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	<title>Graciela Adriana Lara &#187; violencia en las escuelas</title>
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		<title>Las “violencias” y la escuela secundaria</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jun 2015 13:03:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Consejo de convivencia]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace pocos días escuché en una reunión de padres una serie de propuestas de alumnos para “sanciones reparadoras” del Consejo de Convivencia y me quedé pensando en una que decía lo siguiente: “Si el alumno ha cometido una falta gravísima, deberá como castigo hacer caso a lo que le digan sus profesores”. Creo que esa... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/06/29/las-violencias-y-la-escuela-secundaria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace pocos días escuché en una reunión de padres una serie de propuestas de alumnos para “sanciones reparadoras” del Consejo de Convivencia y me quedé pensando en una que decía lo siguiente: “Si el alumno ha cometido una falta gravísima, deberá como castigo hacer caso a lo que le digan sus profesores”<i>.</i></p>
<p>Creo que esa frase dice algo interesante sobre lo que estamos viviendo en las escuelas públicas bonaerenses y que puede relacionarse en cierto modo con lo que el módulo de trabajo destinado a la escuela secundaria <em>Violencias y Escuelas, otra mirada sobre las infancias y las juventudes</em> de UNICEF ha denominado como “las violencias” dentro de la escuela.</p>
<p><strong>Basta con ingresar a un edificio escolar para notar el ruido. El “clima inapropiado” se ha desparramado y extendido, invadido todo, y gran parte de la jornada escolar se dedica a que los chicos ingresen al edificio, salgan al recreo, entren nuevamente a las aulas, tomen asiento, hagan silencio y realicen una serie de actividades que desde el afuera de la comunidad educativa la sociedad ni siquiera pensaría que pudieran generar polémicas</strong>.</p>
<p>Actualmente muchos alumnos deben ser persuadidos para que se comporten como alumnos. Los que trabajamos como profesores nos encontramos con una serie de obstáculos a veces dificilísimos de franquear para poder explicar algo dentro de un salón de clases y ser escuchados. Hay ruido. El famoso ruido que entorpece el circuito de comunicación y evita que esta se produzca. Un ruido que puede tomar la forma de risas, conversaciones, actividades que tienen que ver con el esparcimiento, el celular, Facebook, juegos, música, auriculares, ausencias, piñas, insultos, discusiones, llegadas tarde o, simplemente, echarse sobre un banco a dormir. Batallar contra el ruido como interferencia es interpretarlo como una de las “violencias”. Escuchar al profesor no puede ser interpretado como un “castigo”. Dialogando se entiende la gente. A eso se dedica el Consejo de Convivencia de la escuela.</p>
<p>A través del diálogo permanente, de la conversación, de la escucha atenta, el Consejo de Convivencia se yergue como un David atrevido y bienintencionado, gomera de almohadones de pluma en mano para prevenir, mediar, mitigar y solucionar. Bienintencionado porque funciona <i>ad honorem</i>, coordinado por docentes que no son psicólogos (ni psicopedagogos, ni asistentes sociales ni magos) que utilizan tiempo personal para combatir la discriminación, la violencia verbal y física, la venta y el uso de drogas, el alcoholismo, la desidia, el sufrimiento, el abandono y la soledad. Violencias variopintas, en diferentes grados y colores. Las horas libres, causadas por la dificultad de encontrar suplentes o por las enfermedades físicas o mentales que aquejan a los docentes; la falta de respeto absoluta (o casi) hacia los docentes y hacia cualquier adulto que pretenda entablar una relación asimétrica para comenzar a enseñar; el vocabulario inapropiado; los delitos; el mínimo (o casi mínimo) respeto hacia las normas básicas de convivencia que son las que hacen funcionar la institución escolar (y cualquier institución).</p>
<p>Escribir esto parece exagerado. No lo es. <strong>Ese conjunto de <strong>“</strong>violencias<strong>”</strong> que han ingresado a la escuela son las que hacen el batifondo que denomino <strong>“</strong>ruido<strong>”</strong>. El <strong>“</strong>ruido<strong>”</strong> es el que hace que el <strong>“</strong>clima del aula<strong>”</strong> sea inapropiado</strong>. Y el “clima del aula inapropiado” es el responsable (entre otros factores) de que algunos (¿cuántos?) alumnos no logren aprender y realicen su trayecto, año tras año, sin comprender consignas, sin comprender textos, sin poder realizar operaciones matemáticas simples, y muchos “sin”.</p>
<p>En mi opinión,<strong> absurdos como el que sostiene que escuchar a los profesores es un castigo o que a los docentes les disgusta el peinado o el uso de zapatillas por parte de los chicos (¿a quién se le ocurriría afirmar cosas así en un mundo razonable?) contribuyen a la existencia de “violencias<strong>”</strong>.</strong> En la actualidad, los docentes  estamos en zapatillas y, la verdad, no tenemos ni medios ni tiempo disponible para ocuparnos de los peinados propios o ajenos. Dentro de la escuela nos encontramos con nuestros alumnos, no con &#8220;los adolescentes&#8221;, ni con “los otros”. Dentro de la escuela, docentes, autoridades, equipo de orientación, preceptores, auxiliares, padres y alumnos, somos “nosotros”.</p>
<p>Nuestros alumnos forman parte de la comunidad educativa a la que pertenecemos, y si no lo considerásemos así, probablemente no nos dedicaríamos a trabajar con ellos. Y esto, que suena exagerado también, no puede ser más cierto: entre las “violencias” está la de trabajar sin cobrar un sueldo durante meses y meses o recibiendo descuentos erróneos e inesperados; contar con una obra social que deja mucho que desear; estar dentro de edificios donde hace calor, frío o falta todo, hasta la seguridad.</p>
<p><strong>Se preguntarán cuál es para mí la mayor de las violencias que se dan en la escuela. Es la imposibilidad de enseñar y aprender en forma plena. La ineptitud e ineficacia de los adultos para resolver el problema del “ruido<strong>”</strong> que impide que los chicos aprendan y que todos trabajemos en condiciones dignas en muchos sentidos.</strong> La indiferencia de una sociedad que ha abandonado a sus adolescentes y les ha inculcado la falsa creencia de que el conocimiento no sirve, de que toda figura de autoridad, todo orden, todo método es algo despreciable. Que únicamente se puede considerar escuchar lo que dice un docente bajo la forma de castigo.</p>
<p>De nada sirve desgarrarse las vestiduras ante una juventud que no está capacitada para cumplir el horario de una jornada laboral o respetar las normas de una empresa. Ante una juventud que se anota en las universidades y los terciarios para continuar sus estudios superiores y fracasa en el intento. De nada sirve añorar las amonestaciones, la época donde los pibes cantaban el <em>Himno Nacional Argentino</em> durante los actos patrios y se dirigían a los adultos mayores con respeto. De nada sirve confundirse y creer que los docentes son adversarios y las calificaciones, algo ofensivo que se transformó en la medición de un simulacro. Se necesita abordar seriamente el estudio de “las violencias” que se viven en las escuelas y solucionarlas una por una para terminar con esta situación y formar una juventud que pueda hacer realidad sus sueños. Y para ello, además de “sanciones reparadoras” y docentes con buena voluntad,<strong> se necesitan políticas educativas realistas que sirvan para lograr una verdadera inclusión</strong>.</p>
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		<title>Todos contra los alumnos</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Dec 2014 09:54:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[docente golpeado]]></category>
		<category><![CDATA[envenenamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Escuela]]></category>
		<category><![CDATA[profesor Porro]]></category>
		<category><![CDATA[reconstrucción del tejido social]]></category>
		<category><![CDATA[violencia en las escuelas]]></category>

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		<description><![CDATA[Para comprender una situación es necesario contemplar todos los aspectos involucrados. Últimamente, después de algunos hechos tremendos que tomaron dimensión pública (el presunto envenenamiento del profesor Porro, el video del docente golpeado en Formosa, la pelea de las alumnas de Monte Grande, por mencionar algunos ejemplos), se ha retomado el desagradable hilo narrativo abandonado en... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2014/12/06/todos-contra-los-alumnos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Para comprender una situación es necesario contemplar todos los aspectos involucrados.</p>
<p>Últimamente, después de algunos hechos tremendos que tomaron dimensión pública (el presunto envenenamiento del profesor Porro, el video del docente golpeado en Formosa, la pelea de las alumnas de Monte Grande, por mencionar algunos ejemplos), <strong>se ha retomado el desagradable hilo narrativo abandonado en marzo</strong>, que tenía como protagonistas a los docentes y a los alumnos. <strong>Los &#8220;burros&#8221;, como se repitió hasta la náusea en los medios de comunicación durante los 17 días de paro docente (estos últimos, &#8220;los vagos&#8221;), se han transformado al parecer en homicidas en potencia, en pichones de Circe, en &#8220;salvajes&#8221;.</strong></p>
<p>Quién diría, la vieja antinomia de la civilización y la barbarie, pulida y remozada por las camaritas de los celulares, en televisión.<span id="more-102"></span></p>
<p>Se trata el tema de las &#8220;AULAS SALVAJES&#8221; en mitad de pantalla, ilustrado profusamente por videos en donde se ven chicas agarrándose a las trompadas y a las patadas como si estuvieran en la jaula de UFC. Algunos canales le ponen una nubecita sobre el rostro, por pudor ( han tomado en cuenta que las gladiadoras son menores de edad). Otros difuminan la imagen (han notado que es muy violenta, quizás, como para que la vean los televidentes mientras almuerzan). Otros ponen el video como está, total, para qué ser hipócritas. Lo musicalizan con heavy metal, que combina muy bien. <strong>Mientras desfilan circularmente las imágenes, se habla mal de los alumnos y de los docentes. ¿Y de los padres? Al parecer, por ahora, en el relato de marras, los papis brillan por su ausencia.</strong></p>
<p>Los alumnos, fuera de la escuela, son &#8220;menores&#8221;. No es lo mismo interpretar un intento de asesinato o una agresión física dentro de la escuela que en un boliche, en la calle, en el ámbito familiar. Estemos o no de acuerdo, la comunidad educativa tiene sus reglas, sus protocolos, sus normativas. Obviamente, si se ha incrementado el nivel de violencia en nuestra sociedad, lo mismo pasará adentro de las escuelas, que forman parte del tejido social. <b>En el modo en que está reaccionando la escuela ante este incremento está el problema que hay que resolver, y de eso deberíamos hablar, con seriedad. </b><br />
<b><br />
</b>Así como los docentes no somos superhéroes ni estamos capacitados para reaccionar ante una situación que requiere especialistas en contención (recordemos que los docentes están capacitados para enseñar Matemáticas, Química, Literatura, etc. y no para separar contrincantes ni esquivar golpes), <strong>los alumnos no son &#8220;burros&#8221; ni &#8220;salvajes&#8221;.</strong></p>
<p>Los chicos de la Argentina de 2014 que se comportan de manera violenta (que no son todos, por supuesto) están reaccionando a su manera ante una realidad que los excluye y los agrede, ante la pobreza, la soledad, la disgregación familiar, la ausencia de valores positivos, los mensajes contradictorios que les envía el mundo adulto.</p>
<p>Todos estamos de acuerdo en que la Escuela está cumpliendo actualmente la función de CONTENER. Todos estamos de acuerdo con que los docentes deben ENSEÑAR los saberes y herramientas necesarias para que sus alumnos egresen siendo ciudadanos responsables y capaces de ingresar en el mundo laboral o continuar sus estudios superiores.<b> Falta algo</b>, a todas luces. <b>Los docentes que están conteniendo, no pueden enseñar al mismo tiempo.</b>O, por lo menos, no pueden hacerlo de la mejor manera.</p>
<p>En lugar de continuar descalificando, insultando y echando leña al fuego, incorporemos a las escuelas personal capacitado para contener: es imprescindible y urgente. Una vez que los alumnos estén &#8220;contenidos&#8221; por quienes saben hacerlo, se podrá comenzar a recorrer el camino arduo que los especialistas llaman &#8220;reconstrucción del tejido social&#8221;. <strong>Así, en el futuro, tal vez haya menos chicos que necesiten ser &#8220;contenidos&#8221; y las aulas dejen de ser &#8220;salvajes&#8221; para ser lugares cálidos en donde se construya aprendizaje con respeto y, a veces, los alumnos hagan travesuras.</strong></p>
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