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	<title>Martín Burgos &#187; Estados Unidos</title>
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		<title>Nuestro lugar en el mundo</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Sep 2013 03:35:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Burgos</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La preocupación de los ciudadanos acerca del lugar que tiene Argentina en el mundo es un reflejo normal, dado que las opiniones de muchos especialistas insisten sobre esa cuestión. Los más memoriosos recordarán que <strong>se decía en el 2002 que “nos caímos del mapa”</strong>. Pero seguir con ese latiguillo hoy en día no tiene asidero y es meramente retórico, como lo mostraremos a continuación.</p>
<p>¿<strong>En qué lugar del ranking de potencias económicas se encuentra Argentina</strong>? El lector puede pensar un número antes de conocer la respuesta, y seguramente podrá verificar si es un “optimista” o un “pesimista”, si está bien informado o mal informado, acerca de la situación actual de la Argentina. Existen muchas maneras de medir la “riqueza de las naciones”: algunas hacen más hincapié en la distribución de la riqueza, otras en la infraestructura, incluso las más novedosas toman en cuenta indicadores ecológicos. Sin embargo nos parece más adecuado volver al<strong> ranking por PBI, en el cual el número 1 es Estados Unidos y el número 2 es China</strong>. Ese ranking es el que, al fin y al cabo, permite <strong>sentarse en determinadas mesas</strong> de negociaciones a nivel mundial, ser parte de las grandes decisiones a nivel mundial, es decir: tener un lugar relevante y reconocido como tal por sus pares.</p>
<p>Los datos del <strong>Banco Mundial</strong> nos muestran que la evolución de nuestro país en el ranking por PBI fue decreciendo desde los años 60 y hoy se ubica en el <strong>puesto Nº 21</strong>, medido por paridad de poder adquisitivo. Esto nos ubica detrás de las principales potencias (Estados Unidos, Alemania, Japón), los grande países continentales (China, India, Rusia, Brasil, México), los “clásicos” (Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá, Australia) y los “nuevos ricos” (Corea del Sur, Taiwán, España).</p>
<p>Argentina se encuentra en un pelotón <strong>junto a Polonia, Países Bajos, Arabia Saudita, Indonesia, Turquía, Irán, Tailandia y Sudáfrica,</strong> que pelean por entrar en el “Top 20” mundial. Para los que estamos atentos a lo que ocurre en la economía mundial, estos datos no son sorprendentes y eso <strong>explica por ejemplo que Argentina sea parte del G-20</strong> (en el cual la Unión Europea va como un todo), o que <strong>tenga tanta impronta en la ONU</strong> (como presidente del G-77).</p>
<p>¿En qué puesto nos encontrábamos <strong>en 1962?</strong> En el <strong>9º puesto</strong> de ese ranking, que no computaba por aquel entonces a la Unión Soviética. Luego de la década de mayor crecimiento de la posguerra, en 1974, Argentina estaba en la posición nº 14, siendo superada por Alemania, Brasil, Australia, España y Países Bajos. La dictadura militar, sin dudas el período más nefasto tanto en lo económico como en lo político, nos dejó<strong> en 1982 en el puesto Nº 21,</strong> siendo superados por México, Arabia Saudita, Irán, Suecia, Suiza, Bélgica e Indonesia. <strong>En 1996,</strong> en lo mejor de la Convertibilidad, la posición de Argentina seguía en el <strong>puesto Nº 20</strong>. En 2003, cuando arranca el kirchnerismo, nuestro país ocupaba el <strong>puesto Nº 35</strong> en el ranking mundial. Desde 2007, cuando empezó la crisis mundial, superamos a países como Austria, Dinamarca, Sudáfrica y Grecia.</p>
<p>Entonces, lejos de las profecías derrotistas, Argentina se encuentra <strong>más cerca de entrar en el círculo privilegiado del “Top 20”</strong> que del “infierno” que vivimos con la devaluación del 2002, y en el que están por caer varios países europeos. Para eso es necesario lograr <strong>10 años más de crecimiento</strong> económico, aunque no solo eso: también debemos seguir mejorando la distribución del ingreso, continuar invirtiendo en infraestructura, y lograr un equilibrio entre desarrollo y ecología. Solo de ese modo el logro de mejoras económicas tendrá un sentido para la población.</p>
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		<title>La soja y el triángulo económico del Pacífico</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Aug 2013 14:22:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Burgos</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos analistas consideran que<strong> la relación comercial entre China y Argentina es desigual</strong> y que el fundamento de esa desigualdad es nuestra<strong> dependencia respecto de las exportaciones de soja</strong>, tanto en precio como en cantidad –dado que <strong>se exporta a China la mitad de la soja cosechada</strong>. Al conocido patrón de comercio que se está consolidando entre Argentina y China, queremos agregarle un actor muy importante en esa relación, que es <strong>Estados</strong> <strong>Unidos</strong>.</p>
<p>La principal potencia mundial es a la vez<strong> uno de los 3 grandes exportadores de soja</strong>, junto a <strong>Brasil</strong> y Argentina. Es tan así que desde 2009, <strong>el principal producto que le exporta Estados Unidos a China es el poroto de soja</strong>: mientras en 2001 la soja representaba 3% de las exportaciones totales de Estados Unidos a China, a partir de 2009 empezó a representar alrededor de 10%.  Al revés, las exportaciones de “circuitos integrados y &#8220;microestructuras electrónicas” bajaron en el mismo período de 10% a 3%.</p>
<p><span id="more-10"></span>Estos datos, sorprendentes, marcan una reversión de las ventajas relativas cuyas causas podrían ubicarse en las mejora de los términos de intercambio para los productos alimenticios que se produjo en la última década.<strong> Este fenómeno convierte a la soja en uno de los sectores claves de la relación entre las dos principales potencias mundiales del siglo XXI con claras implicancias en las economías de Brasil y Argentina.</strong></p>
<p>Pero la presencia de Estados Unidos también está implícita por otras razones: por un lado las técnicas de producción de la soja son originarias de Estados Unidos. Muchos insumos –como el <strong>glifosato</strong> y los <strong>plaguicidas</strong> en general– fueron <strong>patentados y son producidos por empresas estadounidenses,</strong> que en los casos más conocidos –como <strong>Monsanto–</strong> instalaron importantes plantas en Brasil y Argentina.</p>
<p>Por otro lado, la relación también es implícita en tanto Estados Unidos mantiene una fuerte influencia en los precios internacionales de los alimentos a través de políticas concretas –como la promoción de los agro-carburantes, los subsidios que otorga a su producción agrícola y la promoción de la reducción de aranceles en los países menos desarrollados a través de la <strong>OMC</strong>.</p>
<p><strong>Incluso podemos adelantar que Estados Unidos tiene mayor influencia que China sobre los precios internacionales</strong>. Esto se puede comprobar con la evolución de los stocks de soja por países en los últimos años y más particularmente durante la última gran alza del precio en 2008. Como lo vemos en el cuadro a continuación<strong>, los stocks de Estados Unidos son los que más caen a partir de 2006</strong>: 64% en la campaña 2007/2008 respecto del año anterior y 47% en 2008/2009. Con estos datos podemos apreciar que Estados Unidos explica la totalidad de la caída del stock mundial de 2007 (10 millones de toneladas), mientras que Argentina y Brasil explican la totalidad de la caída del stock mundial de 2008 (9 millones de toneladas).</p>
<p>En contraposición,<strong> los stocks de China son anti-cíclicos a fin de moderar las alzas de precios</strong>. Así es como sus stock aumentan de 2,7 millones de toneladas a 7,5 durante el lapso 2007-2009. Pero su dependencia cuantitativa respecto de la soja obliga al gigante asiático a importar cuando los precios internacionales se elevan. En otras palabras, pareciera que las compras de China no provocan el ciclo alcista sino que son consecuencia de este.</p>
<p><strong>La forma que toma esta relación pareciera ser provechosa para Argentina y para Brasil </strong>dado que<strong> los mejores precios que impone Estados Unidos les permiten conseguir las divisas necesarias para su crecimiento económico y para enfrentar la restricción externa</strong>. A su vez, los precios industriales deprimidos por efecto de los <strong>bajos costos de producción en China</strong> redundan en una mejora de los términos del intercambio, tanto por aumento de sus precios de sus exportaciones como por reducción de sus precios de importación. La faceta negativa de este nuevo contexto es el efecto de primarización sobre las economías (llamado “<strong>enfermedad holandesa</strong>”), además de la configuración de un monocultivo con impactos sociales y ambientales de alcances riesgosos. En efecto, <strong>el desplazamiento de cultivos con menor rentabilidad</strong> pero que son necesarios para el consumo interno no sólo obliga a un aumento en los precios y una mayor inflación, sino que implica el<strong> éxodo de poblaciones campesinas hacia las ciudades.</strong></p>
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