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	<title>Graciela Adriana Lara &#187; derechos</title>
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		<title>Cuando suene el timbre</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Sep 2015 03:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Los alumnos decidirán si ingresan al aula cada vez que suene el timbre&#8221;. El titular, que pertenece al diario Elentrerios.com, podría ser un chiste. ¿El tiempo verbal es correcto? ¿Se trata de una publicación satírica? ¿De una ficción? La nota detalla (y critica) una propuesta simple: Los alumnos podrán, además de contar con casi cuarenta... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/09/21/cuando-suene-el-timbre/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elentrerios.com/politica/los-alumnos-decidiran-si-ingresan-al-aula-cada-vez-que-suene-el-timbre.htm">&#8220;Los alumnos decidirán si ingresan al aula cada vez que suene el timbre&#8221;</a>. El titular, que pertenece al diario <i>Elentrerios.com</i>, podría ser un chiste. ¿El tiempo verbal es correcto? ¿Se trata de una publicación satírica? ¿De una ficción?</p>
<p>La nota detalla (y critica) una propuesta simple: Los alumnos podrán, además de contar con casi cuarenta inasistencias durante el año para utilizar a gusto y placer, decidir su asistencia a clases durante la jornada educativa. “Me gusta Matemáticas, voy”. “No me gusta, me quedo andá a saber dónde y bajo la responsabilidad de quién (haciendo vaya a saber qué cosa)”. Esta propuesta (y muchos otros proyectos y directivas acerca de lo que debe suceder dentro de una escuela) se basa en <b>la inclusión entendida en su forma más aberrante: estar, de vez en cuando, algunas horas adentro de un edificio escolar.</b></p>
<p>La opinión acerca de si es placentero, divertido o fácil estudiar no parece haber cambiado con el tiempo. No es raro escuchar a los adultos decir: “Cuando era adolescente, estudiaba porque en mi casa, si me llevaba alguna materia, cobraba”. No se estudiaba por gusto, en general era por obligación. En otras épocas, llegar tarde, hacerse la rata, no aprender adrede eran la excepción y no la regla.</p>
<p>No olvido la educación en tiempos de dictadura militar. Por supuesto, no estoy añorando tiempos espantosos repletos de censura y de miedo. Escribo sobre inclusión y sobre cómo cambió la tarea de enseñar, palabra que ha adquirido un matiz negativo a causa de un pasado que no debemos olvidar ni repetir.<span id="more-145"></span></p>
<p>Un adolescente del siglo XXI es diferente a los que vivieron en otras décadas, porque el contexto en el que se inserta es diferente. Las familias cambiaron y la tecnología brinda posibilidades que antes no existían, pero la adolescencia continúa siendo la etapa de ebullición, de torpeza corporal, de confusión y desazón, de enamoramientos. <b>Creer que un adolescente, por el mero hecho de que tiene un celular en la mano, está capacitado para decidir si aprende o no en la escuela es una verdadera ingenuidad</b>. Los jóvenes de hoy continúan necesitando la guía de los adultos, la sensación de seguridad que dan los límites claramente demarcados, las obligaciones, derechos y responsabilidades. El adolescente vive en el presente, rara vez piensa en el futuro, aunque sea el propio. Sencillamente, porque es adolescente.</p>
<p><b>En lugar de permitir que los chicos no ingresen a las aulas, mejoremos lo que sucede dentro de ellas.</b> El adolescente ideal que maneja su presentismo, su trayectoria escolar, su aprendizaje e intereses y planifica su futura carrera profesional no existe. Eso lo hacen los adultos jóvenes que recibieron una educación adecuada durante su adolescencia.</p>
<p><b></b>A la manera de quien ideó el proyecto entrerriano, podríamos proponer absurdamente abrir dentro de las escuelas salones de contención inclusiva. Se solucionaría el dramático problema docente de evaluar y calificar situaciones incalificables todos los santos trimestres, de un plumazo. Podríamos cambiar las planillas (que muchas veces dicen “año 19” y “bolilla N” y traen demasiados casilleros) por otras multicolores, alegres, donde no hubiera aprendizajes que medir sino emoticones divertidos. Los docentes (o los compañeros) podrían decirle a los alumnos que no desean participar de las clases o están perturbando el clima áulico : “Estimado, ¿no prefiere retirarse al salón de contención inclusiva a hacer lo que está haciendo, para que podamos continuar con la clase?0”</p>
<p><b>La mayor objeción a este tipo de ideas es que, si continuamos presentando el aprendizaje como hasta ahora, probablemente  </b><b>quedarán muy pocos chicos adentro de las aulas</b>, aunque quizás para los ideólogos de las propuestas de este tipo eso no sea un problema. Otro detalle que se me ocurre tiene que ver con que en el modelo de examen de ingreso de la Universidad de la Matanza del año pasado, por tomar un ejemplo al azar, hay un texto de Teun van Dijk. Los chicos que elijan no entrar, probablemente, no lograrán comprenderlo. Tampoco podrán cumplir con la pretensión de esta y otras universidades acerca de la corrección ortográfica y la producción de textos coherentes.</p>
<p><b>Ni los niños ni los adolescentes están capacitados para decidir no aprender</b>, aunque la afirmación suene autoritaria. El chico que toma estas decisiones y se abandona al mero vegetar adentro de un edificio intentará en un futuro acceder a la universidad y no podrá. Intentará leer y no entenderá. Se presentará a una entrevista de trabajo y no lo conseguirá. Y, además de lamentar el haber tomado tan malas decisiones durante su adolescencia, culpará a los adultos responsables de su educación por habérselas permitido, con toda la razón del mundo.</p>
<p>Es hora de tomar el problema de los cambios que se necesitan en la escuela secundaria de forma seria. <b>Relajar normas básicas únicamente excluye</b>. Interpretar cualquier límite como autoritarismo o el aprendizaje como algo banal e innecesario excluye. Vaciar de significado el horario de entrada, el sonido del timbre, la puntualidad y la participación en las clases excluye. El adolescente del siglo XXI expresa la confusión de valores y comportamientos contradictorios de muchos adultos del siglo XXI, que creen que educar a un joven consiste en librarlo a su buena suerte, que es lo mismo que dejarlo solo.</p>
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		<title>Ser o no ser estudiante, ésa es la cuestión</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jul 2014 11:09:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Bachillerato de Bellas Artes de La Plata]]></category>
		<category><![CDATA[derechos]]></category>
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		<category><![CDATA[Paula Mesa]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días fui convocada por el Bachillerato de Bellas Artes de La Plata: se cumplen 25 años desde que egresé de la institución. Con una sonrisa, leí en el bello programa donde figuraba mi nombre, que éramos la promoción XXX. En una ceremonia emotiva e inolvidable, me encontré asombrada ante un grupo de adolescentes que, desde el escenario del salón de actos, interpretaron en nuestro honor, un tango. Su profesora, Paula Mesa, egresada de mi promoción, había logrado darles la libertad de tocar sus instrumentos admirablemente, de cantar: durante unos minutos fuimos todos estudiantes, atemporales, felices, bañados por la música que borró edades e historias.</p>
<p>Me quedé pensando en ellos: para tocar un instrumento con libertad, es preciso pasar años practicando, estudiando, ensayar. <strong>Para ser músico, es preciso ser estudiante.</strong></p>
<p><span id="more-71"></span></p>
<p>Hace 25 años, los alumnos de Bellas Artes sabíamos que debíamos esforzarnos y practicar para desarrollar habilidades: todos éramos estudiantes. No serlo podía significar tener que abandonar esa escuela. Por otro lado, hace 25 años, como señaló una de mis compañeras graduadas, no se podía elegir libremente en Bellas Artes ofrecer un tango. <strong>Fuimos la promoción que entró con la democracia, tomó tiempo que las cosas cambiaran. Los que nos dedicamos a la docencia sabemos que hubo muchísimos cambios en las escuelas, buenos y no tanto.</strong> Fue una alegría saber, mirando a esos chicos que nos lanzaban miradas entre tímidas y burlonas, que el espíritu de mi escuela sigue vigente, que los cambios fueron buenos y que sus alumnos siguen siendo estudiantes, como lo fuimos nosotros.</p>
<p>Se preguntarán a qué me refiero con &#8220;ser estudiante&#8221;. En mi opinión, <strong>el mero hecho de que un niño o un adolescente esté adentro de una escuela no lo hace &#8220;estudiante&#8221; mágicamente.</strong> Para mí, una de las cosas que ha cambiado para mal en los últimos 25 años, es que los adultos <strong>hemos puesto en un lugar secundario el enseñar la importancia de ser &#8220;estudiantes&#8221;</strong> a los niños y adolescentes y no asumimos la culpa de las consecuencias que eso ha ocasionado. Lo voy a explicar, sean pacientes.</p>
<p>Si un niño sólo come comida chatarra, por ejemplo, y se enferma, la culpable es su mamá. Nadie en su sano juicio le echaría la culpa al chico: no se debe permitir a los niños hábitos inconvenientes para su salud. Si un niño fuma o bebe alcohol, todos estaríamos de acuerdo: estamos ante algo que está mal. Sus padres serían culpables. Si un niño se niega a aprender a leer y a escribir, a sumar, a restar, a saber que vive en Argentina, a oprimir el botón &#8220;power&#8221; para prender la tele, a usar el control remoto&#8230; evidentemente algo está muy mal. Si un niño o adolescente se niega a leer, a hacer el esfuerzo de comprender algún texto, no intenta escribir en forma coherente algo con un grado mínimo de formalidad&#8230; ¿quién es el culpable de habérselo permitido? ¿Quién no le ha hecho entender las inmensas e importantes cosas que se pierde? ¿En qué momento la sociedad ha dejado de considerar que eso está terriblemente mal?  <strong>Para ser libre de estudiar lo que me apetezca (o no estudiarlo), de investigar, de leer o dejar de leer, debo poseer esa habilidad, que demanda práctica y esfuerzo</strong>. Para tocar el piano y acompañar un tango, debo haber estudiado, practicado y ensayado durante años. Alguien ha olvidado enseñarle a ese jovencito imaginario de mi ejemplo la importancia de ser estudiante, tan crucial como la de no alimentarse exclusivamente de grasas ni ser fumador.</p>
<p>En las  universidades y en los terciarios hay que entender los textos para poder aprender. Para ingresar en un trabajo hay que llenar formularios, superar entrevistas en donde hay que hablar y escribir. El joven que desee hacer algunas de estas cosas y descubra que no posee las habilidades necesarias, deberá cambiar su actitud y desarrollar en corto tiempo las habilidades que podría haber cultivado durante los doce o trece años que duró su educación formal. O dedicarse a otra cosa, que no demande esas habilidades. Se puede vivir sin saber tocar el piano. Se puede vivir sin saber leer, pero no estaríamos hablando de libertad en ese caso.</p>
<p><strong>Como sociedad, deberíamos replantearnos las &#8220;libertades&#8221; que estamos permitiendo a los niños y dejar de confundirlas con sus &#8220;derechos&#8221;.</strong> Los chicos deben alimentarse en forma saludable por su bien (la palabra &#8220;alumno&#8221; quiere decir &#8220;el que es alimentado intelectualmente&#8221;, ya que menciono los alimentos). Deben ejercitarse y no ser sedentarios. Deben aprender a comunicarse, las cosas relativas a su cultura, deben jugar, leer leyendas, cuentos, novelas, hacer cuentas, resolver problemas, escuchar música, dibujar, diferenciar lo que es bueno y lo que es malo, lo que conviene y lo que no conviene para poder, en el futuro (que es su futuro) ser adultos jóvenes libres y responsables.</p>
<p>Si le damos la posibilidad a alguien de elegir no hacer el esfuerzo por aprender, le damos pruebas a carpeta abierta con preguntas previamente conocidas, aceptamos pasivamente que su escritura sea incoherente y plagada de errores de ortografía, estamos haciendo lo mismo que si le decimos que no es necesario lavarse los dientes, levantarse por las mañanas, bañarse, desayunar saludablemente, ir a la escuela, estudiar&#8230; en definitiva, estamos haciendo todo lo posible para que esa persona no sea saludable ni libre.  Un chico dormido o jugando al counter al lado de un piano no es un estudiante, es un chico. Un chico que probablemente no será ni bueno ni malo tocando el piano, porque no podrá hacerlo.</p>
<p>Estudiante: el que estudia algo. Del verbo estudiar: dedicarse con atención, con aplicación, con celo a algo. <strong>Como si fuera un maleficio, la idea de que aprender demanda esfuerzo ha dejado de ser natural y se desparrama la idea contraria, poderosa.</strong> Muchísimos chicos se niegan a dedicarse con atención a estudiar. Como docente, debo enseñar la importancia de ser estudiante para poder comenzar a enseñar.</p>
<p>Sonó el timbre del recreo en el Bachillerato, mientras continuábamos dándonos besos, abrazos, y exclamando &#8220;¡Estás igual!&#8221;, en una postal digna de ser musicalizada con lo mejor de los 80. Estremecidos por un escalofrío, los de la promoción XXX contemplamos la salida de los estudiantes. El presente joven pasó por entre nosotros,  que somos también presente, pero adulto. Estábamos en nuestra escuela. Fue fenomenal; <strong>aprendí allí a ser libre responsablemente, elijo gracias a eso trabajar hoy enseñando el valor que tiene esa libertad. Gracias totales.</strong></p>
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