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	<title>Marcelo Montes &#187; Kiev</title>
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		<title>Herencias de la Guerra Fría</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Mar 2014 09:35:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Montes</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace más de dos décadas, <strong>Ucrania fue uno de los tres estados firmantes del acta de defunción de la Unión Soviética</strong>, demostrando así, por un lado, su lealtad histórica al viejo imperio comunista pero también su firme decisión de enterrarlo. Tras un período de cierto “<em>impasse</em>” en su relación especial con Rusia, en cierto modo, la continuadora jurídica de la antigua unión, esa aparente dualidad volvió a hacerse elocuente en el año 2004. En dicha ocasión, protestas civiles y presiones internacionales, bajo el “paraguas” de “<strong>Revolución Naranja</strong>” urgieron por nuevas elecciones al presidente Yanukovich (aliado del Kremlin ruso) y meses más tarde, ya en 2005, catapultaron a la dupla <strong>Yushenko-Timoshenko</strong> al poder, bajo un régimen político semipresidencialista. Facciosidad, corrupción, populismo, sobreactuación de Timoshenko y otros factores, favorecieron el fin de dicha coalición liberal-demócrata y con ella, el fin de las ilusiones “prooccidentalistas”.</p>
<p>En el 2010, insólitamente, con el apoyo de su viejo archirrival Yushenko, volvió al poder Yanukovich, quien reformó la Constitución para convertir a Ucrania en presidencialista, y tras su categórico triunfo electoral, bajo la nueva institucionalidad dos años más tarde, envió a prisión a la líder opositora Yulia Timoshenko, bajo cargos de corrupción. Así, <strong>Yanukovich demostraba ser nada original: al igual que la gran mayoría de los países detrás de la ex “Cortina de Hierro”, lideraba un régimen político con fachada democrática, pero nada liberal, con cooptación de los medios de comunicación, clientelismo empresario</strong> (los oligarcas de Donetsk y Dnieperpetrovsk), <strong>más corrupción y desigualdad social.</strong> Sin embargo, cuando en noviembre del año pasado, Yanukovich, en la soledad del poder y con un contexto económico bastante adverso, decidió no adherir a la posibilidad de ingreso a la UE en Vilna (capital de Lituania), estallaron manifestaciones civiles, aunque inicialmente, de menor tenor a las de 2004. La posterior represión y la palpable demostración de un gobierno debilitado, estimularon las protestas sin liderazgo claro pero cuando el Presidente acordó primero con Rusia, la aceptación de un préstamo multimillonario y gas a precio subsidiado, y trascartón, sancionó leyes que prácticamente prohibían las protestas. Todo el clima confrontativo empeoró. El ex campeón mundial de boxeo Vitali Klitschko, incorporado hace un par de años a la actividad política, al frente del partido UDAR y otros sectores de cuño ideológico liberal o nacionalista, extremistas, como “<em>Patria</em>” y “<em>Swoboda</em>” (Libertad), se vieron motivados a actuar, incluso en términos cuasi paramilitaristas, esta vez, <strong>bajo la expresión “<em>Euromaidan</em>”.</strong></p>
<p><span id="more-57"></span>La naturaleza de estas protestas que terminaron con el mandato de Yanukovich, fue muy diferente de las de hace una década. Aquellas poseían visos de cierta legalidad, tenían su origen en el reclamo contra elecciones fraudulentas y tenían la clara intención de promover el triunfo de Yushenko a través de su coalición política. El <em>Euromaidan</em>, en cambio, presentó visos de violencia cuasi anárquica, preocupante; nunca estuvo clara la intencionalidad de grupos tan heterogéneos a quienes los unía, desalojar a Yanukovich pero no ungir a nadie en especial y finalmente, <strong>tampoco resultó tan evidente que siquiera tuvieran un contenido proeuropeísta u occidentalista</strong>, ya que entre los manifestantes, hubo grupos tradicionalistas radicalizados, en cualquier caso, anti Bruselas. No faltaron aquellos que pretendieron encabezar raídes antisemitas o antirrusas.</p>
<p>Claramente, la dinámica política interna es la que decisivamente influye en el comportamiento de los actores. Ucrania no fue noticia alguna en los diarios internacionales entre 1992 y 2004, gracias al liderazgo de Kravchuk y Kuchma, en el marco de un régimen político semipresidencialista pero oligárquico y corrupto, lejos de los modelos transicionales poliárquicos, checo y polaco. La evolución política ucraniana, populista, clánica y con cierto grado de polarización entre una mitad social propeuropea y otra mitad prorrusa, es un simple reflejo de la geografía económica y étnica ucraniana, atravesada por tales clivajes. Incluso, en términos industriales, el sudeste ucraniano, de auge en la era comunista y de decadencia “protegida” en la postcomunista, es un reservorio de <em>statu quo</em> que retroalimenta al sistema político.</p>
<p>No obstante ello, Rusia siempre ejerció gravitación, ya sea, negociando la continuidad de la flota del Mar Negro, el control del armamento nuclear, la moneda común, etcétera. <strong>Tanto en el 2004 como en el 2006, Moscú ejerció una insoportable presión sobre el suministro y precio del gas a Kiev</strong>. La historia común (el Rus de Kiev y su competencia con Moscú, el papel de Catalina La Grande, las amenazas polacas y alemanas, el pasado estalinista, las decisiones de Khruschev) y cierto paternalismo cultural que ejerce Rusia sobre Ucrania aunque también, una actitud especial y oportunista de ésta en relación a aquélla, hacen que el Kremlin, sobre todo, bajo el liderazgo de Putin, no renuncie a tal influencia. La reciente defensa de los rusos parlantes y étnicos de <strong>Crimea</strong>, un lugar caro a los sentimientos históricos de Moscú, así lo atestigua. <strong>Putin presionará y pondrá máxima tensión en dicho espacio, pero no apoyará secesiones, porque hacerlo, implicaría aceptar el mismo estándar para el caso checheno,</strong> lo cual, sería irracional en términos geopolíticos.</p>
<p><strong>En el caso de la Unión Europea y Estados Unidos, sus intereses pueden ser convergentes, en torno a respaldar una Ucrania más autónoma de Moscú, pero al mismo tiempo, las diferencias de énfasis y roles, son notorias</strong>. Mientras para la primera, la variable económico-comercial y en segundo lugar, la de los valores democráticos, pueden llegar a ser prioritarias en la relación con Kiev, para Washington, sólo la seguridad, en términos de la OTAN, en un espacio postsoviético de relevancia, merecería algún tipo de involucramiento, aún con cautela. La posición de Ucrania, en una esfera tan cercana a Moscú, lejos de estimular a Washington a decisiones audaces y de incierto costo, en realidad, la neutraliza. También resulta claro, tras una década de la “Revolución Naranja”, que la UE podría haber contribuido eficazmente al fortalecimiento institucional democrático de Ucrania y lamentablemente, no lo hizo. Hoy, pueden comprobarse las consecuencias internas de tal déficit cooperativo.</p>
<p>Pe<strong>ro Ucrania también ha jugado su propia carta y ha intentado manipular tanto a Moscú como a Bruselas.</strong> Alternativamente, Yanukovich como Timoshenko negociaron precios, transporte y suministro efectivo del gas a Europa, en condiciones cuanto menos opacas;<strong> usaron demagógicamente la adhesión a la OTAN y a la UE</strong> -en este caso, mera “vecindad”-, dado su carácter de <em>status</em> simbólico y no de solución real a los problemas domésticos. También ilusionaron a Moscú, con la incorporación a su bloque comercial regional con países euroasiáticos, más Georgia y Bielorrusia: la élite ucraniana, en su intimidad, observa que dichos “socios” han sido sobrevalorados en comparación con los mayores avances que ha logrado Kiev en torno a su modernización para entrar por ejemplo, al “club europeo”. Así,<strong> la nada confiable élite ucraniana “juega a dos puntas” pero no se ve compensada suficientemente por ninguno de los dos actores externos nombrados que, por otra parte, también son interdependientes</strong>, dados sus negocios energéticos conjuntos, demanda de turismo, etcétera.</p>
<p>Finalmente, <strong>habrá que seguir observando a Kiev.</strong> Sólo allí, la élite post Yanukovich, aislando a los radicalizados del <em>Euromaidan</em>, tendrá que acordar, bajo la tutela de la UE, Washington y obviamente de Moscú, un camino pacífico a las elecciones de mayo próximo, evitando herir las sensibilidades cuasidisgregacionistas del este, el sur y de la propia Crimea.</p>
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		<title>Verano convulsivo a orillas del Nilo</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Jul 2013 06:21:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Montes</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La inestabilidad egipcia se resiste a desaparecer. Febrero de 2014, la fecha estipulada para el test electoral refundacional, asoma muy lejana. A dos años y medio de la caída del dictador <strong>Hosni Mubarak</strong>, el “oasis democrático” de la <strong>Hermandad Musulmana</strong> (HM) en el poder, a cargo del electo -con el 51 % de votos pero el 48 % de ausentismo- <strong>Mohamed Morsi,</strong> se vio interrumpido por nuevas y masivas revueltas, la “intervención” del Ejército -el más poderoso de <strong>África</strong>- y recientemente, las fracturas tanto en el nuevo gobierno provisional como en su flamante oposición, que se debate en el dilema de la institucionalidad o la guerra civil. Mientras tanto, Occidente, atrás de los acontecimientos, discute tecnicismos del carácter de si es o no un “golpe” el perpetrado contra Morsi -éste, paradójicamente apoyado en su momento, por un culposo <strong>Obama</strong>-.</p>
<p>Ciertamente, la coalición del <strong>Frente de Salvación Nacional (FSN)</strong> y el “<strong>Tamarod</strong>” (“Rebélate”) -engendrado del <strong>Kefaya</strong> (“Suficiente”) anti-Mubarak en 2004, se inserta en la lógica de las “revoluciones blancas”, postelectorales, pacíficas, convocadas a través de las redes sociales, donde las clases medias urbanas y educadas, exigen, demandan, reclaman de manera muy diversa ante regímenes semiautoritarios, corruptos y fundamentalistas, que no logran mutar su legitimidad de origen en una similar de ejercicio. El sueño de <strong>Kant</strong> y <strong>Tocqueville</strong> de más <strong>democracia universal</strong> está presente allí, a pesar de las enormes diferencias culturales entre <strong>Kiev, Estambul, Brasilia, Tbilisi, Buenos Aires, Moscú</strong> y demás ciudades que vieron a lo largo de las dos últimas décadas semejantes espectáculos callejeros.</p>
<p><span id="more-28"></span>Las nuevas tecnologías son el instrumento de aquellas clases medias en ascenso, de los jóvenes y las mujeres que hoy saben al instante el contraste de vida con esas otras regiones del globo, tan diferentes a <strong>Egipto</strong>, uno de los 15 países más poblados del mundo, con 83 millones de habitantes, entre los 30 más grandes en superficie y PBI, pero número 127 en desarrollo humano. El mismo Estado donde hace un bienio se gritaba por “pan, libertad y justicia”, se enfrenta hoy a la herencia de la HM de Morsi: el doble de déficit fiscal, una deuda pública del 85 % del PBI, reservas en cero, importación de pan saudita, desempleo, cortes permanentes de luz y agua, <strong>un 25% de egipcios que viven con menos de un dólar por día</strong> y un turismo que languidece.</p>
<p>A esta evidente ineptitud en la gestión, de esta banda de “socorros mutuos” que es la HM, devenida en poder gobernante, aliada internamente a los <strong>fanáticos salafistas de Al-Nur</strong> y externamente a <strong>Jamat Al-Islamiya</strong> y <strong>Hamas</strong>, deben agregarse su listado de atrocidades culturales y religiosas, el retroceso en las libertades públicas, las persecuciones a ONG, periodistas, sindicatos, coptos (19% de la población), shiitas, etc. <strong>La nueva Constitución sancionada durante su período presidencial no mencionaba a la mujer</strong> (excepto en el marco de la familia) <strong>y quitó el cupo femenino</strong> (64 a 8 bancas) <strong>en el Parlamento, sin prohibir expresamente la discriminación de género.</strong></p>
<p>Así, la Egipto del trío <strong>Mansur</strong>, <strong>El Baradei y Beblaui</strong> vive una secuencia con final incierto, de dictadura, gobierno electoral ineficiente, intervencionismo militar y protesta callejera, pero con la necesidad de reencauzarse institucionalmente, evitar la guerra civil al estilo <strong>Libia o Siria</strong> y dar respuesta urgente a quienes estuvieron en las calles. Mientras tanto, la crisis egipcia fronteras hacia afuera, es observado con regocijo en <strong>Israel</strong>; mayor tranquilidad en <strong>Bahrein, Arabia Saudita, Irán, la Siria de Al Assad, China y Rusia</strong> -antipática con la HM-; inquietud en <strong>Europa</strong> y <strong>Estados</strong> <strong>Unidos </strong>-quien apoya a los militares egipcios con 1.300 millones de dólares anuales-y desánimo en la oposición siria, la <strong>Turquía</strong> de <strong>Erdogan</strong> y los <strong>jeques de Qatar</strong>, el gran sostén de la HM.</p>
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