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	<title>Horacio Minotti &#187; Peronismo</title>
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		<title>¿Qué lugar quiere tener el peronismo?</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Dec 2015 08:55:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el fútbol de hace un par de décadas, era bastante habitual que los equipos que iban perdiendo un partido y se sintieran impotentes para revertir la derrota terminaran el encuentro con un concierto de patadas, codazos y golpes arteros, como muestra de presunta guapeza que equilibrara su derrota. Los años fueron cambiando la concepción... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2015/12/04/que-lugar-quiere-tener-el-peronismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En el fútbol de hace un par de décadas, era bastante habitual que los equipos que iban perdiendo un partido y se sintieran impotentes para revertir la derrota terminaran el encuentro con un concierto de patadas, codazos y golpes arteros, como muestra de presunta guapeza que equilibrara su derrota. Los años fueron cambiando la concepción de cómo debe enfrentarse una circunstancial caída y hoy son pocos los encuentros que terminan de ese modo y los que lo hacen son socialmente condenados.</p>
<p>En esta época política algunos sectores del kirchnerismo saliente, bajo la impronta de la Presidente en sus últimos días de mandato, parecen de aquellos viejos equipos de la Copa Libertadores de los setenta. Por cierto que hay dirigentes probos, que siguen una línea racional en la transición, inteligente y adecuada a los tiempos, pero está claro que no son los del riñón de Cristina Kirchner.</p>
<p><b>Lo primero que hay que mencionar es que este modo de asimilar el cambio político es una muestra de enorme desprecio a la voluntad popular mayoritaria y un símbolo de la autopercepción como una mayoría iluminada</b>, poseedora de la verdad exclusiva, que no merece otra cosa que el gobierno eterno. Sólo alguien que se autopercibe de tal manera, por encima del pueblo mismo, se conduce como lo hace el Gobierno saliente.<span id="more-753"></span></p>
<p>Sería muy larga la enumeración de patadas y codazos que distribuye el Gobierno por estos días, pero resultan ejemplificadoras dos situaciones: el nombramiento de embajadores de último momento y los óbices al traspaso del mando al Presidente electo.</p>
<p>El de embajador es un cargo político. El Presidente de la nación lo designa o remueve a su arbitrio. Por ende, investirlo a una semana del traspaso del poder, erogar los 120 mil dólares que se le asignan para sus gastos de instalación, a sabiendas de que en una semana serán removidos, no solamente es una tropelía política, es además un asalto al pueblo argentino, que resulta quien solventa con sus impuestos el enriquecimiento repentino de esos embajadores exprés.</p>
<p>Las dificultades para un razonable traspaso del mando tienen similar lectura, aunque implican circunstancias un poco más graves que el simple asalto a las arcas del Estado. Es un símbolo. Intentar entregar los atributos del mando bajo una convocatoria a una marcha de resistencia a la decisión soberana del pueblo o en un lugar físico donde el nuevo presidente pueda ser abucheado o maltratado, es la exacerbación del carácter dictatorial de una minoría que pretende imponerse por la fuerza. Además, en el primer caso, es un acto atentatorio contra el orden constitucional, de los que contempla la ley de defensa de la democracia.</p>
<p>¿Qué es entonces hoy el peronismo? ¿Una minoría sectaria, golpista e iluminada que busca imponerse por el uso de la violencia a la voluntad mayoritaria? ¿O el traspaso pacífico y ordenado que plantea Florencio Randazzo, la oposición constructiva que inicia Sergio Massa y la impronta de trabajo conjunto que muestra Juan Manuel Urtubey con su colega electo, el jujeño Gerardo Morales?</p>
<p>Nadie puede ignorar que existen oleadas históricas que producen cambios de época claros, y ha habido casos en que el peronismo se ha adaptado a ellas. Poco aportan los juicios contrafácticos, pero después de la derrota de 1983, si Antonio Cafiero no hubiese llevado adelante la renovación que desplazó a la vieja guardia peronista, tal vez, y aun frente a la hiperinflación de la última porción de Gobierno alfonsinista, el peronismo no se hubiese impuesto en 1989. De hecho, en esa elección, y con el recuerdo fresco del viejo peronismo, pese a todo, el candidato radical Eduardo Angeloz obtuvo casi el 37% de los votos. ¿Qué hubiese pasado si la camada justicialista del estilo Herminio Iglesias hubiera seguido en control del partido? Difícil saberlo, pero probablemente la elección hubiera sido todavía más pareja.</p>
<p><b>Este kirchnerismo es el viejo peronismo de esa época</b>. Más allá de los hechos puntuales del saqueo del Estado, estos últimos minutos en el poder y la violencia ejercida sobre el Presidente electo, ¿cómo sigue el peronismo? ¿Es Urtubey, Randazzo y Massa? ¿O es Cristina, Luis D’Elía y Aníbal Fernández? Vea, en contraposición: el gobernador de Salta logró su tercer mandato con absoluta transparencia y utilizando el voto electrónico; el ex candidato a gobernador bonaerense consiguió el milagro de perder ese distrito para el peronismo por segunda vez en la historia, pero con un aditamento, ya que el anterior candidato derrotado fue Herminio Iglesias, que cayó frente al “Titán” Alejandro Armendáriz. Pero este último fue “pegado” a la boleta de Raúl Alfonsín, que se impuso a Ítalo Lúder en la provincia, al que iba “pegado” Iglesias. Lo de Fernández fue diferente, porque su papeleta iba adherida a la de Daniel Scioli, que ganó en territorio bonaerense. Aníbal consiguió que el votante lo “cortara”. Es el señor Fernández un <i>recordman</i> de la historia justicialista, porque, además, tomando porcentajes, sacó 4% menos que el propio Herminio.</p>
<p>Volviendo a la idea inicial, <b>el peronismo enfrenta el desafío de reformularse y nuclearse detrás de dirigentes sanos y nuevos, con futuro, o atarse al pasado y a la violencia</b>, a una conducta sectaria de minoría violenta y resentida con las masas populares que no lo prefirieron, que es lo que muestra en estos últimos días al frente del Gobierno.</p>
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		<title>Macri y la peronización</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Oct 2015 03:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[He venido escuchando y leyendo incesantemente, bajo autoría de pretendidos especialistas en campaña electoral, medios, analistas y políticos, que Mauricio Macri “desperonizó su campaña”, que ahora va a “peronizarla”, y que sube o baja en las encuestas como consecuencia de tales supuestos imprecisos. Para saber si alguien se peroniza o desperoniza hay que subir primero... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2015/10/09/macri-y-la-peronizacion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>He venido escuchando y leyendo incesantemente, bajo autoría de pretendidos especialistas en campaña electoral, medios, analistas y políticos, que Mauricio Macri “desperonizó su campaña”, que ahora va a “peronizarla”, y que sube o baja en las encuestas como consecuencia de tales supuestos imprecisos.</p>
<p>Para saber si alguien se peroniza o desperoniza hay que subir primero una cuesta complicadísima y de múltiples senderos, casi todos conducentes a la nada, que implica definir qué es el peronismo. En principio, <b>soy de la idea de que tal concepto encierra una serie de nociones vinculadas a equiparar las posibilidades de todos los ciudadanos, cualquiera sea su origen, estableciendo principios de justicia social, tanto discursivamente como en los hechos</b>. En definitiva, ese es el gran legado del peronismo a la historia argentina: el establecimiento como ineludibles de una serie de derechos del pueblo que ya nadie niega.</p>
<p>En tal sentido, es harto evidente que Mauricio Macri no necesita peronizar su campaña, dado que ya está altamente peronizada, no solamente desde las declaraciones públicas como candidato, sino especialmente desde sus hechos en el Gobierno en la ciudad de Buenos Aires. <b>No ha habido, si tal es el concepto de peronismo, un Gobierno más peronista que el de Macri en esta ciudad</b>. En retrospectiva histórica, es imposible encontrar un mayor y mejor acceso a la salud y la educación públicas que en la gestión macrista. Es imposible recordar que algún otro Gobierno local se haya empecinado de la forma en que lo hizo el de Macri en hacer progresar con infraestructura las zonas más empobrecidas y postergadas históricamente en la ciudad de Buenos Aires, como La Boca, Barracas o Parque Patricios.<span id="more-725"></span></p>
<p>Por ende, desde esos conceptos, ni lo que dice Macri, ni lo que ha hecho, lo desperoniza, todo lo contrario.</p>
<p>Ahora bien, el peronismo también ha sido, especialmente en los últimos años, desde la recuperación democrática, otras cosas, aparte de esos conceptos ideológicos. Ha sido el responsable de la decadencia de los últimos 25 años. <b>Ha acumulado, entre el Gobierno de Carlos Menem, el interinato de Eduardo Duhalde y los de los Kirchner, 24 años de corrupción generalizada, violencia y pobreza</b>. Ni hablar de la provincia de Buenos Aires. ¿En este sentido Macri debería peronizarse?</p>
<p>Algunos estiman que peronizarse es mostrarse públicamente con referentes peronistas. En dicho esquema, Macri comparte hace años su espacio con dirigentes surgidos de las filas del peronismo como Cristian Ritondo, Diego Santilli o Daniel Lipovetzky, y se ha aliado con otros como Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo y Gerónimo “Momo” Venegas, entre unos cuantos más. ¿No basta eso para que se lo considere peronizado? ¿Con qué peronistas debería mostrarse? ¿Con los que arrasaron el país? ¿Qué clase de garantía es mostrarse peronizado?</p>
<p>Difícilmente alguien pueda considerarse más peronizado que Carlos Menem, de origen estrictamente peronista. Ganó la interna de su partido, que lo llevó a la candidatura presidencial, contra Antonio Cafiero, y lo hizo apoyado por lo más rancio del peronismo histórico: sindicalismo y líderes caudillescos del interior. Y cuando le tocó gobernar, fue la gestión menos peronista de la historia argentina, desde lo económico, mucho más cercana a la de Videla-Martínez de Hoz que a la de Celestino Rodrigo, antes o Jorge Remes Lenicov, después. Entonces, ¿vale peronizarse en campaña?</p>
<p>La última pregunta nos encamina a una nueva duda respecto de la tan mentada peronización. <b>No hay objeciones a que Daniel Scioli es un candidato peronista. Pocos pueden tenerlas sobre que Sergio Massa es otro candidato peronista. Si faltasen variantes de algún tipo, Adolfo Rodríguez Saá también es candidato y peronista. En ese universo, ¿es legítimo pedirle a Macri que se peronice?</b> Porque esto implicaría contar en la oferta electoral con tres candidatos peronistas y otro peronizado, es decir, alguien que pretende mostrarse peronista sin serlo. ¿No implicaría tal conducta subestimar al elector peronista, pretendiendo venderle un peronizado a cambio de un peronista?</p>
<p>Y en la misma hipótesis, ¿es esto conveniente? Porque, en definitiva, sería creer que casi no existen electores que no sean peronistas. “Peronistas somos todos”, dijo el General. Era otra época. La justicia social, el resguardo de los derechos de los trabajadores y los principios de equidad básicos que introdujo el peronismo están presentes en los discursos de todos los candidatos, desde el principio de la campaña. Nadie que los niegue alcanzaría a superar las PASO.</p>
<p><b>Hoy categorizar a los candidatos en peronizados o no peronizados es incluir categorías de análisis anticuadas, descontextuadas y que el elector no considera</b>. Macri no debe entrar en esos juegos, porque aspira a gobernar para todos, a ser el presidente de la unidad, el que abra la puerta al futuro. Para representar al pasado y a fraccionar a la sociedad ya hay más de un candidato. Los principios justicialistas más puros, los que simbolizan su aporte histórico, están hoy no solamente en discurso sino también en los hechos de su gestión, sencillamente observable. Lo demás es para los estrategas, políticos y analistas que atan el futuro de categorías del pasado.</p>
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		<title>El 2015 será una oportunidad si terminamos con los mitos que nos condicionan</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Dec 2014 10:09:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El próximo año electoral ofrece a los argentinos una nueva oportunidad, de ésas que se presentan cada tanto, cuando uno de los prolongadísimos ciclos políticos de nuestro país llega a su fin. Así, 2015 puede ser una bisagra en la historia, o simplemente el inicio de otra etapa de ilusión inicial y extenso desencanto final,... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2014/12/20/el-2015-sera-una-oportunidad-si-terminamos-con-los-mitos-que-nos-condicionan/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El próximo año electoral ofrece a los argentinos una nueva oportunidad, de ésas que se presentan cada tanto, cuando <strong>uno de los prolongadísimos ciclos políticos de nuestro país llega a su fin.</strong> Así, 2015 puede ser una bisagra en la historia, o simplemente el inicio de otra etapa de ilusión inicial y extenso desencanto final, de chatura y de miras cortas. Pero depende de nosotros, los que ponemos el voto en la urna. Depende de si apostamos por lo de siempre, por las dudas, de si aceptamos que somos un pueblo de módicas expectativas, sometido al gobierno de un único grupo que nos maltrata y manipula una y otra vez; <strong>o de si nos rebelamos contra eso, si <em>corajeamos</em> y apostamos por algo distinto, a ver si esta vez torcemos un destino que no debería ser</strong>. Para eso <strong>sería fundamental terminar con ciertos mitos políticos que suelen condicionarnos, o al menos funcionar como excusa a la hora de justificar el sufragio.</strong></p>
<p><strong>“Este país solamente puede gobernarlo el peronismo”</strong>. Falso de falsedad absoluta. Ninguna versión de las autoproclamadas peronistas nos ha dejado un país exitoso, coherente o en crecimiento. El peronismo suele abandonar el poder con una crisis en marcha, sea ésta económica o institucional o ambas. A la Argentina puede gobernarla cualquier espacio político con ideas y valentía, sólido, articulado y con buena fe. ¿Cuál sería la característica distintiva del peronismo que lo hace la única opción posible?. Suelo escuchar argumentos vinculados al carácter, una decisión atrevida es calificada de “peronismo puro”. Si la identidad de un partido se resume en el carácter personal de sus integrantes estamos atravesando el límite de la pavada. <strong>Hay peronistas decididos como hay dirigentes decididos en todos los partidos</strong>, y hay mequetrefes en todas las expresiones políticas.<span id="more-590"></span></p>
<p>Por caso y sólo a modo de ejemplos, dos sencillos: 1) En marzo de 1991, casi dos años después de asumir Carlos Menem el poder, Hugo Gambini escribía en la Revista Redacción que el presidente estaba totalmente debilitado y que “no son pocos los que mentalmente le prueban la banda a Duhalde”. Un mes después Jorge Grecco en la Revista Somos publicaba “Operación Chaleco”, una nota que explicaba como parte del gabinete pensaba en reemplazar a Menem por deficiencias de sus facultades. 2) El 2 de enero de 2002 Eduardo Duhalde recibió mandato de la Asamblea Legislativa hasta diciembre de 2003. Entregó el poder en mayo a Néstor Kirchner por el asesinato de dos personas en la Estación Avellaneda. Cumplió tan solo el 65% de su período.</p>
<p>En relación a lo anterior se ha dicho que <strong>“nadie puede gobernar con el peronismo en la oposición”.</strong> Otro error. Si el peronismo es un partido democrático, cualquier dirigente electo por el pueblo debería sobrellevar tenerlo como principal opositor, consensuar, dialogar y ejercer la administración que la fue conferida por el soberano, por el plazo del mandato que se le haya otorgado. Ahora bien, la frase tan repetida, <strong>puede apuntar a que el peronismo es un espacio conspirativo que trata de socavar los gobiernos que no son de su propio signo</strong>. Descreo de dicha tesis pero, de ser así, los argentinos no podemos permitir que un sector conspirativo se imponga sistemáticamente frente a la voluntad del pueblo. En 2015 tenemos la oportunidad de terminar con este caprichoso “principio” político establecido por quienes quieren generar miedo a lo distinto.</p>
<p><strong>“Solamente pueden ganar los partidos que tienen aparato en todo el país”.</strong> ¿Qué es en la política moderna el “aparato”?. ¿Consiste en tener comités o unidades básicas? <strong>¿Cuántos votos le lleva a cada candidato el grupo que pinta paredes o pega carteles? Sinceramente hoy la política es otra cosa</strong>. El mensaje llega por otros medios. Al igual que en la frase anterior, hay que marcar una diferencia. Si por “aparato” entendemos un grupo de personas que desarrolla alguna variante de fraude electoral, como el voto cadena, o directamente la manipulación de personas humildes por la vía que sea, los argentinos debemos poner un definitivo límite a los “aparatos”, porque en esta segunda acepción de la palabra, se trataría de una maquinaria siniestra que violenta la voluntad general.</p>
<p><strong>“Acá tiene que venir alguien que…”</strong> He escuchado esa frase infinidad de veces, desde muy chico. La aseveración está mal formulada, no hay “alguien” que vaya a venir, no hay “mesías” en política. <strong>Lo que existe son grupos políticos, equipos de trabajo</strong>. Cuando voto a un candidato voto a toda su gente, no a una persona única e individual. Observemos los entornos y quien es quien en cada uno de ellos y que rol juegan con el candidato que acompañan. Habla más y mejor del candidato la historia de su entorno, que lo que pueda decir en un spot. No tiene nada de novedoso un candidato rodeado de los de siempre.</p>
<p>Queremos progreso y desarrollo, al tiempo que nos atamos a mitos y leyendas urbanas como excusa de un voto repetido y conducente a un irremediable fracaso. <strong>Cambiar es siempre un riesgo aunque, habida cuenta de los resultados, difícilmente haya un riesgo mayor que permanecer en la lógica conservadora de votar siempre lo mismo, haciendo el fracaso, irremediable.</strong></p>
<p>Tenemos otra oportunidad. Seguramente<strong> no será la última de la historia, pero sí lo será para un par de generaciones</strong>, que si no impulsan el cambio hoy, ya no podrán ver una Argentina pujante y honesta. Seamos la bisagra, formemos parte de una disrupción histórica que establezca un antes y un después, sembremos el futuro hoy, para que nuestros hijos lo cosechen mañana, y podamos verlos disfrutarlo. Basta de mitos.</p>
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		<title>La pena capital del peronismo</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Mar 2014 09:59:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nos acercamos a un 2015 que muy probablemente represente un cambio en el grupo político que gobierna el país. Sin posibilidad de reelección para la actual presidente, cualquier variante que acceda al poder, de entre los hoy presidenciables, generará cambios profundos en el esquema de poder. Incluso si se impusiese Daniel Scioli, el único candidato... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2014/03/25/la-pena-capital-del-peronismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Nos acercamos a un 2015 que muy probablemente represente un cambio en el grupo político que gobierna el país. Sin posibilidad de reelección para la actual presidente, cualquier variante que acceda al poder, de entre los hoy presidenciables, generará cambios profundos en el esquema de poder. Incluso si se impusiese Daniel Scioli, el único candidato serio del kirchnerismo, tanto la impronta oficialista como el modo de gestionar el gobierno y las características de los personajes que habiten la Casa Rosada será diferente a hoy.</p>
<p>En dicho esquema, se prevé una puja que ya puede observarse, y que incluye maniobras, golpes de efecto, búsqueda de posicionamiento, propuestas (pocas e inconsistentes es cierto), lecturas diversas del electorado, y cálculo. Estos párrafos tienen mucho de esto último, de cálculo. No es un secreto que para cualquiera de las versiones del peronismo, la Ciudad de Buenos Aires es un territorio hostil, desconocido, poco descifrable y en la mayoría de los casos, inaccesible. Sin embargo, en la capital del país votan dos millones y medio de individuos -en porcentaje, el 7,5% del total de los electores de todo el país- que es lo que en realidad importa en una elección presidencial. <strong>Es decir, cualquier peronismo tiene serios problemas con ese porcentual de los votantes.</strong></p>
<p>Hacer una buena elección en la Ciudad, casi para asegurarse ganarla, podría consistir en sacar, por ejemplo, el 40% de los votos, lo cual representaría a nivel nacional, algo así como el 3% de los votos totales, y si se lo compara con la Provincia de Buenos Aires, a la cual se le da en política el carácter de La Meca a alcanzar para definir la elección; ese 40% de la Ciudad es casi equivalente a 10% de los votos en la Provincia. Por ende, una elección presidencial pareja, reñida, puede encontrar una definición en el distrito porteño. <strong>Es más, posiblemente frente a un marco de opciones electorales atomizadas, los números de la Capital pueden determinar quién entra y quién no a una eventual segunda vuelta.</strong></p>
<p>Las encuestas muestran a Sergio Massa al frente de las preferencias, seguido por Daniel Scioli. Y todo indica que, de producirse hoy la elección, “la madre de todas las batallas” se libraría en la Provincia de Buenos Aires. Ahora bien, si esa lucha termina siendo pareja, los eventuales desniveles deberán provenir de la CABA, de Córdoba o de Santa Fe, distritos con peso electoral muy similar. Y en todos ellos el peronismo tiene problemas. Los santafesinos vienen prefiriendo al socialismo, ensombrecido de a ratos por la figura de Miguel Del Sel, crédito PRO. No hay versión del peronismo que tenga peso real. En la provincia mediterránea, la luz del gobernador José De la Sota se va apagando y lo que se enciende y crece es el radicalismo con Ramón Mestre u Oscar Aguad. Y en el distrito porteño, el control absoluto parece tenerlo el PRO de Mauricio Macri, que encima es también un candidato presidencial. El tercero en las preferencias, también según las encuestas.</p>
<p>Por ende Massa o Scioli deben proveer a la conquista de alguno de esos territorios y la lógica indica que por proximidad territorial con la Provincia de Buenos Aires, donde se juegan a todo o nada, la CABA es el listón a alcanzar. <strong>De hecho, si Macri logra sus tradicionales niveles de votos en la Ciudad y María Eugenia Vidal consigue consolidar, por ejemplo, un digno 20% de los votos en la Provincia, y Del Sel colabora con una buena elección en Santa Fe, el jefe de Gobierno porteño se le puede meter en la pelea a cualquiera para alcanzar la segunda vuelta.</strong></p>
<p>Por eso merece un análisis especial, la imposibilidad de los peronismos de hacer pie en la Ciudad de Buenos Aires. Es cierto que por cuestiones de imagen, Massa parece tener más chances que Scioli de hacer una buena elección en este distrito. Pero las encuestas de hoy no consideran el panorama real. En una elección presidencial unas boletas traccionan y otras empujan. La del candidato a presidente tracciona a los candidatos locales para obtener más votos, y la de los candidatos locales empuja a la boleta de presidente en igual sentido. Pero bien puede ser al revés. Si en candidato presidencial no es querido en el distrito, puede arruinarle la elección a un buen candidato local. Y a la inversa, un candidato a presidente con posibilidades, puede verse afectado por no contar con candidatos locales con buenas chances. Esta segunda hipótesis es la que enfrentan Massa y Scioli. En la CABA, Macri cuenta con variedad de posibles candidatos, y el frente panradical también; pero los dos candidatos peronistas no tienen una sola figura en capacidad de conseguir tres votos para su causa. Ni estructura, ni desarrollo territorial, ni conocimiento de la idiosincrasia social, ni de los perfiles de cada barrio, ni nada.</p>
<p>En el invisible inframundo político que el votante real no conoce (y lo bien que hace en no perder el tiempo), existen unos cuantos pretendidos dirigentes que se adjudican ser “los hombres” de Massa y de Scioli en la Capital, pero son gente de peso político irrelevante y con nulas posibilidades lograr relevancia en el plazo que sea. <strong>Algunos podrán tener dinero, otros podrán tener partidos, y otros más ambas cosas, lo que no posible que consigan es votos. </strong>Las encuestas que miden imagen e intención de voto incluso, no están considerando todavía a un año del comienzo del proceso electoral 2015, variables que realmente pueden condicionar el resultado, en un escenario que inevitablemente lleva a una segunda vuelta electoral. Pero para estar en ese todo o nada, hay que entrar y cada voto cuenta, especialmente para quien salga segundo, que seguramente sea perseguido de muy cerca por otro candidato. Y en tal esquema, la CABA es un distrito trascendental, donde los que hoy aparecen como los dos candidatos que gozan del más alto porcentaje de preferencias, se encaminan a hacer un papel poco decoroso y nada contributivo a su objetivo final.</p>
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		<title>¡Aflójenle a Daniel!</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Nov 2013 12:09:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>De pronto, como si se tratase de una conspiración cósmica,<strong> sociedad y medios de comunicación salen a exigirle todo junto al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli.</strong> Que combata el <strong>narcotráfico</strong>, que los presos ya no puedan escapar de las cáceles bonaerenses pidiéndose un remís, etcétera. Seguramente haya inquietud dentro del gabinete bonaerense, a la espera de que esta conspiración salga a reclamar además, mejoras en las escuelas públicas, o en los hospitales. Deberían temer que repentinamente los bonaerenses se cansen de tener que viajar hasta los hospitales porteños y le pidan al gobernador que al menos mande a limpiar un quirófano.</p>
<p><strong> La gobernación de Scioli, que ya lleva seis años, tuvo una característica sustancial: no se caracterizó por nada.</strong> La impronta para el recuerdo, aquello por lo que el gobernador ingresará en los libros de historia, bien podría ser la de haber encabezado<strong> la gobernación más inmóvil e ineficiente de la historia del gran distrito argentino.</strong> Las excusas son todas ciertas. La Provincia es muy grande, muy poblada y muy difícil. El gobierno nacional ayudó poco y nada financieramente, temiendo que Scioli se autonomice y pretenda ser candidato a presidente. Su territorio es el más perjudicado del país por un <strong>sistema de coparticipación federal injusto y desequilibrado.</strong> Pero, salvo respecto a la carencia de colaboración nacional, todo lo demás debía saberlo el ex motonauta cuando se postuló, y si se propuso para el cargo, algo debería haber tenido en mente, un par de acciones de gobierno para resolverlo. Al menos pudo haber fracasado en sus intentos. Hubiese sido mejor que no hacer nada, la opción seleccionada.</p>
<p><span id="more-445"></span>Sí es cierto, Scioli podrá ser recordado por el <strong>marketing de la esperanza,</strong> con el que evidentemente cautivó a los bonaerenses unos años. Si un preso con una condena de 35 años por homicidio escapa de un penal en la patineta de su hijo, la respuesta del titular del Ejecutivo local se vinculaba con la fe, la esperanza y un discurso casi yogui como respuesta política a la ineficiencia. Con eso mantuvo el favor de los bonaerenses y fue incluso reelecto. También es posible que haya conseguido que quede en la memoria de sus electores el color naranja. Lo impuso el gobernador. Alguien le dijo seguramente que traía “buena vibra”, y visto que a<strong> Mauricio Macri</strong> le fue bien con el amarillo, Scioli le dio con todo al naranja. Gran logro.</p>
<p>Más allá de eso,<strong> la inseguridad creció</strong> y decreció a los ritmos habituales, de modo estacional, variando las modalidades delictivas de acuerdo con las necesidades del crimen organizado y sus propios contextos. Los secuestros extorsivos, por ejemplo, que requieren una gigantesca logística, y una banda más o menos grande y organizada, fueron disminuyendo. No por acción estatal, sino porque en su momento las bandas de narcos locales necesitaban fuertes sumas que conseguían mediante estos secuestros, para adquirir droga y luego multiplicar el dinero “exportándola” especialmente a <strong>Europa</strong>. Hoy es innecesario ese paso previo, porque los “capitales” colombianos que llegaron en los últimos 5 años evitan el paso previo del <strong>secuestro extorsivo.</strong> Así navegó <strong>la “no administración Scioli”</strong>, de acuerdo con los vaivenes coyunturales.</p>
<p>Tampoco se lo vio reclamar con la energía necesaria un rediseño de la <strong>Ley de Coparticipación Federal</strong>, especialmente en cuanto a la devolución de los puntos de coparticipación que la provincia perdió en tiempos de <strong>Domingo Cavallo</strong>, que fueron compensados por el arbitrario <strong>fondo del conurbano,</strong> pero que jamás volvieron cuando ese fondo se desactivó. Esa realidad condena a la provincia a la pobreza. Cualquier gobernador que se precie debería encadenarse al Congreso hasta que le devuelvan lo que es de los bonaerenses y se les ha quitado. Daniel ha preferido la fe y la esperanza.</p>
<p>Esta opinión no tiene nada que ver con<strong> la batalla Scioli-Sergio Massa por el peronismo</strong>, y la candidatura presidencial de 2015, que ambos ambicionan y en lo único que tienen fijos sus ojos aunque digan lo contrario.<strong> Massa no es más que Scioli, también manejó su intendencia en base al marketing, la sonrisa fácil y la relación con Mariano Iúdica.</strong> Los argentinos hemos venido oscilando los últimos años entre mafiosos malhumorados y vendedores de humo simpáticos al momento de seleccionar gobernantes. Pero volviendo al gobernador bonaerense, es injusto salir a pedirle todo ahora. No le pedimos absolutamente nada en 6 años. Incluso hace dos se lo reeligió, en el mismo momento en que se reeligió a <strong>Cristina Kirchner</strong>, y los guarismos electorales indican que sacó hasta más votos que ella. Y para entonces, a 2011, llevaba ya cuatro años de “no administración”. Y ahora resulta que, de golpe y porrazo, pretendemos que los presos no escapen de las unidades carcelarias a “cocochito” de un ocasional transeúnte, o que alguien haga algo contra el narcotráfico al que se dejó instalar cómodamente, sin ninguna restricción, todos estos años.</p>
<p><strong> Como sociedad deberíamos plantearnos ser un poco más justos con nuestros “no gobernantes” y con nosotros mismos.</strong> Porque están ahí porque los votamos y porque los reelegimos. Y aquellas cosas que apreciamos cuando les damos nuestro voto suelen ser poco relevantes, incluso contrapuestas con lo que deseamos. <strong>En 2011, cuando se reelegió a Scioli, el problema de la inseguridad provincial ya estaba agravado notoriamente respecto de 2007, cuando asumió. Era, de acuerdo a las encuestas, la mayor preocupación social. Y se terminó votando la fe, la esperanza y el color naranja. No todo es culpa de Scioli.</strong></p>
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		<title>Peronismo con soda</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Nov 2013 10:05:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No es lo mismo el vino puro que el vino con soda. Ni su sabor ni sus efectos. Casi podría decirse que son bebidas diferentes. Tampoco tiene nada que ver el vino espumante con aquel cuyas burbujas provienen de la mezcla con un contundente sifonazo. Vale la comparación con el peronismo, porque lo que queda del partido del General... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2013/11/12/peronismo-con-soda/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>No es lo mismo el vino puro que el vino con soda</strong>. Ni su sabor ni sus efectos. Casi podría decirse que son bebidas diferentes. Tampoco tiene nada que ver el vino espumante con aquel cuyas burbujas provienen de la mezcla con un contundente sifonazo. <strong>Vale la comparación con el peronismo, porque lo que queda del partido del General está viniendo aguado, es peronismo con soda.</strong></p>
<p>Tal vez sea porque muchos de sus dirigentes de relevancia o con aceptación social tienen orígenes confusos, o porque éstos perciben que viene una de esas etapas de la <strong>Argentina</strong> en las que el peronismo pierde peso electoral. Los dos referentes que hoy, a dos años de las presidenciales, tienen más posibilidades electorales son<strong> Sergio Massa y Daniel Scioli</strong>. Uno proveniente de la <strong>UCeDe</strong> de <strong>Álvaro Alsogaray</strong>, asimilado durante los 90; el otro con un origen deportivo y una ideología poco clara o, al menos, nunca bien explicada.</p>
<p><span id="more-438"></span>Massa, por caso, trabaja en el armado de una <strong>liga nacional de intendentes</strong> que respalden sus aspiraciones presidenciales y se sumen al proyecto. Sabe bien que los gobernadores jugaran otro rol, seguramente más cerca de Scioli y de la estructura formal del partido; pero son bastante poco los gobernadores sin los intendentes. El poder territorial real, aquellos a los que la gente ve todos los días, los que le solucionan los problemas cotidianos, son justamente los intendentes. Sin ellos, los administradores provinciales pierden su base de sustentación. A eso juega el diputado electo del <strong>Frente Renovador</strong>, a erosionar la base de apoyo político de los gobernadores. <strong>Pero además Massa no hace distinciones. Mantenerse por fuera de la estructura formal del PJ le permite sumar también intendentes con buen calado social de otros espacios. </strong>Especialmente radicales, pero también muchos vecinalistas. El caso de <strong>Gustavo Posse</strong> puede considerarse un ejemplo interesante. Intendente de <strong>San Isidro</strong> por la eternidad, de origen radical, pero luego vecinalista. Jugó cerca de <strong>Julio Cobos</strong> cuando éste fundó el radicalismo K, rompió a medias con el gobierno después del “<strong>voto no positivo</strong>”, se dio un “baño de lavandina” un par de años y se estacionó cerca del <strong>PRO</strong>, y luego aterrizó con Massa. <strong>Como Posse, distribuidos en todo el interior del país hay decenas, y el candidato de Tigre los quiere a todos. </strong><strong>Por ende, lo que Massa construye no es peronismo, o al menos, es peronismo con soda. </strong>Resulta una <strong>construcción no ideológica</strong>, un proceso de acumulación de poder y armado de estructura política sin límites puestos por etiquetas partidarias. Tan bien la viene Posse, como le vendría sumar a<strong> Jorge Macri (PRO)</strong>, como a <strong>Jesús Cariglino</strong>. Palo y a la bolsa.</p>
<p>La estructura formal del peronismo que parece recostarse en Scioli o tal vez en <strong>Sergio Urribarri</strong>, gobernador de <strong>Entre Ríos</strong>, tampoco es tan pura. Primero porque el caso de <strong>Scioli</strong> debe entendérselo como el de un “<strong>peronista sui generis</strong>”, pero además, porque estando controlado por el kirchnerismo, hay vestigios de aquellas transversalidad que dominó su construcción política los primeros años y que sigue teniendo influencia dentro del esquema de poder del espacio.</p>
<p>Veamos un simple ejemplo. La famosa <strong>Ley de Medios</strong>, y su organismo de aplicación el <strong>AFCSA</strong>, son prioridades extraordinarias del peronismo gobernante. Lo han sido los últimos años, y hoy, implican su única victoria ante un desastre electoral. Y la figura rutilante de ese gran espacio de poder es <strong>Martín Sabatella,</strong> <strong>que tiene menos peronismo que el Comité Nacional de la UCR.</strong></p>
<p>Pero además, si Scioli pretende competir seriamente por la presidencia en 2015, debe ampliar su base de construcción de poder político. <strong>Los intendentes oficialistas que todavía le responden en la</strong> <strong>Provincia de Buenos Aires </strong><strong>son los mismos que perdieron la última elección</strong>. La gente de <strong>Mario Ishii</strong> perdió <strong>José C. Paz, Fernando Espinoza </strong>en <strong>La Matanza</strong> y <strong>Hugo Curto</strong> (por paliza) cayó en <strong>Tres de Febrero</strong>.</p>
<p>A nivel gobernadores, aquellos que le responden al justicialismo formal y consiguieron imponerse en la elección pertenecen a provincias sin peso electoral en una presidencial. Está muy bien ganar en <strong>Formosa</strong>, pero el porcentual de electores a nivel nacional de ese distrito para una presidencial es casi irrelevante. E<strong>l distrito más grande que ganó el PJ fue Entre Ríos</strong>, justamente el de <strong>Urribarri</strong>,<strong> el rival interno más fuerte de Scioli.</strong></p>
<p>En <strong>Córdoba</strong>, nadie sabe bien qué camino tomará<strong> José Manuel De la Sota</strong>, pero hacia adentro del peronismo cordobés hay importantes “pases de facturas”, porque si bien ganó la elección, lo hizo con muy pocos votos, muchos menos de los esperados. Así las cosas, Scioli tiene un peronismo “rebajado”, que deberá “aguar” aún más si pretende tener alguna chance electoral en 2015<strong>. La pureza por estos tiempos parece ser más un disvalor que una ventaja</strong>, quedar prisionero de una estructura partidaria, sea cual sea, resulta una limitante feroz en el nuevo escenario político social. La ventaja la tendrá quien sepa leer lo tiempos que se avecinan.</p>
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