De los piquetes al voto electrónico

Leandro Querido

A principios del siglo XX el presidente Roque Sáenz Peña entendía que toda reforma política representaba una oportunidad para la inclusión social. En 1912 hizo de una propuesta una política de Estado. Para imponerla tuvo que luchar con sus propios pares y con la desconfianza de los sectores sociales que reclamaban su inclusión y reconocimiento en el sistema político. Algunos hablaron en aquel tiempo de “la revolución del voto”.

No pretendo repasar todas las grandes reformas electorales de nuestro país pero sí quiero dar cuenta de lo que está pasando en Salta desde el 2007. Desde ese momento se vive una experiencia inédita y trascendente que seguramente será valorada en el resto del país y en la región. Se trata del voto electrónico.

Tecnificar el sistema de votación es inevitable. Así como la tecnología ha invadido nuestras vidas es lógico concluir que más temprano que tarde también llegará a la forma en la que votamos. Bien, en la provincia de Salta este cambio ya llegó. El domingo 6 de octubre los casi 900 mil electores que tiene esta provincia utilizaron el voto electrónico.

Había escuchado y leído mucho acerca del proceso de capacitación que llevó adelante el gobierno provincial. El gobierno entendía que del éxito y la constancia de este proceso dependía la posibilidad de remover las viejas prácticas políticas relacionadas con compra de votos, sustitución de identidades, acarreo y robo de boletas entre otros delitos electorales.

El proceso de capacitación lo fue todo. En realidad uno puede sostener que las innovadoras máquinas de pantalla táctil fueron un pretexto para llevar adelante un proceso de construcción de ciudadanía basado en la presencia del Estado provincial y en la recuperación de la soberanía política de amplios sectores que la habían delegado en terceras personas.

Cuando digo Estado y no gobierno me refiero a que este proceso fue desde un primer momento acompañado por el Poder Judicial y la Legislatura local. A su vez se sumaron como capacitadores a estudiantes y graduados de las universidades públicas y privadas de la provincia, se entregaron las netbooks del Plan Conectar Igualdad con un simulador electoral. Los alumnos recibieron como tarea capacitar a cinco familiares cercanos. Un micro con máquinas simuladoras recorrió cada rincón de la provincia dando a conocer esta nueva herramienta. Pero lo más destacable fue cuando en 2009 los vecinos de Nazareno se opusieron a la instalación de un hotel tal como quería el gobierno: querían en su lugar un albergue para los residentes. Se hizo un referéndum con voto electrónico; perdió la posición del gobierno pero ganó terreno la confianza ciudadana en esta nueva forma de votar.

Me toco presenciar estas primarias provinciales en General Mosconi, en Tartagal y en dos comunidades de pueblos originarios, una wichi y otra guaraní ubicada en Yacuy, en el límite con Bolivia.

Tartagal ha quedado en la retina de los televidentes de los grandes centros urbanos por los sucesos ocurridos en mayo de 1997.

No son pocos los genealogistas de las Ciencias Sociales que aseguran que el término piquetero se acuño allí, en el fragor de una pueblada compuesta principalmente por ex empleados de YPF obligados a aceptar “retiros voluntarios” por la privatización de esta empresa en 1992.

Eran tiempos de neoliberalismo, repliegue del Estado y de desafección política, este último concepto era el preferido de los politólogos para ejemplificar a los sistemas políticos que no digerían las demandas de la sociedad.

Este domingo se ha votado en calma en este rincón de Salta y quizá sea más importante esto que las bondades de un nuevo sistema electoral tecnificado que suprime el papel y arroja los resultados totales dos horas después de una elección.

El  clima en esta provincia es árido, se caracteriza por los contrastes, se pasa del frío al calor sin mediaciones. En esta Tartagal votan por primera vez con voto electrónico, todo está en calma, en la fila se encuentran los que han hecho célebre el término piquetero. Votan apoyando con ganas las yemas de sus dedos índices sobre las pantallas que contienen fotos y colores.