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	<title>Marcelo Ramal &#187; ley antiterrorista</title>
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		<title>Una guerra de “servicios” en el final de la campaña</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Aug 2013 11:41:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Ramal</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El tramo final de campaña ha sacado a luz el verdadero rostro de los bloques políticos que pugnan por el primer lugar este domingo. A raíz del robo a la casa de <strong>Sergio Massa</strong>, <strong>la disputa electoral ha tomado la forma de una guerra al interior de los servicios de &#8220;seguridad&#8221;</strong>. En este caso, por la participación de un prefecto de la inteligencia estatal en delitos comunes. Del otro lado del mostrador, Massa quería darle un &#8220;perfil bajo&#8221; a su denuncia, para no revelar que <strong>en su &#8220;municipio modelo&#8221; la inseguridad ciudadana está desafiada por la misma cuestión que en todo el país</strong>: el entrelazamiento entre el <strong>aparato represivo del Estado</strong> (que Massa reforzó por todos los medios) y el <strong>delito organizado</strong>.</p>
<p>Pero esta guerra de servicios ya se había destapado un tiempo atrás, cuando el gobierno colocó al represor y también agente de inteligencia <strong>Milani</strong> al frente del Ejército, con el propósito de contrarrestar el pasaje de buena parte de los jefes de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE) al campo del &#8220;post-kirchnerismo&#8221; y, por lo tanto, de la conspiración política contra el gobierno. A cambio de esa cooptación, el gobierno de los derechos humanos le ofreció a Milani y a las Fuerzas Armadas recuperar un protagonismo político y, de paso, encubrir el pasado represivo del nuevo jefe del Ejército.</p>
<p>Que la pelea electoral en <strong>Buenos Aires</strong> haya cobrado la forma de esta reyerta entre espías y ladrones retrata, como ninguna otra cuestión, a los bloques políticos en pugna. Del lado oficial, ese aparato de conspiración fue el ejecutor del <strong>Proyecto X</strong> (espionaje a las organizaciones sociales y políticas) y cuenta con el respaldo de la ley &#8220;antiterrorista&#8221; que el mismo gobierno impulsó. Por el lado de Sergio Massa, basta decir que <strong>eligió como jefe de campaña al mismísimo Juan José Alvarez</strong>, a quien su condición de <strong>instigador político de la masacre del Puente Pueyrredón</strong> y de ex agente de la SIDE bajo la dictadura, no le impidió operar para el kirchnerismo, al menos, hasta 2010.</p>
<p>La oposición que encarna <strong>Stolbizer y la UCR</strong> se ha servido del episodio con Massa para agitar la bandera de una &#8220;<strong>guerra de mafias</strong>&#8220;, sin reparar que esa descomposición tiene su réplica exacta en Santa Fe, entre la policía de Binner-Bonfatti y el narcotráfico que opera en la provincia.</p>
<p><b>Disgregación oficial</b></p>
<p>Con todo, el choque entre Massa y el gobierno tiene un alcance más general. Lo que entró en crisis es la tentativa de una sucesión ordenada o pactada entre la camarilla oficial y los personeros políticos y empresariales que se bajaron del barco del gobierno. El tránsito al post-kirchnerismo no será pacífico, y estará surcado por choques y crisis políticas de gran alcance. <strong>Los economistas de Massa o el UNEN postulan el desmantelamiento &#8220;ordenado&#8221; del régimen de emergencia montado por el kirchnerismo hace una década</strong>. Pero en buena medida, lo mismo pretende el gabinete oficial, cuando acelera la devaluación de la moneda o los aumentos permanentes en los combustibles, en perjuicio de trabajadores y consumidores. Nada de esto pudo impedir la caída de reservas y de las inversiones, ni qué decir del vaciamiento energético. La burguesía exige, entonces, un definido cambio de frente, y ello se expresa incluso en el corazón de la base empresarial del kirchnerismo: el grupo oficialista <strong>Electroingeniería</strong>, ganador de la licitación para construir las represas hidroeléctricas de Santa Cruz, ha exigido cobrar una parte de la obra en dólares a ser depositados en el exterior, algo que se da de patadas con el ordenamiento económico vigente (cepo cambiario, restricción a la repatriación de divisas) y refuerza todas las exigencias por una devaluación en regla. <strong>Detrás de las frases o spots vacíos de contenido, las campañas del oficialismo y la oposición tradicional han disimulado que preparan una salida a la presente crisis abiertamente contraria a los intereses populares.</strong></p>
<p>Es significativo, por eso, que derechistas y &#8220;nacionales y populares&#8221; coincidieran en cerrar sus campañas con claras señales de hostilidad a la clase obrera. En el caso de <strong>Macri</strong>, encubriendo la apresurada apertura de nuevas estaciones de subtes con una operación política contra los metrodelegados; por el lado de <strong>Randazzo</strong> y el gobierno, tratando de endosarle la catástrofe ferroviaria y sus consecuencias a los trabajadores del riel.</p>
<p><b>Perspectivas políticas</b><b> </b></p>
<p>Este domingo, el kirchnerismo volverá a perder en un conjunto de distritos fundamentales. Entre ellos, podría encontrarse la provincia de Buenos Aires. <strong>Las victorias opositoras, sin embargo, estarán lejos de establecer un eje común y beneficiarán a un conjunto de fuerzas heterogéneas, desde Binner al macrismo</strong>. El kirchnerismo se servirá de ello para seguir candidateándose a pilotear la crisis e incluso la sucesión de 2015. Pero las armas con las que defiende ese derecho están a la vista: en el plano económico, sometiendo a millones de trabajadores a un impuesto confiscatorio al salario, mientras asegura en el presupuesto 2014 el pago del &#8220;cupón PBI&#8221; de la deuda a los usureros internacionales. En el terreno político, ello se traduce en el pacto con Scioli, el verdadero protagonista de la campaña electoral oficial. Cuando las elecciones -y las guerras de servicios- pasen, Scioli y Massa discutirán cómo se reparten la herencia &#8220;nacional y popular&#8221;.</p>
<p>La transición política que impone la sucesión del kirchnerismo es el telón de fondo de los &#8220;rejuntes&#8221; y fracturas que caracterizaron a esta primera fase de la campaña. En oposición a ellos, la acción del Frente de Izquierda se ha destacado por oponer una agenda y una salida de los trabajadores a la crisis. La votación del domingo será el peldaño para una nueva e intensa batalla en octubre: frente al régimen de &#8220;servicios&#8221;, devaluadores y pagadores seriales de la deuda, estamos luchando para que los trabajadores puedan intervenir en la crisis nacional que se avecina con un programa y una identidad política propios. Ese es el significado de fondo de la nueva batalla que comienza el lunes 12: &#8220;la izquierda, al Congreso&#8221;.</p>
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