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	<title>Mundo Asís &#187; Menem</title>
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		<title>Depilación a la cera negra</title>
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		<pubDate>Sat, 30 May 2015 09:12:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Como el personaje de Hemingway, Sergio se alejó demasiado de la playa Escribe Carolina Mantegari, Editora del AsísCultural, especial para JorgeAsísDigital “Sergio no tiene una buena historia”, confirma el filósofo promisorio del arrabal. Cuentan que se lo dijo. “Interesa más la historia de Mauricio. Primero porque es rico. Porque estuvo secuestrado. Fue presidente de Boca, tuvo... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2015/05/30/depilacion-a-la-cera-negra/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Como el personaje de Hemingway, Sergio se alejó demasiado de la playa</strong></p>
<p><b><i>Escribe Carolina Mantegari, Editora del AsísCultural, especial para JorgeAsísDigital</i></b></p>
<p>“Sergio no tiene una buena historia”, confirma el filósofo promisorio del arrabal. Cuentan que se lo dijo. “Interesa más la historia de Mauricio. Primero porque es rico. Porque estuvo secuestrado. Fue presidente de Boca, tuvo mujeres soñadas y, por si no bastara, es el hijo de Franco”.</p>
<p>A su criterio, en la fantasía colectiva y popular, Franco funciona como un Padrino, aunque no lo sea en absoluto. “En la cultura Argentina esa creencia funciona como atributo”, prosigue, y arriesga: “No olvidar que aquí, en el fondo, se venera a don Julio Grondona”.<span id="more-1293"></span></p>
<p>Aunque hoy se lo denigre, para el filósofo anónimo persiste cierta admiración por la epopeya del extinto “ferretero de Sarandí”.</p>
<p>“<strong>La historia de Daniel también moviliza más que la de Sergio.</strong> Es el campeón de una categoría imaginaria de la motonáutica. Se le incendió un departamento y hubo un muerto. Para colmo perdió un brazo en el río, en una competición. Y desde la nada se reinventó como político y le ganó la interna en la capital a un peso pesado del peronismo metropolitano”.</p>
<p>Y aparte, como un funebrero fiel, Daniel cerró los ojitos de la totalidad de sus jefes políticos. “Acompañó hasta el final a Menem, a Rodríguez Saa, a Duhalde y a Kirchner. Para completar el periplo, sólo le falta acompañar a Cristina”.</p>
<p>En cambio, para el filósofo del arrabal, <strong>la historia de Sergio es bastante previsible. Transparente.</strong> Con fuerte adicción hacia la normalidad. Sin actos sacrificados ni heróicos. “De la derecha liberal del inicio pasó al peronismo de Los Barrionuevo. Y siempre, en la vida de funcionario, le fue muy bien”.</p>
<p><strong>El “relámpago herido”</strong></p>
<p><a href="http://www.jorgeasisdigital.com/2014/04/23/la-politica-swinger/" target="_blank">La política Swinger</a> (cliquear) atraviesa momentos de gloria. <strong>De pronto, el cristinismo recupera el aroma nostálgico del tango “La casita de mis viejos”.</strong></p>
<p>Diversos mini-gobernadores, de los que se enrolaron en la Franja de Massa,<strong> vuelven “vencidos”. </strong>“Cada cosa es un recuerdo que se agita en la memoria”.</p>
<p>Sea en el despacho materialmente seductor de Julio De Vido, El Ex Superministro. O del doctor De Pedro, El Wado. O sea en el despacho de Randazzo, El Loco Soplador, o de Aníbal Fernández, El Neo Corach. Como en otra obra aquí citada -“La empresa perdona un momento de locura”-, el cristinismo les brinda refugio y amparo. Sin nada que perdonarles.</p>
<p>Lo importante es completar el proceso de depilación a la cera negra de Sergio Massa, el Renovador de la Permanencia, titular de la Franja.</p>
<p><strong>Sergio tuvo la osadía de emanciparse del cristinismo y vencerlo</strong>. Fue la tormenta de verano que duró más de un año.</p>
<p>Un “relámpago herido”, calificaría el poeta Elvio Romero.</p>
<p><strong>El pez espada</strong></p>
<p>“Vengo mal. A mí, hasta ahora, sólo me llamó el operador de un ministro”, confirma un massista fundacional. Es un leal que ni siquiera dejará de serlo cuando Massa, a su manera, abandone también la Franja. Pero <strong>se equivocan los que creen que el problema de Sergio reside en la caída. Al contrario, consiste en haberse elevado. Paga el precio de la proyección imperdonable.</strong></p>
<p>En realidad, su peripecia literaria se reduce a expresar una de las enseñanzas de Santiago, personaje inolvidable de “El viejo y el mar”, la novela emblemática de Hemingway. Santiago triunfa en la batalla personal con el pez espada, consigue sujetarlo en su bote.Depilación a la cera negra Pero, finalmente, del pez espada queda sólo una suerte de esqueleto. Se lo comieron, en el regreso, los tiburones.</p>
<p><strong>“Te alejaste demasiado de la playa, Santiago”,</strong> se dice el pescador.</p>
<p>Alejarse demasiado de la playa fue intentar, acaso, para Sergio, la presidencia de la república desde la banca miserable de diputado. Aquí el parlamento debía funcionar como mero canal entre la alcaldía de Tigre y La Rosada. Al triunfar en la legislativa de 2013, Sergio capturó el pez espada. Pero quedó a merced de los tiburones del río revuelto.</p>
<p>Hoy cualquier comentarista se regodea, y se atreve a señalar, suelto de cuerpo, los errores de pescador.<strong> </strong></p>
<p><strong>“Un muchacho como yo”</strong></p>
<p>Más que lanzamiento de la campaña, el multitudinario acto de Vélez funcionó, en la práctica, como <strong>festejo de despedida. </strong></p>
<p>Se armó a partir de la descripción del filósofo del arrabal. A partir de las vulnerabilidades de su historia. De la condición rescatable de buen muchacho educado, de clase media.</p>
<p>“Como yo”, cantaba Palito Ortega. <strong>Un muchacho rápido y con suerte</strong>, que mostraba en el acto, emotivamente, a sus padres, junto a Lavagna, La Esfinge, simbólicamente al lado. Mostraba a sus hijos, a su compañera Malena.</p>
<p>En simultáneo, algunos amigos fundacionales se emocionaban en la platea, mientras planificaban sigilosamente abandonarlo.</p>
<p>El de Vélez fue un discurso calculado. Ninguna palabra improvisada. Arremetió fatalmente contra el juego, prometió “echar a los ñoquis de La Cámpora”.</p>
<p>Justamente sólo nombró a Darío, El Quejumbroso. Giustozzi, el que pronto se le iba a ir, y a anunciar con estruendo su salto. Molesto, casi rencoroso, con un fastidio que Los Depiladores estimulaban telefónicamente.</p>
<p>Mientras tanto en la platea Otacehe, El Vasco, trataba de traidores a Los Cariglino, de La Compañía de Jesús. Porque estaban en escarceos amables con Macri. Pero también iba a irse el propio Vasco. Hacia La Casita de los Viejos.</p>
<p>El cristinismo también perdona el arranque de emancipación. El “viejo criado” del tango siempre los recibe. Los reconoce por la voz, el olfato. La necesidad de comprensión y consuelo espiritual.</p>
<p><strong>Moscas verdes</strong></p>
<p>En la playa, con el bote mordido, con el esqueleto del pez espada cubierto de moscas verdes, son muchos los que aguardan que Sergio anuncie su declinación. La ceremonia del renunciamiento de la candidatura presidencial. Para ir por la gobernación, que en todo caso es una tarea acaso más abnegada que la presidencial.</p>
<p>No le quedan, después de todo, muchas puertas de salida.</p>
<p><strong>Acordar con un Mauricio que insiste en bajarle el precio</strong>, con los ejercicios de pureza doctrinaria que marcan un antes y un después de su irrupción en la historia.</p>
<p>Una pureza étnica con la que Mauricio desaira a todos los aliados, y ya se le presenta problemática. Es la pureza como obstáculo.</p>
<p><strong>O llevar a De la Sota</strong>, El Demócrata y Cristiano, que también necesita puertas de salida, como presidente. E ir como su gobernador.</p>
<p>La salida que no entra en ningún plan de lluvia es volver al Frente con La Doctora. Como Darío, Sandro y Los de Fuego, Zúccaro o El Vasco, y tal vez hasta Eseverry. A “La casita de los viejos”. Con el “hondo y cruel silencio huraño”. De la que Sergio se alejó por hartazgo. Más que por la “falta”, acaso, “de consejos”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Carolina Mantegari</strong></p>
<p><strong>para <em>JorgeAsisDigital.com</em></strong></p>
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		<title>La Doctora y Menem, epílogos paralelos</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jun 2014 11:59:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mundo Asís</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Final de ciclos peronistas. Similitudes y diferencias. Escribe Oberdán Rocamora, Redactor Estrella, especial para JorgeAsísDigital Para el desenlace de la historia sólo resta saber si el Scioli de 2015, en volumen político, va a superar al Duhalde de 1999. En versión casi grotesca, quince años después se reitera otro final de ciclo peronista. Con el respectivo gobernador... <a href="http://opinion.infobae.com/mundo-asis/2014/06/05/la-doctora-y-menem-epilogos-paralelos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Final de ciclos peronistas. Similitudes y diferencias.</p>
<p><em><strong>Escribe Oberdán Rocamora, Redactor Estrella, especial para JorgeAsísDigital</strong></em></p>
<p>Para el desenlace de la historia sólo resta saber si el Scioli de 2015, en volumen político, va a superar al Duhalde de 1999.</p>
<p>En versión casi grotesca, quince años después se reitera otro final de ciclo peronista. Con el respectivo gobernador de la provincia de Buenos Aires, La Inviable, entregado al proyecto sucesorio.</p>
<p>Aquel Duhalde de 1999 mantuvo un clavado epílogo de derrota. Confirmó el maleficio esotérico de la gobernación. La condición de destino final, y no de mera escala intermedia, para una conquista de envergadura superior. <strong>Aunque ser un aceptable gobernador de Buenos Aires es tan dificultoso como ser un presidente eficaz.</strong></p>
<p>Hoy Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol, apuesta otra vez por la anulación de aquel designio que adquiere el carácter de fundamentada superstición. Con el objetivo de perforarlo. Sin repetir, en lo posible, el mal interrumpido de Antonio Cafiero, Oscar Alende, el propio Eduardo Duhalde, y tantos gobernadores que se propusieron después saltar hacia la presidencia. Para quedar colgado de los cables.</p>
<p>Sólo Duhalde, en cierto modo, alcanzó a quebrar el citado maleficio. Pero de un modo ultra-excepcional. Accidente previsible del sistema democrático.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Estilos imperiales</strong></p>
<p>Acontece que aquel Menem del 99, o La Doctora de 2015, más allá de sus circunstancias, distaron de caracterizarse por producir continuidad.</p>
<p>Antes de destacarse como el Piloto de Tormentas (generadas), Duhalde logró imponer su candidatura. A pesar del escaso interés del presidente Menem, que invariablemente se iba.</p>
<p>Del mismo modo hoy Scioli, con suerte bastante relativa, trata de imponer la suya. A pesar del esmerilamiento cotidiano que le aplica La Doctora que -invariablemente- debe irse.</p>
<p><strong>Consecuencia absoluta del estilo imperial para el ejercicio del poder. Típica del caudillismo peronista.</strong></p>
<p>En la patología, el comportamiento de Menem parece unificarse con el que comparten Kirchner, El Furia, y La Doctora. <strong>Situados en las antípodas, en materia de ideología impostada</strong>. Del rumbo que, cada uno de ellos, le dio al peronismo, adaptable hasta el pragmatismo.</p>
<p><strong>Por la inacción de sus conductores, el peronismo dejó de ser un Movimiento para transformarse, en los distintos periodos históricos, en un complemento apenas partidario</strong>. Un instrumento vacío para sacarlo a relucir en las vísperas de la competencia electoral.</p>
<p>Este Scioli de 2014 se muestra mucho más aferrado, en cierto modo, a los lineamientos compulsivos que baja La Doctora. Mientras aquel Duhalde, ya en 1998, plantaba diferenciaciones erróneas con el modo de empleo que bajaba Menem. Lujos que le facilitaron, en definitiva, la derrota.</p>
<p>En la previa de la campaña, <strong>Duhalde manifestaba claras disidencias con la política medular de Menem</strong>. Entonces pasaba por la Convertibilidad.</p>
<p>En cambio <strong>Scioli hoy se diferencia de La Doctora sobre todo en el estilo</strong>. En las formas que pulverizan el todo. Tiende más al consenso, a la cohesión, que a la confrontación, fenómeno que dejó de ser redituable.</p>
<p>Lo que atormenta a La Doctora, como lo atormentaba también a El Furia, en vida.</p>
<p>Sin embargo, al menos exteriormente, Scioli respalda cada una de las catastróficas políticas implementadas por el cristinismo que declina. Aún así, Scioli debe someterse a una especie de examen rutinario donde en general es aplazado. Con retos descalificatorios para cualquier dirigente normal. Pero que el personaje de la referencia ni los registra.</p>
<p>Como si las agresiones le resbalaran, el Milagro Scioli continúa, como si nada, con el atletismo positivista del Aire y del Sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Disolución en varias candidaturas</strong></p>
<p>Otra diferencia sustancial de La Doctora de 2014 con aquel Menem de 1998 consiste en la perversidad de estimular precandidaturas, a los efectos de atenuar la postulación del gobernador de La Inviable Buenos Aires. Por peso prepotente de provincia, el gobernador siempre suele considerarse el candidato natural.</p>
<p>En algún momento Menem supo alentar al popular Palito Ortega (que fue rápidamente absorbido por Duhalde, que lo estampilló de vice). Y también hasta estableció alguna breve complicidad, a mediados de 1999, con la ambición recatada de Adolfo Rodríguez Saa, en una fórmula de literatura pendiente con Jorge Asís. Pero no pasó, por suerte, del amague.</p>
<p>En cambio <strong>La Doctora alienta la instalación de otras cuatro precandidaturas</strong> que sirven, en el fondo, para disolver con vaselina la postulación del gobernador de La Inviable.</p>
<p>Sergio Urribarri, El Padre del Marcador de Punta, catapultado por la potencia estructural de la Tía Doris. Domínguez, El Lindo Julián, con su tráfico admisible de francisquismo. O Florencio Randazzo, El Loco de la Florería. Cuesta mencionar también la carta de intención de Agustín Rossi, El Pollo de Milani.</p>
<p>Por lo que trasciende, semejante pluralidad que convoca a la abundancia de la oferta, no termina de conformar a muchos de los kirchneristas desasosegados de paladar negro. Los que más presienten la proximidad del final. Son los incondicionales que apostaron por la revolución imaginaria, que exhiben la conformidad hacia “las políticas públicas”.</p>
<p>Son los kirchneristas que no contiene Scioli. Los que renuevan las imágenes de la angustiosa soledad de aquellos menemistas que tampoco Duhalde podía contener.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Para salvar los trapos</strong></p>
<p>“Nos vamos mal, no tenemos ningún candidato que nos represente”, confirma la Garganta K.</p>
<p>Como si se enfrentara, de pronto, a la desolación del fracaso prematuro.</p>
<p>Sin continuadores confiables, el kirchner-cristinismo se desvanece con celeridad. Persiste la tierra arrasada, y a los adeptos incondicionales <strong>les queda el consuelo de dedicarse a una suerte de resistencia, a los efectos de lograr el regreso triunfal de La Doctora. En 2019. El regreso que Menem no pudo consolidar en 2003.</strong></p>
<p>Se explica que La Doctora, antes de partir, planifique ilusoriamente el regreso con gloria. Para aproximarse a semejante objetivo, La Doctora impone que los presidenciables del diluido Frente para La Victoria lleven la misma lista de diputados. Seleccionados, por supuesto, por ella. Por la próxima jefa de la oposición. Para oponerse a Macri, El Niño Cincuentón, o a Sergio Massa, El Renovador de la Permanencia. Y también, por qué no, para oponerse, llegado el caso, a Milagro Scioli. Si no consigue desmoronarlo antes. Con estampillas y condicionamientos.</p>
<p>Los kirchneristas huérfanos de paladar negro también saben que, a medida que pasen los meses, y que se acorte el duro momento de la despedida, a La Doctora le será más difícil asegurarse el rol de la conducción. Y como ni los contiene Urribarri, que se dispone frontalmente a comprar -llave en mano- el kirchnerismo, en su versión cristinista, en el estado (piadoso) en que se encuentra. A pesar de la magnitud desgastante de Lázaro, El Resucitado, y del clavel inerte de Boudou, El Descuidista.</p>
<p>Urribarri compra la mercadería en bloque y en pie. Pero no logra entusiasmarlos.</p>
<p>Tampoco, hasta hoy, los contiene Domínguez, El Lindo Julián. Ayudado, en su caso, con su densidad espiritual, y por saberse depositario de la esperanza de determinados kirchneristas históricos como Eduardo Valdés, cada vez más privilegiado por La Doctora, por Carlos Kunkel, El Bataclano, Pepe Albistur y sus cartelones. Por su parte Rossi aún no encuentra ningún perfil y mantiene el discurso extraviado. Tampoco los contiene Randazzo, aunque suene, en este caso, a obcecación que deriva en injusticia. Como con Scioli, que bancó la totalidad de los arrebatos y aún no lo aprueban.</p>
<p><strong>La última esperanza que les queda a los nostálgicos peronistas de la izquierda, que se encuadraron en el kirchnerismo, como a tantos buscapinas independientes que se referencian en Unidos y Organizados, es que se presente la candidatura de Jorge Taiana, El Inadvertido.</strong> Aunque sea meramente testimonial. “Para salvar los trapos”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Soledades comparadas</strong></p>
<p>La soledad de Menem, en el último año del poder, después de haberse desvanecido el intento equivocado de la re/reelección, contuvo la mansedumbre lenta y triste de alguien resignado, que no quería despedirse. Fue menos patética, en realidad, que la soledad de La Doctora. Después de haberse derrumbado el sueño de la Cristina Eterna. La pedantería del “ir por todo”.</p>
<p><strong>La Doctora contempla el universo como si la humanidad siempre estuviera en deuda con la magnitud de su obra</strong>. Hostiga cuando puede a Scioli, ya de manera casi deportiva, como si fuera un comodín. La pobre cada vez habla con menos elegidos. La mayoría de sus funcionarios pueden verla para aplaudirla en los actos ya menos convincentes. <strong>Y su mecanismo de consulta y de toma de decisiones se encuentra cada vez más acotado.</strong></p>
<p>Sobre el final, Menem pasaba largas horas de golf. O pensativo, solo, en Olivos, mientras tal vez Alberto Kohan, Jorge Rodríguez y Carlos Corach se encargaban de las tareas administrativamente rutinarias del gobierno que partía.</p>
<p>En cambio, en la plena crueldad de la etapa lazarista, La Doctora inicia sus consultas con Máximo, En El Nombre del Hijo, para terminarlas, según nuestras fuentes, en el propio Máximo.</p>
<p>Entre ambas terminales pasa el inmanente Carlos Zannini, El Cenador, acaso el próximo integrante de la Corte Suprema, a los efectos de encargarse de atajarle los penales posibles que se vendrán desde el lado de la Justicia. En medio de la peste de transparencia, de la epidemia de moralidad que vaticina el portal, de los bacilos de decencia que irreparablemente van a apoderarse de la Argentina.</p>
<p>Después de Zannini es el turno de De Pedro, El Wado, el instrumentador discreto y de criterio, que hizo un curso acelerado de resolución de problemas. <strong>Después probablemente, la consulta roce a Kicillof, El Gótico, al que considera genial y casi la arrastra, con desenfado y cierta jactancia, hacia el pantano.</strong> Para concluir el ciclo decisorio exactamente donde se inició. En Máximo. Sin que ningún exponente de la sociedad pueda imaginar, siquiera, el motivo. Para ocupar semejante rol, el muchacho debe ser necesariamente idóneo, certeramente eficaz. De una sabiduría conmovedora. <strong>La sociedad merecería descubrir, acaso, las claves secretas de tan invalorables atributos.</strong></p>
<p>Oberdán Rocamora</p>
<p>para JorgeAsisDigital.com</p>
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