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	<title>Javier Milei &#187; Japón</title>
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		<title>Crecimiento y productividad: la economía de las ideas</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Sep 2013 13:52:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Durante los últimos dos siglos, en especial durante el <strong>siglo XX</strong>, <strong>los progresos de la humanidad en términos de bienestar han sido enormes</strong>. Así, mientras que en los siglos que van desde el I al XVIII el <strong>producto per-cápita</strong> creció un 40,8% (lo cual se concentra sobre los siglos XIV y XV), durante los últimos dos el crecimiento fue de un 817,7%, que se descompone en una tasa del 92,0% en el XIX y 378,1% durante el último siglo. Al mismo tiempo los datos dan cuenta de un <strong>proceso de aceleración</strong>, lo cual se puede apreciar en la cantidad de años que demandó duplicar el <strong>PIB per-cápita.</strong> Cronológicamente, el primero en lograrlo fue el <strong>Reino Unido</strong> que tardó 58 años (1780-1838), luego lo siguieron <strong>Estados Unidos</strong> con 47 (1839-1886), <strong>Japón</strong> con 34 (1885-1919), <strong>Italia</strong> con 21 (1890-1911), <strong>España</strong> con 18 (1950-1968), <strong>Corea del Sur</strong> con 9 (1978-1987) y <strong>China</strong> con 7 (1987-1994).</p>
<p>El dato es que <strong>la tasa de crecimiento de la economía mundial se ha acelerado con el paso del tiempo</strong> y esta tendencia no puede atribuirse solamente a las fuerzas de la acumulación de factores productivos (capital y trabajo), las cuales si bien pueden explicar la convergencia, la presencia de <strong>rendimientos marginales decrecientes</strong> (cada nueva unidad de producción requiere de una mayor cantidad de insumos) las deja de lado en la explicación de un crecimiento permanente. Para conciliar esta aceleración del <strong>crecimiento con el proceso de acumulación</strong>, el <strong>cambio tecnológico</strong> tiene que aumentar con el paso del tiempo a un ritmo lo suficientemente rápido como para <strong>contrarrestar las limitaciones de la producción.</strong></p>
<p><span id="more-43"></span>En 1990, <strong>Paul Romer</strong>, insatisfecho con su trabajo original de 1986 que daba origen a la <strong>teoría del crecimiento endógeno</strong> (basándose en la presencia externalidades del conocimiento, ello generaba rendimientos crecientes, lo cual permitía crecer con mercados perfectos), desarrolló un modelo de corte schumpeteriano a los fines de estudiar la evolución de la productividad en función de la generación de ideas.</p>
<p>En este nuevo marco, las <strong>empresas invierten recursos en I&amp;D con el fin de desarrollar nuevos productos</strong>, los cuales son protegidos por patentes. De esta forma <strong>los innovadores consiguen un poder monopólico</strong> que pueden utilizar para obtener más beneficios y los beneficios adicionales dan incentivos para invertir en I&amp;D. Al mismo tiempo, dado que el conocimiento no es un bien rival y sólo es parcialmente excluible, ello permite a otros innovadores nutrirse de las nuevas ideas a menores costos amplificando los beneficios sociales de la I&amp;D. En estas circunstancias, el stock de conocimientos al que pueden acceder los innovadores es función de los esfuerzos anteriores dedicados a la I&amp;D, por lo que<strong> cuanto más I&amp;D se haya realizado, mayor el stock de conocimientos,</strong> lo cual hará que la nueva I&amp;D sea más barata y con ella crezcan los incentivos a seguir creando nuevas ideas.</p>
<p><strong>Bajo este nuevo esquema, las instituciones se vuelven fundamentales.</strong> El rendimiento privado de la I&amp;D depende, entre otras cosas, del tiempo de duración de las patentes, la protección de las marcas registradas, la eficacia del sistema jurídico para proteger los derechos de propiedad intelectual y la naturaleza del entorno económico en el que operan las empresas. A su vez,<strong> el ahorro juega un rol determinante</strong>, donde a mayor nivel de dicha variable, no sólo el producto per-cápita es más alto, sino que además la tasa de crecimiento permanente es más alta.</p>
<p>En función de ello, si el mundo lograra crear la suficiente cantidad de ideas como para sostener un tasa de crecimiento en torno al 4% (algo factible a la luz de la convergencia) durante el siglo XXI, el <strong>GDP per-cápita</strong> al inicio del próximo siglo sería 50,5 veces mayor que el del 2000. Esto es, la tasa de crecimiento económico se habría acelerado a un 4950,5% (llevándonos a una singularidad económica), por lo que <strong>el factor de expansión no sólo sería 10,6 veces mayor al del siglo XX, sino que además sería 3,9 veces superior a lo logrado durante los últimos 20 siglos.</strong></p>
<p>Por lo tanto,<strong> cabría preguntarse cuántas ideas potenciales hay antes de que se arribe al temido estado estacionario</strong>. Para responder a ello, supongamos que sólo consideramos las instrucciones que pueden escribirse en un párrafo de 100 palabras o menos (típico resumen de un artículo científico). A su vez, la lengua inglesa (idioma dominante en publicaciones) contiene cerca de 20.000 palabras. En función de ello, la cantidad de párrafos con ideas diferentes que podemos crear está dado por 20.000 elevado a la 100, que es mayor que 10 elevado a la 430 (esto es, un 1 seguido de 430 ceros). Aunque la mayoría de estas combinaciones no tendrán sentido, otras describirían el teorema fundamental del cálculo, la <strong>teoría de la evolución de Darwin,</strong> la teoría microbiana de la enfermedad de <strong>Pasteur</strong>, la fórmula química de la <strong>penicilina</strong>, la estructura del <strong>ADN</strong> y quizás un motor para propulsar las naves espaciales en el futuro.</p>
<p>Supongamos además que sólo 1 de cada 10 elevado a la 100 de estos párrafos contienen una idea coherente. De este modo, los párrafos posibles ascenderían a 10 elevado a la 330, cifra tropecientos millones de veces mayor que el número de partículas que hay en el Universo. En definitiva, tal como afirmara el padre de la teoría del crecimiento endógeno: &#8220;Todas las generaciones han reparado en los límites que impondrían al crecimiento unos recursos finitos si no se descubrieran nuevas ideas. Y todas las generaciones han subestimado las posibilidades de encontrar nuevas ideas. <strong>Cometemos sistemáticamente el mismo error de no darnos cuenta de cuántas ideas quedan por descubrir&#8221;.</strong></p>
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		<title>Comercio y crecimiento luego de la crisis global</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Aug 2013 12:33:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[apertura comercial]]></category>
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		<description><![CDATA[Luego de la quiebra de Lehman Brothers, el mundo enfrentaba la amenaza de caer en una nueva Gran Depresión. Aún peor que la de 1929-1933. Sin embargo, como consecuencia de 75 años de acumulación de conocimientos sobre el funcionamiento de la economía y el esfuerzo de los países que integran el G20, se coordinaron las políticas económicas que... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2013/08/27/comercio-y-crecimiento-luego-de-la-crisis-global/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Luego de <strong>la quiebra de Lehman Brothers</strong>, el mundo enfrentaba la amenaza de caer en una nueva <strong>Gran Depresión</strong>. Aún peor que la de 1929-1933. Sin embargo, como consecuencia de 75 años de acumulación de conocimientos sobre el funcionamiento de la economía y el esfuerzo de los países que integran el <strong>G20</strong>, se coordinaron las políticas económicas que permitieron derrotar al fantasma tan temido.</p>
<p>Pasado el shock inicial, el mundo se movió a dos velocidades, fuerte en los emergentes y más débil en los desarrollados. Hoy, a poco más de cuatro años del episodio,<strong> el mundo se recupera a tres velocidades</strong>. Por un lado, los emergentes, si bien crecen a tasas algo menores, mantienen su dinamismo. Por otra parte, <strong>EEUU</strong> (pese al freno que implica la consolidación fiscal) y <strong>Japón</strong>, sus políticas monetarias están dando el soporte necesario para alcanzar una recuperación sólida.</p>
<p><span id="more-35"></span>Finalmente, <strong>la zona del euro ha logrado frenar su caída</strong>. El sistema fue puesto a prueba y respondió de manera exitosa. Para verlo, sólo basta con recordar que cuando la economía había tocado fondo durante la Gran Depresión, el nivel de actividad se había contraído en torno al 30% y la <strong>tasa de desempleo</strong> en el mundo oscilaba en niveles del 20% al 30%. De hecho, el nivel de actividad se recompuso luego de diez años, mientras que hoy se discute la vuelta al crecimiento de tendencia.</p>
<p>En este contexto, pese a las fluctuaciones que puedan tener los términos de intercambio y las tendencias futuras sobre las tasas de interés, las perspectivas de largo plazo son alentadoras. A diferencia de la <strong>primera ola de globalización</strong> iniciada en el siglo XIX y que se retrajo durante las dos guerras, esta <strong>segunda tendencia globalizadora</strong> iniciada en los ‘50 continúa vigorosa.</p>
<p>En definitiva, el mundo se ha convertido en un lugar mucho más sólido y ello abre un ventanal gigante de oportunidades. De hecho, pocas ideas despiertan menos controversia entre los economistas que aquella que afirma que el comercio internacional es positivo para todos y que debe ser incentivado ya que potencia al crecimiento económico.</p>
<p>Los países extranjeros representan una oferta potencial de factores de producción que pueden ser escasos en un país dado, así como una salida para los factores abundantes. También son una fuente de transferencia de tecnología y brindan a un país la oportunidad de especializarse en las áreas de producción en las que es mejor. Desde este punto de vista, e<strong>l cauce principal a través del cual la apertura al comercio mundial eleva la renta per-cápita es mediante el efecto que genera vía el aumento de la productividad</strong>. Así, puede entenderse al comercio mismo como una forma de mejora tecnológica.</p>
<p>La evidencia empírica internacional muestra la existencia de una fuerte relación positiva entre el crecimiento del <strong>PIB</strong> y el crecimiento en el grado de <strong>apertura comercial</strong>. Así, un cambio en el grado de apertura induce a un mayor crecimiento del PIB y consecuentemente, del ingreso por habitante. Desde este punto de vista,<strong> sumarse a la globalización es bueno para el crecimiento económico de un país</strong> y existen tres tipos de pruebas que avalan dicha reflexión:</p>
<p>(i) En primer lugar, la apertura lleva a la <strong>convergencia económica</strong>: los países pobres que están abiertos al comercio crecen más deprisa, en promedio, que los ricos, mientras que los países pobres que están cerrados al comercio crecen más despacio que los países ricos.</p>
<p>(ii) En segundo lugar, los países que abren sus mercados a la economía mundial experimentan una aceleración del crecimiento, mientras que los que cierran su mercado experimentan su desaceleración.</p>
<p>(iii) Por último, los países que son menos capaces de participar en el comercio mundial por su posición geográfica tienen una renta más baja como consecuencia de su aislamiento. En este sentido, los datos para la segunda mitad del siglo XX muestran que <strong>aquellos países que siempre estuvieron abiertos son en promedio, siete veces más ricos que los que nunca lo estuvieron.</strong> A su vez, los países que mantuvieron su apertura al comercio durante más de la mitad del período son en promedio una vez y media más ricos que aquellos que lo hicieron por menos de la mitad del período de estudio.</p>
<p>Sin embargo, tal como señalara <strong>William Baumol</strong>: “Probablemente la razón más persistente para la resistencia de los no economistas, a las más preciadas recomendaciones de la profesión, sea la falta de consideración sobre las implicancias que éstas tienen en términos distributivos”. El comercio internacional, a lo igual que el<strong> progreso tecnológico <em>schumpeteriano</em></strong>, si bien de largo plazo favorece a toda la sociedad en su conjunto (nadie dejó la luz eléctrica para volver a las velas), en el corto plazo hay un conjunto de agentes que se perjudican con la llegada de los nuevos bienes. En este contexto, resulta de crucial importancia acompañar a estos grupos hasta que logren reconvertirse, ya que en su defecto se opondrán al cambio, generarán tensión social y con ello podría abortarse un proceso que de largo plazo beneficia a todos.</p>
<p>Por lo tanto, aquellos países que sean capaces de superar con inteligencia y conocimiento los desafíos de la globalización y del progreso tecnológico, tendrán un futuro mucho mejor de lo que alguna vez se hayan permitido imaginar. <strong>Los que no se adapten a la nueva realidad seguirán viendo pasar el tren de la convergencia.</strong></p>
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