Salta, la innovadora

Leandro Querido

El reloj marcaba las 18:05 del domingo 10 de noviembre; en un aula de la escuela Pereyra Rozas ubicada en la periférica de la capital salteña un fiscal partidario del Partido Obrero estaba sentado en una pequeña silla escolar observando con mucha tranquilidad cómo la autoridad de mesa realizaba el escrutinio de mesa.

Cómo si fuera una experimentada cajera de supermercado pasaba el chip con el que cuenta cada boleta por la lectora de la máquina de votación. En menos de 25 minutos había pasado las 263 boletas que se encontraban en la urna.

Luego le entregó el acta de escrutinio al personal que lo transmite al centro de cómputos.

Su eficaz tarea como autoridad de mesa es parte de un engranaje logístico que permitió que a las dos horas de terminado el comicio se supiera el resultado total de la elección.

Un día antes se realizó en la sede del Tribunal Electoral de Salta la Jornada de Implementación Integral del Voto Electrónico. “En Salta hay una experiencia exitosa de voto electrónico”, decía al finalizar su exposición Alejandro Tullio, el director nacional electoral.

¿En qué consiste la experiencia del “voto electrónico salteño”? La aclaración de Tullio viene bien como disparador: el voto electrónico no cuenta con una buena fama. Está muy asociado a la manipulación, dado que pone en manos de técnicos todo lo que tiene que ver con el control y la seguridad. La experiencia venezolana de la elección de abril de este año ha dañado su imagen y a diferencia del caso brasilero allí hay una autoridad electoral con poco prestigio.

Tampoco ayudó mucho que en el marco de las negociaciones de paz las FARC le exijan al gobierno de Colombia el voto electrónico modelo Venezuela.

Lo cierto es que debajo del concepto voto electrónico hay una abultada cantidad de alternativas.

El modelo salteño le ha dado a la cuestión una vuelta de tuerca interesante dado que al modelo tradicional que impera a nivel nacional le agrega tecnología. El mentor de este ingenioso método se iluminó en una estación de servicio cuando cargaba combustible. El empleado de la estación nunca imaginó que al ofrecerle una tarjeta con un chip para cargar puntos estaba colaborando en el  desarrollo y en la implementación de un nuevo instrumento de votación.

La clave está en la boleta única electrónica. Esta es de papel y cuenta con un chip. El elector la pasa por la máquina de pantalla táctil, al efectuar su voto la máquina imprime su opción en el dorso. Luego dobla la papeleta y la introduce en la urna de cartón. La máquina no guarda información, es decir, no es una urna electrónica como en el caso brasilero o venezolano.

La implementación de la iniciativa es una política de Estado. Comenzó con una decisión del Ejecutivo de Salta que fue respaldada por la Legislatura y ejecutada por el Tribunal Electoral de la provincia. Los tres poderes del Estado han trabajado en sintonía y han resistido el embate sin pausa de los sectores tradicionales de la política local.

Organizaciones de la sociedad civil también han colaborado en la implantación de esta política, es el caso de CIPPEC, ACEP y la Fundación Konrad Adenauer. Los estudios de percepción por parte del elector que han elaborado confirman la aceptación al cambio.

El secretario de Planificación de Salta, Guillermo López Mireau, recibió con sorpresa un informe que aseguraba que el 95% de los votantes que utilizaron el sistema lo consideraron un avance.

El análisis político de esta elección también se presta a muchas interpretaciones. El triunfo del Partido Obrero en la capital provincial fortalece la experiencia del voto electrónico, le otorga mucha legitimidad a un innovador método que ha dado su primer paso.

Pero las bondades del “modelo salteño” han llegado primero a Ecuador que al resto de la Argentina. En febrero del 2014 se realizarán las elecciones locales y en la provincia ecuatoriana de Azuay se implementará la boleta única electrónica.

Ahora bien, cabe preguntarse si los funcionarios y legisladores de nuestro país están dispuestos a innovar, a responder a las demandas de cambio que pide la ciudadanía. Salta, en este sentido, ha tomado la iniciativa.