El dilema de Israel

Jacques Benillouche
Las autoridades israelíes no ocultan su preocupación ante la inminencia de la activación del primer reactor nuclear iraní en Bushehr. La agencia rusa de energía atómica (Rosatom) reveló que Rusia ayudará a cargar el reactor de combustible el 21 de agosto (...).   Vladimir Putin ya había declarado en marzo que Rusia tenía planificado el arranque de la central para este verano. Pero todas las esperanzas estaban puestas en la capacidad de persuasión de los Estados Unidos para convencer a Rusia de no equipar a Irán con material nuclear. Las buenas relaciones entre Medvédev y Obama sugerían un consenso entre ambos países pero la decisión política no evolucionó.   Los israelíes estaban inquietos por los aspectos militares de la usina atómica puesto que habían enviado a altos funcionarios a Washington a fin de conocer la posición de Estados Unidos al respecto. Habían sido confundidos por el anuncio de numerosos retrasos que ponían en duda la fecha de activación de la central. (...)   Barack Obama había tranquilizado a sus aliados transmitiéndoles el compromiso que había obtenido en conversaciones con Medvédev y Putin y precisando que la central nuclear no sería puesta en marcha este año. Este compromiso había convencido a Israel de que podía postergar sin peligro toda intervención militar contra Irán. Resultó que los rusos habían lanzado un señuelo para camuflar de hecho el programa Bushehr.   Pero el anuncio hecho ahora -que, pese a todo, era previsible- es concomitante con la decisión de Rusia de instalar baterías antimisiles S-300 en Abjasia, sobre el Mar Negro. Los israelíes interpretan esta decisión como la voluntad de proteger el corredor aéreo que ellos podrían utilizar por encima del Cáucaso para alcanzar las instalaciones nucleares iraníes. Los rusos no proveyeron a los iraníes de S-300 pero utilizarían los suyos para protegerlo.   Ventana de tiro En una entrevista con Fox News el 11 de agosto, John Bolton, ex embajador estadounidense ante la ONU, precisó que la carga de los tubos de combustible nuclear constituía un punto de no retorno porque la fecha del 21 de agosto era el límite más allá del cual le sería difícil a Israel lanzar un ataque contra el reactor nuclear.   En efecto, "el riesgo de propagación de una nube nuclear en el aire y en el agua del Golfo Pérsico" crearía un daño ecológico que afectaría a toda la región.   Bolton les daba por lo tanto a los israelíes una ventana de tiro de pocos días para actuar haciendo referencia a la destrucción de las centrales iraquí y siria: "Israel atacó el reactor nuclear iraquí Osirak en 1981 y la central nuclear de Siria en 2007, antes de que los tubos de combustible hubiesen sido instalados".   Israel subraya la mentira que rodeó la creación de la planta de Bushehr, anunciada como un programa civil cuando en realidad es parte integrante del programa militar iraní. En efecto, los tubos de combustible pueden producir fácilmente plutonio de calidad militar. Es una cuestión de tiempo que Bushehr provea los elementos de base constitutivos de un armamento militar nuclear.   Es cierto que los iraníes se comprometieron por escrito a reenviar todas las barras de combustible irradiado hacia Rusia a fin de probar que no las utilizarán para fabricar armas nucleares. Pero Israel estima que las promesas iraníes no fueron cumplidas jamás y que Ahmadinejad sigue engañando a la opinión pública occidental sobre sus verdaderas intenciones militares.   Un experto en Medio Oriente, Jeffrey Goldberg, insistió sobre el riesgo estimado de un 50% de un ataque conjunto contra Irán por parte de Israel, los Estados Unidos y el Reino Unido en el curso del año 2010. Actualmente parece que los plazos se han reducido y que la decisión israelí de intervenir inmediatamente está en manos del gobierno de Benjamin Netanyahu.   Si Israel se decide actuar, los riesgos políticos y militares serían del más alto nivel porque abrasarían la región, pero la inacción israelí sería en cambio interpretada como una debilidad que alentaría a ciertas organizaciones islámicas a actuar contra Israel. El dilema es crucial para el Estado judío que siempre ha considerado que Irán amenazaba su existencia.