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	<title>Martín Yeza &#187; inflación</title>
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		<title>La sombra de la pobreza</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Nov 2013 10:49:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En 1893 cuando los franceses sitiaban Antananarivo (Madagascar), los sacerdotes del lugar, acorde a su religión, jugaban una partida de un juego parecido al ajedrez para recrear lo que sucedía en el campo de batalla. Decían que de esta manera se favorecía la victoria. Los habitantes del lugar seguían con suma atención el juego de ajedrez más que los esfuerzos de sus tropas. El... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-yeza/2013/11/05/la-sombra-de-la-pobreza/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En 1893 cuando los franceses sitiaban <strong>Antananarivo</strong> (<strong>Madagascar</strong>), los sacerdotes del lugar, acorde a su religión, jugaban una partida de un juego parecido al ajedrez para recrear lo que sucedía en el campo de batalla. Decían que de esta manera se favorecía la victoria. Los habitantes del lugar seguían con suma atención el juego de ajedrez más que los esfuerzos de sus tropas.</p>
<p>El <strong>debate</strong> <strong>público</strong> desde 2008 ha tomado<strong> giros hacia lo intuitivo ante la dificultad por encontrar estadísticas serias</strong> que permitan realizar diagnósticos acertados. Uno de los ejes que afecta principalmente, como todo lo que se hace mal, es el <strong>diagnóstico sobre la transformación o no que han vivido los sectores más desfavorables de nuestro país.</strong></p>
<p>Hoy la política oficial sobre la pobreza es un combo entre <strong>Asignación Universal por Hijo</strong> que de universal tiene poco, que fue hecha por decreto e impide a los trabajadores estar en blanco y continuar percibiéndola;<strong> Fútbol para todos</strong>, que no merece ningún agregado; y el reciente plan <strong>Pro.Cre.Ar</strong> para suplir un <strong>mercado de créditos hipotecarios</strong> totalmente devastado producto de la <strong>inflación</strong>, la informalidad laboral y falta de previsión del crecimiento. También existe un esquema de<strong> subsidios al transporte y a la energía</strong> que logró que incluso la clase media haya perdido la brújula del valor real de las cosas, y perder el valor real de las cosas impide pensar sobre el valor real de lo que se necesita para vivir dependiendo de uno mismo y no de la mano del Estado cuando no debería ser necesaria.</p>
<p><span id="more-248"></span>Gobierna un partido que se considera peronista, cercano a los trabajadores, en el que luego de diez años el 34,5% de los trabajadores se encuentra en situación de informalidad laboral y que afecta principalmente a las regiones más vulnerables e inestables económicamente, como las regiones del norte, donde incluso llega al 43,3% y que a su vez afecta principalmente a los jóvenes y a quienes se encuentran culturalmente estigmatizados por la subocupación o condiciones de vida muy adversas.</p>
<p><strong>Cada 100 pesos que recibe un trabajador, 160 son los que expende el empleador y esos 60 de diferencia van a solventar gastos ineficientes del Estado.</strong> Y no, hablar de eficiencia no es de derecha, se puede tener una visión humana de los problemas, incluso con intervención del Estado pero con criterios básicos de eficiencia y no pagando<strong> la fiesta de subsidios</strong> que hay hoy en todos los lugares que ha ido ocupando el Estado. A su vez, producto de las malas políticas de seguridad en nuestras fronteras e internas, se instaló el <strong>narcotráfico</strong> que con drogas de laboratorio como el <strong>paco</strong> y la “<strong>alita de mosca</strong>” <strong>se están llevando puesta a una generación de pibes pobres</strong>. Según números del <strong>SeDroNar</strong> <strong>mueren dos pibes por semana víctimas del paco</strong> -<strong>muerte cerebral- en el área metropolitana Buenos Aires.</strong></p>
<p>Quizás es cliché mencionarlo, pero <strong>Lula Da Silva, </strong>en su artículo &#8220;<strong>Cuando la sociedad reclama cambios</strong>&#8220;, recientemente publicado, habla sobre algunos de los ejes de su gobierno y dice: “El primer compromiso que asumí ante el pueblo brasileño fue el de terminar con el hambre en el país. Por su dimensión moral, ésta es una causa capaz de unir a una nación. (…) Yo digo que <strong>Brasil</strong> empezó a marchar bien porque lo que hicimos fue poner a los pobres y a los trabajadores, es decir, a la inmensa mayoría de la población, en el centro de todas las acciones del gobierno. Los pobres que antes eran vistos solamente como un problema (y para muchos, un problema imposible de resolver) pasaron a ser parte esencial de la solución. Pasaron a ser ciudadanos”.</p>
<p>Si hubiera realmente un compromiso por poner en marcha los motores del crecimiento y la inclusión se prestaría menos atención a que dicen los medios, se intentaría maniatar menos el quehacer cotidiano del Congreso de la Nación y la opinión de un juez de la Corte no debería ser un tema de atención cotidiana.<strong> La sombra de la pobreza desvía nuestra atención del esfuerzo que hacen quienes están luchando día a día para ver qué partida están jugando los sacerdotes de la política, haciéndonos creer que por el destino de ese juego nos aproximamos a algún tipo de victoria.</strong></p>
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		<title>Hacia una discusión política superadora</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Oct 2013 10:40:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La muerte del relato es la muerte del contrarelato. Alcanza con poner cualquier programa de televisión para ver a los políticos de cualquier partido que cuando se les pregunta por la inseguridad responden “más seguridad” y que frente a la inflación se dediquen a criticarla mucho y a discutir si es del 9% como dice el Indec... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-yeza/2013/10/01/hacia-una-discusion-politica-superadora/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La muerte del relato es la muerte del contrarelato.</strong></p>
<p>Alcanza con poner cualquier programa de televisión para ver a los<strong> políticos de cualquier </strong><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;"><strong>partido</strong> que cuando se les pregunta por la <strong>inseguridad</strong> responden “<strong>más seguridad</strong>” y que frente </span>a la <strong>inflación</strong> se dediquen a <strong>criticarla mucho</strong> y a discutir si es del 9% como dice el <strong>Indec</strong> o si es del 22,9% como dicen las consultoras privadas y a echarle la culpa a la emisión monetaria. El lenguaje político argentino resulta insuficiente a la hora de ofrecer una ventana que nos muestre cómo queremos que sea el 2016. Se ha institucionalizado un<strong> lenguaje de cassette</strong> tanto en oficialistas como opositores que oficia como una cortina de hierro a la hora de plantear alternativas que no oscilen en extremos previsibles.</p>
<p>Existe básicamente una agenda, producto de encuestas, en la que todos más o menos podemos coincidir que constituyen sensiblemente problemas para la ciudadanía. Hay dos inamovibles que son desde 2009 <strong>materia obligatoria para cualquier político</strong> y en donde no existe una posición que escape a la linealidad. Estos dos asuntos son la<strong> inseguridad y la inflación</strong>: la inseguridad es el primer problema que figura en las encuestas y frente a esto el kirchnerismo durante mucho tiempo dijo que constituía una <strong>sensación</strong>. <strong>La oposición propone, para combatir la inseguridad, “seguridad”.</strong> Seguridad que se traduce como más policías, penas más duras, penas para menores y más cámaras en la vía pública que filmen constantemente lo que hacemos. El segundo problema es la inflación: el kirchnerismo aduce que es propia del modelo de “matriz diversificada con inclusión social” -dixit- y el crecimiento económico. Aquí<strong> la oposición dice que el problema de la inflación es la emisión de billetes y que si no se emite más no habrá inflación.</strong></p>
<p><span id="more-218"></span>Luego hay una agenda de temas que según el contexto van variando en importancia: la <strong>corrupción</strong> figura como un asunto cada vez que al bolsillo del trabajador le cuesta llegar a fin de mes. <strong>El kirchnerismo, mediante su vocero intelectual Ricardo Forster, admitió que existen funcionarios corruptos pero que el gobierno no es corrupto.</strong> La oposición, frente a la corrupción, propone honestidad. <strong>Intolerancia</strong> es quizás una de las características del Gobierno Nacional que se ha logrado instalar desde el discurso opositor; que <strong>el gobierno no dialoga</strong>, no tolera la idea del que piensa distinto y que se debería dialogar más. También se propone, sin tanto énfasis, que frente a la intolerancia se debe plantear tolerancia que -supongo- se traduciría en la no intervención del Poder Ejecutivo en el funcionamiento de los otros dos poderes. También es parte del discurso oficialista un anclaje en el pasado y que debemos estarles todos muy agradecidos, que<strong> “antes se estaba peor y no deberíamos quejarnos”; la oposición por su lado plantea “futuro”, que se traduce en “hay que mirar al futuro” -vaya a saber uno qué significa eso-.</strong></p>
<p>Y la última, y cada vez menos utilizada es la “<strong>inseguridad jurídica</strong>”, que el kirchnerismo la explica como una suerte de “<strong>emancipación de las corporaciones en la toma de decisiones políticas</strong>” y hacen de la improvisación un valor. La reacción opositora a esta mirada es proponer “seguridad jurídica”. En una reciente entrevista<strong> Iván Petrella</strong> dijo que lo opuesto de la inseguridad no es la seguridad, es la convivencia. Esta decisión de romper con la linealidad ideológica política argentina, que retoma el desafío de <strong>Roberto Mangabeira Unger</strong> por presentar una izquierda democrática -sin categorías marxistas-, asume que proponer a la ciudadanía una idea de progreso implica algo más que un mero antagonismo. También es parte de una tradición cristiana que se evidencia en los textos de la Biblia cuando vemos que <strong>Cristo</strong> frente a la pobreza no ofrece riqueza, ofrece amor; o que frente a la escasez no ofrece abundancia, ofrece solidaridad.</p>
<p><strong>En el caso de la inseguridad, Petrella sostiene que se debe tratar de construir convivencia</strong>, porque no sólo incluye a la seguridad sino también a la ética, el respeto por el otro y de la ley. Se podría ensayar un método similar para las otras categorías. Frente a la inflación y la inseguridad jurídica es difícil, pero debemos abogar por ofrecer a la ciudadanía una propuesta de progreso o si se quiere un “<strong>horizonte de progreso”,</strong> que requiere mucha honestidad y transparencia a la hora de comunicarse. Que permita al menos saber si el mes que viene va a estar nublado o va a salir el sol y qué responsabilidades o riesgos puede o no asumir cada ciudadano.</p>
<p>En el caso de la corrupción es fácil decir “yo soy honesto”, pero si esto no se corresponde con el compromiso de asumir una <strong>actitud republicana</strong> es difícil. Se puede ser muy honesto -de hecho el kirchnerismo no se ocupa demasiado por ocultar lo que son y hacen- pero eso no es una garantía de que no haya corrupción. <strong>Se requiere de un respeto irrestricto de los órganos encargados de controlar estas conductas para que puedan hacerlo con total libertad.</strong> Ser honesto siempre es una esperanza, no se puede prometer, de hecho es parte del discurso que marca una distancia de antemano entre el ciudadano que no confía –y no tiene demasiados motivos por los que hacerlo- y un político que pide que se confíe en él. <strong>Se necesita un compromiso republicano e institucional, el resto es propaganda autorreferencial.</strong></p>
<p><strong>En la dicotomía pasado/futuro falta algo que si se lo piensa dos segundos es muy obvio: el presente.</strong> La mejor representación del presente es la idea de modernidad. Uno puede vivir en el 2013 como en el 2000 o vivir en el 2013 como <strong>Singapur</strong>, país al que quizás alcancemos en diez años.<strong> El Estado debe comprometerse al mejor presente posible y los políticos deberían estar mejor conectados con los sucesos que ocurren en el mundo, por eso además de modernidad se necesita cosmopolitismo</strong>, visiones de mundo que nos enriquezcan. La indignación y el fanatismo, el enojo y la agresión, la apatía y el avasallamiento, la desconfianza y el abuso, son muestras de que se necesita seguir trabajando en una idea nacional que incluya, que abandone la<strong> pose combativa</strong> y se ponga más suave y flexible.</p>
<p><strong>Resulta casi obligatorio abandonar este lenguaje mediocre, gastado y surgido de la negación</strong>, porque el 2015 está cerca y parte de las heridas que debemos empezar a cerrar &#8211; producidas por el kirchnerismo- podrán solucionarse dotando de humanidad nuestra visión de lo que hay que hacer y sobre lo que hay que pensar. <strong>Porque hay mucho por hacer pero también por pensar.</strong></p>
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