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	<title>María Zaldívar &#187; radicalismo</title>
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		<title>El diálogo postergado</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Oct 2015 03:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La ciudadanía habla, no muy seguido, pero habla. El domingo habló. Y a los dirigentes políticos que le ofrecieron como plato único la oposición dividida les dijo “no”. Cuando el temor a la continuidad del kirchnerismo ganaba la calle, el debate giró en torno a adoptar o no el modelo venezolano de unidad en la diversidad con la mirada puesta en sumar para hacer frente al adversario común. Mauricio Macri, entonces, apuró un entendimiento con Elisa Carrió y con un sector del radicalismo y entre ellos optaron por cerrar allí las posibilidades.</p>
<p>Mientras tanto, el peronismo desencantado con el estilo autoritario de Cristina y los suyos crecía, y encontró en Sergio Massa un referente. Su desprendimiento del kirchnerismo, hace apenas algo más de dos años, se inauguró con un contundente apoyo popular en las urnas que dio por tierra con las ilusiones reeleccionistas de la Presidente. Ese día, Sergio Massa se constituyó en el principal enemigo político del Gobierno por aquello de que “No hay peor astilla que la del mismo palo”. <b>Hoy, tras las elecciones del domingo pasado, mientras clausura toda posibilidad de entendimiento con Daniel Scioli, confirma su decisión de terminar con el kirchnerismo y se erige en la llave para su concreción</b>. Porque a pesar de la euforia que reina entre la militancia y los simpatizantes de Cambiemos, aún falta.</p>
<p>En un escenario de peronismo y antiperonismo creciente, en el que se venía exacerbando un enfrentamiento explícito en la sociedad revoleándose culpas mutuas, el ex intendente de Tigre creó un espacio para esos muchos que las dos principales fuerzas políticas en existencia expulsaban. Una porque exige militancia de alfombra, la otra porque sobreactúa una pureza interna que implica numerosas exclusiones.<span id="more-80"></span></p>
<p>Massa propuso competir en la interna abierta de agosto en igualdad de condiciones con Mauricio Macri, Elisa Carrió y Ernesto Sanz y que los votantes decidieran los liderazgos. Los motivos que hacían lógico el ofrecimiento eran varios: ya habían sido socios con el PRO en una elección anterior y todos transitaban el andarivel del rechazo al kirchnerismo. La flamante alianza Cambiemos se negó. Tal vez habrán soñado en silencio, como el kirchnerismo, con neutralizarlo. Pero Massa se quedó. Y sus votantes con él.</p>
<p><b>Sigue sin explicación por qué el radicalismo y el PRO, que alientan y apoyan la unidad de la oposición en Venezuela, la rechazaron en nuestro país</b>. Esa decisión dividió el voto no K y puso al país en la disyuntiva de elegir y, ante el riesgo, no del todo ahuyentado, de más kirchnerismo.</p>
<p>Pero el domingo 25, en las urnas, el ciudadano con su voto dinamitó aquella estrategia elegida por Cambiemos, que impuso a la sociedad tras un acuerdo de dirigentes. Hoy debe reconocer la existencia de las cinco millones de personas que siguen reclamando el diálogo.</p>
<p>Claro que este diálogo que se abre contrarreloj va a sonar infinitamente menos auténtico que si hubiese sido voluntario. No lo será: Mauricio Macri hoy está obligado a atender el reclamo, no de Sergio Massa, sino de esos votantes, porque se lo imponen los acontecimientos. La derrota del kirchnerismo en el ballotage del 22 de noviembre depende de eso.</p>
<p>Es posible que se logre acercar posiciones y el objetivo de máxima, esto es, jubilar al régimen, finalmente se alcance. Pero esta negociación de apuro y a desgano será muchísimo menos fructífera que una voluntaria.</p>
<p>Preocupa entender por qué se la rechazó de entrada. Y preocupa cuánto de oportunista tenga este novedoso acercamiento. La dirigencia política tiene que distinguir la diferencia entre sus preferencias personales y las responsabilidades políticas del liderazgo.</p>
<p>Que Cambiemos no haya visto el caudal de gente que quería la unidad frente a la amenaza preocupa. Se trataría de un enorme error de diagnóstico, aunque es preferible creer que se equivocó a que lo detectó y aun así eligió ignorarlo.</p>
<p>Son preguntas que merecerían respuestas, pero, casi como destino, la Argentina vuelve a correr tras lo urgente postergando lo importante. Ahora es el tiempo de buscar entendimientos, de sumar y, finalmente, de hacer lo que no se hizo: dialogar, porque de lo otro ya tuvimos de sobra.</p>
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		<title>Los errores de Cambiemos</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2015 03:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los argentinos no aprendemos más. Cuando Néstor Kirchner resultó el elegido de Eduardo Duhalde y Carlos Menem se alzaba como su principal amenaza, el oficialismo fogoneó al tercero, Ricardo López Murphy, y lo arrastró a confrontar de lleno con Menem. La estrategia era neutralizar a su auténtico adversario y obligarlo a un desgaste innecesario. En... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/09/30/batir-al-kirchnerismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los argentinos no aprendemos más. Cuando Néstor Kirchner resultó el elegido de Eduardo Duhalde y Carlos Menem se alzaba como su principal amenaza, el oficialismo fogoneó al tercero, Ricardo López Murphy, y lo arrastró a confrontar de lleno con Menem. La estrategia era neutralizar a su auténtico adversario y obligarlo a un desgaste innecesario. En ese momento, López Murphy entró en el juego que solo le convenía a Kirchner.<b> Trece años después, el kirchnerismo repite la receta y la oposición vuelve a caer en la misma trampa. El Gobierno entero le mete fichas a Cambiemos y, mientras los seguidores de Mauricio Macri se entretienen descalificando a Sergio Massa acusándolo de todo tipo de componendas, el kirchnerismo consolida la continuidad.</b></p>
<p>Alguien debería decirles que el adversario a batir no es él, sino el modelo encarnado en las figuras de los elegidos Daniel Scioli y Carlos Zannini. En esa dirección tendrían que estar concentrados los esfuerzos de Cambiemos y, como complemento, reconociendo la responsabilidad de ser la segunda fuerza, encabezar un acercamiento a todos los sectores que compartan el objetivo de no tener más kirchnerismo, al menos, al frente del Ejecutivo nacional.</p>
<p>Sin embargo, los últimos días de campaña no parecen llevar esa dirección. No tanto los voceros oficiales del macrismo, pero sí los contratados, y mucho más los oficiosos, repiten, con y sin convicción, que el affaire Niembro y el amesetamiento de Cambiemos son operaciones políticas en su contra, mientras políticos allegados, de profesión funcionarios y de tan largo como sinuoso recorrido, siembran dudas sobre la existencia de un acuerdo entre Massa y el kirchnerismo.<span id="more-73"></span></p>
<p>Este episodio, por absurdo, se parece al pacto militar-sindical denunciado por Raúl Alfonsín meses antes de la elección de 1983. Burdo aquello y burdo esto, sin embargo, no faltaron adeptos para ambos rumores. <b>La Argentina manifiesta cierta inclinación, algo patológica, por las teorías conspirativas. </b>Pareciera más afecta a los relatos que a la realidad: Compraron el de Alfonsín (“Con la democracia se come, se cura y se educa”), compraron el de Menem (“La revolución productiva”) y compraron el de Kirchner&amp;Kirchner (“Minga con el Fondo”).</p>
<p><b>Lo cierto es que, mientras tanto, el kirchnerismo sigue adelante con su plan de continuar en el ejercicio del poder. Y está cerca de conseguirlo</b>. Ellos saben que los recientes escándalos denunciados en ocasión de las elecciones provinciales en Tucumán, por ejemplo, no les restan votos: Quienes los señalan por tamañas salvajadas no son sus votantes, son, por el contrario, los mismos que se indignan por la corrupción, ya ni siquiera encubierta, que envuelve a la mayoría de los funcionarios, y son también los que denuncian hace años la distorsión de los números de la economía. Tampoco son votantes K los que objetan la familiaridad, por no decir la simpatía o la connivencia, del oficialismo con el narcotráfico y el lavado de dinero.</p>
<p>Ninguno de ellos vota el Frente para la Victoria, que, cabe recordar, se levantó con 40 puntos en las PASO de la provincia de Buenos Aires aún en medio de la inundación. La gente que “arreglan” con un bolsón o una bolsita de provisiones, con un par de billetes o con un subsidio no está preocupada por quién va a reemplazar al doctor Carlos Fayt en la Corte Suprema. Muchos de ellos ni siquiera saben que existe la Corte Suprema y menos aún su significado institucional. Esos millones están preocupados por comer y por reponer el colchón que se llevó la tormenta esa noche en que Daniel Scioli viajaba a Italia en compañía de Karina y un grupo de amigos.</p>
<p>Frente a ese escenario, agotar la expectativa propia en que se caiga el voto oficialista es jugar con fuego. Ya se vio en Tucumán y en Chaco de lo que son capaces los K cuando de ganar y retener se trata. En el deporte, los mejores directores técnicos señalan que la victoria se persigue perfeccionando el equipo, achicando las debilidades y fortaleciéndose para adentro más que especulando con los errores del contrincante.</p>
<p>El problema de los proyectos sin demasiado contenido es que hay que comprarlos a libro cerrado. Por la cara. <b>Eso fue Cambiemos: un eslogan y la suma de muchas almas con más buena voluntad que definiciones. Hoy hasta se duda de su íntima decisión de batir al kirchnerismo. El PRO puede aducir falta de experiencia política, pero ¿cómo se le perdona tamaño error al radicalismo? </b>Es imposible olvidar que se trata de personajes repetidos del escenario político nacional que necesitaban del partido joven para sobrevivir y que lo empujaron a decidir cerrarse en un mundo que da muestras permanentes de que el progreso viene de la mano de la diversidad, el diálogo y la complementación.</p>
<p>No se le pase, entonces, la factura entera de la probable derrota del 61,6 % de la población a la trilogía Macri, Marcos Peña y Durán Barba, aunque en un principio, bajo la obsesión de un purismo más deseado que real, el PRO pretendió ser cabeza de ratón y también cola de león del acuerdo sellado con el radicalismo tras la convención partidaria de Gualeguaychú. Cada uno de los que se opusieron a una interna amplia con participación todos los sectores opuestos al kirchnerismo tiene que hacerse cargo hoy de su cuota-parte de responsabilidad en las consecuencias.</p>
<p>Distintos dirigentes del PRO se han cansado de comparar el proceso político argentino con el de Venezuela y viajan desde hace varios años de manera sistemática a apoyar a Henrique Capriles, el emergente de la gran coalición que intenta horadar el poder omnímodo del chavismo, acompañan sus reclamos y participan de sus marchas a pesar de las diferencias conceptuales que mantienen los aliados entre sí, pero reconociendo que el objetivo primordial es terminar con un régimen que de democrático tiene poco y de republicano menos. Sin embargo, no replican esa conducta en la Argentina. <b>Hay que concluir, entonces, que el objetivo primordial del macrismo y del radicalismo no es remover al kirchnerismo del poder</b>. Es válido, pero tal vez sea hora de meditar cuáles son las prioridades políticas de Cambiemos.</p>
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		<title>La burbuja</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Apr 2015 08:55:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Argentina es un país raro y caprichoso como un adolescente, con cambios de humor súbitos y contradictorios. Tras exprimir las ventajas de la década menemista, adoptó una pose de estudiada repulsión a los &#8217;90. Al margen de la cuota de hipocresía que conlleva el hecho, es de celebrar el &#8220;No a los &#8217;90&#8243; porque... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/04/07/5/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La Argentina es un país raro y caprichoso como un adolescente, con cambios de humor súbitos y contradictorios. <strong>Tras exprimir las ventajas de la década menemista, adoptó una pose de estudiada repulsión a los &#8217;90</strong>. Al margen de la cuota de hipocresía que conlleva el hecho, es de celebrar el &#8220;No a los &#8217;90&#8243; porque se trata de una década, en términos institucionales, olvidable. Siempre es bueno que una sociedad rectifique criterios, más aún después de haber acompañado con algarabía impune los desvíos menemistas. Darse cuenta sería un signo de madurez que en este caso, <strong>se neutraliza cuando festeja la vuelta a los &#8217;80. </strong></p>
<p>Porque, en el plano político, también es <strong>una década poco feliz a pesar de la buena prensa que se ha intentado hacer sobre la figura de Raúl Alfonsín</strong>. En un marco de, digamos, evolución ciudadana, cruje el &#8220;Sí alos &#8217;80&#8243;.  Los &#8217;80 o la década radical. Los &#8217;80 de &#8220;Coti&#8221; Nosiglia, Storani y Suárez Lastra, los &#8217;80 de los muchachotes de la Coordinadora y del incendio alfonsinista. Ellos están detrás de la reciente decisión partidaria de apoyar a Mauricio Macri en la elección nacional de este año como estuvieron junto al peronismo de Chacho Alvarez sobre el final del siglo pasado en aquel malhadado engendro que la historia recuerda como “la Alianza”. Los radicales saben que el pacto entre Alfonsín y Menem les permitió obtener la Jefatura de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires para De la Rúa pero les costó el partido. Como fuerza política no se recuperaron más después de aquello y el instinto de conservación los lleva a asociarse, sucesivamente, con quien les provea supervivencia. Primero fue el peronismo díscolo y ahora, &#8220;la nueva derecha&#8221;. La jerga popular describiría el tic como que &#8220;cualquier colectivo los deja bien&#8221;.</p>
<p>Tal vez lo más incomprensible es que los más contentos con el joint venture sean los proístas cuando, en verdad, <strong>es el radicalismo el más beneficiado con este acuerdo de cúpulas.</strong> Ahora los venidos a menos se sentarán con un partido con existencia real y abultado presupuesto a conversar/negociar cargos, candidaturas y espacios. Es de esperar que Mauricio Macri, tan afecto a las encuestas, haya medido el aporte concreto que representará a su candidatura este acercamiento. Porque vaya una reflexión acerca de la fidelidad partidaria. ¿No es otro rasgo enmohecido y más propio de la &#8220;vieja política&#8221; creer que las decisiones de arriba se replican sin chistar, abajo? ¿Estarán sabiendo qué proporción de radicales de alma sobrevive después de esos episodios en que, traicionando sus principios, &#8220;se doblaron pero no se rompieron&#8221;? <strong>¿Cuántos fieles ciegos quedaron después del pacto de Olivos? ¿Cuántos tras el acompañamiento legislativo que prestaron al gobierno, por acción u omisión, a lo largo de la &#8220;década ganada&#8221;?</strong></p>
<p>¿Es aplicable al cálculo de votos, en el Siglo XXI, un acuerdo entre dirigentes? ¿Quedará militancia que vote lo que indican los cuerpos partidarios o esa es una ilusión de otras épocas? ¿No será que votarán por Mauricio Macri los radicales que estaban convencidos de hacerlo, aún antes de la Convención partidaria? ¿No será que no lo votarán quienes no simpatizan con el PRO, aún después de la Convención partidaria?</p>
<p>Sin duda que aquello fue un hecho político de alto impacto pero cabe analizar sus auténticas consecuencias. Hoy hablamos de acercamientos entre una fuerza política que nunca ejerció la democracia interna con otra que hace décadas que no la practica y que, además, tienen de los hechos recientes, versiones disímiles. El acuerdo alcanzado, sea una alianza como la definió Ernesto Sanz o no, según palabras del Jefe de Gobierno porteño, guarda una distancia con el caudal de votos que obtenga, similar a la brecha abierta entre la dirigencia y el ciudadano.</p>
<p>Por eso, es hora de decirle al público cómo funcionan las tan aludidas &#8220;operaciones de prensa&#8221;. <strong>Un &#8220;alguien&#8221; con fundados intereses en que un &#8220;algo&#8221; se instale, paga voceros indirectos. No dice &#8220;voy ganando&#8221; sino que lo hace decir.</strong> El precio de la movida depende de los actores. Cuanto más &#8220;inobjetable&#8221; es la fuente, más cara. En un segundo paso, terceros (inocentes o no) repiten la versión, que empieza a circular, validada porque no proviene del interesado. Y de decir y decir, la especie se instala. De pronto el invento, o el deseo, se convierte enuna verdad que no requiere comprobación y la operación puede considerarse un éxito.</p>
<p><strong>Algo de eso está pasando con las encuestas. Quienes tienen acceso a la adjudicación de  propaganda oficial, o sea a dineros públicos, están poniendo esos recursos a disposición de sus respectivas campañas.</strong> Lo del kirchnerismo es un escándalo sin precedentes, pero no es extraño el uso de la pauta oficial para fines proselitistas en los demás distritos cuyos titulares son también candidatos. La degradación de las formas no reconoce partido. Para el que quiera saber y prefiera no ser engañado, basta observar con detenimiento este dato.</p>
<p>Que Scioli es el candidato del Papa, que Massa se está cayendo en las preferencias o que el macrismo está limpio de peronistas son versiones instaladas de esa forma, que favorecen a alguien y perjudican a alguien. La veracidad de esos comentarios no reclama ser probada porque &#8220;lo dice todo el mundo&#8221; y con eso parece alcanzar. Así funciona.</p>
<p>También surge una ecuación interesante de la mera observación: los proístas más alejados del poder real están subidos al caballo y los que están cerca, lucen cautos. Es la prudencia del ganador, dicen algunos. Es la diferencia entre los que vieron detrás de la cortina y el resto, dicen otros. Habrá que esperar un poco más.</p>
<p>Siguiendo esa lógica y según los últimos planteos, la pelea de fondo estaría entre Macri y Scioli, como quiso siempre el kirchnerismo. Mientras tanto el ciudadano común, ametrallado a rumores, ordena sus prioridades. A la cabeza de sus preocupaciones figura llegar a fin de mes. <strong>Nadie le dice cómo van a levantar el cepo, qué secuelas de esta década golpearán su economía, qué tan decidida será la lucha contra la corrupción, cómo se enfrentará o si se enfrentará la violencia instalada en el país</strong>, dado que miembros de ambas fuerzas, sciolismo y macrismo-radicalismo, colaboraron en la redacción del <strong>abominable proyecto de Código Penal de clara inspiración zaffaroniana</strong> con eje en la perversa doctrina del abolicionismo penal.</p>
<p>Los contendientes, mientras tanto, delinean sus estrategias de campaña, contratan genios del marketing político y  tejen entre ellos, en completa abstracción del deterioro. <strong>Esa Argentina ignorante de su sostenido proceso de decadencia se parece a  &#8221;El Jardín de los Finzi-Contini&#8221;.</strong> Nos plagiamos hasta las desgracias. Y la ignorancia.</p>
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		<title>Los miedos de la Presidente</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Dec 2014 09:59:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este año, el clima de nervios navideños lo aporta el propio gobierno. De entre el abultado cúmulo de medidas que se toman a diario en todos los frentes, los manotazos sobre la Secretaría de Inteligencia es el más alarmante. No porque la sanción de los últimos adefesios legislativos carezcan de relevancia ni porque los personajes... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2014/12/23/los-miedos-de-la-presidente/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Este año, el clima de nervios navideños lo aporta el propio gobierno. De entre el abultado cúmulo de medidas que se toman a diario en todos los frentes, los manotazos sobre la Secretaría de Inteligencia es el más alarmante. No porque la sanción de los últimos adefesios legislativos carezcan de relevancia ni porque los personajes que merodean Balcarce 50 hayan dejado de asustar, sino porque la reciente movida sobre la ex SIDE implica el reconocimiento en voz alta de las graves tensiones internas que padece el  kirchnerismo y el tenor de las mismas.</p>
<p><strong>Cristina es desconfiada por naturaleza y tiene una mirada conspirativa de la vida</strong> que la hace encerrarse entre un puñado de íntimos porque al resto del mundo lo percibe hostil. Su entorno se ha vuelto una especie de calesita donde los despedidos y los reincorporados son siempre los mismos. <strong>El  kirchnerismo es un engendro endogámico</strong> y el costo que paga por no enfrentar esa limitación es cambiar a Alberto Fernández por Parrilli, a Parrilli por Icazuriaga, a Abal Medina por Aníbal Fernandez y a Aníbal por Abal Medina. Los buenos pasan a ser malos y viceversa sin solución de continuidad. En el medio, el país.<span id="more-30"></span></p>
<p>La interna de los espías, mientras tanto, está lejos de ser resuelta. Salvando las distancias, pero si Obama no puede controlar a la CIA, habría que meditar cuáles podrían ser los instrumentos y habilidades de Cristina Kirchner para tener en caja a nuestra agencia de inteligencia. O cuánto hay de relato también en esta movida. Los cercanos dicen que a Cristina no se la puede contradecir y basta con mostrar interés en algún tema para que ella desconfíe de las motivaciones de ese interés. Dicho en criollo, para mantener un diálogo-monólogo cordial con la presidente es necesario “llevarle la corriente”.</p>
<p>¿Cuánto de eso hay en los recientes cambios? <strong>¿Habrán sido hechos para solucionar un tema de enorme sensibilidad o para calmar a la señora?</strong> “Jaime” Stiusso, la piedra del escándalo, llevaba más de cuarenta años en el organismo. Nadie puede soñar con que su predicamento cese con su despido, del mismo modo que nadie puede soñar con que la influencia de Parrilli arranque con su nombramiento.</p>
<p>Pero es un movimiento de pinzas que los íntimos de Cristina Kirchner están pergeñando con la mirada puesta en el fin de su mandato. El ajedrez sobre las tareas de inteligencia del Estado, la confianza depositada en el General Milani, militar de profesión y experto en inteligencia por vocación y el intento de remoción del juez Fayt son las tres patas del miedo presidencial. <strong>Cristina teme por el día después</strong>.</p>
<p>No es casual que el último aporte de Aníbal Fernández como senador haya sido un pedido para evaluar la “capacidad psicofísica” del Dr Fayt, cuando todo el que pasa cerca de la Corte Suprema sabe que el mencionado juez mantiene su despacho al día. Y menos casual es que semejante grosería, obviamente no contemplada en ninguna ley, haya sido tramitada ante la Comisión de Juicio Político. La burda maniobra implica la vía por la que<strong> el oficialismo intenta dejar al máximo tribunal de justicia con tres miembros y forzar una negociación con la oposición.</strong></p>
<p>Acá se abre <strong>otra incógnita: los radicales.</strong> Ya hay más de uno probándose el traje. Los nombres que se barajan están, como corresponde, arriba de la calesita desde hace décadas. Así como algunos de ellos no se privaron de acompañar al kirchnerismo en la comisión redactora del proyecto de reforma del Código Penal, tampoco se niegan hoy a barajar la posibilidad de integrar la Corte.</p>
<p>Por eso, como viene ocurriendo en los últimos años, enero será un mes de enorme importancia institucional. <strong>Porque el oficialismo, mientras el resto de la sociedad se distrae, sigue. Venían por todo y ya les está quedando poco por conquistar</strong>. Claro que, a veces, necesitan de una ayudita externa. <strong>No les saquemos la vista a los que, frente a las cámaras, se indignan con el atropello a la justicia. Otra patraña está en plena cocción. </strong></p>
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