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	<title>Horacio Minotti &#187; Julio De Vido</title>
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		<title>El Mesías</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jan 2014 10:47:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Fulano]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si prestamos atención a ciertas conversaciones sobre la realidad de nuestro país, los problemas y las fallas de los gobiernos, detectaremos que muchos de nuestros interlocutores usan la siguiente frase: “<strong>acá tiene que venir alguien que…</strong>”. En ese formato o similar, el concepto se repite. Quienes ya tienen mentalmente definido quién es ese “alguien”, se aventuran un poco más y dicen: <strong>“si estuviera Fulano, tal cosa sería distinta”.</strong></p>
<p>Buscar a “alguien”, o adjudicarle propiedades mágicas a un Fulano, sin analizar qué piensa sobre los más variados aspectos de la realidad que nos envuelve o condiciona, es <strong>un pensamiento mesiánico y a la vez mágico, que nunca o casi nunca, tienen ninguna relación con la realidad.</strong> Es más, en el primero de los casos, el “tiene que venir”, la quita todo carácter decisivo a la voluntad popular, y a la vez nos refugia psicológicamente del eventual fracaso, porque ese alguien “vino”, no es que seamos responsables de que haya venido.</p>
<p><strong>La espera “del salvador” no es saludable</strong>, revela características impropias de una sociedad evolucionada y madura. Es sustancial comprender que nadie “viene” a rescatarnos, que quienes circunstancialmente ocupen el gobierno han sido puestos por nosotros mismos en uso de nuestra soberanía, y su éxito o fracaso nos involucra directamente. Y tan importante como ello es entender que no hay quien pueda gobernar solo o sin proyecto. Votar a una persona por tal es entender que se trata de un mesías, un ser superior al resto que tiene características sobrenaturales para resolver nuestros problemas, es otorgarle condimentos religiosos a la política.</p>
<p><span id="more-507"></span>De tal modo, entregarle nuestro voto a alguien, sin analizar su entorno, o su proyecto de país, conlleva sistemáticamente al fracaso. Quienes votaron por <strong>Néstor</strong> en 2003, ¿se molestaron en saber quiénes eran <strong>Julio De Vido o Carlos Zannini</strong>, por ejemplo? Me atrevo a suponer que muy pocos.</p>
<p><strong> La Argentina no tiene un futuro si los electores no apoyamos y empujamos todos a la vez un proyecto de país.</strong> Por cierto, los ciudadanos de a pie difícilmente tengan el tiempo y los elementos para elaborar ese proyecto, pero lo que sí pueden hacer es exigírselos a los dirigentes antes de darles su voto. Qué país nos proponen y qué caminos sugieren para llegar a él, con qué equipo piensa sustentar ese trabajo, son exigencias mínimas que un ciudadano debe tener para con un dirigente que aspira a gobernarnos.</p>
<p>Por sólo tomar un ejemplo que le cabe a muchos dirigentes. En un periódico de gran circulación del domingo pasado, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, <strong>Daniel Scioli</strong>, dijo: “Sé que la gente me dará una oportunidad y podré hacer un muy buen trabajo”. Muy bien, tal vez sea así, pero ¿oportunidad de hacer qué tipo de “buen” trabajo? ¿Qué quiere hacer Scioli con la Argentina? ¿Lo mismo que hizo en la Provincia? ¿Con qué equipo de trabajo va a resolver el problema de la inseguridad y en base a qué plan? ¿Cómo va a plantear la resolución de los problemas económicos, sociales, el acceso a la Justicia y su eficiencia, la salud y la educación? ¿Por qué se le daría a Scioli una oportunidad si no nos dice para qué la quiere? ¿Por qué habría que creer en él si no sabemos qué quiere hacer y quién lo rodea? El gobernador bonaerense es mencionado solamente a modo de ejemplo, porque muchísimos dirigentes funcionan igual.<strong> Cuando uno los observa y escucha, no termina de saber si están subestimando a los ciudadanos o simplemente no tienen otros recursos.</strong> En cualquiera de ambos casos, la Argentina estará, de seguir en este camino, envuelta en fracasos cíclicos determinados por el azar, la economía internacional, o el precio desmesurado o bajísimo de algún producto surgido de la tierra (como la soja), pero no habrá una gestión estatal con un norte claro y definido, una meta acordada por la mayoría de los ciudadanos, con un conductor convencido de esa meta y de los caminos para alcanzarla.</p>
<p><strong> ¿Cuál es la diferencia entre “la gente me dará una oportunidad” y el “síganme” utilizado por Carlos Menem en su primer campaña presidencial?</strong> ¿Por qué habría que darle la oportunidad o seguirlo sin saber qué quiere hacer o adónde lo estoy siguiendo? Elegir proyectos y equipos de trabajo es el secreto de todo éxito. Y entender que se los elige y no “vienen”. Que es nuestra responsabilidad, tanto que estén como que no estén gobernando. Por supuesto que el líder del proyecto es importante, pero si resulta ser lo único que consideramos, estamos apostando siempre al realismo mágico y multiplicando los fracasos.</p>
<p>Tenemos dos años por delante para definir hacia dónde queremos llevar la Argentina del futuro. Dos años para pensar, analizar a las personas y también sus equipos, su historia, y especialmente su proyecto de país. Si empezamos ahora, es tiempo suficiente. Y <strong>si perdemos el tiempo, si votamos un <em>slogan</em> o una sonrisa o un “anti algo”, seguiremos presos de un espiral interminable que lleva a fracasos periódicos, cada vez más dolorosos y cada vez más irreversibles.</strong></p>
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		<title>No vote mi lista</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Aug 2013 06:33:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Acuerdo Cívico y Social]]></category>
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		<description><![CDATA[Es un caso muy particular el de Elisa Carrió. Es la anticampaña. No por este preconcepto generalizado y ridículo de que la campaña no debe ser enérgica o “agresiva” que se ha adoptado últimamente, basado en el “fenómeno Scioli” que indicaría que lo aconsejable es la tibieza anodina y el mensaje vacío. No concuerdo con eso. La campaña... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2013/08/01/no-vote-mi-lista/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Es un caso muy particular el de <strong>Elisa Carrió.</strong> Es la <strong>anticampaña</strong>. No por este preconcepto generalizado y ridículo de que la campaña no debe ser enérgica o “agresiva” que se ha adoptado últimamente, basado en el “<strong>fenómeno Scioli</strong>” que indicaría que lo aconsejable es la tibieza anodina y el mensaje vacío. No concuerdo con eso. La campaña debe ser lo que el candidato es. Y hay temas que requieren ser evaluados prudentemente y otros con arrolladora energía.</p>
<p>Pero Carrió la emprendió contra otros candidatos con los que selló una alianza, y con los que va a compartir lista. Y en ese punto está el disparate. <strong>Llamó cobardes y blandos a competidores en la primaria del espacio UNEN que conformó hace solamente unos días.</strong> ¿No eran cobardes y blandos cuando cerró su acuerdo hace menos de un mes? Las primarias son algo que nunca se le ha explicado bien al ciudadano, y que encima, los partidos políticos han tratado de tergiversar, llevando casi siempre listas únicas, de modo que el elector no entienda bien por qué vota dos veces lo mismo. Y en ese punto, el espacio UNEN constituyó una excepción: se abrió a dirimir la interna por el voto popular en la<strong> Ciudad de Buenos Aires</strong>, y presentó cuatro listas.</p>
<p><span id="more-319"></span>¿Cómo funciona esto? De acuerdo al voto popular en esta primaria, se definirá cuál será la lista definitiva para la elección general del 23 de octubre, la que realmente determina quién será legislador. Y las dos categorías que se votan (senadores y diputados), se definen de modo diferente. En cuanto a los candidatos a la <strong>Cámara Alta</strong>, que son solamente dos, el que gane la elección llevará ambos candidatos del espacio para la general. Respecto a los candidatos a <strong>Diputados</strong>, la lista definitiva se conformará integrando proporcionalmente a los miembros de las cuatro listas que compiten, de acuerdo con la cantidad de votos recibidos.</p>
<p>Por ende, <strong>Carrió, que es precandidata a diputada, deberá compartir lista, aun en caso de imponerse en esa primaria, con Ricardo Gil Lavedra y Martín Lousteau</strong> <strong>por ejemplo, es decir,</strong> <strong>los “cobardes y blandos</strong>”. Lilita sabe esto perfectamente. ¿Cómo es que comparte una alianza, es decir un espacio que se conforma voluntariamente a pocos días de una elección, con gente que merece tal desprecio? ¿Cuál será su estrategia electoral para la general? ¿Dirá “no vote mi lista, está llena de cobardes y blandos”? O en caso de ganar la primaria y encabezar postulará “vótenme solamente unos 60 mil ciudadanos así soy electa solamente yo”.</p>
<p>En realidad, el suscripto no discrepa demasiado con los conceptos vertidos por Carrió. Es cierto que buena parte de los sectores con los que se ha aliado han sido extremada y sospechosamente complacientes con el poder estos diez años. Incluso su propio candidato a senador nacional, <strong>Pino Solanas</strong>, ha sido casi un apéndice kirchnerista en Diputados. Si se revisan sus votaciones, salvo en los temas de calidad ambiental, <strong>Pino ha sido un oficialista más</strong>. Y tampoco la ha acompañado en sus denuncias.</p>
<p>La diputada Carrió, además, se enojó con los candidatos radicales y se preguntó: ¿cómo puede ser que <strong>Coti Nosiglia</strong> y<strong> Jesús Rodriguez</strong> sigan controlando el <strong>radicalismo</strong> de la Capital? Todos nos hacemos la misma pregunta. Hay una respuesta: forman parte de la reducida oligarquía partidaria que controla absolutamente todo con <em>manu</em> <em>militari</em> desde hace 20 años. Ahora bien, ése es el mismo radicalismo con el que Lilita pactó. Ahora y también en 2009.</p>
<p>En aquella ocasión, acordó justamente con ambos capitostes radicales para conformar lo que llamó el <strong>Acuerdo Cívico y Social</strong> y compartió lista con el mismo Gil Lavedra. Incluso, en la lista de candidatos a legisladores de la Ciudad, que encabezó quien ahora la secunda para diputado nacional en esta elección, <strong>Fernando Sánchez</strong>, incluyó en lugares clave, que terminaron ingresando a la Legislatura a <strong>Rubén Campos</strong>, por impulso de Nosiglia y a <strong>Claudio Pressman</strong>, por iniciativa de Jesús Rodriguez.</p>
<p><strong>¿Por qué pacta Carrió sistemáticamente con esta gente si le resulta tan despreciable?</strong> Personalmente creo que dichos personajes han enterrado para siempre a un partido histórico y centenario que fue clave en los procesos políticos más importantes de la historia argentina. Son, junto con otros cinco o seis de sus colegas, protagonistas de una hazaña épica: destrozar parte de la historia argentina. Pero la blonda legisladora no deja pasar elección sin acordar con esos “buenos muchachos”.</p>
<p>Por otro lado, la referente de la <strong>Coalición Cívica</strong> la emprendió con <strong>Ricardito Alfonsín</strong>, esgrimiendo que en su momento rompió el mencionado Acuerdo Cívico y Social porque <strong>el hijo del prócer “se reunía con</strong> <strong>Julio De Vido</strong>”. ¿Y cuándo se enteró Carrió? ¿Vive en un frasco? Porque eso lo sabía todo el mundo antes de la elección. <strong>Le achaca a Lousteau la resolución 125, la crisis del campo y haber sido K.</strong> ¿Se acuerdo ahora? ¿Por qué no lo hizo antes de pactar la alianza y simplemente no se alió?</p>
<p>Lilita es, en buena parte, como es el resto, porque es producto de “aquella” política. Seguramente más honesta, eso no me atrevería a dudarlo. Pero tiene una concepción autoritaria de la construcción. <strong>Jamás ha permitido elecciones internas en los espacios que condujo.</strong> Ni en el <strong>ARI</strong> ni en la Coalición Cívica.<strong> Ha conformado las listas “a dedo” con sus preferidos.</strong> Y se ha aliado con gente a la que rechaza por conveniencias electoralistas. Como en este caso. Todo (o al menos buena parte) lo que dice, es cierto.</p>
<p>Pero todo (o al menos buena parte) lo sabía con antelación como lo sabe todo el mundo. No robar y hasta denunciar a los que lo hacen, es loable, y en este contexto político, hasta una distinción, una medalla. Pero no puede ser la única virtud. Y en los demás aspectos, <strong>Carrió ha mostrado ser demasiado dependiente de aquello que dice aborrecer.</strong></p>
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