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	<title>Martín Burgos &#187; Brasil</title>
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		<title>La soja y el triángulo económico del Pacífico</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Aug 2013 14:22:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Burgos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Muchos analistas consideran que la relación comercial entre China y Argentina es desigual y que el fundamento de esa desigualdad es nuestra dependencia respecto de las exportaciones de soja, tanto en precio como en cantidad –dado que se exporta a China la mitad de la soja cosechada. Al conocido patrón de comercio que se está consolidando... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-burgos/2013/08/12/la-soja-y-el-triangulo-economico-del-pacifico/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos analistas consideran que<strong> la relación comercial entre China y Argentina es desigual</strong> y que el fundamento de esa desigualdad es nuestra<strong> dependencia respecto de las exportaciones de soja</strong>, tanto en precio como en cantidad –dado que <strong>se exporta a China la mitad de la soja cosechada</strong>. Al conocido patrón de comercio que se está consolidando entre Argentina y China, queremos agregarle un actor muy importante en esa relación, que es <strong>Estados</strong> <strong>Unidos</strong>.</p>
<p>La principal potencia mundial es a la vez<strong> uno de los 3 grandes exportadores de soja</strong>, junto a <strong>Brasil</strong> y Argentina. Es tan así que desde 2009, <strong>el principal producto que le exporta Estados Unidos a China es el poroto de soja</strong>: mientras en 2001 la soja representaba 3% de las exportaciones totales de Estados Unidos a China, a partir de 2009 empezó a representar alrededor de 10%.  Al revés, las exportaciones de “circuitos integrados y &#8220;microestructuras electrónicas” bajaron en el mismo período de 10% a 3%.</p>
<p><span id="more-10"></span>Estos datos, sorprendentes, marcan una reversión de las ventajas relativas cuyas causas podrían ubicarse en las mejora de los términos de intercambio para los productos alimenticios que se produjo en la última década.<strong> Este fenómeno convierte a la soja en uno de los sectores claves de la relación entre las dos principales potencias mundiales del siglo XXI con claras implicancias en las economías de Brasil y Argentina.</strong></p>
<p>Pero la presencia de Estados Unidos también está implícita por otras razones: por un lado las técnicas de producción de la soja son originarias de Estados Unidos. Muchos insumos –como el <strong>glifosato</strong> y los <strong>plaguicidas</strong> en general– fueron <strong>patentados y son producidos por empresas estadounidenses,</strong> que en los casos más conocidos –como <strong>Monsanto–</strong> instalaron importantes plantas en Brasil y Argentina.</p>
<p>Por otro lado, la relación también es implícita en tanto Estados Unidos mantiene una fuerte influencia en los precios internacionales de los alimentos a través de políticas concretas –como la promoción de los agro-carburantes, los subsidios que otorga a su producción agrícola y la promoción de la reducción de aranceles en los países menos desarrollados a través de la <strong>OMC</strong>.</p>
<p><strong>Incluso podemos adelantar que Estados Unidos tiene mayor influencia que China sobre los precios internacionales</strong>. Esto se puede comprobar con la evolución de los stocks de soja por países en los últimos años y más particularmente durante la última gran alza del precio en 2008. Como lo vemos en el cuadro a continuación<strong>, los stocks de Estados Unidos son los que más caen a partir de 2006</strong>: 64% en la campaña 2007/2008 respecto del año anterior y 47% en 2008/2009. Con estos datos podemos apreciar que Estados Unidos explica la totalidad de la caída del stock mundial de 2007 (10 millones de toneladas), mientras que Argentina y Brasil explican la totalidad de la caída del stock mundial de 2008 (9 millones de toneladas).</p>
<p>En contraposición,<strong> los stocks de China son anti-cíclicos a fin de moderar las alzas de precios</strong>. Así es como sus stock aumentan de 2,7 millones de toneladas a 7,5 durante el lapso 2007-2009. Pero su dependencia cuantitativa respecto de la soja obliga al gigante asiático a importar cuando los precios internacionales se elevan. En otras palabras, pareciera que las compras de China no provocan el ciclo alcista sino que son consecuencia de este.</p>
<p><strong>La forma que toma esta relación pareciera ser provechosa para Argentina y para Brasil </strong>dado que<strong> los mejores precios que impone Estados Unidos les permiten conseguir las divisas necesarias para su crecimiento económico y para enfrentar la restricción externa</strong>. A su vez, los precios industriales deprimidos por efecto de los <strong>bajos costos de producción en China</strong> redundan en una mejora de los términos del intercambio, tanto por aumento de sus precios de sus exportaciones como por reducción de sus precios de importación. La faceta negativa de este nuevo contexto es el efecto de primarización sobre las economías (llamado “<strong>enfermedad holandesa</strong>”), además de la configuración de un monocultivo con impactos sociales y ambientales de alcances riesgosos. En efecto, <strong>el desplazamiento de cultivos con menor rentabilidad</strong> pero que son necesarios para el consumo interno no sólo obliga a un aumento en los precios y una mayor inflación, sino que implica el<strong> éxodo de poblaciones campesinas hacia las ciudades.</strong></p>
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		<title>La ciudad endeudada y sus fantasmas</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jul 2013 04:38:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Martín Burgos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una de las lecciones del colapso neoliberal del 2001 es que la deuda externa es un tema central de la política económica. El peso de la deuda externa puede convertirse rápidamente en un problema insoluble, y requerir para el pago de sus intereses esfuerzos económicos de la población con impacto social negativo en el empleo... <a href="http://opinion.infobae.com/martin-burgos/2013/07/22/la-ciudad-endeudada-y-sus-fantasmas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Una de las lecciones del colapso neoliberal del 2001 es que la <strong>deuda externa</strong> es un tema central de la política económica. El peso de la deuda externa puede convertirse rápidamente en un problema insoluble, y requerir para el pago de sus intereses esfuerzos económicos de la población con impacto social negativo en el empleo y el salario.</p>
<p>Esta lección está presente cuando se analiza la información de países como <strong>Grecia, España, Italia</strong>, que entran en recesión por el creciente pago de intereses de su abultada deuda. Para enfrentar esas obligaciones, vemos cómo esos gobiernos realizan políticas de ajustes mediante reducción de salarios públicos, vemos cómo crece el desempleo, vemos cómo se profundiza la crisis cuyo epílogo intuimos.</p>
<p>Desde 2003 el gobierno nacional -así como varios gobiernos de los países emergentes como <strong>Brasil o Rusia</strong>- llevó a cabo una política de <strong>desendeudamiento</strong> y de independencia respecto de los organismos como el <strong>Fondo Monetario Internacional</strong>, políticas que fueron fundamentales para la estabilidad y el crecimiento económico.</p>
<p>Al revés de esa tendencia, el Gobierno de la <strong>Ciudad de Buenos Aires</strong> se destaca y no por buen alumno: eligió endeudarse hasta niveles desconocidos desde la constitución de la ciudad autónoma en 1996.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-6" alt="Stock-de-deuda" src="http://opinion.infobae.com/martin-burgos/files/2013/07/Stock-de-deuda.jpg" width="642" height="413" /></p>
<p>La comparación entre la política de deuda llevada a cabo por el Estado nacional y la Ciudad de Buenos Aires dan cuenta de la existencia de diferencias conceptuales profundas entre ambas administraciones. A nivel nacional, la deuda representaba 166% del Producto Interno Bruto en diciembre de 2002, 56% en diciembre de 2007 y 41% en junio de 2012, fruto de la política de desendeudamiento. Además de disminuir el stock de deuda respecto del tamaño de la economía, ésta implicó <strong>cambios significativos en la composición de los acreedores</strong>. Los tenedores privados perdieron peso y la deuda del Estado nacional con este sector disminuyó en la actualidad al 13,8% del PIB, cuando en 2002 era del 105% del PIB. <strong>Hoy gran parte de la deuda del sector público se encuentra en manos de organismos del Estado lo que reduce el riesgo de renovación y permite no tener que endeudarse a las tasas exigidas por el mercado</strong>.</p>
<p>A contramano, <strong>la Ciudad de Buenos Aires viene incrementando su endeudamiento</strong>, subiendo en términos nominales un 124% entre 2007-2012 (cuando en Nación el incremento fue del 26% en igual período). Esto implica un incremento en términos de su producto bruto geográfico del 40% hasta 2010.</p>
<p>El porcentaje de la deuda contraída con organismos internacionales también muestra diferencias entre ambas gestiones. Mientras los organismos representan el 10% de la deuda de la Nación, <strong>en la Ciudad el porcentaje es del 19% sin tendencia a disminuir.</strong></p>
<p>Por su parte, otro aspecto donde se ven diferencias relevantes es en la composición de monedas en que está contraída la deuda. En la Nación en junio de 2012 el 61% de la deuda se encontraba en moneda extranjera  (en su mayoría en dólares estadounidenses), cuando en 2002 era superior al 90%, siendo este otro de los aspectos positivos de la política de desendeudamiento. Por el contrario en la Ciudad la deuda en moneda extranjera pasó de representar el 60% en 2007 al 90% en 2011, tornando la situación financiera de la Ciudad más vulnerable al contexto internacional y una variación en el tipo de cambio.</p>
<p>En estas circunstancias, el candidato a diputados de la ciudad por el PRO <strong>Federico Sturzenegger</strong> afirma que una <strong>devaluación</strong> del 40% sería necesaria para solucionar los problemas del país. Si bien esta afirmación es muy discutible, lo cierto es que, en base a los datos oficiales de la Ciudad de Buenos Aires, significaría un incremento de la deuda de la ciudad en la misma proporción si la valuamos en pesos. La historia de tomar deuda en dólares en un país que cobra sus impuestos en pesos ya es conocida: el propio presidente del Banco Ciudad la conoce porque él fue viceministro de Economía de la Alianza hasta el 20 de noviembre de 2001.</p>
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