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	<title>Javier Milei &#187; Populismo</title>
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		<title>Los daños extravagantes causados por el kirchnerismo</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Mar 2016 12:38:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A la luz del discurso de apertura de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación Argentina del presidente Mauricio Macri, , en el presente artículo se intentará dejar en claro la colosal destrucción de riqueza de la que hemos sido víctimas, fruto de la instrumentación de un esquema de políticas populistas salvajes por parte... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2016/03/01/los-danos-extravagantes-causados-por-el-kirchnerismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A la luz del discurso de apertura de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación Argentina del presidente Mauricio Macri, , en el presente artículo se intentará dejar en claro la colosal destrucción de riqueza de la que hemos sido víctimas, fruto de la instrumentación de un esquema de políticas populistas salvajes por parte del régimen kirchnerista que ocupó el poder durante los últimos doce años.</p>
<p>En este sentido, a mediados del año pasado, junto a mis colegas Nicolás Federico Kerst y Diego Pablo Giacomini, desarrollamos un indicador al que llamamos “termómetro de riqueza”. El indicador en cuestión parte de la hipótesis de que <b>la competitividad de un país viene dada por su capacidad de ganar dinero (esto es, generar riqueza)</b>. Para ello, partiendo de la Q de Tobin, se sintetiza toda la información sobre el futuro que resulta relevante para la toma de decisiones de inversión por parte de los agentes, ya que en su armado convergen las condiciones de equilibrio tanto del mercado de bienes (los ingresos resultan suficientes para cubrir todos los costos operativos, el fiscal y el del capital) como de capitales (el retorno de los activos se iguala con el costo de oportunidad del capital).<span id="more-290"></span></p>
<p>Al mismo tiempo, si uno asume que la economía bajo análisis es abierta y que a largo plazo se cumple la paridad del poder de compra (PPP), a partir de las condiciones de equilibrio en el modelo de la Q es posible determinar el tipo de cambio real de equilibrio, el cual vendrá dado por el salario real (salarios en términos de nivel general de precios) relativo a la productividad del trabajo, el costo de oportunidad del capital (que toma al apalancamiento de la economía, la tasa de interés de los Estados Unidos, el riesgo país y la devaluación esperada), la presión fiscal (el gasto público y su eficiencia) y la escala productiva, todo ello en relación con la economía de referencia (la de la moneda que se compara).</p>
<p>En términos prácticos, <b>el termómetro de riqueza muestra que nunca en la historia del país se destruyó tanta riqueza como en el período que va de 2003 a 2013</b>. Así, la política económica kirchnerista ha logrado una destrucción de 1,61 puntos del indicador, seguida por la economía de la dictadura durante 1977-1982 con 1,27 puntos, la salida de la convertibilidad (2000-2002), con 0,97 puntos, el rodrigazo (1973-1975), con 0,81 puntos y los años que van de 1945 a 1949 durante el primer Gobierno de Juan Domingo Perón, con 0,74 puntos. A su vez, el mismo estudio estadístico muestra que, cuando el indicador cae por debajo de 0,6, la probabilidad de crisis se acelera fuertemente. En otras palabras, cuando el indicador pierde 0,4 puntos respecto al nivel del promedio histórico, la economía ingresa en una crisis. Nuevamente, <b>a partir de este análisis se confirma que el kirchnerismo ha sido peor Gobierno de la historia, ya que a lo largo de los últimos doce años ha generado una caída que podría haber generado cuatro crisis</b>, de no ser por las reformas estructurales de los noventa, el ajuste realizado por Eduardo Duhalde y el mejor contexto internacional de la historia (para aquellos que estén interesados en la versión divulgación pueden ver en este mismo portal la siguiente <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2015/06/01/la-destruccion-de-la-riqueza-en-argentina/">nota</a>).</p>
<p>Si bien los resultados en cuestión resultan por demás contundentes, puede que la lectura dura resulte algo abstracta, por lo que, para complementar estos resultados, a continuación se presentan los resultados en términos de PIB per cápita y de su correspondiente nivel asociado de riqueza (la cual se entiende como el valor presente del PIB por habitante futuro).</p>
<p>El punto de partida para medir la destrucción del kirchnerismo es el inicio del segundo mandato de la señora Cristina Fernández de Kirchner, junto a la llegada al Ministerio de Economía de la rutilante estrella del firmamento económico de la nación, el Dr. Axel Kicillof (tanto como viceministro, primero, como en tanto ministro después). Concretamente, pese a la adulteración de las estadísticas y la existencia de tipos de cambios múltiples, el PIB por habitante, cepo mediante, se estancó en torno a los diez mil dólares per cápita. Al mismo tiempo, dicho nivel representaba un 20% del PIB por habitante del mostrado por los Estados Unidos (país que se toma como referencia para realizar los ejercicios de convergencia).</p>
<p>En este sentido, si tenemos en cuenta que el presente proceso de decadencia lleva cerca de setenta años, lo cual nos ha hecho pasar de tener un PIB per cápita del 97% del de los Estados Unidos al presente 20%, pareciera normal asumir que nos llevaría otros setenta años volver al nivel del que nos quitó la instauración del populismo salvaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<p style="text-align: center"><b>Daño causado por el populismo kirchnerista</b></p>
</div>
<p><a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/files/2016/03/PIB-pc-JM.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-291" alt="PIB pc JM" src="http://opinion.infobae.com/javier-milei/files/2016/03/PIB-pc-JM.jpg" width="709" height="527" /></a></p>
<p style="text-align: center"> Fuente: elaboración propia con base en Milei-Ferrelli Mazza (2016)</p>
<p>Suponiendo que el PIB por habitante en Estados Unidos crezca al 2,5% anual compuesto (alcanzando un nivel de 282 mil dólares en el año 2081), la tasa de crecimiento a la que debería crecer nuestro producto per cápita (incluyendo el efecto de la apreciación cambiaria producto del defasaje con el PIB de PPP, 1,13%) debería ubicarse en el 4,88% anual compuesto. Sin embargo, a la luz de que durante el período 2011-2015 el país ha disfrutado del mejor contexto internacional de la historia (los términos de intercambio más altos de la historia junto a tasas de interés en el mundo cercanas al 0%), el crecimiento debería haberse incrementado en unos 2,2 puntos porcentuales (acorde a Robert Barro, 1998) y podría haber llegado así al 7,19% anual. Naturalmente, desaparecido dicho efecto, la tasa de crecimiento se debería desacelerar a un nivel del 4,75%, de modo tal que se alcanzara el producto por habitante de los Estados Unidos en el año 2081.</p>
<p>En función de lo anterior, surge con claridad que la gestión económica del kirchnerismo nos ha costado el área comprendida entre los puntos ACB (resultado emergente de las distintas tasas de crecimiento), lo cual, puesto en términos de dólares junto a una tasa de capitalización del 5% anual (la que hubiéramos tenido en caso de normalizar el default de la deuda), asciende a 8.500 dólares por habitante, esto es, la mala gestión implicaría una pérdida equivalente al 85% del PIB actual. Si bien el número en cuestión parece alto, cuando se compara con lo que ha pasado con el resto de los países de la región (salvo Venezuela), la pérdida estaría en torno al 120 por ciento.</p>
<p>Sin embargo, el daño causado por el formidable binomio Cristina Fernández de Kirchner-Axel Kicillof no se termina ahí. Concretamente, aun cuando los daños causados fueran transitorios y la economía podría volver a crecer y alcanzar una tasa del 5,19% anual compuesto tal que en el 2081 se logre la convergencia, existe una pérdida adicional de riqueza equivalente al área BCD como fruto de partir de un producto por habitante menor. En este sentido, cuando se toma el diferencial de estos potenciales productos y se los descuenta al 5%, la pérdida de riqueza por habitante se ubicaría en torno a los 104 mil dólares, o lo que es lo mismo, unos 10,4 PIB por cada uno de los habitantes.</p>
<p>Finalmente, si sumamos la pérdida de riqueza del período por haber crecido menos (área ACB equivalente a unos 8.500 dólares per cápita) y los efectos de crecer hacia la convergencia desde un nivel de producto por habitante menor (área BCD equivalente a unos 104 mil dólares per cápita), la destrucción de riqueza por habitante asciende a 112.500 dólares (área ACDB), lo que ajustado por una población de 42 millones de argentinos arroja una pérdida total de 4,725 billones de dólares. Por lo tanto,<strong> si se encuentra con alguien y luego de explicarle estos números sigue sin creerle que el kirchnerismo ha sido, por lejos, el peor Gobierno de la historia del país, resulta altamente probable que esté frente a un caso de fanatismo extremo</strong>. Nunca se rinda, ármese de paciencia, sea muy tolerante y trátele de explicar nuevamente hasta que comprenda.</p>
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		<title>Crecer requiere mucho más que buenos modales</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Aug 2015 10:30:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ Afortunadamente, luego de tanto tiempo de estar discutiendo la coyuntura económica de corto plazo, el debate ha girado hacia los temas del crecimiento y el desarrollo. Sin embargo, ya sea por ignorancia o por falta de entrenamiento en la materia, muchas de las presentaciones son por demás inconsistentes y cargadas de un voluntarismo extremo, las... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2015/08/28/crecer-requiere-mucho-mas-que-buenos-modales/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><b> </b>Afortunadamente, luego de tanto tiempo de estar discutiendo la coyuntura económica de corto plazo, el debate ha girado hacia los temas del crecimiento y el desarrollo. Sin embargo, ya sea por ignorancia o por falta de entrenamiento en la materia, muchas de las presentaciones son por demás inconsistentes y cargadas de un voluntarismo extremo, las cuales no son más que una mera expresión de deseo, cuyo resultado final será un inexorable fracaso.</p>
<p>El punto de partida de un proceso de crecimiento y desarrollo sostenido en el tiempo implica entender que<b> durante los últimos doce años no ha existido crecimiento genuino, sino que solo hemos sido testigo de una recuperación cíclica</b>, o como se suele denominar en finanzas a este tipo de movimientos: el rebote del gato muerto. Esta situación se vuelve por evidente cuando se observa que el PIB en dólares por habitante se ubica por debajo del que se registró en el año 1998 (15.000 dólares a moneda constante), que además tenemos casi el doble de pobreza y la misma distribución del ingreso. A su vez, si el país hubiera logrado mantenerse en su tendencia de largo plazo, el PIB por habitante sería el doble y el triple si se toma en cuenta que hemos vivido el mejor contexto internacional de la historia.<span id="more-197"></span></p>
<p>Este desempeño tan precario en términos de crecimiento es muy fácil de comprender cuando se revisa la evidencia empírica internacional. En este sentido, economías con baja inflación crecen 3 puntos porcentuales más que las que tienen una inflación elevada. A su vez, la presencia de mercados paralelos cuesta 2 puntos en la tasa de crecimiento. Por otra parte, el déficit fiscal implica un lastre de 1,5 puntos, mientras que el cierre comercial detrae otros 1,5 puntos. Naturalmente, a la luz de dichos resultados, <b>no resulta extraño el mal desempeño en la materia durante el kirchnerismo, ya que todas las medidas de política económica se han movido en la dirección opuesta a lo que demanda el crecimiento.</b></p>
<p>Además, una condición necesaria (pero no suficiente) para volver a crecer y con ello emprender el desarrollo es levantar el cepo cambiario. La medida en cuestión equivale a fijar el precio de la moneda extranjera debajo del equilibrio, la cual no solo arroja un exceso de demanda en dicho mercado, sino que su contrapartida es un exceso de oferta en el resto del sistema. Así, en el mercado de bonos se deprimen los precios y con ello suben las tasas de interés. En el mercado de dinero, aun con un aumento artificial de la demanda (<i>money overhang</i>), por no poder drenar el sobrante de pesos contra reservas (o modificarse el tipo de cambio), las necesidades de financiamiento del fisco generan un exceso de oferta que deriva en una tasa de inflación elevada. Por otra parte, en el mercado de bienes se retrae el nivel de actividad económica por habitante, cuya consecuencia natural en el mercado de trabajo es la destrucción del empleo privado, la caída en el salario real y el deterioro de las condiciones laborales, maquillado con empleo público y mintiendo el dato de la población económicamente activa (PEA) para esconder el desempleo. En este sentido, de levantarse el cepo, el tipo de cambio buscaría su nivel de equilibrio (bajo un sistema de precios relativos armonioso), eliminaría el exceso de demanda y con ello se cerrarían los excesos de oferta del resto de la economía, por lo que bajaría la tasa de interés, habría menor presión sobre los precios (solo por los efectos derivados de la nueva emisión), aumentaría el PIB y con ello mejoraría el empleo y el salario real.</p>
<p>Sin embargo, si bien resulta claro que salir del cepo es clave para destrabar el funcionamiento del sistema económico, dicha tarea no es materia para inexpertos. De ahí que los menos dotados en materia monetaria rechacen de plano dicha acción. El punto central radica en que dentro de la economía existiría un sobrante de pesos de 3,7 % del PBI, esto es, unos 200.000 millones de pesos. Por lo tanto, de abrirse el cepo sin eliminar dicho exceso de pesos estos se dirigirían a la compra de moneda extranjera, lo que podría replicar situaciones como la de los años 1959 y 1975, donde la tasa de inflación se sextuplicó y el nivel de actividad se contrajo cerca de un 6 % en el momento más agudo del episodio. A su vez, mantener el cepo implica seguir estancados con mayor inflación y una brecha cambiaria creciente. Por lo tanto, <b>la clave para volver a crecer es limpiar el exceso de pesos en la economía con un instrumento que minimice su impacto sobre la tasa de interés.</b></p>
<p>Una vez corregidos los problemas monetarios que traban el funcionamiento de la economía, el foco se traslada sobre el proceso de acumulación de capital en todas sus definiciones. Sin embargo, los daños causados en este aspecto durante los últimos doce años, propios de procesos populistas, no es una cuestión trivial. Así, en materia de capital físico Argentina invierte menos de 20 % del PIB (para crecer a tasas chinas, los chinos invierten 40 % de su PIB), al tiempo que pese a la mayor presión fiscal de la historia, la inversión en infraestructura de calidad brilla por su ausencia. En cuanto al capital humano, no solo no paramos de perder posiciones en las pruebas PISA, sino que además, en nuestro país, hoy existen niños que no alcanzan los niveles mínimos de alimentación, lo cual nos pone de cara un futuro muy comprometido.</p>
<p>Por otra parte, en materia institucional, empezando por la <i>Constitución Nacional</i>, no se ha dejado de avanzar sobre cuanta institución exista que no le fuera funcionalmente adicta al Poder Ejecutivo, siendo los casos más emblemáticos los del Poder Judicial, el Banco Central, los derechos de propiedad y las libertades individuales. Por último, la lógica del amigo-enemigo produjo una fragmentación del capital social, donde hoy ya no se discute la grieta, sino la posibilidad de comenzar a votar con los pies o la forma de poner en marcha la rebelión de Atlas.</p>
<p>Por lo tanto, <b>para volver a crecer y alcanzar el desarrollo será necesario llevar a cabo un fuerte proceso de inversión, el cual debe tener como contrapartida un mayor ahorro</b>. Sin embargo, ello implica un cambio copernicano en el diseño de la política económica. Respecto a la utilización del ahorro externo, parece difícil hacerse de crédito cuando el país cuenta con la mayor cantidad de juicios perdidos en la Organización Mundial del Comercio, no ha cumplido con la deuda en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones y aún no se le ha dado una solución definitiva al problema de los holdouts. Por otra parte, respecto al ahorro doméstico, el problema no es que el sector privado no ahorre, sino que el sector público lo dilapida, lo cual es la contraparte del abultado déficit fiscal. Por lo tanto, en el plano interno, si no se reduce el déficit fiscal, un mayor ahorro privado requiere redistribuir ingresos desde los más humildes a los que más tienen, lo cual, con una sociedad que se arroga tantos derechos no parece factible.</p>
<p>En este sentido, los muchachos buenos de la película, que sostienen que lograrán hacer crecer la economía sin hacer el ajuste fiscal y redistribuyendo ingreso hacia los más humildes, deberían dar una clara señal al mundo para que nos aporte infinitas montañas de dinero para que logren sostener en el tiempo tamañas inconsistencias y de paso crecer. Ahora bien, supongamos que llegara David Copperfield y los problemas de ahorro se corrigieran por arte de magia haciendo aparecer los fondos. Sin embargo, <b>el problema es cómo transformar ese ahorro en inversión, ya que durante los años del régimen kirchnerista se ha destrozado la capacidad de generar riqueza como nunca en la historia argentina</b>, donde el déficit fiscal como impulsor del riesgo país y la inflación junto a la presión impositiva han sido clave para destrozar cuanta iniciativa privada existiera. Por lo tanto, enunciar que la continuidad del modelo económico ahora traerá crecimiento y desarrollo por una mejora en las formas y no en la base del diseño de la política económica no es más que una ingenua expresión de deseos, que al estar vacía de contenido nos pondrá de cara a un nuevo fracaso.</p>
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		<title>Un ajuste ortodoxo no será recesivo</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Apr 2014 10:51:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Más allá de las diferencias individuales, es posible identificar cuatro etapas en las políticas populistas. En la primera, la política macroeconómica luce exitosa, porque los inventarios y las reservas permiten acomodar la expansión de demanda, aumentado el nivel de actividad con muy poco impacto en la tasa de inflación. En la segunda etapa aparecen los... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2014/04/29/un-ajuste-ortodoxo-no-sera-recesivo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Más allá de las diferencias individuales, <strong>es posible identificar cuatro etapas en las políticas populistas</strong>. En la primera, la política macroeconómica luce exitosa, porque los inventarios y las reservas permiten acomodar la expansión de demanda, aumentado el nivel de actividad con muy poco impacto en la tasa de inflación. En la segunda etapa aparecen los cuellos de botella. En la tercera los desequilibrios se exacerban, la inflación se acelera, se desmonetiza la economía y la restricción externa precipita la salida de capitales. En la cuarta etapa se aplica una política de estabilización. <strong>A la luz de los hechos, Argentina ya transitó las primeras tres etapas</strong> (2003-06 / 07-10 / 11-13) y la cantidad y profundidad de desequilibrios acumulados en los planos fiscal, monetario y externo, imponen la necesidad de instrumentar un ajuste del gasto público (acorde con el método del resultado estructural) de 7 puntos del PIB por ser este la madre de todos los males.</p>
<p>Sin reflexión mediante sobre el origen de tamaño desequilibrio, ante la mención de un ajuste de tal magnitud, los idólatras del Estado pondrán el grito en el cielo. En este contexto es cuando aparecen los economistas keynesianos con sus arcaicos modelos de precios fijos, gasto público, inversión y exportaciones autónomos y consumo privado e importaciones dependientes del ingreso corriente, en los que se venera al poder de fuego de la política fiscal y se condena por incapaz a la política monetaria. Así, multiplicador mediante, por cada punto de caída del gasto del gobierno, ello traerá como consecuencia una caída de dos puntos del PIB y una retracción del empleo que en lo político derivará en un caos social.</p>
<p>Muy a pesar del arraigo de la visión en nuestra sociedad, nuevamente los datos (cómo en tantos otros debates) están en contra de los keynesianos. La experiencia argentina es contundente. Nuestro país ensayó programas antiinflacionarios de shock en los años 1952, 1959, 1967, 1973, 1985 y 1991 (los programas de 1976 y 79 fueron gradualistas) y salvo el de 1959, ninguno fue recesivo. Es más, en el caso de los programas a cargo de los Ministros de Economía, Adalbert Krieger Vasena (1967), José Ber Gelbard (1973), Juan Vital Sourrouille (1985) y Domingo Felipe Cavallo (1991) <strong>no sólo no fueron recesivos, sino que además fueron expansivos.</strong></p>
<p>Si bien la evidencia empírica argentina es contundente sobre los efectos en término de actividad, antes de pasar a los lineamientos de un plan de ajuste que no será recesivo, debemos descartar la posibilidad que se repita lo sucedido en 1959 cuando el PIB cayó 6,5%. La esencia de dicho plan es que la devaluación de la moneda fue acompañada por una contracción monetaria que, dado el salto inicial de los precios, redujo el poder de compra de los agentes y ello deprimió la demanda agregada hundiendo a la economía en una recesión. Sin embargo, esta situación no sería asimilable con el presente de nuestro país, ya que en el plano monetario existe un exceso de pesos del orden de 5% del PIB. Así, de mediar un programa que detenga la emisión de dinero y con una inflación inercial del 35% aún persistiría un exceso de pesos del orden de 2% del PBI.</p>
<p><strong>En cuanto al ajuste del gasto el mismo tendría dos partes. Por un lado se deberían cortar de cuajo los subsidios económicos -no los sociales-, lo cual permitiría ahorrar 5% del PBi, mientras que el resto vendría por la licuación de partidas, que deberían crecer un 4% por debajo de la inflación. Por ejemplo, esto evitaría caídas del 10% en los salarios reales de los trabajadores del Estado como intenta impulsar el Poder Ejecutivo.</strong></p>
<p>El motivo por el cual el ajuste enunciado no será recesivo (sin tener que recurrir al argumento del shock de confianza positivo) es porque el mismo eliminará transferencia a un conjunto de agentes que consumen una fracción menor de sus ingresos, para dejar de cercenarle vía impuesto inflacionario el ingreso disponible al grupo de bajos ingresos que consumen prácticamente todo su ingreso<strong>. En este contexto, dada la transferencia entre agentes, el consumo de la economía aumentaría.</strong> Por otra parte, la suba de tarifas permitirá que las inversiones queden a manos de las empresas, las cuales no sólo serán seleccionadas con mejores criterios que el utilizado por el sector público, sino que al eliminar la transferencias entre sectores, el flujo de fondos de las firmas aumentará y ello potenciará la inversión. Por lo tanto, el proceso impulsará un crecimiento de la demanda, donde los dos puntos adicionales de reducción del gasto (dado que el resto del ajuste implicaría detener la emisión monetaria) obedecen a limpiar el exceso de dinero remanente de modo tal que los precios relativos se acomoden sin interferencia del sector monetario.</p>
<p>A su vez, si el programa fuera anunciado con convicción y voluntad política de llevarlo a cabo, ello podría generar un shock de confianza positivo (generando un ingreso de capitales) tan importante que, el ajuste ortodoxo, terminaría siendo expansivo.</p>
<p>Por lo tanto, un programa de éstas característica no sólo que no será recesivo, ya que la mejor distribución del ingreso impulsará el consumo y las señales de precios potenciarán la inversión, sino que además al extirpar la inflación y frenar el drenaje de divisas permitirá levantar el traumático cepo cambiario y sentará las bases para un futuro de crecimiento sostenido y prosperidad.</p>
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