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	<title>Muriel Balbi &#187; Barack Obama</title>
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		<title>El cubo mágico de Obama</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jul 2014 10:31:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Muriel Balbi</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Para EEUU la política exterior siempre fue un asunto serio. Ser una potencia requiere, antes que nada, entender cómo funciona el mundo y reaccionar con certeza y determinación para que no queden dudas de quién lleva la batuta del ritmo global.  La administración de Barack Obama no es una excepción en ese sentido. Desde el primer momento en que el actual presidente pensó el armado de sus dos gestiones, lo hizo de modo tal de asegurarse tener en su mesa a los pesos pesados de la materia. Como sostiene Marco Vicenzino, director del <i>Global Strategy Project</i>  y miembro de la Junta de Directores de <i>Afghanistan World Foundation</i>, Obama es un producto de la política de la ciudad de Chicago y, si bien no tenía experiencia internacional antes de candidatearse, es muy juicioso respecto a su importancia por lo que “se rodeó de gente del Partido Demócrata con experiencia en política internacional’’.</p>
<p>Una realidad preocupa a los grandes líderes: el mundo está que arde. <strong>Si bien los conflictos existen desde los albores mismo de la humanidad, esta dinámica multipolar, de economías interdependientes, donde la información es cada vez más poderosa, veloz y globalizada, lleva a que se aceleren y se enreden, como una madeja al viento, al punto de tornarse un desafío inédito</strong>. Con esto se encuentra EEUU ahora. Con un laberinto internacional muy intrincando, donde cada movimiento genera múltiples impactos a nivel externo e interno, muchos de ellos no buscados ni deseados. Un juego de ajedrez donde las piezas del tablero tienen varias caras, según cómo se las mire. Aquí radica la novedad.</p>
<p><span id="more-277"></span></p>
<p>A las relaciones internacionales siempre se las ha comparado con este famoso juego de mente y estrategia. <strong>La diferencia es que antes se podía ver con claridad cuáles eran las fichas negras y cuáles las blancas, quién era el aliado, quién el enemigo</strong> y diseñar los pasos a seguir en función de eso. En el mundo de hoy, cuando EEUU mira el tablero, se encuentra, primero, con que ya no hay sólo un rey a la cabeza de dos bandos enfrentados y, segundo, con que las piezas ya no son de un color o de otro, sino más bien tornasoladas, es decir, su tono se manifiesta en función de cómo les dé el sol y desde dónde se las vea. Ya no hay negros y blancos, sino verdes, azules, verdes azulados, rojos y rojos que tira al anaranjado.</p>
<p>¿Cómo se observa esto en la práctica? Por ejemplo, Rusia está en la vereda del frente cuando se trata del conflicto con Crimea, sin embargo, hay que estar con ellos cuando se habla de Siria o de Irán y cuando está en juego su poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Hay que mantenerla a raya, pero tampoco hay que ahuyentarla demasiado porque esto la deja más cerca de un competidor temible como es China. Así, EEUU se puso al lado de Europa en su enfrentamiento a Rusia, pero a su vez ésta  le suelta la mano a la hora de concretar sanciones, debido a su dependencia del gas ruso. Europa, que es amiga, occidental y compañera en la OTAN, está sin embargo muy enojada y resentida por las denuncias de espionaje de parte de quien es la mujer más poderosa de mundo, Angela Merkel. A su vez, este roce diplomático es en parte consecuencia de haberle dado rienda al espionaje como parte de su lucha contra el único enemigo más o menos nítido: el terrorismo. Y digo “más o menos” porque no se trata de un país, con un enclave geográfico y un rostro claro, sino que es un monstruo inasible, transnacional, mutante, complejo y desplegado en forma de red con múltiples tentáculos, distintos entre sí, y con la capacidad incluso de penetrar en su propio tejido social.</p>
<p>También la distancia de Europa el incondicional respaldo a Israel en su exigencia de derecho a defenderse. Así, el secretario de Estado, John Kerry, llevó adelante un inédito raid mediático en el que afianzaba los argumentos de su socio y su enfatizaba el apoyo de los EEUU. El tema acabó llevándolo a Egipto, desde donde intentó calmar las aguas. Sí, Egipto, el mismo país al que hace poco le cortó la ayuda financiera como represalia al por haber derrocado por la fuerza al anterior gobierno.</p>
<p>Para colmo de males, todo repercute adentro. Porque <strong>mientras Obama anuncia en la Academia Militar West Point el comienzo de una nueva era en política exterior que no se base solo en la fuerza de las armas, los sectores más conservadores, susceptibles al poderoso lobby de la industria armamentística, presionan por mantener a flote el negocio de la guerra</strong>. Así es, los mismos republicanos con los que tiene pendiente una lucha feroz por una ley migratoria, y a la que el ala más radical, el Tea Party, prometió resistencia “cueste lo que cueste”. Parte de ese costo está expresado en los miles de niños latinoamericanos que siguen amontándose en las fronteras de EEUU en una crisis que da vergüenza moral y a la que Obama no pudo ignorar. Así y todo, la presión de quienes quieren entrar a la gran potencia a cumplir su sueño americano no cesa, incluso a pesar de las 1400 deportaciones diarias que despiertan la ira de quienes ya son la primera minoría en ese país y que – no hay que olvidar-  votan, a la vez que construyen casas, limpian piletas y cortan el pasto de quienes ya no están dispuestos a hacerlo.</p>
<p><strong>EEUU no la tiene nada fácil en este mundo que quisiera seguir liderando</strong>. En realidad, incluso aquí hay conflicto de intereses: los que presionan a Obama por mayor presencia y severidad en acciones de política exterior y el ciudadano de a pie que reclama ese dinero y esa energía para mejorar la situación en casa. Israel, Gaza, Ucrania, Rusia, Siria, Libia, Afganistán, Irán, Irak, China,  Africa, terrorismo, crimen organizado, sunitas y chiitas. Toda una gran maraña de temas muy complejos y relacionados entre sí. El ovillo es pesado, grande, difícil de manipular y está visto que no se puede tirar de ningún hilo sin estrangular otra hebra. Menuda tarea la de liderar este embrollo.</p>
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		<title>Odiar al fútbol</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jul 2014 10:51:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Muriel Balbi</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora hasta el fútbol tiene la culpa. Es que las posturas racistas, nacionalistas, xenófobas y misóginas se basan en argumentos tan ridículos y cargados de ignorancia que terminan insultando la inteligencia y la sensatez.  Así, ciertas hipótesis de los ultra conservadores estadounidenses no dejan de sorprender, en un abanico que va desde la brutalidad exasperante de Sara Palin, hasta las “violaciones legítimas” del congresista Todd Akin, pasando por el temor al “marxismo” del Papa Francisco.</p>
<p>Ahora, en pleno Mundial, la comentarista de <em>Fox News</em>, Anne Coulter,  se despachó contra lo que tildó de “deporte extranjero” en su columna de The Clarion Ledger a la que tituló <em>El pasatiempo favorito en EEUU: odiar al fútbol</em>. <strong>Para Coulter, el aumento del interés por el Mundial en su país, es una “señal de la decadencia moral de la nación” y una consecuencia de “los cambios demográficos provocados por la reforma migratoria de 1965”.</strong></p>
<p><span id="more-259"></span></p>
<p>Sus dichos, que nos importan en tanto no son sólo una visión individual sino que expresan el pensar y el sentir de un sector de la población, desataron todo tipo de comentarios en las redes sociales y la respuesta de importantes diarios como el <em>Washington Post</em> o el <em>USA Today</em>. <strong>No es la primera vez que esta famosa y controvertida escritora expresa, sin pudor, lo que muchos callan por corrección política</strong>.  A menos de 24 horas de que la selección de EEUU disputara el partido más importante de los últimos cuatro años, Coulter centró la mira en este deporte que, sin dudas, está conquistando el corazón de los estadounidenses, le pese a quien le pese. Así lo demuestran las cifras de audiencia: el partido ante Portugal fue visto por 24.7 millones de personas, superando las mediciones promedio de las finales de la NBA y de los mundiales de béisbol (aunque aún lejos del Superbowl). Recordemos también, que el segundo país que más entradas compró para ver este Mundial  (después de Brasil) fue EEUU. Además, según las encuestas, Lionel Messi es uno de los 10 jugadores más admirados en ese país, sobre todo en la franja de los 12 a 24 años. <strong>Hasta el presidente, Barack Obama, se vio cautivado por el balón, como mostró una foto en la que mira el partido a bordo del avión presidencial.</strong> No es el único. Por estos días, el básquet, el béisbol y el fútbol americano dejaron paso al “soccer” en las pantallas de los bares y en los temas de conversación de las mesas de café. Incluso en la prensa escrita, los artículos más leídos tratan de fútbol. En el  financiero, <em>The Wall Street Journal</em>, tuvo récord de visitas el escrito sobre <strong>“cómo escaparse del trabajo para ir a ver el partido de EEUU contra Alemania”.</strong></p>
<p>Sin embargo, Anne Coulter aseguró no entender que medios prestigiosos como <em>The New York Times</em> dediquen tantas páginas a hablar del crecimiento de este deporte,  ya que <strong>“ningún americano cuyos abuelos hayan nacido aquí, está viendo fútbol”</strong> y a la vez aboga porque, con el correr del tiempo,  estos “nuevos  americanos, además de aprender inglés, se desprendan de su fetichismo por el fútbol”. Porque para ella los logros individuales no son un factor importante en este deporte, sino que en él “la culpa se dispersa”, <strong>“no hay héroes, no hay perdedores” sino un grupo de personas corriendo de arriba para abajo hasta que “accidentalmente” la pelota se mete en el arco.</strong> “Cuando se supone que debemos ponernos salvajes, yo ya me dormí”, remata. Su cinismo la lleva hasta a recomendar que “si Michael Jackson hubiera tratado su insomnio crónico mirando partidos de Argentina contra Brasil, en lugar de tomar Propofol, aún estaría vivo, aunque aburridísimo.”</p>
<p>En realidad, tampoco considera que el fútbol sea un verdadero deporte. Sus argumentos son que ningún jugador se lesiona seriamente en la cancha (como en el Hockey), que hasta las mujeres y los niños pueden jugarlo  y porque, según ella, no expresa talento atlético alguno ni permite el lucimiento de ningún jugador en particular. <strong>Hasta el hecho de no usar las manos hablaría mal de esta afición “de liberales”, como le llama Coulter,  ya que “lo que distingue a las bestias de los hombres, además del alma, son los pulgares opuestos&#8221;.</strong> &#8221;Nuestras manos pueden agarrar cosas. Acá va una excelente idea: inventemos un juego en el que no se permita usarlas&#8221;, insiste Coulter. Y por último, mi favorita: la <strong>comparación del fútbol con el sistema métrico</strong>, “inventado por los europeos en la Revolución Francesa durante los breves intervalos en los que no estaban asesinando en masa con la guillotina.”</p>
<p>Como vemos, una serie de argumentos falaces que se caen a pedazos con la evidencia de lo real. Un cúmulo de prejuicios e ignorancia que nos separan, no sólo de otros pueblos,y sino de nuestros propios compatriotas y que nos impiden gozar, o al menos respetar,  la cultura del otro. A esta xenofobia, tan evidente cuando se trata de fútbol, también se la ve aquí, en Argentina, pero referida, por ejemplo, a los aromas de la sublime cultura culinaria de Perú o de Bolivia, respecto a las costumbres de los pueblos originarios o a las tonadas de los provincianos y podría seguir la lista. Pero no es necesario, porque lo interesante sería <strong>que cada uno de nosotros pueda identificar cuando nos sale “nuestra pequeña Anne Coulter de adentro”, para razonar, abrirnos, informarnos y  enriquecernos como personas.</strong></p>
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		<title>La gran cuenta pendiente</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jan 2014 09:10:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Muriel Balbi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Dicen que el primer paso para resolver un problema es reconocerlo. Ojalá esto se haga realidad ante el flagelo de la desigualdad económica que, recién ahora, está comenzando a ser un tema de fuerte consideración al interior de los organismos internacionales, gobiernos, organizaciones no gubernamentales e incluso en la Iglesia (con el giro impulsado por... <a href="http://opinion.infobae.com/muriel-balbi/2014/01/29/la-gran-cuenta-pendiente/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Dicen que el primer paso para resolver un problema es reconocerlo. Ojalá esto se haga realidad ante el <strong>flagelo de la desigualdad económica</strong> que, recién ahora, está comenzando a ser un tema de fuerte consideración al interior de los organismos internacionales, gobiernos, organizaciones no gubernamentales e incluso en la Iglesia (con el giro impulsado por <strong>el nuevo Papa, Francisco</strong>, quien envió a una carta a <strong>Davos</strong> expresando la necesidad de &#8220;crecer con igualdad, más allá del puro crecimiento económico&#8221;).</p>
<p>Lo propio se refleja en el mundo académico, donde comenzaron a proliferar trabajos sobre esta cuestión. Como advierte el economista y ex director del diario <i>El País</i>; <strong>Joaquín Estefanía</strong>, “si se repasan manuales de Economía de las últimas tres décadas, en ellos las cuestiones relacionadas con la <strong>extrema riqueza</strong> y la <strong>extrema pobreza</strong> o no están, o figuran tan sólo en las páginas colaterales”. Hasta<strong> el FMI alerta</strong> ahora sobre esta problemática, a pesar de que antes, su antigua directora, Anne Kruger, sostenía que “parece mucho mejor centrarse en el empobrecimiento, que en la desigualdad”.</p>
<p><span id="more-139"></span></p>
<p>Vale aquí reconocer que, en otros aspectos, el mundo supo mejorar,  al punto de llegar a cumplir con los ambiciosos objetivos de la <strong>Declaración del Milenio</strong>, pensada por 189 jefes de Estado, un 8 de septiembre de 2000, en la ciudad de Nueva York. De entonces a hoy,  la <strong>mortalidad infantil</strong> se redujo un 30%., 500 millones de seres humanos salieron de la pobreza extrema y 200 millones accedieron al agua potable, cloacas y viviendas dignas. Se trata de cifras históricas que regocijan, pero que no alcanza.</p>
<p>A pesar de estos logros y del crecimiento económico mundial, la <strong>brecha</strong> entre los que más tienen y los que menos tienen se ha ampliado a nivel global. Tal como lo reconoció <strong>Barack Obama</strong> “la desigualdad es el mayor desafío de muestro tiempo”.  Así, en los EEUU, desde los años ´70, los salarios reales de la mitad de los trabajadores que menos ganan se vieron estancados  o reducidos, al tiempo que los ingresos del 1% más rico se cuadruplicaron; antes el 10% de los ciudadanos más acaudalados se hacían del 30% del ingreso nacional, ahora se quedan con el 50%. Lo mismo ocurrió, entre 2008 y 2013, en la gran mayoría de los países desarrollados y en Latinoamérica, tal como consta en el Informe 2013 publicado por el Programa de Desarrollo Humano de Naciones Unidas sobre el <strong>Indice de Desarrollo Humano (IDH)</strong> y seguridad ciudadana.</p>
<p>Las cifras globales son escandalosas al punto de quitar el apetito. Hace días quedaron expuestas en un informe presentado por la organización humanitaria, <strong><i>Oxfam</i></strong>: los <strong>85 multimillonarios</strong> más ricos del mundo ganan lo mismo que el 50% de todos los pobres del planeta, es decir, <strong>3500 millones de personas.</strong></p>
<p>La preocupación se hizo escuchar en el <strong>Foro Económico de Davos</strong> donde, los buenos augurios de  recuperación económica mundial y de mayores beneficios para las empresas y mercados de valores, se ensombrecieron con los pronósticos de desempleo y congelamiento de los ingresos. Así, según adelantó <strong>Guy Ryder, </strong>Director General de la<strong> OIT</strong>, en el informe <strong>Tendencias Mundiales del Empleo 2014</strong> que presentará esta semana, quedará claro que “la modesta recuperación económica no se ha traducido en una mejoría en los mercados laborales en la mayoría de los países” y que “la desigualdad se refleja en los ingresos deprimidos de la mayoría de las familias y por lo tanto frena el crecimiento del consumo, lo cual a su vez limita el crecimiento económico”.</p>
<p>¿Pero por qué surge ahora el interés por este tema? ¿Estamos asistiendo a un <strong>cambio de paradigma?</strong> ¿Se están estrellando contra la pared aquellas doctrinas neoconservadoras, fomentadas por Bush, Pinochet, Tatcher, que salieron triunfantes después de la caída del muro de Berlín y que continuaron atravesando décadas y países? Habrá que dejar correr más agua debajo del puente para poder saberlo a ciencia cierta.</p>
<p>La buena noticia es que la problemática de la desigualdad económica y las formas de resolverla están ahora en la agenda y en alguna parte de la cabeza de quienes  toman las decisiones. ¿Los motivos? Son varios. Por un lado, el puramente moral y ético, por la vergüenza y la indignación que genera. Por otro, el económico, con diversas investigaciones (Hovell, Bernstein, Kluger,Stiglitz, Krugman) que demuestran su<strong> impacto negativo en el crecimiento económico y el daño al consumo</strong>, a la vez que favorece las burbujas crediticias y las crisis financieras. Pero también el social, porque estanca la movilidad social, genera violencia e inseguridad y debilita las democracias ya que la elite económica ejerce un poder tal que mueve el pulso a los Estados en la definición de sus políticas.</p>
<p>Pero es <strong>el Estado</strong> la entidad que, por excelencia, debe tener a su cargo la reducción de la desigualdad. Para hacerlo, “necesita fondos con los que financiar inversiones en salud, empleo, educación o seguridad social”, como sostiene <strong>John Christensen</strong> de <strong><i>Tax Justice Internacional</i>.</strong> Sin embargo, desde la década del ’70, la carga impositiva para los ricos se vio reducida en 29 de los 30 países que poseen estadísticas para la comparación. Para colmo de males, <strong>gran parte de esta riqueza concentrada ni siquiera tributa</strong> y va a parar a los paraísos fiscales cuyas operaciones se  incrementaron exponencialmente, acaparando, según <i>The Economist</i>, unos 20 millones de millones de dólares, es decir, casi el doble del PBI de la principal potencia económica mundial.</p>
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		<title>Por encima de la patria</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Oct 2013 10:19:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Muriel Balbi</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En todo el mundo ha generado estupefacción la cantidad de días que<strong> la administración de los EEUU ha permanecido prácticamente clausurada.</strong> Este conflicto -generado por la incapacidad de los políticos de llegar a un acuerdo que le evite más inconvenientes al ciudadano de a pie- no parece propio de una gran potencia mundial, de quien se espera que dé cátedra de administración prolija y previsible.</p>
<p>Precisamente, parte del precio pagado en esta crisis es el <strong>daño a la imagen de los EEUU.</strong> Claro que también están los costos materiales concretos que se calculan en mil millones de dólares por semana. Esto quiere decir que las dos semanas de <em><strong>shutdown</strong> </em>equivalen a las pérdidas producidas por el <strong>huracán Katrina</strong>, pero con la gran diferencia de que no se trata de una catástrofe natural, sino de una acción totalmente evitable y que es vista por los norteamericanos como capricho e ineptitud de los políticos.</p>
<p><span id="more-60"></span>En el centro de la tormenta: el “<strong>Obamacare</strong>” aprobado en 2010, respaldado por el pueblo en las urnas y ratificado por <strong>el Tribunal Supremo</strong>. Una ley que no es “una más” para el presidente. Gran parte de la energía que lo ha impulsado toda su carrera política ha sido, precisamente, llegar algún día a generar un cambio en el actual <strong>sistema de salud</strong> de los EEUU. La motivación nació hace años, en lo que debe haber sido la mayor pérdida personal sufrida por <strong>Barack Obama:</strong> la muerte de su madre.<strong> El día que firmó la ley dijo: “lo hago en nombre de mi madre que luchó contra las compañías aseguradoras hasta el último día de su cáncer”. </strong></p>
<p>Desde entonces, y durante toda su carrera política y campaña a la<strong> Casa Blanca</strong>, la reforma sanitaria siempre estuvo en sus propuestas. Sin embargo, también hay un <strong>gran caudal de energía en contra de esta reforma</strong>. En estos últimos días se escucharon palabras muy fuerte de los <strong>republicanos </strong>llamándola <strong>“ley para matar a los niños, mujeres y ancianos norteamericanos”</strong>, “la peor ley de la historia de los EEUU” o “una ley que destruirá a los EEUU”. El ala republicana más conservadora se le resiste con fuerza, al punto de arrastrar al país a la crisis política. <strong>El Tea Party le declaró la guerra al Obamacare</strong> y afirmaron que hará todo lo posible para que no pueda implementarse, incluso por encima de los intereses del Estado.</p>
<p>Pero esta ley que, por primera vez, mira a la cara de los 50 millones de estadounidenses que no tienen seguro de salud y que podría resolver la situación irregular de varios de ellos por medio de diversas facilidades y subsidios (y multándolos si se quedan sin seguridad social), no es convenientes para todos. Por un lado, tendrá un impacto en los <strong>impuestos</strong>, que no todos quieren absorber, ya que lo consideran una <strong>intromisión del Estado en las libertades de elección</strong> y un daño a la economía nacional. Pero, sobre todo, <strong>también afecta a los intereses de una industria gigantesca y de fuerte lobby, que es la de las aseguradoras de salud.</strong></p>
<p>Con la reforma sanitaria, estas compañías no podrán, por ejemplo, tener un seguro más caro para las mujeres que para los hombres. Y algo muy cuestionado y discutido, no sólo en EEUU sino en muchos otros países, como el nuestro: las llamadas <strong>“condiciones preexistentes”</strong>. Con esta ley <strong>no podrán discriminar a personas con enfermedades diagnosticadas que quieran afiliarse</strong>, sino que deberán aceptarlas y brindarles el servicio. Detrás de esta crisis, como en muchos otros hechos de la vida cotidiana, están los intereses egoístas y económicos que explican gran parte de lo que sucede a nuestro alrededor.</p>
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		<title>Manzanas podridas</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Aug 2013 04:53:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Muriel Balbi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuántas veces nos referimos a ciertas cosas y despotricamos contra ellas como si fueran males que nos caen de la estratósfera, totalmente ajenos a los que nosotros mismo somos. Los ejemplos, por excelencia, son los políticos y la televisión. Manzanas podridas que vienen a corroer nuestro armonioso ambiente. Pero ¿de dónde surgen? ¿Tienen acaso los... <a href="http://opinion.infobae.com/muriel-balbi/2013/08/14/manzanas-podridas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuántas veces nos referimos a ciertas cosas y despotricamos contra ellas como si fueran males que nos caen de la estratósfera, totalmente ajenos a los que nosotros mismo somos. Los ejemplos, por excelencia, son <strong>los políticos y la televisión</strong>. Manzanas podridas que vienen a corroer nuestro armonioso ambiente.</p>
<p>Pero ¿de dónde surgen? ¿Tienen acaso los medios y la clase política el poder de provocar el deterioro cultural de una sociedad? ¿No son, en todo caso, partes de ella y, por lo tanto, su reflejo?</p>
<p><span id="more-6"></span>Días atrás, <strong>Barack Obama</strong> arremetió, una vez más, contra la famosísima actriz, modelo y reina de los reality shows <strong>Kim Kardashian</strong>. Fue durante una entrevista para <em><strong>Kindle Singles</strong></em> en la que el presidente de los EEUU se lamentó por el modo en que la televisión desvirtúa  los valores del trabajo y del esfuerzo, cimientos del sueño americano, adulterado ahora en su esencia por una idea de éxito basada en la fama mediática y la ostentación sin límites.</p>
<p>“El sueño americano solía incluir cosas bastante básicas, un buen trabajo en el que encontrar seguridad, una buena educación&#8230; La gente sentía que con trabajo duro podían alcanzarlo. Pero creo que ahora hubo un cambio en esa cultura. Los chicos de ahora están expuestos a cosas a las que no estábamos nosotros. Entonces no había una ventana permanentemente abierta al estilo de vida de los ricos y famosos… ni pensando constantemente en que eso es el ejemplo de éxito”,  dijo Obama.</p>
<p>Pero ¿<strong>qué es anterior</strong>? ¿<strong>La serie de televisión que crea millones de seguidores dispuestos a ver los avatares de la vida de un personaje que roza lo absurdo, o una gran masa de gente que, por alguna razón, está ávida de consumir superficialidad y valores materialistas, y que acaban transformando en éxito a un programa como el de Kim Kardashian</strong>?  La discusión parece quedar atrapada en el dilema del huevo y la gallina.</p>
<p>Además, el condimento por excelencia de los realities, el conflicto permanente, es hoy la  fórmula del éxito de la televisión e impregna a todo el resto de la programación. Porque, como dice <a href="http://opinion.infobae.com/umberto-eco/" target="_blank"><strong>Umberto Eco</strong></a>, <a href="http://opinion.infobae.com/umberto-eco/2013/07/20/las-entrevistas-por-television-y-otras-cosas/" target="_blank">a la hora de consumir televisión “de una forma u otra lo que el espectador quiere ver es una buena pelea”</a> . El escándalo captura, entretiene,  divierte y vende.</p>
<p>Obama mostró el ejemplo de un político preocupado por el  impacto de la TV en la sociedad. Pero un daño similar puede venir de la propia clase política. Es que, como decíamos más arriba, <strong>cabe preguntarnos también si los políticos berretas son parte de una sociedad berreta o si acaban contaminándola en su poder para influirla malamente</strong>.</p>
<p>Una de las mayores críticas que podemos hacerle a la “<strong>Era Berlusconi</strong>” es la de haber provocado cierto deterioro cultural en la sociedad italiana. Bien se ve ilustrado en el libro <strong><em>Gomorra</em></strong> de <strong>Roberto Saviano</strong>, en el que cuenta cómo, cuando la televisión acude a un pueblo a cubrir una escena de asesinato de la mafia, las jovencitas brotan de las calles todas producidas y desesperadas, pensando que la única manera de progresar es ser “descubiertas” por un señor rico e influyente que las vea por televisión.  Berlusconi, con sus escándalos, metió en la cabeza a miles de jovencitas la idea de que se puede lograr fama y dinero siendo “la amiga” de un hombre como él; como ocurrió con la adolescente marroquí, <strong>Rubi</strong>, entre otras.  En ese contexto se vuelve milagroso esperar que aparezca un contraejemplo que siembre en esas almas las nociones de estudio y esfuerzo como formas de ascenso social, en un clima de crisis económica con millones de profesionales y  trabajadores en el desempleo y la miseria.</p>
<p>Pero ¿de dónde salió <strong>Silvio Berlusconi</strong>? ¿Acaso no lo votaron -y toleraron por varios años- los propios italianos? ¿<strong>No es Berlusconi, de algún modo, un producto cultural de la Italia de hoy, de los valores y aspiraciones que ya circulaban en la sociedad</strong>?</p>
<p>He aquí entonces varias preguntas y ejemplos extranjeros pero que bien nos sirven de disparadores para pensar por qué tenemos los argentinos estos políticos y esta televisión. ¿<strong>Cómo romper el círculo vicioso y evolucionar en un todo: como sociedad, como clase política, como servicio de comunicación</strong>? De un lado, la <strong>educación</strong> es la gran herramienta para sembrar en la sociedad valores más elevados y despertar inquietudes intelectuales en la gente. Del otro, <strong>el voto y el control remoto</strong> también pueden servir para decir basta y aspirar a más.</p>
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