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	<title>Gonzalo Sarasqueta &#187; Sergio Massa</title>
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		<title>Las riendas del PJ están sueltas</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2015 09:48:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Poco dura el peronismo en el diván. Todavía no cayeron los últimos cascotes de la derrota y en el movimiento ya se abrió el mercado de especulaciones. Nada de introspección profunda. Mucho menos de autoflagelo. “No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer”, apuntaba Arturo Jauretche. Las riendas del Partido Justicialista (PJ) están... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/12/08/las-riendas-del-pj-estan-sueltas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Poco dura el peronismo en el diván. Todavía no cayeron los últimos cascotes de la derrota y en el movimiento ya se abrió el mercado de especulaciones. <strong>Nada de introspección profunda. Mucho menos de autoflagelo</strong>. “No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer”, apuntaba Arturo Jauretche. <strong>Las riendas del Partido Justicialista (PJ) están sueltas y varios son los domadores que se alistan para tomarlas.</strong> Cada uno con su impronta. Cada uno con su <i>ethos</i>. Cada uno con su receta para recuperar el centro de gravedad de la política criolla.</p>
<p>Y, sin duda, la nominación empieza con Cristina Fernández de Kirchner. Luego de ocho años en el poder, la Presidente cuenta con credenciales suficientes para no bajarse de la montura. Pero primero, claro, debe decidir si continuará en el frenesí de las arenas políticas u optará por el embalsamamiento, esperando que los manuales de historia hagan su parte. Viudez, cirugías de riesgo y el estrés que implica comandar los destinos de un país parecen razones de sobra para escoger esta última posibilidad. El matiz sería una hibernación patagónica extendida para recobrar energías y volver al ruedo en el 2017. De cualquier modo, CFK seguirá de reojo los movimientos en Comodoro Py. Varias denuncias por presunta corrupción descansan ahí, listas para materializarse en causas judiciales o pasar al olvido en los sótanos del palacio.<span id="more-161"></span></p>
<p>De seña, la abogada deja una legión de espartanos en el Congreso. Dos docenas de diputados de La Cámpora defenderán con uñas, dientes y mística lo que ellos consideran como los logros intocables. A ese contingente se le sumarán la gestión santacruceña de Alicia Kirchner y las células no peronistas (Nuevo Encuentro, Socialismo para la Victoria, Forja, etcétera). <b>Mantener impoluto el legado será esencial para disputar el liderazgo del justicialismo. A falta de caja, el capital simbólico será uno de los recursos esenciales que tendrá el cristinismo para cuidar posiciones.</b> El problema es que, del otro lado del mostrador, gobernadores, sindicalistas e intendentes suelen cobrar en metálico. En general: son poco propensos a los bienes intangibles. Veremos cómo avanza el comercio de voluntades.</p>
<p>Como contracara, asoma el peronismo republicano. Encabezada por el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, esta corriente aspira a institucionalizar la fuerza y convertirla, definitivamente, en un partido electoral competitivo. Esta especie de <i>remake</i> del cafierismo incluye una oposición sensata, puentes permanentes con la Casa Rosada y acuerdos transversales para afrontar problemas acuciantes como la inflación, el narcotráfico y la pobreza. Portones adentro, la renovación pretende federalizar el PJ, establecer reglas claras para el acceso a los puestos de mando y pasar de la arenga ideológica a una prédica consensual. A tono con los vientos amarillos que soplan. Para dejar bien sentada su posición, el responsable de La Linda no acudió la semana pasada a la convocatoria de Cristina en Balcarce 50. Y estilizó su propuesta con un titular contundente: “El peronismo debe colaborar para que al país le vaya bien. No tenemos que ser un obstáculo, tenemos que presentarnos como un estadio superior&#8221;. Tan sencillo como rentable el mensaje.</p>
<p><b>Algo vacilante</b><b>, aparece Daniel Scioli. El gobernador saliente aún no define cuál es su menú</b>. Por momentos muestra retazos de su etapa <i>catch all </i>—antes de la campaña electoral—, cuando marcaba distancia del kirchnerismo nuclear, y en otras ocasiones —como en la recta final del ballotage— se calza el traje del Nestornauta y ve neoliberalismo hasta en la sopa. Dos posibles lecturas: está jugando de trapecista entre las dos vertientes anteriores para ungirse como paladín de la unidad o, siendo más pesimista, quedó atrapado entre los dos personajes y está al borde de la alienación política. Un buen termómetro serán los primeros meses de gestión de Mauricio Macri. Ahí el ex candidato deberá dejar en claro su derrotero, si quiere estar en primera fila.</p>
<p>Por fuera del barrio, <strong>merodea Sergio Massa</strong>: el <i>outsider</i> que sueña con colonizar el PJ a la distancia. Si bien está en plena simbiosis con Cambiemos —prueba palpable: el acuerdo en la Legislatura bonaerense—, el del Delta no se da por vencido. Y tiene con qué. Además de un bolsón con 21% de votos, cuenta con piezas claves para rearmar el rompecabezas del general: el peronismo cordobés, parte del sindicalismo (Facundo Moyano <i>and company</i>) y algunos intendentes del Conurbano. No es un coeficiente de poder determinante. No. Pero para tocar el timbre y probar suerte alcanza y sobra.</p>
<p>Lo que quizás conecte a estos diferentes senderos sea la amenaza que representa Macri. <strong>O, mejor dicho, las arcas que manejará el ingeniero: nación, provincia de Buenos Aires y Ciudad Autónoma de Buenos Aires.</strong> “Toda la macrocefalia junta”, como bien señalan Tomás Borovinsky y Martín Rodríguez. El magnetismo de la chequera es potente, en tierras peronistas conocen este <i>leitmotiv</i>. Puede llegar a producir una diáspora importante, por no decir concluyente. Contener a los garrochistas será el principal desafío hasta mayo, cuando el Congreso partidario defina la línea editorial a seguir, aunque como advirtió John William Cooke: “La masa no será detenida con consignas, sino con la satisfacción de las necesidades”.</p>
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		<title>Inquisición 2.0</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Nov 2015 03:30:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ballotage 2015]]></category>
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		<description><![CDATA[“Gorila”, “fusiladores en el 55 y en el 2001”, “séquitos de Videla”, “cipayos en oferta”, “lacras venenosas”, “neofascistas”, “resaca nazi”, “militonto”, “cleptómanos profesionales”, “otro cibertibio”, son algunos de los descalificativos —más originales— que estuvieron rebotando la última semana en las redes sociales. Hay de y para todas las fuerzas políticas. Lejos de ser propiedad exclusiva... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/11/03/inquisicion-2-0/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“Gorila”, “fusiladores en el 55 y en el 2001”, “séquitos de Videla”, “cipayos en oferta”, “lacras venenosas”, “neofascistas”, “resaca nazi”, “militonto”, “cleptómanos profesionales”, “otro cibertibio”, son algunos de los descalificativos —más originales— que estuvieron rebotando la última semana en las redes sociales. Hay de y para todas las fuerzas políticas. Lejos de ser propiedad exclusiva de uno, el fenómeno es transversal. Contamina a toda la góndola.</p>
<p>Se sabe que en el barrio 2.0 abunda el lenguaje cloacal. La virtualidad es una arena propicia para despedir todas aquellas escatologías verbales que, en persona, en el mundo tangible, pocos se animan a decirle en la cara al vecino, amigo o compañero de trabajo. La red es un atajo para la cobardía. Siempre lo fue, pero nunca como en estas horas.<b> El nivel de agresividad que se desató después de conocerse la voluntad de las urnas es inédito</b>. ¿Por qué? ¿A qué se debe? ¿Estamos listos para afrontar un ballotage de estas características?</p>
<p>Para empezar, recalcar la sorpresa de quien escribe. Supuestamente estábamos ante una campaña electoral de baja crispación. Los tres principales candidatos —Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri— se manejaron dentro del margen crítico que permite cualquier sistema democrático. Hubo contados golpes bajos. La negatividad brilló por su ausencia. Sus discursos se articularon en torno a abstracciones tales como “esperanza”, “victoria”, “cambio”, “fe”, “diálogo”, “consenso”. A tal punto que, a principio de año, desde los medios de comunicación se les pidió precisión, contundencia y hasta inclusive mayor diferenciación entre ellos. Deducción al vuelo: ellos no fueron los artesanos de este fanatismo <i>in crescendo</i>. A bucear en otras aguas.<span id="more-135"></span></p>
<p>Quizás sea el momento de sumergirse en la cultura política, ese cúmulo de prácticas, valores, creencias, opiniones, preferencias y costumbres que compartimos como sociedad. Con este lente analítico, se podría hallar una explicación tentativa. Un primer paso puede ser el mesianismo. Ninguna novedad. A lo largo de estos 200 años y monedas, nos hemos acostumbrado a tercerizar nuestras responsabilidades, obligaciones y expectativas en un líder redentor. Un individuo ubicuo, todopoderoso y mítico que nos llevaría —sin mucho esfuerzo ni sacrificio— a los portones del paraíso: primer mundo o liberación, según la cantinela ideológica. Empresas que, espiando por el espejo retrovisor de la historia, han terminado en auténticos escombros.</p>
<p>Y mesianismo no rima con tolerancia. <strong>Cuando la emotividad desplaza por completo al intercambio racional, elimina el equilibrio entre razón y sensibilidad que debería albergar cualquier acción política, los matices se vuelven una especie en extinción. La ideología muta en catecismo</strong>. El derecho al disenso pasa a ser la excepción, no la norma. Y el repertorio lingüístico circulante cambia drásticamente: el adversario ahora es un enemigo, el aliado se convierte en un servidor condescendiente y los seguidores se transforman en soldados o apóstoles al servicio de la causa. En otras palabras: el imaginario político le cede el paso al bélico.</p>
<p>Pero el cortocircuito continúa. Al moverse solamente en un monoambiente de ideas, la capacidad dialógica se atrofia. Se consolida un pensamiento autista, cerrado e impermeable a cualquier reflexión exterior. Sólo se consumen opiniones afines. El perímetro del sentido común del ciudadano finaliza en el mismo punto donde concluye su catecismo. Todo aquel que provenga del otro lado de la frontera y pretenda desarmar la estructura de creencias mediante un análisis distinto es apedreado simbólicamente. Los anticuerpos de la necedad se activan. Cuanto más se extienda en el tiempo este círculo vicioso, más vehemente será el ataque hacia la materia gris foránea.</p>
<p>Cuando urge salir de la zona intelectual de confort, en este caso porque se debe convencer a un 30% de indecisos para ganar un ballotage, queda en evidencia la falta de entrenamiento para persuadir, explicar o fundamentar. Y, ante esta impotencia, aparece la <i>falacia ad hominem</i>: atacar a la persona y no al argumento. Un recurso que, sin duda, genera el efecto contrario: en vez de embelesar voluntades, se las expulsa del espacio. Y ahí se redobla la apuesta combativa. Aumentan la persecución, el interrogatorio y el linchamiento. Pero, salvo que se esté ante un caso de síndrome de Estocolmo político, la inquisición 2.0 termina ahuyentando el voto.<i> </i>Pocos parecen entender esta ecuación sencilla.</p>
<p>El universo 2.0 ha subrayado esta falencia que tenemos como sociedad. O, mejor dicho, la ha sacado a la luz, porque la intolerancia siempre estuvo ahí, latente, entre nosotros. Solamente que, ahora, la exposición, el <i>feedback</i> y la instantaneidad de estos dispositivos, más la instancia de un escenario polarizado, como una segunda vuelta, la han puesto sobre el tapete. Restan diecinueve días para el cuarto oscuro, tiempo escaso para dar un salto importante en materia deliberativa. Pero, para comenzar a sembrar, la primavera es una estación ideal.</p>
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		<title>Scioli viaja en ejecutiva</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2015 03:00:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y el thriller Polarización nunca se terminó de rodar. A tan sólo un par de agujas de las urnas, el suspenso se extingue. La torta electoral continúa cortada en tres porciones: una de considerable tamaño, Frente para la Victoria (42%), y dos de modestas dimensiones, Cambiemos (28,2%) y Unidos por una Nueva Argentina (22,9%). El... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/10/20/scioli-viaja-en-ejecutiva/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Y el thriller <i>Polarización </i>nunca se terminó de rodar. A tan sólo un par de agujas de las urnas, el suspenso se extingue. La torta electoral continúa cortada en tres porciones: una de considerable tamaño, Frente para la Victoria (42%), y dos de modestas dimensiones, Cambiemos (28,2%) y Unidos por una Nueva Argentina (22,9%). El dividendo, reflejo de la última encuesta de Ipsos &amp; Mora y Araujo, consultora que, entre tanta lotería demoscópica, anduvo con puntería en las PASO, avisa que el pleito por la Casa Rosada se definiría el próximo domingo.</p>
<p>Pero los guarismos no son los únicos que avientan el fantasma del ballotage: Daniel Scioli hace lo suyo. El número 9 de Villa La Ñata saltea las páginas del almanaque y actúa como si ya estuviera en las vísperas de su asunción. <strong>Su agenda se parece más a la de un candidato electo que, sereno, finiquita detalles para tomar el bastón presidencial, que a la de un aspirante frenético que, desesperado, gasta las últimas municiones verbales para cerrar la campaña lo más alto posible.</strong></p>
<p>Prueba palpable es la extensa lista de apellidos que brindó para su potencial gabinete. Cada día, como quien anuncia obras, da mítines o inaugura escuelas, presenta un eventual ministro o secretario nuevo. Así hizo pasar por la pasarela a Silvina Batakis, ministra de Economía; Alberto Pérez, jefe de Gabinete; Sergio Urribarri, ministro del Interior; Maurice Closs, secretario de Turismo; Ricardo Casal, ministro de Justicia; Daniel Filmus, ministro de Ciencia y Tecnología; Diego Bossio, ministro de Infraestructura y hasta incluso deslizó que el nuevo inquilino de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), desplazando a Oscar Parrilli, sería Gustavo Ferrari. Dato llamativo, ya que este puesto, por seguridad, suele ser uno de los últimos en salir a la luz de la opinión pública.<span id="more-125"></span></p>
<p>La arquitectura, como se observa, es un mix de gobernadores, funcionarios bonaerenses y kirchneristas de baja intensidad (Bossio y Filmus). Nada de “cristinismo nuclear” ni “camporismo infiltrado”. La “teoría del cerco” o, mejor dicho, “la muralla china”, con Carlos Zannini a la cabeza, se va diluyendo a medida que se acerca el traspaso de la chequera en Balcarce 50.</p>
<p>Otro síntoma son las reuniones que entabla con presidentes vecinos. A diferencia de sus adversarios, que posan con <i>celebrities </i>como Susana Giménez o patean por los arrabales de la provincia en búsqueda de vacilantes, el gobernador bonaerense se prueba el traje de jefe de Estado y se muestra con Dilma Rousseff y Tabaré Vázquez. Como si ya fuesen sus pares. CFK, ¿celosa? Puede ser, pero no hay mucho margen para las emociones: la apuesta está hecha y es todo al naranja. La ruleta peronista determinará si la cabecilla del Frente para la Victoria resolvió con olfato de jugadora profesional o vicio de ludópata.</p>
<p>Y esto no es todo. El mandamás bonaerense, además, se da el lujo de hacer un <i>role playing.</i> Mandó a Juan Manuel Urtubey —su carta escogida para Cancillería— al Consejo de las Américas, en Estados Unidos. Allí, la esperanza blanca del peronismo confesó la imperiosa necesidad de llegar —cuanto antes— a un acuerdo con los fondos buitre. Miguel Bein, asesor económico de DOS, lo secundó desde tierras criollas. El simulacro tuvo buena recepción en la góndola justicialista, no así en el círculo kicillofneano, que interpretó la movida como una invasión doble: a la soberanía del país, en el formato épico, y a la cofradía del ministro sin corbata, en la versión <i>realpolitik</i>.</p>
<p><b>Mientras tanto, Sergio Massa y Mauricio Macri ensayan una especie de polarización de cabotaje</b>. Fenómeno peculiar, por no decir inédito. Porque es normal que el tigrense, cabalgando tercero en la contienda, se ponga cáustico e invite al jefe porteño al ring mediante chicanas como que el voto amarillo es “inútil”, porque él es el único que puede voltear en una segunda vuelta al kirchnerismo, “Macri es una invitación al pasado” o, directamente, lo rete a un debate televisivo “mano a mano”. Ahora, lo extraño es que el ingeniero se obsesione mirando su piso en vez de su techo. Casi todos sus dardos van dirigidos hacia el hombre del Delta; pocos cartuchos quedan para La Plata. El resultado de esta estrategia ha sido contraproducente para él: lo clavó en los sondeos y, en paralelo, produjo con Massa una nivelación impensada a principios de año, cuando algunos, por ejemplo, quien escribe, pronosticaban que el ex director ejecutivo de la Administración Nacional de la Seguridad Social finalizaría en la cifra de un dígito.</p>
<p>El daño colateral —que preocupa al antikirchnerismo rabioso— es que, si se sigue agudizando esta batalla de segundo orden, en un escenario de ballotage la <i>selfie</i> entre ambos opositores, necesaria para doblegar al capataz bonaerense, se transformaría en una quimera. Por eso, desde el círculo rojo intentan ponerle paños fríos a la riña, delimitar las reglas del combate y mantener los vasos comunicantes entre Parque de los Patricios y Tigre. Parafraseando a Leandro N. Alem: “Que se doble, pero no se rompa”, parece ser la consigna que sobrevuela.</p>
<p>Lejos de estas turbulencias, Scioli viaja tranquilo en clase ejecutiva. Disfruta el recorrido. “Mientras ellos pelean por el segundo puesto, yo estoy abocado al desarrollo del país”, deslizó, altivo, hace un puñado de días. Así atraviesa la campaña. Y, cuando se aburre, se pasa a la cabina, le pide permiso a la jefa y tantea el volante. Ella lo deja, pero apenas un ratito. Quizás cuatro años, como mucho. No vaya a ser que le tome el gusto a volar solo.</p>
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		<title>El podio del debate</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2015 11:11:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Pasó el primer debate presidencial de la historia argentina. Otra pieza más para fortalecer el engranaje institucional de nuestro sistema democrático. Otra excusa más para tonificar la cultura deliberativa en el tejido social. Otra vidriera más para conocer a los candidatos. Y siguiendo la estela del último punto, ¿cuál fue la performance de los aspirantes... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/10/05/el-podio-del-debate/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Pasó el primer debate presidencial de la historia argentina. Otra pieza más para fortalecer el engranaje institucional de nuestro sistema democrático. Otra excusa más para tonificar la cultura deliberativa en el tejido social. Otra vidriera más para conocer a los candidatos.</p>
<p>Y siguiendo la estela del último punto, ¿cuál fue la performance de los aspirantes al sillón de Rivadavia? ¿Quién logró congeniar mejor el trípode discurso-estilo-imagen? ¿Quién logró imponer su sello? En fin, ¿cómo quedó conformado el podio de anoche?</p>
<p><strong>Por su capacidad argumentativa, el primer lugar es para Margarita Stolbizer.</strong> La líder de Progresistas sobresalió en lo que refiere al ¿qué? (el contenido). La sustancia discursiva. Demostró un gran aplomo para desplegar su base programática sin titubear ni caer en lugares comunes. Conjugó lenguaje técnico (para detallar) con lenguaje coloquial (para oxigenar), ambos con la dosis justa. Todo lo respaldó con estadísticas, cifras puntuales y diagnósticos certeros. Y, además, materializó su experiencia con una notable fluidez verbal. Aspecto que, en el primer minuto, le jugó en contra: sus segundos iniciales colindaron con la verborragia. Pero, con el paso de las agujas, lo afinó y encontró la métrica justa. ¿Su clímax? En el bloque temático de Seguridad y Derechos Humanos, se desmarcó del enfoque punitivo -que poseen la mayoría de los candidatos para combatir el flagelo del delito- y sacó de la galera la frase “Al delito hay que mirarlo a través de la víctima y no del delincuente”. Calado, ingenio y originalidad, los tres pilares retóricos del pensamiento progresista, presentes.</p>
<p><strong>Bien cerquita, quedó Sergio Massa</strong>. El homo videns. El tigrense descolló en el cómo (la forma). Fresco, suelto y armonioso empleó perfecto las pausas (menos de un segundo; una especie de punto y seguido) y los silencios (más de un segundo; algo así como el punto y aparte). Pero no sólo eso. También varió los volúmenes de la voz, recurso que genera magnetismo y entretiene al destinatario. Supo subrayar con subidas de tono sus propuestas más jugadas –“Argentina tiene la edad de imputabilidad muy alta&#8221; y “Creo que Scioli nos faltó el respeto a todos no viniendo&#8221;-, manifestando autoridad, firmeza y decisión. Colocó varios silabeos interesantes para penetrar en la audiencia. Nunca se excedió del tiempo permitido. Y dejó en claro que su idea fuerza en esta campaña electoral es la seguridad. ¿Su valor añadido? La creatividad en transformar los treinta segundos que le correspondían para interrogar a Scioli en un pedido de silencio general. Perspicacia, empatía y sutileza: la ecuación que nunca falla.</p>
<p>Más alejado, apareció un Mauricio Macri algo apagado. Al jefe porteño le costó entrar en juego. Enchufarse. Prueba fehaciente: el desliz “delarruísta” que tuvo al comienzo, cuando no sabía en qué atril sentarse. Se lo notaba perdido. En su exhibición inaugural fue monótono. Sonó latoso. Después, de a poco, fue encontrando el timing. Eso, sí: nada de munición gruesa ni golpes bajos. El consenso, el trabajo en equipo y la experiencia capitalina fueron sus plataformas discursivas. Desde allí tejió su relato.<strong> ¿Su punto álgido? El cierre, donde se lo percibió espontáneo, vital y probándose el saco presidencial. La primera persona en plural -“vamos a cambiar la Argentina”, “la Argentina que soñamos”- sonó creíble, sincera y rotunda.</strong></p>
<p>Cuarto, estuvieron los 36 años de Nicolás del Caño. El mesías del trotskismo autóctono no pudo ocultar sus nervios. Tartamudeó en más de una ocasión. No acompañó su narrativa con el lenguaje corporal (por ejemplo: las manos, prácticamente, estuvieron aferradas al atril durante las dos horas). Su maximalismo marxista le impidió ser preciso con problemas puntuales para el país, como el narcotráfico o la inflación. Y se tornó circular con la consigna “que la crisis la paguen los empresarios, no los trabajadores”. Sin embargo, hay que resaltar su coherencia, su combatividad y, sobre todo, su simplicidad. En otras palabras: cumplió con el perfil de un dirigente clasista. ¿La cumbre? Cuando lo chicaneó a Massa con el ausentismo al Congreso: “¿Con qué autoridad moral sostiene pedir presentismo a los docentes si usted faltó al 90% de las sesiones?&#8221; Simplemente, brillante.</p>
<p>El reverso del candidato del Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT) fue Adolfo Rodríguez Saá, el que carga más calendarios en la espalda. El puntano parece no haberse tomado en serio el dicho de Winston Churchill: “A mí me encanta la improvisación, una vez que me la he preparado”. <strong>Básicamente, dejó traslucir que paseaba por Figueroa Alcorta, vio luz en la que supo ser su Facultad de Derecho y entró a ver qué pasaba.</strong> Poca preparación y muchas redundancias. Se lo notó fuera de ritmo, a tal punto que, en un momento, Massa le tuvo que recordar la pregunta que le había formulado segundos antes. Y nunca salió de las muletillas proselitistas típicas como “terminar con la pobreza”, “pleno empleo” y “educación de calidad”. Más allá de eso, puso sobre la mesa su estirpe de peronista federal, se mostró como un estadista dispuesto al diálogo y propuso firmar un acuerdo básico entre todas las fuerzas para impulsar a la Argentina hacia el desarrollo. Poco para agregar.</p>
<p>El último puesto, sin duda, es para Daniel Scioli. El gran ausente de la cita, que, a la misma hora, rockeaba con la vedette Jessica Cirio sobre las tablas del Luna Park.<strong> Ejemplo palpable que su repertorio celestial de “diálogo”, “concordia” y “consenso” es solamente un juguete del marketing político. Nada más.</strong> Fuegos de artificio para esconder su raquítico programa político. Solo resta saber si el pueblo argentino castigará -o no- en las urnas este faltazo. En caso afirmativo, sería un mensaje contundente de cara al futuro: todo aquel que anhele alcanzar la máxima envestidura, deberá dar el presente en este ejercicio deliberativo esencial para la salud de nuestra democracia.</p>
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		<title>¿Quién ganó la batalla entre Clarín y el kirchnerismo?</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Sep 2015 02:46:36 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El cambalache comenzó con la firma de Guillermo Moreno, en septiembre del 2007, que convalidó la fusión entre Multicanal y Cablevisión. Dos primaveras después, a contracorriente, el Gobierno de Cristina Fernández promulgó la ley de medios. Al año siguiente, Amado Boudou intentó desarticular la amalgama de las dos corporaciones con una resolución. Y, hace diez... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/09/28/quien-gano-la-batalla-entre-clarin-y-el-kirchnerismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El cambalache comenzó con la firma de Guillermo Moreno, en septiembre del 2007, que convalidó la fusión entre Multicanal y Cablevisión. Dos primaveras después, a contracorriente, el Gobierno de Cristina Fernández promulgó la ley de medios. Al año siguiente, Amado Boudou intentó desarticular la amalgama de las dos corporaciones con una resolución. Y, hace diez días, la Justicia Civil y Comercial porteña corrigió al vicepresidente y ratificó la unificación de ambas empresas. En el medio de este trabalenguas político-jurídico, fuimos testigos de “la 125”, “cruzadas culturales”, fallos de la Corte Suprema, extracciones de ADN, guantes de boxeo en un asamblea de Papel Prensa y dos preguntas retóricas que quedarán en la antología de las chicanas criollas: “¿Qué te pasa, Clarín? ¿Estás nervioso?”.</p>
<p>Todo muy fluctuante. Todo muy apasionante. Pero asoma el crepúsculo del kirchnerismo -al menos, en su versión <i>sui generis-</i><i> </i>y la duda continúa flotando en el aire: ¿Quién ganó la disputa entre el Gobierno nacional y Clarín?</p>
<p>La respuesta posee diferentes ángulos de toma. Uno, por ejemplo, es el económico. En este plano, el colosal conglomerado comunicacional parece haberse impuesto. Y un claro indicio es el fallo reciente de la sala II de la Cámara Civil y Comercial que aprobó la mixtura entre Multicanal y Cablevisión, impulsada en sus inicios por el entonces presidente Néstor Kirchner mediante la resolución 257. Pero no solo eso. <b>En estas semanas, Clarín se quedó también con el 49 % de la operadora móvil Nextel. Dos pájaros de un tiro</b>. Pruebas fehacientes de que la empresa de Héctor Magnetto, lejos de replegarse, está en franca expansión. Su perímetro aumenta día a día.<span id="more-111"></span></p>
<p>Como refutación, algún kirchnerista nuclear podría alegar que, según el último informe del Instituto Verificador de Circulaciones (IVC), la nave nodriza del multimedio,<b> el diario <i>Clarín</i>, viene sufriendo una caída sostenida en su circulación durante los últimos años. </b>Las cifras son contundentes: desde el 2003 hasta la fecha su venta cayó un 32,5 %. Estos guarismos negativos son comparables a los de sus peores años, 1959-1960. Claro que toda esta data hay que enmarcarla en la crisis a escala global que vive la prensa gráfica, la emergencia del mundo 2.0 como canal alternativo de información y los cambios de dispositivos comunicacionales (tabletas, celulares, computadoras, etcétera). Variables que aplacan en cierta medida la tesis K. De todos modos, esos miles de ejemplares perdidos no ponen en jaque, de ninguna manera, las cuentas del clarinete.</p>
<p>Pero el capital material no es todo. <b>También está el capital intangible, que, en el caso de un medio periodístico, es la credibilidad</b>. Y aquí la balanza se inclina para el kirchnerismo, porque, sin duda, una de las esquirlas que deja este combate es la <b>pérdida de confianza de una gran parte de la ciudadanía en el matutino fundado por Roberto Noble </b><strong>y en todos sus tentáculos comunicacionales</strong>. Al entrar en la lógica binaria propuesta por el Gobierno nacional, Clarín abandonó la objetividad como horizonte. Y ese descarrilamiento le produjo, como daño colateral, una palpable pérdida del espíritu profesional, que impactó directamente en la calidad de sus productos. Habrá que ver si el poskirchnerismo le ofrece otro terreno, más fértil, para volver a subir la vara.</p>
<p>Yendo a la arena estrictamente política, se puede dilucidar que, desde el agrietamiento en el 2008, producto del conflicto con el sector agropecuario, <b>Clarín intentó apalancar diferentes candidatos para destronar al kirchnerismo</b>. A veces, con un éxito relativo (Francisco de Narváez, 2009 y Sergio Massa, 2013), otras, en vano (Eduardo Duhalde, 2011 y Mauricio Macri, PASO 2015). Pero, a los hechos me remito, ninguno resultó lo suficientemente gravitante, consistente y sostenido como para alterar el equilibrio de fuerzas entre el Leviatán kirchnerista y el Goliat mediático.</p>
<p>Y quizás el síntoma de este empate sea ni más ni menos que el candidato con más chances de ser el nuevo inquilino de la Casa Rosada es Daniel Scioli. <b>En una época de definiciones tajantes, el gobernador bonaerense optó por la imprecisión discursiva.</b> Se mantuvo equidistante. Reticente a tomar partido por alguna de las dos trincheras. Posición que le valió numerosas acusaciones de compañeros de armas -Florencio Randazzo, Jorge Capitanich, Luis D’Elía, Sergio Uribarri y los intelectuales de Carta Abierta, por citar algunos-, que llegaron a tildarlo de “mal peronista”, “expresión de la derecha fosilizada” o, sin metáfora alguna, “cagador”.</p>
<p><b>Lo peculiar es que esta indecisión, que hace tan solo meses -en enero, cuando visitó el Espacio Clarín en Mar del Plata- fue un lastre para Scioli, hoy en día sea su valor añadido. </b>Un plus para su candidatura. Gracias a este extra, terminó de convencer a Cristina de que era el mejor producto de la góndola kirchnerista para retener Balcarce 50, y, al mismo tiempo, pudo cerrar filas con el CEO de Clarín, que, lentamente, va encariñándose con el color naranja y se ilusiona con recuperar -para diciembre- la línea directa con plaza de Mayo.</p>
<p>Resta saber si Daniel Scioli, en caso de alcanzar la máxima envestidura, atenderá sendos teléfonos, el de Calafate y el de Piedras 1743. Incógnita difícil de resolver por el momento. Y menos con un hombre que convirtió el silencio en una virtud política. Solo una pista (técnica): en la Patagonia, dicen, la señal no es muy buena.</p>
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		<title>Massa, con la llave de las presidenciales</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Aug 2015 11:01:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esta vez las encuestadoras anduvieron con puntería. Daniel Scioli se impuso con relativa comodidad al frente Cambiemos que lidera Mauricio Macri. El gobernador de la provincia de Buenos Aires logró una victoria que lo deja bien parado de cara octubre, pero que no es –de ninguna manera– determinante. La arquitectura de la fórmula presidencial que... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/08/10/massa-con-la-llave-de-las-presidenciales/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Esta vez las encuestadoras anduvieron con puntería. Daniel Scioli se impuso con relativa comodidad al frente Cambiemos que lidera Mauricio Macri. El gobernador de la provincia de Buenos Aires logró una victoria que lo deja bien parado de cara octubre, pero que no es –de ninguna manera– determinante.</p>
<p>La arquitectura de la fórmula presidencial que pactó, semanas atrás, con CFK le garantizó al ex motonauta un piso considerable de votos, aunque también le colocó un techo bajo, con escasa proyección por fuera del kirchnerismo. <strong>Si bien terminó de subir a la lancha a toda La Cámpora y al cristinismo nuclear, al mismo tiempo espantó al ciudadano independiente que deseaba continuidad con un verbo menos inflamado, un escenario económico más estable y una apertura al diálogo.</strong></p>
<p>A lo que habría que sumarle la tonificación de su discurso. En el tramo final de la campaña, Scioli abandonó la ambigüedad que lo caracterizó durante toda esta era y se sumergió de lleno al guion del relato. Magnificación de los logros económicos, reificación de todo lo que huela a Calafate, solapamiento de la inflación y otros fuegos artificiales K decoraron sus exposiciones. Otra apuesta de alto voltaje, que, como demostró en la alocución de anoche en el Luna Park, no piensa abandonar tan fácilmente.</p>
<p>La duda capital del sciolismo en este momento es dónde poner la cañita de pescar durante estos dos meses y medio. Una decisión ardua. El universo reticente al kirchnerismo, a contracorriente del 2011, supera por amplio margen al planeta del Nestornauta, las batallas culturales y la grieta laclauniana.<strong> Tendrán que ser certeros y diligentes: no hay mucho tiempo para olfatear.</strong></p>
<p>Una vez elegido el escenario, será el turno de la carnada. ¿Con qué mieles se intentará seducir al electorado esquivo de las PASO? ¿Será el momento de precisar la base programática, que hasta ahora brilló por su ausencia? ¿Habrá que esconder a CFK? ¿Volverá el teléfono rojo con Magnetto? El abanico de posibilidades es amplio, aunque está claro que ciertos issues -que fueron la letra grande del contrato con la presidenta- como corrupción, blanqueo de las estadísticas sociales y liberación del cepo cambiario están descartados. Scioli, al menos dentro del ecosistema peronista, tiene palabra.</p>
<p>Distinto es el horizonte de Mauricio Macri. Si bien las internas que organizó el frente Cambiemos no fueron competitivas, le sirvieron al jefe porteño para mostrar capacidad de reclutamiento. <strong>La tropa antikirchnerista conformada por radicales, lilitos y otras variables del republicanismo autóctono respondieron a su llamado y están listos para salir a cazar indecisos de acá al 25 de octubre.</strong></p>
<p>Pero no solo eso. Macri kirchnerizó su discurso a tiempo. Apuesta que, en su momento, le produjo sismos en sus bases y la condena del círculo rojo, pero que ahora le permite incrementar sus perspectivas de crecimiento. Fenómeno inversamente proporcional al de Scioli. Con la adhesión al “estatismo de baja intensidad”, el ex presidente de Boca anuló la dicotomía estado-mercado propuesta por el kirchnerismo para asociarlo con la experiencia menemista, y, en su lugar, se presta a instalar el clivaje distintivo del PRO: la nueva clase política (“limpia”, “eficiente” y “democrática”) versus la antigua dirigencia (“burocrática”, “corrupta” y “deficiente”).</p>
<p>Además, con la alentadora performance de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires (fue la candidata más votada), el líder amarillo quiebra el mito de la General Paz. Después de ocho años de hermetismo porteño, que incluyó la pérdida de la personería jurídica en el distrito electoral con mayor volumen del país, el PRO sale al conurbano y al interior rural de la provincia. Salto que lo insufla de autoestima Macri.</p>
<p><strong>¿Y Sergio Massa? El tigrense avisó que está vivo</strong>. Su armado con el cordobés De la Sota consiguió alrededor del 20% de las voluntades. Teniendo en cuenta los magros pronósticos que le auguraron íntimos y ajenos, es una cifra a considerar. Importante. No obstante, apelando al realismo, el guarismo es exiguo para fracturar la polarización entre Cambiemos y el FpV. El crupier ya avisó que esta mano, la del 2015, es de a dos.</p>
<p>Aun así, el ex Jefe de Gabinete se mantendrá en primera línea. Teniendo en cuenta la fidelidad del sufragio a Stolbizer (3,4%) y la intransigencia clasista del FIT (3,3%), el 20% que eligió por Unidos por una Nueva Argentina (UNA) despunta como la llave para dirimir el pleito entre Scioli y Macri. Ahí parecen estar los peces gordos. En ese acuario habrá que poner las cámaras. Veremos los anzuelos que se utilizan. Será una buena oportunidad para descubrir la genética del voto massista y, de paso, vislumbrar de qué está hecho más su cabecilla: si de nostalgia kirchnerista o reminiscencias de la UCeDé.</p>
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		<title>Bullying mediático: el caso Massa</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jul 2015 10:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se lo ve agotado. Molido. Las frases le pesan. Sus reflejos mediáticos han decaído. Ya no es el mismo de meses atrás. Ale -así lo llama a Fantino- le hace de terapeuta en Animales Sueltos. La entrevista se torna circular. Redundante. Ambos intentan -en vano- entender qué pasó: hace un puñado de meses atrás, era... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/07/15/bullying-mediatico-el-caso-massa/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Se lo ve agotado. Molido. Las frases le pesan. Sus reflejos mediáticos han decaído. Ya no es el mismo de meses atrás. Ale -así lo llama a Fantino- le hace de terapeuta en <i>Animales Sueltos</i>. La entrevista se torna circular. Redundante. Ambos intentan -en vano- entender qué pasó: hace un puñado de meses atrás, era el retador estrella para tumbar al kirchnerismo; hoy, en cambio, empieza a rozar la cifra de un dígito en las encuestas. El análisis termina en indignación: “Hace un año que el deporte político en la Argentina es pegarme”.</p>
<p>Sergio Massa es el reflejo nítido de la Argentina pendular. De kryptonita de Cristina Fernández a opositor de cabotaje. De sensación televisiva a <i>piantarating</i>. <strong>De imán del peronismo bonaerense a político desairado por sus socios del conurbano</strong>. De una oratoria consensual a una diatriba que no deja títere con cabeza. Todo ha cambiado para este joven abogado de 43 años. Todo en tan solo medio almanaque.</p>
<p>El adjetivo <i>testimonial</i> acecha al candidato tigrense. Y lo sabe. Por eso, el cambio de estrategia discursiva. Poco queda de aquella narrativa sustentada en el diálogo, la armonía y los mensajes papales. A medida que su figura se fue apagando, el líder del Frente Renovador fue afilando sus exposiciones, subiendo el volumen. Menos propuestas e iniciativas, más ataques directos a Daniel Scioli y Mauricio Macri y más dardos contra el “círculo rojo”. A tal punto que la semana pasada se solidarizó con Martín Lousteau, otra “víctima” del antikirchnerismo rabioso que desea pulir la grieta de cara a las PASO nacionales.<span id="more-40"></span></p>
<p>Si quisiéramos traducir este giro discursivo dentro del -amplio- credo justicialista, Massa estaría pasando del tercer Perón (1973-1974, hoy rescatado por Julio Bárbaro, Eduardo Duhalde y José Manuel de la Sota), que ponía la reconciliación, la democracia y la unidad nacional por encima de las diferencias ideológicas, al kirchnerismo vertiginoso (2007-actualidad) que conjuga rabietas, intensidad y declaraciones inflamadas. Por ahí intenta regresar a las tapas de los diarios y frenar la sangría de dirigentes que huelen poder en otros espacios.</p>
<p>Otra coincidencia con el cristinismo es la confrontación -más moderada, obviamente- con sectores gravitantes de la economía. El antiguo militante de la Unión del Centro Democrático comenzó a precisar qué intereses afectaría para cumplir con sus promesas más tentadoras: 82 % móvil para los jubilados, eliminación del impuesto a las ganancias para el sector asalariado y eliminación del cepo cambiario en los primeros 100 días de gestión. Los grupos dedicados al juego y a la renta financiera serían los que, mediante una reforma impositiva, otorgarían los fondos necesarios.</p>
<p>Eso sí, el <i>ethos</i> punitivo no lo menguó; al contrario, lo acentuó. El eje estructurante de su publicidad, sin duda, continúa siendo la seguridad. <b>Cámaras, unidades monitoreadas por GPS, drones y patrulleros por doquier conforman el sistema orwelliano que propone para reducir el delito</b>. Fórmula que en Tigre le dio resultado: redujo el crimen en un 80 %. Cierran el panfleto: recrudecimiento de las penas, terminar con los “jueces garantistas” y “meter presos a los ñoquis de La Cámpora”.</p>
<p>Tampoco perdió la levedad en las entrevistas. Ahí Massa anda suelto, con el protocolo mínimo. Y si bien ya no se lo percibe tan <i>friendly </i>como hace un par de meses atrás, el trato canchero permanece. Proximidad, tuteo, analogías entre el fútbol y la política, llamar por su apodo a los periodistas y anécdotas de barrio, son algunos de los artilugios que utiliza para transformar una conversación entre profesionales en una charla distendida entre amigos.</p>
<p>Aunque, vale aclarar, su presencia en los plató televisivos es cada vez menor.<i> Clarín</i>, que optó por Mauricio Macri como contrincante del kirchnerismo, le quitó el blindaje mediático. Y con eso, el exjefe de gabinete perdió visibilidad, marketing y cobertura positiva. Sus referencias en el multimedio se acotaron al alejamiento de algún intendente o a las disputas internas que se libran en el seno del Frente Renovador. Todas noticias negativas que tuvieron como propósito erosionar su autoestima para bajarlo de la carrera presidencial. Objetivo que el conglomerado cumplió parcialmente: <b>lo desinfló en intención de voto, pero no logró derribarlo</b>.</p>
<p>Como daño colateral, el exdirector del ANSES tuvo que modificar la morfología de su campaña. Sin el Estado (Macri y Scioli cuentan con las estructuras de los gobiernos provincial y porteño) ni el armazón mediático de Magnetto como plataformas<b>, el diputado nacional ahora se apoya en megacaravanas, grandes caminatas, mensajes telefónicos, redes sociales y gráfica callejera. Todo digitado por el publicista Ramiro Agulla, otrora promotor de Fernando de la Rúa (1999) y Carlos Menem (2003)</b>.</p>
<p>Pero Massa no es el único caso de <i>bullying</i> mediático en el país. Juan Carlos Blumberg, Felipe Solá y Francisco de Narváez, por citar casos recientes, son otros ejemplos palmarios de lo que puede hacer el poder económico-mediático cuando está ansioso por ganar una batalla política-cultural. Un entramado capaz de crear, potenciar y destruir a un candidato en la misma jugada electoral. Falta saber si el tigrense es la regla o la excepción. “Yo tengo espíritu de equipo chico. Me encanta arruinarle la fiesta a los grandes”, advierte. Y hay que prestarle atención: nada más impredecible que un peronista despechado.<b></b></p>
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		<title>Margarita, la abanderada</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Jun 2015 18:22:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Me hace feliz ser una candidata testimonial. Yo digo que se trata de dar testimonio de mis ideas y conductas. Hay que largar la calculadora y votar con la cabeza y el corazón. Nunca elegí hacer política por un cargo. &#160; El kit de frases retumbantes pertenece a Margarita Stolbizer, candidata del frente Progresistas -integrado... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/06/29/margarita-la-abanderada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><em>Me hace feliz ser una candidata testimonial. Yo digo que se trata de dar testimonio de mis ideas y conductas.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Hay que largar la calculadora y votar con la cabeza y el corazón.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Nunca elegí hacer política por un cargo.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El <i>kit</i> de frases retumbantes pertenece a Margarita Stolbizer, candidata del frente Progresistas -integrado por el Partido Socialista, Libres del Sur y GEN- a la Presidencia de la Nación. Una política que ha decidido anclar su discurso por fuera de la polarización que proponen el kirchnerismo y el entramado opositor, liderado por Mauricio Macri, para desandar el año electoral. Apuesta que no le ha salido barato. Desde ambas orillas de la grieta la apedrean a diario. Dos ejemplos recientes: Elisa Carrió y Diego Bossio.</p>
<p><b>Reacia</b><b> </b><b>a la especulación, los extremos y las capitulaciones, Stolbizer retoma la bandera de la socialdemocracia autóctona</b>. Emblema que, en un pasado, supieron levantar Lisandro de la Torre, Alfredo Palacios, Arturo Illia, Raúl Alfonsín, Alicia Moreau de Justo y Guillermo Estévez Boero. Todos representantes de la República sensible, constructo ideológico que, históricamente, defendió la búsqueda de la igualdad -esencialmente mediante una educación y una salud públicas de jerarquía- y la ampliación de los derechos individuales y sociales. Nada maximalista: un Estado gravitante en la economía, pero que no asfixie la iniciativa privada ni pisotee las libertades personales.<span id="more-27"></span></p>
<p>Pero la única mujer que aspira a la Presidencia ha actualizado la categoría socialdemócrata. O, mejor dicho, la ha modelado a estos tiempos. <b>Después de doce años de corrupción estructural, tanto en la esfera pública como en la privada, la dirigente del GEN ha plantado a la decencia como pilar fundacional de su proyecto.</b> Retomando al filósofo Avishai Margalit, ha subrayado la importancia de la honestidad, la transparencia y la moral en las instituciones públicas. Sin ellas, la autoridad estatal flaquea y, como síntoma, emergen la humillación, la anomia y el egoísmo.</p>
<p>El segundo cimiento es el camino hacia la igualdad. La cabecilla de la centroizquierda considera que dos de los principales flagelos de la actualidad, narcotráfico e inseguridad, son consecuencia directa de la desigualdad. Para ello, propone una reforma tributaria de calado, donde el peso del fisco recaiga sobre el capital financiero especulativo o intangible y, en simultáneo, un alivio del impuesto a las ganancias que asfixia al sector salarial. En otras palabras: invertir la geometría del sistema actual.</p>
<p>Los derechos humanos completan la narrativa. En esta materia sensible, que hasta el momento ha sido omitida por Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa<b>, la diputada nacional garantiza la continuidad de los juicios por crímenes de lesa humanidad y además se postula como un estadio superior del kirchnerismo</b>. ¿Cómo? Ampliando su simbología. El hambre, la desnutrición infantil, la precarización laboral, la falta de vivienda, la discriminación, entre otros problemas, según ella, también son derechos humanos dignos de atender por el Estado.</p>
<p>Stolbizer despliega todo este andamiaje discursivo con una gran capacidad pedagógica. Posee precisión conceptual. Sustenta sus posiciones con argumentos robustos. Sabe pasar de lo abstracto -metáforas, analogías, comparaciones, metonimias, etc.- a lo concreto -datos, estadísticas, hechos, imágenes, etc.- y viceversa. No emplea tecnicismos. Utiliza un vocabulario sencillo, tangible y directo, pero con profundidad analítica. En fin, un estilo sobrio, compacto y prudente que, es cierto, no genera ni grandes titulares ni levanta el <i>rating </i>por las nubes.</p>
<p>Y una observación llamativa. En una época donde la falacia <i>ad hominem</i> (se ataca a la persona y no a los argumentos) es moneda corriente, Stolbizer permanece reticente al lenguaje cloacal. Los golpes bajos o las descalificaciones no forman parte de su catálogo. Ella se mantiene ajena a esa patología nacional. Su debate se circunscribe al plano político. Dentro de esos marcos, combina sosiego con temperamento, diálogo con intransigencia y respeto con diferenciación de aquellos que están en las antípodas de su pensamiento.</p>
<p>Hasta ahora, son todos sobresalientes en el boletín. Bien. Pero, entonces, ¿por qué su coeficiente de poder es tan exiguo y su nombre no encabeza ninguna encuesta? Acotando la respuesta al terreno comunicacional, <b>Margarita carece de un destinatario concreto. El kirchnerismo, continuando el linaje peronista, invoca la pasión del pueblo. Macri <i>and company</i>, en sentido contrario, apelan a la racionalidad del ciudadano.</b> Y el espacio Progresistas, quizás porque se encuentra en fase germinal, tiene vacante esa figura. Y sin un sujeto discursivo para interpelar se hace ardua -por no decir imposible- la elaboración de un relato que enamore a las grandes mayorías. Deuda de larga data en la centroizquierda casera.</p>
<p>Otra hipótesis sería de carácter sociológico-axiológico. Coherencia, honradez, austeridad y moderación, palabras que calzan perfecto como epígrafe en una fotografía de la presidenciable de Progresistas, no son valores morales <i>premium </i>en la sociedad argentina. Su lenguaje emocional estaría pescando en el río equivocado; ergo, tendría que cambiar la dirección del mensaje. O, quizás, haciendo autocrítica social: nuestra escala de valores está tan deteriorada que ignoramos o no apreciamos una candidata con dicha ética; por ende, ahí, los que deberíamos revisar sus simpatías políticas somos nosotros. Todo puede ser.</p>
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		<title>Macri, el candidato que no transpira</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2015 05:52:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El Jefe de la Ciudad de Buenos Aires, <strong>Mauricio Macri, es un experto en producir <i>shocks visuales</i>.</strong> Su interpelación hacia el ciudadano se produce, principalmente, a través de impactos estéticos. <strong>La imagen es el mensaje</strong>. Acorde a los tiempos que corren, donde lo iconográfico avanza decidido sobre lo discursivo, el presidenciable busca convencer especialmente desde lo óptico. Léase: bailes originales – y envidiados por gran parte de la góndola política criolla– en un búnker electoral, que se viralizarán hasta el cansancio por las redes; o gigantografías, carteles y otros juguetes del marketing político que, con tan solo diez minutos de bicisenda, terminan por convencerlo a uno de que su color preferido siempre fue el amarillo.<span id="more-11"></span></p>
<p><strong>Es un elemento que lo distingue del kirchnerismo puro, más confiado en la fuerza de los grandes relatos, y de Sergio Massa, al que acaba de negarle un acuerdo electoral, más inclinado a cazar el sentido común del electorado con un lenguaje sencillo, directo y tradicional.</strong> Esta apuesta al ingeniero le sirve para ratificar, al menos, en el plano simbólico, su vocación por ser la cara <i>fresh</i> del sistema político argentino. Jugada comunicacional que, si hubiera pactado esta semana con el tigrense, habría quedado empañada. O, al menos, sensible de ser revisada porque claro está que, de <i>outsiders,</i> personajes como Graciela Camaño, Roberto Lavagna o Joaquín de la Torre, tienen poco.</p>
<p>Pero a lo importante: ¿cuál es el perfil comunicacional  que escogió Mauricio Macri para intentar llegar al sillón de Rivadavia? Veamos.</p>
<p><strong>“Una buena estrategia trata de que nuestro candidato actúe con la racionalidad del torero y su adversario con la furia del toro”, recomienda Jaime Durán Barba,</strong> gurú intelectual de Macri, en el libro “El arte  de ganar”. Dicho principio explica el sosiego con el que el adalid del PRO se dirige a sus huestes. En contraposición a  Sergio Massa (en el acto de Vélez) o Cristina Kirchner (en el último 25 de mayo), por citar dos ejemplos contundentes, <strong>las alocuciones del tandilense son de baja intensidad. Monótonas. Sin histrionismo</strong>. No presentan relieves de volumen ni clímax. Su voz es pausada, medida y tranquila. <strong>Un estilo que le permite diferenciarse del discurso estándar en nuestro país,</strong> sustentado en la  épica, el drama y los sentimientos. Y<strong>, en simultáneo, le calza justo para mantener la figura. Nada de afonía, transpiración y agitación: rastros emocionales que pueden atentar contra la estética y la racionalidad.       </strong></p>
<p>El <i>scanner</i> continúa con unos hombros relajados, que denotan seguridad, serenidad y certeza. <strong>Los ojos entrecerrados, táctica que incrementa en entrevistas televisivas</strong> (ver “Conversaciones”, con Joaquín Morales Solá, en La Nación, 21 de mayo), para transmitir firmeza, concentración y aplomo. Los gestos con las manos acompañan, lentamente, cada palabra y <strong>nunca superan la altura del mentón (como lo hacen, generalmente, líderes populistas o autoritarios</strong>; casos históricos, Hitler, Mussolini y Tito). Y un rictus estetizante, siempre a mano, para distender o generar buen clima. Todas herramientas básicas para maniobrar en cualquier mesa de negociaciones. Todos secretos kinésicos provenientes del ambiente empresarial. De ahí, el CEO amarillo saca sus recursos comunicacionales.</p>
<p>Acompañan la anatomía: <strong>micrófono inalámbrico (nada de atriles); camisa arremangada y,  prolijamente, desabrochada; colores llamativos;  y el gabinete (“un equipazo de buena gente”, según él) parado y disperso atrás.</strong> A diferencia de un escenario peronista –donde las butacas no son al azar, sino que reflejan jerarquía: cuanto más cerca del orador, más poder–, el PRO intenta generar la sensación de espontaneidad.</p>
<p>Como satélite de lo estético, aparece el <i>speech </i>motivacional<i>.</i> Factor de segunda categoría en la comunicación PRO. Los discursos de Macri no son ambiciosos ni pretenden dejar huella en la historia de la oratoria nacional. <strong>Carecen de un arco narrativo o una trama; son eslóganes encadenados, extraídos de la misma publicidad que vemos en las calles: “Seguimos haciendo”</strong>, “Nuestro compromiso es con el hacer”, “Lo vamos a hacer juntos”, por citar algunos. Frases idóneas para las redes sociales: sencillas de absorber, retener y divulgar. Twitter agradece; el pensamiento agudo, no tanto.</p>
<p><strong>Claro que, en el barro de la gestión, este <i>speech</i> sale de su fase cosmética, se sincera y muestra sus colmillos</strong>. Dos ejemplos precisos: los desalojos en el Parque Indoamericano y la represión en el Hospital Borda. Allí la máxima autoridad de la Capital Federal cambió, drásticamente, su vocabulario. Atrás quedaron el optimismo, el diálogo, el futuro y los desafíos del siglo XXI; en su lugar, indicios de xenofobia, defensa de la mano dura y reclamo  de penas más fuertes. En síntesis: populismo penal.</p>
<p>Justamente, este contraste en el repertorio lingüístico es lo que hace tambalear el lema cardinal de Macri: “Otra forma de hacer política”. Pone en evidencia sus semejanzas con la centroderecha clásica criolla, desarticulando así la polarización –a través de la dicotomía nuevo/viejo– que pretende instalar con Daniel Scioli. <strong>Y, además, deja sentado que una imagen, en comunicación política, todavía, vale lo mismo que una palabra.  </strong></p>
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