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	<title>Graciela Adriana Lara &#187; docente</title>
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		<title>Docente, decime qué se siente</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jul 2014 11:01:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Falta poco para las vacaciones de invierno -en CABA y provincia de Buenos Aires, al menos.  Como era de esperar, dos paros (uno para antes, otro para después) ya fueron anunciados. Entre el cantito de &#8220;Brasil, decime qué se siente&#8221; y las frases sobre lo que puede hacer Mascherano, desdibujados, los anuncios de la disconformidad, del reclamo perpetuo, del lamento lánguido, aparecen en los diarios, pequeños, llevando como la cola de un cometa la sarta de comentarios agresivos y denigrantes que caracteriza cualquier publicación que lleve la palabra &#8220;docente&#8221; en el título: &#8221;Vayan a trabajar, vagos&#8221;, &#8220;Tres meses de vacaciones&#8221;, &#8220;No tienen vocación&#8221;, &#8220;Manga de ignorantes&#8221;, &#8220;Se rascan a cuatro manos&#8221;, &#8220;Están de licencia perpetua y por cada uno hay tres cobrando&#8221;, &#8220;Alumnos rehenes&#8221;, &#8220;Los chicos cada vez más burros&#8221;, &#8220;Si tanto les molesta cobrar poco por qué no se buscan otro trabajo&#8221;, &#8220;Trabajan cuatro horitas&#8221;.<strong> Es la esencia, sin las malas palabras.</strong></p>
<p>¿Los comentaristas de los diarios reflejan la opinión pública? ¿Son el &#8220;termómetro&#8221; de lo que piensa la sociedad? Sería interesante analizarlo: si alguien se tomara el trabajo de leer los comentarios de todos los diarios, descubriría que los &#8220;comentaristas destacados&#8221; son una porción pequeña de la población lectora de periódicos, bastante estable. Hay comentaristas de notas políticas, de fútbol, de espectáculos. De notas sobre educación. Comentaristas que uno puede predecir que aparecerán, exultantes, escribiendo que los docentes son una especie de delincuentes que, a propósito, deja a la juventud de este país sumida en la ignorancia. ¿Qué se siente leyendo esas cosas? Se siente mal.</p>
<p><strong>El paro es una forma lícita de protesta. Es la única forma de hacer visible, al parecer, el problema que atraviesan los docentes de las escuelas públicas de la provincia de Buenos Aires</strong>. Y ese problema es complejo. Si los docentes gozaran de tres meses de vacaciones pagas, licencias indefinidas y les pagaran por cuatro horitas de no hacer absolutamente nada, difícilmente harían paros. Sería una cosa bastante extraña encontrar miles de personas malvadas, tácitamente puestas de acuerdo para sumergir al alumnado de bajos recursos en la ignorancia y desidia&#8230; y si eso fuera posible, tampoco necesitarían hacer paro.</p>
<p>Las escuelas tienen problemas de infraestructura. Un aula digna es fundamental para poder enseñar y aprender. Los docentes tenemos variados problemas con nuestro sueldo, no sólo con que es escaso y quedó por debajo de lo que se necesita para vivir dignamente. Muchos no cobran, a pesar de que trabajan. O cobran mal. La obra social de los docentes deja mucho que desear, por decirlo diplomáticamente.</p>
<p><strong>Y hay algo que no se dice: los docentes enfrentamos día a día el inmenso, monumental y heroico trabajo de contener al alumnado en primer lugar, para luego poder enseñar.</strong> Ninguna persona ajena a la realidad de lo que sucede en las escuelas tiene idea de la importancia de esa tarea, de lo difícil que es hacerla, de lo desgastante -aunque reconfortante- que es llevarla a cabo. Es cierto: no todos los docentes la realizan, o no todos en el mismo grado. No todos están dispuestos, ni todas las situaciones son las mismas. <strong>Contener implica algo que va más allá de la preparación académica de un docente: involucra sus emociones, involucra involucrarse, con todo lo que eso implica. Ponerle el corazón al chico que no comió, que está solo, que es maltratado, que está enojado, furioso, que no está en condiciones de sentarse tranquilamente en su sillita y ponerse a escuchar cómo se conjugan los verbos regulares</strong>. Nadie lo dice, ningún libro te lo enseña, no figura en los textos ni en las materias pedagógicas de la facultad, enfrentás la situación cuando aparece, día a día, al entrar al salón de clases e intentar comenzar a explicar un contenido ante un grupo de chicos que no quiere escuchar &#8220;porque&#8221;. Sí, &#8220;porque&#8221;. La tarea entonces, del docente, es investigar cómo continúa ese &#8220;porque&#8221; para completar la frase, buscarle una solución y, por fin, poder dar la clase en forma eficiente. Hay que ser docente para saber qué se siente explicar los verbos regulares ante una clase y que los chicos los aprendan, una vez develado y superado ese &#8220;porque&#8221;. Se siente fenomenal.</p>
<p><strong>En el reclamo, se pide más dinero para los comedores escolares. Dar algo más que un mate cocido y un pedazo de pan es una manera de finalizar un &#8220;porque&#8221; y solucionar el problema</strong>: &#8220;No pueden aprender porque no comieron nada&#8221;. En mis últimos textos, pido algo que solucionaría otro &#8220;porque&#8221;, pero no se puede incluir en los motivos del paro: la ayuda de los señores padres en la tarea de educar a los chicos. Lindo sería un paro hasta que los padres se hagan cargo de sus responsabilidades como padres. &#8220;No pueden aprender porque creen que el saber no sirve para nada&#8221;. &#8220;No pueden aprender porque creen que los docentes son unos vagos despreciables que no tienen ningún saber respetable que transmitirles&#8221;, &#8220;no pueden aprender porque en la casa tienen infinidad de problemas&#8221;, &#8220;porque los papás no se preocupan ni siquiera de que tengan útiles&#8221;, y así seguiría la lista. Es una falacia sostener que los chicos no aprenden porque los docentes no les enseñan a propósito. Puedo pensar en malos docentes, pero las escuelas exceden la individualidad, son instituciones que van más allá de las personas que trabajan en ellas. Todos hemos tenido buenos y malos docentes a lo largo de nuestra vida, cualquiera sea nuestra edad. No se puede generalizar sin faltar a la verdad.</p>
<p><strong>Docente, decime qué se siente. Se siente que el paro de principio de año no sirvió para nada.</strong> Se siente que uno no tiene derecho. Que la gente derrama sobre nosotros una catarata de agresiones. Que estamos remando solos contra múltiples cosas que nos superan. Que se vienen nuevos paros. Que contener cada vez es más desgastante y difícil.</p>
<p>Como siempre, se siente mal.</p>
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		<title>Ser o no ser estudiante, ésa es la cuestión</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jul 2014 11:09:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Bachillerato de Bellas Artes de La Plata]]></category>
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		<category><![CDATA[Paula Mesa]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días fui convocada por el Bachillerato de Bellas Artes de La Plata: se cumplen 25 años desde que egresé de la institución. Con una sonrisa, leí en el bello programa donde figuraba mi nombre, que éramos la promoción XXX. En una ceremonia emotiva e inolvidable, me encontré asombrada ante un grupo de adolescentes que, desde el escenario del salón de actos, interpretaron en nuestro honor, un tango. Su profesora, Paula Mesa, egresada de mi promoción, había logrado darles la libertad de tocar sus instrumentos admirablemente, de cantar: durante unos minutos fuimos todos estudiantes, atemporales, felices, bañados por la música que borró edades e historias.</p>
<p>Me quedé pensando en ellos: para tocar un instrumento con libertad, es preciso pasar años practicando, estudiando, ensayar. <strong>Para ser músico, es preciso ser estudiante.</strong></p>
<p><span id="more-71"></span></p>
<p>Hace 25 años, los alumnos de Bellas Artes sabíamos que debíamos esforzarnos y practicar para desarrollar habilidades: todos éramos estudiantes. No serlo podía significar tener que abandonar esa escuela. Por otro lado, hace 25 años, como señaló una de mis compañeras graduadas, no se podía elegir libremente en Bellas Artes ofrecer un tango. <strong>Fuimos la promoción que entró con la democracia, tomó tiempo que las cosas cambiaran. Los que nos dedicamos a la docencia sabemos que hubo muchísimos cambios en las escuelas, buenos y no tanto.</strong> Fue una alegría saber, mirando a esos chicos que nos lanzaban miradas entre tímidas y burlonas, que el espíritu de mi escuela sigue vigente, que los cambios fueron buenos y que sus alumnos siguen siendo estudiantes, como lo fuimos nosotros.</p>
<p>Se preguntarán a qué me refiero con &#8220;ser estudiante&#8221;. En mi opinión, <strong>el mero hecho de que un niño o un adolescente esté adentro de una escuela no lo hace &#8220;estudiante&#8221; mágicamente.</strong> Para mí, una de las cosas que ha cambiado para mal en los últimos 25 años, es que los adultos <strong>hemos puesto en un lugar secundario el enseñar la importancia de ser &#8220;estudiantes&#8221;</strong> a los niños y adolescentes y no asumimos la culpa de las consecuencias que eso ha ocasionado. Lo voy a explicar, sean pacientes.</p>
<p>Si un niño sólo come comida chatarra, por ejemplo, y se enferma, la culpable es su mamá. Nadie en su sano juicio le echaría la culpa al chico: no se debe permitir a los niños hábitos inconvenientes para su salud. Si un niño fuma o bebe alcohol, todos estaríamos de acuerdo: estamos ante algo que está mal. Sus padres serían culpables. Si un niño se niega a aprender a leer y a escribir, a sumar, a restar, a saber que vive en Argentina, a oprimir el botón &#8220;power&#8221; para prender la tele, a usar el control remoto&#8230; evidentemente algo está muy mal. Si un niño o adolescente se niega a leer, a hacer el esfuerzo de comprender algún texto, no intenta escribir en forma coherente algo con un grado mínimo de formalidad&#8230; ¿quién es el culpable de habérselo permitido? ¿Quién no le ha hecho entender las inmensas e importantes cosas que se pierde? ¿En qué momento la sociedad ha dejado de considerar que eso está terriblemente mal?  <strong>Para ser libre de estudiar lo que me apetezca (o no estudiarlo), de investigar, de leer o dejar de leer, debo poseer esa habilidad, que demanda práctica y esfuerzo</strong>. Para tocar el piano y acompañar un tango, debo haber estudiado, practicado y ensayado durante años. Alguien ha olvidado enseñarle a ese jovencito imaginario de mi ejemplo la importancia de ser estudiante, tan crucial como la de no alimentarse exclusivamente de grasas ni ser fumador.</p>
<p>En las  universidades y en los terciarios hay que entender los textos para poder aprender. Para ingresar en un trabajo hay que llenar formularios, superar entrevistas en donde hay que hablar y escribir. El joven que desee hacer algunas de estas cosas y descubra que no posee las habilidades necesarias, deberá cambiar su actitud y desarrollar en corto tiempo las habilidades que podría haber cultivado durante los doce o trece años que duró su educación formal. O dedicarse a otra cosa, que no demande esas habilidades. Se puede vivir sin saber tocar el piano. Se puede vivir sin saber leer, pero no estaríamos hablando de libertad en ese caso.</p>
<p><strong>Como sociedad, deberíamos replantearnos las &#8220;libertades&#8221; que estamos permitiendo a los niños y dejar de confundirlas con sus &#8220;derechos&#8221;.</strong> Los chicos deben alimentarse en forma saludable por su bien (la palabra &#8220;alumno&#8221; quiere decir &#8220;el que es alimentado intelectualmente&#8221;, ya que menciono los alimentos). Deben ejercitarse y no ser sedentarios. Deben aprender a comunicarse, las cosas relativas a su cultura, deben jugar, leer leyendas, cuentos, novelas, hacer cuentas, resolver problemas, escuchar música, dibujar, diferenciar lo que es bueno y lo que es malo, lo que conviene y lo que no conviene para poder, en el futuro (que es su futuro) ser adultos jóvenes libres y responsables.</p>
<p>Si le damos la posibilidad a alguien de elegir no hacer el esfuerzo por aprender, le damos pruebas a carpeta abierta con preguntas previamente conocidas, aceptamos pasivamente que su escritura sea incoherente y plagada de errores de ortografía, estamos haciendo lo mismo que si le decimos que no es necesario lavarse los dientes, levantarse por las mañanas, bañarse, desayunar saludablemente, ir a la escuela, estudiar&#8230; en definitiva, estamos haciendo todo lo posible para que esa persona no sea saludable ni libre.  Un chico dormido o jugando al counter al lado de un piano no es un estudiante, es un chico. Un chico que probablemente no será ni bueno ni malo tocando el piano, porque no podrá hacerlo.</p>
<p>Estudiante: el que estudia algo. Del verbo estudiar: dedicarse con atención, con aplicación, con celo a algo. <strong>Como si fuera un maleficio, la idea de que aprender demanda esfuerzo ha dejado de ser natural y se desparrama la idea contraria, poderosa.</strong> Muchísimos chicos se niegan a dedicarse con atención a estudiar. Como docente, debo enseñar la importancia de ser estudiante para poder comenzar a enseñar.</p>
<p>Sonó el timbre del recreo en el Bachillerato, mientras continuábamos dándonos besos, abrazos, y exclamando &#8220;¡Estás igual!&#8221;, en una postal digna de ser musicalizada con lo mejor de los 80. Estremecidos por un escalofrío, los de la promoción XXX contemplamos la salida de los estudiantes. El presente joven pasó por entre nosotros,  que somos también presente, pero adulto. Estábamos en nuestra escuela. Fue fenomenal; <strong>aprendí allí a ser libre responsablemente, elijo gracias a eso trabajar hoy enseñando el valor que tiene esa libertad. Gracias totales.</strong></p>
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