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	<title>Gonzalo Sarasqueta &#187; UCR</title>
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		<title>Anatomía de un regreso radical</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2015 02:38:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>“Siempre adelante, radicales. Adelante sin cesar. Que se rompa y no se doble”, traía tímidamente de fondo un par de parlantes. En Adolfo Alsina al 1786, el color lo ponía un puñado de militantes fieles, que tronaba a capela: “¡Olé, olé, olé, olá, yo tengo hue…, sigo siendo radical!”. A metros, Leopoldo Moreau, escoltado por el misionero Mario Losada, intentaba explicar ante las cámaras la peor cosecha electoral de su historia: 2,34% en el rubro presidencial. El partido político más antiguo del país ingresaba a terapia intensiva el lunes 28 de abril de 2003.</p>
<p>Doce almanaques después, la escudería centenaria muestra síntomas de mejoría. Si bien en la máxima categoría la deuda continúa —Ernesto Sanz sumó en las PASO tan sólo el 3,45 por ciento—, su musculatura recupera volumen: tres gobernadores —Ricardo Colombi (Corrientes), Gerardo Morales (Jujuy) y Alfredo Cornejo (Mendoza)—, dos vicegobernadores —Daniel Salvador (Buenos Aires) y Jorge Henn (Santa Fe) —, 446 intendencias, 43 diputados y nueve senadores nacionales (será la segunda fuerza partidaria del Congreso). “Si se esperan las ruinas, en las ruinas encontrarán una bandera”, advirtió alguna vez Ricardo Balbín.</p>
<p>Claro que la cicatrización del tejido no fue sencilla. El camino tuvo sus mareos: la importación de un candidato justicialista como Roberto Lavagna, en el 2007; la alianza con Francisco de Narváez, en el 2011; y el fugaz entramado UNEN, en el 2014. Prueba y error, hasta llegar a los portones del PRO. Ahí las piezas cuajaron. <b>A la Unión Cívica Radical (UCR) le faltaba una cabeza, Mauricio Macri andaba en búsqueda de un cuerpo</b>: <i>win to win</i> fue el resultado. ¿Capitulación ideológica?<span id="more-143"></span></p>
<p>No. Como movimiento de masas, el radicalismo ha alojado en su seno diferentes líneas de pensamiento y acción. El siglo XX fue testigo de esas vicisitudes: el populismo —sin connotación negativa— de Hipólito Yrigoyen, el liberalismo de Marcelo T. de Alvear, el desarrollismo de Arturo Frondizi, el republicanismo de Balbín y la socialdemocracia alfonsinista, por citar los casos que calaron en el imaginario social. Por ende, aquella proclama de Leandro Alem: “Se nos ha llamado radicales intransigentes. ¡Aceptamos ese nombre con orgullo!”, es sólo una nostalgia, propia de una época en la que el partido habitaba los márgenes del sistema político. Las boinas blancas entendieron —antes que el peronismo y con menor plasticidad— que las riendas de este país se llevan mejor con el cuarteto churchilliano de “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” que con la pureza de las doctrinas.</p>
<p>Hoy la UCR retoma de su extensa biografía las páginas escritas por Balbín. Sea por alergia al kirchnerismo o vocación institucional de la actual cúpula, el legado del Chino es la guía en estos tiempos. La división de poderes, el espíritu cívico, la transparencia, la libertad de expresión y el consenso son el motor de los ejes de la UCR en el 2015. <b>Antes de separar los paquetes ideológicos, hay que restaurar el edificio republicano. Esa es la prioridad. Esa es la agenda. Eso es Cambiemos para los radicales.</b></p>
<p>La jugada craneada por Ernesto Sanz en la Convención de Gualeguaychú, como se observa, está dando sus frutos. La recomposición partidaria avanza en paralelo al derrumbe del kirchnerismo. Solamente resta concretar el asalto a Balcarce 50, operación a cargo de la vanguardia amarilla; en la retaguardia quedaron el martillo y la pluma.</p>
<p>Y, precisamente, este es uno de los escollos a superar por la UCR en los años venideros: no convertirse en la versión casera del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Es decir, transformarse en un copiloto esencial para formar coaliciones de Gobierno, pero no para agarrar el timón. Para eso, deberá comenzar a modelar su propia figurita presidencial. Proyectar un liderazgo contundente, moderno, carismático y con recorrido ejecutivo. Sanz demostró capacidad de armado, aunque carece de estas virtudes. Sólo estuvo a cargo del municipio mendocino de San Rafael. El resto de su currículum está plagado de referencias legislativas.</p>
<p>Revisando el semillero, asoman figuras interesantes. Ramón Mestre, intendente de la capital cordobesa, es una de ellas. Posee linaje (es el hijo del ex gobernador y ministro del Interior, Ramón Bautista Mestre), detenta frescura (tiene 43 años) y, además, recuperó la ciudad después de 12 años de gestión peronista. José Corral, con 47 años, a cargo de la municipalidad de Santa Fe, también emerge como alternativa sub 50. Entre los curtidos, habrá que ver cómo evolucionan las experiencias provinciales de Morales y Cornejo. Esto sin descartar, a largo plazo, la adopción de un dirigente, con horizonte en la ciudad de Buenos Aires, como Martín Lousteau. El economista tiene <i>feeling</i> con Sanz y cuenta con el respaldo del radicalismo porteño. Todo puede ser.</p>
<p>El otro desafío que aparece es la gobernabilidad. Desde aquel añejo 12 de octubre de 1928, cuando Marcelo Torcuato de Alvear finalizó su mandato constitucional, la fuerza no ha podido concluir en orden y tiempo un período presidencial. Si se impone en el ballotage y llega entero a diciembre del 2019, Macri les podría dar una mano con el entierro del axioma “Sólo el Partido Justicialista puede gobernar la Argentina”. Mientras tanto, los dirigentes que estén en primera línea de combate deberán probar que, al igual que los peronistas, no padecen el poder: al contrario, lo disfrutan. El verdadero cambio empieza por ahí.</p>
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		<title>El boomerang feudal</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Aug 2015 16:58:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Joven de la Unión Cívica Radical (UCR) acribillado en circunstancias misteriosas en Jujuy.<b> </b>Inquisición político-mediática contra el jugador de fútbol más popular del país por opinar sobre pobreza. Piromanía electoral en el jardín de la república. Protesta, represión policial y tres militantes del Partido Obrero presos, también en Tucumán. Y para rematar esta cronología dantesca, la senadora nacional del Frente para la Victoria (FPV), Beatriz Rojkés, amplía su antología de frases descarnadas justificando la violencia de género.</p>
<p><b>Tres semanas y monedas pasaron del triunfo en las PASO y Daniel Scioli todavía no pudo pronunciar el lema de su campaña: ¡victoria!</b> Desde el 9 de agosto todo ha sido una migraña para el gobernador. Pálida tras pálida. Y, exceptuando el diluvio que azotó a la provincia bonaerense, todas provenientes de un mismo punto cardinal: el norte. ¿Avatares del destino o causalidad geopolítica?</p>
<p>Para empezar, conviene poner sobre la mesa algunos papeles interesantes: las tres provincias donde sucedieron dichas tragedias están comandadas por mandatarios que están enquistados en el vértice del Estado desde hace varios almanaques. En Jujuy, Eduardo Fellner ha sido jefe del Ejecutivo en dos tramos: 1998-2007 y 2011-actualidad (y va por la reelección), José Alperovich es la máxima autoridad política en Tucumán desde el 2003 hasta la fecha, y Gildo Insfrán, empecinado en triturar cuanto Guinness político se le presente, se encamina a su sexta gestión consecutiva en Formosa. Ergo: estamos <b>hablando de dirigentes alérgicos a la alternancia y con una gran capacidad para conservar sus respectivas parcelas de poder.<span id="more-93"></span></b></p>
<p>¿Cómo lo hacen? Con una colonización extrema del andamiaje estatal. Diluyen los tres poderes republicanos en uno solo, homogéneo, compacto e impermeable a los intereses de la ciudadanía. Borran con nepotismo la <i>accountability </i>horizontal. Y <b>entablan un aceitado sistema de vasallaje moderno, donde cada funcionario vela por la salud política del gobernador y este, a su vez, le garantiza a cada uno seguridad, protección y libre albedrío para hacer negocios privados con las arcas públicas</b>. Enriquecimiento que les permite agregar varios ceros a sus cuentas bancarias, pero también les sirve para alimentar un mecanismo clientelar de profunda capilaridad en el tejido social.</p>
<p>Y este último elemento es una de las piezas claves para comprender la sostenibilidad de estos regímenes autocráticos. Las sociedades de estas provincias se caracterizan por carecer de una robusta clase media y una movilidad social significativa. O sea, se abre un terreno sociológico fértil para implantar relaciones paternales entre la cúspide de la pirámide y los sectores populares. Vínculo que pende de un hilo delgado y que en situaciones críticas puede resquebrarse. Ejemplo ostensible fue la respuesta a un inundado de la legisladora nacional y esposa de Alperovich, Beatriz Rojkés: “Yo tengo 10 mansiones, no una, y estoy acá. Yo puedo estar en mi mansión ahora, pedazo de animal, vago de miércoles”.</p>
<p><b>Envuelve esta metodología un aparato represivo afilado y domesticado para aplastar cualquier síntoma de disidencia</b>. A veces legal, como la policía tucumana -herencia directa de los años de plomo de Antonio Bussi-, que demostró su talante autoritario en las marchas de plaza Independencia, y otras veces paraestatal, como las fuerzas pretorianas de la organización Tupac Amaru en Jujuy, hoy bajo la lupa por la muerte del radical Ariel Velásquez (21). En Formosa, como anticuerpo a la persecución sistemática que vienen sufriendo los pueblos originarios por parte de las “milicias” de Insfrán, ha surgido el liderazgo del cacique Qom Félix Díaz, una oportunidad de diálogo, paz y pluralidad. Justamente, por estos días, diversas agrupaciones están promoviendo su candidatura al Premio Nobel de la Paz, iniciativa que preocupa en el centro de operaciones provincial.</p>
<p>A sabiendas de este delicado diagnóstico, Scioli ha puesto como capataz regional a la esperanza blanca del peronismo: el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Un cuadro que, a diferencia de sus correligionarios, destaca por sus ansias modernizantes (fue el primero en instalar, en el 2013, el sistema de boleta única electrónica en la capital), su apertura al diálogo y su juventud (aunque vale aclarar que va por su tercer período). Resta saber si podrá poner paños fríos a la situación y amansar al barrio septentrional. Las elecciones que se avecinan en el Chaco serán un buen termómetro para saber en qué estado se encuentra su labor.</p>
<p>Pero, en todo caso, lo que debería revisar en algún momento el ex motonauta es la anatomía de este poder que baja del norte. Y no solo por una cuestión de ética o convicciones democráticas, sino también por los daños que le causan a sus pretensiones. <b>Estos enclaves peronistas terminan siendo un boomerang: le brindan instantáneas triunfales, recursos y territorialidad, pero están repletos de costos políticos que él, como flamante líder del espacio, debe asumir como propios</b>. “Hay sumas que restan”, habría que recordarle. Levantar un Herminio Iglesias cada semana es extenuante, por no decir inviable electoralmente.</p>
<p>Claro que el gobernador tampoco dispone de muchas cartas en esta mano. La otra opción sería encuadrarse en el cristinismo. Pero, además de ser tarde para adquirir el <i>ethos </i>camporista, abrir esa puerta le impediría crear su propio “ismo”, salto gramatical que está obligado a dar si desea tomar realmente las riendas del país. No en vano, CFK intenta licuarlo en el Frente para la Victoria en cada ocasión que se le presenta: “La campaña no es contra Scioli, es contra el FPV”, advirtió días atrás. La presidenta es consciente de que, en estas tierras, la libertad de acción se devuelve -tarde o temprano- con parricidio político. Eduardo Duhalde sabe algo de eso.</p>
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		<title>Una campaña electoral híbrida</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Aug 2015 03:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Los dos presidenciables con mayores chances, Mauricio Macri y Daniel Scioli, empiezan a desandar una campaña compleja, donde el condicionante temporal (la reflexión, como valor político, hace tiempo que fue sustituida por los reflejos y el olfato) es solo una de las piezas a encajar en este tetris. También están el factor discursivo (qué se dice) y los dispositivos (cómo se dice) por donde se encauza el mensaje escogido. Sobre este último haremos hincapié en este breve artículo.</p>
<p>Sobre el ocaso de los años noventa, estaba claro que los candidatos debían conjugar la clásica recorrida territorial -actos, timbrazo, caminatas, afiches callejeros, carteles, etcétera- con la presencia en los medios de comunicación tradicionales -televisión, radio y gráfica. Era prácticamente un imperativo proselitista: de la calle al estudio y viceversa.</p>
<p><b>En el siglo XXI se añadió otra arena comunicacional: el mundo en línea.</b> Un espacio que, si bien aún no se sabe con exactitud su efecto concreto, se está volviendo crucial al momento de conectar con la ciudadanía. Ejemplo tangible -y pionero- fue el de Barack Obama en el 2008, con su campaña triple <i>o</i>: Obama <i>online operation</i>, que incluía la movilización de ciberactivistas, el debut político de Twitter y la difusión de la página oficial del demócrata.<span id="more-78"></span></p>
<p>Pero lo interesante de este tipo de campañas multinivel o tridimensionales es cómo se compatibilizan con el candidato la estructura partidaria que lo sostiene, su tradición, sus recursos (materiales, simbólicos y humanos) y sus objetivos. Veamos el caso argentino actual.</p>
<p>Comenzando con Daniel Scioli. Está claro que el esqueleto del Partido Justicialista, formal (institucional-gubernamental) e informal (institucional-partidario), con diferentes tonalidades y volumen, se extiende desde Ushuaia a La Quiaca. <b>Sin duda, es el principal tejido político del país. Por ende, es comprensible que la apuesta fuerte de la fuerza sea emplear esas arterias comunicacionales para impulsar a su líder</b>. Karina Rabolini, Alberto Pérez, Cristina Álvarez Rodríguez, por mencionar algunos de los laderos del gobernador, se distribuyen los cuatro puntos cardinales. Sobre ellos, el ex motonauta sobrevuela y refuerza los bastiones más raquíticos.</p>
<p>En segundo término, está el andamiaje comunicacional estatal. Televisión, radio y prensa paraestatal (privada, pero sustentada mayoritariamente con publicidad oficial) son los satélites que propagan las actividades realizadas por Scioli y, además, dan rienda suelta a un equipo multidisciplinario (encuestadores, analistas, intelectuales, periodistas, etcétera) que propaga su línea de pensamiento. <b>Engranaje que pone de relieve la utilización de bienes públicos para fines electorales, una distorsión republicana característica de la mayoría de los oficialismos en el país.</b></p>
<p>Y luego aparece el mundo cibernético. Con más recelo que entusiasmo (el ciberactivismo está reemplazando lentamente a la militancia tradicional, lo que supondría un cambio drástico en las matemáticas del poder),<b> el peronismo hace lo mínimo e indispensable para dar el presente en esta esfera. </b>No se anima a jugar ni a innovar con estos nuevos “chiches”. Asume una actitud conservadora, que la maquilla con ese axioma tan propio de la <i>realpolitik</i>: “el cara a cara con el compañero es lo que cuenta; lo demás, hechicerías de la posmodernidad y la pospolítica”.</p>
<p><b>El edificio PRO es exactamente al revés. Su dinámica empresarial, el perfil de sus militantes y su obsesión por el futuro (¿consecuencia de carecer de un pasado político contundente?) sumergen a la tropa de Mauricio Macri en las aguas de la web</b>. Gobierno abierto, webs interactivas con poca densidad textual, contenidos coordinados por <i>comunity managers,</i> un ejército considerable de twitteros, spots diseñados exclusivamente para el ciberespacio, por citar algunos ejemplos, son las herramientas comunicacionales que sobresalen en la actividad proselitista amarilla.</p>
<p>Bien pegado, está la presencia mediática. El PRO capitalizó muy bien el conflicto entre <i>Clarín</i> y el kirchnerismo. Supo vislumbrar el boquete que se abría en el conglomerado para erosionar al oficialismo y, de paso, montar su mensaje. La maniobra fue fundamental para equiparar (o, hasta incluso, superar) el peso comunicacional del aparato estatal.</p>
<p><b>Y, en última instancia, está el territorio. Consciente de sus limitaciones, el PRO decidió acceder a este a través de la mediatización de la Unión Cívica Radical</b>. Sobre la estructura del partido centenario, recorre el país. La jugada es acertada, pero también contiene sus bemoles: el capital político que se gana ante cada exposición se comparte con los de boina blanca, lo cual en un futuro podría derivar en un empoderamiento del espacio de Ernesto Sanz y en una competencia más pareja entre ambos partidos políticos por la representación de un mismo electorado.</p>
<p>Ambas estrategias sintetizan perfectamente la genética comunicacional de las campañas en el país: un híbrido que detenta tanto herramientas y soportes clásicos como modernos. Los resultados que arrojen las urnas, en cierta medida -no hay que olvidar otros factores gravitantes como el discurso, la correlación de fuerzas, la ingeniería del sistema electoral, entre otros-, precisarán si la Argentina ya puso el primer pie en las cibercampañas o si, por el contrario, aguarda las huellas de la historia para pegar el salto.</p>
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