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	<title>Martín Yeza &#187; peronismo</title>
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		<title>Semillas de modernidad</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Nov 2013 17:11:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La oposición también es populista, dijo</strong> <strong>Sebreli</strong>, y tiene bastante razón. No sé si todos pero sí muchos lo son. La <strong>cultura del consumo,</strong> de la (in)satisfacción rápida, lleva a un ritmo vertiginoso en el que es difícil plantear visiones que superen la coyuntura. A esto se agregan necesidades mezquinas, escaso nacionalismo -porque parece que decir nacionalismo ahora no da- y una cultura política basada en la desconfianza que dilapida cualquier intento que se haga por construir relaciones institucionales entre distintas fuerzas políticas.</p>
<p>Hay una serie de dilemas no resueltos por la vida democrática de nuestro país entre los que se incluyen la antinomia entre individuo y sociedad, en donde<strong> nos quieren convencer que el progreso individual va en detrimento del conjunto</strong>, o que el progreso de una parte importante del conjunto debe necesariamente atentar contra el <em>status</em> del individuo; también entre libertad e igualdad, <strong>decir igualdad te hace de izquierda y decir libertad te hace de derecha como si fueran valores que debieran ser discutidos como en una tribuna de fútbol</strong> y no como elementos genéticos e inescindibles de la democracia; y por último, transformación e instituciones, si hace puede robar y si respeta las instituciones puede no hacer nada… No se puede pensar que es posible transformar y tener una visión que considere instituciones sólidas que controlen esa transformación.</p>
<p><span id="more-258"></span>Desde hace unos años en <strong>Argentina</strong> y buena parte de <strong>Latinoamérica,</strong> parece ser que <strong>derecha es una mala palabra</strong> y para atenuarlo se dice “centroderecha” y, lo mismo, lo correcto es ser de “centroizquierda” porque ser de izquierda está asociado a la palabra “utopía” y si le agregás centro parece que “aceptás la realidad”. <strong>La izquierda parece haber logrado ser depositaria del monopolio de las buenas intenciones</strong>, y en el medio de todo esto tenemos en general una <strong>dirigencia política que parece fabricada en serie, con el mismo chip.</strong> Y claro, tampoco podemos olvidarnos al que dice que no existe la ideología, que razón no tiene, pero sí da en el clavo de lo ridículo que es decir “derecha, izquierda y centro” para querer significar algo.</p>
<p>El actor principal de nuestra historia política reciente ha sido y por ahora es el <strong>peronismo</strong> -y el <strong>radicalismo</strong> desde un lugar secundario-, que propuso una fórmula novedosa para la inclusión en la Argentina paqueta con excluidos de la década del 40. Ese mismo peronismo que fue perdurando en los años pero que no fue adaptándose a los cambios culturales y humanísticos de la sociedad actual. Post-Perón, <strong>hay una agenda que el peronismo no logra resolver, que es la de la modernidad.</strong> Una modernidad que implica un cambio de visión luego de<strong> la caída del muro de Berlín</strong> y la explosión del avance tecnológico. Una modernidad que hace que un pibe con una computadora sea capaz de crear una plataforma que factura lo mismo o más que una compañía de petróleo. Entender esto le cuesta horrores a nuestra dirigencia política que cree que la panacea de las soluciones son los planes sociales, los buenos discursos, dar bien en la tele y cerrar acuerdos con empresarios amigos. Quienes somos parte de una generación que viene trabajando y pensando sobre el futuro de Argentina tenemos que ser capaces de entender que no todo tiene que ser ya y que quizás hay que bancarse un par de bifes, que los procesos se construyen, y que es necesario empezar a mirar a nuestro país sin visiones cortas y excitadas.</p>
<p><strong> Es casi nuestro deber generacional plantar semillas de modernidad en la cultura política</strong>. En todos sus órdenes: local, provincial, nacional e internacional. Semillas de modernidad que frente a la corrección política opongan realidad y que frente a mercado o inclusión propongan mercado con inclusión. No es imposible. Es quizás el principal desafío que nos toca. Semillas de modernidad a la hora de pensar los procesos productivos. <strong>Insistir con la inversión por sustitución de importaciones</strong> y que no hayan inversiones, ni se produzca lo que no se importa, cuando la tecnificación del trabajo en las industrias primarias permite que el hombre requiera niveles de conocimiento cada vez más sofisticados en una Argentina donde sólo el 65% termina la secundaria, es ser obtusos. El mundo cambió y las demandas son complejas, al punto en que cada uno podría ser feliz trabajando de lo que le gusta y así evitar políticas dirigistas del Estado que intenten satisfacer necesidades de mercado más que la búsqueda de la felicidad de la ciudadanía. Semillas de modernidad para cosechar liderazgos democráticos, que la política no sea vivida como una forma para en 8 años salvarse de por vida. Experimentarla con tranquilidad, como a cualquier trabajo, cultivando vitalmente distintas dimensiones, culturales, artísticas, sociales;<strong> que no tenga que aparecer un “asesor de imagen” para decirle que se tiene que comer un pancho o las “S”, o un “asesor político” para decirle que las encuestas dicen que hay que dialogar o que a nadie le importa que lo haga, ¡Que lo haga porque es lo que corresponde!</strong></p>
<p>Hoy, <strong>el tono de la discusión política Argentina es muy anormal</strong>, adverso para el desarrollo de algo bueno. Es pensamiento mágico creer que sucedió algo además del empeoramiento de la vida ciudadana que sólo es relativizada por el nivel de consumo en cosas fungibles. Con paciencia, cierta astucia, reflexión, paz interior y un poco de fe, podemos empezar a plantar semillas de modernidad. Mostrando que se puede pensar y ser distinto.</p>
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		<title>Ser peronista ya no es tan rebelde</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Sep 2013 03:53:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
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		<description><![CDATA[En “Hablemos de langostas”, programa radial de culto que conduce Lisandro Varela, estuvo Silvia Mercado, periodista, quien recientemente publicó el libro Apold, el Goebbels de Perón. Silvia Mercado, de histórica militancia y pertenencia peronista dijo que se hizo peronista en la dictadura, porque el peronismo era entre muchas cosas un movimiento de rebeldía, que ser... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-yeza/2013/09/24/ser-peronista-ya-no-es-tan-rebelde/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left" align="center">En “Hablemos de langostas”, programa radial de culto que conduce <strong>Lisandro Varela</strong>, estuvo <strong>Silvia Mercado</strong>, periodista, quien recientemente publicó el libro <em>Apold, el Goebbels de Perón</em>.</p>
<p>Silvia Mercado, de histórica militancia y pertenencia peronista dijo que <strong>se hizo peronista en la dictadura</strong>, porque el peronismo era entre muchas cosas un movimiento de rebeldía, que ser peronista era ser rebelde. Durante unos segundos me acordé de <strong>Néstor Kirchner,</strong> quien antes de ser Presidente pensaba “<i>el pejotismo</i><strong><i> </i></strong><i>es la antítesis del verdadero peronismo, el pejotismo es la claudicación, el aparato corrupto, la traición y la transformación de un movimiento revolucionario en una estructura conservadora”.</i></p>
<p>Por algún fenómeno extraño, posiblemente explicable, estar asociado a intendentes de municipalidades populosas o gobernadores de provincias de escasa calidad democrática se convirtió en una garantía de que se tiene cierta capacidad para gobernar el país. Municipalidades donde el progreso es una cosa que sucede en los cortes de Fútbol para todos y las propagandas de la Anses, donde te muestran almacenes con nombres lindos con una canción de Pappo de fondo.</p>
<p><span id="more-211"></span>Los números de un estudio de opinión reciente muestran que al ser consultadas por la palabra peronismo, las personas la asocian principalmente y de igual manera con las palabras “<strong>Gobernabilidad</strong>” y “<strong>Corrupción</strong>” –mientras que radicalismo era asociado con las palabras “<strong>Honestidad</strong>” e “<strong>Inútiles</strong>”-. Como definiera el Sr <strong>Turco Cayetano Asís</strong>, el peronismo logró, en el imaginario colectivo, convertirse en el partido del poder. O de los vivos.</p>
<p>Cuesta compartir la idea de <strong>Ricardo Forster</strong>, quien dice que hay funcionarios corruptos pero que el gobierno no es corrupto. Como si el gobierno y los funcionarios que lo componen fueran cuerpos escindibles.</p>
<p>Luego de las elecciones de 2009 me reuní con <strong>Rodrigo Zarazaga</strong>, cura jesuita quien hacía un doctorado en Harvard sobre el vínculo entre narcotráfico y política en Argentina. Me contó que en el conurbano bonaerense hubo un caso de dos candidatos peronistas, en el que uno bajó en un barrio con 1200 heladeras. El otro, como respuesta, le pagó a unos pibes para que a cada familia que recibió esas heladeras se le robara el DNI y no pudiera votar. Una creatividad increíble al servicio del mal que se supone producto del peronismo.</p>
<p>Es por cosas como estas que hay quienes directamente se hartaron del peronismo, y quizás un poco de razón tengan. Debe ser bastante molesto que un movimiento político pueda ser cualquier cosa y que si eso te incomoda encima te digan gorila. En su programa, Lisandro Varela dijo que en este país los únicos que pueden ser gorilas son los peronistas.</p>
<p>Y ¿qué es el peronismo? <strong>Si no me lo preguntan lo sé y si me lo preguntan, lo ignoro.</strong> Sí puedo juzgar al peronismo, como un movimiento que representó durante mucho tiempo la transformación para la inclusión y valentía para la conquista de los derechos sociales más fundamentales, hoy naturalizados. Mi corazón es peronista porque todavía hay mucho por hacer en pos de dirigirnos hacia una sociedad más justa e inclusiva. Sin embargo, me cuesta decir que soy peronista cuando rufianes, corruptos, mafiosos y gorilas están en el movimiento. Aquí hay algo sobre lo que trabajar y pensar desde el Movimiento.</p>
<p>Hay una generación de jóvenes que tiene una enorme expectativa y sueños sobre el país en el que viven y les gustaría vivir. Sienten que cada tanto hay que hacer pose autocrítica, para no quedar deslegitimados. En el ejercicio de la militancia uno olvida que no alcanza con ser apenas autocrítico como decir “Sí, que Echegaray le haya comprado un Audi a la hija está mal”. A veces hay que tirar todo, y mientras más naipes haya en el castillo más fuerte hay que soplar. Ningún castillo sostenido por naipes merece que se pelee por él.</p>
<p>No sé cómo nos encuentra el futuro, creo que con las buenas gestiones, quienes puedan, tienen la chance de conectar con la capacidad de solucionar problemas reales cotidianos. Pero creo que además de esto, también hace falta una propuesta humana que venga de las nobles entrañas de los sentimientos y sea a su vez representativa del momento que vivimos.</p>
<p>Que lo mejor que puede hacer hoy un peronista es ser un poco más rebelde y reflexivo.</p>
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		<title>Peronismo artesanal</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Aug 2013 11:47:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sobre Carlos Menem todos tenemos anécdotas de algún amigo, familiar cercano, o de mínima conocido de un conocido que nos habla de su aura de líder, insuperable carisma o memoria de elefante. Carlos Menem, sobre quien se pueden decir muchas cosas malas, encaró en 1985 un “trip peronista”, que consistió en recorrer cada pueblito de... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-yeza/2013/08/20/peronismo-artesanal/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Sobre <strong>Carlos Menem</strong> todos tenemos anécdotas de algún amigo, familiar cercano, o de mínima conocido de un conocido que nos habla de su aura de líder, insuperable carisma o memoria de elefante.</p>
<p>Carlos Menem, sobre quien se pueden decir muchas cosas malas, <strong>encaró en 1985 un “trip peronista”, que consistió en recorrer cada pueblito de nuestra Patria para hablar cara a cara con cada militante y cada argentino con el que pudiera para decirle que quería ser Presidente y que lo acompañaran con su voto</strong>. Así, el tigre riojano -en cuya provincia solo estaba el 2% del padrón nacional de afiliados al PJ- venció de manera contundente en 1988 al entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires –donde se encontraba el 40% del padrón de afiliados-, <strong>Antonio Cafiero</strong> -el peronista “blanco” y renovador-, en las últimas internas que el <strong>Partido Justicialista</strong> celebrara hasta la fecha.</p>
<p>Para acceder a la Presidencia Menem volvió a recorrer el país entero, pueblo por pueblo. Disfrutando de la campaña, fortaleciéndose con la energía de la gente, manteniéndose cerca de las expectativas y las necesidades que tenían los argentinos. <strong>Toda una gesta de peronismo artesanal.</strong></p>
<p><strong><span id="more-191"></span>Las nuevas tecnologías, la innovación comunicacional e incluso la profesionalización de las campañas electorales hay cosas que no pueden suplir</strong>. Ser una persona de bien, sentir lo que se dice y decir lo que se siente, tener capacidad de liderazgo o el don de la persuasión antes que el de la confrontación.</p>
<p>Los grandes líderes de los últimos 30 años como <strong>Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Néstor Kirchner</strong> representaron de manera exacta un sentir popular, tuvieron la virtud de ser hombres de su tiempo. Se pueden hacer <em>focus groups</em>, encuestas, lindos afiches, buenos slogans pero nada se puede hacer para que un sujeto político encaje en un contexto histórico si no hay cierta cuota de naturalidad en esa relación con el pueblo.</p>
<p>El kirchnerismo -si podemos seguir llamándolo de esta manera- perdió esta brújula y <strong>la Presidente no está a la altura de los tiempos que se viven</strong>. Hay una relación forzada entre el kirchnerismo y el pueblo, que cierto facilismo intelectual destaca que es el conflicto contradictorio entre “relato” y “hechos”, en lugar de pensar que es más terrible que ello: <strong>es el conflicto de la improvisación permanente que los vuelve contra sí mismos</strong>. Basta con ver las recientes declaraciones de <strong>Diana Conti</strong> en CN23 donde dijo que “<strong>la gente elige candidatos como si fueran un pancho</strong>”. Parecía recordarnos esa frase que alguno dijo con ironía “Cuando el Pueblo ya no acompaña al Gobierno es porque ha llegado el momento de cambiar de Pueblo”.</p>
<p>La sucesión empieza en diciembre de este año, cuando se reconstituya el <strong>Congreso de la Nación</strong> y se revitalice el equilibrio de poderes. También empieza en la calle, con los políticos que decidan dar la cara para dejarse peinar por el viento de algunos reclamos que son cada vez más potentes. Sigue en cada pueblo y cada ciudad del interior donde el kirchnerismo es casi una mala palabra y se profundiza en los conurbanos donde la esperanza de los humildes no puede seguir esperando a que sucedan las cosas hermosas que supuestamente somos para los medios oficialistas. <strong>Termina con una idea en el corazón de un político que siente lo que debe hacerse y dibujar el camino hacia el futuro.</strong></p>
<p>Le dije peronismo artesanal, pero puede que a los que no son peronistas los enoje, llamémoslo “caravana”, “patear la calle”, o “recorrer el país”, pero <strong>el próximo Presidente es un hombre o una mujer con los zapatos un poco embarrados y una sonrisa sin pose, imborrable de su cara</strong>, o como dijo el Papa Francisco, políticos con “olor a oveja”.</p>
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