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	<title>Martín Yeza &#187; Francia</title>
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		<title>La revolución de los humildes</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jul 2013 08:33:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Día de la Independencia]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
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		<category><![CDATA[Mariano Moreno]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es muy común considerar a la <strong>revolución del 25 de mayo de 1810</strong> y la <strong>independencia del 9 de julio de 1816</strong> por separado, cuando en realidad son parte de un mismo proceso. Son los dos grandes hitos que nuestra historia recuerda y enseña desde la primaria para forjarnos y formarnos como ciudadanos argentinos, amistados con la importancia de nuestra independencia cultural, económica y política, que simplifica el jurista alemán <strong>Savigny</strong> con la idea de “<strong>volksgeist</strong>” para referirse al “<strong>espíritu del pueblo</strong>”, inherente y presente inconscientemente en toda cultura.</p>
<p>El proceso revolucionario e independentista nacional fue una versión latinoamericana de lo que dos y tres décadas atrás había ocurrido en Francia y Estados Unidos de América. Todas ellas fueron realizadas por hombres notables, sobre los que el revisionismo histórico seguramente podrá buscar y remover sobre cuán cierto es o no que verdaderamente lo sean. En ese sentido me gusta mucho una respuesta que dio el célebre escritor <strong>Tenessee Williams</strong> a la revista <em>Playboy</em> en los ‘70: “If I got rid of my demons,  I’d lose my angels” –si me deshago de mis demonios, perdería mis ángeles-. <strong>Todos los demonios que quieran endilgarles a los grandes hombres de nuestra revolución e independencia se los voy a conceder, pero nadie podrá discutir sus virtudes.</strong></p>
<p><span id="more-166"></span>Todos ellos han tenido la suficiente cuota de humildad como para compartir un sueño que los trascendió personalmente -y por eso con justicia los recordamos, si acaso ello tuviera alguna utilidad-; pero también fueron cultos, muy cultos, instruidos en distintas disciplinas humanísticas; curiosos por los avances y desarrollo de la ciencia; sensibles a la importancia que tiene enriquecer el espíritu con el arte en sus distintas expresiones; también formados, por una necesidad de época, en el arte de la guerra; y cosmopolitas, pendientes de lo que estaba aconteciendo en el mundo y muy curiosos respecto de las formas posibles del progreso que mostraba el mundo de aquellos años.</p>
<p>En tiempos como los que corren, el recuerdo de estas personas excepcionales que pensaron y sentaron las bases de nuestra cultura nacional ocasiona un momento de reflexión involuntaria y placentera. Nos convence de que por más adversas que sean las condiciones, por más fuertes que sean los lazos de quien domina y ejerce el poder, y por más lejos que se encuentre la luz al final del túnel siempre es posible progresar.</p>
<p>Pensar el proceso revolucionario por la independencia me regala en esta proclama de principios que <strong>Mariano Moreno</strong> escribiera en su <em>Plan revolucionario de operaciones</em> una síntesis perfecta: “Trabajé para mi Patria siempre poniendo: voluntad, no incertidumbre; método, no desorden; disciplina, no caos; constancia no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia”.</p>
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