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	<title>José Benegas &#187; inflación</title>
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		<title>Es el gasto público, guste o no</title>
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		<pubDate>Mon, 05 May 2014 09:55:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Benegas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los llamados niveles de pobreza son similares, algunos dicen incluso superiores, a los del 2001. Digo llamados porque es el objetivo bajito que se pone el Estado para auditar su “política social” Para medirse a sí mismo es humilde al extremo; para exigirle al mercado es Torquemada. La industria demanda menos empleos y tiene menos... <a href="http://opinion.infobae.com/jose-benegas/2014/05/05/es-el-gasto-publico-guste-o-no/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los llamados niveles de pobreza son similares, algunos dicen incluso superiores, a los del 2001. Digo llamados porque es el objetivo bajito que se pone el Estado para auditar su “política social” Para medirse a sí mismo es humilde al extremo; para exigirle al mercado es Torquemada.</p>
<p>La industria demanda menos empleos y tiene menos puestos que en el 2000, plena recesión, nos cuenta Daniel Sticco en <a href="http://www.infobae.com/2014/05/02/1561244-la-industria-volvio-destruir-empleos-y-tiene-menos-puestos-que-14-anos-atras">una nota en Infobae</a>, basado en datos del indeK. Sumémosle alta inflación y consumo del capital instalado que había tras una década de una relativa apertura.</p>
<p>¿Qué tienen en común el período de la década del noventa con estos 14 años? A los comentaristas públicos, seguidores del humor futbolístico de ocasión de un país chanta les encanta decir la frase “esto es igual al menemismo”. Se la festejan entre ellos. La otra es que cuando esta señora millonaria tiene que pagar las cuentas de su apropiación del Estado y su demagogia de manual es que hay un “giro a la derecha”. <strong>La fiesta es de izquierda y las cuentas son de derecha.</strong></p>
<p>Es cierto que tienen algo en común el fin de la década del 90 y esta de los bandidos. Dos cosas para ser más precisos:</p>
<p><strong>1. Descontrol en el gasto público.</strong> En el primer caso se ahogó a un mercado fortalecido en el inicio del período y en el segundo se ahogó a un mercado abierto por condiciones extraordinarias y una capacidad instalada de la recesión precedente, que a su vez se encaró con una brutal caída de salarios y la licuación de aquél gasto público vía devaluación.</p>
<p>El gasto público empobrece. Es un costo general sobre la actividad de todos. Cuando llevamos una tabla desde el aserradero a la obra en construcción, hay un plus de esfuerzo (¿dicen 40%?) que hay que hacer para que esa acción nos beneficie del mismo modo que si no tuviéramos unos mantenidos a cuestas. Cuando nos pagan por ese trabajo nos damos cuenta encima que tampoco nos rindió como esperábamos porque hay otro porcentaje (¿otro 40%?) al que se lo comen imprimiendo billetes. Ese es nuestro empobrecimiento que consiste en que tener algo nos cueste más y que cada vez más cosas no valga la pena hacerlas porque el costo supera al beneficio. Al margen una masa de la población se cae de la economía. Y antes de esta pérdida de empleos y de pobreza oficial, <strong>en la era chiflada se comieron el capital, las AFJP, el valor extraordinario de las exportaciones y el Banco Central.</strong></p>
<p><strong>2. Sus alternativas políticas</strong>. En ambos casos estas décadas terminan siendo explicadas por sus posibles sucesores de modo al revés al real. La Alianza pensaba que el problema de Menem eran las privatizaciones, la falta de control de la economía y de reparto de dinero a la capa empobrecida por el propio Estado. Es decir, el diagnóstico era al revés y así terminó esa experiencia. La actual oposición está pensando en un kirchnerismo bueno, más repartismo como solución, más gasto y menos responsabilidad.</p>
<p>El relato argentino, no el K, es así. Empieza en el propio menemismo pero podríamos ir más atrás y cada consigna es consecuencia de la o las anteriores:</p>
<p>1. “Ahora que la economía está pum para arriba, es hora de hacer peronismo tradicional y darle al gasto público” (1995, crisis del Tequila).</p>
<p>2. “La recesión es porque éste es el primero y gran gobierno corrupto de la Argentina, hay que parir una República de buenos” (Carrió – Verbisky – opinadores). “Hay que aumentar los controles, los impuestos, obtener más financiamiento” (2000 – Alianza), y “calidad institucional” (gente sin patillas – ONGs de corrección política).</p>
<p>3. “El problema fue el mercado, la locura de creer que la gente produce sin un general económico a cargo. También la convertibilidad y la corrupción. Cuidado con los bancos que se están llevando la plata” (jueces federales deteniendo camiones de caudales pensando que el crack era salida de dinero físico – 2001 Duhalde – Clarín – Unión Industrial).</p>
<p>4. “Nunca existió el gobierno de la Alianza. LLegó Kirchner a poner fin a la década menemista, la corrupción y la falta de calidad institucional. Viva el estado. Kirchner tiene un estilo”. “La corte menemista se voltea en nombre de la calidad institucional y la independencia del poder judicial”. “Abajo los militares, arriba los terroristas, Hebe de Bonafini es la abuelita de caperucita”. “Kirchner está argentinizando” (capturar empresas de modo extorsivo para entregarla a amigos). “Lo importante es que se termine el menemismo” (2003/2005, abrumadoramente todos)</p>
<p>5. “El campo es malo” (Kirchner). “Kirchner cambió” (El campo – Clarín). “Kirchner no es el príncipe encantador y es un poquito autoritario” (A dos Voces). “No hay inflación, son reacomodamientos de precios”. “Está bien que mienta con los índices, es re piola, nos está haciendo zafar de de pagarle a los tenedores de bonos ajustados” (2007).</p>
<p>6. “Clarín es la explicación de todos los problemas, problemas no existen, solo mentiras de los medios” (Kirchner). “Lo importante es ponerle buena onda” (PRO). “Lo importante es repartirle plata a la gente” (Carrió) “¿Qué les pasó?” (Tenembaum) (2007-2011). “El problema es no repartir: Asignación Universal por Hijo”.</p>
<p>7. “Comer chancho es afrodisíaco, vamos por todo” (CFK). “Cristina tiene que terminar su mandato” (2011). “Nestor era distinto”.</p>
<p>8. Que roben, que mientan, que destruyan la economía, que liquiden la moneda, pero cuiden a Cristina (Papa Francisco).</p>
<p>9. “El problema es que el gobierno fue menemista y hace falta que lleguen unos socialistas de verdad que además le pongan onda”. “No al giro a la derecha” (UNEN). “Volver al primer kirchnerismo con las viudas del kirchnerismo” (Massa)</p>
<p>Es una apretada síntesis de sucesión de dogmas.<strong> Tengo la impresión de que cuando las cosas se hacen igual de mal y se miente de la misma manera, todo termina igual</strong>. En un caso se comieron la apertura, las privatizaciones y la desregulación, aunque estos beneficios no se perdieron. En el otro se perdió el llamado viento de cola, el capital ya instalado, la facilidad de la licuación del gasto público de la devaluación, las AFJP, las reservas del Banco Central, la moneda y la razón.</p>
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		<title>Semana de furia y el doble efecto Sobremonte</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Dec 2013 11:28:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Benegas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquía]]></category>
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		<description><![CDATA[Los cordobeses vivieron en carne propia la paradoja política de sostener con altísimos impuestos e inflación un Estado nacional que se declara prescindente cuando sus vidas y propiedades están en peligro. El kirchnerismo ha provocado por su torpeza y espíritu vengativo el “efecto Sobremonte”. Así como el marqués de Sobremonte, virrey del Río de la... <a href="http://opinion.infobae.com/jose-benegas/2013/12/10/semana-de-furia-y-el-doble-efecto-sobremonte/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los cordobeses vivieron en carne propia la paradoja política de<strong> sostener con altísimos impuestos e inflación un Estado nacional que se declara prescindente cuando sus vidas y propiedades están en peligro</strong>. El kirchnerismo ha provocado por su torpeza y espíritu vengativo el “<strong>efecto Sobremonte”</strong>.</p>
<p>Así como el <strong>marqués de Sobremonte</strong>,<strong> virrey del Río de la Plata</strong>, abandonó la ciudad en 1806 con “la caja”, dejándola librada a su suerte, <strong>Cristina Kirchner</strong> dijo una vez más “el Estado es mío”, pero cometió el mismo error de aquel personaje histórico. Aquella vez los porteños entendieron su realidad, el sometimiento era sin contraprestación. Tres años después de la segunda invasión inglesa ocurrió la <strong>Revolución de Mayo</strong>.</p>
<p>Como si hubiera querido sumar motivos a mi afirmación de que las provincias <a href="http://josebenegas.com/2013/11/29/las-provincias-deben-independizarse/">deben independizarse</a>, lo que hizo el oficialismo fue como <strong>Sobremonte</strong> emprender la retirada y develarse.</p>
<p><span id="more-217"></span>Pero hay algo más. Parte del mito fundante del despotismo nacional socialista en el que estamos es el<strong> odio a la policía</strong> por su función de detener al crimen. <strong>El neopatriotismo que se enseña en las escuelas se identifica con bandas armadas que buscaban instalar un sistema totalitario en los 60 y 70</strong> y la policía representa el aspecto del Estado que los pone en evidencia como enemigos de la vida y la propiedad de la gente indefensa. Esto ya no tiene que ver con crímenes en particular que se hayan cometido desde la policía para responder a aquella violencia. En un proceso que lleva ya más de treinta años lo que se ha hecho es <strong>deslegitimar a la función policial en sí</strong>, así como hemos pasado de castigar la ilegalidad de la represión a conceder honores a los terroristas. Que tengamos seguridad y que los de la policía sean “los chicos buenos” pone en peligro la pretensión de heroicidad de los delincuentes jubilados, reduce la “revolución” a una serie de tipicidades del <strong>Código Penal</strong>.</p>
<p>Sin embargo, el punto al que ha llegado la<strong> política de inseguridad</strong> ya permite hacernos preguntas más profundas sobre el rol del poder público, como una segunda parte del efecto Sobremonte. Hasta acá estamos pagando unos aparatos policiales gigantes, con gente mal remunerada, insatisfecha, mal tratada, atada de manos, tentada cuando no ganada por el narcotráfico. Son capaces de autoacuartelarse y permanecer impávidos mientras Córdoba es saqueada, lo que demuestra su deterioro moral profundo. La pregunta que sigue es ¿<strong>cuánto tardaría la gente en organizarse por sí misma para defenderse de un modo más eficiente, seguro, barato y confiable que el Estado por medio de la policía?</strong></p>
<p><strong>Anarquía</strong> fue la palabra más usada por los observadores cercanos del problema, pero ampliemos la mirada. La retirada (explícita) de la policía estatal no dio tiempo a nada. Hubiera sido lo mismo si un día <strong>ENTel</strong> hubiera cerrado y con una visión corta llegáramos a la conclusión de que el Estado no era tan malo en la materia, algunos teléfonos al menos funcionaban. ¿Hubiéramos dicho que el cierre de ENTel era anarquía o el propio fruto de la inoperancia?</p>
<p>Lo que vivimos fue la última deserción de un sistema policial acabado y gente que vive bajo la ilusión de ser protegida pero no lo está, más allá de la pizzería que paga su peaje. La indefensión de la población es parte vital del <strong>monopolio policial</strong> y también del negocio de los delincuentes (me refiero esta vez a los de calle, no a los electos).</p>
<p>Los ciudadanos son incentivados a renunciar a su defensa y dan como un hecho la omnipresencia estatal. También ha deslegitimado el neofascismo el derecho a defenderse, porque si la gente se defiende quiere decir que está mal atacar, mientras ellos nos quieren convencer de que era una muestra del amor que tenían por el país. Su autoindulgencia requiere que defenderse también esté mal.</p>
<p><strong>El hecho es que nadie estaba preparado para un cierre policial pero a pocas horas de desatada la violencia se organizaban empalizadas para detener a delincuentes en motos.</strong> Así se reaccionaba al vacío dejado por la policía. Si alguien imagina que una <strong>Córdoba</strong> sin policía hubiera perpetuado el dominio de las bandas de las primeras horas, se equivoca. <strong>Esos grupos son la contrapartida del equilibrio que la policía estatal supone</strong>, que avanzan ante el retiro de su contrincante y muchas veces socio. Son cazadores en el gallinero armado por el propio Estado.</p>
<p>Con mucho menos esfuerzo de lo que hacen los cordobeses para mantener a la policía podrían organizar la seguridad de sus barrios, aunque no todos contribuyeran (igual que ahora). Los decentes son muchos más que criminales, sólo necesitan tiempo para organizarse, pero no hay duda de que es gente más inteligente, creativa y productiva. Las bandas  perderían toda rentabilidad porque no entrarían en los barrios de clase media así como no pueden actuar con impunidad en las zonas marginales porque ahí, donde no hay policía, se les responde en sus propios términos y hay poco de qué servirse. <strong>La importación de botines desde los mejores barrios terminaría y con ella el negocio del delito. El robo al vecino es de altísimo costo.</strong></p>
<p>Hoy por derivación de este segundo <strong>efecto Sobremonte</strong> millones de personas honestas y pacíficas están pensando en todo el país en cómo defenderse. Habilitar esa inteligencia el sentido de autodefensa tendría un efecto sobre el crimen fulminante.</p>
<p>Hasta aquí la policía apenas viene sirviendo como chivo expiatorio entre los que glorifican sus delitos del pasado y los que tienen la ilusión de la caballería llegando. Cada vez que actúan o lo hacen mal de verdad o son culpabilizados de manera injusta. La fuerza policial que haría real el sentido protector del estado sólo concentra el pecado y se asocia al crimen porque de todo lo que los rodea parece ser el orden que les resulta más confiable. <strong>De los problemas no siempre se sale por el lado de dónde vienen, a veces hay que saltar por encima de ellos como en 1810.</strong></p>
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