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	<title>María Zaldívar &#187; Carlos Zannini</title>
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		<title>El largo trecho del discurso a la realidad</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Apr 2016 03:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Agustín Rossi]]></category>
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		<description><![CDATA[Carlos Zannini pasó, en pocos meses, de probarse el traje de vicepresidente de la república a ser repudiado a viva voz por distintos públicos. Dos días consecutivos, en la cancha de Boca y dentro de un avión, el ex monje negro de la administración k chocó de frente con la realidad: muchas personas lo desprecian... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2016/04/28/el-largo-trecho-del-discurso-a-la-realidad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Carlos Zannini pasó, en pocos meses, de probarse el traje de vicepresidente de la república a ser repudiado a viva voz por distintos públicos. Dos días consecutivos, en la cancha de Boca y dentro de un avión, el ex monje negro de la administración k chocó de frente con la realidad: muchas personas lo desprecian y se lo hicieron saber.</p>
<p>Esta práctica no es nueva. Tras la finalización del menemismo, ocurrieron episodios similares que tuvieron como protagonistas a varios de sus capitostes. Desde el propio Carlos Menem hasta Domingo Cavallo sufrieron el repudio social en vivo y en directo, o el juez Jorge Urso y también Jorge Asís, que debió refugiarse en el hall de un edificio cercano al local donde degustaba un café para librarse de los vecinos indignados que lo increpaban por haber sido parte de una administración considerada moralmente inaceptable.</p>
<p>Ahora parecería ser el turno del kirchnerismo, aunque no es del todo así. El rencor con ellos no es reciente, sólo que el estilo que cultivaron de blindarse al contacto con la gente mientras eran funcionarios los hizo inaccesibles, pero la disconformidad que generaban era creciente y afloró en cada oportunidad posible. Hace algunos años, el entonces ministro Axel Kicillof atravesó por un episodio similar al de Zannini en el ferry que hace el trayecto Buenos Aires-Montevideo. Antes de eso, el entonces presidente de la Cámara Baja, el ultrakirchnerista Agustín Rossi, fue abucheado en Santa Fe, la provincia de la que es oriundo. <b>En todos los casos el reclamo fue el mismo: la desinteligencia entre el discurso que consumían y la vida que llevaban.<span id="more-106"></span></b></p>
<p>Lo curioso es la reacción que estos hechos provocaron en amplios sectores de la sociedad, en especial, entre periodistas y políticos. Todos coincidieron en la condena al escrache, que rápidamente se transformó en un paraguas de corrección del que ninguno quiso quedar afuera y que delata una mezcla de hipocresía con ignorancia.</p>
<p>Confundir los episodios mencionados, todos espontáneos, con el mecanismo del escrache indica un profundo desconocimiento de la historia. Y decirles fascistas, como se ha escuchado y leído, a quienes repudiaron a funcionarios o ex funcionarios simplemente porque coincidieron accidentalmente con otros y fueron más de uno, simplifica el análisis de lo ocurrido. Como generalmente, nos quedamos en la espuma.</p>
<p>Primo Levi llamaba “perversión moral” al intento de equiparar a la víctima con el victimario. Las personas que insultaron a Zannini, a Kicillof o a Rossi son víctimas, ciudadanos rasos, no ejercen cargos públicos ni tienen posiciones de privilegio alguno; se toparon con ellos sin proponérselo. Son personas que vieron afectada su calidad de vida por gestiones arbitrarias, padecieron la connivencia de cada uno de ellos con una administración letal cuyo rumbo Zannini pretendió profundizar al ser candidato a más kirchnerismo.</p>
<p><b>La condena a la actitud del público no puede más de hipócrita</b>. ¿Es acaso cuestionable que quien tenga la oportunidad de plantearle sus reparos acumulados lo interpele? ¿Que le reproche el maltrato ejercido por él y sus cómplices desde una posición claramente dominante? ¿Está mal increparlo por volar rumbo al “eje del mal” en una aerolínea extranjera y tener a toda su familia acomodada en cargos públicos? Separando el fondo y la forma, no. <b>Definitivamente, no está mal expresarse. Lo que no es aceptable es el modo</b>.</p>
<p>Siguiendo con un análisis serio y profundo de estos hechos, el “correctismo” político salió enseguida (muchos a curarse en salud por aquello de “Hoy por ti, mañana por mí”). Sin embargo, no se escucharon las mismas lisonjas respecto de las dos carencias desesperantes que el episodio pone de relieve: la falta de justicia y la falta de educación.</p>
<p>Porque si Carlos Zannini estuviese preso, tal vez por su responsabilidad en los hechos terroristas de los que participó durante los setenta, o imputado como partícipe necesario del robo del siglo junto a sus compañeros de ruta, el mal llamado escrache no hubiese ocurrido. Si las personas que viven a derecho tuvieran la convicción de que el rigor de la ley llega a todos por igual, no ejercerían la violencia verbal.</p>
<p>Del mismo modo, lo que atempera el carácter es la educación. Los buenos modales se aprenden y los malos, también. <b>Las personas que increparon e insultaron a los ex funcionarios no carecen de razón sino de buenos modales. Y allí está la otra raíz y no la espuma del hecho: la falta de educación.</b></p>
<p>Pero es más rápido condenar el griterío, porque, además, le pone a uno cierta pátina de equilibrio y moderación que queda bien. Sin embargo, tanto parte del periodismo como la corporación política prefieren no entrar en temas de urbanidad, porque es pegarse un tiro en el pie. Los malos modales son moneda corriente en ambos ámbitos. Legisladores que se aúllan durante una sesión y periodistas que vociferan el peor lenguaje y se creen con derecho a destratar por portar un micrófono se inhabilitan solos para señalar los modos ajenos.</p>
<p>No se ha escuchado demasiado reconocer que el Poder Judicial es el más enfermo de los poderes del Estado. A la voz de “no generalicemos” y “no todos son lo mismo”, se ha prohijado a la corporación judicial que hace o deja hacer. Cuando la política le tiende un puente de plata a un funcionario judicial de la calaña de Norberto Oyarbide para salir indemne después del daño enorme que su desempeño causó a la sociedad, la política está siendo cómplice del “más de lo mismo”.</p>
<p>Cuando la política condena a una víctima del destrato oficial porque le gritó su indignación a un burócrata, se pone del lado del burócrata. Sigue siendo ellos contra nosotros. En lugar de defender al burócrata, hagan su parte: <b>saneen las instituciones y eduquen al pueblo</b>. Liberen de autoritarismos varios la vida cotidiana de los habitantes; enseñen a pensar, a razonar, a elegir y a vivir en libertad; hagan realidad la igualdad ante la ley y van a ver cómo no tendrán la sinuosa y deslucida necesidad de poner la cara por sujetos como Zannini, Rossi o Kicillof.</p>
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		<title>Los errores de Cambiemos</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2015 03:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Los argentinos no aprendemos más. Cuando Néstor Kirchner resultó el elegido de Eduardo Duhalde y Carlos Menem se alzaba como su principal amenaza, el oficialismo fogoneó al tercero, Ricardo López Murphy, y lo arrastró a confrontar de lleno con Menem. La estrategia era neutralizar a su auténtico adversario y obligarlo a un desgaste innecesario. En ese momento, López Murphy entró en el juego que solo le convenía a Kirchner.<b> Trece años después, el kirchnerismo repite la receta y la oposición vuelve a caer en la misma trampa. El Gobierno entero le mete fichas a Cambiemos y, mientras los seguidores de Mauricio Macri se entretienen descalificando a Sergio Massa acusándolo de todo tipo de componendas, el kirchnerismo consolida la continuidad.</b></p>
<p>Alguien debería decirles que el adversario a batir no es él, sino el modelo encarnado en las figuras de los elegidos Daniel Scioli y Carlos Zannini. En esa dirección tendrían que estar concentrados los esfuerzos de Cambiemos y, como complemento, reconociendo la responsabilidad de ser la segunda fuerza, encabezar un acercamiento a todos los sectores que compartan el objetivo de no tener más kirchnerismo, al menos, al frente del Ejecutivo nacional.</p>
<p>Sin embargo, los últimos días de campaña no parecen llevar esa dirección. No tanto los voceros oficiales del macrismo, pero sí los contratados, y mucho más los oficiosos, repiten, con y sin convicción, que el affaire Niembro y el amesetamiento de Cambiemos son operaciones políticas en su contra, mientras políticos allegados, de profesión funcionarios y de tan largo como sinuoso recorrido, siembran dudas sobre la existencia de un acuerdo entre Massa y el kirchnerismo.<span id="more-73"></span></p>
<p>Este episodio, por absurdo, se parece al pacto militar-sindical denunciado por Raúl Alfonsín meses antes de la elección de 1983. Burdo aquello y burdo esto, sin embargo, no faltaron adeptos para ambos rumores. <b>La Argentina manifiesta cierta inclinación, algo patológica, por las teorías conspirativas. </b>Pareciera más afecta a los relatos que a la realidad: Compraron el de Alfonsín (“Con la democracia se come, se cura y se educa”), compraron el de Menem (“La revolución productiva”) y compraron el de Kirchner&amp;Kirchner (“Minga con el Fondo”).</p>
<p><b>Lo cierto es que, mientras tanto, el kirchnerismo sigue adelante con su plan de continuar en el ejercicio del poder. Y está cerca de conseguirlo</b>. Ellos saben que los recientes escándalos denunciados en ocasión de las elecciones provinciales en Tucumán, por ejemplo, no les restan votos: Quienes los señalan por tamañas salvajadas no son sus votantes, son, por el contrario, los mismos que se indignan por la corrupción, ya ni siquiera encubierta, que envuelve a la mayoría de los funcionarios, y son también los que denuncian hace años la distorsión de los números de la economía. Tampoco son votantes K los que objetan la familiaridad, por no decir la simpatía o la connivencia, del oficialismo con el narcotráfico y el lavado de dinero.</p>
<p>Ninguno de ellos vota el Frente para la Victoria, que, cabe recordar, se levantó con 40 puntos en las PASO de la provincia de Buenos Aires aún en medio de la inundación. La gente que “arreglan” con un bolsón o una bolsita de provisiones, con un par de billetes o con un subsidio no está preocupada por quién va a reemplazar al doctor Carlos Fayt en la Corte Suprema. Muchos de ellos ni siquiera saben que existe la Corte Suprema y menos aún su significado institucional. Esos millones están preocupados por comer y por reponer el colchón que se llevó la tormenta esa noche en que Daniel Scioli viajaba a Italia en compañía de Karina y un grupo de amigos.</p>
<p>Frente a ese escenario, agotar la expectativa propia en que se caiga el voto oficialista es jugar con fuego. Ya se vio en Tucumán y en Chaco de lo que son capaces los K cuando de ganar y retener se trata. En el deporte, los mejores directores técnicos señalan que la victoria se persigue perfeccionando el equipo, achicando las debilidades y fortaleciéndose para adentro más que especulando con los errores del contrincante.</p>
<p>El problema de los proyectos sin demasiado contenido es que hay que comprarlos a libro cerrado. Por la cara. <b>Eso fue Cambiemos: un eslogan y la suma de muchas almas con más buena voluntad que definiciones. Hoy hasta se duda de su íntima decisión de batir al kirchnerismo. El PRO puede aducir falta de experiencia política, pero ¿cómo se le perdona tamaño error al radicalismo? </b>Es imposible olvidar que se trata de personajes repetidos del escenario político nacional que necesitaban del partido joven para sobrevivir y que lo empujaron a decidir cerrarse en un mundo que da muestras permanentes de que el progreso viene de la mano de la diversidad, el diálogo y la complementación.</p>
<p>No se le pase, entonces, la factura entera de la probable derrota del 61,6 % de la población a la trilogía Macri, Marcos Peña y Durán Barba, aunque en un principio, bajo la obsesión de un purismo más deseado que real, el PRO pretendió ser cabeza de ratón y también cola de león del acuerdo sellado con el radicalismo tras la convención partidaria de Gualeguaychú. Cada uno de los que se opusieron a una interna amplia con participación todos los sectores opuestos al kirchnerismo tiene que hacerse cargo hoy de su cuota-parte de responsabilidad en las consecuencias.</p>
<p>Distintos dirigentes del PRO se han cansado de comparar el proceso político argentino con el de Venezuela y viajan desde hace varios años de manera sistemática a apoyar a Henrique Capriles, el emergente de la gran coalición que intenta horadar el poder omnímodo del chavismo, acompañan sus reclamos y participan de sus marchas a pesar de las diferencias conceptuales que mantienen los aliados entre sí, pero reconociendo que el objetivo primordial es terminar con un régimen que de democrático tiene poco y de republicano menos. Sin embargo, no replican esa conducta en la Argentina. <b>Hay que concluir, entonces, que el objetivo primordial del macrismo y del radicalismo no es remover al kirchnerismo del poder</b>. Es válido, pero tal vez sea hora de meditar cuáles son las prioridades políticas de Cambiemos.</p>
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		<title>No hable que nadie escucha</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jun 2015 11:30:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Zaldívar</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Después de Mao, nunca había llegado tan lejos un maoísta”, reflexionaba un colega, cuya ocurrencia nos hizo sonreír aún frente a un panorama desolador: el desembarco de Carlos Zannini en la fórmula de Daniel Scioli ratificaba las especulaciones; Cristina Kirchner, La Cámpora y el kirchnerismo entornarán al imbatible e incombustible gobernador de la provincia de... <a href="http://opinion.infobae.com/maria-zaldivar/2015/06/19/no-hable-que-nadie-escucha/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>“Después de Mao, nunca había llegado tan lejos un maoísta”</strong>, reflexionaba un colega, cuya ocurrencia nos hizo sonreír aún frente a un panorama desolador: el desembarco de Carlos Zannini en la fórmula de Daniel Scioli ratificaba las especulaciones; Cristina Kirchner, La Cámpora y el kirchnerismo entornarán al imbatible e incombustible gobernador de la provincia de Buenos Aires.</p>
<p>Justo es reconocer el titánico esfuerzo que hizo el oficialismo duro para torcerle el brazo; intentó por todos los medios construir un candidato alternativo, más digerible a su selectivo estómago. <strong>Querían un K puro. Pero también hay que reconocerle al “cristinismo” la habilidad de saber cuándo negociar.</strong> Y eso que es una actividad infrecuente para el oficialismo. Sin embargo y sobre el filo, <strong>hizo un par de movidas estratégicas con la mirada puesta en el objetivo peronista por antonomasia: conservar el poder.<span id="more-64"></span></strong></p>
<p>El kirchnerismo tiene características propias. Es, en su base, peronismo clásico: populista, discrecionalidad, con rasgos autoritarios, y una cierta debilidad por el poder sin límites. Por eso descree de la labor de la justicia que no es “militante”, de los medios que no son adictos y de las personas independientes. Para el peronismo y su desprendimiento, el kirchnerismo, la libertad no es un valor absoluto y, por ende, tampoco los derechos individuales. El peronismo es la reivindicación del Estado corporativo que admiró Perón y cuyo formato copió del mussolinismo. Sobre ese piso, el kirchnerismo absorbió los elementos terroristas de los 70 de primera y segunda generación y en la actualidad se mezclan entre sus filas los Kunkel con los Wado de Pedro. Los extremistas que acogió a lo largo de su historia habían sido, hasta Kicillof, elementos escasos y marginales de la construcción política, por lo general resistidos desde adentro y nunca del todo incorporados.  En este estadío peronista, <strong>los trotskistas, leninistas, maoístas y marxistas de todo pelaje dejaron atrás la marginalidad de la militancia inicial, dejaron atrás la clandestinidad de la subversión posterior y hoy ocupan el centro de la escena.</strong> “Cosas vedere, Sancho, que non credere”.</p>
<p><strong>Buscando en el fondo del placard una mirada optimista a lo que nos pasa, se podría esgrimir que las cosas están a la vista. Inmodificables pero explícitas</strong> <strong>porque quien haya seguido la política de la última década habrá comprobado la rigidez K y el caso omiso que hizo siempre a sugerencias y/o críticas hasta de los propios que suelen advertir: “A Cristina no se le habla. Se la escucha”.</strong> Su rumbo es su rumbo y no es lo más importante; es lo único que importa.</p>
<p>Ahora bien, dado que otro legado K es la división del país en “ellos y nosotros” y según la reciente descripción, con “ellos” no hay nada que hacer, la zozobra es lo que hay enfrente de ese peronismo sin sorpresas en el fondo pero con preocupantes y novedosas señales de radicalización.</p>
<p><strong>Y enfrente de eso emerge una fuerza política con elementos nuevos y viejos, con una apariencia inofensiva y cordial pero cuya receta también es la polarización, una réplica del “ellos o nosotros” menos extrema o, tal vez, menos explícita</strong>. Una de las principales banderas del PRO fue el caudal de gente sin militancia que aportaba a la política. Si eso significa que vienen sin mañas, es bueno. Si significa que carecen de experiencia, es malo. Porque la historia está plagada de ejemplos que demuestran las ventajas del entendimiento. Acuerdo no siempre es sinónimo de componenda.</p>
<p><strong>El PRO, liderando una coalición, aparece como la única posibilidad para evitar más kirchnerismo y se resiste a asumir esa responsabilidad.</strong> Aislado entre propios, le dice que no a intentar por todos los medios la derrota del oficialismo. Su estratega ecuatoriano los convenció de que es mejor perder solos que ganar con otros pero no se trata de una simple elección. <strong>Estamos asomados a un precipicio de autoritarismo </strong>que nos alejará definitivamente del mundo y quedaremos a merced del kirchnerismo y su puñado de aliados: Rusia, Irán, China y Venezuela.</p>
<p>El PRO se niega a abandonar su discutible “purismo” y su actitud inflexible a pesar de la inminencia del peligro. Esa intransigencia ¿a qué remite? <strong>Cuando Mauricio Macri califica de “presiones” la opinión de quienes sugieren como superadora la opción de alcanzar una coalición opositora amplia ¿insinúa que los sectores que así lo manifiestan no debieran hacerlo? ¿No habría que decirle a los políticos que nos conducen lo que pensamos si disgusta? ¿Habría que solamente escuchar?</strong> Eso ¿a qué remite?</p>
<p><strong>Fuerzas encerradas en sí mismas, fuerzas que consideran un agravio las opiniones adversas y fuerzas incapaces de acordar por encima de sus intereses de parte son fuerzas sectarias.</strong> Y son fuerzas dañinas para la República.</p>
<p>El desafío argentino está planteado. Habrá que elegir entre un kirchnerismo que “va por todo” y un macrismo empacado en “solos o nada”. <strong>Será elegir entre dos sectarismos porque todo indica que uno de ellos va a ganar</strong>. Muy posiblemente sea peor la continuidad oficialista, pero es bueno advertir desde ahora que ninguno, en la práctica, está dispuesto a abonar el camino de las instituciones.</p>
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