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	<title>Itai Hagman &#187; paritarias</title>
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		<title>¿Los aumentos de salario generan inflación?</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jun 2015 11:05:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Itai Hagman</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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		<description><![CDATA[El conflicto de las paritarias revive anualmente un viejo debate de la ciencia económica sobre la relación entre los salarios y la inflación. ¿Son los aumentos salariales causa de la inflación? El Gobierno pareciera cambiar el libreto según el interlocutor. Cuando se dirige al sector empresarial lo responsabiliza por los aumentos desmedidos, de abusar de... <a href="http://opinion.infobae.com/itai-hagman/2015/06/09/los-aumentos-de-salario-generan-inflacion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El conflicto de las paritarias revive anualmente un viejo debate de la ciencia económica sobre la relación entre los salarios y la inflación. ¿Son los aumentos salariales causa de la inflación?</p>
<p>El Gobierno pareciera cambiar el libreto según el interlocutor. Cuando se dirige al sector empresarial lo responsabiliza por los aumentos desmedidos, de abusar de su posición dominante en vastos sectores de la economía y pide responsabilidad y solidaridad para no perjudicar el bolsillo de los argentinos.</p>
<p>En cambio, cuando se dirige hacia los trabajadores, les pide moderación en sus reclamos, no perjudicar al resto de la sociedad. Como dijo el Jefe de Gabinete en un programa de televisión hace pocos días, “no somos nosotros, sino la economía la que pone el límite a los aumentos de salarios”.</p>
<p><strong>¿En qué quedamos? ¿El problema de la inflación se origina en el abuso de los empresarios o en los reclamos de los trabajadores?</strong></p>
<p>Un primer error frecuente en la teoría económica tradicional es considerar la ecuación “salarios-inflación” y omitir un tercer factor protagónico que es la ganancia empresarial. Por ese “olvido” se cae en la discusión sobre la traslación de los aumentos salariales a los precios como si se tratara de una operación automática sin tomar en cuenta que, dado el precio de un bien, un aumento salarial tiene como primer impacto una reducción del beneficio empresarial. Es para defender o elevar ese nivel de ganancia que se produce luego el ajuste de precios, pero a diferencia de los trabajadores que dependen de extensas negociaciones y muchas veces de la realización de paros o protestas, a los empresarios les alcanza con apretar un botón del teclado de la computadora o a lo sumo ponerse de acuerdo con sus pares en alguna cena de gala o en un buen partido de Golf.</p>
<p>Al introducir la ganancia, lo que suele llamarse “puja distributiva” aparece como un claro desencadenante del aumento de precios, en un juego en donde el resultado es incierto y el rol del Estado no es en nada neutral. Entonces aparecen nuevas preguntas. <strong>¿Son los niveles de rentabilidad empresarial tan bajos en nuestro país que imposibilitan absorber los reclamos salariales? Y además, ¿habrán atado los empresarios sus propios aumentos en las ganancias a los niveles de inflación en los últimos años?</strong></p>
<p>Mientras que se escribe este artículo, se terminan de cerrar los detalles de la paritaria bancaria. Los trabajadores exigen aumentos que superen el 33% mientras que el Banco Central informa que las ganancias de los bancos privados durante 2014 crecieron un 56,2% respecto al 2013, año en el cual ya habían aumentado su rentabilidad en 50,2% respecto a 2012, año en que aumentaron un 32% sus beneficios en relación a 2011 y así siguen las cuentas.</p>
<p>En el sector agroalimentario el crecimiento de las ganancias fue aún más abultado. Según la información publicada por la Bolsa de Buenos Aires, en promedio las ganancias de las principales empresas del sector aumentaron nada menos que un 391% entre 2013 y 2014 destacándose Mastellone, Ledesma, Cresud, La Anonima, entre otras.</p>
<p>En la industria se destacan Aluar que aumentó sus ganancias un 274% y Siderar que lo hizo en un 55%. También en la construcción y el negocio inmobiliario hubo crecimientos importantes en donde firmas como IRSA, Caputo, Holcim, Polledo, entre otras, lograron incrementar en un 119% las ganancias sobre el patrimonio o un 61% si se miden sobre el nivel de ventas. Idéntica situación se registró en el sector energético, liderado por YPF.</p>
<p>Podría argumentarse que estos niveles de crecimiento en la rentabilidad de las empresas se explican por el bajo nivel del punto de partida durante los años más duros de la crisis financiera internacional. <strong>Pero los estudios sobre la rentabilidad de las principales empresas permiten desmentir esta idea al observar que los niveles de ganancias que se produjeron en nuestro país durante la crisis mundial, fueron superiores al resto del mundo.</strong> Según un estudio de Pablo Manzanelli (Flacso) durante el quinquenio 2008 &#8211; 2012 calculando las ganancias sobre el nivel de ventas, se concluyó que el nivel de rentabilidad de las principales firmas multinacionales que operan en nuestro país fue un 32,7% superior al promedio mundial. De aquí la correcta afirmación de la presidenta cuando se refirió a los que “la juntan en pala” en nuestro territorio.</p>
<p>Los altísimos niveles de rentabilidad no son una novedad en nuestro país, pero sí permiten desmontar algunas ideas fuertemente instaladas en el sentido común y que aparecen cuando se discuten las paritarias y las causas de la inflación. La primera es la falsa idea de la economía liberal que coloca al Estado como responsable del aumento en el nivel de precios y ubica a las empresas como víctimas. La segunda conclusión es la falsedad respecto de los supuestos “problemas de rentabilidad” que enfrentarían las grandes firmas, ya que incluso en un contexto de estancamiento  y crisis internacional como el que vive nuestro país en los últimos años las cifras son contundentes. Por último y más importante, es que la contracara del proceso inflacionario que ocurre en la Argentina no es la evolución del salario, sino las ganancias exorbitantes del sector empresario. En lugar de discutir la ecuación de causalidad “salario &#8211; inflación” debiéramos comenzar a plantearnos la de “ganancia empresarial &#8211; inflación”.</p>
<p>Ahora sí, volvamos al punto de partida. El Gobierno intenta estabilizar las paritarias en porcentajes aproximados al 27,8%. Este número supone un incremento acorde a las expectativas de inflación y podría garantizar la estabilidad en el bolsillo de los trabajadores para el 2015, lo cual no es poco cuando los principales grupos económicos están reclamando ajuste en las cuentas fiscales y recuperación de la competitividad a partir de la caída de los salarios.</p>
<p><strong>Pero esta política de contención de las demandas salariales de ninguna manera es el mejor resultado posible para los trabajadores.</strong> En primer lugar porque no permite recuperar la pérdida salarial de 2014 originada en la devaluación de enero. En segundo lugar porque por lo expuesto anteriormente los niveles de rentabilidad empresarial son la verdadera causa de la inflación. La expectativa inflacionaria debería ser un piso, pero de ninguna manera un techo para las necesidades de mejora salarial de los trabajadores de nuestro país.</p>
<p>La contención salarial se fundamenta en la necesidad de dar estabilidad al equilibrio macroeconómico. Pero esta política, aunque lograra sostener el poder adquisitivo de los trabajadores durante el presente año, seguirá funcionando a costa de postergar la necesidad de avanzar sobre las ganancias y rentas extraordinarias que se generan en nuestro país. La historia demuestra que sin afectar esos beneficios será imposible asumir la agenda postergada de terminar con el trabajo precario y los salarios de subsistencia y pasar a construir una sociedad en donde la dignidad del trabajo este por encima del lucro del capital.</p>
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		<title>Quién maneja la economía</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jan 2014 10:01:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Itai Hagman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[acuerdos de precios]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En estos días de<strong> corridas cambiarias, golpes de mercado</strong> y cambios en la política económica oficial, pocos de los análisis que se ofrecen en los medios de comunicación presentan a los <strong>actores sociales</strong> y a los<strong> intereses en juego</strong> detrás de estos movimientos. En cambio, la mayoría prefiere aludir a cuestiones técnicas o hablar de la ineficiencia de tal o cual aspecto de la gestión gubernamental. Por eso no pueden explicar que el gobierno haya convalidado – al menos parcialmente – las exigencias que le hacía el <strong>poder económico concentrado</strong>. Como ya no pueden decir que los males de la Argentina se deben al <strong>atraso cambiario</strong> – actualizado en un 60% en el último año – ni al llamado “<strong>cepo</strong>”, ahora salen a plantear que en realidad no eran esos los problemas sino una deficiencia general – casi emocional – de falta de confianza hacia el gobierno por parte de los mercados. En definitiva, todo apunta a la idea de que <strong>no importa lo que se haga, las inversiones no vendrán</strong> y la cosa sólo se podría resolver con un cambio de gestión en el 2015. Pero cuando el relato liberal habla de “los mercados”, no se refiere a poderosos grupos económicos con capacidad de formar precios o realizar <strong>maniobras especulativas</strong> en búsqueda de ensanchar sus ya abultados márgenes de ganancia, sino pobres “agentes” víctimas de un clima de incertidumbre, a su vez hijo de la improvisación de un plan económico deficiente.</p>
<p>Sin embargo, lo ocurrido en los últimos días no es otra cosa que un rotundo triunfo de estos victimizados “mercados”,  y muy por el contrario del imaginario que los ubica como presos de los vaivenes de la política oficial, en realidad han demostrado que <strong>tienen y siempre tuvieron la sartén por el mango</strong> (y el mango también diría <strong>María Elena Walsh</strong>). El gobierno perdió una de las pulseadas más fuertes con los exportadores y, de declamar su rechazo absoluto a sus pedidos, pasó a convalidarlos. Primero defendió el tipo de cambio como ancla de precios contra los argumentos devaluacionistas, para luego adoptar la política de “devaluación gradual” contrapuesta a la “brusca” impulsada por el poder económico. Finalmente ahora se defiende los ajustes bruscos en el tipo de cambio contrapuestos a la “megadevaluación” que promueven los mercados.</p>
<p><span id="more-105"></span>Muchos analistas aciertan en colocar el <strong>impacto inflacionario</strong> como el peligro más relevante a corto plazo, ya que tanto por razones de aumento de costos o por simple juego especulativo, todos los empresarios están prestos a remarcar sus productos, si es que no lo hicieron ya en estos días. Las medidas “compensatorias”, como el <strong>Plan PROGRESAR</strong>, aunque positivas, aparecen claramente como insuficientes, y la posibilidad de sostener el poder adquisitivo de los trabajadores y el conjunto de la población dependerá fundamentalmente de la capacidad de movilización y presión que se pueda generar desde abajo. La paritaria docente que debería comenzar a negociarse próximamente puede ser un botón de muestra de lo que vendrá en el futuro inmediato.</p>
<p>Pero, independientemente de lo que ocurrirá en los próximos caldeados meses, interesa preguntarse: <strong>¿Cómo se llegó a esta situación?</strong> ¿Había otras alternativas? ¿Qué evidencia este cambio en el panorama económico nacional?</p>
<p><b>La sartén por el mango</b></p>
<p>Detrás de los movimientos de la cotización del dólar existen poderosos intereses económicos. El “problema cultural” que tenemos los argentinos que nos lleva a buscar permanentemente transformar nuestros ahorros en moneda norteamericana sólo explica una parte (y probablemente pequeña) de la escasez de divisas.</p>
<p>La devaluación operada la semana pasada es hija del fracaso de una estrategia que ya había demostrado sus límites en reiteradas oportunidades y es la creencia de que haciendo “política cambiaria” y negociando precios con los grandes grupos económicos se lograrían sortear los profundos desequilibrios que enfrentamos. Es decir, sin encarar las cuestiones estructurales.</p>
<p>El problema de fondo es el <strong>dominio absoluto</strong> (con excepción reciente de YPF) del <strong>sector privad</strong>o en todas las <strong>áreas sensibles y estratégicas</strong> de nuestra economía. ¿Qué esperaba el gobierno por parte de las grandes cerealeras y los pooles de siembra sino la especulación con el tipo de cambio? Luego de intentar convencerlas de que liquiden sus cosechas y ofrecerles bonos atados al tipo de cambio, finalmente terminaron por convalidar su estrategia: los que especularon, ganaron. Ahora pueden liquidar exportaciones un 33% más caras. No estamos hablando de “mercados desconfiados” sino puntualmente de <strong>ocho grandes empresas multinacionales</strong> que explican aproximadamente el 90% de las ventas sojeras al exterior.</p>
<p>Poco más de un mes atrás planteábamos en otro artículo <a title="" href="/Users/pc/Downloads/Columna%20Itai%20Hagman%20Devaluaci%C3%B3n%20(1).doc#_ftn1">[1]</a> la necesidad de avanzar en el <strong>control público del comercio exterior</strong> y terminar con la especulación privada de este puñado de multinacionales, que impacta además en el precio de los alimentos que consumimos todos los días. Comercio exterior, producción de alimentos, sistema financiero, grandes conglomerados industriales, cadenas de comercialización interna, todas estas áreas siguen<strong> dominadas por el capital privado</strong> (y en su mayoría multinacional), algunas incluso con marcos regulatorios heredados de la última dictadura militar. ¿Algún kirchnerista honesto puede suponer que es posible conquistar la<strong> justicia social</strong> y la <strong>soberanía económica</strong> sin avanzar en este terreno, pactando y re-pactando con un empresariado que ya demostró que lo mueve el bolsillo y no el compromiso con “El Proyecto”? Y al mismo tiempo, ¿es posible razonar que si nada de esto se hizo en estos diez años se debe simplemente a que “no se pudo”? Y si no se puede ahora, y a sólo año y medio de la campaña presidencial del 2015, ¿cuándo se va a poder?</p>
<p>Volvamos a la actualidad, ya que mientras todos estos problemas estructurales no se encaran hay que dar respuesta a los conflictos que se avecinan en el corto plazo: <strong>la inflación y su posible aceleración por el impacto cambiario</strong>. ¿Qué hace pensar que, a diferencia de lo que ocurrió con los acuerdos de precios anteriores, esta vez va a fructificar? Desde el escepticismo es que nos animamos a hacer una propuesta. ¿No será hora de pensar que el Estado participe en forma directa en la comercialización de productos? ¿Tan osado es? ¿Qué impide montar una red de distribución de alimentos y productos de la canasta básica administrada por el propio Estado y marcando precios de referencia a las grandes cadenas de supermercados? ¿Y qué impide desarrollar una campaña comunicacional señalando los precios acordados y los abusos de los grandes comerciantes? La existencia de una activa y numerosa militancia en los barrios populares a lo largo y ancho de la Argentina permite pensar <strong>soluciones creativas</strong> que de seguro no se encontrarán en ningún manual de economía. Eso sería realmente <strong>empoderar al pueblo</strong>, algo que suele declamarse en los actos pero no en políticas concretas. Lo contrario es volver a apostar, una vez más, a la buena voluntad de los dueños de la sartén y el mango. Pero, seamos serios, si por enésima vez la estrategia no prospera no vale echarle la culpa a “la gente”.</p>
<div>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="/Users/pc/Downloads/Columna%20Itai%20Hagman%20Devaluaci%C3%B3n%20(1).doc#_ftnref1">[1]</a> http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-235751-2013-12-16.html</p>
</div>
</div>
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