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	<title>Mundo Asís &#187; Plaza de Mayo</title>
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		<title>Daniel, Mauricio y Sergio</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Sep 2013 16:09:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A Cristina, La Doctora, le despojaron la centralidad. escribe Oberdán Rocamora “Cristina, Mauricio y Daniel” es la consagrada miniserie del Portal que mantiene su continuidad. Sólo que hoy se asiste al desplazamiento de Cristina, La Doctora. Al personaje femenino se le reserva la gravitación lateral. A su pesar, Cristina cede importancia. En favor de Sergio.... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2013/09/10/daniel-mauricio-y-sergio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>A Cristina, La Doctora, le despojaron la centralidad.</strong></p>
<p>escribe<strong> Oberdán Rocamora</strong></p>
<p><a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2012/02/15/cristina-mauricio-y-daniel-i/">“Cristina, Mauricio y Daniel”</a> es la consagrada miniserie del Portal que mantiene su continuidad.<br />
Sólo que hoy se asiste al desplazamiento de Cristina, La Doctora. Al personaje femenino se le reserva la gravitación lateral.<br />
A su pesar, Cristina cede importancia. En favor de Sergio.<br />
Es -Sergio- el protagonista que, desde <strong>La Franja de Massa</strong> se dispone a alborotar los destinos de los otros tres. A condicionarles las respectivas cuadraturas personales.<br />
En principio, Sergio desaloja a Cristina del centro de la escena.<br />
Mutis por el foro, durante algún capítulo. Sólo se escucha esporádicamente su voz, con aplausos menos convincentes.<br />
En adelante, la miniserie pasa a titularse <strong>“Daniel, Mauricio y Sergio”</strong>.<br />
Con suficientes actores de reparto. Podrán lucirse, incluso, con alguna aparición tangencial.</p>
<p><strong><span id="more-521"></span>El Cismático</strong></p>
<p>Decir la Franja de Massa dista de ser un hallazgo afortunado del lenguaje. Para aludir obviamente a la “<strong>Franja de Gaza”</strong>.<br />
Al contrario. Ocurre que la Franja de<strong> Sergio Massa,</strong> La Rata del Tigre, Aire y Sol II, se impone, en la práctica, como una franja de verdad.<br />
Una “fracción”, como se decía en la izquierda festiva de los 60 (para aludir, por ejemplo, al <strong>Partido Comunista Revolucionario</strong>).<br />
Una virtual escisión ocasionada al cristinismo. Hasta perforarlo.<br />
Con una característica destacable: la Franja, o Fracción, supera al tronco original. Lo demostró en agosto.</p>
<p>Técnicamente, Sergio es El Cismático.<br />
Quiso asociar, en la idea del cisma, a<strong> Daniel Scioli</strong>, el Líder de la Línea Aire y Sol I, que prefirió quedarse con Cristina. Aunque ella se hubiera obstinado, con suerte relativa, en la faena de demolerlo.<br />
Sergio, Aire y Sol II, le produjo el cisma definitivo al cristinismo declinante, que integraba hasta tres meses atrás. Y del que fue Premier. O apenas un vulgar Jefe de Gabinete. Es la función devaluada que hoy ocupa <strong>Abal Medina</strong>, El Abalito, el hijo profesional que se reporta, con disciplina ejemplar, a <strong>Carlos Zannini</strong>, El Gran Consumidor de Pescado (Podrido).<br />
Por su parte, Zannini es el antiperonista sigiloso que logró la hazaña de transformarse en el conductor real del gobierno peronista. O de matriz peronista. Que derivó en el frepasismo tardío. Para naufragar en la amplia banda de la incoherencia.<br />
En algún momento, con el sigilo habitual, Zannini amagó secretamente con convertirse en el personaje fundamental de la miniserie. Para pulverizar a Daniel y erigirse en el sucesor de Cristina. Pobre, ni siquiera pudo despegar.</p>
<p>Con el respaldo de La Doctora, Sergio accedió también a la mini-gobernación de <strong>Tigre</strong>, hoy <a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/07/24/tigre-tierra-santa/">Tierra Santa</a>. Para intentar, desde Tigre, otra hazaña, casi equiparable a la de Zannini, pero con mayor fundamento.<br />
Suceder, desde la alcaldía de Tigre, a Cristina. Aunque con una escala intermedia en la monotonía del parlamento.<br />
El Cismático marcha, con apasionamiento y los astros alineados, hacia la segunda victoria, en octubre. Para aburrirse, como sospecha, en el Congreso, que se presume como el próximo marco de la transición. Donde Sergio tendrá que compartir el mismo proyecto presidencial con otros dos legisladores triunfales. Ambos carecen de la marca peronista que cansa, en cierto modo, al amontonamiento que se llama “la sociedad”.<br />
Son dos representantes de la ilusión social-demócrata.<br />
<strong>Julio Cobos,</strong> El No Positivo, y <strong>Hermes Binner</strong>, el <strong>John Wayne</strong> de El Hombre Quieto.<br />
Y estará también, invariablemente, en El Bolillero, <strong>Elisa Carrió</strong>, Highlander, Ex Empresaria en Demoliciones.</p>
<p>Nadie debe extrañar entonces que Sergio se transforme en el imán poderoso que más atrae <a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/08/14/el-vuelo-de-los-garrocheros/">“El vuelo de los garrocheros”</a>, .<br />
La conjunción inagotable de protagonistas que supieron registrar el paso por la patología del kirchner-cristinismo.<br />
Para estar siempre en la tibieza del oficialismo es necesario, de vez en cuando, saltar. Hacerse opositor, para volver pronto, después, a ser oficialista.</p>
<p><strong>El riesgo de fundirse juntos</strong></p>
<p>La irrupción de Sergio desplaza las ambiciones de permanencia de Cristina, La Doctora.<br />
Pero lo legitima, en el fondo, a Daniel.<br />
Como si Aire y Sol II -o sea Massa- se elevara como una fotocopia que valoriza, sobre todo, al original, Aire y Sol I. O sea Scioli.<br />
Aunque Sergio lo arrastre, a Daniel, hacia la situación límite de enfrentarlo.</p>
<p>Por el peso prepotente de su presencia, Sergio genera pronto otro logro inimaginable. Casi milagroso. El acercamiento compulsivo entre Cristina y Daniel.<br />
Y que se junten. Hasta el riesgo severo de fundirse. Juntos.<br />
Sin otra alternativa, Daniel se pone al frente del ejército demacrado que debe remontar al buenito de <strong>Martín Insaurralde</strong>, El Barrilete de Plomo.<br />
Ejército compuesto por soldados sin fe, que tenían la instrucción inicial de aislar a Daniel. Justamente a quien hoy los comanda.<br />
Son, como Cristina, Scioli-dependientes. Un castigo cultural.<br />
Pormenores tristes de la tragedia recíproca, que surcan la miniserie.</p>
<p><strong>Mauricio, el afectado</strong></p>
<p>Significa confirmar que Sergio desplaza a Cristina y legitima a Daniel. Pero a quien más afecta Sergio es a <strong>Mauricio, El Niño Cincuentón.</strong><br />
Mauricio queda diluido en el primer capítulo. Detrás, casi oculto, en su alianza unilateral con Sergio. En la provincia inviable.<br />
Trasciende que Mauricio, ostensiblemente afectado, se siente invadido por los celos repentinos. Se divulgan (los celos) entre los pasillos del <strong>PRO</strong>, la expresión institucional del macri-caputismo.<br />
Es el lugar idílico de perfección positivista, donde casi nadie usa corbata.<br />
Son todos preferiblemente jóvenes, “en forma”, en lo posible bellos, lozanos y elegantemente frescos.<strong> Un partidito sin viejos ni gordos.</strong><br />
Marche más Aire y más Sol. “<a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/08/30/coppertone-para-todos/">Coppertone para todos”</a>.<br />
Son infatigables cultores de “lo nuevo”, que persisten extasiados por el vitalismo teórico que suele bajarles, filosóficamente, don <strong>Jaime Durán Barba</strong>, El Equeco.<br />
Y que <strong>Marcos Peña</strong>, Marquitos, les pasa en limpio. E instrumenta.</p>
<p>Pero de tanto jorobar en el PRO con las intrascendencias líquidas de “lo nuevo”, les apareció de pronto Sergio.<br />
Un nuevo de verdad, “que es también parte de lo viejo”.<br />
Un <strong>Capriles</strong> sonriente que es, para colmo, trece años más joven que Mauricio, El Niño Cincuentón.<br />
Con crueldad generacional, Sergio le despojó, a Mauricio, hasta el cetro simbólico de “el opositor”.<br />
El rol que le otorga, infatigablemente, La Doctora, que se desvive por tenerlo a Mauricio. Como rival.</p>
<p><strong>“Si tiene que elegir entre Sergio y Daniel, Cristina lo prefiere a Mauricio”.</strong><br />
Es una conjetura del portal. Para que conste en actas.</p>
<p>A través de la multiplicidad de reportajes simultáneos, El Niño Cincuentón salió -tocado- a ocupar la inmediatez del escenario.<br />
A suplir, con declaraciones, la carencia de pegada política. Consecuencia de la dejadez de seis meses de hacer (muy mal) la plancha.<br />
Aunque encuadrado, felizmente, en los sublimes atributos de “la gestión”, que comienza a mostrar los rasgos inapelablemente rescatables.<br />
Sobre todo entre las obras que aliviaron la circulación de la <strong>Avenida 9 de Julio</strong>, en el pulmón más espacioso del Artificio Autónomo.<br />
Por la avenida que Sergio se decide a bajar, ampulosamente, desde el Norte. Como si la ciudad le quedara chica. Viene predispuesto a doblar por Diagonal, hacia la izquierda.<br />
Hasta determinada explanada, más allá de la <strong>Plaza de Mayo</strong>.</p>
<p><strong>Oberdán Rocamora</strong></p>
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		<title>Sigilosos programadores de la espontaneidad</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jul 2013 16:31:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las rebeldías de las clases medias de Turquía, Brasil y Egipto, ningunean las protestas de Argentina. Sobre Informe de Consultora Oximoron Redacción final Carolina Mantegari Desde Francis Fukuyama, en el Wall Street Journal, o Luis Fernández-Galiano, en El País, hasta Luisa Corradini, en La Nación. Emergen por doquier los dadores voluntarios de interpretación sociológica. Se... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2013/07/10/sigilosos-programadores-de-la-espontaneidad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las rebeldías de las clases medias de Turquía, Brasil y Egipto, ningunean las protestas de Argentina.</strong></p>
<p>Sobre Informe de <strong>Consultora Oximoron</strong><br />
Redacción final <strong>Carolina Mantegari</strong></p>
<p>Desde <strong>Francis Fukuyama</strong>, en el <strong>Wall Street Journal</strong>, o <strong>Luis Fernández-Galiano</strong>, en <strong>El País</strong>, hasta <strong>Luisa Corradini</strong>, en <strong>La Nación</strong>.<br />
Emergen por doquier los dadores voluntarios de interpretación sociológica. Se ocupan de la rebelión de las capas medias.<br />
“El fantasma que recorre el mundo”. Alborota las calles y agita las plazas. Arrinconan gobiernos con las respectivas listas de reclamos.<br />
El fenómeno -para Consultora Oximoron- es transversal.<br />
Con matices diferenciadores, se destacan las rebeliones que transcurren en <strong>El Cairo</strong>, Egipto; <strong>Estambul</strong>, Turquía; en <strong>San Pablo</strong> y tantas ciudades de Brasil.</p>
<p><span id="more-373"></span>Al indagarse en algún punto de partida inspirador, nunca falta el profesor brasileño de <strong>Campinas</strong>. Con presentable audacia de exportación, alude, comparativamente, a las piedritas del mayo francés. Del 68, en París.<br />
Otros improvisados, menos efectistas, prefieren hurgar entre los españoles socialmente desvencijados. Indignados que solían broncearse en la <strong>Puerta del Sol,</strong> en <strong>Madrid</strong>. O los exhibicionistas que se fotografiaban en la <strong>Plaza Zuccotti, de Manhattan.</strong><br />
<strong>Tesis Oximoron: por la creciente intrascendencia del país, ni se tienen en cuenta las protestas que transcurrieron en Argentina.</strong></p>
<p>Llama la atención que se omitan, con frontalidad, las tres manifestaciones masivas que supieron organizar los “sigilosos programadores de la espontaneidad”. Profesionales de la improvisación como Lucho, Naza y El Correntino.<br />
En la Argentina blanca. En banda, pero creativa y bulliciosa.<br />
Expresiones multitudinarias, discutiblemente populares, que recibieron el nombre (importado) de “cacerolazos”.<br />
Metodología patentada, en realidad, por la burguesía de <strong>Santiago</strong>, <strong>Chile</strong>, en 1972. Cuando las damas sensibles del barrio “momio” de Providencia salían a golpetear sus cacerolas. Durante el gobierno frágil de <strong>Salvador Allende</strong>. Sostenían (las damas) que nada encontraban para cocinar en ellas.</p>
<p><strong>Controlar la calle</strong></p>
<p>Significa confirmar -para Oximoron- que a la Argentina cristinista se la ningunea hasta para la protesta.<br />
Injusticia. Porque <strong>Néstor Kirchner</strong>, El Furia, supo ubicarse, preventivamente, a la vanguardia en la materia.<br />
En su deseo de asegurarse el control de la calle. En el sub-continente, la “calle” ya se había cargado un par de presidentes. <strong>Ecuador</strong>, <strong>Bolivia</strong>, la propia Argentina.<br />
Para controlar la calle, El Furia invirtió irresponsables millones del <strong>Gorro Frigio</strong>. Para la minuciosa lubricación de las “organizaciones sociales”. Conjunción de desamparados que cortaban -gratis- los puentes y los cruces, en general entre los martes y los jueves. El cuento dominante consistía en no “criminalizar la protesta”.<br />
En el extendido primer tramo, El Furia contó, además, con el aporte invalorable de <strong>Hugo Moyano</strong>, El Charol. Intimidaba a los eventuales protestones con “el encanto de la negritud”.<br />
De todos modos El Furia sólo alcanzó a “compartir la calle”. Con la izquierda de verdad. Bastante descolocada -la pobre izquierda- en su retroceso. Y vaciada.<br />
Con determinados arrebatos, El Furia les había soplado la argumentación.</p>
<p>De todos modos -para Oximoron- la parafernalia del derroche no le garantizó a El Furia el control total de la calle.<br />
Bastó, para preocuparlo, con la credibilidad inicial del dolorido<strong> Juan Carlos Blumberg</strong>, El Ingeniero.<br />
Aquel Blumberg conmovía. Convocaba inquietantes multitudes silenciosas. En la noche y con antorchas, clamaban por la falta de seguridad. Exigían una dureza ingenua, impracticable.<br />
El pragmatismo de El Furia consiguió eclipsar a Blumberg, sobre todo cuando El Ingeniero se creyó posiblemente presidenciable.<br />
En adelante El Furia respiró de nuevo con alguna tranquilidad. Para volver a sufrir, la toma de las calles, cuando ya no era presidente. Con “el conflicto del campo”.<br />
Bastó entonces -continúa el Informe Oximoron- con un puñetazo providencial de <strong>Luis D’Elía</strong>, El Falso Negro, para evitar que los movilizados le coparan la simbología de la Plaza de Mayo.</p>
<p><strong>Mandíbulas y bocados</strong></p>
<p>Aunque la Plaza de Mayo pronto la iban a ocupar “los sigilosos programadores de la espontaneidad”. Sin saber bien, en el fondo, para qué.</p>
<p>Expertos en el arte de la viralidad, Los Sigilosos manejaban 150 páginas web. Se ufanaban de contar con millares de “me gusta”, en el <strong>Facebook</strong>.<br />
Armaban -Los Sigilosos- a través de una mesa chica de treinta genios. Derivó en una mesa ratona de conducción. De tres. A lo sumo cuatro.<br />
Pero Los Sigilosos se cuidaban de no levantar mucho la cabeza. Por la interna.<br />
Había 150 que creían repentinamente ser dirigentes nacionales. Los celaban.</p>
<p>Cuentan que una vez se les propuso: “Pongan la cara ustedes, les ponen gratis multitudes a los dirigentes que no pueden llenar un ascensor”.</p>
<p>Pero Los Sigilosos no se atrevieron, “por la interna”.<br />
Pudieron ser pronto mandíbulas y se convirtieron en tiernos bocados. Para políticos de la nomenklatura opositora que legitiman, por su irrelevancia, al oficialismo que complementan.</p>
<p>Sin el menor reconocimiento, y a pesar de ellos, fueron imitados en diversos países.<br />
Ahora Los Sigilosos -según el Informe Oximoron- se proponen organizar un nuevo sarao de protesta.<br />
Para el 8 de agosto. Tres días antes del ensayo de las elecciones primarias.<br />
De manera que se pone en marcha la próxima viralidad.<br />
Arranca desde <strong>Sidney</strong>. O desde <strong>Auckland</strong>, <strong>Nueva</strong> <strong>Zelanda</strong>. Hasta <strong>Barracas</strong>. Con foco central -como los petiteros de antaño- en <strong>Callao y Santa Fe.</strong></p>
<p><strong>La producción de clase media</strong></p>
<p>Entre los solemnes lugares comunes, que florecen en todos los idiomas para explicar la rebelión, salta como causa, invariablemente, la fabulosa producción de clase media.<br />
Se registró, sobre todo, en Brasil. O en Turquía (pese al fastidio del canciller Patriota, cuando se lo equipara).</p>
<p>Con optimismo sociológico, especulan que, en los últimos diez años, alrededor de cincuenta millones de miserables accedieron, en Brasil, a la estampilla de pertenencia a la clase media.<br />
Sin embargo el crecimiento -prosiguen- no fue acompañado por la “calidad de los servicios”, que brindan los estados, en general corruptos. Con una “gran brecha” distante entre representantes y representados.<br />
Previsible “consecuencia del crecimiento”. Efecto involuntario.<br />
Verso bonito, después de todo, bien armado. Una pinturita de otros sigilosos artesanos.<br />
La teoría cierra con los hospitales berretas, los transportes públicos misericordiosos.<br />
Bastó con un nimio aumento en el precio del transporte para que los brasileños, de clase media forzada, se movilizaran para ocupar las primeras planas de los informativos del mundo. Y produjeran el despliegue desastrosamente masivo que sirvió para que la señora <strong>Dilma</strong>, la presidente de Brasil, retrocediera. Justamente cuando en el mundo se ponderaba el <strong>“fenómeno Brasil”.</strong><br />
En un momento de proyección del País <strong>BRICS</strong>, que pretende la membrecía permanente del Consejo de Seguridad (a pesar de Argentina y de <strong>México</strong>). Cuando se lanza a organizar el <strong>Campeonato Mundial de Fútbol de 2014</strong>. Mientras sus habitantes sorprendían con el otro perfil. El de las carencias básicas.</p>
<p>Para Oximoron, tampoco se pueden comparar los episodios de Brasil, Turquía, de España (incluso de la ninguneada Argentina) con los móviles de las capas medias de Egipto.<br />
Porque los egipcios se amontonaron en la <strong>Plaza Tahrir</strong>, de El Cairo, con el objetivo, de mínima, de conseguir la caída de un gobierno. Pero finalmente se cargaron dos. <a title="La desgracia" href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/07/08/la-desgracia-de-egipto/">El de <strong>Moubarak</strong> y el de <strong>Morsi</strong>. </a></p>
<p><strong>Catarsis</strong></p>
<p>Menos que a la reproducción de capas medias, en la Argentina de La Doctora se asiste, en cambio, a la penosa declinación de las mismas.<br />
Las que fueron ejemplo en el continente. Cuando aún el país tenía presencia. Era mandíbula, tallaba. Pero se convirtió en duro bocado.</p>
<p>Aquí, cuando las capas medias salen a protestar, lo hacen con objetivos fuertemente emocionales. Infortunadamente comprensibles, pero difusos.<br />
Concatenación de broncas contenidas. Hartazgos justificables. Frustraciones obsesivas. Falta de representación política e impotencia filosófica.<br />
De todos modos <strong>Los Sigilosos Programadores de la Espontaneidad,</strong> ya desde 400 webs, se dan su tiempo para organizar la ronda que se viene.<br />
El 8 del 8, a partir de las 8 (felizmente fuera del horario de oficina).<br />
Tal vez Los Sigilosos cuenten, para el 8 del 8, con alguna idea innovadora para fundamentar mejor el nuevo amontonamiento.<br />
<a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2013/04/19/la-catarsis-de-la-argentina-blanca/">La (próxima) Catarsis de La Argentina Blanca</a>.</p>
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