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	<title>María Zaldívar &#187; Eduardo Duhalde</title>
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		<title>Los errores de Cambiemos</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2015 03:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Los argentinos no aprendemos más. Cuando Néstor Kirchner resultó el elegido de Eduardo Duhalde y Carlos Menem se alzaba como su principal amenaza, el oficialismo fogoneó al tercero, Ricardo López Murphy, y lo arrastró a confrontar de lleno con Menem. La estrategia era neutralizar a su auténtico adversario y obligarlo a un desgaste innecesario. En ese momento, López Murphy entró en el juego que solo le convenía a Kirchner.<b> Trece años después, el kirchnerismo repite la receta y la oposición vuelve a caer en la misma trampa. El Gobierno entero le mete fichas a Cambiemos y, mientras los seguidores de Mauricio Macri se entretienen descalificando a Sergio Massa acusándolo de todo tipo de componendas, el kirchnerismo consolida la continuidad.</b></p>
<p>Alguien debería decirles que el adversario a batir no es él, sino el modelo encarnado en las figuras de los elegidos Daniel Scioli y Carlos Zannini. En esa dirección tendrían que estar concentrados los esfuerzos de Cambiemos y, como complemento, reconociendo la responsabilidad de ser la segunda fuerza, encabezar un acercamiento a todos los sectores que compartan el objetivo de no tener más kirchnerismo, al menos, al frente del Ejecutivo nacional.</p>
<p>Sin embargo, los últimos días de campaña no parecen llevar esa dirección. No tanto los voceros oficiales del macrismo, pero sí los contratados, y mucho más los oficiosos, repiten, con y sin convicción, que el affaire Niembro y el amesetamiento de Cambiemos son operaciones políticas en su contra, mientras políticos allegados, de profesión funcionarios y de tan largo como sinuoso recorrido, siembran dudas sobre la existencia de un acuerdo entre Massa y el kirchnerismo.<span id="more-73"></span></p>
<p>Este episodio, por absurdo, se parece al pacto militar-sindical denunciado por Raúl Alfonsín meses antes de la elección de 1983. Burdo aquello y burdo esto, sin embargo, no faltaron adeptos para ambos rumores. <b>La Argentina manifiesta cierta inclinación, algo patológica, por las teorías conspirativas. </b>Pareciera más afecta a los relatos que a la realidad: Compraron el de Alfonsín (“Con la democracia se come, se cura y se educa”), compraron el de Menem (“La revolución productiva”) y compraron el de Kirchner&amp;Kirchner (“Minga con el Fondo”).</p>
<p><b>Lo cierto es que, mientras tanto, el kirchnerismo sigue adelante con su plan de continuar en el ejercicio del poder. Y está cerca de conseguirlo</b>. Ellos saben que los recientes escándalos denunciados en ocasión de las elecciones provinciales en Tucumán, por ejemplo, no les restan votos: Quienes los señalan por tamañas salvajadas no son sus votantes, son, por el contrario, los mismos que se indignan por la corrupción, ya ni siquiera encubierta, que envuelve a la mayoría de los funcionarios, y son también los que denuncian hace años la distorsión de los números de la economía. Tampoco son votantes K los que objetan la familiaridad, por no decir la simpatía o la connivencia, del oficialismo con el narcotráfico y el lavado de dinero.</p>
<p>Ninguno de ellos vota el Frente para la Victoria, que, cabe recordar, se levantó con 40 puntos en las PASO de la provincia de Buenos Aires aún en medio de la inundación. La gente que “arreglan” con un bolsón o una bolsita de provisiones, con un par de billetes o con un subsidio no está preocupada por quién va a reemplazar al doctor Carlos Fayt en la Corte Suprema. Muchos de ellos ni siquiera saben que existe la Corte Suprema y menos aún su significado institucional. Esos millones están preocupados por comer y por reponer el colchón que se llevó la tormenta esa noche en que Daniel Scioli viajaba a Italia en compañía de Karina y un grupo de amigos.</p>
<p>Frente a ese escenario, agotar la expectativa propia en que se caiga el voto oficialista es jugar con fuego. Ya se vio en Tucumán y en Chaco de lo que son capaces los K cuando de ganar y retener se trata. En el deporte, los mejores directores técnicos señalan que la victoria se persigue perfeccionando el equipo, achicando las debilidades y fortaleciéndose para adentro más que especulando con los errores del contrincante.</p>
<p>El problema de los proyectos sin demasiado contenido es que hay que comprarlos a libro cerrado. Por la cara. <b>Eso fue Cambiemos: un eslogan y la suma de muchas almas con más buena voluntad que definiciones. Hoy hasta se duda de su íntima decisión de batir al kirchnerismo. El PRO puede aducir falta de experiencia política, pero ¿cómo se le perdona tamaño error al radicalismo? </b>Es imposible olvidar que se trata de personajes repetidos del escenario político nacional que necesitaban del partido joven para sobrevivir y que lo empujaron a decidir cerrarse en un mundo que da muestras permanentes de que el progreso viene de la mano de la diversidad, el diálogo y la complementación.</p>
<p>No se le pase, entonces, la factura entera de la probable derrota del 61,6 % de la población a la trilogía Macri, Marcos Peña y Durán Barba, aunque en un principio, bajo la obsesión de un purismo más deseado que real, el PRO pretendió ser cabeza de ratón y también cola de león del acuerdo sellado con el radicalismo tras la convención partidaria de Gualeguaychú. Cada uno de los que se opusieron a una interna amplia con participación todos los sectores opuestos al kirchnerismo tiene que hacerse cargo hoy de su cuota-parte de responsabilidad en las consecuencias.</p>
<p>Distintos dirigentes del PRO se han cansado de comparar el proceso político argentino con el de Venezuela y viajan desde hace varios años de manera sistemática a apoyar a Henrique Capriles, el emergente de la gran coalición que intenta horadar el poder omnímodo del chavismo, acompañan sus reclamos y participan de sus marchas a pesar de las diferencias conceptuales que mantienen los aliados entre sí, pero reconociendo que el objetivo primordial es terminar con un régimen que de democrático tiene poco y de republicano menos. Sin embargo, no replican esa conducta en la Argentina. <b>Hay que concluir, entonces, que el objetivo primordial del macrismo y del radicalismo no es remover al kirchnerismo del poder</b>. Es válido, pero tal vez sea hora de meditar cuáles son las prioridades políticas de Cambiemos.</p>
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		<title>La Gran López Murphy</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Sep 2014 02:27:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque mantenga el perfil bajo,<strong> la sombra de Eduardo Duhalde sigue merodeando entre bambalinas.</strong> Como la sociedad argentina es muchas cosas pero, esencialmente, impredecible, nadie sabe por qué echó sobre el pesificador asimétrico un manto de impunidad que lo mantuvo con vida política más allá del desastre que provocó. Casi nadie lo responsabiliza de la estafa más grande que la historia moderna registra, por la que grandes empresas endeudadas localmente en dólares hicieron el increíble negocio de esfumar sus obligaciones en esa moneda, mecanismo por el cual y simultáneamente el grueso de la sociedad argentina descendió abruptamente un par de escalones en su nivel de vida y unos cuantos millones pasaron a la pobreza extrema de un plumazo.<span id="more-14"></span></p>
<p>Ese Eduardo Duhalde, que le pegó en los talones a De la Rúa hasta voltearlo, el que renunció a sus planes presidenciales tras la revuelta de Puente Pueyrredon, es el “elegidor” de los Kirchner. Es el que anduvo por el interior del país ofreciendo la primera magistratura como si le perteneciera y pocos se preguntaron sobre su legitimidad para semejante tarea. Después, el público se espanta de los extremos a los que llegamos. Estas cosas son parte del trayecto; no se va de Alberdi a Cristina Kirchner de un solo paso.</p>
<p><strong>Es muy posible que estemos frente a un escenario electoralmente similar al del 2002,</strong> en el que se pueda repetir la bien urdida trampa del duhaldismo.</p>
<p>El gran titiritero, que digitó el precipicio de De la Rúa y alentó la derrota de Carlos Menem aún más que el triunfo de Néstor Kirchner, utilizó la euforia por Ricardo López Murphy para la concreción de su plan.</p>
<p>Había, como en la actualidad, una sociedad que después de exprimir hasta la indecencia los beneficios que la administración política vigente ofrecía, pidió un cambio, por lo menos, de caras. Ahí el peronismo ideó aquello de ofrecerse al electorado servido en envoltorios diferentes, una modalidad que instaló entonces y que llegó, por supuesto, para quedarse.</p>
<p>Así empezó la ciudadanía entera, en una suerte de ignorancia compulsiva, a participar de la interna pejotista. Si bien las propuestas peronistas entonces eran tres, <strong>la pelea de fondo se planteaba claramente entre Kirchner y Menem.</strong> Atrás, desde otro palo y con el ánimo templado por la emoción de estrenarse en las grandes ligas, venía Ricardo López Murphy. Era &#8220;el&#8221; candidato. Un candidatazo: formado, probo, moderado y de convicciones firmes. Ideal para darle aire. Y mientras importantes segmentos de la población lo elegían genuinamente, el duhaldismo-kirchnerismo, también, aunque por motivos menos santos.</p>
<p>Su tercer puesto cómodo empezó, por obra de esas encuestas carísimas que su propio sector no podía pagar por la modestia de sus recursos de campaña, a transformarse en segundo. Y a veces sonaba hasta cabeza a cabeza con el primero. Y la euforia los ganó a los lopezmurphistas. Y a López Murphy. <strong>La misma euforia que hoy se apoderó del macrismo</strong>. Y de Macri, que iba tercero cómodo, y que de repente empieza, sin haber hecho nada distinto salvo más propaganda, a adelantarse y que en las últimas horas un encuestador -que hace dos semanas lo medía en tercer lugar- hoy lo ve liderando la intención de voto.</p>
<p>En 2003, la realidad contradijo a las encuestas pero el objetivo de embarrar el ballotage estaba logrado. ¡Grande Duhalde! <strong>Si el voto no oficialista no se hubiera dispersado, otra hubiera sido la historia. </strong></p>
<p>El idiotismo útil que apoyó a López Murphy en 2002 hoy está a full con Mauricio Macri. No ven la trampa ni el peligro. No cambian ni aprenden. No quieren porque después de una década no pueden aducir ingenuidad. Mi abuela, con esa inteligencia llana que suele superar en pragmatismo a la erudición de tubo de ensayo, se preguntaría: &#8220;¿Son o se hacen?&#8221; Y la mezcla de erudición y experiencia (o sea saber más conocerlos) le respondería: &#8220;Son, abuela. Son. Le están haciendo el juego, como hace doce años, al mismo eje. No satisfechos con haberlos autorizado a desperdiciar una década, vuelven a permitir hoy que Duhalde y Kirchner los usen para seguir digitando y arruinando nuestras vidas&#8221;.</p>
<p>&#8220;Pero ya está, abuela. No hay peor sordo que el que no quiere oír. Es tan grave la situación y tan poco el tiempo que hay que dedicar los esfuerzos en razonar con los millones de personas de buena voluntad que quieren, en serio, sacarse de encima a Duhalde y a Kirchner. Sobre ellos hay que concentrarse <strong>mientras los PROperonistas votan con el kirchnerismo</strong> elevar el pañuelo de Bonafini a la categoría de símbolo &#8220;patrio&#8221; o el traslado del monumento a Cristóbal Colón para no herir los ojos de la Presidente. O mientras se juntan con el oficialismo garantista a formular modificaciones al Código Penal para alegría de la delincuencia&#8221;.</p>
<p>Porque para el autoritarismo la ley modifica la realidad. Y si no es posible modificarla por ley, se las ignora; a ambas. Y listo. Colón deja de ser Colón en cuanto no lo vemos. El pañuelo de Bonafini incorpora lustre no bien la ley que lo dispone entra en vigencia. Y si así no fuera, si algún individuo osara no emocionarse con el pañuelo de Bonafini como cuando ve flamear la bandera de Belgrano, siempre habrá un funcionario dispuesto a amenazarnos con el cumplimiento de la ley. Porque la ley cambia de objeto en los regímenes totalitarios; en lugar de ser el marco que limita el poder del Estado es el arma del burócrata para el disciplinamiento del individuo.</p>
<p>&#8220;El que no lo ve, abuela, y no lucha contra ello, colabora con la instalación del poder absoluto y discrecional. <strong>Fijate la contradicción boba del macrismo: va a Venezuela a apoyar cuanta manifestación se realiza contra el regimen agobiante de Chávez y sus herederos, y en la Argentina acompaña al kirchnerismo </strong>en su intención de judicializar la toma de las calles por parte de la ciudadanía. A ver, abuela ¿vos te acordás quién fogoneó los piquetes? ¿Quién inventó los tipos con palos en la mano y la cara tapada apoderándose de nuestra libertad de transitar, que emergieron como pulgas en los primeros años del kirchnerismo? ¿Y no supusiste que, al no reprimir tamaña conducta antisocial, el gobierno la alentaban? ¿Y no te preguntás por qué ahora, súbitamente cambian de opinión y buscan una herramienta legal para aplacar las manifestaciones callejeras?&#8221;</p>
<p>Ahí la abuela me recordaría que desde hace un par de años somos otros los que salimos a la calle, y que al ser tantos, las cortamos. Y seguramente me diría: &#8220;Aaaah! Pero claro, m&#8217;hija! Nos quieren dejar en off side! Si fuera delito manifestarse, cuando salimos contra la 125 hubiéramos terminado presos. O cuando defendíamos la independencia de la justicia o reclamamos seguridad. Esas marchas multitudinarias no hubieran podido hacerse&#8221;.</p>
<p>Hasta la abuela se daría cuenta de que ésta es la pelea de fondo, que el &#8220;Dialogar nos une&#8221; de Federico Pinedo no estaría dando frutos y que está en los planes del kirchnerismo acallar, por no decir aplastar, las manifestaciones adversas. Como hace el chavismo en su país. Y la abuela agregaría: &#8220;¡Mirá si fuera delito en Venezuela salir por las calles a mostrar disconformidad a la dictadura hornitológica!&#8221;. Bueno, eso. El PRO apoya en Venezuela lo que pide castigar en la Argentina. Y aplaudió de pie a la Presidente cuando lo propuso en la apertura de las sesiones.</p>
<p>Hay que entender que hoy necesitamos toda la flexibilidad para armar una oposición responsable y firme que los desarticule y los aleje del poder. Pero también que hay que entender que <strong>al kirchnerismo no hay que acompañarlo más que a la puerta</strong> y, exclusivamente, para asegurarse de que en verdad se vaya.</p>
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