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	<title>Javier Milei &#187; déficit fiscal</title>
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		<title>Financiamiento fiscal, nivel de precios y tipo de cambio</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Mar 2016 09:18:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Financiamiento fiscal]]></category>
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		<description><![CDATA[La semana pasada, durante el debate parlamentario acerca de la eliminación de las leyes que están trabando la salida del default (leyes cerrojo y de pago soberano), el ministro de Haciendo y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, tuvo un durísimo cruce con el actual diputado y exministro de Economía del último período kirchnerista, Axel Kicillof. En términos... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2016/03/11/financiamiento-fiscal-nivel-de-precios-y-tipo-de-cambio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center">La semana pasada, durante el debate parlamentario acerca de la eliminación de las leyes que están trabando la salida del default (leyes cerrojo y de pago soberano), el ministro de Haciendo y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, tuvo un durísimo cruce con el actual diputado y exministro de Economía del último período kirchnerista, Axel Kicillof. En términos sintéticos, el exministro planteaba su inquietud sobre los efectos que podría traer el nuevo endeudamiento sobre la tasa de inflación, donde básicamente cuestionaba que el uso de financiamiento externo para financiar el déficit fiscal lograra contener de algún modo el crecimiento del nivel general de precios.</p>
<p>Sin embargo, si bien la respuesta del ministro Prat-Gay pulverizó el punto levantado por el diputado Kicillof (pese a sostener que su pregunta no ha sido contestada), <b>el problema radica en que este último, en una muestra flagrante de su desconocimiento en la materia, realizó mal su pregunta al configurar a la economía como si se tratara de un modelo con tipo de cambio fijo, cuando en el presente estamos en un caso de tipo de cambio flexible.<span id="more-303"></span></b></p>
<p>En función de dicho debate, la idea del presente artículo es explorar las consecuencias sobre los precios (los cuales pueden apartarse de la PPP en el corto plazo, ya sea por la presencia de fricciones en el mercado de bienes o por la existencia de bienes no transables), el tipo de cambio y las reservas bajo cuatro alternativas, según sea el tipo de financiamiento del déficit fiscal y el esquema cambiario. En este sentido, supondremos que la forma en que el Gobierno financia su déficit puede ser: (i) con endeudamiento externo y (ii) emisión monetaria. A su vez, el esquema cambiario puede mostrar dos alternativas: (i) tipo de cambio flexible y (ii) tipo de cambio fijo. De todos modos, más allá de los resultados de corto plazo, el punto central es que, en el largo plazo, la estructura de precios relativos de la economía es independiente de la estructura de financiamiento (salvo que ello impacte sobre la tasa de interés).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Caso 1: Tipo de cambio flexible con financiamiento externo</b></p>
<p>Tal como lo mencionáramos, desde la salida del cepo y acorde a los comunicados del Banco Central (BCRA), las autoridades han optado por un esquema de tipo de cambio flexible. Naturalmente, cuando el tipo de cambio es plenamente flexible, al no existir intervención del BCRA, el nivel de reservas internacionales no varía, ya que todo el desequilibrio repercute sobre el tipo de cambio. En este esquema, cuando el Gobierno decide financiar su déficit fiscal con emisión de deuda, el ingreso de dólares al país, al tener que ser comercializados en el mercado de cambios sin que se modifique la cantidad de dinero en la economía, ello conduce a una caída en el precio de la divisa sin alteración alguna sobre el nivel de precios. Esto es, en el corto plazo, la moneda se aprecia en términos reales. En cuanto al largo plazo, dado que esta apreciación de la moneda se manifestará en un deterioro de las cuentas externas (fruto de menores exportaciones y mayores importaciones), ello impulsará una suba futura del tipo de cambio nominal hasta recomponer el equilibrio inicial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Caso 2: Tipo de cambio flexible con financiamiento monetario</b></p>
<p>En cuanto al caso donde el déficit fiscal se financia con emisión monetaria, el resultado es un aumento tanto del nivel de precios como del tipo de cambio. En términos de causación, cuando la cantidad de dinero aumenta, los precios domésticos también lo hacen y como ello encarece los precios locales, el tipo de cambio sube para mantener el equilibrio las cuentas externas. Así, en este caso, no hay efectos reales, aunque la economía se escala en un nivel de precios y tipo de cambio más altos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Caso 3: Tipo de cambio fijo con financiamiento externo</b></p>
<p>Respecto al tipo de cambio fijo, cuando se toma deuda en moneda extranjera en el exterior, ello implica un ingreso de dólares al país, los cuales deben ser comprados por el BCRA con emisión monetaria, al tiempo que aumentan las reservas internacionales. Así, en este contexto, la mayor emisión de dinero haría subir el nivel general de precios, por lo que, adicionalmente, en el corto plazo, habría una apreciación cambiaria. Sin embargo, en la medida en que dicho proceso se consolida, las cuentas externas se deterioran, se comienzan a perder reservas, cae la cantidad de dinero y los precios se retraen hasta volver a la situación inicial. Por lo tanto, en este caso, salvo que el proceso de ajuste en los precios sea instantáneo, la mayor preocupación, dado el déficit fiscal, es el movimiento descendente que deberían mostrar los precios en el largo plazo para no generar desempleo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Caso 4: Tipo de cambio fijo con financiamiento monetario</b></p>
<p>Por último, si dado el tipo de cambio fijo se decidiera financiar el déficit con emisión de dinero, en el corto plazo, los precios subirían. Esto, a su vez, apreciaría la moneda y, con ello, habría un deterioro de las cuentas externas, con lo cual, en el largo plazo, caerían las reservas y la cantidad de dinero se ajustaría al nivel inicial (determinado por la demanda de dinero); los precios deberían volver a su situación de inicio. Nuevamente, al igual que en el caso anterior, las velocidades de ajuste involucradas en cada uno de estos pasos no resultan triviales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dada la tipificación precedente y tomando las declaraciones del Dr. Axel Kicillof, resulta claro que su pregunta estaría encuadrada en el caso 3, donde si bien el ministro Alfonso Prat-Gay le contestó con magistral solvencia (asumiendo velocidades de ajuste instantáneas), el problema es que la pregunta fue desatinada por el hecho de que el caso argentino se asimila con la situación 1.</p>
<p>Finalmente, y más allá de los fuertes errores conceptuales en lo que suele caer el diputado Kicillof, que ya bastante daño nos ha causado con su paso por el Ministerio de Economía (<a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2016/03/01/los-danos-extravagantes-causados-por-el-kirchnerismo/">ver</a>), <b>el punto central es si, dada la estrategia de financiamiento seleccionada por el ministro de Hacienda y Finanzas en conjunción con la política cambiaria del BCRA, es la mejor opción.</b> En este sentido, es posible observar que si bien de largo plazo todas las estrategias de financiamiento no alteran los precios relativos, por lo que en este aspecto no hay diferencias, en el corto plazo sí las hay.</p>
<p>Así, resulta claro que de las cuatro alternativas, la mejor es la que se corresponde con el caso 1, ya que implica que no hay impacto en el nivel de precios en ningún plazo. A su vez, los casos 3 y 4 requieren de plena flexibilidad de precios a la baja que, de no presentarse de modo instantáneo, derivaría en desempleo y malestar social, por lo que habría una amplificación de riesgos (con lo cual el caso 3 domina al 4, dado el mayor nivel de reservas). Por último, debería ser claro que el peor de los casos es 2. <b>En definitiva, más allá de los ribetes épicos de la jornada, lo que debería quedar claro es que la estrategia de Alfonso Prat-Gay es plenamente consistente (lo cual no asegura que sea alcanzable), algo que jamás ha podido mostrar Axel Kicillof</b> en todo su paso por el Ministerio de Economía y ahora en la Honorable Cámara de Diputados.</p>
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		<title>Dinero, precios y tipo de cambio</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Oct 2015 08:27:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cepo]]></category>
		<category><![CDATA[déficit fiscal]]></category>
		<category><![CDATA[Devaluación de la moneda]]></category>
		<category><![CDATA[Inflación]]></category>
		<category><![CDATA[John Maynard Keynes]]></category>

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		<description><![CDATA[El debate en torno a la devaluación y el traspaso a precios Actualmente, en la economía argentina, por liberación cambiaria o por inconsistencias que llevan a la no sostenibilidad del actual esquema, se da por descontado que más temprano que tarde habrá una devaluación de la moneda local. Asociado a ello y a la luz... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2015/10/30/dinero-precios-y-tipo-de-cambio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><b>El debate en torno a la devaluación y el traspaso a precios</b></p>
<p>Actualmente, en la economía argentina, por liberación cambiaria o por inconsistencias que llevan a la no sostenibilidad del actual esquema, se da por descontado que más temprano que tarde habrá una devaluación de la moneda local. Asociado a ello y a la luz de la traumática historia de las devaluaciones en nuestro país, se ha comenzado a discutir entre los economistas profesionales sobre el traspaso a precios (<i>pass-through</i>) de la medida. Sin embargo, dicho debate está contaminado por el uso del herramental analítico keynesiano, el cual, como de costumbre, es desacertado y su formato conceptual es equivalente a sostener que el Sol brilla más fuerte sólo porque los empresarios heladeros han decidido reabrir sus locales de ventas.</p>
<p>Siguiendo a John Maynard Keynes (capítulo 21 de la <i>Teoría general</i>): “El nivel general de precios depende, en parte, de la tasa de remuneración de los factores productivos que entran en el costo marginal y, en parte, de la escala de producción como un todo, es decir (considerando conocidos el equipo y la técnica), del volumen de ocupación”. Por lo tanto, bajo esta óptica, muchos economistas toman el precio del dólar como un determinante del nivel general de precios, por lo que cuando el tipo de cambio sube (la moneda se deprecia), habría un traspaso a precios.<span id="more-213"></span></p>
<p>Sin embargo, a pesar de lo razonable que podría sonar el argumento en el contexto de una lectura muy ligera y carente de rigurosidad, dicho esquema analítico es erróneo. Así, tanto en el plano teórico como en el empírico, el mecanismo de determinación del nivel general de precios del keynesianismo es una falacia grotesca, lo cual es extendible a los análisis de traspaso a precios de la devaluación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Keynesianismo e inexistencia de pass-through</b></p>
<p>Naturalmente, y como era de esperar, la respuesta analíticamente correcta es la que el propio John Maynard Keynes, quien tomó solamente un único curso de economía (con Alfred Marshall), intentó descalificar. En este sentido, el padre de la macroeconomía señalaba: “Mientras los economistas que se ocupan de lo que se llama la teoría del valor han acostumbrado enseñar que los precios están regidos por las condiciones de la oferta y la demanda, cuando pasan […] a la teoría del dinero y de los precios […] nos trasladamos a un mundo donde los precios están gobernados por la cantidad de dinero”.</p>
<p>Por lo tanto, si en línea totalmente opuesta al pensamiento keynesiano consideramos que los precios nominales están guiados por la interacción entre la oferta y la demanda de dinero, mientras que los precios relativos dependerán de la configuración real de la economía en su conjunto, en aquellos países donde el Banco Central tiene por objetivo una baja tasa de inflación el <i>pass-through</i> debería ser insignificante.</p>
<p>En función de lo anterior, si uno toma el caso de los Estados Unidos comparando con Europa y los casos de Chile y Perú con la máxima potencial mundial, la evidencia es contundente. Por ejemplo, para el caso de los Estados Unidos y la relación dólar-euro, si se toma la inflación de un semestre y la devaluación semestral desfasada en un período durante los últimos 15 años, se observa que la depreciación del dólar fue seguida de una mayor inflación el 57% de las veces, mientras que en el 43% restante el movimiento fue el opuesto. A su vez, si se promedian las variaciones, estas han sido negativas. En términos estadísticos, sólo el 3% de la inflación está explicado por la devaluación. Esto es, en los Estados Unidos, la devaluación del dólar no tiene nada para decir sobre la inflación.</p>
<p style="text-align: center;"> <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/files/2015/10/imagen.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-216" alt="imagen" src="http://opinion.infobae.com/javier-milei/files/2015/10/imagen.jpg" width="491" height="305" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, la evidencia empírica de los últimos 20 años en Chile y Perú indican casi los mismos resultados. En Chile, una devaluación fue seguida de mayor inflación sólo en el 55% (cayó en un 45% de ocasiones) de las veces, mientras que en Perú fue el 53% (es decir, 47% de las veces cayó). Por otra parte, el promedio de las variaciones en Chile ha sido ligeramente positivo (4%), mientras que en caso de Perú ha sido negativo (-1,5%). Finamente, el nivel de explicación se ubica en un 9% y 1%, respectivamente. Por lo que <b>los datos dan cuenta de la pobreza empírica del instrumental keynesiano</b>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Carl Menger, la ley de imputación y Milton Friedman</b></p>
<p>Esta falta de sustentación empírica para el <i>pass-through</i> es el resultado de suponer que son los costos los que determinan los precios (en línea con David Ricardo y Karl Marx) y no al revés, tal como lo demostró Carl Menger en su ley de imputación. Así, bajo dicho postulado, <b>son los precios los que determinan los costos y no al revés</b>. De hecho, los consumidores no sólo determinan los precios de los bienes de consumo, sino también el de todos los factores de producción; fijan de este modo todos los ingresos de cuantos operan en el ámbito de la economía de mercado. Son ellos, no los empresarios ni los sindicalistas (y mucho menos un político), quienes, en definitiva, pagan por cada insumo utilizado y a cada trabajador su salario.</p>
<p>Por lo tanto, <b>si uno quisiera determinar las causas de la suba de todos los precios de la economía (y entre ellos el de la moneda extranjera, el dólar), estas no están en los costos, sino en el continuo aumento de la emisión monetaria por sobre la demanda de dinero</b>. Puesto en otros términos, si los precios de los bienes de la economía están determinados en unidades monetarias, al emitirse una cantidad de dinero que supere a su demanda, esto hará que el valor relativo de la moneda caiga o, lo que es lo mismo, que el precio de los bienes expresados en dinero suba. De ahí la famosa frase de Milton Friedman (el verdugo de los keynesianos): “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>La devaluación nominal como fenómeno monetario</b></p>
<p>En función de todo lo anterior, resulta por demás evidente que los precios relativos del sistema vienen dados por las preferencias de los individuos y la escasez, mientras que los precios nominales vienen determinados por las condiciones del mercado monetario. Dicho de otro modo, las variaciones en el tipo de cambio no afectan la tasa de inflación, ya que esta última depende de las condiciones monetarias y no de los cambios de precios relativos. Esto es, si el Banco Central no deja de emitir dinero por encima de la demanda, la moneda perderá valor contra todos los bienes de la economía, y como la moneda extranjera es un bien como cualquier otro, la devaluación será inexorable.</p>
<p>A su vez, el caso argentino presenta una complicación adicional como consecuencia de la presencia de un exceso de dinero en la economía de 3,7% del PIB (fruto del cepo y el déficit fiscal financiado con emisión). Esto es, al problema de flujos por la emisión de cada período (cuya solución requiere de un programa integral) se le suma un problema de <i>stock</i>. Por lo tanto, <b>si se abriera el cepo sin eliminar el sobrante de pesos y se apostara a que la confianza traerá las divisas suficientes como para que el dólar se ubique en un pseudoequilibrio en torno a los 14 pesos por dólar, es por lo menos temerario</b>. Así, en caso de que no mediara un fuerte <i>shock</i> de confianza y la demanda de dinero (M1) se ajustara en busca del equilibrio bueno (8,5% del PIB), la tasa de inflación treparía a niveles del 150%; mientras que para el caso malo (3,8% del PIB, lo más probable), la de inflación podría ubicarse en torno al 450 por ciento. En este contexto, el nivel de actividad caería entre 3% y 6% y la pobreza superaría el 50% de la población. En definitiva, una formidable idea como la de levantar el cepo, pero mal estructurada o llevada a cabo por incompetentes, podría terminar en un nuevo desastre social.</p>
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		<title>Crecer requiere mucho más que buenos modales</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Aug 2015 10:30:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ Afortunadamente, luego de tanto tiempo de estar discutiendo la coyuntura económica de corto plazo, el debate ha girado hacia los temas del crecimiento y el desarrollo. Sin embargo, ya sea por ignorancia o por falta de entrenamiento en la materia, muchas de las presentaciones son por demás inconsistentes y cargadas de un voluntarismo extremo, las... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2015/08/28/crecer-requiere-mucho-mas-que-buenos-modales/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><b> </b>Afortunadamente, luego de tanto tiempo de estar discutiendo la coyuntura económica de corto plazo, el debate ha girado hacia los temas del crecimiento y el desarrollo. Sin embargo, ya sea por ignorancia o por falta de entrenamiento en la materia, muchas de las presentaciones son por demás inconsistentes y cargadas de un voluntarismo extremo, las cuales no son más que una mera expresión de deseo, cuyo resultado final será un inexorable fracaso.</p>
<p>El punto de partida de un proceso de crecimiento y desarrollo sostenido en el tiempo implica entender que<b> durante los últimos doce años no ha existido crecimiento genuino, sino que solo hemos sido testigo de una recuperación cíclica</b>, o como se suele denominar en finanzas a este tipo de movimientos: el rebote del gato muerto. Esta situación se vuelve por evidente cuando se observa que el PIB en dólares por habitante se ubica por debajo del que se registró en el año 1998 (15.000 dólares a moneda constante), que además tenemos casi el doble de pobreza y la misma distribución del ingreso. A su vez, si el país hubiera logrado mantenerse en su tendencia de largo plazo, el PIB por habitante sería el doble y el triple si se toma en cuenta que hemos vivido el mejor contexto internacional de la historia.<span id="more-197"></span></p>
<p>Este desempeño tan precario en términos de crecimiento es muy fácil de comprender cuando se revisa la evidencia empírica internacional. En este sentido, economías con baja inflación crecen 3 puntos porcentuales más que las que tienen una inflación elevada. A su vez, la presencia de mercados paralelos cuesta 2 puntos en la tasa de crecimiento. Por otra parte, el déficit fiscal implica un lastre de 1,5 puntos, mientras que el cierre comercial detrae otros 1,5 puntos. Naturalmente, a la luz de dichos resultados, <b>no resulta extraño el mal desempeño en la materia durante el kirchnerismo, ya que todas las medidas de política económica se han movido en la dirección opuesta a lo que demanda el crecimiento.</b></p>
<p>Además, una condición necesaria (pero no suficiente) para volver a crecer y con ello emprender el desarrollo es levantar el cepo cambiario. La medida en cuestión equivale a fijar el precio de la moneda extranjera debajo del equilibrio, la cual no solo arroja un exceso de demanda en dicho mercado, sino que su contrapartida es un exceso de oferta en el resto del sistema. Así, en el mercado de bonos se deprimen los precios y con ello suben las tasas de interés. En el mercado de dinero, aun con un aumento artificial de la demanda (<i>money overhang</i>), por no poder drenar el sobrante de pesos contra reservas (o modificarse el tipo de cambio), las necesidades de financiamiento del fisco generan un exceso de oferta que deriva en una tasa de inflación elevada. Por otra parte, en el mercado de bienes se retrae el nivel de actividad económica por habitante, cuya consecuencia natural en el mercado de trabajo es la destrucción del empleo privado, la caída en el salario real y el deterioro de las condiciones laborales, maquillado con empleo público y mintiendo el dato de la población económicamente activa (PEA) para esconder el desempleo. En este sentido, de levantarse el cepo, el tipo de cambio buscaría su nivel de equilibrio (bajo un sistema de precios relativos armonioso), eliminaría el exceso de demanda y con ello se cerrarían los excesos de oferta del resto de la economía, por lo que bajaría la tasa de interés, habría menor presión sobre los precios (solo por los efectos derivados de la nueva emisión), aumentaría el PIB y con ello mejoraría el empleo y el salario real.</p>
<p>Sin embargo, si bien resulta claro que salir del cepo es clave para destrabar el funcionamiento del sistema económico, dicha tarea no es materia para inexpertos. De ahí que los menos dotados en materia monetaria rechacen de plano dicha acción. El punto central radica en que dentro de la economía existiría un sobrante de pesos de 3,7 % del PBI, esto es, unos 200.000 millones de pesos. Por lo tanto, de abrirse el cepo sin eliminar dicho exceso de pesos estos se dirigirían a la compra de moneda extranjera, lo que podría replicar situaciones como la de los años 1959 y 1975, donde la tasa de inflación se sextuplicó y el nivel de actividad se contrajo cerca de un 6 % en el momento más agudo del episodio. A su vez, mantener el cepo implica seguir estancados con mayor inflación y una brecha cambiaria creciente. Por lo tanto, <b>la clave para volver a crecer es limpiar el exceso de pesos en la economía con un instrumento que minimice su impacto sobre la tasa de interés.</b></p>
<p>Una vez corregidos los problemas monetarios que traban el funcionamiento de la economía, el foco se traslada sobre el proceso de acumulación de capital en todas sus definiciones. Sin embargo, los daños causados en este aspecto durante los últimos doce años, propios de procesos populistas, no es una cuestión trivial. Así, en materia de capital físico Argentina invierte menos de 20 % del PIB (para crecer a tasas chinas, los chinos invierten 40 % de su PIB), al tiempo que pese a la mayor presión fiscal de la historia, la inversión en infraestructura de calidad brilla por su ausencia. En cuanto al capital humano, no solo no paramos de perder posiciones en las pruebas PISA, sino que además, en nuestro país, hoy existen niños que no alcanzan los niveles mínimos de alimentación, lo cual nos pone de cara un futuro muy comprometido.</p>
<p>Por otra parte, en materia institucional, empezando por la <i>Constitución Nacional</i>, no se ha dejado de avanzar sobre cuanta institución exista que no le fuera funcionalmente adicta al Poder Ejecutivo, siendo los casos más emblemáticos los del Poder Judicial, el Banco Central, los derechos de propiedad y las libertades individuales. Por último, la lógica del amigo-enemigo produjo una fragmentación del capital social, donde hoy ya no se discute la grieta, sino la posibilidad de comenzar a votar con los pies o la forma de poner en marcha la rebelión de Atlas.</p>
<p>Por lo tanto, <b>para volver a crecer y alcanzar el desarrollo será necesario llevar a cabo un fuerte proceso de inversión, el cual debe tener como contrapartida un mayor ahorro</b>. Sin embargo, ello implica un cambio copernicano en el diseño de la política económica. Respecto a la utilización del ahorro externo, parece difícil hacerse de crédito cuando el país cuenta con la mayor cantidad de juicios perdidos en la Organización Mundial del Comercio, no ha cumplido con la deuda en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones y aún no se le ha dado una solución definitiva al problema de los holdouts. Por otra parte, respecto al ahorro doméstico, el problema no es que el sector privado no ahorre, sino que el sector público lo dilapida, lo cual es la contraparte del abultado déficit fiscal. Por lo tanto, en el plano interno, si no se reduce el déficit fiscal, un mayor ahorro privado requiere redistribuir ingresos desde los más humildes a los que más tienen, lo cual, con una sociedad que se arroga tantos derechos no parece factible.</p>
<p>En este sentido, los muchachos buenos de la película, que sostienen que lograrán hacer crecer la economía sin hacer el ajuste fiscal y redistribuyendo ingreso hacia los más humildes, deberían dar una clara señal al mundo para que nos aporte infinitas montañas de dinero para que logren sostener en el tiempo tamañas inconsistencias y de paso crecer. Ahora bien, supongamos que llegara David Copperfield y los problemas de ahorro se corrigieran por arte de magia haciendo aparecer los fondos. Sin embargo, <b>el problema es cómo transformar ese ahorro en inversión, ya que durante los años del régimen kirchnerista se ha destrozado la capacidad de generar riqueza como nunca en la historia argentina</b>, donde el déficit fiscal como impulsor del riesgo país y la inflación junto a la presión impositiva han sido clave para destrozar cuanta iniciativa privada existiera. Por lo tanto, enunciar que la continuidad del modelo económico ahora traerá crecimiento y desarrollo por una mejora en las formas y no en la base del diseño de la política económica no es más que una ingenua expresión de deseos, que al estar vacía de contenido nos pondrá de cara a un nuevo fracaso.</p>
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		<title>Kicillof, casi el peor de todos</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Feb 2015 09:50:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Recientemente, Axel Kicillof, en su intento por no ser menos que Marcó del Pont (quién fue considerada como la peor Presidente de un Banco Central) y para desgracia de algo más de 40 millones de personas, <strong>quedó en el penúltimo lugar en un ranking regional de Ministros de Finanzas</strong> que pondera la política macroeconómica, el desarrollo, el fortalecimiento institucional, atributos personales, nivel de inflación (aún con la del INDEC del 23,9%), deuda y ahorro como porcentaje del PBI y la calificación crediticia del país. <strong>El Ministro sólo superó a Rodolfo Marco de Venezuela,</strong> quien ha logrado el “milagro” de que un país con una riqueza petrolera de aproximadamente USD 1 millón por habitante padezca una brutal escasez. Desafortunadamente, la contracara de la nota de Kicillof en el ranking es haber posicionado al país en un sendero de profunda decadencia que en poco menos de 50 años nos convertiría en un país pobre.<span id="more-149"></span></p>
<p>Hoy, luego de 11 años de populismo-keynesiano-estructuralista, la macroeconomía del país se encuentra en una profunda situación de desequilibrio. El déficit fiscal, la tasa de inflación, el tamaño de la brecha cambiaria, el deterioro de las cuentas externas, el nivel de reservas netas y la creciente conflictividad social muestran un cuadro sumamente delicado. Sin embargo, <strong>pese a lo doloroso que podría ser entrar en una nueva crisis, ésta sería un daño mínimo comparada con las repercusiones en materia de crecimiento.</strong></p>
<p style="text-align: center"><a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/files/2015/02/GRÁFICO-CONTRAFÁCTICO.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-150" alt="GRÁFICO CONTRAFÁCTICO" src="http://opinion.infobae.com/javier-milei/files/2015/02/GRÁFICO-CONTRAFÁCTICO.jpg" width="877" height="480" /></a></p>
<p>En función de lo anteriormente señalado, resulta necesario hacer una evaluación de lo que ha ocurrido durante el régimen kirchnerista de modo tal que resulte posible medir la magnitud del daño. El punto de inicio es el producto por habitante medido en dólares corrientes, el cual hoy se ubica en torno a los USD 13.000. Si uno considera que durante el año 1998 Argentina había recobrado su nivel de tendencia, el primer punto de comparación debería ubicarse en dicho año. Así, tomando el PIB per-cápita en dólares de 1998 y ajustándolo por la inflación americana, el mismo se halla en USD 14.537. Esto es, el producto por habitante, aún medido al tipo de cambio oficial se ubica un 10% por debajo del alcanzado en 1998. Por otra parte, si se compara utilizando el tipo de cambio paralelo, y asumiendo una brecha del 50%, el ingreso caería a niveles de USD 8.800, por lo que la pérdida de bienestar sería del orden del 34%. Es decir, aún sin crisis, el resultado es escandalosamente malo.</p>
<p>Sin embargo, el cálculo basado en el producto per-cápita de 1998 es extremadamente generoso ya que no captura la presencia de un crecimiento tendencial de largo plazo. En este sentido, si uno revisa la historia argentina, la tasa de crecimiento tendencial se ubica en torno al 3,5%. Si a ello se le resta un crecimiento poblacional del 1,1%, el PIB por habitante debería ubicarse en los USD 21.651. Esto es, <strong>nuestro ingreso, medido al tipo de cambio oficial debería ser un 64% mayor</strong>, mientras que medido al tipo de cambio paralelo, <strong>lo que se ha perdido en términos de bienestar asciende a un 150%.</strong> De más está decir que una pérdida de tal magnitud es digna de ser definida como una catástrofe.</p>
<p>Si bien el resultado precedente es muy malo, aún sigue siendo una comparación por demás generosa. Concretamente, el cálculo omite que <strong>durante la gestión kirchnerista se disfrutó del mejor contexto internacional de la historia del país</strong> y el hecho de que existe convergencia, de modo tal que el país podría haber acelerado su tasa de crecimiento en 3,3 puntos porcentuales (basado en estimaciones de Robert Barro, y utilizando la mejora de los términos de intercambio podrían explicar por lo menos 2 p.p.). Bajo esta situación, el ingreso por habitante treparía a USD 30.884 cuya diferencia con la estimación oficial es del orden del 130% y estimado con el paralelo se llega a un obsceno 260%.</p>
<p>Por último, si la estimación la hacemos sobre los datos observados (esto es, sin computar las tendencias) teniendo en cuenta la caída del PIB per-cápita posterior a la Convertibilidad e  imputando una recuperación cíclica de 2,8pp por año, el indicador treparía hasta USD 23.259. A su vez, si el tipo de cambio se corrigiera al nivel de PPP, el producto per-cápita se ubicaría en torno a los USD 31.000. A su vez, esta estimación del producto también permite observar el daño causado por el cepo cambiario (esto viene dado por la diferencia que muestra la línea roja con la verde), el cual ha privado a los argentinos de tener un ingreso 75% mayor al tipo de cambio oficial y 170% al tipo de cambio paralelo.</p>
<p>Por lo tanto, ante semejante perjuicio uno debería preguntarse ¿cómo hemos llegado a esto? En este sentido, tal como señala William Easterly, “los malos gobiernos, al igual que la mala suerte, pueden acabar con el crecimiento”. La evidencia empírica muestra que en aquellos países en los que la inflación es elevada, la tasa de crecimiento del PIB per-cápita es 3% inferior a aquellos en los que la inflación es baja. Del mismo modo, una brecha cambiaria superior al 20% y una sobrevaluación del tipo de cambio real por encima del 68% implican una caída del orden de 2 y de 1,5 puntos porcentuales respectivamente. Por último, ratios de M2 (monetización), resultado fiscal y comercio respecto del PIB menores al 100%, 0,12% y 120%, respectivamente, implican un diferencial de crecimiento de 1%, 1,5% y 1%.</p>
<p>Naturalmente, cuando una analiza la gestión kirchnerista es posible observar como <strong>la tasa de inflación trepó desde niveles del 3,8% al 40%, la brecha cambiaria se encuentra en torno al 50%, el resultado fiscal ha tenido un deterioro de 6% del PIB pese a la presión tributaria más alta de la historia, los agregados monetarios están estancados y la economía cada día se cierra más al mundo, todo ello no deja lugar a dudas sobre los motivos para tan rotundo fracaso.</strong> Al mismo tiempo, desde la llegada de Kicillof al Ministerio de Economía (primero como vice-ministro y luego como jefe máximo) sus errores de política económica nos han privado de tener un producto por habitante por lo menos un 170% mayor, lo cual hace lucir su calificación en el ranking como sumamente generosa. En definitiva, no sólo que no hemos podido alcanzar la tendencia de largo plazo, sino que hemos desaprovechado una oportunidad histórica como para acelerar la convergencia y así poder ingresar al pelotón de los países de altos ingresos. Sin embargo, el daño no termina ahí, ya que si seguimos reintentando con el populismo-keynesiano-estructuralista nos aguardará un futuro de acuciante pobreza.</p>
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		<title>Deuda y octubre 2015: recalculando opciones</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2014 09:30:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El esquema de déficit fiscal financiado con emisión monetaria, control de precios para “frenar la inflación” y el fracasado cepo cambiario para poner fin a la caída de reservas (una suerte de devaluación sin modificar la paridad cambiaria) vieron su final durante el último enero. Durante dicho mes, el ataque especulativo se cobró cerca de USD 3.000M de reservas del BCRA, en un contexto donde se pisaron USD 1.000M de importaciones, se adelantaron dólares comerciales por USD 2.000M e ingresaron otro tanto por fondos para inversiones. Esto es, si consideramos que de los USD 30.000M de reservas con los que contaba el BCRA, cerca de USD 10.000M pertenecían a los bancos, <strong>la magnitud de la corrida ascendió a cerca de un 40% de las divisas que tenía el Banco Central</strong>.</p>
<p><span id="more-99"></span></p>
<p><strong>El intento de forzar la realidad para que se asimile al paraíso keynesiano del modelo de depresión simple</strong> mostraba que el carro estaba delante de los caballos. Urgía rectificar el rumbo y, sin más remedio, se devaluó la moneda, se duplicó la tasa de interés (vía una intensa absorción monetaria) y se forzó a los bancos a liquidar posiciones en moneda extranjera. Si a esto sumamos un ahorro de USD 3.500M por esquivar el pago del cupón atado al PIB en función de una nueva estimación de las cuentas nacionales, se compraba una valiosa cantidad de tiempo para corregir la madre de todos los males (dato común de la mayor parte de las crisis argentinas): el déficit fiscal.</p>
<p>El Gobierno pareció entender que la demanda de dinero estaba saturada y que podría ser peligroso seguir tirando pesos al mercado sin que se desmoronen las reservas o que esto implique un nuevo salto en el tipo de cambio con impacto en precios. Suponiendo que el objetivo del Poder Ejecutivo fuera un dólar tranquilo en torno a los $ 8, una inflación en baja y reservas estables, si no tuviese lugar el ajuste fiscal, la tasa de interés podría aniquilar al PIB y al empleo. A su vez, dado el bajo nivel de confianza, esta corrección fiscal podría no ser acompañada por la inversión privada, por lo que también el nivel de actividad podría caer. <strong>Frente a este panorama es donde aparece la “solución mágica” de la deuda (esto es, trasladar el ajuste a las generaciones futuras). </strong></p>
<p>Así, de abrirse la ventana del mercado de capitales, resultaría posible mantener el déficit fiscal financiado con emisión monetaria, no modificar el tipo de cambio y que los pesos que sobran tengan como contrapartida mayor deuda externa, lo cual evitaría una caída de las reservas. Es más, de marchar todo bien, hasta podría ser posible un rebote en actividad. Sin embargo,<strong> no tocar el gasto público requería modificar la política exterior,</strong> por lo que: (i) se acordó el pago a los juicios del CIADI, (ii) se indemnizó a Repsol, (iii) se readecuó la medición del IPC y del PIB y (iv) se cerró un trato con el Club de París. <strong>Todo parecía indicar que nos subíamos al puente verde de USD 19.000M (USD 7.000M en el 2014 y USD 12.000M en 2015) que nos llevaba a octubre de 2015 sin sobresaltos</strong>. Los únicos dos escollos podrían ser: (i) la demanda de dinero y (ii) un revés frente a los holdouts.</p>
<p>Finalmente, en el día de ayer, la Corte Suprema de los EEUU decidió no dar lugar al pedido argentino, con lo cual el caso referido a los holdouts vuelve a los Tribunales de Nueva York. Por lo tanto, <strong>dar cumplimiento al fallo del Juez Thomas Griesa implicaría un pago en efectivo de USD 1.500M, que de extrapolarse al resto de los holdouts podría alcanzar una suma de USD 15.000M</strong>. En este sentido, con un nivel de reservas en torno a los USD 29.000M, acatar dicho pago resulta complicado. Pensar que <strong>de haber llevado un conjunto de políticas fiscal, monetaria y cambiaria consistentes hoy tendríamos cerca de USD 90.000M de reservas,</strong> por lo que aplicando el mismo porcentaje de pago que surge de la operación realizada por Néstor Kirchner frente al FMI, la capacidad de pago sería de USD 30.000M.</p>
<p>Sin embargo, de nada sirve llorar sobre la leche derramada. <strong>Mirando hacia adelante por lo menos existen tres caminos:</strong> (i) buscar un acuerdo extrajudicial con los holdouts, lo cual cuenta con el aval de Griesa; (ii) no acatar el fallo y buscar hacer el pago mediante el cambio de jurisdicción, cuyo inconveniente sería que para ello se necesita contar con la aprobación del 85% de los tenedores de bonos, donde muchos de ellos están inhibidos de hacerlo por razones constitutivas; y (iii) defaultear tanto a los bonistas que ingresaron a los canjes de 2005 y 2010 como a los holdouts.</p>
<p>Anoche la presidente Cristina Fernández de Kirchner pareciera haber dejado en claro que la tercera opción no tendrá lugar. De ser esto cierto, sería una buena noticia, ya que si se entrara en un nuevo default habría dos caminos. Una podría ser la de hacer el ajuste fiscal sin confianza alguna, por lo que inexorablemente sería muy recesivo. La otra sería no hacer el ajuste y continuar con su financiación monetaria, lo cual llevaría a mayores tasas de inflación, pérdidas de reservas, devaluación de la moneda y suba en las tasas de interés, donde este contexto nos empujaría a una situación aún peor. Por otra parte, la segunda opción, dadas sus bajas chances de éxito implicaría un camino peligroso, dado que el tiempo ya no estará de nuestro lado. Finalmente, la primera opción no sólo tiene mayores posibilidades de éxito, sino que la transición hasta octubre 2015 y más allá sería mucho mejor. Sin embargo, <strong>no existen los almuerzos gratis y ello implicará pasar de un comportamiento adolescente a uno propio de un adulto responsable.</strong> Quizás, hasta encontremos la llave institucional que nos convierta nuevamente en un país rico.</p>
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