados urbanos se ubicó en un 8.7%. Si se le suman la subocupación demandante (quienes trabajan pocas horas a la par buscan otros trabajo) se llega a un 14.2%. En el primer cuatrimestre del 2013 el desempleo se ubicaba en el 7.9% llegando al 13.4% si le agregamos la subocupación demandante. Hay otros tres indicadores que muestran problemas en el mercado laboral. <strong>En primer lugar el Índice de Demanda Laboral (UTDT) [CABA y GBA] de febrero del 2014 se encuentra un 15% por debajo del mínimo de la crisis del 2001.</strong> En segundo lugar el desempleo de largo plazo (desempleo por más de 12 meses) para el 2012 (último dato disponible en el Banco Mundial) es del 27.8%, mientras que para Brasil y México estaba en 14.6% y 1.7%. Esto quiere decir que ya en el 2012 el 27.8% de los desempleados llevaban al menos 12 meses en esa situación. Altas tasas de desempleo de largo plazo pueden indicar aumentos en un desempleo estructural muy difícil de reducir. En tercer lugar, una baja participación laboral. La población económicamente activa se encuentra en torno al 45% de la población en condiciones de trabajar (tasa de actividad en el informe del Indec). <strong>Los bajos salarios reales y los distintos subsidios al desempleo atentan contra la oferta de trabajo.</strong></p>
<p>Junto con la inflación, el desempleo debe ser de las condiciones económicas más sensibles para el votante. De allí la importancia que el político suele dar a estos indicadores y su interés en políticas para crear empleo. ¿Cuántas veces el oficialismo y la oposición han hecho referencia a la necesidad de crear puestos de trabajo? ¿Cuántas veces el oficialismo ha puesto el acento en las políticas para crear empleo?</p>
<p><strong>Crear empleo es fácil. Crear valor (trabajo que cree más valor del que consume en el proceso productivo), en cambio, es difícil.</strong> Cualquier gobierno puede muy fácilmente crear empleo. Si un país con una economía débil tiene unas 100 personas desempleadas, lo único que debe hacer su dirigencia política es que el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Social de este país ponga en marcha un &#8220;plan trabajar&#8221; por el cual se contrata a 50 personas para que caven pozos por la mañana y a los otros 50 para que los tapen por la tarde, repitiendo esta tarea todos los días. La tasa de desempleo baja a 0% y el PBI aumenta por el incremento en la producción de pozos. <strong>Las estadísticas confirman las políticas keynesianas de gasto público que tanto inspiran al oficialismo</strong> (claro, los indicadores económicos están inspirados en esas teorías). El análisis económico, en cambio, sugiere que indistintamente de lo que digan las estadísticas, cavar pozos lejos está de solucionar los problemas económicos del país. Del mismo modo, <strong>bajar el desempleo vía empleo público tampoco es solución. </strong></p>
<p>Supongamos ahora que en lugar de contratar a los desempleados para cavar y tapar pozos se contrata a estos 100 desempleados para producir autos (hace unos días se supo que el equipo económico K le pidió a las automotrices que no lleven adelante despidos y suspensiones laborales). En lugar de imaginar a 100 personas cavando y tapando pozos, tenemos la imagen mental de 100 personas produciendo autos que podemos ver, tocar y usar. Ya no es obvio, como en el caso de los pozos, que la producción de autos sea una medida equivocada. Producir autos, sin embargo, puede ser tan &#8220;ridículo&#8221; (económicamente hablando) como producir pozos. El valor económico no se encuentra ni en el tamaño ni en las cualidades físicas de lo que se produce, el valor económico es subjetivo y personal, por lo tanto no es susceptible de ser cargado en la planilla Excel de Kicillof y Costa.  <strong>Así como los pozos no crean valor económico y por lo tanto no contribuyen al desempeño económico del país, subsidiar la construcción de bienes que no son rentables (¿industria automotriz en Argentina?) es igual de contraproducente.</strong> En términos económicos, producir autos que el mercado no está dispuesto a pagar (sin subsidio, protección, etc.) es equivalente a producir pozos. El ejemplo de los pozos apela expresamente al ridículo para separar la ilusión estadística de resultados económicos. Que a los ojos una actividad económica nos parezca rentable de ninguna manera quiere decir que así lo sea.</p>
<p><strong>Los funcionarios públicos suelen caer presa de la ilusión estadística de creer que porque se crea empleo, entonces se crea valor. La relación es la inversa.</strong> Es cuando el mercado crea valor que se aumenta la demanda de trabajo y se baja la tasa de desempleo, el trabajo artificial producto de políticas públicas no pueden garantizar la creación de valor. Lamentablemente los políticos que se arrogan el decidir el destino económico del país se dejan llevar por el valor del índice de desempleo y no por si el trabajo creado por sus políticas públicas crea o consume valor que otros producen. Que el trabajo que vemos creado por las políticas públicas no sea visualmente &#8220;ridículo&#8221; no quiere decir que las políticas públicas sean exitosas.</p>
<p>El rol del Estado no es crear valor. El rol del Estado es mantener la ley y el orden; que es para lo que está institucional y estructuralmente preparado. Si el Estado protege instituciones de mercado, entonces no tendrá que apelar a ilusiones estadísticas para esconder el desempleo bajo la alfombra de series económicas. El bajo desempleo en Japón, por ejemplo, no se debe al éxito de sus &#8220;planes trabajar&#8221;, se debe al desarrollo económico sustentado sobre un marco institucional más serio y consistente que el Argentino.</p>
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