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	<title>Gonzalo Sarasqueta &#187; PRO</title>
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		<title>Anatomía de un regreso radical</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2015 02:38:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>“Siempre adelante, radicales. Adelante sin cesar. Que se rompa y no se doble”, traía tímidamente de fondo un par de parlantes. En Adolfo Alsina al 1786, el color lo ponía un puñado de militantes fieles, que tronaba a capela: “¡Olé, olé, olé, olá, yo tengo hue…, sigo siendo radical!”. A metros, Leopoldo Moreau, escoltado por el misionero Mario Losada, intentaba explicar ante las cámaras la peor cosecha electoral de su historia: 2,34% en el rubro presidencial. El partido político más antiguo del país ingresaba a terapia intensiva el lunes 28 de abril de 2003.</p>
<p>Doce almanaques después, la escudería centenaria muestra síntomas de mejoría. Si bien en la máxima categoría la deuda continúa —Ernesto Sanz sumó en las PASO tan sólo el 3,45 por ciento—, su musculatura recupera volumen: tres gobernadores —Ricardo Colombi (Corrientes), Gerardo Morales (Jujuy) y Alfredo Cornejo (Mendoza)—, dos vicegobernadores —Daniel Salvador (Buenos Aires) y Jorge Henn (Santa Fe) —, 446 intendencias, 43 diputados y nueve senadores nacionales (será la segunda fuerza partidaria del Congreso). “Si se esperan las ruinas, en las ruinas encontrarán una bandera”, advirtió alguna vez Ricardo Balbín.</p>
<p>Claro que la cicatrización del tejido no fue sencilla. El camino tuvo sus mareos: la importación de un candidato justicialista como Roberto Lavagna, en el 2007; la alianza con Francisco de Narváez, en el 2011; y el fugaz entramado UNEN, en el 2014. Prueba y error, hasta llegar a los portones del PRO. Ahí las piezas cuajaron. <b>A la Unión Cívica Radical (UCR) le faltaba una cabeza, Mauricio Macri andaba en búsqueda de un cuerpo</b>: <i>win to win</i> fue el resultado. ¿Capitulación ideológica?<span id="more-143"></span></p>
<p>No. Como movimiento de masas, el radicalismo ha alojado en su seno diferentes líneas de pensamiento y acción. El siglo XX fue testigo de esas vicisitudes: el populismo —sin connotación negativa— de Hipólito Yrigoyen, el liberalismo de Marcelo T. de Alvear, el desarrollismo de Arturo Frondizi, el republicanismo de Balbín y la socialdemocracia alfonsinista, por citar los casos que calaron en el imaginario social. Por ende, aquella proclama de Leandro Alem: “Se nos ha llamado radicales intransigentes. ¡Aceptamos ese nombre con orgullo!”, es sólo una nostalgia, propia de una época en la que el partido habitaba los márgenes del sistema político. Las boinas blancas entendieron —antes que el peronismo y con menor plasticidad— que las riendas de este país se llevan mejor con el cuarteto churchilliano de “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” que con la pureza de las doctrinas.</p>
<p>Hoy la UCR retoma de su extensa biografía las páginas escritas por Balbín. Sea por alergia al kirchnerismo o vocación institucional de la actual cúpula, el legado del Chino es la guía en estos tiempos. La división de poderes, el espíritu cívico, la transparencia, la libertad de expresión y el consenso son el motor de los ejes de la UCR en el 2015. <b>Antes de separar los paquetes ideológicos, hay que restaurar el edificio republicano. Esa es la prioridad. Esa es la agenda. Eso es Cambiemos para los radicales.</b></p>
<p>La jugada craneada por Ernesto Sanz en la Convención de Gualeguaychú, como se observa, está dando sus frutos. La recomposición partidaria avanza en paralelo al derrumbe del kirchnerismo. Solamente resta concretar el asalto a Balcarce 50, operación a cargo de la vanguardia amarilla; en la retaguardia quedaron el martillo y la pluma.</p>
<p>Y, precisamente, este es uno de los escollos a superar por la UCR en los años venideros: no convertirse en la versión casera del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Es decir, transformarse en un copiloto esencial para formar coaliciones de Gobierno, pero no para agarrar el timón. Para eso, deberá comenzar a modelar su propia figurita presidencial. Proyectar un liderazgo contundente, moderno, carismático y con recorrido ejecutivo. Sanz demostró capacidad de armado, aunque carece de estas virtudes. Sólo estuvo a cargo del municipio mendocino de San Rafael. El resto de su currículum está plagado de referencias legislativas.</p>
<p>Revisando el semillero, asoman figuras interesantes. Ramón Mestre, intendente de la capital cordobesa, es una de ellas. Posee linaje (es el hijo del ex gobernador y ministro del Interior, Ramón Bautista Mestre), detenta frescura (tiene 43 años) y, además, recuperó la ciudad después de 12 años de gestión peronista. José Corral, con 47 años, a cargo de la municipalidad de Santa Fe, también emerge como alternativa sub 50. Entre los curtidos, habrá que ver cómo evolucionan las experiencias provinciales de Morales y Cornejo. Esto sin descartar, a largo plazo, la adopción de un dirigente, con horizonte en la ciudad de Buenos Aires, como Martín Lousteau. El economista tiene <i>feeling</i> con Sanz y cuenta con el respaldo del radicalismo porteño. Todo puede ser.</p>
<p>El otro desafío que aparece es la gobernabilidad. Desde aquel añejo 12 de octubre de 1928, cuando Marcelo Torcuato de Alvear finalizó su mandato constitucional, la fuerza no ha podido concluir en orden y tiempo un período presidencial. Si se impone en el ballotage y llega entero a diciembre del 2019, Macri les podría dar una mano con el entierro del axioma “Sólo el Partido Justicialista puede gobernar la Argentina”. Mientras tanto, los dirigentes que estén en primera línea de combate deberán probar que, al igual que los peronistas, no padecen el poder: al contrario, lo disfrutan. El verdadero cambio empieza por ahí.</p>
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		<title>Una campaña electoral híbrida</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Aug 2015 03:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Los dos presidenciables con mayores chances, Mauricio Macri y Daniel Scioli, empiezan a desandar una campaña compleja, donde el condicionante temporal (la reflexión, como valor político, hace tiempo que fue sustituida por los reflejos y el olfato) es solo una de las piezas a encajar en este tetris. También están el factor discursivo (qué se dice) y los dispositivos (cómo se dice) por donde se encauza el mensaje escogido. Sobre este último haremos hincapié en este breve artículo.</p>
<p>Sobre el ocaso de los años noventa, estaba claro que los candidatos debían conjugar la clásica recorrida territorial -actos, timbrazo, caminatas, afiches callejeros, carteles, etcétera- con la presencia en los medios de comunicación tradicionales -televisión, radio y gráfica. Era prácticamente un imperativo proselitista: de la calle al estudio y viceversa.</p>
<p><b>En el siglo XXI se añadió otra arena comunicacional: el mundo en línea.</b> Un espacio que, si bien aún no se sabe con exactitud su efecto concreto, se está volviendo crucial al momento de conectar con la ciudadanía. Ejemplo tangible -y pionero- fue el de Barack Obama en el 2008, con su campaña triple <i>o</i>: Obama <i>online operation</i>, que incluía la movilización de ciberactivistas, el debut político de Twitter y la difusión de la página oficial del demócrata.<span id="more-78"></span></p>
<p>Pero lo interesante de este tipo de campañas multinivel o tridimensionales es cómo se compatibilizan con el candidato la estructura partidaria que lo sostiene, su tradición, sus recursos (materiales, simbólicos y humanos) y sus objetivos. Veamos el caso argentino actual.</p>
<p>Comenzando con Daniel Scioli. Está claro que el esqueleto del Partido Justicialista, formal (institucional-gubernamental) e informal (institucional-partidario), con diferentes tonalidades y volumen, se extiende desde Ushuaia a La Quiaca. <b>Sin duda, es el principal tejido político del país. Por ende, es comprensible que la apuesta fuerte de la fuerza sea emplear esas arterias comunicacionales para impulsar a su líder</b>. Karina Rabolini, Alberto Pérez, Cristina Álvarez Rodríguez, por mencionar algunos de los laderos del gobernador, se distribuyen los cuatro puntos cardinales. Sobre ellos, el ex motonauta sobrevuela y refuerza los bastiones más raquíticos.</p>
<p>En segundo término, está el andamiaje comunicacional estatal. Televisión, radio y prensa paraestatal (privada, pero sustentada mayoritariamente con publicidad oficial) son los satélites que propagan las actividades realizadas por Scioli y, además, dan rienda suelta a un equipo multidisciplinario (encuestadores, analistas, intelectuales, periodistas, etcétera) que propaga su línea de pensamiento. <b>Engranaje que pone de relieve la utilización de bienes públicos para fines electorales, una distorsión republicana característica de la mayoría de los oficialismos en el país.</b></p>
<p>Y luego aparece el mundo cibernético. Con más recelo que entusiasmo (el ciberactivismo está reemplazando lentamente a la militancia tradicional, lo que supondría un cambio drástico en las matemáticas del poder),<b> el peronismo hace lo mínimo e indispensable para dar el presente en esta esfera. </b>No se anima a jugar ni a innovar con estos nuevos “chiches”. Asume una actitud conservadora, que la maquilla con ese axioma tan propio de la <i>realpolitik</i>: “el cara a cara con el compañero es lo que cuenta; lo demás, hechicerías de la posmodernidad y la pospolítica”.</p>
<p><b>El edificio PRO es exactamente al revés. Su dinámica empresarial, el perfil de sus militantes y su obsesión por el futuro (¿consecuencia de carecer de un pasado político contundente?) sumergen a la tropa de Mauricio Macri en las aguas de la web</b>. Gobierno abierto, webs interactivas con poca densidad textual, contenidos coordinados por <i>comunity managers,</i> un ejército considerable de twitteros, spots diseñados exclusivamente para el ciberespacio, por citar algunos ejemplos, son las herramientas comunicacionales que sobresalen en la actividad proselitista amarilla.</p>
<p>Bien pegado, está la presencia mediática. El PRO capitalizó muy bien el conflicto entre <i>Clarín</i> y el kirchnerismo. Supo vislumbrar el boquete que se abría en el conglomerado para erosionar al oficialismo y, de paso, montar su mensaje. La maniobra fue fundamental para equiparar (o, hasta incluso, superar) el peso comunicacional del aparato estatal.</p>
<p><b>Y, en última instancia, está el territorio. Consciente de sus limitaciones, el PRO decidió acceder a este a través de la mediatización de la Unión Cívica Radical</b>. Sobre la estructura del partido centenario, recorre el país. La jugada es acertada, pero también contiene sus bemoles: el capital político que se gana ante cada exposición se comparte con los de boina blanca, lo cual en un futuro podría derivar en un empoderamiento del espacio de Ernesto Sanz y en una competencia más pareja entre ambos partidos políticos por la representación de un mismo electorado.</p>
<p>Ambas estrategias sintetizan perfectamente la genética comunicacional de las campañas en el país: un híbrido que detenta tanto herramientas y soportes clásicos como modernos. Los resultados que arrojen las urnas, en cierta medida -no hay que olvidar otros factores gravitantes como el discurso, la correlación de fuerzas, la ingeniería del sistema electoral, entre otros-, precisarán si la Argentina ya puso el primer pie en las cibercampañas o si, por el contrario, aguarda las huellas de la historia para pegar el salto.</p>
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		<title>Las lecciones comunicacionales de Martín Lousteau</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2015 03:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Diversas lecturas políticas proliferaron sobre el balotaje porteño. La mayoría en jerga nacional: hay vida por fuera de la polarización entre el Frente para la Victoria (FPV) y Cambiemos, Macri llegará debilitado a las PASO y el purismo amarillo tiene límites electorales, inclusive, dentro de la Capital Federal. Pero pocos pusieron la lupa sobre la campaña de Martín Lousteau. ¿Qué hizo este joven economista para ponerle suspenso a una película con final cantado? La respuesta habita en el plano comunicacional.</p>
<p>Para empezar, <b>@GugaLusto -así es la cuenta del líder de ECO en Twitter- propuso un discurso de alto riesgo para los tiempos que corren</b>. Con una opinión pública formateada en clave dicotómica, el chico de rulos apostó a una narrativa de superación, no de confrontación. Tomó los aspectos positivos de la gestión PRO y le añadió las demandas latentes en la periferia de la ciudad: desnutrición infantil, problemas de vivienda, deterioro de la salud pública, inseguridad y cuidado del medioambiente. A cada una de estas críticas la acompañó con una propuesta técnica concreta para resolverla y punto. Diagnóstico, análisis y solución, ecuación sintética. Nada de grandes batallas semióticas ni modelos épicos en pugna.</p>
<p>El volumen lo puso con las denuncias. Lousteau acusó tanto al FPV como al Gobierno de la ciudad de utilizar recursos públicos para fines proselitistas. Con esa increpación se distinguió en la arena de los valores y se posicionó como un estandarte de la transparencia. Y, además, alumbró una problemática de larga data en el país: los oficialismos, sean del color que sea, manipulan el andamiaje propagandístico estatal para estaquearse al poder, lo que anula el principio rector de la democracia, la alternancia en los centros de comando.<span id="more-47"></span></p>
<p>Y sobre esta carencia de aparato, Lousteau forjó su virtud<b>. A sabiendas de que no contaba con los resortes de los medios de comunicación privados ni estatales, enfrascados en el maniqueísmo Daniel Scioli-Mauricio Macri, y consciente de que CABA dispone de una tasa de conectividad alta, se sumergió en las redes sociales</b>. Con creatividad, ingenio y sencillez, implementó una campaña basada en los principales dispositivos del ciberespacio.</p>
<p>Facebook, Twitter, Youtube, Instagram, por mencionar algunas, fueron las plataformas comunicacionales desde donde el diputado nacional interpeló a la ciudadanía. Allí estampó su valencia: evolución. Con producciones audiovisuales de calidad -fotografías simbólicamente poderosas, guiones ocurrentes y participación ciudadana en las filmaciones-, diseños descontracturados e información interactiva, entre otros juguetes cibernéticos, rompió el cerco mediático-estatal y se instaló como un estadio superior del PRO y del FPV.</p>
<p>Para llevar adelante este tipo de campaña, el adalid de ECO contó con un ejército de ciberactivistas que viralizaron sus actividades, sus mensajes y sus <i>spots</i>. Un entramado de adolescentes, jóvenes y adultos que combinaron principios con TICS (tecnologías de la información y la comunicación informáticas), fórmula que empieza a ganar terreno en la política y que, de a poco, va desplazando al militante raso de unidad. Por lo visto, el manejo de los lenguajes y los códigos del mundo 2.0 se está convirtiendo en una condición sine qua non<i> </i>para todo aquel que desee comprometerse con alguna fuerza.</p>
<p>A pesar de esta contundencia en la Red,<b> Lousteau no renunció al cara a cara con los vecinos</b>. Las redes sociales estuvieron escoltadas por la tradicional recorrida por los barrios, los timbrazos, las actividades en los clubes, los actos en instituciones de la sociedad civil y los panfletos esquineros. En otras palabras: conjugó la campaña <i>offline</i> con la <i>online</i>. Armó una simbiosis perfecta entre ambas: reprodujo por internet las actividades en el asfalto y viceversa. Un ejemplo preciso de cómo enlazar el espacio virtual con la realidad para potenciar a un candidato.</p>
<p>Y, como enseñanza adyacente del autor de <i>Economía en 3D</i>, queda su postura frente a las encuestas. Mientras la mayoría de los candidatos cada vez se ata más al humor de los sondeos para determinar su futuro, Lousteau los ignoró y confió en su tacto político para elegir el rumbo. Ante la insistencia de ciertos periodistas del círculo rojo para que se bajara de la contienda porque los guarismos no cuajaban, ratificó -una y otra vez- que su derrotero jamás estaría signado por un informe demoscópico. Y el domingo, en cierta medida, le dio la razón: perdió, pero el horizonte se viste de oportunidad para él.</p>
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		<title>Detener un tsunami de globos, el próximo desafío de Lousteau</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2015 09:37:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Fue una columna que partió al medio a la opinión pública. Salió el martes 12 de julio de 2011, dos días después que Mauricio Macri aplastara a Daniel Filmus en el ballottage. En la contratapa de Página 12, Fito Páez plasmaba sin eufemismos: “Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/07/06/detener-un-tsunami-de-globos-el-proximo-desafio-de-lousteau/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Fue una columna que partió al medio a la opinión pública. Salió el martes 12 de julio de 2011, dos días después que Mauricio Macri aplastara a Daniel Filmus en el ballottage. En la contratapa de Página 12, Fito Páez plasmaba sin eufemismos: “Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo”. La catarsis fue profunda, propia de un artista con su sensibilidad. Pero faltaba más: cuatro años después, con el triunfo contundente de Horacio Rodríguez Larreta, el PRO ratifica su hegemonía light en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Qué estará pensando ahora el emblema de la trova rosarina?</p>
<p>Más allá de la implementación del sistema de boleta única electrónica, el 45% de votos obtenido por Larreta y la segunda vuelta del 19 de julio, las elecciones de CABA dejan varios apuntes interesantes. Notas (bastante) alentadoras para el PRO y (algo) desmoralizantes para el progresismo porteño, tanto en su versión socialdemócrata (ECO) como en su interpretación nacional y popular (FpV).</p>
<p>La primera observación. Con los veinte puntos de diferencia que le sacó ayer el delfín de Macri a Martín Lousteau, <strong>se confirmó un fenómeno electoral que comenzó en 2007, con la llegada del PRO al poder: los sufragios de Capital Federal están perdiendo competitividad. El suspenso es pretérito. Hace tres comicios que la fuerza amarilla se impone cómodamente en primera vuelta</strong>, llegando al ballottage con el pleito casi decidido. Repasemos los guarismos: 2007, Macri 45, 6% &#8211; Filmus 23, 7%; 2011, Macri 47% &#8211; Filmus 27, 7%; 2015, Larreta 45, 6%- 25, 6%.</p>
<p>Al igual que provincias del interior, como Chaco, Santiago del Estero, Formosa, La Rioja y Misiones, la Capital Federal está ingresando en la categoría demoscópica de previsible. Las consultoras cada vez la tienen más fácil. Su trabajo se reduce a precisar la abultada diferencia entre el primero y el segundo y, en simultáneo, a anticipar si habrá –o no– segunda vuelta. Poco más. Los oficialismos, a medida que pasan las urnas, afinan mejor sus maquinarias electorales.</p>
<p><strong>Claro que, según el distrito, las razones varían: diseño del sistema electoral, utilización de los recursos del Estado para publicidad oficial, sintonía con el Gobierno nacional para el suministro de obras e infraestructura, clientelismo, etc. </strong>En CABA es complejo acertar con la causa. Y menos en un artículo periodístico (un paper politológico sería más apropiado). Pero una respuesta tentativa es que el PRO terminó de consolidar su tipo de votante: un ciudadano sin grandes pretensiones ideológicas, que vota a través del lente técnico a sus representantes. Nada de grandes relatos ni épicas; en su lugar, discursos de baja intensidad, simplificadores y acotados al día a día de la gestión. La imagen del político “robot” que no para de trabajar –como definió Macri a su escudero Larreta– es la valorada. Con ese libreto, la mitad de la sociedad porteña elige tranquila desde el 2007.</p>
<p>Otras hipótesis circulantes: “transformar a la ciudad en un dique frente al autoritarismo kirchnerista”, “el ADN gorila” de la city, “electorado volátil e impredecible”, “el voto económico que muta según la coyuntura”, por citar algunas conjeturas que excederían el accionar del PRO.</p>
<p>Ahora, ¿qué pasó en la vereda progresista para que esto sucediera? Nada muy estimulante: a tono con el plano nacional, el espacio se fragmentó. Aquel problema de arquitectura electoral que la Alianza había solucionado, conjugar a la izquierda democrática con la socialdemocracia radical y el peronismo social (en las elecciones del 2000, esta coalición llevó a Aníbal Ibarra al poder con el 49, 31% de los sufragios, frente al 33,20% de Domingo Cavallo), hoy está más latente que nunca.<br />
<strong>Martín Lousteau y Mariano Recalde, las personalidades que encarnarían en la actualidad esa “amplia avenida progre” en CABA, están a una distancia insalvable en el escenario político.</strong> A tal punto que el primero se ubicó, al menos en la narrativa, más cerca del macrismo que del kirchnerismo. Estrategia discursiva que, si desea evitar una derrota estrepitosa en el ballottage, deberá darle un giro copernicano. El economista necesita, sí o sí, seducir al votante K. ¿Una alternativa? <strong>Convencerlo de que cuanto más reñida sea la segunda vuelta en la iudad, menos empoderado llegará Macri a las PASO nacionales para enfrentar a Scioli. No es una ecuación directa, pero, al menos desde lo simbólico, tiene lógica.</strong></p>
<p>Y, además, el hombre de rulos deberá acentuar su veta socialdemócrata. Sacar a la luz las críticas sociales más duras contra el PRO. Insistir con el aumento de la mortalidad infantil, el abuso de propaganda con fondos públicos y la mala gestión en salud, pero también ensanchar la agenda con temas cruciales como la urbanización de las villas miserias, la ausencia del Estado en la periferia y el <em>speech</em> punitivo-disciplinante del macrismo. Puntos que lo acercarán al kirchnerismo. Y, aunque el trasvase directo del 22% de Recalde a las arcas de ECO parezca utópico, Lousteau también podría usar de imán a uno de los cantores preferidos del FpV: “¿Quién dijo que todo está perdido?”. Todo vale para detener el tsunami de globos.</p>
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		<title>Cristina, Daniel y la muralla china</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Jun 2015 04:57:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Primero, fue un Caballo de Troya cargado de legisladores de La Cámpora en la legislatura bonaerense. Fracasó. De la mano de José Ottavis, vicepresidente de la Cámara de Diputados, los cuadros juveniles fueron los primeros en apostar por Scioli a la Nación. El segundo intento de cerco se llamó Gabriel Mariotto. También falló. El vicegobernador, otrora crítico acérrimo del número 9 de La Ñata, hoy es el <i>surfer</i> número uno de la ola naranja. Ahora, es el turno del apóstol incondicional de Cristina Fernández, Carlos “el Chino” Zannini.</p>
<p>L<strong>a Presidenta entró –antes de lo esperado– en la campaña. Y lo hizo, como sabe, convulsionando la agenda.</strong> CFK entiende, como pocos en la política criolla, la naturaleza del poder. A lo largo de estos ocho años, ha demostrado una habilidad inusitada para mantener firmes las riendas en sus manos. La configuración del binomio Daniel Scioli-Carlos Zannini es otra prueba rotunda. “La Jefa” comprendió que la mejor forma de evitar el síndrome del pato rengo no es ni contemplar ni arbitrar la contienda electoral, sino jugarla. Estar en la cancha. Embarrarse.</p>
<p>La maniobra no termina ahí. A Cristina le preocupa –y mucho– el futuro. Especialmente del 10 de diciembre en adelante. Por eso, en caso de un triunfo del candidato oficialista, el objetivo primordial  del “Chino” será sitiar a Scioli. <strong>Oficiar de muralla, para que este último no le tome el gustito al bastón presidencial y ponga en riesgo el “operativo retorno” en el 2019.</strong> Mantenerlo a una distancia considerable de esa colosal maquinara de poder llamada PJ: liga de gobernadores, CGT y barones del conurbano. Que no llegue a colonizarla, y si es posible, ni a tentarla con la chequera. CFK sabe con qué bueyes ara.</p>
<p>Si la voluntad popular acompaña, lo secundarían en la albañilería de dicho muro, Máximo Kirchner,  Axel Kiciloff y Eduardo Wado de Pedro. <strong>El tridente camporista encabezará las listas de candidatos a diputados nacionales por Santa Cruz, Capital Federal y provincia de Buenos Aires, respectivamente.             </strong></p>
<p>Ahora, ¿quién es el encargado principal de esta misión?  A contra natura del Gobernador, Carlos Zannini, Secretario Técnico y Legal de la Presidencia, desde el minuto cero del kirchnerismo hasta hoy, es un cuadro político proveniente de la militancia revolucionaria. Integrante de la Vanguardia Comunista (actual PRML), fuerza de orientación maoísta, estuvo preso –junto a otras figuras resonantes, como Jorge Taiana, Carlos Kunkel y el socialista Alfredo Bravo– durante el gobierno de Isabelita y la última dictadura militar (1974-1978). En los ochenta, con la llegada de la democracia, calmó sus ansias de insurrección y trabajó en un frigorífico mientras finalizaba sus estudios de abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba. Promediando el alfonsinismo, se mudó a Río Gallegos. Ahí conoció, a través del entonces chófer Rudy Ulloa, al matrimonio Kirchner. <strong>La relación, sustentada en una profunda confianza – tanto persona como política–, se mantiene  hasta el presente. ¿Su secreto? Un perfil bajo que raya el esoterismo.</strong></p>
<p>Su última tarea fue entrenar a Florencio Randazzo para que le haga de sparring a Scioli en la interna del Frente para la Victoria. Plan que terminó en un <i>affaire. </i>La jefa del Ejecutivo, en otra muestra de fortaleza, a horas del cierre de listas, le bajó el pulgar al hombre de los trenes. Como premio consuelo, le ofreció la provincia de Buenos Aires. El ministro del Interior y Transporte la rechazó. Prefirió cumplir con su palabra que traccionar electoralmente, desde el distrito más grande del país, la candidatura del ex motonauta. Afuera del kirchnerismo, reconocieron su coherencia; adentro, Aníbal Fernández empezó su crucifixión el viernes, tildándolo de <i>singlista.</i></p>
<p>Cristina, con la inclusión de su ladero en el tándem presidencial, terminó de polarizar el mapa electoral. Dos discursos antitéticos atravesarán la contienda: el populista, encarnado en el Frente para la Victoria, y el republicano, personificado en el frente que encabeza Mauricio Macri, que, en función de esta dicotomía, terminó optando por Gabriela Michetti para condensar una propuesta 100% PRO. D<strong>os interpretaciones de la democracia: una que hace hincapié en su carácter sustantivo, el bienestar de la mayoría, y otra que pone el foco en su funcionamiento, respeto de las reglas y las instituciones.  Escenario que habían pronosticado dos intelectuales de envergadura, como Juan José Sebreli y Ernesto Laclau.</strong></p>
<p>Pero éste no será el único combate. En paralelo, se desarrollará la lucha intestinal del peronismo, protagonizada por la escuadra naranja y el kirchnerismo de paladar negro. Claro que no será televisada ni supeditada al mandato de las urnas. No. Será silenciosa.  Hermética. De entrecasa, como les enseñaron Néstor y Cristina. Y, sobre todo, como nos tiene acostumbrados el justicialismo, con final abierto.</p>
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