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	<title>María Zaldívar &#187; Kirchnerismo</title>
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		<title>El largo trecho del discurso a la realidad</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Apr 2016 03:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Agustín Rossi]]></category>
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		<description><![CDATA[Carlos Zannini pasó, en pocos meses, de probarse el traje de vicepresidente de la república a ser repudiado a viva voz por distintos públicos. Dos días consecutivos, en la cancha de Boca y dentro de un avión, el ex monje negro de la administración k chocó de frente con la realidad: muchas personas lo desprecian... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2016/04/28/el-largo-trecho-del-discurso-a-la-realidad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Carlos Zannini pasó, en pocos meses, de probarse el traje de vicepresidente de la república a ser repudiado a viva voz por distintos públicos. Dos días consecutivos, en la cancha de Boca y dentro de un avión, el ex monje negro de la administración k chocó de frente con la realidad: muchas personas lo desprecian y se lo hicieron saber.</p>
<p>Esta práctica no es nueva. Tras la finalización del menemismo, ocurrieron episodios similares que tuvieron como protagonistas a varios de sus capitostes. Desde el propio Carlos Menem hasta Domingo Cavallo sufrieron el repudio social en vivo y en directo, o el juez Jorge Urso y también Jorge Asís, que debió refugiarse en el hall de un edificio cercano al local donde degustaba un café para librarse de los vecinos indignados que lo increpaban por haber sido parte de una administración considerada moralmente inaceptable.</p>
<p>Ahora parecería ser el turno del kirchnerismo, aunque no es del todo así. El rencor con ellos no es reciente, sólo que el estilo que cultivaron de blindarse al contacto con la gente mientras eran funcionarios los hizo inaccesibles, pero la disconformidad que generaban era creciente y afloró en cada oportunidad posible. Hace algunos años, el entonces ministro Axel Kicillof atravesó por un episodio similar al de Zannini en el ferry que hace el trayecto Buenos Aires-Montevideo. Antes de eso, el entonces presidente de la Cámara Baja, el ultrakirchnerista Agustín Rossi, fue abucheado en Santa Fe, la provincia de la que es oriundo. <b>En todos los casos el reclamo fue el mismo: la desinteligencia entre el discurso que consumían y la vida que llevaban.<span id="more-106"></span></b></p>
<p>Lo curioso es la reacción que estos hechos provocaron en amplios sectores de la sociedad, en especial, entre periodistas y políticos. Todos coincidieron en la condena al escrache, que rápidamente se transformó en un paraguas de corrección del que ninguno quiso quedar afuera y que delata una mezcla de hipocresía con ignorancia.</p>
<p>Confundir los episodios mencionados, todos espontáneos, con el mecanismo del escrache indica un profundo desconocimiento de la historia. Y decirles fascistas, como se ha escuchado y leído, a quienes repudiaron a funcionarios o ex funcionarios simplemente porque coincidieron accidentalmente con otros y fueron más de uno, simplifica el análisis de lo ocurrido. Como generalmente, nos quedamos en la espuma.</p>
<p>Primo Levi llamaba “perversión moral” al intento de equiparar a la víctima con el victimario. Las personas que insultaron a Zannini, a Kicillof o a Rossi son víctimas, ciudadanos rasos, no ejercen cargos públicos ni tienen posiciones de privilegio alguno; se toparon con ellos sin proponérselo. Son personas que vieron afectada su calidad de vida por gestiones arbitrarias, padecieron la connivencia de cada uno de ellos con una administración letal cuyo rumbo Zannini pretendió profundizar al ser candidato a más kirchnerismo.</p>
<p><b>La condena a la actitud del público no puede más de hipócrita</b>. ¿Es acaso cuestionable que quien tenga la oportunidad de plantearle sus reparos acumulados lo interpele? ¿Que le reproche el maltrato ejercido por él y sus cómplices desde una posición claramente dominante? ¿Está mal increparlo por volar rumbo al “eje del mal” en una aerolínea extranjera y tener a toda su familia acomodada en cargos públicos? Separando el fondo y la forma, no. <b>Definitivamente, no está mal expresarse. Lo que no es aceptable es el modo</b>.</p>
<p>Siguiendo con un análisis serio y profundo de estos hechos, el “correctismo” político salió enseguida (muchos a curarse en salud por aquello de “Hoy por ti, mañana por mí”). Sin embargo, no se escucharon las mismas lisonjas respecto de las dos carencias desesperantes que el episodio pone de relieve: la falta de justicia y la falta de educación.</p>
<p>Porque si Carlos Zannini estuviese preso, tal vez por su responsabilidad en los hechos terroristas de los que participó durante los setenta, o imputado como partícipe necesario del robo del siglo junto a sus compañeros de ruta, el mal llamado escrache no hubiese ocurrido. Si las personas que viven a derecho tuvieran la convicción de que el rigor de la ley llega a todos por igual, no ejercerían la violencia verbal.</p>
<p>Del mismo modo, lo que atempera el carácter es la educación. Los buenos modales se aprenden y los malos, también. <b>Las personas que increparon e insultaron a los ex funcionarios no carecen de razón sino de buenos modales. Y allí está la otra raíz y no la espuma del hecho: la falta de educación.</b></p>
<p>Pero es más rápido condenar el griterío, porque, además, le pone a uno cierta pátina de equilibrio y moderación que queda bien. Sin embargo, tanto parte del periodismo como la corporación política prefieren no entrar en temas de urbanidad, porque es pegarse un tiro en el pie. Los malos modales son moneda corriente en ambos ámbitos. Legisladores que se aúllan durante una sesión y periodistas que vociferan el peor lenguaje y se creen con derecho a destratar por portar un micrófono se inhabilitan solos para señalar los modos ajenos.</p>
<p>No se ha escuchado demasiado reconocer que el Poder Judicial es el más enfermo de los poderes del Estado. A la voz de “no generalicemos” y “no todos son lo mismo”, se ha prohijado a la corporación judicial que hace o deja hacer. Cuando la política le tiende un puente de plata a un funcionario judicial de la calaña de Norberto Oyarbide para salir indemne después del daño enorme que su desempeño causó a la sociedad, la política está siendo cómplice del “más de lo mismo”.</p>
<p>Cuando la política condena a una víctima del destrato oficial porque le gritó su indignación a un burócrata, se pone del lado del burócrata. Sigue siendo ellos contra nosotros. En lugar de defender al burócrata, hagan su parte: <b>saneen las instituciones y eduquen al pueblo</b>. Liberen de autoritarismos varios la vida cotidiana de los habitantes; enseñen a pensar, a razonar, a elegir y a vivir en libertad; hagan realidad la igualdad ante la ley y van a ver cómo no tendrán la sinuosa y deslucida necesidad de poner la cara por sujetos como Zannini, Rossi o Kicillof.</p>
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		<title>Es hora de contar la verdad completa</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2016/03/24/sin-justicia-sobre-la-historia-reciente/</link>
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		<pubDate>Thu, 24 Mar 2016 03:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Fuerzas Armadas]]></category>
		<category><![CDATA[Golpe de Estado]]></category>
		<category><![CDATA[Historia reciente]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mauicio Macri]]></category>

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		<description><![CDATA[Mientras la sociedad se apresta a recordar un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, los hechos ocurridos antes y después siguen enfrentándonos. La guerra librada en el país para contrarrestar el ataque subversivo nunca fue debidamente esclarecida. Desde el retorno al sistema democrático de gobierno, mucho se ha intentado por echar luz sobre... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2016/03/24/sin-justicia-sobre-la-historia-reciente/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Mientras la sociedad se apresta a recordar un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, los hechos ocurridos antes y después siguen enfrentándonos. La guerra librada en el país para contrarrestar el ataque subversivo nunca fue debidamente esclarecida. Desde el retorno al sistema democrático de gobierno, mucho se ha intentado por echar luz sobre esos años, por buscar justicia y por contar lo sucedido. Sin embargo, que cuarenta años después el tema nos mantenga divididos indica que la revisión no se hizo del todo bien.</p>
<p>Tras el reciente cambio de gobierno, hubo alguna esperanza en que se caminara hacia una auténtica reconciliación, que no significa entregar banderas, ni siquiera dejar de sufrir. Pero para seguir adelante es imprescindible asumir nuestra historia completa y es lo que no se hizo durante las últimas décadas.</p>
<p>Cuando las Fuerzas Armadas fueron convocadas por el Gobierno constitucional para “aniquilar el accionar subversivo”, el país estaba sumido en el terror, iniciado por el accionar de grupos armados paramilitares extremadamente violentos, entrenados en Cuba para matar. El tiempo transcurrido sirve para mirar con perspectiva los acontecimientos. Hoy se hace evidente que nunca se alcanzó un tratamiento pleno de los hechos.<span id="more-96"></span></p>
<p>Los movimientos de derechos humanos, que se multiplicaron en las últimas décadas, se enfocaron en demandas parciales. Desde entonces, sólo los grupos violentos que se armaron contra el Estado y el orden institucional del país tuvieron voz. Se escucharon con exclusividad sus reclamos, sus historias y su versión de nuestro pasado reciente. Sin entrar en la discusión respecto de esos contenidos, la narrativa de los hechos los erigió en víctimas. Y, casi por defecto, a quienes los reprimieron, en victimarios.</p>
<p>Pero la realidad suele ser más compleja que la explicación binaria que se quiso dar a aquella década trágica. Nos hemos cansado de escuchar: “justicia lenta no es justicia”. Pues verdad a medias tampoco es verdad. <b>Que los terroristas se hayan reivindicado subiéndose al colectivo de las víctimas de la represión es una lectura sesgada y caprichosa de los hechos.</b></p>
<p>Una de las preocupaciones iniciales del presidente Mauricio Macri fue la de diferenciarse de Fernando de la Rúa, quien pasó a la historia como un hombre débil de carácter. En el apremio por generar hechos, Macri se equivoca y, a veces, rectifica. Tras sus primeros meses de gobierno y habiendo aventado aquella sombra al encarar rápidamente varios temas pendientes, corre otro riesgo: parecer improvisado. Hacer y, luego de las críticas, deshacer, puede interpretarse como el producto de decisiones tomadas sin la suficiente elaboración. Sus simpatizantes exaltan la virtud de rectificarse; sus detractores, la carencia de convicción suficiente para defender sus propuestas.</p>
<p>Mientras sus votantes festejan, aún eufóricos, el alejamiento del kirchnerismo y con él el clima de discordia, las cadenas nacionales y la arenga permanente, algunos observadores empiezan a reclamar la existencia de un plan maestro, una proyección más allá de la coyuntura, un catalizador que oficie de marco a las políticas implementadas.</p>
<p>Sin ello, los indicios en materia de derechos humanos no son auspiciosos. Más allá de la firmeza y a propósito del mensaje que pretende enviar, no suma que en el tema de derechos humanos el primer mandatario haya sucumbido al <i>lobby</i> de Abuelas de Plaza de Mayo y del presidente de los Estados Unidos, ya que ambos responden a intereses particulares que en nada coinciden con los de la sociedad argentina. Unas quieren mantener el peso político obtenido en la década anterior; el otro, construir un líder latinoamericano con epicentro en la temática de los derechos humanos, mientras que todos nosotros necesitamos trabajar sobre esa herida aún abierta.</p>
<p>Los actos previstos por la administración de Mauricio Macri alrededor del 24 de marzo, haciendo lugar a los reclamos de los organismos de derechos humanos para que no se escuche a las víctimas del terrorismo y tomando el año 1976 como fecha de inicio de la tragedia, hacen pensar en que tampoco ha llegado la hora de la verdad completa.</p>
<p>Del kirchnerismo no puede esperarse sino mala fe, pues fue una gestión signada por la mala fe, la trampa y el doble discurso. Pero en Cambiemos había depositada una expectativa distinta. <b>No podremos superar nuestras diferencias mientras se siga consumiendo una versión falaz de nuestra historia reciente.</b></p>
<p>¿Qué tiene de memoria, de verdadero y de justo un acto que invisibiliza a gremialistas, empresarios, militares y civiles que el terrorismo asesinó? ¿Hay muertos de primera y muertos “kelpers”? A Augusto Timoteo Vandor lo mataron en 1969. ¿Qué les decimos como sociedad a sus familiares y a los de los sindicalistas José Ignacio Rucci (asesinado en 1973) y José Alonso (asesinado en 1970)? ¿A los del empresario italiano Oberdan Sallustro (asesinado en 1972)? ¿A los de los militares Jorge Ibarzábal (secuestrado en enero de 1974 y asesinado diez meses después) y de Argentino del Valle Larrabure (secuestrado en 1974 y asesinado en 1975)? ¿A los del juez Jorge Quiroga (asesinado en 1974) o a los del profesor Carlos Sacheri (asesinado en 1974)? ¿Son menos condenables los asesinatos de Paula Lambruschini, Francisco Soldati y los de miles de víctimas de ese terrorismo que sin piedad sembró de sangre y muerte la historia del siglo XX?</p>
<p>¿Cómo se puede adherir a la mentira de una historia mal contada? ¿Cómo se construye concordia sobre la falsedad? Un llamado a la unidad a partir de una injusticia está vaciado de contenido; es sólo un eslogan de campaña. Es puro marketing.</p>
<p>La ausencia de justicia ha sido tal durante estos años que, agotada esa vía, algunos presos se han dirigido directamente al presidente Macri para ponerlo en antecedentes de las irregularidades a las que están sometidos. Tal es caso de un suboficial principal que en 1973, con 17 años, ingresaba a la Escuela de la Fuerza Aérea, hoy detenido en Mendoza y cuyo proceso engrosa la lista de los que esperan, presos, que alguien resuelva sus situaciones. La respetuosa carta que Julio Escudero le envió a Mauricio Macri en diciembre pasado es la expresión afónica y desesperada de una situación insostenible para una sociedad que votó un cambio porque parece decidida a abandonar la anarquía y la adolescencia. Ahora falta que la dirigencia política también se anime.</p>
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		<title>Hipocresía argentina ante el terrorismo</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Nov 2015 08:36:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Atentados a AMIA]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones]]></category>
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		<category><![CDATA[Juzgamiento a las Fuerzas Armadas]]></category>
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		<category><![CDATA[Pacto con Irán]]></category>
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		<description><![CDATA[Es muy probable que finalmente los argentinos nos deshagamos de un estilo de administración que se fue transformando en una pesada mochila. El alivio será enorme y el trabajo que nos espera también. Habrá que rehacer prácticamente todo, porque, a pesar de los dictados de la moderación política que se empeña en repetir “Vamos a... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/11/20/hipocresia-argentina-ante-el-terrorismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Es muy probable que finalmente los argentinos nos deshagamos de un estilo de administración que se fue transformando en una pesada mochila. El alivio será enorme y el trabajo que nos espera también.</p>
<p>Habrá que rehacer prácticamente todo, porque, a pesar de los dictados de la moderación política que se empeña en repetir “Vamos a rescatar lo bueno”, la verdad es que el kirchnerismo no sólo no hizo nada bien, sino que destruyó lo que estaba en su lugar antes de su desembarco. El costo social del enfrentamiento que fogoneó entre los argentinos y el ataque a los principios básicos de la convivencia democrática neutralizan cualquier aporte.</p>
<p>Con una nueva administración podremos solucionar los desaguisados económicos con mayor o menor esfuerzo; enderezaremos nuestro abollado prestigio internacional volviendo a los ámbitos de diálogo con el mundo civilizado; reconstruiremos los valores de la vida en comunidad, lo que implica volver a respetar la autoridad, la propiedad privada, los contratos y la ley; podremos recuperar los buenos modales y el disenso será, como antes, una opción que no nos convierte en enemigos de nadie. Hasta será posible batirse a duelo con la corrupción y los peores delitos que florecieron a la luz de la impunidad de la década k.<span id="more-87"></span></p>
<p><b>Toda esa gigantesca tarea podrá llevarse a cabo porque hay una interesante coincidencia entre la predisposición general a superar el estilo grosero y descomedido del kirchnerismo y una propuesta política que parece dispuesta a dar respuesta a ese reclamo</b>. Ese combo anuncia el agotamiento del modelo de sociedad instalado y ya eso, como tal, es una excelente noticia.</p>
<p>Sin embargo, no se ve tan clara la intención de la sociedad argentina de volver de sus hipocresías más profundas. El ejercicio de la hipocresía se advierte aún en varios planos, no solamente en la corrección política, que, por ejemplo, lleva a nuestra dirigencia a reconocerle al kirchnerismo logros inexistentes. Muchos de los que castigan a Cristina Kirchner y a su canciller por el vergonzoso acuerdo celebrado con Irán aún no se animan a definirse respecto del terrorismo local. El cobarde atentado cometido en París por el fundamentalismo islamista nos enfrenta con una realidad que la Argentina viene esquivando hace décadas.</p>
<p>Desde el pasado viernes escuchamos expresiones airadas sobre el accionar de la guerrilla asesina como si nos fueran hechos extraños. Esa sorpresa es hipócrita, porque la Argentina vivió decenas de episodios similares a lo sucedido en París el pasado viernes. <b>Los argentinos vimos la Embajada de Israel y la sede de la AMIA reducidas a escombros por sendos atentados terroristas y durante los años setenta padecimos más terrorismo</b>. Volaban oficinas y autos con gente adentro, explotaban bombas en comedores y casas de familia, se acribillaba a personas en la vía pública y se secuestraba y asesinaba en nombre de la liberación como en París lo hicieron por Alá. Acá el terrorismo mataba igual que lo hace hoy en Francia, porque el accionar de la guerrilla es uno: no portan uniforme, no se identifican y su fuerte es, precisamente, mezclarse entre la población a la cual atacan.</p>
<p>Entre Ricardo Alfonsín y los Kirchner se llevó adelante el juzgamiento selectivo de miembros de las fuerzas armadas, de seguridad y no pocos civiles que habían participado de la guerra desatada en nuestro país a partir del accionar de terroristas entrenados en Cuba y Libia y financiados desde el exterior. No conformes con eso, actualmente el oficialismo impulsa una ley (que ya obtuvo media sanción) para seguir hurgando en una parte de la historia. Sería el turno del empresariado y su eventual complicidad con los gobiernos militares. Simultáneamente, los subversivos de entonces fueron mutando en defensores de los derechos humanos y, lejos de pagar por el sangriento menú que le impusieron al país, hoy muchos son funcionarios, periodistas, opinólogos y candidatos a cargos relevantes.</p>
<p>La Argentina adeuda una respuesta definitiva a las víctimas de la subversión, que también son miles. Hasta ahora las ignoró. Hay gran cantidad de familias destrozadas por los golpes de elementos subversivos, que el paso del tiempo volvió invisibles. Sin ruborizarse con tamaña injusticia, la sociedad ha “indultado” a los terroristas; hasta llegó a votarlos y ahora ellos dictan las leyes. Los incorporó al debate público sin pedirles explicación por sus manos manchadas de sangre. Apenas sucedidos los ataques terroristas en París, se los pudo ver opinando por los canales de televisión.</p>
<p>Cuando las voces se levantan en defensa del venezolano Leopoldo López, pero callan frente a las irregularidades e injusticias locales, suena a hipócrita. Está muy bien denunciar los excesos de una administración autoritaria y discrecional como la de Nicolás Maduro, pero los argentinos sabemos que hay cientos de militares argentinos detenidos sin condena esperando, hacinados, la sentencia de procesos judiciales que vienen arrastrando hace más de una década. Sabemos de sus condiciones infrahumanas de detención y sabemos del exterminio al que son sometidos cuando no reciben el necesario auxilio sanitario. Esa pena de muerte encubierta debería avergonzarnos y debería detenerse. Pero callamos. No es serio aullar por la barbarie ajena y silbar frente a la propia.</p>
<p><b>Y también callamos la condena explícita al terrorismo local</b>. Nos hemos empalagado con el relato de los jóvenes idealistas que no son muy distintos a los forajidos que la semana pasada atacaron París. Para no caer en manos de la justicia, unos se detonan y los otros consumían la pastilla de cianuro que llevaban encima. Ambos utilizaron el anonimato para matar inocentes. Ambos rechazan la ley, la autoridad y ambos pretenden sembrar violencia y terror en poblaciones indefensas.</p>
<p>Curiosamente, esta sociedad no les reclama a esos guerrilleros un “Mea culpa”, como hizo con los militares. Lejos de eso, les permite pararse frente a un micrófono y opinar. En sus comentarios hay una velada defensa de los atentados toda vez que aluden a un supuesto destrato de Occidente para con las corrientes migratorias musulmanas. Y como nadie se atreve a contradecirlos, siguen. Y señalan con el dedo extendido a las grandes potencias como las responsables finales del terror que esos vándalos asesinos instalan. Y, casualmente, excluyen a Rusia, claro. Es una suerte de reivindicación de la perversa teoría de Eugenio Zaffaroni: el responsable de los hechos no es quien los consuma, sino la sociedad que los empuja. Ese es el formato moderno para exculpar a los culpables.</p>
<p>Hay una cuenta pendiente en la Argentina y es hora de saldarla. Hay que animarse a decir que las guerras son, por esencia, una atrocidad y una completa injusticia. Que mueren inocentes y que es un modo salvaje de abordar una contienda; que no queda conforme nadie; que el saldo es horrible, pero que hay que asumirlo. Nosotros no hemos asumido aún el costo de haber enfrentado el ataque terrorista que nos arrastró a su terreno como hoy arrastra a Francia al suyo. Cuando lo hagamos, podremos abordar problemáticas mundiales complejas como lo hizo Europa. Muchos años después del exterminio nazi, los europeos se plantearon qué nivel de complicidad había tenido el continente y pidieron perdón. Ese acto no salva las vidas que se perdieron, pero sí el corazón de los que todavía están. Es un acto de nobleza sanador. Aceptarse con la historia completa es de adultos.</p>
<p><b>Es de esperar que la Argentina, que está dando muestras de una valiosa madurez, consiga cerrar esa grieta que también el kirchnerismo profundizó</b>.</p>
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		<title>El diálogo postergado</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Oct 2015 03:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cambiemos]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones 2015]]></category>
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		<category><![CDATA[Sergio Massa]]></category>

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		<description><![CDATA[La ciudadanía habla, no muy seguido, pero habla. El domingo habló. Y a los dirigentes políticos que le ofrecieron como plato único la oposición dividida les dijo “no”. Cuando el temor a la continuidad del kirchnerismo ganaba la calle, el debate giró en torno a adoptar o no el modelo venezolano de unidad en la... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/10/29/el-dialogo-postergado/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La ciudadanía habla, no muy seguido, pero habla. El domingo habló. Y a los dirigentes políticos que le ofrecieron como plato único la oposición dividida les dijo “no”. Cuando el temor a la continuidad del kirchnerismo ganaba la calle, el debate giró en torno a adoptar o no el modelo venezolano de unidad en la diversidad con la mirada puesta en sumar para hacer frente al adversario común. Mauricio Macri, entonces, apuró un entendimiento con Elisa Carrió y con un sector del radicalismo y entre ellos optaron por cerrar allí las posibilidades.</p>
<p>Mientras tanto, el peronismo desencantado con el estilo autoritario de Cristina y los suyos crecía, y encontró en Sergio Massa un referente. Su desprendimiento del kirchnerismo, hace apenas algo más de dos años, se inauguró con un contundente apoyo popular en las urnas que dio por tierra con las ilusiones reeleccionistas de la Presidente. Ese día, Sergio Massa se constituyó en el principal enemigo político del Gobierno por aquello de que “No hay peor astilla que la del mismo palo”. <b>Hoy, tras las elecciones del domingo pasado, mientras clausura toda posibilidad de entendimiento con Daniel Scioli, confirma su decisión de terminar con el kirchnerismo y se erige en la llave para su concreción</b>. Porque a pesar de la euforia que reina entre la militancia y los simpatizantes de Cambiemos, aún falta.</p>
<p>En un escenario de peronismo y antiperonismo creciente, en el que se venía exacerbando un enfrentamiento explícito en la sociedad revoleándose culpas mutuas, el ex intendente de Tigre creó un espacio para esos muchos que las dos principales fuerzas políticas en existencia expulsaban. Una porque exige militancia de alfombra, la otra porque sobreactúa una pureza interna que implica numerosas exclusiones.<span id="more-80"></span></p>
<p>Massa propuso competir en la interna abierta de agosto en igualdad de condiciones con Mauricio Macri, Elisa Carrió y Ernesto Sanz y que los votantes decidieran los liderazgos. Los motivos que hacían lógico el ofrecimiento eran varios: ya habían sido socios con el PRO en una elección anterior y todos transitaban el andarivel del rechazo al kirchnerismo. La flamante alianza Cambiemos se negó. Tal vez habrán soñado en silencio, como el kirchnerismo, con neutralizarlo. Pero Massa se quedó. Y sus votantes con él.</p>
<p><b>Sigue sin explicación por qué el radicalismo y el PRO, que alientan y apoyan la unidad de la oposición en Venezuela, la rechazaron en nuestro país</b>. Esa decisión dividió el voto no K y puso al país en la disyuntiva de elegir y, ante el riesgo, no del todo ahuyentado, de más kirchnerismo.</p>
<p>Pero el domingo 25, en las urnas, el ciudadano con su voto dinamitó aquella estrategia elegida por Cambiemos, que impuso a la sociedad tras un acuerdo de dirigentes. Hoy debe reconocer la existencia de las cinco millones de personas que siguen reclamando el diálogo.</p>
<p>Claro que este diálogo que se abre contrarreloj va a sonar infinitamente menos auténtico que si hubiese sido voluntario. No lo será: Mauricio Macri hoy está obligado a atender el reclamo, no de Sergio Massa, sino de esos votantes, porque se lo imponen los acontecimientos. La derrota del kirchnerismo en el ballotage del 22 de noviembre depende de eso.</p>
<p>Es posible que se logre acercar posiciones y el objetivo de máxima, esto es, jubilar al régimen, finalmente se alcance. Pero esta negociación de apuro y a desgano será muchísimo menos fructífera que una voluntaria.</p>
<p>Preocupa entender por qué se la rechazó de entrada. Y preocupa cuánto de oportunista tenga este novedoso acercamiento. La dirigencia política tiene que distinguir la diferencia entre sus preferencias personales y las responsabilidades políticas del liderazgo.</p>
<p>Que Cambiemos no haya visto el caudal de gente que quería la unidad frente a la amenaza preocupa. Se trataría de un enorme error de diagnóstico, aunque es preferible creer que se equivocó a que lo detectó y aun así eligió ignorarlo.</p>
<p>Son preguntas que merecerían respuestas, pero, casi como destino, la Argentina vuelve a correr tras lo urgente postergando lo importante. Ahora es el tiempo de buscar entendimientos, de sumar y, finalmente, de hacer lo que no se hizo: dialogar, porque de lo otro ya tuvimos de sobra.</p>
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		<title>Los errores de Cambiemos</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2015 03:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Los argentinos no aprendemos más. Cuando Néstor Kirchner resultó el elegido de Eduardo Duhalde y Carlos Menem se alzaba como su principal amenaza, el oficialismo fogoneó al tercero, Ricardo López Murphy, y lo arrastró a confrontar de lleno con Menem. La estrategia era neutralizar a su auténtico adversario y obligarlo a un desgaste innecesario. En ese momento, López Murphy entró en el juego que solo le convenía a Kirchner.<b> Trece años después, el kirchnerismo repite la receta y la oposición vuelve a caer en la misma trampa. El Gobierno entero le mete fichas a Cambiemos y, mientras los seguidores de Mauricio Macri se entretienen descalificando a Sergio Massa acusándolo de todo tipo de componendas, el kirchnerismo consolida la continuidad.</b></p>
<p>Alguien debería decirles que el adversario a batir no es él, sino el modelo encarnado en las figuras de los elegidos Daniel Scioli y Carlos Zannini. En esa dirección tendrían que estar concentrados los esfuerzos de Cambiemos y, como complemento, reconociendo la responsabilidad de ser la segunda fuerza, encabezar un acercamiento a todos los sectores que compartan el objetivo de no tener más kirchnerismo, al menos, al frente del Ejecutivo nacional.</p>
<p>Sin embargo, los últimos días de campaña no parecen llevar esa dirección. No tanto los voceros oficiales del macrismo, pero sí los contratados, y mucho más los oficiosos, repiten, con y sin convicción, que el affaire Niembro y el amesetamiento de Cambiemos son operaciones políticas en su contra, mientras políticos allegados, de profesión funcionarios y de tan largo como sinuoso recorrido, siembran dudas sobre la existencia de un acuerdo entre Massa y el kirchnerismo.<span id="more-73"></span></p>
<p>Este episodio, por absurdo, se parece al pacto militar-sindical denunciado por Raúl Alfonsín meses antes de la elección de 1983. Burdo aquello y burdo esto, sin embargo, no faltaron adeptos para ambos rumores. <b>La Argentina manifiesta cierta inclinación, algo patológica, por las teorías conspirativas. </b>Pareciera más afecta a los relatos que a la realidad: Compraron el de Alfonsín (“Con la democracia se come, se cura y se educa”), compraron el de Menem (“La revolución productiva”) y compraron el de Kirchner&amp;Kirchner (“Minga con el Fondo”).</p>
<p><b>Lo cierto es que, mientras tanto, el kirchnerismo sigue adelante con su plan de continuar en el ejercicio del poder. Y está cerca de conseguirlo</b>. Ellos saben que los recientes escándalos denunciados en ocasión de las elecciones provinciales en Tucumán, por ejemplo, no les restan votos: Quienes los señalan por tamañas salvajadas no son sus votantes, son, por el contrario, los mismos que se indignan por la corrupción, ya ni siquiera encubierta, que envuelve a la mayoría de los funcionarios, y son también los que denuncian hace años la distorsión de los números de la economía. Tampoco son votantes K los que objetan la familiaridad, por no decir la simpatía o la connivencia, del oficialismo con el narcotráfico y el lavado de dinero.</p>
<p>Ninguno de ellos vota el Frente para la Victoria, que, cabe recordar, se levantó con 40 puntos en las PASO de la provincia de Buenos Aires aún en medio de la inundación. La gente que “arreglan” con un bolsón o una bolsita de provisiones, con un par de billetes o con un subsidio no está preocupada por quién va a reemplazar al doctor Carlos Fayt en la Corte Suprema. Muchos de ellos ni siquiera saben que existe la Corte Suprema y menos aún su significado institucional. Esos millones están preocupados por comer y por reponer el colchón que se llevó la tormenta esa noche en que Daniel Scioli viajaba a Italia en compañía de Karina y un grupo de amigos.</p>
<p>Frente a ese escenario, agotar la expectativa propia en que se caiga el voto oficialista es jugar con fuego. Ya se vio en Tucumán y en Chaco de lo que son capaces los K cuando de ganar y retener se trata. En el deporte, los mejores directores técnicos señalan que la victoria se persigue perfeccionando el equipo, achicando las debilidades y fortaleciéndose para adentro más que especulando con los errores del contrincante.</p>
<p>El problema de los proyectos sin demasiado contenido es que hay que comprarlos a libro cerrado. Por la cara. <b>Eso fue Cambiemos: un eslogan y la suma de muchas almas con más buena voluntad que definiciones. Hoy hasta se duda de su íntima decisión de batir al kirchnerismo. El PRO puede aducir falta de experiencia política, pero ¿cómo se le perdona tamaño error al radicalismo? </b>Es imposible olvidar que se trata de personajes repetidos del escenario político nacional que necesitaban del partido joven para sobrevivir y que lo empujaron a decidir cerrarse en un mundo que da muestras permanentes de que el progreso viene de la mano de la diversidad, el diálogo y la complementación.</p>
<p>No se le pase, entonces, la factura entera de la probable derrota del 61,6 % de la población a la trilogía Macri, Marcos Peña y Durán Barba, aunque en un principio, bajo la obsesión de un purismo más deseado que real, el PRO pretendió ser cabeza de ratón y también cola de león del acuerdo sellado con el radicalismo tras la convención partidaria de Gualeguaychú. Cada uno de los que se opusieron a una interna amplia con participación todos los sectores opuestos al kirchnerismo tiene que hacerse cargo hoy de su cuota-parte de responsabilidad en las consecuencias.</p>
<p>Distintos dirigentes del PRO se han cansado de comparar el proceso político argentino con el de Venezuela y viajan desde hace varios años de manera sistemática a apoyar a Henrique Capriles, el emergente de la gran coalición que intenta horadar el poder omnímodo del chavismo, acompañan sus reclamos y participan de sus marchas a pesar de las diferencias conceptuales que mantienen los aliados entre sí, pero reconociendo que el objetivo primordial es terminar con un régimen que de democrático tiene poco y de republicano menos. Sin embargo, no replican esa conducta en la Argentina. <b>Hay que concluir, entonces, que el objetivo primordial del macrismo y del radicalismo no es remover al kirchnerismo del poder</b>. Es válido, pero tal vez sea hora de meditar cuáles son las prioridades políticas de Cambiemos.</p>
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		<title>Poderoso caballero, don Miedo</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Jul 2015 10:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las mediciones y los pronósticos parecen indicar que hay dos candidatos cabeza a cabeza y dado que las propuestas no han sido, al menos hasta acá, el eje para marcar diferencias, es un ejercicio intelectual descubrir qué herramienta política va a esgrimir cada uno para diferenciarse en el tramo final de la carrera. Ya no... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/07/16/poderoso-caballero-don-miedo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las mediciones y los pronósticos parecen indicar que hay dos candidatos cabeza a cabeza y dado que las propuestas no han sido, al menos hasta acá, el eje para marcar diferencias, es un ejercicio intelectual descubrir qué herramienta política va a esgrimir cada uno para diferenciarse en el tramo final de la carrera.<b></b></p>
<p>Ya no es el dinero el principal problema de las campañas de los candidatos presidenciales. No al menos en el caso de Daniel Scioli y Mauricio Macri. La amplia disponibilidad sobre los recursos públicos ejercida, como se ha visto a través de sendos aparatos de publicidad en sus respectivos distritos, les facilita la viralización de imágenes y consignas. Fotos, colores, globos, carteles, sombrillas y remeras son la cuota inocente de seducción sobre los eventuales votantes, pero es poco probable que con eso solo determinen la decisión de los que faltan.</p>
<p>Se desconoce la estrategia que encararía el PRO para transitar estos meses claves hasta octubre, pero el Frente para la Victoria, sin duda, construye su fortaleza alrededor del miedo.</p>
<p>Trabaja sin descanso sobre el miedo de los de abajo a perder los planes que reparte en su calidad de Estado con la discrecionalidad que caracteriza a los populismos. Acciona sobre sus rehenes, mientras les dice que solo ellos son garantes de la continuidad de la limosna. Lamentablemente para los sectores postergados tampoco eso es cierto, porque, si bien el sistema de dádivas debería abandonarse por perverso, todos los candidatos prometen más o menos lo mismo y solo alguno que otro explica cómo haría para liberarlos del yugo humillante de dar y quitar al compás de las conveniencias electorales.<span id="more-69"></span></p>
<p>Pero también el Frente para la Victoria trabaja sobre los sectores más acomodados de la pirámide, que reciben a manos llenas las ventajas de estar del lado del Estado gordo y, como consecuencia inevitable, corrupto. A pesar de su discurso demagógico y falsamente revolucionario, el oficialismo favoreció muchas industrias con proteccionismos varios. Cada uno de sus capitostes sabe perfectamente cuán aceitado tiene los contactos con el poder y, por si flaqueara su determinación a seguir protegidos al calor estatal, el kirchnerismo les mete miedo. Les recuerda que sus funcionarios controlan a la perfección la maquinaria de tarifas subsidiadas, fronteras poco amigables con el comercio internacional, impuestos demenciales a las importaciones para garantizar el “compre nacional”, la falta de competencia que les asegura demanda, “acuerdos” de precios y toda la batería de herramientas discrecionales.</p>
<p>También tienen miedo los empleados públicos que llegaron de a miles de la mano del camporismo, gente sin preparación académica ni técnica para ocupar espacios en ministerios, empresas y reparticiones varias, embajadas, medios de comunicación adictos y demás eslabones del engrosado engranaje de la burocracia estatal. Miedo de ellos y de sus familias, beneficiarias de sueldos con varios ceros que derraman en propiedades, viajes y estándares de vida inusualmente acomodados.</p>
<p><b>El kirchnerismo reparte miedo para todos como mecanismo para asegurar un piso de votos interesante procedentes de ambos extremos de la pirámide.</b> Es una forma poco convencional de fidelizar clientes.</p>
<p>Los del medio, a su vez, también tienen miedo, aunque es un miedo distinto.</p>
<p>No por nada el mayor rechazo al régimen actual y el lote más numeroso de indecisos se concentra en los sectores medios. Esos sectores medios son el gran motor del crecimiento en las economías sanas. Porque la capa superior de la sociedad suele mirar las crisis de costado debido a los márgenes de estabilidad que provee la capacidad económica. Esos sectores medios tampoco son el otro extremo, esto es, los desenganchados del sistema a quienes el Estado, tarde o temprano, asiste. Son los que, librados a su suerte en materia económica, sin subsidios ni protecciones especiales, viven de sus ingresos mensuales. Pero, además, son el producto cultural de una lógica que el populismo ha masacrado a pura demagogia. Son los que responden a ese sistema de valores que inculca en el individuo la necesidad de asumir responsabilidades, para quienes es mejor estudiar que no hacerlo, porque capacitarse representaba, en esa forma de encarar la vida, la vía del progreso personal. La clase media no come de la mano del Estado ni pretende hacerlo, pero es la más vulnerable a sus excesos. Sin red, se esfuerza por alcanzar sus objetivos y mantenerlos en el tiempo; y en ambas batallas sabe que está sola, en el mejor de los casos, cuando no arrastra la mochila del Estado glotón que le mordisquea parte de sus logros.</p>
<p><b>Esa clase media, productiva y tal vez la menos contaminada de la sociedad, tiene miedo al kirchnerismo, porque sabe que, frente a ese poder omnímodo, no cuenta con la capacidad de <i>lobby </i>que tienen los sindicatos, los bancos, las cámaras empresarias, los políticos y hasta los pobres</b>. La clase media no tiene vocero, no la defiende nadie, no tiene representación ni en la mesa de negociaciones ni en los medios de comunicación. Está diseminada. Y sabe que, por productiva, el populismo solo repara en su existencia cuando necesita dinero fresco. <b>La clase media es consciente de que Daniel Scioli es más de lo mismo</b>; que tal vez con menos aullidos que Cristina, también le va a meter la mano en el bolsillo y que el despropósito fiscal de esta década lo va a pagar con su trabajo.</p>
<p>La clase media reconoce la degradación reinante. Padece la inseguridad a diario; no usa, porque es deficiente, pero sostiene la salud pública; paga por un servicio que no le prestan, como paga por una educación estatal que tampoco utiliza.</p>
<p>La clase media le teme al peronismo kirchnerista y vive como una amenaza a su calidad de vida y a sus planes de progreso un eventual triunfo K.</p>
<p>Así como el oficialismo capitaliza con gran destreza el miedo que despierta, la fuerza opositora no parece advertir que, tras tantas décadas de discurso populista donde solo hay espacio para los pobres, es hora de levantar la bandera de la clase media.</p>
<p>La prédica populista ha calado tanto que el PRO no se anima a desmarcarse de ese mandato. Con otra estética que impacta solo en las formas, el macrismo insiste con los conceptos de redistribución, gratuidad y asistencialismo, que no son otra cosa que recetas de administración de la pobreza. Trabaja para repartir materiales de construcción en las cada vez más populosas villas de la ciudad a las que, en lugar de erradicar, tiene en mente “urbanizar”, como si fuese posible hacer habitable lo que es indigno de origen. Hasta no hace mucho tiempo, tal era la noción de transitorio que tenían esos lugares para sus habitantes, que “construían” con chapa y cartón. Macri provee materiales y Cristina Kirchner se maravilla de lo que han crecido esos asentamientos. Esa gente no sale nunca más de ahí y es consciente. Tal vez alguna generación anterior también llegó de paso y no logró salir, pero existía la ilusión de progresar. Hoy, no importa el color político de los administradores, la villa no es un escalón, sino un destino.</p>
<p>El PRO dedica muchos recursos a multiplicar las prestaciones “gratuitas” como cualquier administración socialista, sin explicarle a los eventuales beneficiarios que, ante todo, nada es gratuito; que ese no es el ideal; que no se trata de mecanismos virtuosos, sino todo lo contrario; que son producto de la extrema necesidad, que no son una solución, sino un mero paliativo y que es menester crear, ahí sí desde el Estado, las condiciones para que cada padre, cada jefe de familia y cada trabajador cubra de manera personal sus necesidades. Nadie le explica a la sociedad que estas son herramientas de excepción y que el objetivo de los gobiernos no debería ser ampliarlas, sino abandonarlas lo antes posible.</p>
<p><b>Como el PRO tampoco quiere debatir, no se sabe cuáles serían los ejes del crecimiento en una futura administración macrista</b>. Si la presión tributaria seguiría a toda máquina para mantener el gasto social actual o si habría un cambio en la concepción del Estado. Es tal el silencio que es imposible intuir no solo qué piensa el partido al respecto, sino también, si siquiera lo ha pensado.</p>
<p>El peronismo volcó sobre la sociedad un cúmulo de dádivas que los gobiernos militares y también los radicales mantuvieron intactas. Pero el “cambio” que propone el macrismo, lejos de sugerir recortes a ese modelo populista probadamente fracasado, le agrega innovaciones europeas que aplica con idéntica impronta: gratis, y así el ciudadano que no anda en bicicleta, no manda a sus hijos a la escuela pública ni se toma la presión en la calle paga bicicletas, transporte escolar y estaciones de control de salud. O sea, son servicios gratis para quienes los consumen y pagos para los que no. Es un ejemplo básico de la “justicia distributiva” del populismo que nadie parece dispuesto a erradicar.</p>
<p>La clase media sabe que gran parte del Estado “dador” sale de su bolsillo y que, al no ser ni marginal ni poderoso, en el reparto solo le toca el ABL. La lógica de la clase media se lee con claridad en el voto del electorado de la capital: mientras la opción era PRO contra Frente para la Victoria, no dudó y el oficialismo porteño superaba el 60 % de las preferencias. En cuanto apareció una opción no K, se produjo una severa merma de ese porcentaje. Tampoco sabe a ciencia cierta si va por el buen camino, simplemente esa población está buscando; rechaza la corrupción, la venalidad y la manipulación del poder central, pero tampoco se encuentra del todo interpretado por el PRO.</p>
<p><b>El macrismo ha sobrevivido una década sin definirse ideológicamente. Tal vez sea hora de atreverse a hacerlo y decirles a los pobres que no está en sus planes abandonarlos a su suerte, pero también dirigirse a ese lote castigado de anónimos que luchan cada día por no retroceder, y prometer representarlos</b>. Sería una novedad revolucionaria y, probablemente, el comienzo de un proceso de auténtica sanación social.</p>
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		<title>No hable que nadie escucha</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2015 11:30:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Después de Mao, nunca había llegado tan lejos un maoísta”, reflexionaba un colega, cuya ocurrencia nos hizo sonreír aún frente a un panorama desolador: el desembarco de Carlos Zannini en la fórmula de Daniel Scioli ratificaba las especulaciones; Cristina Kirchner, La Cámpora y el kirchnerismo entornarán al imbatible e incombustible gobernador de la provincia de... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/06/19/no-hable-que-nadie-escucha/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>“Después de Mao, nunca había llegado tan lejos un maoísta”</strong>, reflexionaba un colega, cuya ocurrencia nos hizo sonreír aún frente a un panorama desolador: el desembarco de Carlos Zannini en la fórmula de Daniel Scioli ratificaba las especulaciones; Cristina Kirchner, La Cámpora y el kirchnerismo entornarán al imbatible e incombustible gobernador de la provincia de Buenos Aires.</p>
<p>Justo es reconocer el titánico esfuerzo que hizo el oficialismo duro para torcerle el brazo; intentó por todos los medios construir un candidato alternativo, más digerible a su selectivo estómago. <strong>Querían un K puro. Pero también hay que reconocerle al “cristinismo” la habilidad de saber cuándo negociar.</strong> Y eso que es una actividad infrecuente para el oficialismo. Sin embargo y sobre el filo, <strong>hizo un par de movidas estratégicas con la mirada puesta en el objetivo peronista por antonomasia: conservar el poder.<span id="more-64"></span></strong></p>
<p>El kirchnerismo tiene características propias. Es, en su base, peronismo clásico: populista, discrecionalidad, con rasgos autoritarios, y una cierta debilidad por el poder sin límites. Por eso descree de la labor de la justicia que no es “militante”, de los medios que no son adictos y de las personas independientes. Para el peronismo y su desprendimiento, el kirchnerismo, la libertad no es un valor absoluto y, por ende, tampoco los derechos individuales. El peronismo es la reivindicación del Estado corporativo que admiró Perón y cuyo formato copió del mussolinismo. Sobre ese piso, el kirchnerismo absorbió los elementos terroristas de los 70 de primera y segunda generación y en la actualidad se mezclan entre sus filas los Kunkel con los Wado de Pedro. Los extremistas que acogió a lo largo de su historia habían sido, hasta Kicillof, elementos escasos y marginales de la construcción política, por lo general resistidos desde adentro y nunca del todo incorporados.  En este estadío peronista, <strong>los trotskistas, leninistas, maoístas y marxistas de todo pelaje dejaron atrás la marginalidad de la militancia inicial, dejaron atrás la clandestinidad de la subversión posterior y hoy ocupan el centro de la escena.</strong> “Cosas vedere, Sancho, que non credere”.</p>
<p><strong>Buscando en el fondo del placard una mirada optimista a lo que nos pasa, se podría esgrimir que las cosas están a la vista. Inmodificables pero explícitas</strong> <strong>porque quien haya seguido la política de la última década habrá comprobado la rigidez K y el caso omiso que hizo siempre a sugerencias y/o críticas hasta de los propios que suelen advertir: “A Cristina no se le habla. Se la escucha”.</strong> Su rumbo es su rumbo y no es lo más importante; es lo único que importa.</p>
<p>Ahora bien, dado que otro legado K es la división del país en “ellos y nosotros” y según la reciente descripción, con “ellos” no hay nada que hacer, la zozobra es lo que hay enfrente de ese peronismo sin sorpresas en el fondo pero con preocupantes y novedosas señales de radicalización.</p>
<p><strong>Y enfrente de eso emerge una fuerza política con elementos nuevos y viejos, con una apariencia inofensiva y cordial pero cuya receta también es la polarización, una réplica del “ellos o nosotros” menos extrema o, tal vez, menos explícita</strong>. Una de las principales banderas del PRO fue el caudal de gente sin militancia que aportaba a la política. Si eso significa que vienen sin mañas, es bueno. Si significa que carecen de experiencia, es malo. Porque la historia está plagada de ejemplos que demuestran las ventajas del entendimiento. Acuerdo no siempre es sinónimo de componenda.</p>
<p><strong>El PRO, liderando una coalición, aparece como la única posibilidad para evitar más kirchnerismo y se resiste a asumir esa responsabilidad.</strong> Aislado entre propios, le dice que no a intentar por todos los medios la derrota del oficialismo. Su estratega ecuatoriano los convenció de que es mejor perder solos que ganar con otros pero no se trata de una simple elección. <strong>Estamos asomados a un precipicio de autoritarismo </strong>que nos alejará definitivamente del mundo y quedaremos a merced del kirchnerismo y su puñado de aliados: Rusia, Irán, China y Venezuela.</p>
<p>El PRO se niega a abandonar su discutible “purismo” y su actitud inflexible a pesar de la inminencia del peligro. Esa intransigencia ¿a qué remite? <strong>Cuando Mauricio Macri califica de “presiones” la opinión de quienes sugieren como superadora la opción de alcanzar una coalición opositora amplia ¿insinúa que los sectores que así lo manifiestan no debieran hacerlo? ¿No habría que decirle a los políticos que nos conducen lo que pensamos si disgusta? ¿Habría que solamente escuchar?</strong> Eso ¿a qué remite?</p>
<p><strong>Fuerzas encerradas en sí mismas, fuerzas que consideran un agravio las opiniones adversas y fuerzas incapaces de acordar por encima de sus intereses de parte son fuerzas sectarias.</strong> Y son fuerzas dañinas para la República.</p>
<p>El desafío argentino está planteado. Habrá que elegir entre un kirchnerismo que “va por todo” y un macrismo empacado en “solos o nada”. <strong>Será elegir entre dos sectarismos porque todo indica que uno de ellos va a ganar</strong>. Muy posiblemente sea peor la continuidad oficialista, pero es bueno advertir desde ahora que ninguno, en la práctica, está dispuesto a abonar el camino de las instituciones.</p>
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		<title>La burbuja</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Apr 2015 08:55:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Argentina es un país raro y caprichoso como un adolescente, con cambios de humor súbitos y contradictorios. Tras exprimir las ventajas de la década menemista, adoptó una pose de estudiada repulsión a los &#8217;90. Al margen de la cuota de hipocresía que conlleva el hecho, es de celebrar el &#8220;No a los &#8217;90&#8243; porque... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/04/07/5/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La Argentina es un país raro y caprichoso como un adolescente, con cambios de humor súbitos y contradictorios. <strong>Tras exprimir las ventajas de la década menemista, adoptó una pose de estudiada repulsión a los &#8217;90</strong>. Al margen de la cuota de hipocresía que conlleva el hecho, es de celebrar el &#8220;No a los &#8217;90&#8243; porque se trata de una década, en términos institucionales, olvidable. Siempre es bueno que una sociedad rectifique criterios, más aún después de haber acompañado con algarabía impune los desvíos menemistas. Darse cuenta sería un signo de madurez que en este caso, <strong>se neutraliza cuando festeja la vuelta a los &#8217;80. </strong></p>
<p>Porque, en el plano político, también es <strong>una década poco feliz a pesar de la buena prensa que se ha intentado hacer sobre la figura de Raúl Alfonsín</strong>. En un marco de, digamos, evolución ciudadana, cruje el &#8220;Sí alos &#8217;80&#8243;.  Los &#8217;80 o la década radical. Los &#8217;80 de &#8220;Coti&#8221; Nosiglia, Storani y Suárez Lastra, los &#8217;80 de los muchachotes de la Coordinadora y del incendio alfonsinista. Ellos están detrás de la reciente decisión partidaria de apoyar a Mauricio Macri en la elección nacional de este año como estuvieron junto al peronismo de Chacho Alvarez sobre el final del siglo pasado en aquel malhadado engendro que la historia recuerda como “la Alianza”. Los radicales saben que el pacto entre Alfonsín y Menem les permitió obtener la Jefatura de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires para De la Rúa pero les costó el partido. Como fuerza política no se recuperaron más después de aquello y el instinto de conservación los lleva a asociarse, sucesivamente, con quien les provea supervivencia. Primero fue el peronismo díscolo y ahora, &#8220;la nueva derecha&#8221;. La jerga popular describiría el tic como que &#8220;cualquier colectivo los deja bien&#8221;.</p>
<p>Tal vez lo más incomprensible es que los más contentos con el joint venture sean los proístas cuando, en verdad, <strong>es el radicalismo el más beneficiado con este acuerdo de cúpulas.</strong> Ahora los venidos a menos se sentarán con un partido con existencia real y abultado presupuesto a conversar/negociar cargos, candidaturas y espacios. Es de esperar que Mauricio Macri, tan afecto a las encuestas, haya medido el aporte concreto que representará a su candidatura este acercamiento. Porque vaya una reflexión acerca de la fidelidad partidaria. ¿No es otro rasgo enmohecido y más propio de la &#8220;vieja política&#8221; creer que las decisiones de arriba se replican sin chistar, abajo? ¿Estarán sabiendo qué proporción de radicales de alma sobrevive después de esos episodios en que, traicionando sus principios, &#8220;se doblaron pero no se rompieron&#8221;? <strong>¿Cuántos fieles ciegos quedaron después del pacto de Olivos? ¿Cuántos tras el acompañamiento legislativo que prestaron al gobierno, por acción u omisión, a lo largo de la &#8220;década ganada&#8221;?</strong></p>
<p>¿Es aplicable al cálculo de votos, en el Siglo XXI, un acuerdo entre dirigentes? ¿Quedará militancia que vote lo que indican los cuerpos partidarios o esa es una ilusión de otras épocas? ¿No será que votarán por Mauricio Macri los radicales que estaban convencidos de hacerlo, aún antes de la Convención partidaria? ¿No será que no lo votarán quienes no simpatizan con el PRO, aún después de la Convención partidaria?</p>
<p>Sin duda que aquello fue un hecho político de alto impacto pero cabe analizar sus auténticas consecuencias. Hoy hablamos de acercamientos entre una fuerza política que nunca ejerció la democracia interna con otra que hace décadas que no la practica y que, además, tienen de los hechos recientes, versiones disímiles. El acuerdo alcanzado, sea una alianza como la definió Ernesto Sanz o no, según palabras del Jefe de Gobierno porteño, guarda una distancia con el caudal de votos que obtenga, similar a la brecha abierta entre la dirigencia y el ciudadano.</p>
<p>Por eso, es hora de decirle al público cómo funcionan las tan aludidas &#8220;operaciones de prensa&#8221;. <strong>Un &#8220;alguien&#8221; con fundados intereses en que un &#8220;algo&#8221; se instale, paga voceros indirectos. No dice &#8220;voy ganando&#8221; sino que lo hace decir.</strong> El precio de la movida depende de los actores. Cuanto más &#8220;inobjetable&#8221; es la fuente, más cara. En un segundo paso, terceros (inocentes o no) repiten la versión, que empieza a circular, validada porque no proviene del interesado. Y de decir y decir, la especie se instala. De pronto el invento, o el deseo, se convierte enuna verdad que no requiere comprobación y la operación puede considerarse un éxito.</p>
<p><strong>Algo de eso está pasando con las encuestas. Quienes tienen acceso a la adjudicación de  propaganda oficial, o sea a dineros públicos, están poniendo esos recursos a disposición de sus respectivas campañas.</strong> Lo del kirchnerismo es un escándalo sin precedentes, pero no es extraño el uso de la pauta oficial para fines proselitistas en los demás distritos cuyos titulares son también candidatos. La degradación de las formas no reconoce partido. Para el que quiera saber y prefiera no ser engañado, basta observar con detenimiento este dato.</p>
<p>Que Scioli es el candidato del Papa, que Massa se está cayendo en las preferencias o que el macrismo está limpio de peronistas son versiones instaladas de esa forma, que favorecen a alguien y perjudican a alguien. La veracidad de esos comentarios no reclama ser probada porque &#8220;lo dice todo el mundo&#8221; y con eso parece alcanzar. Así funciona.</p>
<p>También surge una ecuación interesante de la mera observación: los proístas más alejados del poder real están subidos al caballo y los que están cerca, lucen cautos. Es la prudencia del ganador, dicen algunos. Es la diferencia entre los que vieron detrás de la cortina y el resto, dicen otros. Habrá que esperar un poco más.</p>
<p>Siguiendo esa lógica y según los últimos planteos, la pelea de fondo estaría entre Macri y Scioli, como quiso siempre el kirchnerismo. Mientras tanto el ciudadano común, ametrallado a rumores, ordena sus prioridades. A la cabeza de sus preocupaciones figura llegar a fin de mes. <strong>Nadie le dice cómo van a levantar el cepo, qué secuelas de esta década golpearán su economía, qué tan decidida será la lucha contra la corrupción, cómo se enfrentará o si se enfrentará la violencia instalada en el país</strong>, dado que miembros de ambas fuerzas, sciolismo y macrismo-radicalismo, colaboraron en la redacción del <strong>abominable proyecto de Código Penal de clara inspiración zaffaroniana</strong> con eje en la perversa doctrina del abolicionismo penal.</p>
<p>Los contendientes, mientras tanto, delinean sus estrategias de campaña, contratan genios del marketing político y  tejen entre ellos, en completa abstracción del deterioro. <strong>Esa Argentina ignorante de su sostenido proceso de decadencia se parece a  &#8221;El Jardín de los Finzi-Contini&#8221;.</strong> Nos plagiamos hasta las desgracias. Y la ignorancia.</p>
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		<title>Que la muerte de Nisman no sea en vano</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Feb 2015 10:24:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alberto Nisman]]></category>
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		<description><![CDATA[Es muy difícil retomar la rutina después de la muerte de Alberto Nisman. Los análisis y las especulaciones electorales suenan inoportunas o intrascendentes. O quizá ambas. En lo personal, se sienten casi como una falta de respeto para quien perdió la vida buscando la verdad. Pero hay que seguir, hasta por él mismo. Esta columna rinde... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/02/09/que-la-muerte-de-nisman-no-sea-en-vano/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Es muy difícil retomar la rutina después de la muerte de Alberto Nisman. Los análisis y las especulaciones electorales suenan inoportunas o intrascendentes. O quizá ambas. En lo personal, se sienten casi como una falta de respeto para quien perdió la vida buscando la verdad. Pero hay que seguir, hasta por él mismo. Esta columna rinde un sentido homenaje a su coraje y compromiso, y hace votos para que la justicia divina compense el bache que está dejando la de los hombres.</p>
<p><strong>Primero que nada, sugiero no dar crédito a ningún trascendido respecto de su muerte porque el aparato de propaganda oficial está trabajando sin descanso para instalar decenas de versiones y trascendidos con el objetivo central, histórico y genético del kirchnerismo: confundir para ocultar.</strong></p>
<p>Con el dolor por la desaparición de un hombre valiente y la desazón de sentir que lo que hacemos a diario no sirve o no alcanza, tratemos de darle sentido a esta muerte injusta. Que Nisman nos arranque del sopor que nos tuvo inmóviles o indiferentes. Hagamos algo útil: decidamos en este instante poner fin al kirchnerismo. Decidámoslo en nuestro corazón primero para que, una vez digerida la idea, la llevemos al plano de la acción. Y la acción puede ir desde elegir ya el candidato que apoyaremos en las próximas elecciones hasta participar en política de manera activa. Entre ambos extremos, todas las opciones intermedias de colaboración valen. Pero es preciso hacer foco en el objetivo y el objetivo es lograr que el FPV abandone el poder, si es que aún estamos a tiempo.</p>
<p><strong>La decadencia a la que hemos llegado debiera alarmarnos: en el Poder Ejecutivo, una mujer acusada de usurpar títulos, acumular una fortuna mal habida y encubrir un atentado terrorista mayúsculo; una persona que nos avergüenza por sus desplantes y sus modales, incapaz de conmoverse con el dolor ajeno.</strong> El legislativo, dividido en dos grupos: una tropa de levanta manos sin dignidad, vergüenza ni límite versus un lote de mediocres que, sin querer o queriendo, les hace seguidismo. Y un Poder Judicial infectado de &#8220;zafaronianos&#8221; dedicados a defender a los delincuentes y, consecuentemente, abandonar a las victimas, celebrando la erosión del principio de justicia.</p>
<p>En esencia, esa es la foto del día.</p>
<p>Esta columna adhiere a la marcha del silencio convocada por los fiscales de todo el país para el próximo 18 de febrero porque es en homenaje al Doctor Nisman <strong>y es de buena gente estar en las malas.</strong> Hay que recordar al hombre probo que murió buscando la verdad  y hay que acompañar a sus pares. No es tiempo de preguntarle a los hombres de la Justicia qué hicieron antes de la muerte del fiscal, con cuánta decisión resistieron los atropellos de la política o si alguna vez pudieron defender con más firmeza la independencia judicial y no lo hicieron. Hoy hay que estar. La causa de los fiscales es la causa de cualquier argentino y frente al reclamo de que alguien haga algo, parece que uno de los poderes del estado se ha puesto de pie.</p>
<p>Asi lo entendió el foro Usina de Justicia que, a través de un comunicado, adhirió a la movilizacion del 18. &#8220;No podriamos estar en ningún otro lugar mientras se honra la memoria de Aberto Nisman&#8221; dijeron sus integrantes. Interesante reflexión para quienes dudan entre asistir o no. Pero además, sugieren la instancia internacional como garantía de imparcialidad.</p>
<p>Tras el fracaso rotundo del Poder Legislativo que a lo largo de treinta años no ha representado a nadie más que a sus propios intereses de cuerpo, las circunstancias hacen que la representación provenga de quienes no son elegidos por la gente, y cuya función tampoco es la de representarnos. Pero lo están haciendo en estos dias trágicos de la Argentina y bienvenidos ellos.</p>
<p>Sin embargo, es importante señalar la diferencia entre las marchas y esta marcha. Si la resistencia general a tanto desmadre se percibiera contundente, no habría que descartar que el Gobierno apelara a la &#8220;conmoción interna&#8221; como excusa constitucional para pegar un tirón a la cuerda. Próximo a las elecciones, el desorden urbano sería un escenario casi deseable para el kirchnerismo.<strong> Si la gente todavía no ha entendido que salir a la calle no le sirve políticamente más que al poder instalado, tiene el espejo de Venezuela donde mirarse. Hace años que sus habitantes salen por millares y, aún más bravíos que los argentinos pues se enfrentan al chavismo con un coraje que los lleva presos, no consiguieron limar a la dictadura. </strong></p>
<p>Entonces, es imprescindible no darle motivos al kirchnerismo para ninguna reacción porque son realmente hábiles levantando la apuesta. Que no tengan de qué quejarse; que deban inventarlo pero no le hagamos el juego porque, a pesar de los optimistas que los ven de salida, siguen teniendo la sartén por el mango. Si el desorden ganara la calle estarían encantados de declarar estado de sitio. Hay que acompañarlos a la puerta pero, ahora sí, con la inmerecida paciencia que supimos tenerles todos estos años.</p>
<p>En este momento crítico del país, en el que se necesita con desesperación estrechar filas y curar las heridas que nos hemos hecho unos a otros, una fuerza emerge tras la consigna de representar el antiperonismo. Con ese planteo ¿hacia dónde está empujando al voto peronista?  ¿Quién necesita otra expresión sectaria en la sociedad? ¿Qué suma de novedoso al sectarismo K? <strong>La Argentina no necesita un sectarismo de distinto signo al presente sino una convocatoria amplia, con grandeza para aceptar a todos los que estén dispuestos a volver al estricto cumplimiento de la ley. </strong></p>
<p>Que la perplejidad, por completo razonable frente a la atrocidad, se transforme en convicción profunda y nos despierte. Necesitamos argentinos avergonzados por lo que nos pasa, lúcidos para ver las trampas del kirchnerismo y sus aliados, maduros para elegir lo que nos conviene a todos más que lo que preferimos en casa y decididos a abandonar el pozo.</p>
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		<title>La política nos reclama</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Jan 2015 10:08:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Corrupción]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El que esté harto que levante la mano. El que esté desganado, también. El que crea que la política hace años se volvió una calesita, el que se aburre de leer los mismos comentarios sobre los mismos temas de parte los mismos opinólogos; los que sean capaces de adelantar lo que van a decir la mayoría de los entrevistados en la televisión porque descubrieron hace rato que se trata de paupérrimas escenificaciones protagonizadas por un puñado de abonados que se plagian a sí mismos; que levanten la mano aquellos a quienes les cuesta más cada año renovar expectativas de cambio; los que dejaron de leer los diarios con avidez y solo los hojean porque están seguros de no sorprenderse con nada bueno; los que miran la realidad y fruncen la nariz, y la calificarían de menos de lo mismo; los que votan más porque es obligatorio que porque es un derecho; los que reconocen enseguida las frases hechas, los lugares comunes de la política y las expresiones de deseo que suelen ir siempre en dirección contraria a la realidad; y también levanten la mano los que tienen miedo a la delincuencia y al futuro, porque ambos lucen desmadrados; los que creen que nadie toma decisiones, y que si nadie se anima ni asume riesgos las cosas no cambian más que para peor.</p>
<p>Esta nota va dirigida a todos ellos; a los que sienten que la mediocridad de los funcionarios públicos no los representa, como no los representan las opciones exhibidas en la góndola de los partidos. Esta nota va dirigida a los que trabajan con seriedad, a los que estudian con ahínco, a los cumplidores, a los que tienen palabra, a los decentes, a los que madrugan, a los que pagan sus cuentas y a los que tienen por costumbre decir la verdad, que son millones. <strong>El mensaje para esos disconformes es que no son pocos y que está muy bien que no se sientan representados por los políticos de la calesita, porque esos se representan entre ellos pero no a nosotros.</strong> Y está muy bien que rechacen a la casta empresaria argentina que hace negocios con los de la calesita y que con sus dineros, dudosamente multiplicados, sostienen a los peores en los lugares de decisión. No puede haber nunca entendimiento con ellos porque somos líneas paralelas. No van a cruzarse ni a coincidir nunca. En nada. Por suerte.</p>
<p>La grieta social que el kirchnerismo produjo existe pero debería haber sido entre esos agentes de perdición y los demás. Pero no. La grieta K es una grieta perversa; es entre los que están con ellos y los que no pero tan perversa es que nadie puede delimitar con precisión por dónde va la línea divisoria; quiénes más, además de ellos, son “ellos” también. Mientras tanto, destruyen. Unos por acción, otros por omisión. Los tres poderes del Estado están en jaque: el Ejecutivo, con una Presidente acusada desde usurpar un título universitario a ser propietaria de dineros mal habidos; el Legislativo, por sesionar poco y nada y bailar al compás de los caprichos de Cristina Kirchner, una conducta vergonzosa que deberá estudiarse en el futuro como la complicidad de los representantes del pueblo en la destrucción de las instituciones; y el Judicial, por estos días se ve claramente, como un poder que ejerce muy cada tanto su imprescindible independencia, con escasas dosis de coraje y que viene convalidando, salvo honrosas y aisladas excepciones, el latrocinio.</p>
<p><strong>¿Qué persona de bien puede sentirse representada por alguno de estos modelos?</strong> Bienvenidos los hartos porque las medias tintas, los “y, bueno, los argentinos siempre fuimos así” nos trajeron hasta acá. La cuestión es qué se hace con la desazón. Salir a la calle está probado que no sirvió. Cuando un régimen se instala la opinión de los ciudadanos pasa a ser intrascendente. Cuba es un caso testigo y, para los que pensamos que aquello es un extremo que se pudo convalidar hace medio siglo pero que hoy sería inviable, Venezuela es el aquí y ahora. Al régimen no le importan las marchas y esas demostraciones masivas no perjudican al Gobierno; las pruebas están a la vista.</p>
<p>En lo personal, 2014 cerró con la iniciativa de formar un foro que fomentara el ejercicio de la buena justicia. Y así nació “Usina de Justicia”. Mentes notables y profesionales prestigiosos se reunieron a pensar el tema. Mi aporte a la reflexión fue preguntar por qué esas neuronas estaban concentradas allí y no participando de las mesas de decisión. Y porque la política se cambia desde adentro agregué: “La política nos trajo hasta acá, la política nos tendrá de sacar”. Hace algunos años, en una esclarecedora charla con Alvaro Vargas Llosa, me dijo que en “nuestros” países, en referencia a Perú y Argentina, es imprescindible que la gente decente, preparada y bienintencionada se involucre con la cosa pública porque de otro modo dejamos el Estado para que lo colonicen los peores.</p>
<p>Esa frase parece una foto de nuestra realidad.  Ya que los hemos dejado va a ser muy arduo desalojarlos. Se trata de personas que llegaron en colectivo a esos escritorios y que ahora se movilizan en aviones privados propios. Van a pelearla como se empieza a ver. Ojo que la bochornosa movida que hizo la Procuradora Gils Carbó para garantizar la impunidad del kirchnerismo, la interna que anuncia batalla campal en el PRO por la sucesión en la Capital o el auto-descuartizamiento de UNEN son solo la punta del iceberg. Pero hay que celebrar que sucedan porque así como la política se cambia desde la política, según dice Carlos Montaner (que algo de dictaduras conoce) los sistemas políticos autoritarios se caen desde adentro. Y agrega: “Solo desde adentro”.</p>
<p><strong>Vaya esta reflexión para los que aún sugieren marchas y otras expresiones aisladas para cambiar el estado de cosas.</strong> Claro que no gustan. A Maduro le molesta ver a millones de personas en la calle pero, a diferencia nuestra, los venezolanos están dispuestos a ir a la cárcel y hasta a morir por la causa de la libertad. Cómo será que molesta a los burócratas la sola visión de individuos manifestándose pacíficamente que el kirchnerismo y el macrismo quieren judicializar esa acción. De uno se entiende. Del otro, cuyos dirigentes suelen viajar a Caracas para acompañar a los manifestantes, es inexplicable que quieran que eso que apoyan allá, sea delito acá. El kirchnerismo permitió y alentó la toma del espacio público durante una década porque jaqueaba a un amplio sector de la población que retrocedía con temor lógico ante esos forajidos con la cara tapada y palos en la mano. Pero el macrismo se acordó diez años tarde de pedir que eso fuera considerado fuera delito.</p>
<p>La corporación política tiene esos pliegues y complicidades que dejan afuera al ciudadano de a pie. De vuelta: por suerte. Por eso casi ninguna de esas fuerzas políticas hace internas, y se eligen a dedo entre ellos. Porque son estructuras poderosas donde se premian cualidades distintas a las que exaltaría el votante común. ¿No será suficiente lo que nos han limado nuestra calidad de vida, nuestras instituciones, nuestro futuro y nuestro presente? ¿No será tiempo de complicarles la vida a ellos, de decirles “basta” y de tomar sus puestos? La política nos reclama. Este es un llamado de aquí y ahora. Como dice Machado: “Ahora es el tiempo de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos. Porque mañana es tarde”. Ahora.</p>
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