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	<title>Horacio Minotti &#187; Campaña electoral</title>
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		<title>Política, miedo y subestimación</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Nov 2015 03:05:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es sintomático que alguien haga política tratando de infundir temor. Los peores años de la Argentina transcurrieron en un clima de miedo. A decir, a hacer, incluso a haber visto, o a estar en una agenda. El miedo no nos vino solo, nos quisieron dar miedo, trataron de atemorizarnos para que pensásemos o actuáramos de tal o cual modo, para sojuzgarnos. Volver a la política de atemorizar al ciudadano, al votante, para condicionar su conducta es, una vez más, propio de las dictaduras. Podría decirse que jamás un Gobierno elegido por el voto popular tuvo tantas características de una tiranía, en eso el kirchnerismo es realmente especial, único.</p>
<p>Desesperado por el resultado electoral de la presidencial, el oficialismo incrementó su campaña del miedo, que, por cierto, no empezó ahora. Si uno recuerda a aquel pobre empleado de una inmobiliaria que se le ocurrió decirle a un periodista que habían bajado las ventas y la AFIP se le vino encima, mientras la Presidente lo destruía por cadena nacional, uno entiende que la estrategia del miedo no es de hoy. Pensando en la mecánica del temor se me vino a la cabeza Alberto Nisman, no sé bien por qué.</p>
<p>Sin embargo, el juego del terror tiene también sus dificultades. Para infundir miedo el emisor del mensaje debe ser creíble. Decir que determinada persona acarreará sobre nosotros las siete plagas de Egipto necesita que quien lo diga goce de credibilidad, porque se trata de un disparate de tal magnitud que solamente la fe en el emisor puede nublar de tal modo la razón como para hacer creíble el mensaje.<span id="more-738"></span></p>
<p>Por ende, <b>decir que una presidencia de Mauricio Macri traerá al país los peores males de su historia, cuando el emisor es el peor gobernador de la historia de la provincia de Buenos Aires, o agentes asalariados del Gobierno, no causa ningún efecto en la campaña</b>, al menos no lo causa entre los potenciales votantes de Macri. O, al contrario, es efecto rebote: genera aún más distancia, más rechazo hacia el que lo postula.</p>
<p>Se trata una vez más de campaña interna. El kirchnerismo-sciolismo se ha encerrado tanto en sí, se ha reducido tanto, que no consigue leer la realidad, instrumenta estrategias que solamente mueven el amperímetro interno, el de su cada vez más ciega, pero también más reducida militancia. Han virado de un movimiento político a una secta, donde unos a otros se retroalimentan con insumos fantasiosos que sólo ellos consumen, y se espantan unos a otros con fantasmas que solamente ellos ven.</p>
<p>Hacia el exterior de las murallas de la apocalíptica secta k del fin del mundo, el mensaje termina siendo obviamente contraproducente, porque una vez más subestima al ciudadano, el que el domingo 25 de octubre ha demostrado que ya no está para ser subestimado. Ya no teme fantasmas inexistentes y el desprecio por su intelectualidad le resulta bastante molesto.  Los ideólogos de este juego parecen creer que ser humilde o carecer de recursos económicos es sinónimo de estupidez, pero el resultado electoral, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, ha dejado claro que esto no es así, que la sociedad está harta de ser subestimada.</p>
<p>Por otra parte,<b> cuando alguien solicita que se lo elija basándose en “El otro es malísimo”, lo único que desnuda es su carencia de virtudes para ser votado</b>, deja claro que el único motivo por el se lo debería elegir es porque su rival posee cuernos y sostiene un tridente, no tiene nada propio y bueno para exhibir. ¡Soy el menos horroroso, vótenme!</p>
<p>Lo peor de todo es que el objetivo de semejante estrategia no es un absoluto desconocido del cual desconfiar. Es Mauricio Macri, una persona que ha gobernado la ciudad de Buenos Aires, casualmente capital de la república, y por ende a la vista de todo el país, desde hace nada menos que 8 años. Nada de lo que se le achaca como futuras acciones trágicas de su Gobierno nacional ha ocurrido en la ciudad. ¿Ha estado Macri agazapado estos 8 años simulando gobernar bien y especialmente para los menos favorecidos, con el fin de engañar a todos, llegar así a la Presidencia y a partir de allí desayunarse un par de infantes todas las mañanas? Suena un tanto ridículo.</p>
<p>Y para terminar de redondear el escenario, el candidato que pretende llegar basándose en miedo se consigue un especialista extranjero en campaña sucia con procesos por corrupción en más de un país. Podría ser chistoso si no hubiésemos pasado todo lo que pasamos los argentinos, pero termina siendo el final perfecto, el que cierra el círculo de lo que significó el kirchnerismo para la Argentina. A toda orquesta. Esta es la síntesis de los 12 años k. Y la gente lo sabe, lo entiende. La mente es misteriosa, pero por algún motivo creí escuchar la canción que tantas veces oí mientras tomaba la merienda al volver del colegio, cuando empezaba el Correcaminos. En referencia al coyote decía: “Si sigue con sus tontas trampas, se va a matar. Beep-beep”.</p>
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		<title>Macri y la peronización</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Oct 2015 03:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[He venido escuchando y leyendo incesantemente, bajo autoría de pretendidos especialistas en campaña electoral, medios, analistas y políticos, que Mauricio Macri “desperonizó su campaña”, que ahora va a “peronizarla”, y que sube o baja en las encuestas como consecuencia de tales supuestos imprecisos. Para saber si alguien se peroniza o desperoniza hay que subir primero... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2015/10/09/macri-y-la-peronizacion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>He venido escuchando y leyendo incesantemente, bajo autoría de pretendidos especialistas en campaña electoral, medios, analistas y políticos, que Mauricio Macri “desperonizó su campaña”, que ahora va a “peronizarla”, y que sube o baja en las encuestas como consecuencia de tales supuestos imprecisos.</p>
<p>Para saber si alguien se peroniza o desperoniza hay que subir primero una cuesta complicadísima y de múltiples senderos, casi todos conducentes a la nada, que implica definir qué es el peronismo. En principio, <b>soy de la idea de que tal concepto encierra una serie de nociones vinculadas a equiparar las posibilidades de todos los ciudadanos, cualquiera sea su origen, estableciendo principios de justicia social, tanto discursivamente como en los hechos</b>. En definitiva, ese es el gran legado del peronismo a la historia argentina: el establecimiento como ineludibles de una serie de derechos del pueblo que ya nadie niega.</p>
<p>En tal sentido, es harto evidente que Mauricio Macri no necesita peronizar su campaña, dado que ya está altamente peronizada, no solamente desde las declaraciones públicas como candidato, sino especialmente desde sus hechos en el Gobierno en la ciudad de Buenos Aires. <b>No ha habido, si tal es el concepto de peronismo, un Gobierno más peronista que el de Macri en esta ciudad</b>. En retrospectiva histórica, es imposible encontrar un mayor y mejor acceso a la salud y la educación públicas que en la gestión macrista. Es imposible recordar que algún otro Gobierno local se haya empecinado de la forma en que lo hizo el de Macri en hacer progresar con infraestructura las zonas más empobrecidas y postergadas históricamente en la ciudad de Buenos Aires, como La Boca, Barracas o Parque Patricios.<span id="more-725"></span></p>
<p>Por ende, desde esos conceptos, ni lo que dice Macri, ni lo que ha hecho, lo desperoniza, todo lo contrario.</p>
<p>Ahora bien, el peronismo también ha sido, especialmente en los últimos años, desde la recuperación democrática, otras cosas, aparte de esos conceptos ideológicos. Ha sido el responsable de la decadencia de los últimos 25 años. <b>Ha acumulado, entre el Gobierno de Carlos Menem, el interinato de Eduardo Duhalde y los de los Kirchner, 24 años de corrupción generalizada, violencia y pobreza</b>. Ni hablar de la provincia de Buenos Aires. ¿En este sentido Macri debería peronizarse?</p>
<p>Algunos estiman que peronizarse es mostrarse públicamente con referentes peronistas. En dicho esquema, Macri comparte hace años su espacio con dirigentes surgidos de las filas del peronismo como Cristian Ritondo, Diego Santilli o Daniel Lipovetzky, y se ha aliado con otros como Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo y Gerónimo “Momo” Venegas, entre unos cuantos más. ¿No basta eso para que se lo considere peronizado? ¿Con qué peronistas debería mostrarse? ¿Con los que arrasaron el país? ¿Qué clase de garantía es mostrarse peronizado?</p>
<p>Difícilmente alguien pueda considerarse más peronizado que Carlos Menem, de origen estrictamente peronista. Ganó la interna de su partido, que lo llevó a la candidatura presidencial, contra Antonio Cafiero, y lo hizo apoyado por lo más rancio del peronismo histórico: sindicalismo y líderes caudillescos del interior. Y cuando le tocó gobernar, fue la gestión menos peronista de la historia argentina, desde lo económico, mucho más cercana a la de Videla-Martínez de Hoz que a la de Celestino Rodrigo, antes o Jorge Remes Lenicov, después. Entonces, ¿vale peronizarse en campaña?</p>
<p>La última pregunta nos encamina a una nueva duda respecto de la tan mentada peronización. <b>No hay objeciones a que Daniel Scioli es un candidato peronista. Pocos pueden tenerlas sobre que Sergio Massa es otro candidato peronista. Si faltasen variantes de algún tipo, Adolfo Rodríguez Saá también es candidato y peronista. En ese universo, ¿es legítimo pedirle a Macri que se peronice?</b> Porque esto implicaría contar en la oferta electoral con tres candidatos peronistas y otro peronizado, es decir, alguien que pretende mostrarse peronista sin serlo. ¿No implicaría tal conducta subestimar al elector peronista, pretendiendo venderle un peronizado a cambio de un peronista?</p>
<p>Y en la misma hipótesis, ¿es esto conveniente? Porque, en definitiva, sería creer que casi no existen electores que no sean peronistas. “Peronistas somos todos”, dijo el General. Era otra época. La justicia social, el resguardo de los derechos de los trabajadores y los principios de equidad básicos que introdujo el peronismo están presentes en los discursos de todos los candidatos, desde el principio de la campaña. Nadie que los niegue alcanzaría a superar las PASO.</p>
<p><b>Hoy categorizar a los candidatos en peronizados o no peronizados es incluir categorías de análisis anticuadas, descontextuadas y que el elector no considera</b>. Macri no debe entrar en esos juegos, porque aspira a gobernar para todos, a ser el presidente de la unidad, el que abra la puerta al futuro. Para representar al pasado y a fraccionar a la sociedad ya hay más de un candidato. Los principios justicialistas más puros, los que simbolizan su aporte histórico, están hoy no solamente en discurso sino también en los hechos de su gestión, sencillamente observable. Lo demás es para los estrategas, políticos y analistas que atan el futuro de categorías del pasado.</p>
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