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	<title>Luis Rosales &#187; Daniel Scioli</title>
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		<title>El debate del domingo puede definir nuestro futuro</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Nov 2015 09:08:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Rosales</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Scioli]]></category>
		<category><![CDATA[Debate presidencial]]></category>
		<category><![CDATA[Frente para la Victoria]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[PRO]]></category>

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		<description><![CDATA[Increíble paradoja del destino: los argentinos, que nunca tuvimos un debate presidencial en serio, probablemente este domingo definiremos con uno nuestro futuro, al menos por los próximos cuatro años. Las democracias más establecidas, en sociedades acostumbradas a estas prácticas, saben la importancia que pueden tener estos retos televisivos frente a grandes audiencias, especialmente si la... <a href="http://opinion.infobae.com/luis-rosales/2015/11/13/el-debate-del-domingo-puede-definir-nuestro-futuro/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Increíble paradoja del destino: los argentinos, que nunca tuvimos un debate presidencial en serio, probablemente este domingo definiremos con uno nuestro futuro, al menos por los próximos cuatro años.</p>
<p>Las democracias más establecidas, en sociedades acostumbradas a estas prácticas, saben la importancia que pueden tener estos retos televisivos frente a grandes audiencias, especialmente si la elección está con pronóstico reservado.</p>
<p>Si bien en los últimos días, y después del golpe que significara el triunfo de la David, María Eugenia Vidal, sobre el Goliat, Aníbal Fernández, el clima preelectoral parecería favorecer a Mauricio Macri, los errores reiterados en las previsiones y en las encuestas a lo largo de todo este año nos dejan algo escépticos al respecto. Los votantes andan muy fluctuantes y un porcentaje relativamente pequeño de ellos, aunque suficiente para dar vuelta comicios tan ajustados, se está decidiendo realmente a último momento. Lo que pasó en las horas de la veda de la primera vuelta de hace unas semanas sólo se explica por un cambio repentino de entre el 2% o el 3% de los argentinos que eligió migrar su voto; algunos desde el propio Frente para la Victoria hacia el PRO, sin escalas.</p>
<p>Por eso, qué mejor que este verdadero casting que el destino nos ha regalado justo a una semana del día D.<span id="more-224"></span></p>
<p>Dick Morris suele decir que habitualmente los debates presidenciales no deciden una elección, salvo que los candidatos lleguen muy parejos y que el comicio se celebre muy cerca, en cuyo caso el efecto espuma que estos duelos producen no logra asentarse en el tiempo. Dos condiciones que se cumplirían en este caso. También señala que poco tienen que ver con sus equivalentes estudiantiles. En los Estados Unidos es práctica habitual que los alumnos del secundario se organicen en equipos que compiten hasta a nivel estadual, con jurados independientes y reglamentos muy estrictos. Si bien en estos certámenes educativos siempre gana el que logra imponer su criterio, o tener la razón, o convencer a los jueces, en su versión política no parecería ser así. En estos últimos <b>se impone aquel que consigue que su tema o <i>issue</i></b><b> de campa</b><b>ña que ha logrado instalar y representar ante el electorado sea el que m</b><b>ás tiempo se mantenga en la discusi</b><b>ón</b>. En general, se llega a esta instancia con poca gente indecisa, que pueda cambiar su voto como consecuencia de lo que vea en televisión durante esas dos horas de enfrentamiento verbal.</p>
<p>Si esto fuera extrapolable a la realidad argentina, podríamos afirmar que el domingo a la noche se impondrá en el debate aquel de los dos que consiga que su tema central de campaña domine el intercambio. Pero, como siempre, nuestro país no es tan fácil. Si bien para Macri el asunto sería el cambio con mantenimiento de logros, el de Daniel Scioli es el mantenimiento de los logros con algunos cambios. Todo muy sutil. <b>La enorme coincidencia en los <i>issues</i></b><b> entre ambos, as</b><b>í</b><b> como la necesidad de seducir a exactamente el mismo segmento, cuyo apoyo es imprescindible para que cualquiera de los dos llegue a la Casa Rosada, hace que este debate en particular genere m</b><b>ás expectativas de las normales</b>.</p>
<p>Si bien el mandato que se va gestando para los próximos cuatro años tiene que ver con alguna adecuada y justa alquimia entre estos dos conceptos aparentemente antagónicos, la convergencia de propuestas y personalidades de los candidatos hace todo un poco más complejo. En atributos personales son muy parecidos, también lo son en porcentajes de imagen positiva y negativa; hasta sus equipos técnicos coinciden en muchos puntos de vista.</p>
<p>En un estudio realizado conjuntamente con Raúl Aragón se mostró que es altamente probable que acceda a la Presidencia aquel postulante que pueda garantizar una adecuada combinación de cambio sin arriesgar logros. En esa competencia, Scioli retendrá a todo aquel que pretenda solamente continuar con el modelo y Macri a los que buscan un cambio total, no importa cuánto se corra cada uno de su propio eje. Estos segmentos extremos sumados significan cerca de un 40% de los votantes. Por eso, la cacería enorme será por aquellos que analizan diferentes combinaciones y el debate permitirá semblantearlos, especialmente por parte de este otro 60%, para verlos en acción y ayudar a convencerse sobre cuál de los dos está más capacitado y es más confiable para esta delicada tarea.</p>
<p>Los dos llegarán a ese momento de clímax con grandes desafíos por delante. El actualmente favorito tiene que demostrarles a los argentinos que su buena onda y su cercanía reciente son reales y no fruto de alguna técnica publicitaria. Allí no estarán los especialistas que le hacen coaching, ni, como en los avisos publicitarios recientes, la carismática y articulada triunfante bonaerense explicando que no hay riesgos en los cambios que se proponen. Estará él solo para probar que un hombre nacido rico puede ser presidente de una sociedad que, en general, en los últimos tiempos, ha rechazado a los de su condición que se animaban a la política y le teme mayoritariamente a las ideas que él antes enarbolara y defendiera. Que esta primavera repentina, que no se pudo prever debido a la seguidilla de derrotas locales de todo el año, y que sorprendiera a propios y a extraños, puede transformarse en un verdadero verano. Que podrá integrar y mantener cohesionada a su coalición, incluyendo a la propia Elisa Carrió, y que los fantasmas del período 1999-2001 están aventados para siempre. Que se ha conciliado con la política y sus complejidades y que su “eficientismo” habitual, producto tal vez de su formación como ingeniero o de su experiencia empresarial, no lo hace menospreciar el mundo de los políticos. Que sus idas y venidas con el peronismo y sus principios constitutivos culminaron en una sincera adhesión que garantice gobernabilidad. En definitiva, probar que el interés por el cambio moderado que representa y que ha logrado prender en al menos la mitad de los argentinos logra superar todos estos frenos, techos y prejuicios que siempre condicionaron su vida y sus aventuras políticas, desde los tiempos de Boca Juniors.</p>
<p>Por su parte, el hasta hace pocas semanas tranquilo y seguro candidato oficial deberá demostrar que finalmente decidió ser quien efectivamente dijo que era. Que para perforar techos electorales se anima a desafiar el liderazgo temerario de Ella, mecanismo imprescindible para desmentir lo que dicen sus adversarios sobre que es una marioneta de otros y que puede ser un presidente confiable para una transición querida por la amplia mayoría. Que efectivamente decidió escuchar más a Juan Manuel Urtubey y un poco menos a La Cámpora, entendiendo que sus compatriotas piden más hablar de futuro que de pasado. Que, como buen deportista y hombre que ha sufrido mucho, logra sobreponerse al fracaso y se anima a remontar la cuesta arriba, sin perder su humor y su compostura. Que sus disculpas a los argentinos son sinceras y no se quedan sólo en una buena producción publicitaria. Que ha logrado descifrar el dilema existencial, para la mayoría insoluble, entre continuidad y cambio, algo que llevó muy eficientemente desde hace años, hasta que su repentino fervor y alineación ideológica con la letra k lo ungiera en candidato oficial, pero lo alejara de los independientes. En síntesis, que puede ser nuevamente el alquimista que combine estas fuerzas contradictorias, o como lo dijera él mismo después del cimbronazo de hace un par de semanas, volver a ser más Scioli que nunca.</p>
<p>Ambos se juegan mucho en este duelo dominical. <b>Macri tiene que demostrar que su propuesta no es un salto al vac</b><b>ío y que puede garantizar gobernabilidad y Scioli, que ser</b><b>á</b><b> un presidente confiable y no un instrumento de otros</b>. Mochilas pesadas de las que pueden liberarse si aciertan en el tono, la imagen, el manejo de los temas, la sinceridad y la convicción que demuestren en los gestos y en el diálogo.</p>
<p>Como pocas veces, los argentinos nos transformaremos en estos días en los verdaderos constructores de nuestro futuro. Poco influirán las estructuras, los aparatos y los caudillos. Como un jurado de un certamen literario, como en un festival de cine o, más frívolamente, como en un concurso de belleza o en un casting de una agencia de modelos, los dos finalistas tendrán que desfilar ante nosotros y seducirnos con sus talentos y sus virtudes. Una experiencia que, de funcionar bien e instalarse, se puede transformar en una sana práctica electoral en un país no demasiado acostumbrado a este tipo de deferencias por parte de los poderosos. Algo de lo que podemos dar cuenta en carne propia, cuando instituciones como la Fundación Universitaria del Río de la Plata (FURP) y otras tantas intentaran, sin éxito, poner en funcionamiento esta dinámica en 2007 y 2011, con el ejemplo de tantos otros países de la región y con el camino señalado por la Commission on Presidential Debates de los Estados Unidos, entidad permanente bipartidista y totalmente plural creada en el año 1987 para garantizar la inclusión de estos encuentros en todas las campañas presidenciales de ese país, de un manera transparente y abierta para que ningún partido, candidato, organización o grupo empresarial pueda adueñarse de la instancia.</p>
<p>Paradoja y vuelta del destino, decíamos, que el kirchnerismo, tal vez el grupo político más hermético y probablemente el menos apegado a la transparencia informativa desde la vuelta de la democracia en 1983, termine su ciclo eligiendo a un sucesor surgido de un largo proceso que culmina con una de las instancias más saludables y menos practicadas en estos últimos años: el debate franco y honesto de ideas y propuestas.</p>
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		<title>Massa y el equilibrio democrático</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2015 03:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Luis Rosales</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Ballotage]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Scioli]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones 2015]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Massa]]></category>

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		<description><![CDATA[“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, como bien nos dice Rubén Blades con su marcado acento caribeño. Hace unos días nadie en su sano juicio podía prever un escenario poselectoral como el que la ciudadanía decidió este domingo. Ni los unos ni los otros imaginaban tener que estar en una situación... <a href="http://opinion.infobae.com/luis-rosales/2015/10/28/massa-y-el-equilibrio-democratico/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, como bien nos dice Rubén Blades con su marcado acento caribeño. Hace unos días nadie en su sano juicio podía prever un escenario poselectoral como el que la ciudadanía decidió este domingo. Ni los unos ni los otros imaginaban tener que estar en una situación en que cualquier resultado de ballotage es posible, aunque por esos avatares propios de la política el <i>momentum</i> claramente favorece a Mauricio Macri.</p>
<p>Ambos contrincantes tienen que salir a seducir a amplios segmentos de votantes que decidieron por otras opciones tanto en las PASO como en la primera vuelta. Obviamente, la parte del león se la lleva el más del 21% que obtuviera la coalición de Sergio Massa con José Manuel de la Sota.</p>
<p>Más allá del hecho cierto de que nadie es dueño de sus propios votos, la existencia de un caudal tan grande a conquistar necesariamente obliga a los dos competidores del ballotage a tener que hacer una serie de ajustes y cambios no sólo de maquillaje y marketing.</p>
<p>Massa consiguió mantenerse vivo y fuerte contra viento y marea por haber protagonizado una campaña muy atípica y singular, llena de propuestas, equipos y contenidos. Sus votantes lo eligieron principalmente por esa razón. Esto provocará, sin dudas, que en la caza de voluntades massistas tanto Daniel Scioli como Mauricio Macri se esmeren mucho. Algo muy bueno per se para la claridad del mandato que se está gestando para los próximos años, pero que además puede contribuir a la superación de dilemas existenciales, de los frenos y los techos que ambas candidaturas principales atacan a la hora de tener que sumar la mitad más uno de los votos el 22 de noviembre.<span id="more-218"></span></p>
<p>Los mendocinos, que venimos de una sociedad marcada por la sana existencia de tres fuerzas políticas, sabemos de las enormes contribuciones que esto ha tenido al excepcional clima de respeto y moderación que impregna el estilo de aquella provincia cuyana, algo que muchas veces nos emparenta más a la realidad transandina que a las prácticas dictadas desde el Río de la Plata. El gobernador de Mendoza siempre tiene que negociar con las otras dos fuerzas, nunca detenta el poder suficiente para tomar decisión alguna sin el consenso de alguien más.</p>
<p><b>Scioli sufre el dilema de la </b><b></b><b>frazada corta</b><b></b><b>. Los argentinos ya le se</b><b>ñ</b><b>alaron en dos oportunidades que con el discurso oficialista de continuidad casi sin cambios, m</b><b>á</b><b>s que algunos epid</b><b>é</b><b>rmicos y de nombres, no alcanza</b>. Su candidatura se mueve peligrosamente en los techos electorales del kirchnerismo, valores que, aunque nada despreciables, no son suficientes para ganar una segunda vuelta. Para perforarlos necesariamente tiene que apelar a los sectores independientes, dispuestos a aceptar la continuidad de varias políticas y programas, pero que quieren dejar atrás estilos confrontativos y prácticas no muy transparentes. Para eso se lo eligió. Alguien con la habilidad demostrada de haber sido por años el mejor oficialista y opositor al mismo tiempo. Talento que parecería haber perdido en los últimos tiempos de marcada alineación y disciplina ideológica. Lo que le sirvió para conseguir la candidatura oficial ahora no le alcanza para llegar a la Presidencia. El riesgo mayor que corre es tentarse por los cantos de sirena, que seguramente le recomendarán redoblar la apuesta K, apelando al éxito de la señora en el 2011, pero sin tener en cuenta que en aquel mítico 54% se incluía, además del núcleo duro, un enorme porcentaje de argentinos conmovidos por el sufrimiento de su repentina viudez.</p>
<p>Para Scioli la tarea de seducir a los filoperonistas del massismo le puede venir como anillo al dedo. Algo que únicamente él puede hacer dentro del oficialismo, pero sólo si los más duros lo dejan actuar y Cristina finalmente entiende que tiene que correrse del lugar de protagonismo.</p>
<p>Macri, por su parte, tiene que demostrarles a los argentinos que un hijo de Franco puede ser su presidente. Seguramente, en las últimas horas a la amplia mayoría le ha caído la ficha de la decisión tomada el domingo y empieza a ver por primera vez como factible esta posibilidad. Algo que nunca le fue fácil al ingeniero y que le demandara varios años de intentos para lograrlo en la ciudad de Buenos Aires. El recuerdo fresco del ballotage de hace apenas unas semanas alimenta esta aseveración. Cuando se unieron todos contra él, hasta los propios porteños casi le dan la espalda.</p>
<p>Además, la conquista de los votos del tercero en discordia puede servirle al líder y fundador del PRO para dejar en claro que esta vez está dispuesto a compartir y abrir el juego. Para demostrar que finalmente valora la política y a los políticos, que ante la posibilidad del premio mayor supera la cultura empresarial y corporativa que lo ha conducido bien hasta este punto, pero que no alcanza para gobernar un país complejo como el nuestro. Algo que muchos hemos experimentado en carne propia, en mi caso cuando fui candidato en coalición con el PRO durante mis aventuras políticas mendocinas de los últimos años.</p>
<p><b>Seducir a Massa, de la Sota y sus seguidores no s</b><b>ó</b><b>lo exigir</b><b>á</b><b> </b><b>de Macri compartir realmente algo del poder, cosa que nunca le resultar</b><b>á</b><b> f</b><b>á</b><b>cil, sino que tambi</b><b>é</b><b>n le permitir</b><b>á</b><b> </b><b>vestirse un poco m</b><b>á</b><b>s con ropajes peronistas, movida imprescindible para la gobernabilidad futura de su alianza</b>. Así, aventará los temores generados por su antecedente previo que llevara al gobierno a Fernando de la Rúa allá por 1999.</p>
<p>Contribuciones enormes del tigrense que obligarán a ambos bandos a superar obstáculos, remover maquillajes electorales e ir más a los temas de fondo para transparentar mensajes y propuestas específicas. Mantener una tercera fuerza es una responsabilidad muy grande que, más allá de la decisión concreta que se tome en las próximas horas en relación con el ballotage, puede darle a la Argentina el equilibrio necesario para construir un sistema de consensos y descartar en el futuro las habituales tentaciones hegemónicas. Por todo esto, nuevamente gracias, Massa.</p>
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