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	<title>Graciela Adriana Lara</title>
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		<title>Cómo ser un pequeño saltamontes</title>
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		<pubDate>Thu, 19 May 2016 12:28:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esto es más o menos lo que les digo a esos chicos de mis clases que contestan a la pregunta “¿Qué vas a ser cuando seas grande?” con “médico”, “arquitecto” o “neurocirujana”, con los auriculares puestos y la carpeta hecha un bollo, mientras piden a los gritos que alguien les preste una lapicera. “Querido alumno:... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2016/05/19/como-ser-un-pequeno-saltamontes/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="left">Esto es más o menos lo que les digo a esos chicos de mis clases que contestan a la pregunta “¿Qué vas a ser cuando seas grande?” con “médico”, “arquitecto” o “neurocirujana”, con los auriculares puestos y la carpeta hecha un bollo, mientras piden a los gritos que alguien les preste una lapicera.</p>
<p align="left">“Querido alumno: venir a la escuela no es sólo venir de vez en cuando a discutir conmigo si tuviste ganas de ponerte ojotas o andar con toda la panza afuera, desafiando las reglas del Consejo de Convivencia por millonésima vez. Venir a la escuela tiene que ver con hacer realidad tus sueños futuros. Dale, reite. Recién me contestaste que querías ser médico (o arquitecto, o neurocirujana, o lo que sea que hayan contestado). Bueno, <strong>vos venís a la escuela para prepararte para cumplir tu sueño</strong>”. Y al llegar ahí uso un discursito que durante décadas me resultó infalible.</p>
<p align="left">“Supongamos que en lugar de médico, vos decís que querés ser luchador del UFC. Campeón. El mejor. Bueno, para lograr eso deberías entrenar mucho, ¿no es cierto? Deberías aprender varias artes marciales, primero. Supongamos que comenzás hoy, que esta es tu primera clase de, digamos, kung fu. ¿Podrías venir vestido como vos querés? No, por supuesto, hay reglas para eso. ¿Podrías estar con auriculares en tu cuello o en tus orejas? Tampoco. ¿Podrías estar tirado en el piso, con el celular, whatsappeando con tu novia o novio? Menos. ¿Podrías interrumpir a cada rato porque tenés ganas o echarte a dormir en el medio del salón? El profesor te diría que no estás participando de la clase o te llamaría la atención. Tu conducta significaría una pérdida de tiempo para todos, una molestia. Ni siquiera hace falta decir que no aprenderías absolutamente nada de kung fu.<span id="more-170"></span></p>
<p align="left">Supongamos que, insólitamente, el profesor no te dijera nada y te dejara hacer lo que querés. Y pasara un año y vos continuaras en la clase de kung fu escuchando música y con la whatsappeada y las ojotas, jodiendo con los pibes y paveando en lugar en entrenar y aprender<strong>. ¿Qué te parecería si el profesor, en diciembre,<strong> en una ceremonia, </strong>te entregara el cinturón negro y te dijera que estás preparado para un torneo?</strong>”</p>
<p align="left"><strong>El otro día una chica me contestó que el profesor sería un corrupto, reverendo hijo de p&#8230;, si hiciera eso. Cuando los pequeños saltamontes dicen cosas así, soy yo la que se queda pensando.</strong></p>
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		<title>Los adolescentes, entre el centeno y sin guardián</title>
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		<pubDate>Fri, 06 May 2016 08:57:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A veces me toca presenciar el cambio de conducta, pero lo que más me impresiona es el cambio en el rostro. Caritas que aplaudieron entusiastas el final de alguna lectura, que bajaron ojos emocionados al recibir elogios, se vuelven grises. La mirada pierde el aura que le da la inocencia, se vuelve turbia. Y el... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2016/05/06/los-adolescentes-entre-el-centeno-y-sin-guardian/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A veces me toca presenciar el cambio de conducta, pero lo que más me impresiona es el cambio en el rostro. Caritas que aplaudieron entusiastas el final de alguna lectura, que bajaron ojos emocionados al recibir elogios, se vuelven grises. La mirada pierde el aura que le da la inocencia, se vuelve turbia. Y el chico, luego de pasar más o menos años “portándose mal” dentro del aula, corta la conexión con la escuela, porque ahora siente vergüenza.</p>
<p>El abandono no es abrupto, pero tarde o temprano sucede. Lamentablemente, la escuela gimotea aliviada ante otro problema espantoso que fue incapaz de resolver.</p>
<p>¿Qué se hace dentro de un espacio cerrado con 20, 25, 30, 35 o más adolescentes que provienen de diversas realidades? <b>Chicos que saben (o no saben) distintas “cosas escolares”, que se niegan a quitarse los auriculares y a abandonar sus celulares (“un ratito, es porque estoy explicando algo importante y quiero que entiendas, por favor”), chicos que se duermen cerrando los ojos más o menos, porque se quedaron toda la noche navegando en internet, buceando, buscando y buscando en el único campo que creen despejado y que en realidad está plagado de peligros y es el campo de centeno, pero sin guardián.<span id="more-162"></span></b></p>
<p>Cuando la escuela respira impotente, me agobian las preguntas y me pierdo yo también. ¿Qué hace un adulto ahí encerrado, rodeado de adolescentes que no quieren estar ahí, que se sienten mal por cualquier tipo de razón, que están enojados por cualquier otro tipo de razón, que se comportan en forma extraña, porque quizás consumieron alguna sustancia prohibida, que se aburren soberanamente, que no le ven sentido alguno a estar ahí, pero tampoco al estar en algún otro lugar en ese exacto momento?</p>
<p>Esta semana me la pasé escuchando dentro de mis aulas que los jóvenes muertos en la fiesta electrónica eran unos “chetos que se habían drogado mal” y que debían “joderse” (aunque “pobres, las familias”). Ninguno de mis alumnos se considera cheto, así que ignoro qué habrán razonado en aquellas otras aulas que jamás pisé, donde los adolescentes experimentan realidades “chetas” que ignoro. Mis alumnos son pobres. Muchos trabajan desde su infancia. Saben lo que es el hambre, lo que duelen los golpes, la discriminación y la indiferencia, que no se confunda el lector ante el detalle de los auriculares y el celular. Muchos conocen el mundo de la noche adulta desde mucho antes de ser adultos. Saben de alcohol, cigarrillos, marihuana, paco. Algunos son padres y madres, a pesar de que no han dejado de ser casi niños. “Drogarse bien”, decían. Me hicieron enojar, pero reaccioné. La pregunta dejó de ser retórica, patética y existencial para volverse significativa: “¿Qué hace un adulto dentro del aula?”. Educa. Habla con los adolescentes, se comunica con ellos, los escucha, les contesta, los ayuda a encontrar el camino personal para desenmarañar el hilo del razonamiento propio y el pensamiento crítico, que está vagando por entre el centeno en soledad. Intenta que permanezcan, que no se pierdan.</p>
<p>Los fracasos son estadísticamente mayores a los éxitos: la cantidad de alumnos que egresan de la escuela secundaria y sus desempeños académicos lo demuestran. Si un alumno aprobó todas sus materias y egresó luego de, por lo menos, doce años de educación formal sin comprender lo que lee, algo muy grave está pasando y tiene que ver con que existe una contradicción entre la ponderación de los contenidos mínimos obligatorios que el alumno ha alcanzado cada año y la forma en que se lo evaluó y promocionó.</p>
<p><b>El de las drogas es un problema más que se suma al “clima inapropiado dentro del aula” y la vuelve un lugar inhóspito y complicado</b>, pero me parece más fácil resolver por parte de las autoridades este tema que la enorme desidia en la que se han envuelto los chicos desde que el mundo de los adultos ha decidido abandonar sus tareas de guardián y los ha dejado solos.</p>
<p>En las escuelas necesitamos ayuda urgentemente. Las preguntas se vuelven retóricas y los docentes a veces nos agotamos en ellas, de puro cansancio por desgañitarnos en soledad gesticulando como locos ante molinos de viento.</p>
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		<title>A la espera de mejoras</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Nov 2015 09:41:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Bullicio improductivo]]></category>
		<category><![CDATA[Docentes]]></category>
		<category><![CDATA[Edificios educativos]]></category>
		<category><![CDATA[Nora de Lucía]]></category>

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		<description><![CDATA[Se termina la gestión de Nora de Lucía en la provincia de Buenos Aires. Aquellos que seguimos dentro de las escuelas estaremos aguardando cambios drásticos que solucionen la larga lista de problemas que a lo largo de esta gestión que finaliza se han hecho públicos y notorios. Ciento noventa días de clase. Salarios. Instituto de... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/11/27/a-la-espera-de-mejoras/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Se termina la gestión de Nora de Lucía en la provincia de Buenos Aires. Aquellos que seguimos dentro de las escuelas estaremos aguardando cambios drásticos que solucionen la larga lista de problemas que a lo largo de esta gestión que finaliza se han hecho públicos y notorios.</p>
<p>Ciento noventa días de clase. Salarios. Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA). Se preguntarán qué se necesita cambiar además de eso para que mejore la calidad de la educación que reciben nuestros chicos. Yo me lo pregunto todos los días.</p>
<p>En primer lugar, <b>deberíamos ponernos de acuerdo como sociedad para enseñar en el seno de las familias que lo que sucede adentro de las escuelas es importante</b>. Preparar a los papás para, desde el vamos, considerar a los docentes de sus hijos como colaboradores para realizar un trabajo en equipo. Si seguimos diciéndoles a los chicos que nacieron sabiéndolo todo y que nada de lo que les enseñen en el colegio sirve para nada, seguiremos estando mal. Porque estamos mal. Ya a esta altura, es “Chocolate por la noticia”.</p>
<p>En segundo lugar, <b>deberíamos exigirles a los nuevos gobernantes que los edificios donde trabajaremos brindando educación formal durante 2016 estén en condiciones</b>. No es cierto que cualquier espacio pueda ser un aula. No es cierto que se pueda explicar bien algo a los alumnos dentro de un comedor, en un pasillo, en un lugar inundado, agujereado o contaminado. Los resultados están a la vista.<span id="more-153"></span></p>
<p><b>Otra cosa que necesitamos urgentemente es silenciar el ruido</b>. Las interferencias, el desastre que proviene de afuera de donde debemos trabajar y el que proviene de adentro. No se puede enseñar ni aprender correctamente en un lugar donde todos gritan. Se necesita un “¡Shh!” generalizado, cantar <i>La lechuza, la lechuza</i> o algo por el estilo, apagar celulares, jueguitos, guardar los auriculares. Se necesita un sistema efectivo para mejorar la convivencia dentro de las escuelas y detener el bullicio improductivo, porque a lo único que conduce es al simulacro y al fracaso de cualquier proyecto pedagógico.</p>
<p>Necesitamos comenzar bien. Va a ser difícil, pero, ¿y si sucede? ¿Y si pasa el año que viene o en los próximos años?</p>
<p>Me pregunto qué haremos una vez que consigamos que los alumnos se comporten como alumnos, que estén en un silencio expectante, atentos al tema que se viene, concentrados para comprender la consigna que vendrá. ¿Qué necesitaremos?</p>
<p><b>Necesitamos docentes preparados, que sepan mucho acerca de su disciplina y acerca de cómo enseñarla</b>. Urge preparar docentes así, porque una vez conseguido el respeto, resignificada y dignificada la figura del docente, se debe mantener y merecer esa significancia y ese respeto.</p>
<p>Continúo especulando. Una vez que tengamos todo eso, docentes con la clase planificada y preparada, alumnos preparados para escuchar, entender y aprender, edificios dignos y el silencio, orden y armonía necesarios. ¿Será suficiente?</p>
<p>No creo: tendremos que revisar qué enseñaremos. Si corresponde, es pertinente, es útil, para qué y por qué necesitamos cada contenido. Si está bien enseñar lo mismo a cualquier grupo de alumnos, en cualquier escuela, dentro de cualquier heterogeneidad y diversidad. La cantidad de horas, los horarios de ingreso, de egreso, los recreos. Pensar nuevamente qué y cómo se evalúa, cómo se expresan los resultados obtenidos mediante las planillas de calificaciones y cómo deberíamos hacerlo para mejorar.</p>
<p>Releo y sonrío. Es dificilísimo conseguir lo que quiero. Sin embargo, es tan simple. Se reduce a mi esperanza de poder entrar dentro de mis aulas y que los alumnos estén ahí y me saluden. A mis anhelos de poder, luego del “Buenos días”, “Buenas tardes” o “Buenas noches”, decir algo como “Hoy vamos a…” y poder comenzar la clase que preparé con esmero interactuando con alumnos que dialoguen conmigo y entre sí para poder construir un aprendizaje verdadero y significativo.</p>
<p>Sé que es mucho pedir, pero resignarme con cómo estamos no va con mi esencia ni con la de la mayoría de los docentes. Somos pedigüeños, soñadores, esperanzados y testarudos: queremos que nuestros alumnos aprendan, a pesar de todo y en contra de todas las adversidades. Espero que el 2016 me sorprenda (nos sorprenda) con mejoras dentro de las escuelas, que es donde estaremos trabajando, como siempre.</p>
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		<title>Cuando suene el timbre</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Sep 2015 03:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Los alumnos decidirán si ingresan al aula cada vez que suene el timbre&#8221;. El titular, que pertenece al diario Elentrerios.com, podría ser un chiste. ¿El tiempo verbal es correcto? ¿Se trata de una publicación satírica? ¿De una ficción? La nota detalla (y critica) una propuesta simple: Los alumnos podrán, además de contar con casi cuarenta... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/09/21/cuando-suene-el-timbre/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elentrerios.com/politica/los-alumnos-decidiran-si-ingresan-al-aula-cada-vez-que-suene-el-timbre.htm">&#8220;Los alumnos decidirán si ingresan al aula cada vez que suene el timbre&#8221;</a>. El titular, que pertenece al diario <i>Elentrerios.com</i>, podría ser un chiste. ¿El tiempo verbal es correcto? ¿Se trata de una publicación satírica? ¿De una ficción?</p>
<p>La nota detalla (y critica) una propuesta simple: Los alumnos podrán, además de contar con casi cuarenta inasistencias durante el año para utilizar a gusto y placer, decidir su asistencia a clases durante la jornada educativa. “Me gusta Matemáticas, voy”. “No me gusta, me quedo andá a saber dónde y bajo la responsabilidad de quién (haciendo vaya a saber qué cosa)”. Esta propuesta (y muchos otros proyectos y directivas acerca de lo que debe suceder dentro de una escuela) se basa en <b>la inclusión entendida en su forma más aberrante: estar, de vez en cuando, algunas horas adentro de un edificio escolar.</b></p>
<p>La opinión acerca de si es placentero, divertido o fácil estudiar no parece haber cambiado con el tiempo. No es raro escuchar a los adultos decir: “Cuando era adolescente, estudiaba porque en mi casa, si me llevaba alguna materia, cobraba”. No se estudiaba por gusto, en general era por obligación. En otras épocas, llegar tarde, hacerse la rata, no aprender adrede eran la excepción y no la regla.</p>
<p>No olvido la educación en tiempos de dictadura militar. Por supuesto, no estoy añorando tiempos espantosos repletos de censura y de miedo. Escribo sobre inclusión y sobre cómo cambió la tarea de enseñar, palabra que ha adquirido un matiz negativo a causa de un pasado que no debemos olvidar ni repetir.<span id="more-145"></span></p>
<p>Un adolescente del siglo XXI es diferente a los que vivieron en otras décadas, porque el contexto en el que se inserta es diferente. Las familias cambiaron y la tecnología brinda posibilidades que antes no existían, pero la adolescencia continúa siendo la etapa de ebullición, de torpeza corporal, de confusión y desazón, de enamoramientos. <b>Creer que un adolescente, por el mero hecho de que tiene un celular en la mano, está capacitado para decidir si aprende o no en la escuela es una verdadera ingenuidad</b>. Los jóvenes de hoy continúan necesitando la guía de los adultos, la sensación de seguridad que dan los límites claramente demarcados, las obligaciones, derechos y responsabilidades. El adolescente vive en el presente, rara vez piensa en el futuro, aunque sea el propio. Sencillamente, porque es adolescente.</p>
<p><b>En lugar de permitir que los chicos no ingresen a las aulas, mejoremos lo que sucede dentro de ellas.</b> El adolescente ideal que maneja su presentismo, su trayectoria escolar, su aprendizaje e intereses y planifica su futura carrera profesional no existe. Eso lo hacen los adultos jóvenes que recibieron una educación adecuada durante su adolescencia.</p>
<p><b></b>A la manera de quien ideó el proyecto entrerriano, podríamos proponer absurdamente abrir dentro de las escuelas salones de contención inclusiva. Se solucionaría el dramático problema docente de evaluar y calificar situaciones incalificables todos los santos trimestres, de un plumazo. Podríamos cambiar las planillas (que muchas veces dicen “año 19” y “bolilla N” y traen demasiados casilleros) por otras multicolores, alegres, donde no hubiera aprendizajes que medir sino emoticones divertidos. Los docentes (o los compañeros) podrían decirle a los alumnos que no desean participar de las clases o están perturbando el clima áulico : “Estimado, ¿no prefiere retirarse al salón de contención inclusiva a hacer lo que está haciendo, para que podamos continuar con la clase?0”</p>
<p><b>La mayor objeción a este tipo de ideas es que, si continuamos presentando el aprendizaje como hasta ahora, probablemente  </b><b>quedarán muy pocos chicos adentro de las aulas</b>, aunque quizás para los ideólogos de las propuestas de este tipo eso no sea un problema. Otro detalle que se me ocurre tiene que ver con que en el modelo de examen de ingreso de la Universidad de la Matanza del año pasado, por tomar un ejemplo al azar, hay un texto de Teun van Dijk. Los chicos que elijan no entrar, probablemente, no lograrán comprenderlo. Tampoco podrán cumplir con la pretensión de esta y otras universidades acerca de la corrección ortográfica y la producción de textos coherentes.</p>
<p><b>Ni los niños ni los adolescentes están capacitados para decidir no aprender</b>, aunque la afirmación suene autoritaria. El chico que toma estas decisiones y se abandona al mero vegetar adentro de un edificio intentará en un futuro acceder a la universidad y no podrá. Intentará leer y no entenderá. Se presentará a una entrevista de trabajo y no lo conseguirá. Y, además de lamentar el haber tomado tan malas decisiones durante su adolescencia, culpará a los adultos responsables de su educación por habérselas permitido, con toda la razón del mundo.</p>
<p>Es hora de tomar el problema de los cambios que se necesitan en la escuela secundaria de forma seria. <b>Relajar normas básicas únicamente excluye</b>. Interpretar cualquier límite como autoritarismo o el aprendizaje como algo banal e innecesario excluye. Vaciar de significado el horario de entrada, el sonido del timbre, la puntualidad y la participación en las clases excluye. El adolescente del siglo XXI expresa la confusión de valores y comportamientos contradictorios de muchos adultos del siglo XXI, que creen que educar a un joven consiste en librarlo a su buena suerte, que es lo mismo que dejarlo solo.</p>
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		<title>Las “violencias” y la escuela secundaria</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jun 2015 13:03:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Consejo de convivencia]]></category>
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		<category><![CDATA[políticas educativas]]></category>
		<category><![CDATA[sanciones reparadoras]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia]]></category>
		<category><![CDATA[violencia en las escuelas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace pocos días escuché en una reunión de padres una serie de propuestas de alumnos para “sanciones reparadoras” del Consejo de Convivencia y me quedé pensando en una que decía lo siguiente: “Si el alumno ha cometido una falta gravísima, deberá como castigo hacer caso a lo que le digan sus profesores”. Creo que esa... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/06/29/las-violencias-y-la-escuela-secundaria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace pocos días escuché en una reunión de padres una serie de propuestas de alumnos para “sanciones reparadoras” del Consejo de Convivencia y me quedé pensando en una que decía lo siguiente: “Si el alumno ha cometido una falta gravísima, deberá como castigo hacer caso a lo que le digan sus profesores”<i>.</i></p>
<p>Creo que esa frase dice algo interesante sobre lo que estamos viviendo en las escuelas públicas bonaerenses y que puede relacionarse en cierto modo con lo que el módulo de trabajo destinado a la escuela secundaria <em>Violencias y Escuelas, otra mirada sobre las infancias y las juventudes</em> de UNICEF ha denominado como “las violencias” dentro de la escuela.</p>
<p><strong>Basta con ingresar a un edificio escolar para notar el ruido. El “clima inapropiado” se ha desparramado y extendido, invadido todo, y gran parte de la jornada escolar se dedica a que los chicos ingresen al edificio, salgan al recreo, entren nuevamente a las aulas, tomen asiento, hagan silencio y realicen una serie de actividades que desde el afuera de la comunidad educativa la sociedad ni siquiera pensaría que pudieran generar polémicas</strong>.</p>
<p>Actualmente muchos alumnos deben ser persuadidos para que se comporten como alumnos. Los que trabajamos como profesores nos encontramos con una serie de obstáculos a veces dificilísimos de franquear para poder explicar algo dentro de un salón de clases y ser escuchados. Hay ruido. El famoso ruido que entorpece el circuito de comunicación y evita que esta se produzca. Un ruido que puede tomar la forma de risas, conversaciones, actividades que tienen que ver con el esparcimiento, el celular, Facebook, juegos, música, auriculares, ausencias, piñas, insultos, discusiones, llegadas tarde o, simplemente, echarse sobre un banco a dormir. Batallar contra el ruido como interferencia es interpretarlo como una de las “violencias”. Escuchar al profesor no puede ser interpretado como un “castigo”. Dialogando se entiende la gente. A eso se dedica el Consejo de Convivencia de la escuela.</p>
<p>A través del diálogo permanente, de la conversación, de la escucha atenta, el Consejo de Convivencia se yergue como un David atrevido y bienintencionado, gomera de almohadones de pluma en mano para prevenir, mediar, mitigar y solucionar. Bienintencionado porque funciona <i>ad honorem</i>, coordinado por docentes que no son psicólogos (ni psicopedagogos, ni asistentes sociales ni magos) que utilizan tiempo personal para combatir la discriminación, la violencia verbal y física, la venta y el uso de drogas, el alcoholismo, la desidia, el sufrimiento, el abandono y la soledad. Violencias variopintas, en diferentes grados y colores. Las horas libres, causadas por la dificultad de encontrar suplentes o por las enfermedades físicas o mentales que aquejan a los docentes; la falta de respeto absoluta (o casi) hacia los docentes y hacia cualquier adulto que pretenda entablar una relación asimétrica para comenzar a enseñar; el vocabulario inapropiado; los delitos; el mínimo (o casi mínimo) respeto hacia las normas básicas de convivencia que son las que hacen funcionar la institución escolar (y cualquier institución).</p>
<p>Escribir esto parece exagerado. No lo es. <strong>Ese conjunto de <strong>“</strong>violencias<strong>”</strong> que han ingresado a la escuela son las que hacen el batifondo que denomino <strong>“</strong>ruido<strong>”</strong>. El <strong>“</strong>ruido<strong>”</strong> es el que hace que el <strong>“</strong>clima del aula<strong>”</strong> sea inapropiado</strong>. Y el “clima del aula inapropiado” es el responsable (entre otros factores) de que algunos (¿cuántos?) alumnos no logren aprender y realicen su trayecto, año tras año, sin comprender consignas, sin comprender textos, sin poder realizar operaciones matemáticas simples, y muchos “sin”.</p>
<p>En mi opinión,<strong> absurdos como el que sostiene que escuchar a los profesores es un castigo o que a los docentes les disgusta el peinado o el uso de zapatillas por parte de los chicos (¿a quién se le ocurriría afirmar cosas así en un mundo razonable?) contribuyen a la existencia de “violencias<strong>”</strong>.</strong> En la actualidad, los docentes  estamos en zapatillas y, la verdad, no tenemos ni medios ni tiempo disponible para ocuparnos de los peinados propios o ajenos. Dentro de la escuela nos encontramos con nuestros alumnos, no con &#8220;los adolescentes&#8221;, ni con “los otros”. Dentro de la escuela, docentes, autoridades, equipo de orientación, preceptores, auxiliares, padres y alumnos, somos “nosotros”.</p>
<p>Nuestros alumnos forman parte de la comunidad educativa a la que pertenecemos, y si no lo considerásemos así, probablemente no nos dedicaríamos a trabajar con ellos. Y esto, que suena exagerado también, no puede ser más cierto: entre las “violencias” está la de trabajar sin cobrar un sueldo durante meses y meses o recibiendo descuentos erróneos e inesperados; contar con una obra social que deja mucho que desear; estar dentro de edificios donde hace calor, frío o falta todo, hasta la seguridad.</p>
<p><strong>Se preguntarán cuál es para mí la mayor de las violencias que se dan en la escuela. Es la imposibilidad de enseñar y aprender en forma plena. La ineptitud e ineficacia de los adultos para resolver el problema del “ruido<strong>”</strong> que impide que los chicos aprendan y que todos trabajemos en condiciones dignas en muchos sentidos.</strong> La indiferencia de una sociedad que ha abandonado a sus adolescentes y les ha inculcado la falsa creencia de que el conocimiento no sirve, de que toda figura de autoridad, todo orden, todo método es algo despreciable. Que únicamente se puede considerar escuchar lo que dice un docente bajo la forma de castigo.</p>
<p>De nada sirve desgarrarse las vestiduras ante una juventud que no está capacitada para cumplir el horario de una jornada laboral o respetar las normas de una empresa. Ante una juventud que se anota en las universidades y los terciarios para continuar sus estudios superiores y fracasa en el intento. De nada sirve añorar las amonestaciones, la época donde los pibes cantaban el <em>Himno Nacional Argentino</em> durante los actos patrios y se dirigían a los adultos mayores con respeto. De nada sirve confundirse y creer que los docentes son adversarios y las calificaciones, algo ofensivo que se transformó en la medición de un simulacro. Se necesita abordar seriamente el estudio de “las violencias” que se viven en las escuelas y solucionarlas una por una para terminar con esta situación y formar una juventud que pueda hacer realidad sus sueños. Y para ello, además de “sanciones reparadoras” y docentes con buena voluntad,<strong> se necesitan políticas educativas realistas que sirvan para lograr una verdadera inclusión</strong>.</p>
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		<title>Basta de educación machista</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Jun 2015 08:51:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<category><![CDATA[#Niunamenos]]></category>
		<category><![CDATA[educación machista]]></category>
		<category><![CDATA[femicidio]]></category>
		<category><![CDATA[violencia de género]]></category>

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		<description><![CDATA[Acto en el Jardín de Infantes. Las mamás, cámaras en mano, se deshacen en sonrisas y elogios. La seño de música hace sonar un triángulo, que reverbera en esa conjunción de lo viejo y lo nuevo que convive dentro de nuestras escuelas del siglo XXI. Silencio. Ingresa un niño con la carita tiznada. El corcho... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/06/03/basta-de-educacion-machista/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Acto en el Jardín de Infantes. Las mamás, cámaras en mano, se deshacen en sonrisas y elogios. La seño de música hace sonar un triángulo, que reverbera en esa conjunción de lo viejo y lo nuevo que convive dentro de nuestras escuelas del siglo XXI. Silencio.</p>
<p>Ingresa un niño con la carita tiznada. El corcho quemado sobrevive victorioso, junto al sonido del triángulo. Una niñita acompaña al pretendido negro. <strong>Es la Negra Simona. En instantes, inevitablemente, recibirá una sonora cachetada.<span id="more-130"></span></strong></p>
<p>En los últimos tiempos <strong>se ha escrito mucho sobre la necesidad de un cambio de paradigma educativo</strong>. Creo que <strong>con respecto a la violencia de género, se puede afirmar lo mismo</strong>. Estamos preparados desde antes de nacer para comportarnos, vestirnos, hablar, relacionarnos, jugar y aprender de maneras establecidas y rígidamente pautadas por las reglas de un paradigma violento para con las minorías, en general, y con las mujeres, en particular. <strong>Reproducimos dentro de cada uno de nuestros hogares, con mayor o menor fidelidad, mandatos que estigmatizan y descalifican a las niñas.</strong> Enseñamos y aprendemos odio, desprecio, sumisión, servilidad, maltrato. Fuera de los hogares, que son el lugar donde los niños y adolescentes reciben la educación informal (fundamental e insustituible) que los hará sujetos poseedores de valores y seres responsables, solidarios y bondadosos, el Jardín de Infantes, la Escuela Primaria y la Secundaria continuarán la tarea complementaria a través de la educación formal, teniendo como meta el egreso de buenas personas dueñas de un pensamiento libre; ciudadanos y ciudadanas en condiciones de proseguir sus estudios en un nivel superior o ingresar en un ámbito laboral.  <strong>Es todo un recorrido, largo y complejo, inserto en un mundo violento que bombardea con imágenes y órdenes más o menos explícitas y que, en general, contradice los mensajes que en el Hogar y la Escuela se puedan formular, lamentablemente, ya muchas veces contradictorios de por sí.</strong></p>
<p>Educamos a nuestros hijos varones para que sean servidos, &#8220;atendidos&#8221;, por sus esposas, al llegar a sus casas &#8220;cansados luego de trabajar&#8221;. Damos como un hecho que para que ello suceda, deben casarse con una mujer primero, y, por supuesto, ser el sostén económico del hogar. Ignoramos la realidad que vocifera que las mujeres han dejado de estar relegadas al papel de amas de casa y han salido a ganar dinero, a estudiar, a cumplir con roles que nuestras abuelas y bisabuelas ni siquiera concibieron en sueños. Cargamos sobre los hombros de nuestras hijas las obligaciones viejas y las nuevas, las que &#8220;corresponden&#8221; y las que no, las que podrían ser justas y las horrendas. Les decimos que deben saber coser, bordar, planchar, abrir la puerta para ir a jugar y, al mismo tiempo, Jefas de Hogar, esposas virtuosas, madres, nueras, cuidadoras y amas de casa. Deben ser eternamente jóvenes, bellas, mujeres-objeto dignas del deseo de los hombres, que pueden exhibirlas como trofeo. Saturamos de princesas de Disney cada habitación de niña, insistimos con el príncipe azul y las perdices felices. Les decimos que deben respetar su cuerpo, rodeados de imágenes y videos de mujeres desnudas enfocadas hasta la obscenidad más humillante. <strong>Decimos y decimos, hablamos y nos comportamos de manera contraria a lo que dijimos.</strong> Y al mismo tiempo, educamos y formamos a los niños y adolescentes para que se comporten de manera &#8220;varonil&#8221; delante de las mujeres y en su trato con ellas.</p>
<p>El Negro Simón le dará una cachetada a la Negra Simona cuando ésta tenga la osadía de pedirle un peinetón. Jamás podría, la pobre, comprarlo ella misma por sus propios medios. O quizás sí, si utilizara artimañas que la convirtieran ante los ojos de la sociedad que avala el cachetazo, en una &#8220;mala mujer&#8221; y &#8220;vendiera sus favores&#8221;. Su &#8220;tesorito&#8221;. Su &#8220;honor&#8221;. Su &#8220;flor&#8221;. Y diera el &#8220;mal paso&#8221;, como la costurerita.</p>
<p>El Negro Simón es bien macho: es el que pega y el que tiene plata para comprar peinetones. &#8220;¡Estos negros no tienen remedio!&#8221;, agrega una mamá, alborozada, y yo no aguanto más y me voy derechito hacia<strong> la directora. &#8220;No nos dimos cuenta&#8221;, me dice cuando termino de hablar</strong>. &#8220;Nos confundió la tradición machista&#8221;.</p>
<p>Mi anécdota es real, pero tiene unos años ya. Lamentablemente, en algunas aulas la canción de la Negra Simona y el Negro Simón todavía confundirá a niños, madres y señoritas. Por suerte, cada vez menos. <strong>&#8220;La tradición que confunde&#8221; hará que sobrevivan frases educativas (dentro y fuera de las escuelas) como: &#8220;Esa no es forma de comportarse como una señorita&#8221;. O: &#8220;Así no hablan las damas&#8221;.</strong> O: &#8220;Deporte apropiado para una chica&#8221;&#8230; O: &#8220;Inapropiado para un hombrecito&#8221;. O:  &#8221;Marimacho&#8221;. &#8220;Las chicas son más prolijas que los varones&#8221;, &#8220;Las escuelas técnicas no son lugares para las chicas&#8221;, &#8220;Así se sientan las&#8230; ¿señoritas?&#8221; Y dale con que las chicas son esto y los chicos aquello &#8220;porque Dios lo manda&#8221; o &#8220;corresponde según las buenas costumbres&#8221;. Y si se desobedecen esos mandatos, se pronunciarán muchas palabras que empiezan con &#8220;P&#8221;, arrastran erres por todos lados y me avergonzaría escribir en este lugar.</p>
<p><strong>La convocatoria a la marcha #Niunamenos, para este 3 de junio a las 17 hs en la Plaza del Congreso es un grito oportuno y apropiado que denuncia la necesidad imperiosa de cambiar de paradigma</strong>, por más tradicional que sea. Es hora de que como sociedad sumemos fuerzas y coherencia.</p>
<p>Debemos reflexionar y detener la educación machista dentro de nuestros hogares.<br />
Debemos reflexionar y detener la educación machista dentro de las Instituciones Educativas.<br />
Debemos reflexionar y detener el gran negocio machista de exhibición de la mujer y explotación de sus cuerpos en los medios de comunicación.<br />
Debemos formular, presentar y apoyar leyes que protejan a las mujeres y a sus derechos. Y velar porque esos derechos se respeten.<br />
Urgentemente.<br />
Porque el machismo, mata.</p>
<p><b>Debemos poner en vigencia un paradigma donde el ser humano sea concebido como persona</b>. Más allá del género, de la edad, del color de piel, de los cánones estéticos y los intereses económicos de quien sea.</p>
<p>Porque únicamente de ese modo dejarán de morir mujeres víctimas de femicidio. Porque así cesará la trata. La explotación sexual. La explotación y desigualdad laboral. El negocio de los abortos clandestinos y las muertes que ocasiona. La discriminación. Los hijos lastimados o muertos como venganza hacia las mujeres que tuvieron la osadía de actuar como personas. Los noviazgos y matrimonios violentos. La violencia contra la mujer en todas sus formas. Entre todos podemos poner fin a tanto dolor.</p>
<p><strong>NOTA</strong>: <strong>La negra Simona y el negro Simón es una cancioncilla tradicional que dice así: </strong><em>La negra Simona y el negro Simón/ se fueron de paseo de gran conversación/. La negra le dijo comprame un peinetón,/ y el negro se dio vuelta y le dio un cachetadón./ La negra lloraba por esa cachetada/,“Negra sinvergüenza,/ cara de lechuza,/ quieren que le compren/ lo que no se usa”.  </em></p>
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		<title>Acerca de los &#8220;climas inapropiados&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Apr 2015 10:33:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Aula]]></category>
		<category><![CDATA[Docentes]]></category>
		<category><![CDATA[educación]]></category>
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		<description><![CDATA[Supongamos que fuimos invitados a un cumpleaños infantil, a realizarse en un saloncito. Nos pusimos bonitos, compramos un regalo acorde a la edad y sexo del homenajeado, asistimos a la hora indicada. Y nos encontramos con un panorama así: Niños gritando y corriendo. Escribiendo sobre las mesas y paredes, destrozando los muebles, cortinajes y adornos.... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/04/29/acerca-de-los-climas-inapropiados/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Supongamos que fuimos invitados a un cumpleaños infantil, a realizarse en un saloncito. Nos pusimos bonitos, compramos un regalo acorde a la edad y sexo del homenajeado, asistimos a la hora indicada. Y nos encontramos con un panorama así:</p>
<p>Niños gritando y corriendo. Escribiendo sobre las mesas y paredes, destrozando los muebles, cortinajes y adornos. Desobedeciendo las consignas propuestas por la animadora de la fiestita, contratada por los papás. &#8220;Y ahora, vamos al pelotero&#8221;. &#8220;No queremos, no queremos&#8221;. &#8220;Y ahora, vamos a la mesa, que vienen los panchos&#8221;. Menos, quieren. Le revolean los panchos al pobre panchero, lo insultan, lo desprecian. Ensucian todo el lugar. Cuando aparece &#8220;el personaje elegido&#8221;: un Spiderman delgado y adolescente, se entretienen riéndose de él y pateándolo. Es el caos; el niño cumpleañero mete su cara dentro de una torta que debe haber salido una fortuna y feliz, al parecer, arroja pedazos embadurnando a los invitados.</p>
<p>Podemos suponer las reacciones de los adultos presentes, también, ya que estamos. Y agregar las que <i>a nosotros</i> nos hubieran parecido correctas, las que <i>nosotros</i> hubiéramos adoptado ante la situación que nos parece que generó &#8230; &#8221;un clima inapropiado&#8221; para un cumpleaños.</p>
<p>Quizás la animadora, frustrada y humillada, continuará gritando, micrófono en mano, consignas al aire, hasta que la fiestita de pesadilla termine y pueda irse a su casa con los pesos que le pagarán al final dentro del bolsillo, cansada hasta la muerte. El personal del salón, impávido, contemplará la escena sin intervenir: los padres pagan y los daños están incluidos en el servicio. Son los habituales. El pobre Spiderman, que estudia Ingeniería y hace esto como changa, evalúa los nuevos moretones de sus piernas flacas y decide, como siempre, que será su última fiestita y que odia a los niños. Posiblemente, en la puerta, los padres del cumpleañero, embelesados, repartan las bolsitas con golosinas y <i>souvenires</i> y afirmen: &#8220;Por suerte, salió todo bien&#8221;, como unos enajenados.</p>
<p>Usted, lector, seguramente no vería nada normal en estas reacciones y hubiera procedido diferente si hubiera sido animador, dueño del saloncito o padre dentro de ese ficticio cumpleaños.  Porque si usted hubiera sido un invitado, la hubiera pasado tremendamente mal. Hubiera vivido, por lo menos, una situación incómoda. Posiblemente, se hubiera retirado del lugar con alguna excusa.  ¿Qué es lo que pensaría acerca de lo que sucedió allí? ¿Cómo juzgaría la conducta y las reacciones de los adultos ante lo que a todas luces es un comportamiento absolutamente inadecuado para una fiestita? Seguramente, usted tiene muy en claro cómo hubiera sido su proceder para que ese mismo cumpleaños se hubiera desarrollado en un &#8221;clima apropiado&#8221; y no como un aquelarre.</p>
<p><strong>Cuando los chicos rompen todo, desobedecen, andan a los gritos, pelean entre ellos, insultan y faltan el respeto a los adultos en su casa, en el seno de sus familias, cada padre, cada madre, cada responsable, reacciona de la manera que le parece correcta.</strong> Todos estamos de acuerdo con que eso está mal y hay que modificarlo por el bien de todos, para poder seguir viviendo sin perder la razón. Habrá quien piense que hay que buscar los motivos que llevaron a los chicos a comportarse de esa manera y solucionar el problema. Habrá quien vaya al psicólogo, quien se siente a conversar, quien se desagarre las vestiduras y no haga nada, quien vaya a su iglesia, quien grite, quien llore, quien pegue, quien llame a otros adultos, quien llame a la policía. Habrá quien se vaya, quien traslade la situación a otros para que la resuelvan. Habrá quien la agrave y se comporte del mismo modo que los chicos, o peor. Los humanos, somos tan variados como ocurrentes en nuestras reacciones.</p>
<p>Habrá quien le eche la culpa a los chicos. Y quien le eche la culpa a los adultos.</p>
<p>Habrá chusmeríos y rumores acerca de lo que sucede en &#8220;esa casa&#8221;. Al igual que, si nuestro ficticio cumpleaños hubiera existido, circularían chismes de todo tipo.</p>
<p>¿Qué sucedería si los mismos comportamientos inadecuados que describimos ocurrieran en una escuela, adentro de un aula? <strong>¿A quiénes culparíamos si asistiéramos como espectadores invisibles a una ficticia clase en donde un docente imaginario fuera insultado y desobedecido constantemente, donde imperara el caos, el desorden, el destrozo y la violencia física y verbal?</strong> ¿Cuáles serían las reacciones que esperaríamos del docente ficticio ante eso que, evidentemente, está impidiendo que los chicos aprendan y que él pueda enseñar? También estaríamos ante un &#8221;clima inapropiado&#8221;.</p>
<p>Al igual que en las situaciones anteriores: habrá quien le eche la culpa a los chicos por maleducados. A los padres de los chicos, que no los supieron educar.  Al docente, porque no tiene autoridad dentro de la clase. A la escuela, que no pone orden y ayuda al docente (o lo despide y pone otro que sepa qué hacer). Al siglo XXI. A los tiempos modernos. A internet. A los mensajes satánicos de la música escuchada al revés. A la comida chatarra, ya que estamos. Es muy fácil echar culpas.</p>
<p>Por suerte, todas las que describí son situaciones ficticias, que raramente ocurren. Si sucedieran con frecuencia, lo que me parecería correcto es que con urgencia hubiera equipos de especialistas trabajando en elaborar herramientas útiles para que padres y comunidades educativas resolvieran juntos los problemas climáticos.</p>
<p>Los del saloncito, que se embromen. Se puede volver a hacer cumpleaños en las casas, a la antigua, qué tanta vuelta con eso. Pero los papás y los docentes no tendrían que embromarse, esos no están haciendo ningún negocio. Están ocupándose de la educación de los futuros ciudadanos del país. <b>De sus reacciones ante los problemas que impidan que se lleve adelante un aprendizaje pleno dependerá que exista un futuro pacífico construido por ciudadanos instruidos y solidarios.</b> Así que, pensándolo bien&#8230; a pesar de que nuestras invenciones quizás, tal vez, remotamente, puedan suceder únicamente en casos excepcionales&#8230; no estaría de más que los equipos de especialistas abandonaran el plano de la ficción y comenzaran a trabajar en algo nuevo para ayudar a enfrentar estos  problemas con algo más que los acuerdos de convivencia que están en vigencia en las escuelas. Digo, por si estos no fueran suficientes en algún momento cercano&#8230; Mejor prevenir que lamentar, decían las abuelas. Y cuando desmejora el clima, mejor tener paraguas en la cartera.</p>
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		<title>Sí, fui a ver al Rubius, ¿y qué?</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2015 10:41:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
		<category><![CDATA[Internet]]></category>
		<category><![CDATA[Padres]]></category>
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		<description><![CDATA[La jornada fue más que desmesurada. Hubo que hacer cola para entrar, cola para ir al baño, cola para comprar agua, café, algo (cualquier cosa, con el pasar de las horas) para comer. Me atrevería a asegurar que la mitad de los 30.000 asistentes al Club Media Fest, el sábado, eran papás. Y mamás. Puedo estimar... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/04/13/si-fui-a-ver-al-rubius-y-que/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La jornada fue más que desmesurada. Hubo que hacer cola para entrar, cola para ir al baño, cola para comprar agua, café, algo (cualquier cosa, con el pasar de las horas) para comer. Me atrevería a asegurar que la mitad de los 30.000 asistentes al <i>Club Media Fest</i>, el sábado, eran papás. Y mamás. Puedo estimar el número porque pasé mucho tiempo esperando en las filas, conversando con ellos. Y para mí, ver semejante cantidad de padres acompañando pacientemente doce horas a sus hijos fue una experiencia tan interesante como reveladora.</p>
<p>Además de las colas, de la falta de lugar para sentarse, para apoyarse y para esperar, lo que había era una gran incertidumbre. Todos los padres presentes ahí teníamos muchas cosas en común. Antes de que llegara el gran día habíamos sido convencidos de la imprescindible, importantísima e ineludible necesidad de ir. Iba a ser un acontecimiento único. Nunca visto. Venían los youtubers ¡en persona! A Argentina. No importaron nuestras objeciones acerca de lo cara que era la entrada, acerca de que no podrían ir solos a causa de su corta edad (y que por eso, había que pagar más de una entrada), ni nuestra gran pregunta (la pregunta del millón):<b> </b>&#8220;¿Y de qué se trata el Media Fest?&#8221;  Eso, precisamente, nos seguíamos preguntando los papás adentro de La Rural, ya desembolsados los cientos (o miles, en muchos casos) de pesitos de la entrada y resignados a nuestro papel de &#8220;acompañantes de 13 a 23:30 hs&#8221;.<b> </b>&#8220;¿Qué es lo que vamos a ver? ¿Qué van a hacer los youtubers acá, afuera de youtube?&#8221;</p>
<p><strong>Descubrir la respuesta nos llevó las doce horas, pero valió la pena el esfuerzo.</strong><br />
<i></i></p>
<p>&#8220;Vine desde Rosario&#8221;, me contó una señora en la cola del baño. &#8221;Pero insistió tanto en venir, que la trajimos&#8221;. &#8221;A mi hija le compramos el VIP, pero es su regalo de 14 y de 15 años, anticipado&#8221;, le contestó la señora que estaba adelante. Hordas de adolescentes emocionados deambulaban por el predio buscando a sus ídolos y comprando lo que fuese que dijera &#8220;Rubius&#8221;: el <i>Libro Troll</i>, la taza, los anteojos, buzos, remeras. De vez en cuando, por un costadito cercano a las históricas gradas aparecía lejano un jovenzuelo delgado y con anteojos que saludaba. Había que verlo para creerlo. Ante nuestro asombro paternal, se apoderaba de nuestros hijos el mismo espíritu que animaba a las fans de Los Beatles y, entre alaridos infernales, miles de brazos felices agitaban celulares, tablets y tecnologías sofisticadas para fotografiar, filmar, registrar, al youtuber favorito. &#8221;¿Quién es?&#8221; &#8220;¿Quién era?&#8221;, preguntábamos los papás estupefactos. No importaba, ellos sabían y lo habían visto.</p>
<p>La emoción fue <i>in crescendo</i>. La analogía con las fans de Los Beatles era evidente, pero con una diferencia fundamental: las chicas que lloraban entre espasmos, en el festival, inmediatamente eran abrazadas por&#8230; sus papás. O sus mamás. <strong>Con el pasar de las horas, los mayores &#8220;acompañantes&#8221; fuimos comprendiendo de qué se trataba el evento: la <i>cosa </i>estaba en verlos. No importaba qué hicieran&#8230; estaban ahí.</strong> En el mismo lugar, sin internet ni pantallas en el medio. Eran sus ídolos, sus amigos, sus compañeros de horas y horas de videos de youtube; conocían cada sonrisa, cada gesto, cada entonación de sus voces. Y eso nos permitía ver, hasta a nosotros, los &#8220;acompañantes&#8221;, que los youtubers estaban tan emocionados como nuestros hijos. El <i>Club Media Fest</i> los había puesto delante de sus espectadores, y ahí estaban, como estrellas de rock sin rock, cara a cara. Sólo se trataba de eso. Con el <i>estar ahí</i>, bastaba.</p>
<p>Pasadas las 22: 30, finalmente salió a escena el Rubius. Pude ver, desde lejos (por mi calidad de <i>acompañante</i>), pero en pantalla gigante, la emoción inmensa del muchacho ante su público. Hacía frío y los papás nos preguntábamos cómo íbamos a encontrarnos con nuestros hijos cuando salieran en masa, ante el inminente final. Con las caras cansadas preparábamos camperitas y mandábamos mensajes desde nuestros celulares a quienes nos esperaban en la puerta. &#8221;La pasaron tan bien&#8221;, era el comentario. &#8221;Mi nene consiguió el autógrafo&#8221;, &#8221;Mi hija abrazó a su ídolo en el meet and greet que se había ganado con una foto, en un vivo&#8221;, &#8221;Feliz, feliz&#8221;, se escuchaba. La cosa había sido meramente verlos. Y gracias a estar ahí, pude ver reconfortada a una generación variada de papás y mamás que acompañan a sus hijos a pesar de pertenecer a una etapa diferente, sin cuestionar algo nuevo que excede sus experiencias personales, por el solo hecho de saber que es algo importante para ellos.</p>
<p><strong>Nada de críticas ni de incomprensión. Nada de drogas, nada de alcohol. Nada de soledad ni de intolerancia.</strong> <strong>Chicos que pertenecen a la generación digital, que tienen una vida virtual, ídolos y papás reales que les brindan afecto. </strong>Terminó. Salieron. Los brazos de sus padres, las camperitas, la compu para bajar las mil fotos tomadas durante la jornada los esperaban. Yo, por mi parte, le puedo contar a mis alumnos que vi al Rubius. Pero lo más importante que vi fue una generación de adolescentes que, lejos de lo que se pueda pensar, están acompañados por sus amorosos (y pacientes) padres.</p>
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		<item>
		<title>La dicha del aprendizaje</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/03/16/la-dicha-del-aprendizaje/</link>
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		<pubDate>Mon, 16 Mar 2015 10:33:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Escuela]]></category>

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		<description><![CDATA[Empezaron las clases. A pesar de las frases burlonas que repicaron infaltables, de fondo (&#8220;¿Cuándo llegan las vacaciones de invierno?&#8221;, &#8220;¡Se terminó la buena vida!&#8221;, &#8220;¡Volvemos al infierno!&#8221;), un montón de chicos, chicas, adolescentes y  adultos, felices y emocionados, se reunieron en muchos patios para saludar a nuestra bandera, para cantar el Himno Nacional, para... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/03/16/la-dicha-del-aprendizaje/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Empezaron las clases.</p>
<p>A pesar de las frases burlonas que repicaron infaltables, de fondo (<i>&#8220;¿Cuándo llegan las vacaciones de invierno?&#8221;, &#8220;¡Se terminó la buena vida!&#8221;, &#8220;¡Volvemos al infierno!&#8221;</i>), un montón de chicos, chicas, adolescentes y  adultos, felices y emocionados, se reunieron en muchos patios para saludar a nuestra bandera, para cantar el Himno Nacional, para volver a &#8220;la normalidad&#8221;.</p>
<p><strong>Contra los que despotrican pidiendo que desaparezca la escuela porque representa &#8220;lo viejo&#8221;, &#8220;lo obsoleto&#8221; y &#8220;lo inservible&#8221;, la sociedad entera respira aliviada cada mes de marzo ante la existencia de la Escuela como Institución</strong>. Descalificada y vetusta, abre sus puertas año tras año (más o menos temprano, ciertamente, porque pelea contra la descalificación y la vetustez, que no le son innatas) y la oleada de personas es como la sangre en sus venas, la que le da vida y la nutre para poder existir.</p>
<p>Se acercan los papás y dejan a sus hijos en un lugar que consideran seguro, en manos de adultos responsables que van a educar, cuidar y contener a los chicos mientras aprenden &#8220;cosas&#8221;.</p>
<p>Se acercan los chicos solos y se reencuentran con sus pares. Interrumpen su monólogo y se insertan en la rutina de cumplir con el horario, asistir a clases, organizar carpetas, leer, escribir, hacer cuentas, resolver problemas, fabricar o escuchar bromas, inventar, tomar mate cocido con galletitas, realizar actividades, disfrutar de recreos y una larga lista de acciones, expresadas en el simple &#8221;cosas que los chicos aprenden en la escuela&#8221;.</p>
<p><a href="http://lema.rae.es/drae/srv/search?id=JXA9sqbaSDXX2sJLDQQm">Según el diccionario de la RAE</a> un alumno/na es un discípulo respecto de su maestro, de la materia que está aprendiendo o de la escuela, colegio o universidad donde estudia. Si en algo estamos todos de acuerdo, opinemos blanco, gris o negro, es en lo siguiente: crecer siendo alumno es lo correcto.<b> </b></p>
<p><strong>Porque no se nace sabiendo. En cierto sentido somos alumnos toda la vida, porque jamás dejamos de aprender &#8220;cosas&#8221;.  Y la mayoría, aprendemos a ser alumnos en la Escuela. Buenos alumnos algunos; otros, no tan buenos. </strong></p>
<p>Con aulas o sin ellas, con mesas o sin ellas, con contenidos estructurados en bloques, unidades o módulos. Con correcciones en rojo, en verde, en lápiz u orales&#8230;  Con amonestaciones o sanciones reparadoras, con cantidades altas o mínimas de matemáticas, de lectura o de taller. Con docentes viejos o jóvenes, conservadores o &#8220;modernos&#8221; en extremo, la escuela atraviesa el tiempo y los obstáculos, se adapta, cambia, resiste y se rebela, patalea y se queja, pero sigue ahí.</p>
<p>En la escuela, los chicos aprenden a socializar con sus pares. Interactúan con un conjunto de adultos de una manera formal (más o menos, según la escuela que sea). Aprenden a ser sanos y solidarios.</p>
<p>En estos tiempos de sopas ideológicas, de eufemismos y mensajes contradictorios hasta el ridículo, quizás la Escuela sea una de las únicas Instituciones que permanece como un lugar en donde las reglas son claras. Prácticamente todos hemos sido sus alumnos en algún momento de nuestra vida: la escuela es algo que conocemos bien. Tal vez sea ése el origen de uno de los errores que a veces comentemos como sociedad: damos por sentado que una vez que un chico atraviesa el umbral del edificio escolar, ya es <b>alumno</b> y se comporta como tal. Precisamente, es la primera y fundamental &#8220;<b>cosa</b>&#8221; que se debe enseñar.</p>
<p><b>Enseñar a los niños y jóvenes a ser alumnos es integrarlos</b>,<strong> es dotarlos de la capacidad de ser aprendices, de interesarse por el legado cultural que la Humanidad ha construido a lo largo del tiempo.</strong> Es enseñar a reflexionar, a ser una persona crítica y capaz de poseer pensamiento propio. A la escuela se va a aprender &#8220;cosas&#8221;, pero no todos aprenden &#8220;cosas&#8221; en la escuela. Hay que comportarse de determinada manera ante la enseñanza para poder aprender; para ser &#8220;buen alumno&#8221; o &#8220;mal alumno&#8221;, primero hay que comportarse como alumno y ser miembro activo de una comunidad educativa.</p>
<p>Entre risas, un jovencito contestó a mi pregunta de diagnóstico: &#8220;<i>¿Qué te gustaría aprender durante este nuevo año?</i>&#8220;: &#8220;<i>No sé</i>&#8220;. Otro dijo: &#8220;<i>Nada, como siempre, nooo, chiste, chiste</i>&#8220;. Otro, dijo:<b> </b><b>&#8220;<i>Yo soy revolucionario y transgresor, así que este año quiero aprender muchísimo, todo lo que pueda</i>&#8220;.</b></p>
<p><b></b>Interesante percepción de lo que significa ser alumno en 2015, y de los buenos. ¿No les parece?</p>
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		<title>¡Avisen a los docentes que se viene marzo!</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Feb 2015 09:55:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana Lara</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[aulas durlock]]></category>
		<category><![CDATA[Doña Rosa]]></category>
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		<description><![CDATA[Carta escrita por la ficticia señora Doña Rosa: Está finalizando febrero, no puede hacerse nada para evitarlo. No te das cuenta por el clima, eso no, porque desde que empezaron las cosas del calentamiento global y las demás macanas que la humanidad se viene mandando, un día hace un frío de morirse, otro diluvia y... <a href="http://opinion.infobae.com/graciela-adriana-lara/2015/02/24/avisen-a-los-docentes-que-se-viene-marzo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><i>Carta escrita por la ficticia señora Doña Rosa:</i></p>
<p>Está finalizando febrero, no puede hacerse nada para evitarlo. No te das cuenta por el clima, eso no, porque desde que empezaron las cosas del calentamiento global y las demás macanas que la humanidad se viene mandando, un día hace un frío de morirse, otro diluvia y otro estás sudando. Hay que gastar un dineral en boutiques y salones de belleza actualmente, hasta dónde iremos a llegar. Es un dilema para todas saber qué ponerse sin dejar de estar a la moda, toda una fatalidad.</p>
<p><strong>La mejor manera de saber la fecha es leyendo noticias sobre los docentes en los diarios: todo el mundo sabe que en marzo empiezan las clases y que esos desgraciados siempre, pero siempre, siempre, siempre, andan por ahí pataleando para evitarlo.</strong> ¿Hasta tenemos que avisarles que no se puede detener el paso del tiempo? ¡Son unos soñadores, unos románticos, obvio! Siempre pensé que para elegir una carrera como la docencia, hay que ser fantasioso y estar un poquito tocado&#8230; ¡Pero los febreros no pueden ser eternos! ¡Confórmense con los feriados de carnaval, que son bastantes, y paren un poquito con la cantinela que ya nos la sabemos de memoria!<span id="more-113"></span></p>
<p>El mundo está patas para arriba&#8230; Pero es así, una fija: <strong>esta gente horrenda, ignorante, desconsiderada y desaprensiva que tiene tres meses de vacaciones, trabaja cuatro horitas y se la pasa panza arriba de licencia en licencia, todos los santos años amenaza con que las clases no inician,</strong> con que van a tomar las escuelas, con que no quieren cobrar en negro, que se les cae el techo, el mate cocido con pan, esto y lo otro y la mar en coche. Y hay que tener cuidado, porque hasta el año pasado nadie tomaba en serio esos berrinches porque perro que ladra no muerde y <strong>se mandaron un paro de 17 días que dejó millones de familias desesperadas sin saber dónde meter los chicos para ir a trabajar.</strong> Fue una verdadera catástrofe nacional, si hasta los políticos más importantes salieron en la televisión a decirle a los maestros que volvieran. Una vergüenza, a dónde está la vocación. Las casas se vieron invadidas por chicos &#8220;rehenes&#8221;, fue un problema que dejó huellas indelebles y jamás vamos a olvidar.</p>
<p>Quedamos todos traumados. Por supuesto, no nos pasó a nosotros personalmente, porque mandamos a nuestros chicos a colegios como la gente, pero no hay que tener mal corazón y hay que pensar en la sociedad como un todo; a fin de cuentas, somos argentinos y hermanos seamos rubios o morochos, ricos o pobres, provincianos o porteños &#8230; ¿o no?</p>
<p>Ahora que todo el mundo anda haciendo periodismo y publica en internet, yo tomé la iniciativa como buena ciudadana de doble apellido que siempre fui y decidí colaborar para avisarle a los docentes que se viene marzo. Mis amigas van a tener un soponcio cuando vean que me hice un facebook y un twitter&#8230; Ésta es mi primera carta para el pueblo argentino. Tendré mis añitos pero no me asusta la tecnología; lo hago por sus hijos, que merecen tener educación.</p>
<p>En fin, <strong>esperemos que la manga de vagos y atorrantes esta vez no tome de rehenes a los niños y empiece las clases, aunque no les den un peso.</strong> Yo pienso que no se lo merecen, es evidente que la educación que le están dando a la gente no vale nada más de la miseria que cobran. El otro día escuché a una mujer, en la cola del banco, diciendo unas barbaridades que me dejaron pasmada. Que era docente y que en su escuela no había aula para los chicos y trabajaba adentro de una caja de durlock&#8230; eso no puede ser verdad. <strong>Que los chicos la maltrataban desde antes de conocerla</strong>, y le llevaba meses ganarse su respeto y empezar a enseñar, <strong>que iban a la escuela sin llevar ni lapicera</strong>, que tenían unos problemas familiares que nos dejarían con la boca abierta&#8230; Que un alumno el año anterior le había gritado que se callara, porque cobraba igual, y que en su casa su mamá decía que los docentes eran una lacra y que estudiar no servía para nada&#8230; Por suerte, seguro que eran todas mentiras: la mujer no parecía una docente de lo mal vestida, despeinada y sin maquillaje que estaba. Ni hablar de las ojotas de plástico que llevaba dentro del Banco. Un horror, una mitómana, seguro. Olvidémosla. Gente así no merece nuestra atención.</p>
<p>Se está terminando febrero, lo sé porque <strong>en los diarios andan diciendo que peligran las clases por los fracasos continuos de las negociaciones con los docentes</strong>. Es una fija que no falla, se repite y se repite. Vamos a ver qué nos depara marzo en este año.</p>
<p><em><strong>NOTA DE LA AUTORA: </strong>Es tan serio para los docentes el tema, que esta vez decidí escribir en broma. La ficticia Doña Rosa que escribe este artículo refleja el pensamiento expresado en muchos comentarios hirientes. Por favor, lector, sea respetuoso al comentar.</em></p>
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