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	<title>Horacio Minotti &#187; PRO</title>
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		<title>Macri y el social liberalismo</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Jul 2015 09:14:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El liberalismo clásico como ideología política nunca fue, salvo para algunos teóricos, una idea llevada a la práctica en forma pura. Como toda teoría, tuvo sus variantes y sus matices. Cada uno por su lado y en su contexto, puede decirse que Thomas Jefferson (redactor de la constitución de los Estados Unidos), Voltaire y John Stuart Mill fueron los primeros que esbozaron lo que luego se llamó social liberalismo. ¿Qué implica esto? Sencillo, que las libertades individuales son perfectamente compatibles con la justicia social, y con la intervención estatal en la vida cotidiana y en la economía, de modo justo y equilibrado, evitando afectar dichas libertades. El social liberalismo es equilibrio.</p>
<p>En la política europea, el social liberalismo juega un rol protagónico, en el que puede establecerse como “punta de lanza” al primer Gobierno del premier británico Tony Blair, basado en la teoría de la tercera vía, ideada por el sociólogo Anthony Giddens. Veníamos escuchando a Mauricio Macri hace un tiempo hablar de tercera vía e intentábamos interpretaciones simples, casi lo veíamos como un eslogan.</p>
<p>El discurso de Macri del domingo 19 de julio, tras el triunfo de Horacio Rodríguez Larreta en la segunda vuelta porteña, nos mostró que la frase que repetía es mucho más que eso: es el reflejo de toda una filosofía política, económica y social que se reflejará si el líder del PRO es electo presidente. Se nutre de un contenido teórico-práctico imprescindible en su proyecto político.<span id="more-691"></span></p>
<p>En Europa el social liberalismo trasciende a un solo partido, es en realidad el espíritu de casi todos sus Gobiernos y la inspiración elemental del funcionamiento de la Unión Europea como tal. <b>El social liberalismo se asienta en la defensa de los <a title="Derechos humanos" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Derechos_humanos">derechos humanos</a> y las libertades fundamentales de los individuos, busca una <a title="Democracia" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Democracia">democracia</a> pluripartidista, y apunta a establecer mecanismos de <a title="Justicia social" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Justicia_social">justicia social</a></b>, entendida en términos de equidad, es decir, igualdad en las mismas condiciones, equilibrio en el punto de partida de los individuos para que luego se desarrollen por sus méritos. Desde el aspecto económico, <b>postula la libertad de mercado con vigilancia estatal e intervención en cuestiones puntuales</b>.</p>
<p>El discurso de Macri se mixtura además con aspectos de otra doctrina, también desarrollada por Giddens y aplicada por Blair, a la que llamaron <i>antídoto</i>. Es recurrente el llamado del candidato presidencial del PRO a la armonía, al restablecimiento de las relaciones entre las personas, al respeto, e incluso al amor.</p>
<p>Eso es el antídoto. Giddens trabajó la idea con Susie Orbach, la científica social que desarrolló la idea de la inteligencia emocional, y juntos postularon que el neoliberalismo de los ochenta y noventa y las corruptelas políticas hicieron desvanecer los lazos interpersonales, las relaciones que conectan a un individuo con otro y hacen de la sociedad un todo armónico. Si se escucha con detenimiento el discurso de Macri, mucho del antídoto se aprecia en su contenido.</p>
<p><b>Esto fue claramente el Macri de ese domingo 19, el que pronunció un discurso de alto contenido doctrinario-filosófico, más allá de la conveniencia coyuntural de parecerse más a uno que a otro, o de seguir una línea marcada por las encuestadoras</b>. Los medios se plagaron de la pueril pregunta sobre si el candidato del PRO cambió o no determinada postura puntual, sin percibir que el Macri de ese día volcó conceptos filosóficos fundamentales para entender su eventual futuro Gobierno.</p>
<p>El actual jefe de Gobierno porteño ha practicado estas ideas. La ciudad de Buenos Aires exhibe hoy un diseño distinto al que tenía cuando él asumió, y esa variación de observa en forma pareja en todo el distrito, pero las medidas más relevantes han tenido que ver con cuestiones que mejoran el acceso a la igualdad de oportunidades. El desarrollo del transporte y el crecimiento de la escuela, ambos públicos, son un evidente síntoma de tal cosa. La prioridad que se ha dado al abastecimiento de infraestructura básica a la zona sur de la ciudad, tan maltratada por anteriores administraciones, va en igual sentido.</p>
<p>Tercera vía (social liberalismo moderno) más antídoto parece ser la receta con la que Macri encarará su eventual futuro Gobierno, como una salida inteligente y audaz a las opciones neoconservadoras o neopopulistas setentistas, que se nos ofrecían hasta ahora.</p>
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		<title>Los que dicen que Scioli ya ganó no hicieron las cuentas</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Jul 2015 03:00:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Al domingo pasado algunos lo llamaron el superdomingo, porque la cantidad de electores que votó antes de ayer refleja un volumen enorme del padrón nacional. Las cinco provincias que acudieron a las urnas suman 6.182.000 ciudadanos con derecho a votar, de los cerca de 30 millones habilitados en todo el país. La asistencia a las urnas fue la regular: alrededor de 4.600.000 de personas, un 74,5 %. El padrón de votantes que ejerció su derecho cívico este fin de semana es el equivalente al 21,5 % del padrón nacional.</p>
<p>Cuando asistimos a un escrutinio y vemos que el 20 % de las mesas ya se encuentran contabilizadas, decimos que hay una tendencia. Es cierto, pueden estar contadas las urnas que más nos favorecen y faltar las que favorecen al adversario; por tal hecho, a esos niveles de recuento nadie festeja, pero sonríe animadamente. Hay una tendencia estadísticamente relevante.</p>
<p>El domingo 5 de julio, el frente electoral <strong>Cambiemos que integran el PRO, la UCR y la Coalición Cívica obtuvo, contabilizando las cinco provincias (CABA, Córdoba, La Rioja, Corrientes y La Pampa) el 43,90 % de los sufragios emitidos, mientras que su inmediato perseguidor, el Frente para la Victoria, apenas alcanzó el 24,10 % de los votos</strong>. Y si consideramos los electores que prefirieron al delasotismo en Córdoba, como votos de la alianza UNA (el cordobés, más Sergio Massa), puede considerarse que esa fuerza obtuvo el 18 % de los sufragios.<span id="more-679"></span></p>
<p>Ciertamente, no resulta fácil construir la estadística. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, resultó difícil contabilizar a efectos nacionales el voto de la alianza ECO, que responde a la UCR, la CC (ambos dentro de Cambiemos), pero también el Frente Progresista de Margarita Stolbizer. Para minimizar los riesgos de error en la construcción estadística, se le adjudicaron a Cambiemos solamente el 50 % de los votos de ECO.</p>
<p>En Corrientes tampoco fue sencillo. Allí, el ganador fue una alianza que sostiene el gobernador Ricardo Colombi, también llamada ECO, pero que la integran la UCR, el PRO y el massismo, este último fuera de Cambiemos. Por ende, se le adjudicó a dicho frente nacional dos tercios de los votos obtenidos por ECO, mientras un tercio se colocó dentro de los votos de la alianza UNA en la que conviven Sergio Massa y José Manuel De la Sota.</p>
<p>En la provincia de La Pampa lo que se disputó fue una elección primaria, y si bien el candidato justicialista Carlos Verna se mostró totalmente antagónico con el Frente para la Victoria y venció a un rival absolutamente kirchnerista, al no poder determinar la preferencia nacional de Verna, todos los votos del justicialismo pampeano se los adjudicamos al Frente para la Victoria.</p>
<p><strong>En Córdoba la cosa estuvo un poco más clara, aunque no totalmente.</strong> Si bien la alianza Unión por Córdoba que lidera De la Sota forma parte del frente UNA, es difícil decir si los votos locales son transferibles a votos presidenciales para el gallego. De todas maneras y a efectos estadísticos, asumimos que sí, e incluimos todos esos votos en UNA. La alianza Juntos por Córdoba, que salió segunda, refleja el acuerdo nacional de Cambiemos casi a la perfección, con lo que en tal cuestión no hubo dificultades. Tampoco en cuanto al Frente para la Victoria. Y por fin, La Rioja tampoco ofreció problemas: ganó el kirchnerismo y salió segunda la UCR, que integra Cambiemos.</p>
<p><strong>Así, debemos decir que pese a que Daniel Scioli se apresuró a ir a festejar a La Rioja con el ganador kirchnerista de la elección en esa provincia</strong>, lo cierto es que a su candidatura presidencial un triunfo riojano le estaría aportando 108.000 votos. Si de los 30 millones de electores con derecho a voto sufragasen en la presidencial el 75 %, esto representa 21.750.000 sufragios válidos emitidos. Y Scioli hubiese obtenido de La Rioja el 0,49 % del total de sus votos. Da la sensación de que más debió festejar con Eduardo Acastello, aunque haya salido tercero en Córdoba, porque la cantidad de votos que le aportó esa provincia al Frente para la Victoria fue de 312.000, es decir, casi el 1,45 % de lo que podría alcanzar en la elección presidencial, tres veces más que La Rioja.</p>
<p><strong>Por su parte, el peso del voto para Cambiemos en la ciudad de Buenos Aires parece de incidencia fundamental para las aspiraciones presidenciales de dicho frente.</strong> Representa casi el 5 % del total de los votos que obtendría para presidente de la Nación el candidato que surja de la primaria entre Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió. Casi exactamente lo mismo que el aporte que Scioli recibe de La Rioja, Córdoba, La Pampa, Corrientes y CABA sumados. Córdoba también aparece como muy importante para Cambiemos. Allí se adjudicó casi otro 3 % del total nacional.</p>
<p>Si se traslada el mismo método a todas las elecciones realizadas hasta el momento (Tierra del Fuego, Neuquén, Río Negro, La Pampa, Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Ciudad de Buenos Aires, Corrientes, La Rioja y Salta), emitieron su voto 8.860.000 argentinos aproximadamente, esto es, el 41 % del padrón nacional, y si se quiere, lo que llamaríamos una tendencia más que importante.</p>
<p>De todos ellos, <b>el Frente para la Victoria obtuvo 2.678.279 votos, alcanzando apenas el 30% del total, mientras que el Frente Cambiemos se adjudicó 3.395.874 sufragios, que representan el 38,30 % de los sufragios emitidos</b>. Si querían una encuesta, esta es una sobre la realidad efectiva.</p>
<p>Hay quienes podrán decir que falta votar en la provincia de Buenos Aires, que encierra alrededor del 37 % del total país, con 11 millones y medio de electores. Si pretendemos agregarla, habrá que hacer un ejercicio de imaginación y perderemos precisión, pero puede intentarse. Como primera medida, debe reducirse el número de electores, considerando que los que votan son el 75 % del padrón, de modo que la muestra debe considerar 8.625.000 votantes. El kirchnerismo ronda habitualmente en esa provincia el 45 % de los votos, unos 3.900.000. Puede pensarse que el frente Cambiemos haga una mala elección en ese distrito, por ejemplo, un 30 % de los sufragios, el equivalente a 2.600.000 de voluntades.</p>
<p>Si sumamos cada cifra a las ya obtenidas en cada una de las provincias enunciadas, el Frente para la Victoria alcanzaría unos 6.500.000 votos, el 30 % del total país (incluyendo provincia de Buenos Aires con el supuesto indicado); mientras que Cambiemos se acercaría a los 6.000.000 de sufragios, el 28 % del total, y considerando casi el 80 % del padrón total nacional. Eso en una primera vuelta electoral.</p>
<p><b>Nada puede ocurrir tan decisivo en el resto de las provincias que faltan considerar. Su volumen de electores a nivel nacional es bajo como para incidir en una presidencial</b>, y si se considera que el cálculo efectuado abarca el 80 % del padrón, la tendencia parece irreversible.</p>
<p>Lo dijo Mauricio Macri el domingo y lo completó luego Elisa Carrió. Tratan de instalar que Daniel Scioli ya ganó, pero no le dan los números. Indefectiblemente habrá segunda vuelta.</p>
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		<title>El desafío porteño de Larreta</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jun 2015 21:42:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Algún resabio de nuestro pasado complejo nos impide a veces manifestar nuestras preferencias electorales y hacerle saber a cada conciudadano que uno prefiere a un candidato por sobre otro, y por qué lo hace. Librado de esas ataduras, seguramente producto de los años de plomo, es importante para el suscrito contar por qué <strong>acompaño y apoyo a Horacio Rodríguez Larreta para que sea el próximo jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires</strong>.</p>
<p><b>Es innegable que el gobierno del PRO estableció un cambio en la ciudad de Buenos Aires.</b> <b>En términos institucionales generó una suerte de “isla republicana” en medio de un marasmo nacional interminable de arbitrariedades, violaciones a las normas, desconocimiento de la <i>Constitución</i>, etc</b>. No ha habido en la ciudad un solo juez jaqueado por el gobierno local por dictar fallos contrarios a los intereses del oficialismo, y muchos jueces lo han hecho, en variados casos, casi como mecánica para detener obras que mejoran la vida de los ciudadanos.</p>
<p>El PRO ha gobernado estos ocho años sin contar con cuórum propio en la Legislatura. Las leyes necesarias para el Gobierno han tenido que ser consensuadas con la oposición. Con un sector o con otro, pero siempre han requerido de más de una fuerza política para sancionarse, y los acuerdos se han alcanzado. <b>El Gobierno de Mauricio Macri, y hay que decirlo, que también es el de Rodríguez Larreta, ha demostrado que es posible gobernar sin vandalismo retórico, sin apretadas, cumpliendo la ley.</b> Y que es posible hacerlo eficientemente.</p>
<p>Si se lo compara con los últimos 25 años de la Argentina, y con la gran mayoría de las provincias, lo que el PRO ha exhibido en esta ciudad es revolucionario. En la Argentina, gobernar con eficiencia, sin ser despiadadamente autoritario, es un cambio sustancial de cultura sociopolítica.</p>
<p>No voy a hacer enumeraciones en términos de infraestructura, para eso está el candidato, pero todos sabemos que vivimos mejor que antes. <b>El Gobierno de Macri y Rodríguez Larreta ha creado la primer policía posdictadura</b>, una fuerza de proximidad que ha generado un acercamiento entre uniformados y ciudadanos que los que tenemos cuarenta y tantos largos jamás habíamos visto. Una policía metropolitana entrenada en el conocimiento y el respeto a los derechos humanos, la asistencia al ciudadano, profundamente democrática.</p>
<p>Pese a lo que digan, la ciudad de Buenos Aires posee planes de asistencia para los menos favorecidos en diversas áreas, como la salud, la tercera edad, la recuperación de adicciones, propios de un Estado socialista avanzado, al estilo del norte europeo o de Canadá.</p>
<p>Y de todo ello, tanto como de todo lo que me niego a enumerar, es responsable Macri y lo es Rodríguez Larreta. <b>Cambiar no es un eslogan, es una necesidad sustancial para quienes queremos un futuro para nuestros hijos, y el cambio que se ha mostrado en la ciudad lo quiero también en todo el país</b>. Pero eso será imposible sin asegurar el bastión de esa revolución que es la ciudad de Buenos Aires.</p>
<p>No quisiera entrar en el nivel de disparate que implica empezar a negar el aserto inverosímil de que “este país solo puede gobernarlo determinado partido”. Eso es un dislate, un mito creado por los integrantes de ese partido para eternizarse en el poder. Y a la vez una amenaza insólita en los tiempos que corren a cualquier atisbo de cambio. Nosotros, los ciudadanos, tenemos el deber de garantizar y custodiar que el mito sea solo eso.</p>
<p>Pero volviendo a la ciudad, no puedo dejar de referirme a los dos principales contendientes del PRO en la elección del próximo domingo. <b>Mariano Recalde representa un modelo que resulta diametralmente opuesto al que encarna Rodríguez Larreta. Es la transferencia del esquema kirchnerista que impera en la Nación al Gobierno porteño</b>. No lo votaría, es justamente lo que quiero cambiar, pero debo reconocerle cierta honestidad en la propuesta: todos sabemos “qué se trae” Recalde, qué cosas haría y cómo; no hay misterios, el ciudadano decide en libertad si lo prefiere o no.</p>
<p>Por otro lado, lo de Martín Lousteau me resulta bastante más confuso. Dice ser aliado de Elisa Carrió y Ernesto Sanz, que a su vez son aliados del PRO a nivel nacional, pero también de Margarita Stolbizer, que se candidatea por otro espacio con propuestas e ideas totalmente diferentes. Entonces, ¿cuál es la línea de pensamiento de Lousteau? Porque no todo da lo mismo.</p>
<p>Resulta asimismo el economista severamente crítico con el actual Gobierno de la ciudad, por lo que se ha visto, especialmente en el debate, más agresivamente crítico que el propio kirchnerismo. ¿Cómo podría entonces acompañar a Carrió y Sanz en una alianza con Macri que ha hecho un gobierno tan atacable, a su criterio? ¿Carrió piensa como él? ¿Y Sanz? De ser así, ¿cómo se justifica la alianza nacional? <b>Carrió siempre dice lo que piensa, pero no está diciendo lo que dice Lousteau. El candidato es, en sí mismo, una enorme contradicción.</b></p>
<p>En fin, flota en la Argentina una aroma similar al que tienen los autos recién comprados, “olor a nuevo”, dicen. No sé si el aroma se expandirá o no; será el pueblo en definitiva y como siempre, el que decida por democrática mayoría qué camino seguir. Pero el que quiera cambiar sepa que el derrotero de ese cambio comienza el domingo próximo, y votar a Rodríguez Larreta es la única opción posible para el que desee ese camino.</p>
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		<title>Peronismo con soda</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Nov 2013 10:05:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[No es lo mismo el vino puro que el vino con soda. Ni su sabor ni sus efectos. Casi podría decirse que son bebidas diferentes. Tampoco tiene nada que ver el vino espumante con aquel cuyas burbujas provienen de la mezcla con un contundente sifonazo. Vale la comparación con el peronismo, porque lo que queda del partido del General... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2013/11/12/peronismo-con-soda/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>No es lo mismo el vino puro que el vino con soda</strong>. Ni su sabor ni sus efectos. Casi podría decirse que son bebidas diferentes. Tampoco tiene nada que ver el vino espumante con aquel cuyas burbujas provienen de la mezcla con un contundente sifonazo. <strong>Vale la comparación con el peronismo, porque lo que queda del partido del General está viniendo aguado, es peronismo con soda.</strong></p>
<p>Tal vez sea porque muchos de sus dirigentes de relevancia o con aceptación social tienen orígenes confusos, o porque éstos perciben que viene una de esas etapas de la <strong>Argentina</strong> en las que el peronismo pierde peso electoral. Los dos referentes que hoy, a dos años de las presidenciales, tienen más posibilidades electorales son<strong> Sergio Massa y Daniel Scioli</strong>. Uno proveniente de la <strong>UCeDe</strong> de <strong>Álvaro Alsogaray</strong>, asimilado durante los 90; el otro con un origen deportivo y una ideología poco clara o, al menos, nunca bien explicada.</p>
<p><span id="more-438"></span>Massa, por caso, trabaja en el armado de una <strong>liga nacional de intendentes</strong> que respalden sus aspiraciones presidenciales y se sumen al proyecto. Sabe bien que los gobernadores jugaran otro rol, seguramente más cerca de Scioli y de la estructura formal del partido; pero son bastante poco los gobernadores sin los intendentes. El poder territorial real, aquellos a los que la gente ve todos los días, los que le solucionan los problemas cotidianos, son justamente los intendentes. Sin ellos, los administradores provinciales pierden su base de sustentación. A eso juega el diputado electo del <strong>Frente Renovador</strong>, a erosionar la base de apoyo político de los gobernadores. <strong>Pero además Massa no hace distinciones. Mantenerse por fuera de la estructura formal del PJ le permite sumar también intendentes con buen calado social de otros espacios. </strong>Especialmente radicales, pero también muchos vecinalistas. El caso de <strong>Gustavo Posse</strong> puede considerarse un ejemplo interesante. Intendente de <strong>San Isidro</strong> por la eternidad, de origen radical, pero luego vecinalista. Jugó cerca de <strong>Julio Cobos</strong> cuando éste fundó el radicalismo K, rompió a medias con el gobierno después del “<strong>voto no positivo</strong>”, se dio un “baño de lavandina” un par de años y se estacionó cerca del <strong>PRO</strong>, y luego aterrizó con Massa. <strong>Como Posse, distribuidos en todo el interior del país hay decenas, y el candidato de Tigre los quiere a todos. </strong><strong>Por ende, lo que Massa construye no es peronismo, o al menos, es peronismo con soda. </strong>Resulta una <strong>construcción no ideológica</strong>, un proceso de acumulación de poder y armado de estructura política sin límites puestos por etiquetas partidarias. Tan bien la viene Posse, como le vendría sumar a<strong> Jorge Macri (PRO)</strong>, como a <strong>Jesús Cariglino</strong>. Palo y a la bolsa.</p>
<p>La estructura formal del peronismo que parece recostarse en Scioli o tal vez en <strong>Sergio Urribarri</strong>, gobernador de <strong>Entre Ríos</strong>, tampoco es tan pura. Primero porque el caso de <strong>Scioli</strong> debe entendérselo como el de un “<strong>peronista sui generis</strong>”, pero además, porque estando controlado por el kirchnerismo, hay vestigios de aquellas transversalidad que dominó su construcción política los primeros años y que sigue teniendo influencia dentro del esquema de poder del espacio.</p>
<p>Veamos un simple ejemplo. La famosa <strong>Ley de Medios</strong>, y su organismo de aplicación el <strong>AFCSA</strong>, son prioridades extraordinarias del peronismo gobernante. Lo han sido los últimos años, y hoy, implican su única victoria ante un desastre electoral. Y la figura rutilante de ese gran espacio de poder es <strong>Martín Sabatella,</strong> <strong>que tiene menos peronismo que el Comité Nacional de la UCR.</strong></p>
<p>Pero además, si Scioli pretende competir seriamente por la presidencia en 2015, debe ampliar su base de construcción de poder político. <strong>Los intendentes oficialistas que todavía le responden en la</strong> <strong>Provincia de Buenos Aires </strong><strong>son los mismos que perdieron la última elección</strong>. La gente de <strong>Mario Ishii</strong> perdió <strong>José C. Paz, Fernando Espinoza </strong>en <strong>La Matanza</strong> y <strong>Hugo Curto</strong> (por paliza) cayó en <strong>Tres de Febrero</strong>.</p>
<p>A nivel gobernadores, aquellos que le responden al justicialismo formal y consiguieron imponerse en la elección pertenecen a provincias sin peso electoral en una presidencial. Está muy bien ganar en <strong>Formosa</strong>, pero el porcentual de electores a nivel nacional de ese distrito para una presidencial es casi irrelevante. E<strong>l distrito más grande que ganó el PJ fue Entre Ríos</strong>, justamente el de <strong>Urribarri</strong>,<strong> el rival interno más fuerte de Scioli.</strong></p>
<p>En <strong>Córdoba</strong>, nadie sabe bien qué camino tomará<strong> José Manuel De la Sota</strong>, pero hacia adentro del peronismo cordobés hay importantes “pases de facturas”, porque si bien ganó la elección, lo hizo con muy pocos votos, muchos menos de los esperados. Así las cosas, Scioli tiene un peronismo “rebajado”, que deberá “aguar” aún más si pretende tener alguna chance electoral en 2015<strong>. La pureza por estos tiempos parece ser más un disvalor que una ventaja</strong>, quedar prisionero de una estructura partidaria, sea cual sea, resulta una limitante feroz en el nuevo escenario político social. La ventaja la tendrá quien sepa leer lo tiempos que se avecinan.</p>
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		<title>Mapa electoral 2015</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Oct 2013 04:36:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Es apresurado, lo sé. Establecer hoy un mapa electoral</strong> <strong>para las próximas presidenciales</strong>, dentro de dos años, en un país como la <strong>Argentina</strong>, puede transformarse en un boomerang y en unos meses nomás, alguien puede recordarme este artículo con aire burlón y acompañado por un “no pegaste una”. Pero los actores se van delineando y la prospectiva es un juego intelectual interesante. Difícilmente alguien se imagine la elección 2015 sin un candidato de arraigo claramente peronista y utilizando la estructura jurídica del <strong>Partido Justicialista</strong>. Justamente, ayer volvió a reunirse su conducción y hubo algunas líneas que comenzaron a observarse.</p>
<p>Por ejemplo, y en relación a <strong>Sergio Massa</strong> y su <strong>Frente Renovador</strong>, el senador <strong>Aníbal Fernández</strong> espetó: “Es un grupo de rufianes que traicionó a los trabajadores… El mas hijo de p… del peronismo es inmensamente mejor que cualquiera de esa lista”. Contundente y propio del senador, ex duhaldista y ex menemista. Con su apoyo irrestricto a las candidaturas del<strong> Frente para la Victoria</strong>, el gobernador bonaerense<strong> Daniel Scioli</strong> hizo una apuesta definitiva. No por lealtad ni por convicción.</p>
<p><span id="more-377"></span>De otro modo no hubiese estado negociando con Sergio Massa hasta último momento, hasta el último día. Lo hizo porque creyó que era la mejor apuesta. Si el <strong>FpV</strong> se imponía al intendente de <strong>Tigre</strong> en <strong>Provincia de Buenos Aires</strong>, el ex motonauta era el ganador indiscutido de una elección compleja y dejaba en el camino a su único rival interno, o al menos, al que suponía interno hasta ese momento. Si enfrentaba una derrota electoral, el candidato no era él mismo, sino<strong> Martín Insaurralde</strong>, así que de todos modos el panorama no era tan complejo, se hacía en soledad de todo el aparato del FpV y apostaba a abroquelar al <strong>PJ</strong> oficial detrás de sí mismo, cosa en la que hoy trabaja febrilmente.</p>
<p>De hecho, en estos días <strong>los popes del PJ juegan a “ponerle un límite a massita”</strong>, controlando el partido bajo el paraguas de Scioli y buscarlo volver a meterlo a Massa dentro del esquema partidario, para darle un lugar de poco lucimiento y así diluirlo. El debate es: <strong>¿hasta dónde da el peronismo?</strong> A estas alturas, para la gente es una marca de peso en el mercado político.<strong> La discusión es si es “La Vascongada” o “La Serenísima”, es decir si es una marca vigente o una extinguida que solamente pesa en la gente muy mayor</strong>. Y, lo sabe el peronismo desde el ’83, aún estando vigente, depende del producto que traiga dentro del envase. Si el contenido está vencido, no va a ser fácil venderlo.</p>
<p>Otra inquietud que deberían tener los hombres que acompañan a Scioli es si realmente <strong>Massa terminará abrevando en aguas justicialistas o si, por el contrario, eludirá el viejo sello y buscará armar su Frente Renovador en todo el país y competirá con él.</strong> Es cierto, no es tarea fácil sino más bien titánica. Hoy su espacio no tiene personería más que en<strong> </strong>Provincia de Buenos Aires<strong>.</strong> Si el de Tigre se posiciona bien en las encuestas, mantiene su rol protagónico los próximos dos años y llega a 2015 bien parado políticamente, es posible que consiga cerrar las alianzas operativas con referentes de las diversas provincias, incluso del propio justicialismo mermando las fuerzas de Scioli. Pero eso no indica que esté en condiciones de competir. A tal cosa debe sumar el armado jurídico que le permita tener personería en 24 provincias para que su boleta presidencial esté en cada mesa del país.</p>
<p>Es esta la tarea más ardua y más compleja. El<strong> Frente Renovador</strong> es una alianza de partidos. Y si se pretende competir a nivel nacional, deberá ser una alianza gigantesca, donde muchos partidos de las diversas provincias (aunque de orden federal) deberán sumarse<strong>. Massa tendrá que seleccionar partidos con impronta filoperonista sin duda</strong>, sin relaciones extrañas o conflictivas con el pasado (muchas expresiones filoperonistas del interior han tenido fuertes vínculos con la dictadura, por ejemplo), y cuyos líderes provinciales tampoco tengan antecedentes espurios. Deberán ser partidos en condiciones jurídicas de integrar tal alianza (no estar caducos, no haber perdido la cantidad mínima de afiliados, no tener sanciones por falta de rendiciones de cuentas de campañas anteriores). Es por lejos, una tarea mucho más compleja que obtener los apoyos políticos.</p>
<p>No por eso imposible. En alguna medida,<strong> Eduardo Duhalde</strong> consiguió hacerlo en 2011. Creó una alianza a la que llamó <strong>Frente Popular</strong> de ese modo, y consiguió poner su boleta de candidato a presidente en todas las provincias. Es cierto que políticamente la cosa no funcionó, por errores, por imposibilidad de recuperar su imagen frente a la sociedad, etcétera. Pero el “barquito” jurídico para competir se construyó, lo que en principio parece ser el desafío más complejo de Massa, en buena parte porque los políticos suelen subestimar este problema, lo jurídico no es relevante hasta que las papas queman y cuando así ocurre a veces es tarde. El ex titular de <strong>Anses</strong> sabrá cómo hacer.</p>
<p>Pero lo que está claro es que de un modo u otro, Scioli y Massa competirán en 2015. Incluso, si este último no consigue armar su Frente en todo el país, tal vez lo hagan en una gran primaria peronista, escenario éste donde Scioli lleva todas las de ganar. <strong>El peronismo con un promedio de edad de 65 años, rango que incluye varios poderosos gobernadores, insiste en “ponerle límites al pibe”, en referencia a Massa</strong>. De tal modo que si éste hace lo que parece ser su mejor jugada, que es “ir por afuera”, para no ser absorbido por la estructura ni cargar con un sello desgastado, habrá<strong> un peronismo y un post peronismo</strong> enfrentándose en la presidencial. Un esquema similar al de 2003 (pero con un candidato menos), donde dicha expresión política llevó tres candidatos: <strong>Carlos Menem</strong> (la vieja guardia), <strong>Nestor Kirchner</strong> (expresando lo novedoso) y un híbrido, <strong>Adolfo Rodríguez Saa</strong>.</p>
<p>Terminado el análisis del peronismo, debe pensarse en una buena parte de la sociedad que no lo es. Raúl Alfonsín no ganó en 1983 con los votos radicales, lo hizo con los de los que estaban cansados del peronismo, o de ese peronismo. Y aquí empiezan a jugar un rol importante tanto el <strong>PRO</strong>, como el espectro panradical. En el caso del PRO, el candidato es uno y único, <strong>Mauricio Macri</strong>. El jefe de gobierno de la Ciudad tiene algunas ventajas. Seguramente no será objeto de “operaciones” internas para desgastar su imagen. Su partido se conducirá de modo monolítico y articulado. Es cierto,<strong> posee serias deficiencias en todo el interior del país y hay provincias donde ni siquiera posee personería o esta está en conflicto</strong>. Pero suponiendo que puede resolverlo con alianzas adecuadas (en tal sentido tiene muchos menos distritos para poner en vigencia que Massa), la cuestión en su caso es más bien política.</p>
<p><strong>Por un lado, deberá convencer al electorado de que es la mejor “opción no peronista”.</strong> Su gestión en la Ciudad de Buenos Aires, si bien enfrenta opositores, bien puede ser un puntal. Posiblemente sea más eficiente que la de cualquiera de las demás provincias argentinas. Otra fortaleza es que detenta ese aire de novedad.<strong> Cuando terminan los ciclos, como el kirchnerista, el votante busca algo “novedoso” y Macri puede explotar ese rol.</strong> Seguramente lo dispute con Massa, pero los divide el vínculo con el peronismo. Al mismo tiempo, aquel justicialismo dividido al que se hizo referencia hace algunos párrafos puede beneficiar mucho la candidatura de Macri. En aquel 2003,<strong> Ricardo Lopez Murphy</strong> y<strong> Elisa Carrió</strong> se filtraron entre los candidatos de tal origen. Y “el bulldog” terminó la elección a solamente 5 puntos de Kirchner. Si el ex presidente de <strong>Boca Juniors</strong> aceita la máquina y pone en juego la experiencia de varias elecciones consecutivas ganadas en la Ciudad, no todo está perdido para él.</p>
<p>Tampoco puede dejar de plantearse el papel del espacio panradical-socialista en el esquema 2013. Este cúmulo de voluntades que encierra una buena elección de<strong> Julio Cobos</strong> en <strong>Mendoza</strong>, ganar o estar tan cerca de hacerlo por parte de<strong> Elisa Carrió</strong> en Capital, y el control que <strong>Hermes Binner</strong> va a mantener en la Provincia de <strong>Santa Fe</strong>, sumado a un radicalismo bien posicionado en <strong>Córdoba</strong>, y con alguna estructura superviviente en buena parte del país, pone a esta variante en carrera. Curiosamente, y pese a que se plantean como una opción de centroizquierda, disputarían votos con Macri, al que ellos mismos tratan de ubicar en la derecha sin demasiados argumentos. Es decir, <strong>ambicionan el voto no peronista</strong>. Dependerá de como muevan sus piezas de este complejo ajedrez los próximos dos años, y de si consiguen mantenerse unidos. La experiencia de <strong>UNEN</strong> en Capital en este 2013 puede dejarles una enseñanza:<strong> si se usa adecuadamente el sistema de primarias, pueden posicionar un candidato y resolver la interna al margen de los egos.</strong> Y al mismo tiempo, esa herramienta puede hacerle ganar votos sobre<strong> el macrismo, que no ofrecerá variantes en la fórmula presidencial: es Macri o Macri.</strong> Presentar varios candidatos en una primaria, y encolumnarse luego detrás del ganador, puede significar una ventaja.</p>
<p>En conclusión,<strong> aparecen cuatro espacios con chances de disputar la sucesión del kirchnerismo para 2015.</strong> Una estrictamente <strong>peronista</strong> que seguramente encarne <strong>Scioli</strong>, otra <strong>“post peronista”</strong>, en la persona de <strong>Massa</strong>; y <strong>dos opciones “no peronistas”</strong>: la más homogénea, el <strong>PRO</strong>; y la una más variopinta: la<strong> panradical-socialista.</strong> Más allá del condicionamiento de las etiquetas con las que voluntariamente cargará cada uno, del mejor juego, las mejores decisiones y la mejor estrategia, saldrá el próximo presidente de los argentinos<strong>.</strong> Si se suman los posibles candidatos de los cuatro sectores, es la primera vez en muchos años, que la Argentina tiene, a dos años de la elección, al menos cinco presidenciables.</p>
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		<title>Vidriera irrespetuosa</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Sep 2013 10:12:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>“Todo es igual, nada es mejor”, decía <strong>Enrique Santos Discépolo</strong> en su legendaria obra &#8220;<strong>Cambalache</strong>&#8220;, cuando intentaba describir el pasado siglo XX. Pero Don Enrique no vió el XXI. Su letra seguramente hubiese sido más dramática y es probable que se le complicase contener su indignación en un formato poético. <strong>La política del siglo XXI, en la Argentina, es inadmisible, inviable.</strong></p>
<p>El 15 de junio de 1996, la revista <strong><em>Noticias</em> </strong>publicó una extensa entrevista a la diputada <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong>, esposa del gobernador de <strong>Santa Cruz</strong>. Se tituló “Una chica al rojo vivo”. <strong>Carlos Menem</strong> acababa de ser reelecto luego de la reforma constitucional y la actual presidente había llegado a la Cámara baja en la misma boleta que el riojano. Una de las preguntas es muy interesante: “<strong>¿A Menem lo votó en el ’89 y en el ’95?</strong>”. Pero más interesante es la respuesta: “<strong>Sí, absolutamente, y creo que no me equivoqué</strong>”. La historia más reciente es conocida. El ex caudillo se transformó en una suerte de Nosferatu con patillas, <strong>Néstor Kirchner</strong> se tocó sus partes pudendas cuando el riojano asumió como senador en pleno recinto, pese a que alcanzó la gobernación de Santa Cruz de la mano del ex presidente y luego de apoyar o al menos guardar absoluto silencio sobre los indultos, igual que su señora esposa.</p>
<p>El sábado 20 de septiembre de 2003, el diario <strong><em>Página/12</em></strong> publica una nota donde cuenta la celebración del triunfo de Néstor Kirchner realizada en la residencia del gobernador de la <strong>provincia de Buenos Aires</strong> en la ciudad de La Plata. Dice el artículo que “con efecto teatral” uno tras otro ingresaron el ganador, <strong>Eduardo Duhalde</strong> (su artífice) y <strong>Felipe Solá</strong>, su gobernador, quien jugaba de local. Reproduce el periódico la frase de Néstor en su discurso triunfante, sobre “el esfuerzo transformador que llevaron adelante Solá y Duhalde durante el tiempo más grave y duro de la Argentina”. La nota rescata algunas presencias en el evento como la de <strong>Florencio Randazzo</strong> al que se mencionaba como hombre de Solá (hoy ministro del Interior y Transportes del kirchnerismo y mañana quién sabe).</p>
<p>Como con Menem, al poco tiempo el kirchnerismo sindicó a Duhalde de diversos intentos golpistas y de ser una de las mayores desgracias argentinas. Solá se enojo cuando no lo dejaron reelegir como gobernador y comenzó un saltimbanqueo ordinario, De Narváez y el PRO, luego otro vez con los K, ahora con <strong>Sergio Massa</strong>.</p>
<p>En 1997 <strong>Daniel Scioli</strong> es elegido diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires. Se le adjudica la siguiente frase: “<strong>Éste es un triunfo del presidente Carlos Menem que ha llevado a la Argentina en el camino del crecimiento sostenido</strong>”. Ahá, mirá vos. Previo a eso Scioli había enfrentado una interna en el PJ Capital, liderando una lista de menemistas contra una de duhaldistas. En una entrevista con el diario <strong><em>La Nación</em> </strong>del 15 de junio de 1997, ante la pregunta del periodista sobre qué haría en caso de perder dicha interna, el actual gobernador espetó: “Voy a seguir apoyando a Menem como hice siempre”. Chupate esa mandarina. Después, se sabe, el ex motonauta era el gran rival de ajedrez del presidente provisional Eduardo Duhalde, granjearon una profunda amistad y se halagaron recíprocamente. Para despejar dudas Scioli declaró en los últimos tiempos su kirchnerismo a ultranza, su apego por el proyecto nacional y popular y se la jugó por la candidatura de <strong>Martín Insaurralde</strong> como nadie. Un puro, de la primera hora.</p>
<p>Con <strong>Sergio Massa</strong> no vamos a tomarnos la molestia de buscar declaraciones públicas. En 2009 fue candidato a diputado “testimonial” de los K. Dos veces electo intendente por el <strong>Frente para la Victoria</strong> y jefe de gabinete de ministros de Cristina Fernández. En su equipo “renovador” (¿?), lucen el ya mencionado Solá, <strong>Ignacio De Mendiguren</strong> (duhaldista luego kirchnerista), el ex ministro de economía de Cristina <strong>Miguel Peirano</strong>, el ex titular del BCRA de Néstor <strong>Martín Redrado</strong>, el jefe de gabinete del matrimonio y autoproclamado fundador del kirchnerismo <strong>Alberto Fernández</strong>, el ex menemista-duhaldista-kirhcnerista Juan José Álvarez, entre tantísimos otros.</p>
<p>Todo es igual, nada es mejor. “Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un calefón”. Discépolo vio el siglo XX, pero no el XXI. Su poesía dice que, en ese mundo que ve, van juntos “Carnera y San Martín”. Evidentemente la cosa estaba mejor, había al menos un San Martín mezclado con el resto. Ya no “es lo mismo ser derecho que traidor”, querido Discepolín, hoy el traidor tiene una enorme ventaja sobre el resto.</p>
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		<title>¿Se agotó el peronismo?</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jul 2013 06:39:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La década kirchnerista y el reacomodamiento de los actores políticos en este proceso electoral, marcan una ausencia interesante en la simbología política que traducen aquellas escenografías desde las que los candidatos tratan de captar el voto. No es un secreto que el kirchnerismo no se muestra “peronista de Perón”. Especialmente desde el advenimiento de Cristina Fernández de Kirchner,... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2013/07/16/se-agoto-el-peronismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La década kirchnerista<strong> </strong>y el reacomodamiento de los actores políticos en este proceso electoral, marcan una ausencia interesante en la simbología política que traducen aquellas escenografías desde las que los candidatos tratan de captar el voto. No es un secreto que el kirchnerismo no se muestra “<strong>peronista de Perón”.</strong></p>
<p>Especialmente desde el advenimiento de<strong> Cristina Fernández de Kirchner, la figura del General Perón no ha jugado un papel relevante</strong>, ni es mencionada como antecedente en “el relato”. Sí, es cierto, se rescata con cierta asiduidad la figura de <strong>Eva Perón</strong>, y algunos iconos setentistas, pero no la del propio Perón. La presidente, de hecho, casi no lo ha mencionado públicamente.</p>
<p><span id="more-292"></span>Incluso en las boletas para la próxima elección, a las tradicionales caras de Perón y Evita juntos que suelen incluir las papeletas del <strong>Justicialismo</strong>, se le ha agregado, del otro lado, un símbolo similar, pero con la cara de <strong>Néstor Kirchner</strong>. A la misma altura y con el mismo tamaño, como una nueva simbología.</p>
<p>Tampoco puede extraerse del análisis que pese a contar con el control completo y total del Partido Justicialista en todo el país, el kirchnerismo nunca ha ido a elecciones con él. Siempre ha sido el “<strong>Frente para la Victoria</strong>”, dándole a su instrumento electoral el nombre de uno de los pequeños partidos que integran esa alianza, el Partido de la Victoria. Cuando bien pudo usar el nombre, por ejemplo, de <strong>Frente Justicialista</strong>.</p>
<p>Desde los sectores de la oposición que la prensa, a fin de simplificar el mensaje, designa como “peronistas”, puede observarse una todavía más profunda lejanía del peronismo. <strong>Francisco De Narváez se llama a sí mismo “peronista”, pero lo cierto es que no existen ni en sus publicidades, ni en sus símbolos, ni tampoco en su discurso, referencias al peronismo.</strong></p>
<p>Quien intenta jugar el papel de opositor moderado y unificador del “peronismo”, <strong>Sergio Massa</strong>, no usa ninguna simbología vinculada a Perón o Evita, o a sus logros o bondades. En su primer acto de campaña, se observaba una estética bastante moderna y aséptica, similar a la adoptada habitualmente por el <strong>PRO</strong>, clara y cuidadosamente estudiada por algún gurú del marketing, con un logo de campaña nada peronista (se veía por todos lados ­­<strong>+a por Massa)</strong>. Nada de marcha alusiva, ni “que grande sos”.</p>
<p>Eso en <strong>Provincia de Buenos Aires</strong>. En <strong>Capital Federal</strong> no se observan vestigios de peronismo. Salvo en algún local de <strong>Propuesta Peronista</strong> del vicepresidente primero de la Legislatura <strong>Cristian Ritondo</strong>, a los que los militantes llaman “básicas” (por unidades básicas el nombre histórico de los locales justicialistas) y en los que se ve (no en todos) alguna fotografía de Perón rodeada del color amarillo que distingue al PRO, no hay otras identificaciones peronistas, más allá de las boletas de votación de <strong>Daniel Filmus </strong>que tienen la misma lógica ya descripta de todo el Frente para la Victoria.</p>
<p>Solamente aquellos sectores con fuerte impronta sindical mantienen un alto grado de simbología peronista y prometen rescatar los valores del justicialismo tradicional. Usan en sus actos grandes fotografías de los viejos líderes, y vuelcan en sus discursos algunos conceptos a la usanza tradicional, sin profundizarlos demasiado.</p>
<p><strong>¿Qué pasa con el peronismo? ¿Se agotó?</strong> <strong>Incluso los que se llaman a sí mismos peronistas, ¿creen que serlo es “piantavotos?</strong> Una de las cosas que debe reconocerse es que el paso del tiempo es inexorable, y que las figuras políticas relevantes se desdibujan con él. Incluso cuando sus participaciones en la vida pública hayan sido superlativas, sus medidas, propuestas o improntas son acomodadas a su época, tal vez con una visión de futuro, pero nunca eternas. Posiblemente si Perón, <strong>Yrigoyen</strong> o incluso <strong>Mariano Moreno</strong> viviesen hoy, sus ideas base serían las mismas que en sus tiempos, pero su aplicación, instrumentación e incluso su “puesta en escena” serían muy diferentes.</p>
<p>También es cierto que cuando los procesos políticos son muy personalistas, el mero paso del tiempo diluye el liderazgo. <strong>El Perón profundamente transformador de 1950 sólo es conocido por gente que hoy tenga más de 73 años.</strong> Porque para saber medianamente de qué se trataba, sentir con cierta lucidez el imán del líder, debía tenerse al menos 10 años a 1950. Si a eso se suma que las estadísticas electorales indican que en 2015 la mitad de los electores tendrán menos de 40 años, la dilución del peronismo es lógica y casi obvia.</p>
<p>El Perón posterior, el que algunos podemos recordar con cierta nitidez, fue el que volvió en los &#8217;70, con un país diferente, con problemáticas distintas y un grado de conflictividad que el General no pudo resolver. No es un peronismo “para recordar” como la base de un diseño político futuro.</p>
<p><strong>¿Esto quiere decir que murieron las ideas del peronismo?</strong> Por cierto que no. Al menos no muchas de ellas que resultaron fundacionales, como el concepto de <strong>justicia social</strong>, por ejemplo. Sin embargo, hoy forman parte de un “diseño” de plexo de derechos mucho más ampliado, al que llamamos con mayor precisión &#8221;<strong>derechos humanos</strong>&#8220;<strong>.</strong> Y ese esquema se ha desarrollado con tanta velocidad en los últimos 50 años que ha subsumido, por ejemplo, a los derechos de los trabajadores dentro de ellos. Nadie puede negar hoy la necesidad de respetar y profundizar los derechos humanos. Pero toda la ideología peronista gira alrededor de una porción de tales derechos. En ese sentido<strong>, la frase de Perón, “peronistas somos todos”, fue una lectura del futuro.</strong></p>
<p>Más allá de que se haga en mayor o menor medida, con un matiz o con otro, ninguna expresión política de estos tiempos, con alguna aspiración de alcanzar el mandato popular, puede negar la necesidad de la existencia del derecho del trabajo por ejemplo, que expresa mecanismos de equidad jurídica entre el más débil, el trabajador, y el más fuerte, el empleador. Ni tampoco la necesidad de que existan mecanismos de generación de empleo en condiciones dignas, o de proteger las fuentes de trabajo nacionales, o el derecho de huelga o las potestades de los trabajadores de agremiarse y defender todos juntos sus reclamos.</p>
<p>Pero eso será, en todo caso, el aporte histórico que el peronismo hizo a los argentinos. No forma parte de una batalla actual, ya es una conquista inalienable, pero pasada. Por eso no integra los discursos de campaña, así como tampoco están en la escenografía de campaña los iconos de aquellos logros.</p>
<p>Antes del advenimiento del kirchnerismo, hubo otra expresión política que dio el primer paso en este proceso de “disolución” del peronismo. Fue el <strong>menemismo</strong>, que entremezcló en sus filas sectores devenidos de fuerzas políticas que en nada coincidían con la doctrina peronista, como la por entonces pujante <strong>UCeDe</strong>. Y esa mixtura al menos extraña generó secuelas, no fue un hecho momentáneo. Tanto es así que muchas figuras “peronistas” de hoy provienen de aquella UCeDe. <strong>El propio Massa fue un militante juvenil del partido de Álvaro Alsogaray</strong>. Y si vamos al riñón kirchnerista, <strong>Amado Boudou</strong>, nada menos que el vicepresidente K, o <strong>Ricardo Echegaray</strong>, titular de la <strong>AFIP</strong>, provienen de la misma cuna.</p>
<p>Esto explica, por ejemplo, la estética massista del acto de lanzamiento. O la guitarra de Boudou en sus presentaciones. Algunos pueden decir que son pragmáticos. Yo creo que la mejor definición es que son híbridos, su origen es confuso, mestizo; salvo dentro de las organizaciones del movimiento obrero, no hay ya puros.</p>
<p><strong>Todavía hay muchos dirigentes que ciertamente se reputan a sí mismos peronistas. Pero cuando uno los escucha hablar, queda claro que no son “de aquellos peronistas”</strong>. No tienen nada que ver. Uno sospecha, en realidad, que se hacen eco del mito popular de que “en este país sólo pueden gobernar los peronistas”, y que para sentir que tienen la posibilidad de acceder a espacios de poder, o crecer a partir de los que ya tienen, deben autodenominarse peronistas.</p>
<p>Desde tal idea, <strong>parece que ser peronista, por estos días, tiene más relación con el preconcepto social del supuesto modo que el peronismo tiene de ejercer el poder, que lo hace el único viable</strong>. “Me hago llamar peronista para que la gente sepa que yo puedo gobernar” o porque “me otorga un halo de persona decidida”. Pero el peronismo no es un “carácter”. Es una forma de pensar la política, una ideología. En todos los sectores políticos hay personas con carácter para ejercer el gobierno y tomar las decisiones y otras que no. Solamente por citar ejemplos: ¿que <strong>Daniel Scioli</strong> nunca termine de decidir qué hacer lo hace un estratega porque es supuestamente peronista, y a cualquier otro lo transformaría en un pelafustán porque no se autoproclame peronista? Lo mismo hubiese cabido en su momento a <strong>Carlos Reutemann</strong>.</p>
<p>De hecho, la sociedad se niega a recordarlo por algún mecanismo de psicología social intrincado, pero la<strong> Asamblea Legislativa</strong> de enero de 2002 nominó a <strong>Eduardo Duhalde </strong>para terminar el mandato de <strong>Fernando De la Rúa</strong>, hasta el 10 de diciembre de 2003. <strong>Y el poderoso cacique bonaerense fue incapaz de terminar ese mandato</strong>. Por un evento que costó la vida de dos personas en la Estación de tren de <strong>Avellaneda</strong>, adelantó 6 meses las elecciones y 8 la entrega del poder a <strong>Néstor Kirchner</strong>. Ese solo hecho debió dar por tierra con el mito de que solo los peronistas terminan sus mandatos. Duhalde, a quien nadie puede negarle su peronismo casi en estado puro, recibió manda constitucional por 23 meses y sintió la necesidad de abandonar ese mandato luego de sólo 15. La realidad es que entregó el poder tres meses antes que, por ejemplo, <strong>Raúl Alfonsín</strong>. En términos porcentuales, Alfonsín gobernó el 93% del mandato otorgado, mientras que Duhalde, peronista, solo llegó a cumplir el 65% del suyo, poco más que Fernando De la Rúa que aneas superó el 50% en un gobierno de coalición como era la Alianza, que también incluía peronistas disidentes, como el llamado <strong>Frepaso</strong>, del cual buena parte de sus cuadros eran de origen peronista.</p>
<p>Por ende, no es disparatado evaluar que buena parte de los dirigentes políticos que hoy se autopostulan como peronistas en realidad lo hacen para continuar el poco consistente mito popular que prescribe que solamente siendo peronista se puede ejercer el poder. Pero cuando se trata de la captación de voto, de buscar la identificación del elector con su idea o sus candidatos, se recurre a estéticas despojadas de peronismo, o diluidas, como el caso de la boleta del Frente para la Victoria, con el rostro de Kirchner.</p>
<p>¿<strong>Esto implica que murió el peronismo, que ya no existe?</strong> Depende de cómo se lo vea. El peronismo dejó su huella indeleble en la historia, grandiosa o nefasta, depende quién sea el observador, y no es tema de estas líneas esa evaluación, aunque el suscripto se inclina por valorar los extraordinarios logros que obtuvo a mediados del siglo pasado. Lo que sí parece quedar claro es que <strong>los protagonistas de la política de hoy no consideran al peronismo una matriz idónea para la captación del voto</strong>, y eso lo conduce inequívocamente a ocupar su destacadísimo lugar en la historia, y un espacio cada vez menos definitorio en el presente y futuro.</p>
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