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	<title>Javier Milei &#187; Estados Unidos</title>
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		<title>Capital humano y crecimiento económico</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jan 2014 13:22:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿Porque algunos países son ricos y otros son pobres?</strong> Los economistas se han planteado esta pregunta desde los tiempos de <strong>Adam Smith</strong> (1776). Respecto a las principales ideas sobre <strong>los efectos de la acumulación del capital físico</strong> en la expansión de largo plazo del ingreso, éstas se deben a <strong>Robert Solow</strong> y <strong>Trevor Swan</strong>, quienes desarrollaron el modelo neoclásico de crecimiento. Sin embargo, cuando el modelo fue testeado para el sector privado no agrario de<strong> Estados Unidos,</strong> la <strong>productividad total de los factores</strong> -<strong>PTF</strong>- (parte no explicada por la acumulación de factores, esto es, el residuo de la ecuación) representaba casi un 80% de la tasa de crecimiento de la producción.</p>
<p dir="ltr">El reconocimiento de que la acumulación de capital físico (al menos tal y como se medía en su forma tradicional) explicaba sólo una parte modesta del crecimiento de la renta de numerosos países condujo a la búsqueda de explicaciones más adecuadas. En este contexto, <strong>Theodore Schultz</strong> hizo notar <strong>la importancia del capital humano</strong> y su contribución al crecimiento económico, lo cual fue formalizado y testeado por <strong>Gary Becker</strong> y plasmado en un modelo de crecimiento bisectorial (donde se acumula tanto capital físico como capital humano) por parte de <strong>Hirofumi Usawa</strong>, quien hacía del tiempo dedicado a la educación el determinante principal de la tasa de crecimiento del <strong>progreso tecnológico (PTF).</strong></p>
<p dir="ltr"><strong><span id="more-63"></span>El capital humano es la cantidad de conocimientos y habilidades que acumulan los individuos y que hacen que sean más productivos.</strong> Ejemplos evidentes de capital humano son los gastos en salud y la educación universitaria. Sin embargo, también se acumula capital humano cuando los alumnos de la primaria aprenden a leer, cuando los trabajadores de la construcción aprenden a manejar una grúa y cuando los médicos dominan una nueva técnica quirúrgica que permite mejorar la calidad de vida de los individuos. En este sentido, la diferencia de PTF entre países puede atribuirse, en parte, a que la cantidad y calidad de capital humano de los trabajadores varía de unos a otros.</p>
<p dir="ltr">Respecto al capital humano ligado a la salud, <strong>Robert Fogel</strong> cuantificó la contribución de la mejora de la nutrición al crecimiento económico en el <strong>Reino Unido</strong> entre los años 1780 y 1980. Fogel calculó que en 1780 el 20% más pobre de los adultos estaba tan mal alimentado que no tenía la energía necesaria ni siquiera para realizar una hora de trabajo manual diario. Hacia 1980 este tipo de desnutrición había desaparecido y este cambio por sí solo multiplicó por 1,25 la producción por adulto. Por otra parte, el aumento en la ingesta de calorías permitió aumentar un 56% la cantidad de trabajo. Así, <strong>la mejora nutricional multiplicó la producción</strong> por 1,95 (1,25 x 1,56), que en un período de 200 años significa un aumento de 0,33% al año. Dado que la tasa de crecimiento de la renta per cápita del período fue del 1,15%, la mejora de la nutrición explica casi un tercio de la mejora.</p>
<p dir="ltr">En cuanto al capital humano ligado a la educación, a continuación, la tabla muestra el impacto sobre salarios para países en vías de desarrollo y avanzados. Así, <strong>terminar la primaria implica una mejora del salario de 143% respecto a quien no posee estudios de ningún tipo.</strong> Por otra parte, la diferencia se estira a un 216% para aquellos que terminan el secundario, mientras que para los que finalizan la universidad la mejora es de un 311%. Además, la desigualdad en la distribución del ingreso está, en general, positivamente correlacionada con la desigualdad en la educación y en otras formas de aprendizaje. Al mismo tiempo,<strong> existe una relación estrecha, normalmente negativa, entre educación y desempleo</strong>. Esto es, la educación mejora el perfil de la relación renta y riesgo a lo largo del tiempo de manera notable. Por último, en el cuadro se puede apreciar que mientras que la proporción de individuos sin estudios en los países avanzados es del 2,5%, en los países en vías de desarrollo ese número asciende al 20,8%. A su vez, mientras que en el primer grupo un 63,9% tiene terminado el secundario (donde 16,6 puntos son universitarios), en el segundo esa cifra alcanza el 31,4% (con sólo 5,3 en el mayor escalafón).</p>
<p dir="ltr"><strong>Desagregación de la población por niveles de estudios y salarios</strong></p>
<p> <img alt="" src="https://lh6.googleusercontent.com/z7Bw5-dJjZgHZ1_ukg6M3GOTmGSUlhNrijdALy1bYFeXC-C2BNB0SLjeU7hnmEG2iyOu2lUJEMPn0yvnCdfRpMGxw5eUj2ydVVf_xyq6DishnP1XTgr3M0Gwf-H7cKmn" width="519px;" height="197px;" /></p>
<p dir="ltr">A la luz de la evidencia empírica y en línea con los desarrollos de<strong> Paul Romer</strong> en materia de crecimiento endógeno,<strong> Robert Lucas </strong>volvió a la carga con la idea del crecimiento impulsado por el capital humano. En paralelo, <strong>Gregory Mankiw, David Romer y David Weil</strong>, utilizando una muestra de mixta de 98 países, suponiendo que se gasta una proporción fija de la renta en inversión en capital humano y utilizando la proporción de la población en edad activa matriculada en las escuelas de enseñanza secundaria como un indicador aproximado de la proporción de renta invertida en capital humano, la ecuación estimada no sólo reduce de manera sustancial el residuo (PTF) sino que explica el 80% de la diferencia de la renta per cápita entre países. Al mismo tiempo, el peso del capital físico dentro de la renta (31%) es a muy cercana a la participación calculada de manera directa.</p>
<p dir="ltr">Por lo tanto,<strong> la conclusión empírica más importante es que las personas con mayores niveles de educación casi siempre tienen mejores ingresos</strong>, lo cual es cierto tanto en países desarrollados como en subdesarrollados. Por otra parte, ningún país ha logrado un crecimiento económico sostenido sin haber invertido sumas importantes en capital humano. En definitiva, tal como afirmara<strong> Alfred Marshall</strong> en sus “<strong>Principios de Economía</strong>” (1890): “el capital más valioso de todos es el que se ha invertido en seres humanos… Así, mientras que la naturaleza muestra una tendencia hacia los rendimientos decrecientes, el hombre muestra una tendencia hacia los rendimientos crecientes (lo cual permite el crecimiento endógeno permanente). El saber es nuestra máquina de producción más potente; nos permite someter a la naturaleza y satisfacer nuestros deseos”.</p>
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		<title>Productividad y crecimiento en América Latina</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Oct 2013 10:50:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[América Latina padece del síndrome crónico del crecimiento lento. En contra de la opinión corriente, el bajo crecimiento y las resultantes brechas de ingresos no pueden atribuirse en mayor medida a un problema de acumulación de factores (capital físico y trabajo) sino a un déficit permanente en el crecimiento de la productividad (total de los factores-PTF). Desde 1960 hasta... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2013/10/15/productividad-y-crecimiento-en-america-latina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>América Latina padece del síndrome crónico del crecimiento lento.</strong> En contra de la opinión corriente, el bajo crecimiento y las resultantes brechas de ingresos no pueden atribuirse en mayor medida a un problema de acumulación de factores (capital físico y trabajo) sino a un déficit permanente en el crecimiento de la productividad (total de los factores-PTF). Desde 1960 hasta el presente, los países de la región se han retrasado respecto al <strong>PIB</strong> <strong>per-cápita</strong> de los <strong>Estados Unidos</strong> un 37%, donde un 70% de la diferencia es explicada por un menor crecimiento de la productividad. Esta profunda diferencia en la <strong>PTF</strong> entre países no exige preguntarnos por qué algunos utilizan de manera más eficiente que otros el capital y el trabajo que disponen.</p>
<p>Un factor importante es el capital humano, el cual consta de la cantidad de conocimientos y de habilidades que acumulan los individuos a lo largo de su vida y que los hace más productivos. Este capital se acumula cuando los alumnos de los distintos niveles incorporan conocimientos, cuando los trabajadores de la construcción aprenden a manejar una grúa o cuando los médicos dominan una nueva técnica quirúrgica&#8230; Por ejemplo, en Estados Unidos cada año adicional de estudio tiene un rendimiento del 7%, mientras que en los países en desarrollo estos retornos son del orden del 12%.</p>
<p><span id="more-51"></span>Otra de las causas a las que puede deberse las diferencias en la <strong>PTF</strong> es que<strong> los países ricos y los países pobres producen con tecnologías diferentes</strong>. Algunos bienes tales como los chips de ordenadores de última generación, programas informáticos, nuevos productos farmacéuticos, los aviones supersónicos y los rascacielos, como así también las técnicas de producción y gestión para la creación de valor de las firmas, la tecnología de la información y las redes de transporte estrechamente integradas, son más frecuentes en los países ricos que en los pobres.</p>
<p>Sin embargo, aunque los países sean ricos debido a su capital físico, a su capital humano y a sus tecnologías de vanguardia, el punto es determinar qué impide que los países pobres disfruten de los mismos niveles elevados de capital y tecnología. Frente a ello, puede que las <strong>diferencias institucionales</strong> sean parte importante de la explicación.<strong> Mancur Olson</strong> (1996) comparó la situación entre <strong>Corea del Norte y del Sur, Alemania Oriental y Occidental y Hong Kong con China Continental</strong>. Cada uno de estos pares de países era un único país. Los habitantes de cada uno de estos comparten culturas parecidas y ninguno tiene ventajas geográficas relativas, al mismo tiempo que al inicio tenían una renta parecida. Luego de un tiempo surgieron diferencias enormes. Corea del Norte hoy es uno de los países más pobres del planeta, mientras que Corea del Sur constituye uno de los milagros del crecimiento.</p>
<p>En 1989, cuando cayó el <strong>muro de Berlín</strong>, <strong>la diferencia en el nivel de vida entre las dos Alemanias era abismal</strong>. Por último, pese al crecimiento de las últimas décadas, el ingreso per- <span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">cápita de China es seis veces menor al de Hong Kong. En definitiva, los derechos de propiedad, </span>el imperio de la ley, el cumplimiento de los contratos y la separación de poderes son esenciales para el éxito económico. En su ausencia, los costos de invertir en capital físico, capital humano y tecnología pueden ser mayores que los beneficios y, por ende, pueden no realizarse inversiones que, de otra manera, serían rentables.</p>
<p><strong>Respecto al caso de América Latina, los tres desafíos más apremiantes en cuanto al diseño institucional son aquellos que permitan lograr un aumento sostenido de la productividad.</strong> En este sentido sería necesario: (i) aumentar la<strong> tasa de</strong> <strong>ahorro</strong> <strong>doméstico</strong> (donde el rol del sector público es clave), (ii) mejorar la <strong>infraestructura</strong> y (iii) <strong>reformar</strong> el <strong>mercado</strong> <strong>laboral</strong>. En cuanto al primer punto, actualmente, el país con mayor tasa de ahorro en la región no alcanza al mínimo del sudeste asiático y un salto en la inversión que impulse al crecimiento puede que, de cara a los próximos años, sea una ardua tarea financiarlo con ahorro externo. Así, tal como señalara <strong>Adam Smith</strong> en <strong><em>La Riqueza de las Naciones</em> </strong>(1776): &#8220;todo hombre derrochador es un enemigo público y todo hombre ahorrador es un benefactor público&#8221;. Hecho confirmado por la teoría y la evidencia empírica, donde a mayor tasa de ahorro no sólo el PIB per-cápita de largo aumenta, sino que la mejora en la tasa de crecimiento es permanente.</p>
<p>En cuanto al segundo, el mismo consta en cerrar la brecha de infraestructura tanto en materia de inversión física (hardware) como en materia contractual (software). Para lograr un crecimiento sostenido del 4% en el ingreso per-cápita sería necesario invertir en infraestructura un 5,5% del PIB (y 8% para equiparar los niveles asiáticos). Así, el déficit en materia de hardware sumado a los problemas contractuales (con pesos similares) hace que el comercio de la región esté 50% debajo de su potencial. Esto es, de cerrarse las brechas mencionadas sería posible duplicar el comercio, mejorar la productividad vía economías de escala y con ello potenciar el crecimiento. Finalmente, la reforma del mercado laboral debería estar destinada a reasignar el trabajo hacia los sectores más productivos. Así, cuando el diseño impositivo castiga la formación de capital humano y al mayor esfuerzo, ello estimula la sustitución a favor de actividades no alcanzadas por los impuestos, lo cual se traduce en menor producción en el tramo gravado y un deterioro de la productividad en el sector de servicios, que hace caer la competitividad de la economía.</p>
<p><strong>Estas tres reformas son un punto de partida necesario en la búsqueda de un mejor nivel de vida para el continente.</strong> No hay ningún sustituto que permita innovar, capacitar, adaptar, cambiar, experimentar, reasignar y emplear el trabajo, el capital y la tierra con mayor eficiencia que un <strong>sostenido aumento del nivel de productividad</strong>, de ahí que su exitosa gestión sea el máximo desafío de la política económica.</p>
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		<title>Crecimiento y productividad: la economía de las ideas</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Sep 2013 13:52:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Durante los últimos dos siglos, en especial durante el siglo XX, los progresos de la humanidad en términos de bienestar han sido enormes. Así, mientras que en los siglos que van desde el I al XVIII el producto per-cápita creció un 40,8% (lo cual se concentra sobre los siglos XIV y XV), durante los últimos dos el crecimiento... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2013/09/07/crecimiento-y-productividad-la-economia-de-las-ideas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Durante los últimos dos siglos, en especial durante el <strong>siglo XX</strong>, <strong>los progresos de la humanidad en términos de bienestar han sido enormes</strong>. Así, mientras que en los siglos que van desde el I al XVIII el <strong>producto per-cápita</strong> creció un 40,8% (lo cual se concentra sobre los siglos XIV y XV), durante los últimos dos el crecimiento fue de un 817,7%, que se descompone en una tasa del 92,0% en el XIX y 378,1% durante el último siglo. Al mismo tiempo los datos dan cuenta de un <strong>proceso de aceleración</strong>, lo cual se puede apreciar en la cantidad de años que demandó duplicar el <strong>PIB per-cápita.</strong> Cronológicamente, el primero en lograrlo fue el <strong>Reino Unido</strong> que tardó 58 años (1780-1838), luego lo siguieron <strong>Estados Unidos</strong> con 47 (1839-1886), <strong>Japón</strong> con 34 (1885-1919), <strong>Italia</strong> con 21 (1890-1911), <strong>España</strong> con 18 (1950-1968), <strong>Corea del Sur</strong> con 9 (1978-1987) y <strong>China</strong> con 7 (1987-1994).</p>
<p>El dato es que <strong>la tasa de crecimiento de la economía mundial se ha acelerado con el paso del tiempo</strong> y esta tendencia no puede atribuirse solamente a las fuerzas de la acumulación de factores productivos (capital y trabajo), las cuales si bien pueden explicar la convergencia, la presencia de <strong>rendimientos marginales decrecientes</strong> (cada nueva unidad de producción requiere de una mayor cantidad de insumos) las deja de lado en la explicación de un crecimiento permanente. Para conciliar esta aceleración del <strong>crecimiento con el proceso de acumulación</strong>, el <strong>cambio tecnológico</strong> tiene que aumentar con el paso del tiempo a un ritmo lo suficientemente rápido como para <strong>contrarrestar las limitaciones de la producción.</strong></p>
<p><span id="more-43"></span>En 1990, <strong>Paul Romer</strong>, insatisfecho con su trabajo original de 1986 que daba origen a la <strong>teoría del crecimiento endógeno</strong> (basándose en la presencia externalidades del conocimiento, ello generaba rendimientos crecientes, lo cual permitía crecer con mercados perfectos), desarrolló un modelo de corte schumpeteriano a los fines de estudiar la evolución de la productividad en función de la generación de ideas.</p>
<p>En este nuevo marco, las <strong>empresas invierten recursos en I&amp;D con el fin de desarrollar nuevos productos</strong>, los cuales son protegidos por patentes. De esta forma <strong>los innovadores consiguen un poder monopólico</strong> que pueden utilizar para obtener más beneficios y los beneficios adicionales dan incentivos para invertir en I&amp;D. Al mismo tiempo, dado que el conocimiento no es un bien rival y sólo es parcialmente excluible, ello permite a otros innovadores nutrirse de las nuevas ideas a menores costos amplificando los beneficios sociales de la I&amp;D. En estas circunstancias, el stock de conocimientos al que pueden acceder los innovadores es función de los esfuerzos anteriores dedicados a la I&amp;D, por lo que<strong> cuanto más I&amp;D se haya realizado, mayor el stock de conocimientos,</strong> lo cual hará que la nueva I&amp;D sea más barata y con ella crezcan los incentivos a seguir creando nuevas ideas.</p>
<p><strong>Bajo este nuevo esquema, las instituciones se vuelven fundamentales.</strong> El rendimiento privado de la I&amp;D depende, entre otras cosas, del tiempo de duración de las patentes, la protección de las marcas registradas, la eficacia del sistema jurídico para proteger los derechos de propiedad intelectual y la naturaleza del entorno económico en el que operan las empresas. A su vez,<strong> el ahorro juega un rol determinante</strong>, donde a mayor nivel de dicha variable, no sólo el producto per-cápita es más alto, sino que además la tasa de crecimiento permanente es más alta.</p>
<p>En función de ello, si el mundo lograra crear la suficiente cantidad de ideas como para sostener un tasa de crecimiento en torno al 4% (algo factible a la luz de la convergencia) durante el siglo XXI, el <strong>GDP per-cápita</strong> al inicio del próximo siglo sería 50,5 veces mayor que el del 2000. Esto es, la tasa de crecimiento económico se habría acelerado a un 4950,5% (llevándonos a una singularidad económica), por lo que <strong>el factor de expansión no sólo sería 10,6 veces mayor al del siglo XX, sino que además sería 3,9 veces superior a lo logrado durante los últimos 20 siglos.</strong></p>
<p>Por lo tanto,<strong> cabría preguntarse cuántas ideas potenciales hay antes de que se arribe al temido estado estacionario</strong>. Para responder a ello, supongamos que sólo consideramos las instrucciones que pueden escribirse en un párrafo de 100 palabras o menos (típico resumen de un artículo científico). A su vez, la lengua inglesa (idioma dominante en publicaciones) contiene cerca de 20.000 palabras. En función de ello, la cantidad de párrafos con ideas diferentes que podemos crear está dado por 20.000 elevado a la 100, que es mayor que 10 elevado a la 430 (esto es, un 1 seguido de 430 ceros). Aunque la mayoría de estas combinaciones no tendrán sentido, otras describirían el teorema fundamental del cálculo, la <strong>teoría de la evolución de Darwin,</strong> la teoría microbiana de la enfermedad de <strong>Pasteur</strong>, la fórmula química de la <strong>penicilina</strong>, la estructura del <strong>ADN</strong> y quizás un motor para propulsar las naves espaciales en el futuro.</p>
<p>Supongamos además que sólo 1 de cada 10 elevado a la 100 de estos párrafos contienen una idea coherente. De este modo, los párrafos posibles ascenderían a 10 elevado a la 330, cifra tropecientos millones de veces mayor que el número de partículas que hay en el Universo. En definitiva, tal como afirmara el padre de la teoría del crecimiento endógeno: &#8220;Todas las generaciones han reparado en los límites que impondrían al crecimiento unos recursos finitos si no se descubrieran nuevas ideas. Y todas las generaciones han subestimado las posibilidades de encontrar nuevas ideas. <strong>Cometemos sistemáticamente el mismo error de no darnos cuenta de cuántas ideas quedan por descubrir&#8221;.</strong></p>
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		<title>El retiro de Bernanke y el futuro de los emergentes</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Aug 2013 11:36:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina…”. Nada podría ser más apropiado que este fragmento de la letra “Presente” de Vox Dei, para describir el retiro de quien la historia monetaria de los Estados Unidos juzgará como el mejor Presidente de la Reserva Federal que haya existido: Benjamin Shalom Bernanke. Al momento... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2013/08/03/el-retiro-de-bernanke-y-el-futuro-de-los-emergentes/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina…”. Nada podría ser más apropiado que este fragmento de la letra “Presente” de<strong> Vox Dei</strong>, para describir el retiro de quien la historia monetaria de los Estados Unidos juzgará como<strong> el mejor Presidente de la Reserva Federal que haya existido: Benjamin Shalom Bernanke.</strong></p>
<p>Al momento de tomar el timón de la <strong>FED</strong> el ex profesor de <strong>Princeton</strong>, el mundo enfrentaba una crisis de características muy similares a la <strong>Gran Depresión</strong>. El mayor grado de aversión al riesgo redujo la demanda de bienes en favor de activos emitidos por el Gobierno, implicando un nivel de producción e inflación debajo del nivel deseable. En función de ello, primero se redujo la tasa de interés. Sin embargo, la caída en la demanda agregada era tan profunda que no resultaba posible cerrar las brechas en producción y precios a tasas de interés nominales positivas. Así, cuando asomaba el fantasma de la <strong>trampa de la liquidez</strong>, Bernanke echó mano al efecto saldo reales de <strong>Pigou</strong> y comenzó a emitir dinero a tasas escalofriantes. La emisión de dinero incrementó los saldos reales del público sin tener que reducir la demanda de bienes, lo cual estabilizó al producto. Si a esto le sumamos los aumentos del gasto público impulsados por <strong>Barack Obama</strong>, el nivel de actividad comenzó a recuperarse, <strong>los precios salieron de la deflación y la tasa de desempleo de a poco comenzó a ceder</strong>. La depresión había sido abortada.</p>
<p><strong><span id="more-28"></span>El 31 de enero de 2014 termina el segundo mandato de Bernanke,</strong> quien ha manifestado que no es su intención continuar otro período. Esto pone a Obama frente a la difícil situación de tener que elegir al sucesor que pueda honrar el doble mandato de la Reserva Federal (pleno empleo con la inflación bajo control). Para cubrir la posición aparecen <strong>tres candidatos: (i) Janet Yellen (VP de la FED), (ii) James Bullard (Presidente de la FED de St. Louis) y (iii) el ex secretario del Tesoro, Larry Summers</strong>. Naturalmente, el perfil de los candidatos es diferente y ello no solo impactará en los EEUU sino que también lo hará en el resto del planeta.</p>
<p>En el debate sobre si el <strong>Banco Central</strong> debe manejarse con la estrategia convencional (foco solo en inflación y desempleo) o, en nombre de la estabilidad financiera, mediante una “acción extra” (monitoreo del precio de activos), Janet Yellen está más cerca del segundo grupo, lo cual es natural a la luz del enorme suceso que ha tenido la política de relajamiento cuantitativo.</p>
<p>Sin embargo, para que la política con base en activos funcione se deben cumplir tres condiciones. En primer lugar, el Banco debe tener una capacidad probada para detectar patrones desequilibrados en los precios. En segundo lugar, que la política correctiva llegue en tiempo y forma. Por último, el valor presente de los desvíos futuros en términos de actividad y empleo por accionar sobre el mercado de activos sean menores que los costos asociados al <em>status quo</em>.</p>
<p>Desafortunadamente, es muy complicado que estos tres elementos se presenten de manera conjunta. Por un lado, resulta complicado determinar la posición exacta de los fundamentals de los activos. Por otro lado, aún cuando esto fuera posible, hay que tener en cuenta que la política monetaria actúa con fuertes y variables rezagos, por lo que no es descartable que los efectos monetarios lleguen fuera de tiempo en mercados que se mueven muy rápido. Es más, aún si se pudieran superar estos dos escollos, puede que los agentes ajusten sus premios por riesgo y dejen sin efecto el accionar monetario. Al mismo tiempo, la medida que tienda a corregir un mercado puede que desajuste a otro distorsionando la asignación de recursos, lo cual hace aún más complicado la evaluación de costos y beneficios de la estrategia. Por último, aparecería un problema de riesgo moral derivado de un Banco Central que regala un <strong>PUT</strong> (opción que se ejecuta cuando el precio cae). Probablemente todo esto explique lo convencional de la regla.</p>
<p>Por otra parte, <strong>James Bullard es el típico halcón y a cada momento intenta probarse el traje de Presidente de la FED amenazando con un descarrilamiento en la tasa de inflación</strong>, que de tener lugar lo catapultaría hacia su deseado sillón. Finalmente, Larry Summers parecería situarse en una posición intermedia y estaría avalado por sus pergaminos académicos, su gestión durante la administración de <strong>Bill Clinton</strong> y su pertenencia Demócrata.</p>
<p>Por lo tanto, la elección que haga Barack Obama sobre quién será<strong> el sucesor del Ben Bernanke no será trivial para los emergentes</strong>. Si la decisión cae del lado de Yellen, el precio de los activos formarán parte del monitoreo de la política monetaria y el precio de los <em>commodities</em> no sufrirán grandes retrocesos. <strong>En caso de ser James Bullard el elegido, la política será mucho más dura y en este caso los activos sufrirán, mientras que los <em>commodities</em> y los emergentes también.</strong></p>
<p>Por último, <strong>Larry Summers, con su cabal entendimiento de la política económica (pese a no ser un experto en temas monetarios) sería el indicado para seguir los pasos de Ben Bernanke</strong>, lo cual desarmaría el estímulo monetario de manera más ordenada y con menos riesgos para todos.</p>
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		<title>Crecimiento y convergencia: película de un mundo maravilloso</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Jul 2013 06:34:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Bangladesh]]></category>
		<category><![CDATA[coeficiente de Gini]]></category>
		<category><![CDATA[Corea del Norte]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[hipótesis de la convergencia alpha]]></category>
		<category><![CDATA[Kenia]]></category>
		<category><![CDATA[Malthus]]></category>
		<category><![CDATA[Producto Interno Bruto]]></category>
		<category><![CDATA[Revolución Industrial]]></category>
		<category><![CDATA[revolución tecnológica]]></category>
		<category><![CDATA[Robert Lucas Jr.]]></category>
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		<description><![CDATA[Examinando la historia de la humanidad hasta el siglo XIX y comparándola con el siglo XX, creer que lo mejor está por venir (aun cuando de tanto en tanto haya crisis) no es un exceso de optimismo. No le pido que me crea, pero al menos déjeme proponerle un juego. Describiré algunas características de un país y usted... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2013/07/17/crecimiento-y-convergencia-pelicula-de-un-mundo-maravilloso/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Examinando la historia de la humanidad hasta el siglo XIX y comparándola con el siglo XX, <strong>creer que lo mejor está por venir</strong> (aun cuando de tanto en tanto haya crisis) <strong>no es un exceso de optimismo</strong>. No le pido que me crea, pero al menos déjeme proponerle un juego.<strong> Describiré algunas características de un país y usted me dirá que país estoy describiendo.</strong> En este país, la esperanza de vida al nacer es de menos de 50 años y 1 de cada 10 niños muere antes de cumplir un año. Más del 90% de los hogares carece de electricidad, heladera, teléfono o auto. Menos del 10% de los adultos jóvenes tiene estudios secundarios. ¿<strong>Se trata de Kenia, Bangladesh o quizás Corea del Norte?</strong></p>
<p><strong>Todas estas respuestas podrían ser buenas, pero en realidad ese país es Estados Unidos</strong>, no hoy sino a finales del siglo XIX. Hoy en día, en ese país, casi todos los hogares tienen electricidad, heladera, calefacción, teléfono y hasta varios autos. La mayoría de los adultos jóvenes poseen estudios secundarios y muchos van a la universidad. Piense en la gran cantidad de bienes que eran inimaginables hace cien años: la televisión, el aire-acondicionado, los satélites, el avión, los rascacielos, los DVD, la computadora, el celular, Internet, los lectores de música portátiles y otros muchos bienes que están al simple alcance de la mano. He aquí el poder del crecimiento y para aquellos que no han alcanzado este nivel de vida está el desafío de alcanzar la convergencia.</p>
<p><span id="more-21"></span>Durante los últimos 2.000 años, la tasa de crecimiento del producto interno bruto per-cápita ha crecido a una tasa promedio compuesta del 0,13% anual, lo cual implicó que <strong>el nivel de riqueza se multiplicara 12,9 veces</strong>. Acorde a estos dos milenios, se necesitarían 542 años para duplicar el nivel de vida de un conjunto de agentes a un momento dado. Sin embargo, esta comparación entre puntas esconde mucha información.</p>
<p>A finales del siglo XVIII, se había vuelto aparente que el uso sistemático de la ciencia y la ingeniería sobre la tecnología productiva revolucionaría la productividad del trabajo, haciendo posible un proceso de creación de riqueza nunca antes imaginado. En este sentido, <strong>William Godwin</strong> desarrolló la idea de la <strong>sociedad</strong> <strong>perfecta</strong>, donde la <strong>revolución</strong> <strong>tecnológica</strong> resolvería los problemas de la humanidad reduciendo la pobreza y las enfermedades. Así, separando la evolución del PIB per-cápita entre el período que va desde el año 1 al 1.800 y los restantes 200 años, podemos observar que la tasa de crecimiento pasó del 0,02% al 1,1%, mientras que el nivel de riqueza que durante el primer período había crecido en un 41%, durante el segundo período se multiplicó 9,18 veces. La cantidad de años necesarios para duplicar la renta pasó de 3.649 en el primer período a 63. Es más, si se toman los datos de la última mitad del siglo XX se aprecia que la tasa de crecimiento se aceleró hasta el 2,1% y la cantidad de años para que un individuo duplique la calidad de vida de sus abuelos ha caído a 33.</p>
<p>En materia de población, a pesar de <strong>Malthus</strong>, los números no resultan menos impresionantes. Durante los últimos dos milenios la tasa de crecimiento fue del 0,16% lo cual implicó multiplicar por 26,95 el número de habitantes del año 1. Por otra parte, separando en los mismos períodos precedentes, la tasa pasó de 0,08% a 0,9%, por lo que mientras que en el primer período la población se multiplicó por 4,2 veces, en el segundo lo hizo en 6,4. Por otra parte, las mejoras en el cuidado de la salud llevaron a la expectativa de vida al nacer desde 26 años a 64 y es de esperar que para 2100 la población mundial se estabilice en torno a los 10.000 millones de habitantes.</p>
<p><strong>Si bien este crecimiento no ha sido uniforme en las distintas zonas del mundo dando lugar a una clara separación entre desarrollados y no, en los últimos 100 años es posible apreciar una reversión en dicha tendencia</strong>. Previo a la <strong>Revolución Industrial</strong> el mundo desarrollado era dueño del 26% de la renta mundial, número que luego del hito productivo comenzó a crecer hasta alcanzar un máximo del 60% a inicios de la década del ‘50. Sin embargo, ese número hoy ha descendido al 45%, mientras que el<strong> coeficiente de Gini</strong> (el cual mide la concentración del ingreso) cayó desde 0,7 a 0,6. Esto es, los datos confirman la <strong>hipótesis de la convergencia alpha</strong> (en el largo plazo todos los países tendrían el mismo producto per-cápita).</p>
<p><strong>Por lo tanto, un mundo mejor es posible.</strong> Para ello es necesario<strong> estimular la formación de capital humano</strong> (salud y educación), <strong>mantener baja la inflación, preservar el equilibrio fiscal, fomentar el comercio exterior y la competencia, flexibilizar el mercado labora</strong>l (para nuevos ingresantes), estimular al <strong>ahorro</strong> vía una macro estable y <strong>proteger los derechos de propiedad</strong> para que la <strong>inversión</strong> no solo provea el stock de capital para producir más sino también para que ello traiga consigo el progreso técnico que permita un salto en la productividad, en los salarios reales y en el consumo. En definitiva, como señalara <strong>Robert Lucas Jr.</strong> (1988), “las consecuencias que este tipo de cuestiones entrañan para el bienestar humano son sencillamente estremecedoras y una vez que uno comienza a pensar en ellas resulta difícil pensar en cualquier otra cosa”.</p>
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