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	<title>Javier Milei &#187; China</title>
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		<title>Productividad y crecimiento en América Latina</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Oct 2013 10:50:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[América Latina padece del síndrome crónico del crecimiento lento. En contra de la opinión corriente, el bajo crecimiento y las resultantes brechas de ingresos no pueden atribuirse en mayor medida a un problema de acumulación de factores (capital físico y trabajo) sino a un déficit permanente en el crecimiento de la productividad (total de los factores-PTF). Desde 1960 hasta... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2013/10/15/productividad-y-crecimiento-en-america-latina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>América Latina padece del síndrome crónico del crecimiento lento.</strong> En contra de la opinión corriente, el bajo crecimiento y las resultantes brechas de ingresos no pueden atribuirse en mayor medida a un problema de acumulación de factores (capital físico y trabajo) sino a un déficit permanente en el crecimiento de la productividad (total de los factores-PTF). Desde 1960 hasta el presente, los países de la región se han retrasado respecto al <strong>PIB</strong> <strong>per-cápita</strong> de los <strong>Estados Unidos</strong> un 37%, donde un 70% de la diferencia es explicada por un menor crecimiento de la productividad. Esta profunda diferencia en la <strong>PTF</strong> entre países no exige preguntarnos por qué algunos utilizan de manera más eficiente que otros el capital y el trabajo que disponen.</p>
<p>Un factor importante es el capital humano, el cual consta de la cantidad de conocimientos y de habilidades que acumulan los individuos a lo largo de su vida y que los hace más productivos. Este capital se acumula cuando los alumnos de los distintos niveles incorporan conocimientos, cuando los trabajadores de la construcción aprenden a manejar una grúa o cuando los médicos dominan una nueva técnica quirúrgica&#8230; Por ejemplo, en Estados Unidos cada año adicional de estudio tiene un rendimiento del 7%, mientras que en los países en desarrollo estos retornos son del orden del 12%.</p>
<p><span id="more-51"></span>Otra de las causas a las que puede deberse las diferencias en la <strong>PTF</strong> es que<strong> los países ricos y los países pobres producen con tecnologías diferentes</strong>. Algunos bienes tales como los chips de ordenadores de última generación, programas informáticos, nuevos productos farmacéuticos, los aviones supersónicos y los rascacielos, como así también las técnicas de producción y gestión para la creación de valor de las firmas, la tecnología de la información y las redes de transporte estrechamente integradas, son más frecuentes en los países ricos que en los pobres.</p>
<p>Sin embargo, aunque los países sean ricos debido a su capital físico, a su capital humano y a sus tecnologías de vanguardia, el punto es determinar qué impide que los países pobres disfruten de los mismos niveles elevados de capital y tecnología. Frente a ello, puede que las <strong>diferencias institucionales</strong> sean parte importante de la explicación.<strong> Mancur Olson</strong> (1996) comparó la situación entre <strong>Corea del Norte y del Sur, Alemania Oriental y Occidental y Hong Kong con China Continental</strong>. Cada uno de estos pares de países era un único país. Los habitantes de cada uno de estos comparten culturas parecidas y ninguno tiene ventajas geográficas relativas, al mismo tiempo que al inicio tenían una renta parecida. Luego de un tiempo surgieron diferencias enormes. Corea del Norte hoy es uno de los países más pobres del planeta, mientras que Corea del Sur constituye uno de los milagros del crecimiento.</p>
<p>En 1989, cuando cayó el <strong>muro de Berlín</strong>, <strong>la diferencia en el nivel de vida entre las dos Alemanias era abismal</strong>. Por último, pese al crecimiento de las últimas décadas, el ingreso per- <span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">cápita de China es seis veces menor al de Hong Kong. En definitiva, los derechos de propiedad, </span>el imperio de la ley, el cumplimiento de los contratos y la separación de poderes son esenciales para el éxito económico. En su ausencia, los costos de invertir en capital físico, capital humano y tecnología pueden ser mayores que los beneficios y, por ende, pueden no realizarse inversiones que, de otra manera, serían rentables.</p>
<p><strong>Respecto al caso de América Latina, los tres desafíos más apremiantes en cuanto al diseño institucional son aquellos que permitan lograr un aumento sostenido de la productividad.</strong> En este sentido sería necesario: (i) aumentar la<strong> tasa de</strong> <strong>ahorro</strong> <strong>doméstico</strong> (donde el rol del sector público es clave), (ii) mejorar la <strong>infraestructura</strong> y (iii) <strong>reformar</strong> el <strong>mercado</strong> <strong>laboral</strong>. En cuanto al primer punto, actualmente, el país con mayor tasa de ahorro en la región no alcanza al mínimo del sudeste asiático y un salto en la inversión que impulse al crecimiento puede que, de cara a los próximos años, sea una ardua tarea financiarlo con ahorro externo. Así, tal como señalara <strong>Adam Smith</strong> en <strong><em>La Riqueza de las Naciones</em> </strong>(1776): &#8220;todo hombre derrochador es un enemigo público y todo hombre ahorrador es un benefactor público&#8221;. Hecho confirmado por la teoría y la evidencia empírica, donde a mayor tasa de ahorro no sólo el PIB per-cápita de largo aumenta, sino que la mejora en la tasa de crecimiento es permanente.</p>
<p>En cuanto al segundo, el mismo consta en cerrar la brecha de infraestructura tanto en materia de inversión física (hardware) como en materia contractual (software). Para lograr un crecimiento sostenido del 4% en el ingreso per-cápita sería necesario invertir en infraestructura un 5,5% del PIB (y 8% para equiparar los niveles asiáticos). Así, el déficit en materia de hardware sumado a los problemas contractuales (con pesos similares) hace que el comercio de la región esté 50% debajo de su potencial. Esto es, de cerrarse las brechas mencionadas sería posible duplicar el comercio, mejorar la productividad vía economías de escala y con ello potenciar el crecimiento. Finalmente, la reforma del mercado laboral debería estar destinada a reasignar el trabajo hacia los sectores más productivos. Así, cuando el diseño impositivo castiga la formación de capital humano y al mayor esfuerzo, ello estimula la sustitución a favor de actividades no alcanzadas por los impuestos, lo cual se traduce en menor producción en el tramo gravado y un deterioro de la productividad en el sector de servicios, que hace caer la competitividad de la economía.</p>
<p><strong>Estas tres reformas son un punto de partida necesario en la búsqueda de un mejor nivel de vida para el continente.</strong> No hay ningún sustituto que permita innovar, capacitar, adaptar, cambiar, experimentar, reasignar y emplear el trabajo, el capital y la tierra con mayor eficiencia que un <strong>sostenido aumento del nivel de productividad</strong>, de ahí que su exitosa gestión sea el máximo desafío de la política económica.</p>
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		<title>Crecimiento y productividad: la economía de las ideas</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Sep 2013 13:52:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[Durante los últimos dos siglos, en especial durante el siglo XX, los progresos de la humanidad en términos de bienestar han sido enormes. Así, mientras que en los siglos que van desde el I al XVIII el producto per-cápita creció un 40,8% (lo cual se concentra sobre los siglos XIV y XV), durante los últimos dos el crecimiento... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2013/09/07/crecimiento-y-productividad-la-economia-de-las-ideas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Durante los últimos dos siglos, en especial durante el <strong>siglo XX</strong>, <strong>los progresos de la humanidad en términos de bienestar han sido enormes</strong>. Así, mientras que en los siglos que van desde el I al XVIII el <strong>producto per-cápita</strong> creció un 40,8% (lo cual se concentra sobre los siglos XIV y XV), durante los últimos dos el crecimiento fue de un 817,7%, que se descompone en una tasa del 92,0% en el XIX y 378,1% durante el último siglo. Al mismo tiempo los datos dan cuenta de un <strong>proceso de aceleración</strong>, lo cual se puede apreciar en la cantidad de años que demandó duplicar el <strong>PIB per-cápita.</strong> Cronológicamente, el primero en lograrlo fue el <strong>Reino Unido</strong> que tardó 58 años (1780-1838), luego lo siguieron <strong>Estados Unidos</strong> con 47 (1839-1886), <strong>Japón</strong> con 34 (1885-1919), <strong>Italia</strong> con 21 (1890-1911), <strong>España</strong> con 18 (1950-1968), <strong>Corea del Sur</strong> con 9 (1978-1987) y <strong>China</strong> con 7 (1987-1994).</p>
<p>El dato es que <strong>la tasa de crecimiento de la economía mundial se ha acelerado con el paso del tiempo</strong> y esta tendencia no puede atribuirse solamente a las fuerzas de la acumulación de factores productivos (capital y trabajo), las cuales si bien pueden explicar la convergencia, la presencia de <strong>rendimientos marginales decrecientes</strong> (cada nueva unidad de producción requiere de una mayor cantidad de insumos) las deja de lado en la explicación de un crecimiento permanente. Para conciliar esta aceleración del <strong>crecimiento con el proceso de acumulación</strong>, el <strong>cambio tecnológico</strong> tiene que aumentar con el paso del tiempo a un ritmo lo suficientemente rápido como para <strong>contrarrestar las limitaciones de la producción.</strong></p>
<p><span id="more-43"></span>En 1990, <strong>Paul Romer</strong>, insatisfecho con su trabajo original de 1986 que daba origen a la <strong>teoría del crecimiento endógeno</strong> (basándose en la presencia externalidades del conocimiento, ello generaba rendimientos crecientes, lo cual permitía crecer con mercados perfectos), desarrolló un modelo de corte schumpeteriano a los fines de estudiar la evolución de la productividad en función de la generación de ideas.</p>
<p>En este nuevo marco, las <strong>empresas invierten recursos en I&amp;D con el fin de desarrollar nuevos productos</strong>, los cuales son protegidos por patentes. De esta forma <strong>los innovadores consiguen un poder monopólico</strong> que pueden utilizar para obtener más beneficios y los beneficios adicionales dan incentivos para invertir en I&amp;D. Al mismo tiempo, dado que el conocimiento no es un bien rival y sólo es parcialmente excluible, ello permite a otros innovadores nutrirse de las nuevas ideas a menores costos amplificando los beneficios sociales de la I&amp;D. En estas circunstancias, el stock de conocimientos al que pueden acceder los innovadores es función de los esfuerzos anteriores dedicados a la I&amp;D, por lo que<strong> cuanto más I&amp;D se haya realizado, mayor el stock de conocimientos,</strong> lo cual hará que la nueva I&amp;D sea más barata y con ella crezcan los incentivos a seguir creando nuevas ideas.</p>
<p><strong>Bajo este nuevo esquema, las instituciones se vuelven fundamentales.</strong> El rendimiento privado de la I&amp;D depende, entre otras cosas, del tiempo de duración de las patentes, la protección de las marcas registradas, la eficacia del sistema jurídico para proteger los derechos de propiedad intelectual y la naturaleza del entorno económico en el que operan las empresas. A su vez,<strong> el ahorro juega un rol determinante</strong>, donde a mayor nivel de dicha variable, no sólo el producto per-cápita es más alto, sino que además la tasa de crecimiento permanente es más alta.</p>
<p>En función de ello, si el mundo lograra crear la suficiente cantidad de ideas como para sostener un tasa de crecimiento en torno al 4% (algo factible a la luz de la convergencia) durante el siglo XXI, el <strong>GDP per-cápita</strong> al inicio del próximo siglo sería 50,5 veces mayor que el del 2000. Esto es, la tasa de crecimiento económico se habría acelerado a un 4950,5% (llevándonos a una singularidad económica), por lo que <strong>el factor de expansión no sólo sería 10,6 veces mayor al del siglo XX, sino que además sería 3,9 veces superior a lo logrado durante los últimos 20 siglos.</strong></p>
<p>Por lo tanto,<strong> cabría preguntarse cuántas ideas potenciales hay antes de que se arribe al temido estado estacionario</strong>. Para responder a ello, supongamos que sólo consideramos las instrucciones que pueden escribirse en un párrafo de 100 palabras o menos (típico resumen de un artículo científico). A su vez, la lengua inglesa (idioma dominante en publicaciones) contiene cerca de 20.000 palabras. En función de ello, la cantidad de párrafos con ideas diferentes que podemos crear está dado por 20.000 elevado a la 100, que es mayor que 10 elevado a la 430 (esto es, un 1 seguido de 430 ceros). Aunque la mayoría de estas combinaciones no tendrán sentido, otras describirían el teorema fundamental del cálculo, la <strong>teoría de la evolución de Darwin,</strong> la teoría microbiana de la enfermedad de <strong>Pasteur</strong>, la fórmula química de la <strong>penicilina</strong>, la estructura del <strong>ADN</strong> y quizás un motor para propulsar las naves espaciales en el futuro.</p>
<p>Supongamos además que sólo 1 de cada 10 elevado a la 100 de estos párrafos contienen una idea coherente. De este modo, los párrafos posibles ascenderían a 10 elevado a la 330, cifra tropecientos millones de veces mayor que el número de partículas que hay en el Universo. En definitiva, tal como afirmara el padre de la teoría del crecimiento endógeno: &#8220;Todas las generaciones han reparado en los límites que impondrían al crecimiento unos recursos finitos si no se descubrieran nuevas ideas. Y todas las generaciones han subestimado las posibilidades de encontrar nuevas ideas. <strong>Cometemos sistemáticamente el mismo error de no darnos cuenta de cuántas ideas quedan por descubrir&#8221;.</strong></p>
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