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	<title>Martín Yeza &#187; Ricardo Forster</title>
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		<title>Hacia una discusión política superadora</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 10:40:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La muerte del relato es la muerte del contrarelato. Alcanza con poner cualquier programa de televisión para ver a los políticos de cualquier partido que cuando se les pregunta por la inseguridad responden “más seguridad” y que frente a la inflación se dediquen a criticarla mucho y a discutir si es del 9% como dice el Indec... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-yeza/2013/10/01/hacia-una-discusion-politica-superadora/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La muerte del relato es la muerte del contrarelato.</strong></p>
<p>Alcanza con poner cualquier programa de televisión para ver a los<strong> políticos de cualquier </strong><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;"><strong>partido</strong> que cuando se les pregunta por la <strong>inseguridad</strong> responden “<strong>más seguridad</strong>” y que frente </span>a la <strong>inflación</strong> se dediquen a <strong>criticarla mucho</strong> y a discutir si es del 9% como dice el <strong>Indec</strong> o si es del 22,9% como dicen las consultoras privadas y a echarle la culpa a la emisión monetaria. El lenguaje político argentino resulta insuficiente a la hora de ofrecer una ventana que nos muestre cómo queremos que sea el 2016. Se ha institucionalizado un<strong> lenguaje de cassette</strong> tanto en oficialistas como opositores que oficia como una cortina de hierro a la hora de plantear alternativas que no oscilen en extremos previsibles.</p>
<p>Existe básicamente una agenda, producto de encuestas, en la que todos más o menos podemos coincidir que constituyen sensiblemente problemas para la ciudadanía. Hay dos inamovibles que son desde 2009 <strong>materia obligatoria para cualquier político</strong> y en donde no existe una posición que escape a la linealidad. Estos dos asuntos son la<strong> inseguridad y la inflación</strong>: la inseguridad es el primer problema que figura en las encuestas y frente a esto el kirchnerismo durante mucho tiempo dijo que constituía una <strong>sensación</strong>. <strong>La oposición propone, para combatir la inseguridad, “seguridad”.</strong> Seguridad que se traduce como más policías, penas más duras, penas para menores y más cámaras en la vía pública que filmen constantemente lo que hacemos. El segundo problema es la inflación: el kirchnerismo aduce que es propia del modelo de “matriz diversificada con inclusión social” -dixit- y el crecimiento económico. Aquí<strong> la oposición dice que el problema de la inflación es la emisión de billetes y que si no se emite más no habrá inflación.</strong></p>
<p><span id="more-218"></span>Luego hay una agenda de temas que según el contexto van variando en importancia: la <strong>corrupción</strong> figura como un asunto cada vez que al bolsillo del trabajador le cuesta llegar a fin de mes. <strong>El kirchnerismo, mediante su vocero intelectual Ricardo Forster, admitió que existen funcionarios corruptos pero que el gobierno no es corrupto.</strong> La oposición, frente a la corrupción, propone honestidad. <strong>Intolerancia</strong> es quizás una de las características del Gobierno Nacional que se ha logrado instalar desde el discurso opositor; que <strong>el gobierno no dialoga</strong>, no tolera la idea del que piensa distinto y que se debería dialogar más. También se propone, sin tanto énfasis, que frente a la intolerancia se debe plantear tolerancia que -supongo- se traduciría en la no intervención del Poder Ejecutivo en el funcionamiento de los otros dos poderes. También es parte del discurso oficialista un anclaje en el pasado y que debemos estarles todos muy agradecidos, que<strong> “antes se estaba peor y no deberíamos quejarnos”; la oposición por su lado plantea “futuro”, que se traduce en “hay que mirar al futuro” -vaya a saber uno qué significa eso-.</strong></p>
<p>Y la última, y cada vez menos utilizada es la “<strong>inseguridad jurídica</strong>”, que el kirchnerismo la explica como una suerte de “<strong>emancipación de las corporaciones en la toma de decisiones políticas</strong>” y hacen de la improvisación un valor. La reacción opositora a esta mirada es proponer “seguridad jurídica”. En una reciente entrevista<strong> Iván Petrella</strong> dijo que lo opuesto de la inseguridad no es la seguridad, es la convivencia. Esta decisión de romper con la linealidad ideológica política argentina, que retoma el desafío de <strong>Roberto Mangabeira Unger</strong> por presentar una izquierda democrática -sin categorías marxistas-, asume que proponer a la ciudadanía una idea de progreso implica algo más que un mero antagonismo. También es parte de una tradición cristiana que se evidencia en los textos de la Biblia cuando vemos que <strong>Cristo</strong> frente a la pobreza no ofrece riqueza, ofrece amor; o que frente a la escasez no ofrece abundancia, ofrece solidaridad.</p>
<p><strong>En el caso de la inseguridad, Petrella sostiene que se debe tratar de construir convivencia</strong>, porque no sólo incluye a la seguridad sino también a la ética, el respeto por el otro y de la ley. Se podría ensayar un método similar para las otras categorías. Frente a la inflación y la inseguridad jurídica es difícil, pero debemos abogar por ofrecer a la ciudadanía una propuesta de progreso o si se quiere un “<strong>horizonte de progreso”,</strong> que requiere mucha honestidad y transparencia a la hora de comunicarse. Que permita al menos saber si el mes que viene va a estar nublado o va a salir el sol y qué responsabilidades o riesgos puede o no asumir cada ciudadano.</p>
<p>En el caso de la corrupción es fácil decir “yo soy honesto”, pero si esto no se corresponde con el compromiso de asumir una <strong>actitud republicana</strong> es difícil. Se puede ser muy honesto -de hecho el kirchnerismo no se ocupa demasiado por ocultar lo que son y hacen- pero eso no es una garantía de que no haya corrupción. <strong>Se requiere de un respeto irrestricto de los órganos encargados de controlar estas conductas para que puedan hacerlo con total libertad.</strong> Ser honesto siempre es una esperanza, no se puede prometer, de hecho es parte del discurso que marca una distancia de antemano entre el ciudadano que no confía –y no tiene demasiados motivos por los que hacerlo- y un político que pide que se confíe en él. <strong>Se necesita un compromiso republicano e institucional, el resto es propaganda autorreferencial.</strong></p>
<p><strong>En la dicotomía pasado/futuro falta algo que si se lo piensa dos segundos es muy obvio: el presente.</strong> La mejor representación del presente es la idea de modernidad. Uno puede vivir en el 2013 como en el 2000 o vivir en el 2013 como <strong>Singapur</strong>, país al que quizás alcancemos en diez años.<strong> El Estado debe comprometerse al mejor presente posible y los políticos deberían estar mejor conectados con los sucesos que ocurren en el mundo, por eso además de modernidad se necesita cosmopolitismo</strong>, visiones de mundo que nos enriquezcan. La indignación y el fanatismo, el enojo y la agresión, la apatía y el avasallamiento, la desconfianza y el abuso, son muestras de que se necesita seguir trabajando en una idea nacional que incluya, que abandone la<strong> pose combativa</strong> y se ponga más suave y flexible.</p>
<p><strong>Resulta casi obligatorio abandonar este lenguaje mediocre, gastado y surgido de la negación</strong>, porque el 2015 está cerca y parte de las heridas que debemos empezar a cerrar &#8211; producidas por el kirchnerismo- podrán solucionarse dotando de humanidad nuestra visión de lo que hay que hacer y sobre lo que hay que pensar. <strong>Porque hay mucho por hacer pero también por pensar.</strong></p>
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		<title>Ser peronista ya no es tan rebelde</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Sep 2013 03:53:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
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		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
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		<description><![CDATA[En “Hablemos de langostas”, programa radial de culto que conduce Lisandro Varela, estuvo Silvia Mercado, periodista, quien recientemente publicó el libro Apold, el Goebbels de Perón. Silvia Mercado, de histórica militancia y pertenencia peronista dijo que se hizo peronista en la dictadura, porque el peronismo era entre muchas cosas un movimiento de rebeldía, que ser... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-yeza/2013/09/24/ser-peronista-ya-no-es-tan-rebelde/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left" align="center">En “Hablemos de langostas”, programa radial de culto que conduce <strong>Lisandro Varela</strong>, estuvo <strong>Silvia Mercado</strong>, periodista, quien recientemente publicó el libro <em>Apold, el Goebbels de Perón</em>.</p>
<p>Silvia Mercado, de histórica militancia y pertenencia peronista dijo que <strong>se hizo peronista en la dictadura</strong>, porque el peronismo era entre muchas cosas un movimiento de rebeldía, que ser peronista era ser rebelde. Durante unos segundos me acordé de <strong>Néstor Kirchner,</strong> quien antes de ser Presidente pensaba “<i>el pejotismo</i><strong><i> </i></strong><i>es la antítesis del verdadero peronismo, el pejotismo es la claudicación, el aparato corrupto, la traición y la transformación de un movimiento revolucionario en una estructura conservadora”.</i></p>
<p>Por algún fenómeno extraño, posiblemente explicable, estar asociado a intendentes de municipalidades populosas o gobernadores de provincias de escasa calidad democrática se convirtió en una garantía de que se tiene cierta capacidad para gobernar el país. Municipalidades donde el progreso es una cosa que sucede en los cortes de Fútbol para todos y las propagandas de la Anses, donde te muestran almacenes con nombres lindos con una canción de Pappo de fondo.</p>
<p><span id="more-211"></span>Los números de un estudio de opinión reciente muestran que al ser consultadas por la palabra peronismo, las personas la asocian principalmente y de igual manera con las palabras “<strong>Gobernabilidad</strong>” y “<strong>Corrupción</strong>” –mientras que radicalismo era asociado con las palabras “<strong>Honestidad</strong>” e “<strong>Inútiles</strong>”-. Como definiera el Sr <strong>Turco Cayetano Asís</strong>, el peronismo logró, en el imaginario colectivo, convertirse en el partido del poder. O de los vivos.</p>
<p>Cuesta compartir la idea de <strong>Ricardo Forster</strong>, quien dice que hay funcionarios corruptos pero que el gobierno no es corrupto. Como si el gobierno y los funcionarios que lo componen fueran cuerpos escindibles.</p>
<p>Luego de las elecciones de 2009 me reuní con <strong>Rodrigo Zarazaga</strong>, cura jesuita quien hacía un doctorado en Harvard sobre el vínculo entre narcotráfico y política en Argentina. Me contó que en el conurbano bonaerense hubo un caso de dos candidatos peronistas, en el que uno bajó en un barrio con 1200 heladeras. El otro, como respuesta, le pagó a unos pibes para que a cada familia que recibió esas heladeras se le robara el DNI y no pudiera votar. Una creatividad increíble al servicio del mal que se supone producto del peronismo.</p>
<p>Es por cosas como estas que hay quienes directamente se hartaron del peronismo, y quizás un poco de razón tengan. Debe ser bastante molesto que un movimiento político pueda ser cualquier cosa y que si eso te incomoda encima te digan gorila. En su programa, Lisandro Varela dijo que en este país los únicos que pueden ser gorilas son los peronistas.</p>
<p>Y ¿qué es el peronismo? <strong>Si no me lo preguntan lo sé y si me lo preguntan, lo ignoro.</strong> Sí puedo juzgar al peronismo, como un movimiento que representó durante mucho tiempo la transformación para la inclusión y valentía para la conquista de los derechos sociales más fundamentales, hoy naturalizados. Mi corazón es peronista porque todavía hay mucho por hacer en pos de dirigirnos hacia una sociedad más justa e inclusiva. Sin embargo, me cuesta decir que soy peronista cuando rufianes, corruptos, mafiosos y gorilas están en el movimiento. Aquí hay algo sobre lo que trabajar y pensar desde el Movimiento.</p>
<p>Hay una generación de jóvenes que tiene una enorme expectativa y sueños sobre el país en el que viven y les gustaría vivir. Sienten que cada tanto hay que hacer pose autocrítica, para no quedar deslegitimados. En el ejercicio de la militancia uno olvida que no alcanza con ser apenas autocrítico como decir “Sí, que Echegaray le haya comprado un Audi a la hija está mal”. A veces hay que tirar todo, y mientras más naipes haya en el castillo más fuerte hay que soplar. Ningún castillo sostenido por naipes merece que se pelee por él.</p>
<p>No sé cómo nos encuentra el futuro, creo que con las buenas gestiones, quienes puedan, tienen la chance de conectar con la capacidad de solucionar problemas reales cotidianos. Pero creo que además de esto, también hace falta una propuesta humana que venga de las nobles entrañas de los sentimientos y sea a su vez representativa del momento que vivimos.</p>
<p>Que lo mejor que puede hacer hoy un peronista es ser un poco más rebelde y reflexivo.</p>
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		<title>El kirchnerismo es un lamentable abuso de la estadística</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Sep 2013 12:59:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
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		<category><![CDATA[actores políticos]]></category>
		<category><![CDATA[democracia]]></category>
		<category><![CDATA[estabilidad institucional democrática]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Francisco Isidoro Luis Borges]]></category>
		<category><![CDATA[kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>

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		<description><![CDATA[Borges, hombre de hermosas adjetivaciones y maestría para tratar sencilla y universalmente cualquiera de los grandes temas de las ciencias humanas, definió alguna vez a la democracia como un lamentable abuso de la estadística, pero creo que acá la pifió. Creo que si hubiera dicho “el problema de la democracia es el abuso de la estadística” hubiera estado un... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-yeza/2013/09/04/el-kirchnerismo-es-un-lamentable-abuso-de-la-estadistica/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Borges</strong>, hombre de hermosas adjetivaciones y maestría para tratar sencilla y universalmente cualquiera de los grandes temas de las ciencias humanas, <strong>definió alguna vez a la democracia como un lamentable abuso de la estadística,</strong> pero creo que acá la pifió. Creo que si hubiera dicho “el problema de la democracia es el abuso de la estadística” hubiera estado un poco más de acuerdo.</p>
<p>Es común ver en debates televisivos e incluso en columnas escritas cómo <strong>entre actores políticos se arrojan con números de un lado para otro</strong> sin un hilo conductor en el tiempo, que se evidencia claramente cuando uno se toma el trabajo de tomar cierta distancia y analiza la liviandad con que se tratan grandes temas de una semana a otra, sin filtro en el medio. Así <strong>la democracia se vuelve una ensalada rusa de supuestas convicciones</strong>, ancladas en descripciones de “la realidad” que deben ser inferidas a partir de la enumeración de cifras dichas con cara de enojo o sonriente.</p>
<p><span id="more-196"></span>Es cierto, los hechos son importantes, tanto quizás como el capricho por escoger una forma de relacionarlos con unos hechos antes que con otros y es eso lo que genera un abuso de la estadística que tanto entrampa a la democracia. Hasta no hace mucho, <strong>el hoy debilitado kirchnerismo pretendía dar cierre a cualquier discusión alegando el 54% de las elecciones presidenciales de 2011</strong> bajo la chicana que perdurará en algunas memorias por un tiempo de “armá un partido y ganá las elecciones”. Lamentablemente, los brutos avalan la hipótesis de Borges cuando dicen cosas como esa.</p>
<p><strong>El kirchnerismo seguirá ocupando mucho tiempo mental de mucha gente valiosa hasta el 2016.</strong> Por suerte ahora, producto de la mala performance que realizaron a nivel nacional, se puede observar cierta bocanada de aire por parte de quienes han estado mucho tiempo ocupándose por poner cierto<strong> freno a las pretensiones de eternización en el poder del partido de gobierno</strong>. No obstante, esta gimnasia de heterodoxa oposición también trajo aparejada una ausencia leve para plantear el rumbo de la agenda política fuera de los planteos numéricos.</p>
<p>En este momento, <strong>la estrategia del partido de gobierno se basa en querer convencernos de que la estabilidad institucional democrática peligra</strong> y hasta trasnochados como <strong>Forster </strong>dicen que en realidad no se busca un clásico golpe de Estado sino más bien “un daño de tal naturaleza que lo hecho en estos diez años no pueda volver a repetirse nunca más en la historia argentina”.<strong> Forster parece muy preocupado por dinamitar el prestigio que le queda al servicio de ligar algo después de las elecciones</strong>. Su hipótesis, se parece más a la de una bruja tirando las cartas disfrazada de señor intelectual que a un hombre que dedicó una parte importante de su vida al pensamiento político y filosófico.</p>
<p><strong>El kirchnerismo ha abusado demasiado, durante demasiado tiempo de la estadística</strong>… a puntos irrisorios, que ni el más desinteresado en política desconoce. Es momento para recuperar la discusión sobre que democracia queremos y cuál debe ser el rol del Estado en una Argentina en la que se ha hablado mucho y hecho bastante poco con un montón de dinero y apriete en estos últimos años.</p>
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