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	<title>Matías Pandolfi &#187; contaminación</title>
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		<title>Ecología, religión y política: Laudato Sii</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2015 08:57:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matías Pandolfi</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La ciencia y la religión tienen muchos puntos de desencuentro pero no se puede negar que probablemente sean las dos formas más importantes de interpretar el mundo</strong>. Para algunos son dos visiones absolutamente contrapuestas, para otros hay muchísimos matices y puntos de contacto. En este debate se distinguen <strong>tres posturas bien claras: la reflexiva, la conflictiva y la pacifista</strong>. Existe un mito que sostiene que todo científico debería ser ateo porque ser religioso implicaría descreer de la teoría de la evolución, uno de los más álgidos puntos de desencuentro entre la religión y la ciencia. Mi experiencia me dice que <strong>se trata sólo de un mito</strong> ya que he tenido la oportunidad de conocer durante mi formación científica a colegas de diversas regiones del país y de diferentes países del mundo y muchos de ellos son religiosos practicantes, otros son simplemente creyentes y otros tantos son ateos. Ninguno es mejor o peor científico por eso. El debate religión versus ciencia necesita de una reflexión seria y serena que examine la relación entre ambas como formas de conocimiento y como fenómenos sociales. <strong>Dentro de esa reflexión debemos incluir también el rol de la política porque la religión y la ciencia, así como quienes forman parte de ellas, están atravesados por la política.<span id="more-59"></span></strong></p>
<p>Cuando los Poderes Ejecutivo y Legislativo dejan de atender problemas ambientales, nuevos actores entran en el juego político generando muchas fricciones con los representantes del pueblo. En muchos países el Poder Judicial, por ejemplo, está empezando a tomar partido de manera activa a favor del medio ambiente y el Derecho Ambiental está creciendo cada vez más. También adquieren cada vez más fuerza las organizaciones vecinales en las ciudades amenazadas por el extractivismo urbano o los grupos de resistencia en otros territorios donde el medio ambiente se encuentra amenazado por la contaminación del agua y el aire, por la impermeabilización de los suelos debido a la construcción desenfrenada que resulta en tremendas inundaciones, por el aumento de la temperatura del planeta por emisión de gases de efecto invernadero, por el envenenamiento del agua y el suelo con agrotóxicos, por la desertificación causada por los desmontes y por los incendios intencionales producto también de la especulación inmobiliaria.</p>
<p><strong>Y ahora, uno de los actores políticos más importantes de la década, Jorge Mario Bergoglio, ha dado a conocer Laudato Sii, una Encíclica sobre Ecología</strong>. La Ecología bien entendida es una rama de las Ciencias Biológicas que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio en el que viven. Una de las ideas centrales de esta Encíclica es aludir a las responsabilidades de la política internacional y a cierto modo de entender la economía como causantes de la degradación del medio ambiente en el que vivimos. Uno de los puntos más destacados del texto <strong>señala a los países desarrollados como los principales responsables del calentamiento global y de la contaminación</strong> pero no en sus propios territorios sino en los de los países donde hacen inversiones y que pertenecen al llamado Tercer o Cuarto Mundo. <em>Laudato sii</em> pone de relieve que existe una “deuda ecológica” entre el Norte y el Sur del planeta debido a desequilibrios comerciales con consecuencias ecológicas. Esto coincide plenamente con lo manifestado el año pasado durante la <strong>Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático en Lima (COP20)</strong> acerca de cómo las Naciones Unidas, conducidas por los países desarrollados,  <strong>utilizan estratégicamente la “condena ambiental” para frenar el crecimiento de los países en desarrollo para su propio beneficio</strong> y sin hacerse cargo de sus responsabilidades en el pasivo ambiental que nos dejaron. La Encíclica propone también que ciertos elementos de la naturaleza, como el clima y el agua potable son bienes comunes y que eso debería reflejarse en políticas de Estado, algo que sólo suele ser manifestado en nuestro país por partidos de izquierda con escasa representatividad.</p>
<p>Científicos y religiosos podemos no acordar en nuestras disputas racionales y emocionales acerca de la teoría de la evolución postulada por Charles Darwin, o acerca de la teoría del Big Bang, entre muchas otras. Incluso podemos no acordar con las políticas llevadas a cabo por Jorge Bergoglio como arzobispo de la Arquidiócesis de Buenos Aires en el pasado o como jefe de Estado del Vaticano en la actualidad. Pero <strong>no podemos negar la importancia de que un Jefe de Estado y líder religioso en el que el mundo entero deposita su mirada se involucre con la Ecología siendo políticamente incorrecto con los más poderosos</strong>. Los científicos podemos ser ateos, religiosos practicantes o sólo creyentes pero no podemos ser necios.</p>
<p>El tema de la Ecología comunicado por nuevos actores comenzará a tener seguramente mayor relevancia ahora y es por eso que debemos seguir trabajando para demostrar con datos concretos cómo se está modificando nuestro planeta, para comunicarlo de manera clara a los demás. Esto <strong>nos ayudará a hacer entrar en razón al poder político y económico</strong> ya que es necesario empezar a trabajar muy fuerte junto a ellos con ideas innovadoras para obtener soluciones concretas para poder vivir mejor y para evitar la constante y acelerada degradación a la que se somete al planeta.</p>
<p>Stephen Jay Gould un reconocido paleontólogo estadounidense, biólogo evolutivo e historiador de la ciencia, manifestó cierta vez con acierto que “la ciencia intenta documentar el carácter objetivo del mundo natural y desarrollar teorías que coordinen y expliquen tales hechos; la religión, en cambio, opera en el reino igualmente importante de los fines, significados y los valores humanos”. Los roces surgen, según Gould, cuando una esfera se entromete en la otra. En mi opinión, que es apenas la de un científico ateo, <strong><em>Laudato Sii</em> no se entromete con la Ecología como ciencia sino que la pone en el debate político internacional amplificando las voces de muchos que hoy no tienen tanto volumen.</strong> Pone también en evidencia a los verdaderos responsables de los problemas ambientales. Es algo para celebrar.</p>
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		<title>Extranjerizar la Naturaleza: especies exóticas</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Apr 2015 10:02:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matías Pandolfi</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Convenio sobre Diversidad Biológica]]></category>
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		<description><![CDATA[En numerosas ocasiones hemos sido testigos de cómo el ser humano daña con su intervención directa a los espacios naturales: contaminación, desforestación, construcción indiscriminada y avance sin control de la frontera agropecuaria. Pero también hay modos más indirectos de impactar sobre los ecosistemas como por ejemplo el trasplante de especies animales y vegetales de un... <a href="http://opinion.infobae.com/matias-pandolfi/2015/04/04/extranjerizar-la-naturaleza-especies-exoticas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En numerosas ocasiones hemos sido testigos de <strong>cómo el ser humano daña con su intervención directa a los espacios naturales</strong>: contaminación, desforestación, construcción indiscriminada y avance sin control de la frontera agropecuaria. Pero también hay modos más indirectos de impactar sobre los ecosistemas como por ejemplo el <strong>trasplante de especies animales y vegetales</strong> de un lugar a otro.</p>
<p>Si visitamos el sur de nuestro país, en la zona de los grandes lagos y la cordillera, es posible que nos topemos con animales que llamarán nuestra atención como las majestuosas truchas o los simpáticos ciervos colorados. Si nos vamos más al sur, a la provincia de Ushuaia, nos sorprenderíamos con la estructura de las sociedades de castores y los diques que construyen con barro, troncos y ramas de árboles que derriban con sus poderosos dientes. Para los porteños son muy conocidas las carpas, grandes y coloridos peces, que habitan el conocido Jardín Japonés del barrio de Palermo. <strong>Además de ser muy vistosas y conocidas estas especies presentan un denominador común: son especies exóticas.<span id="more-47"></span></strong></p>
<p>El <strong>Convenio sobre Diversidad Biológica</strong> utiliza el término &#8220;especie exótica&#8221; para referirse a las especies introducidas fuera de su área de distribución natural. Una especie que se introduce desde otro país puede ser exótica. A su vez, dentro de un mismo país, una especie cuya distribución está limitada a un ámbito biogeográfico concreto puede volverse exótica si es introducida, voluntaria o involuntariamente, en otra zona del mismo país donde no se encontraría de forma natural. A esto se contrapone el concepto de <strong>especies nativas o autóctonas</strong>, que son aquellas cuya presencia en una región se da como resultado de fenómenos naturales sin intervención humana. Todos los organismos naturales, en contraste con los organismos domesticados, tienen su área de distribución dentro de la cual se consideran nativos.</p>
<p>El puma, el dorado, el yaguareté, el hornero y el escuerzo son ejemplos de especies nativas y muy populares de diferentes regiones de nuestro país. <strong>El gran problema con las especies exóticas es su gran capacidad para competir y desplazar a las autóctonas</strong>. Esto es debido a su importante poder de adaptación a diferentes ambientes, a la falta de predadores naturales, a la resistencia a patógenos locales (virus, hongos y bacterias) que sí afectan a las especies nativas y a la gran capacidad para reproducirse aún en condiciones adversas.</p>
<p><strong>Una de las especies exóticas que más daños ha causado en nuestro país es la trucha arco iris</strong>. Esta especie es originaria de los ríos y lagos del Oeste de Norte América y fue introducida en los lagos del sur de nuestro país a principios del siglo pasado. Actualmente su distribución se ha ampliado mucho llegando a lugares como La Rioja, Córdoba o La Puna. Hay distintos reportes sobre daños que han realizado las truchas sobre especies de peces y anfibios ya que <strong>son muy voraces y devoran huevos, larvas y renacuajos</strong>. Han puesto en peligro las poblaciones de especies endémicas como la mojarra desnuda.</p>
<p>Otra especie exótica que ha puesto en peligro al huemul, uno de nuestros ciervos nativos, es<strong> el ciervo colorado que proviene del Hemisferio Norte</strong> y fue traído a principios del siglo pasado a la región cordillerana. Esta especie se alimenta vorazmente de hierbas desplazando al huemul y dado que su población crece con los años es percibida por algunos productores como una competencia para la ganadería. Hoy hay interesantes proyectos de investigación en curso a fin de mantenerlos en una densidad lo más baja posible. En cuanto a los<strong> castores canadienses s</strong>abemos que en el año 1946 veinticinco parejas fueron introducidas en Tierra del Fuego para el desarrollo de la industria peletera. El proyecto no prosperó y el castor, <strong>sin depredadores naturales, rápidamente se expandió como plaga por otras islas de la región.</strong> Se estima que han llegado a más de 100.000 individuos. Los castores <strong>han alterado lo que se conoce como bosque de ribera</strong> ya que roen la corteza de los árboles y construye diques con superficies de hasta 2500 metros cuadrados.</p>
<p>Las <strong>plantas exóticas</strong> también pueden volverse invasivas y traer serios problemas ambientales pero además hay consecuencias culturales cuando se extranjeriza la flora. Un claro ejemplo de esto es <strong>la vegetación que se elige para parquizar, por ejemplo, los barrios cerrados</strong> de la Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires o las más recientes “torres country” de la ciudad de Buenos Aires, que prometen una naturaleza privada en balcones y terrazas con seguras rejas para un segmento premium de la sociedad. Se escogen para estos sitios especies exóticas como <strong>abedules, plátanos y robles europeos</strong> que pueden volverse invasoras, generar alergias en la población o que pueden requerir del uso excesivo de agroquímicos para su crecimiento y bienestar. Se utiliza también césped artificial con unos colores intensos y patrones de crecimiento nada naturales. <strong>Este recambio de flora autóctona por flora exótica borra la historia natural de los ambientes y los despoja de su pasado.</strong> Es por eso que estos ciertos barrios cerrados <strong>son iguales en su aspecto en cualquier lugar del mundo en que se ubiquen,</strong> no sólo por su arquitectura sino también por este tipo de vegetación genérica que se impone y que muchos autores denominan  “naturaleza bonsái”.</p>
<p><strong>No debemos caer en posiciones ecologistas extremas y anacrónicas y tenemos que aprender a coexistir con estas especies animales y vegetales que ya han sido introducidas.</strong> Muchas de ellas son también <strong>recursos estratégicos para nuestra alimentación</strong> (truchas, jabalíes y muchísimas plantas) y es por esto que estas actividades deben realizarse con sumo cuidado. Es aquí donde entran en juego las políticas llevadas a cabo por las Gobernaciones y Legislaturas provinciales para manejar los recursos naturales con el asesoramiento de los científicos, técnicos y pobladores para la protección de las especies autóctonas. <strong>Debería ser un compromiso ineludible para ellos evitar que continúe el proceso de extranjerización de la naturaleza disminuyendo y controlando el ingreso de nuevas especies exóticas,</strong> tanto animales como vegetales. Sería interesante saber durante este año electoral cuáles son las posturas en estos temas de los candidatos a gobernadores y legisladores ya que cada provincia tiene sus especies autóctonas y exóticas en delicados equilibrios y ellos deberían saberlo.</p>
<p><strong>Extranjerizar la naturaleza puede ser algo muy peligroso porque se generan riesgos ambientales severos pero además porque este proceso puede cambiar el paisaje, la cultura y hasta la historia de una región.</strong> Esto no implica perder cultivos o cría de especies animales económicamente redituables, pero me da la sensación de que no estamos aún muy preparados para abordar esta compleja tarea por desconocimiento, por ambición desmedida de algunos, por el modelo extractivista imperante en nuestro país y por el ocultamiento del tema de la agenda política.</p>
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		<title>Balance de políticas ambientales en la Ciudad: ¿qué tan verde es Buenos Aires?</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Dec 2014 09:55:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Matías Pandolfi</dc:creator>
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		<description><![CDATA[                  &#8220;El ambiente es una cuestión casi ajena a los que gobiernan. Se ocupan de las próximas elecciones y no de las próximas generaciones&#8221; (Ricardo Lorenzetti) Es frecuente que al hablar de ecología, de preservación de los ecosistemas o de conciencia ambiental nos focalicemos principalmente en lo... <a href="http://opinion.infobae.com/matias-pandolfi/2014/12/08/balance-de-politicas-ambientales-en-la-ciudad-que-tan-verde-es-buenos-aires/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right">                  <em>&#8220;El ambiente es una cuestión casi ajena a los que gobiernan. Se ocupan de las próximas elecciones y no de las próximas generaciones&#8221;</em> (Ricardo Lorenzetti)</p>
<p>Es frecuente que al hablar de ecología, de preservación de los ecosistemas o de conciencia ambiental nos focalicemos principalmente en lo que respecta al cuidado de la flora y la fauna en sus ambientes naturales tales como bosques, playas, montes o selvas. Solemos olvidarnos así de las ciudades en las que muchos de nosotros vivimos y que conforman ecosistemas urbanos.</p>
<p>Es necesario tomar en consideración que las ciudades que hoy conocemos han sido construidas sobre espacios naturales y este impacto debe reducirse aumentando la cantidad y calidad de los espacios verdes dentro de ellas. Y no hablo solamente de los espacios verdes como áreas de esparcimiento y socialización sino que también como elementos fundamentales para cuidar la salud de los ciudadanos.</p>
<p>Un impactante estudio recientemente realizado en los Estados Unidos demostró que<strong> la reducción en la contaminación del aire por parte de los árboles salva 850 vidas y previene 670.000 casos de síntomas respiratorios agudos cada año,</strong> lo que significa un ahorro de 6800 millones de dólares/año para los estadounidenses. Sería deseable realizar este tipo de investigaciones en las distintas ciudades de nuestro país para estudiar la correlación entre enfermedades respiratorias y cantidad de espacios verdes/habitante.<span id="more-27"></span></p>
<p><strong>Sería interesante también, dentro de la Ciudad de Buenos Aires, comparar la incidencia de enfermedades respiratorias en barrios sumamente desprovistos de espacios verdes como Balvanera, San Cristóbal, Almagro o Boedo</strong> con otros en los que todavía persiste una razonable cantidad de espacios verdes, como por ejemplo, los cercanos a la Reserva Ecológica Costanera Sur o el Parque Roca.</p>
<p>Mi objetivo es presentar un breve resumen de las políticas ambientales de la Ciudad de Buenos Aires en 2014 con situaciones muy preocupantes que han sucedido y <strong>alertar sobre la inminente entrada en vigencia de algunos proyectos que parecen, a primera vista, favorecer a los depredadores de la construcción, que son los principales enemigos de la ecología urbana</strong> y que muchas veces están íntimamente ligados al poder político y económico.</p>
<p>El año empezó sin demasiados sobresaltos luego de la desforestación que había sufrido la Avenida 9 de Julio en el 2013 durante la construcción del <strong>Metrobús, que ciertamente ayudó a organizar el tránsito y a viajar mejor. Pero fue innecesario y apresurado acabar con más de 300 árboles para tal fin desoyendo a los expertos</strong> que habían advertido que la forma y la modalidad del trasplante llevaría a una mortalidad de más de la mitad de los ejemplares en menos de dos años.</p>
<p>En el mes de mayo <strong>la Legislatura Porteña sancionó una ley que promovía la construcción de bares en los ya enrejados espacios verdes de la ciudad.</strong> La presencia de bares en los parques les quita a los espacios verdes su esencia, arruina el paisaje y afecta la salud de sus plantas y animales. Considerando que nuestra ciudad es una de las que peor relación tiene en cuanto a espacios verdes/habitante agregar cemento a los espacios verdes es de una gran irresponsabilidad y viola la Constitución de la Ciudad que, atenta a esta deficiencia, en su artículo 27 promueve la preservación e incremento de los espacios verdes y no su disminución.</p>
<p><strong>Afortunadamente para mediados de año el gobierno porteño reconoció el déficit de parques y plazas y lanzó el Plan Buenos Aires Verde</strong> para revertir el estancamiento en la construcción de espacios verdes. El plan se presentó, en mi opinión, de manera capciosa, ya que habla de “adaptar la ciudad a los desafíos de cambio climático” culpando de todo al clima y desligándose de cualquier responsabilidad en los últimos siete años de gestión. Los objetivos y los propósitos del plan de trabajo mostraban al menos un interés genuino por resolver los problemas ambientales de nuestra ciudad. No obstante, casi seguido a este anuncio, se presentaron en la Legislatura Porteña dos proyectos de ley que pretendían quitarle siete hectáreas a nuestra Reserva Ecológica Costanera Sur, uno de los principales pulmones de la zona sur de la ciudad, para transformarlas en un depósito de vehículos y un basural. Afortunadamente, los vecinos organizados y muchas ONGs ambientalistas nacionales mostraron su desacuerdo con convicción y argumentación sólida y el Gobierno de la Ciudad entró en razón y retiró esos proyectos.</p>
<p>El año termina con varios proyectos en danza que amenazan a algunos barrios porteños. En el barrio de <strong>La Boca</strong> se está acelerando un proyecto de ley para construir <strong>un nuevo estadio de fútbol</strong> en zonas que se habían destinado originalmente para fines educativos, de salud o para la construcción de una plaza pública. En el barrio de Constitución los pocos espacios verdes que quedan en su plaza desaparecerían. Según los proyectos planteados por el Gobierno de la Ciudad la plaza se va a transformar en una plaza seca, sin pasto, excepto por un par de pequeños canteros y el resto va a ser pavimentado para crear un reflector de calor. En el barrio de<strong> Caballito</strong> los diputados del PRO que integran la Comisión de Planeamiento Urbano aprobaron el proyecto para rezonificar un predio en ese barrio y permitirle a la empresa IRSA construir <strong>un gigantesco centro comercial</strong> en terrenos linderos al estadio de Ferrocarril Oeste. Un barrio particular en donde los cortes de luz son algo demasiado frecuente y que necesita más espacios verdes y menos cemento. Viendo estos proyectos en ciernes cuesta entender como llegarán al tan anunciado millón de árboles en la ciudad planteado por el programa Buenos Aires Verde.</p>
<p>Considero que un balance como este podría dejar un sabor amargo a los lectores y por eso creo que hay algunas cosas que podemos hacer para entusiasmarnos y mejorar nuestra ecología urbana:</p>
<p>(1) Volver a <strong>organizarnos en los barrios</strong> sin desconfiar tanto los unos de los otros para informarnos y hacer valer nuestros derechos a un aire limpio y a la presencia de espacios verdes recreativos en nuestros territorios</p>
<p>(2) <strong>Asumir un compromiso por parte de los comunicadores, los científicos, los arquitectos, los agrónomos y los urbanistas</strong> con una postura crítica pero no estéril, poniéndonos a disposición del gobierno que toque para informar, asesorar y trabajar en estos temas.</p>
<p>(3) Tener muy en claro que a través de <strong>acciones concretas</strong> podemos conseguir mejorar nuestra ciudad y, en consecuencia, la salud de todos los que vivimos en ella. Son muchos los casos en que los vecinos organizados han logrado hacer valer sus derechos por sobre los intereses de los poderosos.</p>
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