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	<title>Martín Yeza &#187; Borges</title>
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		<title>El rifle y el crucifijo</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Apr 2013 03:34:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Borges]]></category>
		<category><![CDATA[Centro de Veteranos]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Canitrot]]></category>
		<category><![CDATA[Malvinas]]></category>

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		<description><![CDATA[El rifle y el crucifijo La primera vez que lo vi yo tenía 14 años. En Pinamar hay niebla y frío en casi todos los aniversarios de Malvinas. La Escuela nos había llevado a algunos alumnos a un acto en una plaza en conmemoración de los héroes de la guerra. A esa edad, entendía que... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-yeza/2013/04/02/el-rifle-y-el-crucifijo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El rifle y el crucifijo</strong></p>
<p>La primera vez que lo vi yo tenía 14 años. En <strong>Pinamar</strong> hay niebla y frío en casi todos los <strong>aniversarios de Malvinas</strong>.</p>
<p><span id="more-87"></span>La Escuela nos había llevado a algunos alumnos a un acto en una plaza en <strong>conmemoración de los héroes de la guerra</strong>. A esa edad, entendía que lo que me contaban en clase era una historia importante, pero se me hacía difícil imaginar la guerra con caras de verdad, con frío y niebla reales, con la dimensión cotidiana de las cosas que uno toma con el tiempo, para hacerlas verdaderas. “Dios les permite a los hombres/ soñar cosas que son ciertas”, dice <strong>Borges </strong>en la <strong><em>Milonga del muerto </em></strong>-hay una interpretación muy bella de <strong>Eduardo Falú</strong>-, con palabras simples, budistas, para mostrar que la guerra pasa en serio.</p>
<p><strong>Eduardo Canitrot</strong> nació en Capital Federal, en el barrio de Mataderos, y en el año 1998 decidió ir a vivir a Pinamar con su esposa. Tiene dos hijas y un hijo. Hoy tiene 50 años y es <strong>presidente del Centro de Veteranos de Malvinas</strong>. En los últimos años empezó a correr en maratones. Trabaja y se mantiene en forma en una ciudad tranquila y hermosa que, dice, le brindó mucho afecto.</p>
<p>Me cuenta que está preparando las palabras para su discurso de hoy. <strong>Cada 2 de Abril da un discurso a la comunidad</strong>, vecinos y autoridades que se acercan a la plaza. Es una referencia política. Su valor no debe ser explicado, se lo presume. Por eso es importante lo que vaya a decir.</p>
<p>Recordamos el acto del año pasado donde tuvo un intercambio con el cura párroco quien, sin intención de herir susceptibilidades, convocó a cerrar las heridas. Eduardo le dijo que no podía<strong>. Estar en una guerra no produce heridas que puedan cerrarse.</strong> Eduardo me habla de amigos y conocidos que murieron o se suicidaron. Cada 2 de Abril, se levanta, desayuna, se pone el uniforme y va a la playa a pensar. A pensar y llorar hasta que se hace la hora del acto.</p>
<p>A los 19 años fue parte de una guerra difícil de explicar. Fue soldado conscripto, <strong>convocado por ley a pelear</strong> en una guerra que “como toda guerra es por y para unos pocos”. (“Oyó las vanas arengas/ de los vanos generales”, dice Borges). Me pareció que su historia era la de muchos otros pibes a los que no les quedó otra que ser parte de ese <strong>circo armado por una dictadura militar</strong> que necesitaba oxigenar su creciente ilegitimidad y en nombre de un nacionalismo vano mandó a los pibes al matadero.</p>
<p>Se despertaba a las 8 de la mañana y sabía que la primera tarea era fajinar su fusil para luego ir a vaciar los pozos – y nótese que dice “pozo” y no “trinchera”, donde revela su condición no militar &#8211; desde los cuales veían si surgía algún movimiento extraño, algo que no tenía mucho sentido, porque el enemigo atacaba de noche y desde esos pozos no se veía a más de diez metros de distancia a causa de la niebla. Se enfrentaban a un enemigo con miras infrarrojas y uniformes térmicos, con los argentinos apenas abrigados, <strong>era “como pelearse con un ciego, donde nosotros éramos los ciegos”,</strong> dice Eduardo.</p>
<p><strong>Dormía abrazado a su rifle y a un crucifijo</strong>, acostado sobre un pedazo de madera que encontró y logró poner a 30 cm de distancia del suelo ya que por la noche el agua subía y la turba se inundaba. A pesar de haber ido alguna que otra vez a la iglesia no era muy creyente, <strong>estar allí lo conectó con Dios a quien rezaba en cada mal momento que le tocó pasar</strong>. Dice que a la noche siempre lo despertaba el ruido de algún bombardeo, levantaba la mirada y si era lejos volvía a dormir y si no tenía que tomar posición de combate.</p>
<p>Eduardo me dijo que la película que mejor describe la sensación de estar en guerra la vio en <strong><em>Rescatando al soldado Ryan</em></strong> porque se ve <strong>la soledad en compañía</strong>, la desesperación y <strong>el zumbido constante de las balas</strong> o las bombas.</p>
<p>Le pregunté <strong>si tuvo algún momento feliz en esos 3 meses</strong> y me dijo que cuando no podía dormir por el frío cerraba los ojos y se imaginaba en su casa, tirado en el piso, al lado de la estufa mirando la televisión con sus viejos.</p>
<p><strong>Lo más triste y doloroso de estar en Malvinas era saber lo que podían estar sufriendo su mamá y su papá</strong>. En el último mes les habían cortado la correspondencia para que no llegaran noticias sobre la derrota desde las islas al Continente. La principal preocupación de Eduardo era la preocupación de sus padres.</p>
<p>La rendición fue un <strong>14 de Junio</strong>. A Eduardo le sorprendió el trato de caballeros que le dieron los ingleses en la rendición, con alimentos, abrigo y buen trato que la Dictadura que lo mandó a la guerra no le había dado. Después de todo, los ingleses eran (y son) unos profesionales de la guerra.</p>
<p>Cuando Eduardo volvió al continente, el Ejercito lo llevó junto a sus compañeros a <strong>Campo de Mayo</strong> y los tuvieron 2 días encerrados lavándoles la cabeza con que al salir no dijeran nada de lo que había sucedido. Los sacaron escondidos, nadie los recibió. Se fueron en tren y bondi a su casa. “No conviene que se sepa que muere gente en la guerra”.</p>
<p>Los padres de los soldados se agruparon alrededor de Campo de Mayo esperando noticia alguna de sus hijos. Nadie les dijo nada.</p>
<p>Eduardo Canitrot es todo lo que se ve. Un hombre endurecido por azar del destino con un costado, que él sabe lo ata a un lado oscuro que todos tenemos y él vio a la cara. <strong>Sabe que algún día va a volver a Malvinas. </strong></p>
<p>Héroe, veterano, padre, hijo, trabajador, vecino, argentino. Eduardo Canitrot, el soldado de Malvinas que conocí, tal vez sea el soldado de Malvinas que otros conocen en su pueblo o ciudad, o tal vez el que no les tocó conocer, o imaginaron, o el que podría haber sido, o no haber sido. Eduardo Canitrot es una persona atravesada por el dolor que decidieron otros.</p>
<p><strong>Las Malvinas son argentinas</strong>. Recuperarlas es cuestión de <strong>tiempo y paz.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>&#8220;Presentismo&#8221; populista</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Mar 2013 09:32:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Yeza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[24 de marzo]]></category>
		<category><![CDATA[Borges]]></category>
		<category><![CDATA[descolgar cuadros]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Lanata]]></category>
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		<category><![CDATA[populismo]]></category>
		<category><![CDATA[Videla]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>En su libro <em>Biblioteca personal </em>(Prólogos),<em> </em><strong>Borges</strong> presenta de manera lúdica una serie de libros que lo han definido, tal vez, como escritor. Entre ellos figura el de <strong>John William Dunne</strong>, un ingeniero aeronáutico, escéptico, quien por motivos científicos decide adentrarse en el mundo de los sueños y comprenderlos a través del método científico. Una de las cosas que más lo desvela es cómo los <strong>sueños</strong> se despojan del tiempo. <strong>No hay pasado, presente ni futuro en ellos</strong>. Se configura así entonces una “modesta eternidad personal” que pone al hombre en la posición divina de poder crear y destruir mundos. Soñar, imaginar.</p>
<p><span id="more-82"></span>Con un sentido más poético en lo vivencial, hay una <strong>tribu aborigen australiana “Anangu”</strong> que basa una parte de su vida cultural y religiosa alrededor del sueño por motivos similares a los de Dunne -que en el sueño el tiempo no existe-, así entonces <strong>pueden ver el pasado, el presente y el futuro en una sola imagen</strong>.</p>
<p>Me pareció un ejercicio interesantísimo intentar trasladarlo a algo más ostensible como el pensarnos en distintas hipótesis. Por ejemplo, el <strong>domingo 24 en Plaza de Mayo</strong> había un escenario en el que un grupo de militantes denominado <strong>“Juventud kirchnerista de izquierda”</strong> proponía “<strong>descolgar cuadros</strong>” de periodistas y políticos no kirchneristas. En internet circulan imágenes de chicos de 5, 6 años bajando el cuadro de <strong>Jorge Lanata o Mirtha Legrand</strong> (¡Mirtha Legrand!) como si fuera <strong>Néstor Kirchner descolgando el de Videla</strong>. Violento, insensible, cínico, peligroso.</p>
<p>Independientemente de indagar sobre si estuvo digitado desde una estrategia general de puesta en escena o fue simplemente el impulso de un grupo de militantes (no sé cual de las dos sería más grave), me pareció interesante plantear un juego: <strong>viajar 40 años en el pasado y 40 en el futuro.</strong></p>
<p><strong>Hace 40 años la pobreza era de entre el 4 y 7%.</strong> Con la dictadura militar se disparó al 25%. En 1989 trepó al 45% y en el 2002 tuvo un pico del 57% y hoy, 2013 se sabe/piensa que con $5.50 por día no se es pobre, así entonces no sabemos a ciencia cierta el estado real de la pobreza. <strong>En cuarenta años, ¿vamos a estar mejor o peor?</strong></p>
<p>El sistema de valores y la visión de mundo que se poseía en 1973 ¿es la misma que tenemos hoy? Hay otra postal de la marcha del 24 de Marzo que es la bandera de Montoneros. En 2053 ¿va a seguir existiendo Montoneros?</p>
<p>El ejercicio de imaginar y plantearse estas hipótesis en apariencia, tal vez, inconexas es muy simple: <strong>si creemos que en 2053 la pobreza no va a existir</strong> es una cosa sobre la que debemos poner toda la voluntad política para que suceda, porque <strong>no va a realizarse mágicamente</strong>. Si creemos que Montoneros es un invento que resurgió por un rato y dura hasta 2015, entonces estamos malgastando energía en pensar alrededor de una serie de distracciones mentales que se nos oponen en el presente.</p>
<p>No soy un amigo de los libros de autoayuda pero sí creo que hay algo fundamental en el progreso y es la voluntad de creer de que se puede estar mejor. <strong>El “presentismo” absoluto dentro de la lógica de los populismos nos está exterminando la posibilidad de planificar y pensarnos idealmente como sociedad</strong>, lo cual implica que además no podamos pensarnos alrededor de la realidad tampoco.</p>
<p><strong>Hoy es más fácil sentir los valores de una generación que no conocimos y pertenece al pasado que sentir los valores de una generación que tampoco conocemos y pertenece al futuro.</strong></p>
<p>Hay, por último, una parte importantísima del ejercicio: pensarnos en el presente en función de esta imagen estática que une los tiempos. Pensar sobre dónde encontramos la libertad, la felicidad, la tranquilidad, el ánimo de vivir y progresar. Reflexionar sobre la vida en comunidad, nuestra vida individual y luego todas esas cosas que a veces los Estados plantean como una cuestión con la que si no se está de acuerdo se comete un pecado y nos pone en un lugar en el que debemos <strong>ser “descolgados” </strong>por niños de 5 y 6 años como si fuéramos represores y asesinos. <strong>Tener que estar explicando todo lo que decimos todo el tiempo porque no se ajusta a los cánones de lo que desde el Gobierno te dicen que está bien o mal. </strong></p>
<p>A veces cuando la realidad no nos deja mucha salida, hay que recurrir a la imaginación. <strong>Paul Groussac</strong> en <em>El viaje intelectual</em> se sorprendía de lo extraño que resultaba que nuestra mente emerja cada día del insensato mundo de los sueños y recobre una relativa cordura. A mí me pasa al revés, me resulta milagroso que nuestra mente emerja del insensato mundo de la realidad y <strong>no quiera quedarse en la “modesta eternidad de los sueños”</strong>. Quizás el truco pase por aprovechar este milagro, tal vez valga la pena intentarlo.</p>
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