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	<title>Martín Simonetta &#187; IPC Congreso</title>
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		<title>Inflación mata competitividad</title>
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		<pubDate>Tue, 05 May 2015 09:14:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Simonetta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El fenómeno inflacionario no sólo golpea el bolsillo del consumidor, sino también afecta fuertemente a la competitividad de las empresas argentinas respecto del mundo. Tomando sólo los últimos doce meses observamos que mientras los precios al consumidor se han incrementado en alrededor de un 30 por ciento (según diversas mediciones privadas como InflaciónVerdadera.com o IPC Congreso), el tipo de cambio oficial sólo se ha incrementado alrededor de un 10 por ciento, pasando de 8,09 a 8,95 pesos por dólar.</p>
<p>Las consecuencias de este proceso de alta inflación con una variación no proporcional  del tipo de cambio oficial se aprecian –incluso- en los mismísimos datos del INDEC que confirman que <strong>durante los primeros tres meses del 2015 las exportaciones cayeron 16 por ciento, así como durante todo el año 2014 se redujeron 12 por ciento</strong> (pasando de 81,66 mil millones de dólares el año pasado a 71,93 mil millones del 2013).<span id="more-74"></span></p>
<p>La asfixiante presión inflacionaria se traduce en una pérdida de competitividad internacional, encareciéndonos respecto de los competidores internacionales. Utilizando una conocida metáfora, podemos decir que <strong>la consecuencia de que los costos de producción suban por el ascensor y el tipo de cambio oficial por una lenta escalera se traduce en una enorme presión que se verifica en la caída de las exportaciones argentinas.</strong> Y como sabemos, las importaciones no se incrementan en proporción a la baja real del tipo de cambio como consecuencia de medidas restrictivas, tales como las DJAI (Declaración Jurada Anticipada de Importación).</p>
<p>De más está decir que <strong>las devaluaciones recurrentes no son la solución ni tienen nada que ver con una economía estable, previsible y atractiva</strong>, en la cual se puedan realizar planes de largo plazo. En consecuencia, es clave reconocer y frenar una inflación que golpea la competitividad empresarial, motor del crecimiento económico y de la mejora de los indicadores sociales.</p>
<p>Las pérdidas de competitividad -consecuencia de una elevada inflación- parecen ser recurrentes en la historia económica argentina y antesala de las llamadas “devaluaciones competitivas”, orientadas a licuar este “costo argentino”. El reconocimiento y la acción para limitar el gasto público deficitario y reducir los niveles inflacionarios serían medidas necesarias para terminar con este negativa suba generalizada de precios, atraso cambiario, pérdida de competitividad, y el eterno retorno de la devaluación como herramienta de política arraigada en la Argentina. El fallecido economista <strong>Mancur Olson estudió en profundidad este proceso por el cual las sociedades sufren la “acumulación de coaliciones redistributivas” -de baja productividad económica pero alto poder político</strong>- las cuales se van enquistando, preservándose y creciendo. A partir de ello, explica su teoría sobre el auge y la decadencia de las naciones. Dinámicas como la vernácula inflación-devaluación se explican en este contexto.</p>
<p>La actual situación que vive la economía argentina genera tensiones que quedarán como herencia para el próximo gobierno, el cual deberá pagar el costo político de las medidas u omisiones actuales.</p>
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		<title>Mentira estadística y pobreza</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2015 08:51:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Simonetta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Banco Mundial]]></category>
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		<description><![CDATA[El Indec midió por última vez  la pobreza en Argentina el primer semestre del 2013. La falta de datos claros sobre un tema tan relevante –tanto en términos económicos como sociales- ha despertado un debate en torno a cuál es la verdad de la cuestión, y nos lleva a preguntar si aquello que no se... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-simonetta/2015/04/08/mentira-estadistica-y-pobreza/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div><strong>El Indec midió por última vez  la pobreza en Argentina el primer semestre del 2013</strong>. La falta de datos claros sobre un tema tan relevante –tanto en términos económicos como sociales- ha despertado un debate en torno a cuál es la verdad de la cuestión, y nos lleva a preguntar si aquello que no se mide, no se ve y, en consecuencia, no existe.</div>
<div></div>
<div>El político británico <strong>Benjamín Disraeli señalaba que hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas,</strong> en referencia a los riesgos que pueden existir detrás de números manipulados y no creíbles. En este sentido, la caída de la confiabilidad de un organismo público otrora prestigioso, como es el caso del Indec, así como las numerosas manifestaciones de sus ex funcionarios al respecto, son por demás elocuentes.</div>
<div></div>
<div><b>¿Cuánto hay que ganar para no ser pobre?<span id="more-62"></span></b></div>
<div></div>
<div>La dinámica inflacionaria –negada en las mediciones oficiales- golpea fuertemente el poder de compra del salario, especialmente en un marco de firmes niveles de informalidad como la que caracteriza a nuestro país. <strong>Un reciente estudio de FIEL estimó que –en febrero 2015- una familia tipo precisaba 5.857 pesos para no caer en la pobreza</strong> y 3.222 para no caer en la indigencia.</div>
<div></div>
<div>Desde el gobierno se reitera que la pobreza disminuyó fuertemente entre 2003 y 2013, pasando de afectar a un 54% de las personas a sólo un 4,7% y mientras que la indigencia se redujo a apenas 1,4% de la población, según el último dato oficial disponible. En tanto otras mediciones, como la de la <strong>Universidad Católica Argentina</strong> (UCA) muestran una realidad diferente según la cual uno de cada cuatro argentinos es pobre. Incluso recientemente el Banco Mundial publicó el estudio titulado <i>“Los olvidados: pobreza crónica en América Latina y el Caribe” </i>(<strong>Banco Mundial, 2015) que señala que la pobreza golpearía a un 15% de la población argentina,</strong>  lo cual representa <strong>el triple de la cantidad de pobres reconocidos por el Indec en su última medición.</strong></div>
<div></div>
<div>El tema de fondo es cuánto dinero es necesario para no ser pobre en Argentina y, en un contexto de elevados niveles inflacionarios que carcomen el poder de compra de la ciudadanía (27% según InflaciónVerdadera.com y 31,43% según el IPC Congreso), la velocidad de esta dinámica hace que sean altamente cambiantes los montos requeridos para acceder a la “canasta básica”, para no caer en la “pobreza” o la “indigencia”. Más aún si sumamos el hecho de que <strong>uno de cada tres argentinos se emplea en un contexto informal</strong> y que –si agregamos a los trabajadores autónomos informales a tal medición- uno de cada dos ciudadanos trabajaría “en negro”.</div>
<div></div>
<div>La ausencia de datos fiables mina la credibilidad de la información oficial. Esto lo observamos no sólo en lo referente a la medición de pobreza, indigencia y canasta básica, sino también es otros indicadores como inflación, nivel de actividad, valor de la moneda extranjera, etcétera.</div>
<div></div>
<div>Sin dudas,<strong> el reconocimiento de la existencia de un problema sería el primer paso necesario para encaminar su solución. </strong></div>
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