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	<title>Gonzalo Sarasqueta &#187; Peronismo</title>
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		<title>Las riendas del PJ están sueltas</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2015 09:48:07 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Poco dura el peronismo en el diván. Todavía no cayeron los últimos cascotes de la derrota y en el movimiento ya se abrió el mercado de especulaciones. <strong>Nada de introspección profunda. Mucho menos de autoflagelo</strong>. “No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer”, apuntaba Arturo Jauretche. <strong>Las riendas del Partido Justicialista (PJ) están sueltas y varios son los domadores que se alistan para tomarlas.</strong> Cada uno con su impronta. Cada uno con su <i>ethos</i>. Cada uno con su receta para recuperar el centro de gravedad de la política criolla.</p>
<p>Y, sin duda, la nominación empieza con Cristina Fernández de Kirchner. Luego de ocho años en el poder, la Presidente cuenta con credenciales suficientes para no bajarse de la montura. Pero primero, claro, debe decidir si continuará en el frenesí de las arenas políticas u optará por el embalsamamiento, esperando que los manuales de historia hagan su parte. Viudez, cirugías de riesgo y el estrés que implica comandar los destinos de un país parecen razones de sobra para escoger esta última posibilidad. El matiz sería una hibernación patagónica extendida para recobrar energías y volver al ruedo en el 2017. De cualquier modo, CFK seguirá de reojo los movimientos en Comodoro Py. Varias denuncias por presunta corrupción descansan ahí, listas para materializarse en causas judiciales o pasar al olvido en los sótanos del palacio.<span id="more-161"></span></p>
<p>De seña, la abogada deja una legión de espartanos en el Congreso. Dos docenas de diputados de La Cámpora defenderán con uñas, dientes y mística lo que ellos consideran como los logros intocables. A ese contingente se le sumarán la gestión santacruceña de Alicia Kirchner y las células no peronistas (Nuevo Encuentro, Socialismo para la Victoria, Forja, etcétera). <b>Mantener impoluto el legado será esencial para disputar el liderazgo del justicialismo. A falta de caja, el capital simbólico será uno de los recursos esenciales que tendrá el cristinismo para cuidar posiciones.</b> El problema es que, del otro lado del mostrador, gobernadores, sindicalistas e intendentes suelen cobrar en metálico. En general: son poco propensos a los bienes intangibles. Veremos cómo avanza el comercio de voluntades.</p>
<p>Como contracara, asoma el peronismo republicano. Encabezada por el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, esta corriente aspira a institucionalizar la fuerza y convertirla, definitivamente, en un partido electoral competitivo. Esta especie de <i>remake</i> del cafierismo incluye una oposición sensata, puentes permanentes con la Casa Rosada y acuerdos transversales para afrontar problemas acuciantes como la inflación, el narcotráfico y la pobreza. Portones adentro, la renovación pretende federalizar el PJ, establecer reglas claras para el acceso a los puestos de mando y pasar de la arenga ideológica a una prédica consensual. A tono con los vientos amarillos que soplan. Para dejar bien sentada su posición, el responsable de La Linda no acudió la semana pasada a la convocatoria de Cristina en Balcarce 50. Y estilizó su propuesta con un titular contundente: “El peronismo debe colaborar para que al país le vaya bien. No tenemos que ser un obstáculo, tenemos que presentarnos como un estadio superior&#8221;. Tan sencillo como rentable el mensaje.</p>
<p><b>Algo vacilante</b><b>, aparece Daniel Scioli. El gobernador saliente aún no define cuál es su menú</b>. Por momentos muestra retazos de su etapa <i>catch all </i>—antes de la campaña electoral—, cuando marcaba distancia del kirchnerismo nuclear, y en otras ocasiones —como en la recta final del ballotage— se calza el traje del Nestornauta y ve neoliberalismo hasta en la sopa. Dos posibles lecturas: está jugando de trapecista entre las dos vertientes anteriores para ungirse como paladín de la unidad o, siendo más pesimista, quedó atrapado entre los dos personajes y está al borde de la alienación política. Un buen termómetro serán los primeros meses de gestión de Mauricio Macri. Ahí el ex candidato deberá dejar en claro su derrotero, si quiere estar en primera fila.</p>
<p>Por fuera del barrio, <strong>merodea Sergio Massa</strong>: el <i>outsider</i> que sueña con colonizar el PJ a la distancia. Si bien está en plena simbiosis con Cambiemos —prueba palpable: el acuerdo en la Legislatura bonaerense—, el del Delta no se da por vencido. Y tiene con qué. Además de un bolsón con 21% de votos, cuenta con piezas claves para rearmar el rompecabezas del general: el peronismo cordobés, parte del sindicalismo (Facundo Moyano <i>and company</i>) y algunos intendentes del Conurbano. No es un coeficiente de poder determinante. No. Pero para tocar el timbre y probar suerte alcanza y sobra.</p>
<p>Lo que quizás conecte a estos diferentes senderos sea la amenaza que representa Macri. <strong>O, mejor dicho, las arcas que manejará el ingeniero: nación, provincia de Buenos Aires y Ciudad Autónoma de Buenos Aires.</strong> “Toda la macrocefalia junta”, como bien señalan Tomás Borovinsky y Martín Rodríguez. El magnetismo de la chequera es potente, en tierras peronistas conocen este <i>leitmotiv</i>. Puede llegar a producir una diáspora importante, por no decir concluyente. Contener a los garrochistas será el principal desafío hasta mayo, cuando el Congreso partidario defina la línea editorial a seguir, aunque como advirtió John William Cooke: “La masa no será detenida con consignas, sino con la satisfacción de las necesidades”.</p>
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		<title>¿Quién ganó la batalla entre Clarín y el kirchnerismo?</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Sep 2015 02:46:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El cambalache comenzó con la firma de Guillermo Moreno, en septiembre del 2007, que convalidó la fusión entre Multicanal y Cablevisión. Dos primaveras después, a contracorriente, el Gobierno de Cristina Fernández promulgó la ley de medios. Al año siguiente, Amado Boudou intentó desarticular la amalgama de las dos corporaciones con una resolución. Y, hace diez días, la Justicia Civil y Comercial porteña corrigió al vicepresidente y ratificó la unificación de ambas empresas. En el medio de este trabalenguas político-jurídico, fuimos testigos de “la 125”, “cruzadas culturales”, fallos de la Corte Suprema, extracciones de ADN, guantes de boxeo en un asamblea de Papel Prensa y dos preguntas retóricas que quedarán en la antología de las chicanas criollas: “¿Qué te pasa, Clarín? ¿Estás nervioso?”.</p>
<p>Todo muy fluctuante. Todo muy apasionante. Pero asoma el crepúsculo del kirchnerismo -al menos, en su versión <i>sui generis-</i><i> </i>y la duda continúa flotando en el aire: ¿Quién ganó la disputa entre el Gobierno nacional y Clarín?</p>
<p>La respuesta posee diferentes ángulos de toma. Uno, por ejemplo, es el económico. En este plano, el colosal conglomerado comunicacional parece haberse impuesto. Y un claro indicio es el fallo reciente de la sala II de la Cámara Civil y Comercial que aprobó la mixtura entre Multicanal y Cablevisión, impulsada en sus inicios por el entonces presidente Néstor Kirchner mediante la resolución 257. Pero no solo eso. <b>En estas semanas, Clarín se quedó también con el 49 % de la operadora móvil Nextel. Dos pájaros de un tiro</b>. Pruebas fehacientes de que la empresa de Héctor Magnetto, lejos de replegarse, está en franca expansión. Su perímetro aumenta día a día.<span id="more-111"></span></p>
<p>Como refutación, algún kirchnerista nuclear podría alegar que, según el último informe del Instituto Verificador de Circulaciones (IVC), la nave nodriza del multimedio,<b> el diario <i>Clarín</i>, viene sufriendo una caída sostenida en su circulación durante los últimos años. </b>Las cifras son contundentes: desde el 2003 hasta la fecha su venta cayó un 32,5 %. Estos guarismos negativos son comparables a los de sus peores años, 1959-1960. Claro que toda esta data hay que enmarcarla en la crisis a escala global que vive la prensa gráfica, la emergencia del mundo 2.0 como canal alternativo de información y los cambios de dispositivos comunicacionales (tabletas, celulares, computadoras, etcétera). Variables que aplacan en cierta medida la tesis K. De todos modos, esos miles de ejemplares perdidos no ponen en jaque, de ninguna manera, las cuentas del clarinete.</p>
<p>Pero el capital material no es todo. <b>También está el capital intangible, que, en el caso de un medio periodístico, es la credibilidad</b>. Y aquí la balanza se inclina para el kirchnerismo, porque, sin duda, una de las esquirlas que deja este combate es la <b>pérdida de confianza de una gran parte de la ciudadanía en el matutino fundado por Roberto Noble </b><strong>y en todos sus tentáculos comunicacionales</strong>. Al entrar en la lógica binaria propuesta por el Gobierno nacional, Clarín abandonó la objetividad como horizonte. Y ese descarrilamiento le produjo, como daño colateral, una palpable pérdida del espíritu profesional, que impactó directamente en la calidad de sus productos. Habrá que ver si el poskirchnerismo le ofrece otro terreno, más fértil, para volver a subir la vara.</p>
<p>Yendo a la arena estrictamente política, se puede dilucidar que, desde el agrietamiento en el 2008, producto del conflicto con el sector agropecuario, <b>Clarín intentó apalancar diferentes candidatos para destronar al kirchnerismo</b>. A veces, con un éxito relativo (Francisco de Narváez, 2009 y Sergio Massa, 2013), otras, en vano (Eduardo Duhalde, 2011 y Mauricio Macri, PASO 2015). Pero, a los hechos me remito, ninguno resultó lo suficientemente gravitante, consistente y sostenido como para alterar el equilibrio de fuerzas entre el Leviatán kirchnerista y el Goliat mediático.</p>
<p>Y quizás el síntoma de este empate sea ni más ni menos que el candidato con más chances de ser el nuevo inquilino de la Casa Rosada es Daniel Scioli. <b>En una época de definiciones tajantes, el gobernador bonaerense optó por la imprecisión discursiva.</b> Se mantuvo equidistante. Reticente a tomar partido por alguna de las dos trincheras. Posición que le valió numerosas acusaciones de compañeros de armas -Florencio Randazzo, Jorge Capitanich, Luis D’Elía, Sergio Uribarri y los intelectuales de Carta Abierta, por citar algunos-, que llegaron a tildarlo de “mal peronista”, “expresión de la derecha fosilizada” o, sin metáfora alguna, “cagador”.</p>
<p><b>Lo peculiar es que esta indecisión, que hace tan solo meses -en enero, cuando visitó el Espacio Clarín en Mar del Plata- fue un lastre para Scioli, hoy en día sea su valor añadido. </b>Un plus para su candidatura. Gracias a este extra, terminó de convencer a Cristina de que era el mejor producto de la góndola kirchnerista para retener Balcarce 50, y, al mismo tiempo, pudo cerrar filas con el CEO de Clarín, que, lentamente, va encariñándose con el color naranja y se ilusiona con recuperar -para diciembre- la línea directa con plaza de Mayo.</p>
<p>Resta saber si Daniel Scioli, en caso de alcanzar la máxima envestidura, atenderá sendos teléfonos, el de Calafate y el de Piedras 1743. Incógnita difícil de resolver por el momento. Y menos con un hombre que convirtió el silencio en una virtud política. Solo una pista (técnica): en la Patagonia, dicen, la señal no es muy buena.</p>
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		<title>Los siameses Daniel y Mauricio</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Sep 2015 10:12:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El escenario electoral actual ofrece dos niveles de análisis. Si elegimos el lente sin aumento para decodificar la realidad, observamos que hay una polarización imperante entre dos fuerzas: Cambiemos y Frente para la Victoria. Enfrentamiento que, básicamente, reposa en las diferencias que habitan en la genética de las estructuras (recursos, comunicación, militantes, estética, desarrollo territorial,... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/09/08/los-siameses-daniel-y-mauricio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El escenario electoral actual ofrece dos niveles de análisis. Si elegimos el lente sin aumento para decodificar la realidad, observamos que hay una polarización imperante entre dos fuerzas: Cambiemos y Frente para la Victoria. Enfrentamiento que, básicamente, reposa en las diferencias que habitan en la genética de las estructuras (recursos, comunicación, militantes, estética, desarrollo territorial, etcétera) que impulsan a los dos candidatos de mayor fuste y en sus respectivas tradiciones (el macrouniverso del peronismo y el club del liberalismo autóctono).</p>
<p><b>Pero si escogemos el microscopio y lo colocamos sobre el tipo de liderazgo que ejercen Daniel Scioli y Mauricio Macri, la dicotomía le deja su asiento a la homogeneización. </b>Ambos aspirantes, por más que le duela al círculo rojo y al kirchnerismo progresista leal a las directrices de CFK, poseen numerosas similitudes. Y no solo en su visión económica (los dos equipos económicos afirmaron que, después del 10 de diciembre, será ineludible sentarse a negociar con los fondos buitres para acceder al crédito internacional), sino también en su muñeca política.</p>
<p>Tanto el cabecilla naranja como el adalid amarillo poseen unos rasgos que el intelectual Joseph Nye (junior) ubicaría en la categoría de liderazgo femenino. Se los percibe dispuestos a colaborar con los demás, intercambian opiniones con adversarios, son integradores (dentro de ciertos márgenes, obviamente) y replican conductas de sus seguidores. Características, por ejemplo, ausentes en CFK, que, siguiendo la estela del teórico norteamericano, paradójicamente, se encuadraría en el liderazgo masculino: firme, competitiva, absorbente y decidida a dirigir la conducta de los demás. Las vueltas del léxico genérico.<span id="more-100"></span></p>
<p><b>Otro atributo que pule el juego de espejos es el escaso </b><b>magnetismo que generan Macri y Scioli. A ninguno de los dos se lo podría etiquetar como carismático</b>. Lo que abre paso a dos perspectivas: una optimista y otra pesimista. La primera, el próximo presidente no contaría con este recurso emocional que, cuando cae en manos equivocadas, puede mutar en autoritarismo, fanatismo o despotismo. ¿El costado negativo? El carisma, bien utilizado, es una herramienta útil para cohesionar voluntades, generar consenso y direccionar los destinos de una nación; o sea, sin él, el futuro primer mandatario deberá respaldarse, exclusivamente, en las instituciones existentes para hilvanar los diferentes acuerdos. Y, como hemos visto en los últimos años, los partidos políticos, la Justicia, el Congreso y las empresas no sobresalen por su fortaleza, su transparencia y su praxis. ¿Será una buena oportunidad para robustecerlos? El interrogante está abierto. La historia muestra que, exceptuando Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928), los presidentes que carecían de “aura” -Arturo Frondizi, Arturo Illia, Fernando de la Rúa, por citar tres- no pudieron concluir sus Gobiernos.</p>
<p>Luego de doce años de discursos con una fuerte impronta ideologizante, los potenciales inquilinos de Balcarce 50 ofrecen una narrativa con la espuma justa. Pocos renglones para la confrontación, ninguna línea para la épica y las batallas culturales. <b>Con el consenso como estandarte, tanto Scioli como Macri prometen un marco dialógico ajeno a la (supuesta) grieta que cavó el matrimonio Kirchner</b>. Esta tesis todavía la tiene que ratificar el gobernador bonaerense con su presencia en los dos debates presidenciales que están programados. Decisión que servirá para detectar si existe -o no- un hiato entre su lengua y los hechos.</p>
<p>Esta obsesión por evitar cualquier pronunciación ideológica introduce a Scioli y Macri en un hiperrealismo que no está exento de tensiones. Aunque lo oculten, tarde o temprano, tendrán que jerarquizar demandas, necesidades y soluciones. Y esa agenda, si no la ofrecen sus discursos, la terminarán materializando sus hechos. De cualquier modo, como en todo juego democrático, brotará el conflicto entre intereses contrapuestos.</p>
<p>La armonía con los grandes medios de comunicación también los une a estos siameses políticos. A la prensa privada -léase <i>Clarín, La Nación, América, Perfil</i>, etcétera- lo único que le preocupa es la influencia que pueda llegar a tener el cristinismo nuclear en una posible gestión de Scioli. Fuera de eso, el periodismo atisba un escenario mucho más amigable, acorde a sus ambiciones y fértil para expandirse, ya que interpretan que la ley de medios, en cualquiera de los dos casos, pasará a ser letra muerta. Incluso, algunos se ilusionan con ser beneficiados con una nueva distribución de la pauta oficial.</p>
<p>Además de un estilo de liderazgo, es vox <i>populi</i> que los dos candidatos comparten una amistad de larga data. Férrea o endeble, esta relación puede llegar a servir de vaso comunicante durante los próximos cuatro años entre el presidente de la nación y el principal jefe de la oposición. Situación inédita por estas latitudes. Y esto es un dato interesante: en un país donde las instituciones -o los contratos formales- no funcionan adecuadamente, este tipo de vínculos informales puede llegar a oficiar de engranaje para que el sistema marche. Lejos de ser lo ideal, claro está. Pero por algo se empieza.</p>
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		<title>El boomerang feudal</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Aug 2015 16:58:36 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Joven de la Unión Cívica Radical (UCR) acribillado en circunstancias misteriosas en Jujuy. Inquisición político-mediática contra el jugador de fútbol más popular del país por opinar sobre pobreza. Piromanía electoral en el jardín de la república. Protesta, represión policial y tres militantes del Partido Obrero presos, también en Tucumán. Y para rematar esta cronología dantesca,... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/08/31/el-boomerang-feudal/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Joven de la Unión Cívica Radical (UCR) acribillado en circunstancias misteriosas en Jujuy.<b> </b>Inquisición político-mediática contra el jugador de fútbol más popular del país por opinar sobre pobreza. Piromanía electoral en el jardín de la república. Protesta, represión policial y tres militantes del Partido Obrero presos, también en Tucumán. Y para rematar esta cronología dantesca, la senadora nacional del Frente para la Victoria (FPV), Beatriz Rojkés, amplía su antología de frases descarnadas justificando la violencia de género.</p>
<p><b>Tres semanas y monedas pasaron del triunfo en las PASO y Daniel Scioli todavía no pudo pronunciar el lema de su campaña: ¡victoria!</b> Desde el 9 de agosto todo ha sido una migraña para el gobernador. Pálida tras pálida. Y, exceptuando el diluvio que azotó a la provincia bonaerense, todas provenientes de un mismo punto cardinal: el norte. ¿Avatares del destino o causalidad geopolítica?</p>
<p>Para empezar, conviene poner sobre la mesa algunos papeles interesantes: las tres provincias donde sucedieron dichas tragedias están comandadas por mandatarios que están enquistados en el vértice del Estado desde hace varios almanaques. En Jujuy, Eduardo Fellner ha sido jefe del Ejecutivo en dos tramos: 1998-2007 y 2011-actualidad (y va por la reelección), José Alperovich es la máxima autoridad política en Tucumán desde el 2003 hasta la fecha, y Gildo Insfrán, empecinado en triturar cuanto Guinness político se le presente, se encamina a su sexta gestión consecutiva en Formosa. Ergo: estamos <b>hablando de dirigentes alérgicos a la alternancia y con una gran capacidad para conservar sus respectivas parcelas de poder.<span id="more-93"></span></b></p>
<p>¿Cómo lo hacen? Con una colonización extrema del andamiaje estatal. Diluyen los tres poderes republicanos en uno solo, homogéneo, compacto e impermeable a los intereses de la ciudadanía. Borran con nepotismo la <i>accountability </i>horizontal. Y <b>entablan un aceitado sistema de vasallaje moderno, donde cada funcionario vela por la salud política del gobernador y este, a su vez, le garantiza a cada uno seguridad, protección y libre albedrío para hacer negocios privados con las arcas públicas</b>. Enriquecimiento que les permite agregar varios ceros a sus cuentas bancarias, pero también les sirve para alimentar un mecanismo clientelar de profunda capilaridad en el tejido social.</p>
<p>Y este último elemento es una de las piezas claves para comprender la sostenibilidad de estos regímenes autocráticos. Las sociedades de estas provincias se caracterizan por carecer de una robusta clase media y una movilidad social significativa. O sea, se abre un terreno sociológico fértil para implantar relaciones paternales entre la cúspide de la pirámide y los sectores populares. Vínculo que pende de un hilo delgado y que en situaciones críticas puede resquebrarse. Ejemplo ostensible fue la respuesta a un inundado de la legisladora nacional y esposa de Alperovich, Beatriz Rojkés: “Yo tengo 10 mansiones, no una, y estoy acá. Yo puedo estar en mi mansión ahora, pedazo de animal, vago de miércoles”.</p>
<p><b>Envuelve esta metodología un aparato represivo afilado y domesticado para aplastar cualquier síntoma de disidencia</b>. A veces legal, como la policía tucumana -herencia directa de los años de plomo de Antonio Bussi-, que demostró su talante autoritario en las marchas de plaza Independencia, y otras veces paraestatal, como las fuerzas pretorianas de la organización Tupac Amaru en Jujuy, hoy bajo la lupa por la muerte del radical Ariel Velásquez (21). En Formosa, como anticuerpo a la persecución sistemática que vienen sufriendo los pueblos originarios por parte de las “milicias” de Insfrán, ha surgido el liderazgo del cacique Qom Félix Díaz, una oportunidad de diálogo, paz y pluralidad. Justamente, por estos días, diversas agrupaciones están promoviendo su candidatura al Premio Nobel de la Paz, iniciativa que preocupa en el centro de operaciones provincial.</p>
<p>A sabiendas de este delicado diagnóstico, Scioli ha puesto como capataz regional a la esperanza blanca del peronismo: el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Un cuadro que, a diferencia de sus correligionarios, destaca por sus ansias modernizantes (fue el primero en instalar, en el 2013, el sistema de boleta única electrónica en la capital), su apertura al diálogo y su juventud (aunque vale aclarar que va por su tercer período). Resta saber si podrá poner paños fríos a la situación y amansar al barrio septentrional. Las elecciones que se avecinan en el Chaco serán un buen termómetro para saber en qué estado se encuentra su labor.</p>
<p>Pero, en todo caso, lo que debería revisar en algún momento el ex motonauta es la anatomía de este poder que baja del norte. Y no solo por una cuestión de ética o convicciones democráticas, sino también por los daños que le causan a sus pretensiones. <b>Estos enclaves peronistas terminan siendo un boomerang: le brindan instantáneas triunfales, recursos y territorialidad, pero están repletos de costos políticos que él, como flamante líder del espacio, debe asumir como propios</b>. “Hay sumas que restan”, habría que recordarle. Levantar un Herminio Iglesias cada semana es extenuante, por no decir inviable electoralmente.</p>
<p>Claro que el gobernador tampoco dispone de muchas cartas en esta mano. La otra opción sería encuadrarse en el cristinismo. Pero, además de ser tarde para adquirir el <i>ethos </i>camporista, abrir esa puerta le impediría crear su propio “ismo”, salto gramatical que está obligado a dar si desea tomar realmente las riendas del país. No en vano, CFK intenta licuarlo en el Frente para la Victoria en cada ocasión que se le presenta: “La campaña no es contra Scioli, es contra el FPV”, advirtió días atrás. La presidenta es consciente de que, en estas tierras, la libertad de acción se devuelve -tarde o temprano- con parricidio político. Eduardo Duhalde sabe algo de eso.</p>
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		<title>Peronismo bajo cero</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Aug 2015 09:36:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A pesar de las denuncias de fraude, la quema de urnas y otros incidentes de envergadura,<b> </b>Juan Manzur será el próximo parquero del jardín de la república. Hecho que le da continuidad a la experiencia Alperovich y, en simultáneo, le agrega otro poroto a Daniel Scioli en su doble carrera: ganar las elecciones nacionales y, consecuentemente, convertirse en el paladín del peronismo. Dos desafíos intensamente ligados: sin el primero no podrá lograr el segundo y a la inversa.<b></b></p>
<p>Pero, principalmente, el triunfo en Tucumán del antiguo ministro de Salud de la nación pone de relieve que las placas tectónicas del peronismo a escala nacional se están moviendo. En el seno de la colosal maquinaria, la correlación de fuerzas se está alterando: <b>El cristinismo radioactivo está siendo desplazado, lentamente, por el sciolismo zen.</b></p>
<p>Y lo que ofrece esta planta de reciclaje ideológico denominada justicialismo para esta nueva época es otro perfil de políticos: más plásticos, menos tajantes. Distanciados de la lógica polarizante que implantó el kirchnerismo, los cuadros peronistas -Juan Manuel Urtubey, Omar Perotti, Daniel Scioli, Alberto Pérez, Juan Manzur, por citar algunos- que se aprestan a tomar el timón del país destacan por su impasibilidad, su consensualismo y su moderación.<span id="more-84"></span></p>
<p><strong>A nivel discursivo, las figuras ascendentes poseen una narrativa con escasa densidad ideológica</strong>. Si el kirchnerismo se preocupó -por lo menos, en el plano de las palabras- por anclar al peronismo a la izquierda del espectro, esta nueva saga de jefes despunta tanto por su imprecisión conceptual como por su ambigüedad axiológica. Fe, esperanza, desarrollo, inversión, empleo y previsibilidad son parte de un vocabulario circular, superficial y exento de potenciales rispideces. Evitar el conflicto parece ser el objetivo primordial. De esta manera, se pretende evaporar las fronteras que producen las ideas precisas y dejar sentada la intención –en un futuro cercano– de repatriar a todos aquellos excomulgados, como por ejemplo, Juan Manuel de la Sota, Felipe Solá o los hermanos Rodríguez Saá.</p>
<p>Vale aclarar que <b>lo que tiene de tolerancia este peronismo bajo cero con antiguos compañeros de armas, lo tiene de purista</b>. El sciolismo, a diferencia del kirchnerismo, no está dispuesto a ceder rincones de poder a actores ajenos -léase comunistas, socialistas, radicales, neofrepasistas, etcétera- al macrouniverso del general. Como todo partido <i>catch all</i>, la puerta está abierta, pero para ocupar las butacas del fondo. Nada de volante, protagonismo o puestos relevantes. Llevándolo a lo empírico: olvídense de la posibilidad de orquestar, como lo hizo CFK, un Martín Sabatella como vicegobernador de la provincia de Buenos Aires.</p>
<p>Acercando el diván, también se puede hacer un análisis psicológico de esta camada de dirigentes. Scioli y sus copilotos prefieren el frío del silencio antes que el ruido del histrionismo. No dejan entrever su estado emocional. Son introvertidos. Tímidos. El sosiego es su herramienta principal para desandar el día a día. Nada de épica ni sobresaltos. En el gris de la rutina está su capital político. Por eso, uno de los valores añadidos que han escogido para mostrarse como superación del kirchnerismo ha sido la previsibilidad, rasgo que cotiza bajo en un país adicto a los movimientos pendulares. Aunque, luego de la adrenalina de estos doce años, la ciudadanía -decodifican ellos- reclama una buena dosis de clonazepam.</p>
<p>Una duda que flota en el aire sobre este peronismo emergente es su postura frente al pasado. Si el kirchnerismo alumbró el costado romántico de los setenta, resta saber si el ala que conduce Scioli, en caso de llegar a Balcarce 50, equilibrará la balanza revalorizando la otra página del justicialismo -el Perón herbívoro, el abrazo con Ricardo Balbín, la CGT unificada- en esa década. Tabúes como el asesinato de José Rucci o la “experiencia Isabelita”, ¿serán tamizados desde otro ángulo? La respuesta rematará otro interrogante colindante: <b>¿Qué lugar ocuparán los organismos de derechos humanos, sobre todo las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en el flamante Gobierno? ¿Marginalidad o balcón en la Rosada? </b>Esa es la cuestión. En todo caso, la retórica futurista del gobernador arroja una pista: No mirará demasiado por el espejito retrovisor de la historia.</p>
<p>¿Convergencias entre el peronismo en ebullición (kirchnerismo) y el peronismo bajo cero (sciolismo)? Varias. La primera: el patrimonialismo. <b>La obsesión por ensanchar las arcas personales mediante el uso -directo e indirecto- de bienes públicos es una tendencia </b><strong>que, como se observó la semana pasada con la declaración jurada de Scioli (en los últimos ocho calendarios su fortuna se multiplicó por nueve), atraviesa a los dos bandos</strong>. La encarnadura de la totalidad del poder en una sola persona, el verticalismo como elemento cohesionador y ordenador del movimiento, la vocación permanente de tener la sartén por el mango y la falta de compromiso con las instituciones republicanas, completan el juego de espejos.</p>
<p>La garantía de gobernabilidad podría ser otra similitud, pero esa respuesta solo la tienen el porvenir y el kirchnerismo, porque otra pregunta que queda en el tintero es cómo digerirá el cristinismo su mudanza del núcleo al borde del peronismo. ¿Sabrá ceder la centralidad del movimiento? Si la sentencia es negativa, será momento de ajustarse nuevamente los cinturones: El país es muy sensible a las turbulencias del justicialismo, a tal punto que suele metabolizarlas en accidentes democráticos.</p>
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		<title>Una campaña electoral híbrida</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Aug 2015 03:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Los dos presidenciables con mayores chances, Mauricio Macri y Daniel Scioli, empiezan a desandar una campaña compleja, donde el condicionante temporal (la reflexión, como valor político, hace tiempo que fue sustituida por los reflejos y el olfato) es solo una de las piezas a encajar en este tetris. También están el factor discursivo (qué se dice) y los dispositivos (cómo se dice) por donde se encauza el mensaje escogido. Sobre este último haremos hincapié en este breve artículo.</p>
<p>Sobre el ocaso de los años noventa, estaba claro que los candidatos debían conjugar la clásica recorrida territorial -actos, timbrazo, caminatas, afiches callejeros, carteles, etcétera- con la presencia en los medios de comunicación tradicionales -televisión, radio y gráfica. Era prácticamente un imperativo proselitista: de la calle al estudio y viceversa.</p>
<p><b>En el siglo XXI se añadió otra arena comunicacional: el mundo en línea.</b> Un espacio que, si bien aún no se sabe con exactitud su efecto concreto, se está volviendo crucial al momento de conectar con la ciudadanía. Ejemplo tangible -y pionero- fue el de Barack Obama en el 2008, con su campaña triple <i>o</i>: Obama <i>online operation</i>, que incluía la movilización de ciberactivistas, el debut político de Twitter y la difusión de la página oficial del demócrata.<span id="more-78"></span></p>
<p>Pero lo interesante de este tipo de campañas multinivel o tridimensionales es cómo se compatibilizan con el candidato la estructura partidaria que lo sostiene, su tradición, sus recursos (materiales, simbólicos y humanos) y sus objetivos. Veamos el caso argentino actual.</p>
<p>Comenzando con Daniel Scioli. Está claro que el esqueleto del Partido Justicialista, formal (institucional-gubernamental) e informal (institucional-partidario), con diferentes tonalidades y volumen, se extiende desde Ushuaia a La Quiaca. <b>Sin duda, es el principal tejido político del país. Por ende, es comprensible que la apuesta fuerte de la fuerza sea emplear esas arterias comunicacionales para impulsar a su líder</b>. Karina Rabolini, Alberto Pérez, Cristina Álvarez Rodríguez, por mencionar algunos de los laderos del gobernador, se distribuyen los cuatro puntos cardinales. Sobre ellos, el ex motonauta sobrevuela y refuerza los bastiones más raquíticos.</p>
<p>En segundo término, está el andamiaje comunicacional estatal. Televisión, radio y prensa paraestatal (privada, pero sustentada mayoritariamente con publicidad oficial) son los satélites que propagan las actividades realizadas por Scioli y, además, dan rienda suelta a un equipo multidisciplinario (encuestadores, analistas, intelectuales, periodistas, etcétera) que propaga su línea de pensamiento. <b>Engranaje que pone de relieve la utilización de bienes públicos para fines electorales, una distorsión republicana característica de la mayoría de los oficialismos en el país.</b></p>
<p>Y luego aparece el mundo cibernético. Con más recelo que entusiasmo (el ciberactivismo está reemplazando lentamente a la militancia tradicional, lo que supondría un cambio drástico en las matemáticas del poder),<b> el peronismo hace lo mínimo e indispensable para dar el presente en esta esfera. </b>No se anima a jugar ni a innovar con estos nuevos “chiches”. Asume una actitud conservadora, que la maquilla con ese axioma tan propio de la <i>realpolitik</i>: “el cara a cara con el compañero es lo que cuenta; lo demás, hechicerías de la posmodernidad y la pospolítica”.</p>
<p><b>El edificio PRO es exactamente al revés. Su dinámica empresarial, el perfil de sus militantes y su obsesión por el futuro (¿consecuencia de carecer de un pasado político contundente?) sumergen a la tropa de Mauricio Macri en las aguas de la web</b>. Gobierno abierto, webs interactivas con poca densidad textual, contenidos coordinados por <i>comunity managers,</i> un ejército considerable de twitteros, spots diseñados exclusivamente para el ciberespacio, por citar algunos ejemplos, son las herramientas comunicacionales que sobresalen en la actividad proselitista amarilla.</p>
<p>Bien pegado, está la presencia mediática. El PRO capitalizó muy bien el conflicto entre <i>Clarín</i> y el kirchnerismo. Supo vislumbrar el boquete que se abría en el conglomerado para erosionar al oficialismo y, de paso, montar su mensaje. La maniobra fue fundamental para equiparar (o, hasta incluso, superar) el peso comunicacional del aparato estatal.</p>
<p><b>Y, en última instancia, está el territorio. Consciente de sus limitaciones, el PRO decidió acceder a este a través de la mediatización de la Unión Cívica Radical</b>. Sobre la estructura del partido centenario, recorre el país. La jugada es acertada, pero también contiene sus bemoles: el capital político que se gana ante cada exposición se comparte con los de boina blanca, lo cual en un futuro podría derivar en un empoderamiento del espacio de Ernesto Sanz y en una competencia más pareja entre ambos partidos políticos por la representación de un mismo electorado.</p>
<p>Ambas estrategias sintetizan perfectamente la genética comunicacional de las campañas en el país: un híbrido que detenta tanto herramientas y soportes clásicos como modernos. Los resultados que arrojen las urnas, en cierta medida -no hay que olvidar otros factores gravitantes como el discurso, la correlación de fuerzas, la ingeniería del sistema electoral, entre otros-, precisarán si la Argentina ya puso el primer pie en las cibercampañas o si, por el contrario, aguarda las huellas de la historia para pegar el salto.</p>
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		<title>Cristina, Daniel y la muralla china</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Jun 2015 04:57:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Primero, fue un Caballo de Troya cargado de legisladores de La Cámpora en la legislatura bonaerense. Fracasó. De la mano de José Ottavis, vicepresidente de la Cámara de Diputados, los cuadros juveniles fueron los primeros en apostar por Scioli a la Nación. El segundo intento de cerco se llamó Gabriel Mariotto. También falló. El vicegobernador, otrora crítico acérrimo del número 9 de La Ñata, hoy es el <i>surfer</i> número uno de la ola naranja. Ahora, es el turno del apóstol incondicional de Cristina Fernández, Carlos “el Chino” Zannini.</p>
<p>L<strong>a Presidenta entró –antes de lo esperado– en la campaña. Y lo hizo, como sabe, convulsionando la agenda.</strong> CFK entiende, como pocos en la política criolla, la naturaleza del poder. A lo largo de estos ocho años, ha demostrado una habilidad inusitada para mantener firmes las riendas en sus manos. La configuración del binomio Daniel Scioli-Carlos Zannini es otra prueba rotunda. “La Jefa” comprendió que la mejor forma de evitar el síndrome del pato rengo no es ni contemplar ni arbitrar la contienda electoral, sino jugarla. Estar en la cancha. Embarrarse.</p>
<p>La maniobra no termina ahí. A Cristina le preocupa –y mucho– el futuro. Especialmente del 10 de diciembre en adelante. Por eso, en caso de un triunfo del candidato oficialista, el objetivo primordial  del “Chino” será sitiar a Scioli. <strong>Oficiar de muralla, para que este último no le tome el gustito al bastón presidencial y ponga en riesgo el “operativo retorno” en el 2019.</strong> Mantenerlo a una distancia considerable de esa colosal maquinara de poder llamada PJ: liga de gobernadores, CGT y barones del conurbano. Que no llegue a colonizarla, y si es posible, ni a tentarla con la chequera. CFK sabe con qué bueyes ara.</p>
<p>Si la voluntad popular acompaña, lo secundarían en la albañilería de dicho muro, Máximo Kirchner,  Axel Kiciloff y Eduardo Wado de Pedro. <strong>El tridente camporista encabezará las listas de candidatos a diputados nacionales por Santa Cruz, Capital Federal y provincia de Buenos Aires, respectivamente.             </strong></p>
<p>Ahora, ¿quién es el encargado principal de esta misión?  A contra natura del Gobernador, Carlos Zannini, Secretario Técnico y Legal de la Presidencia, desde el minuto cero del kirchnerismo hasta hoy, es un cuadro político proveniente de la militancia revolucionaria. Integrante de la Vanguardia Comunista (actual PRML), fuerza de orientación maoísta, estuvo preso –junto a otras figuras resonantes, como Jorge Taiana, Carlos Kunkel y el socialista Alfredo Bravo– durante el gobierno de Isabelita y la última dictadura militar (1974-1978). En los ochenta, con la llegada de la democracia, calmó sus ansias de insurrección y trabajó en un frigorífico mientras finalizaba sus estudios de abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba. Promediando el alfonsinismo, se mudó a Río Gallegos. Ahí conoció, a través del entonces chófer Rudy Ulloa, al matrimonio Kirchner. <strong>La relación, sustentada en una profunda confianza – tanto persona como política–, se mantiene  hasta el presente. ¿Su secreto? Un perfil bajo que raya el esoterismo.</strong></p>
<p>Su última tarea fue entrenar a Florencio Randazzo para que le haga de sparring a Scioli en la interna del Frente para la Victoria. Plan que terminó en un <i>affaire. </i>La jefa del Ejecutivo, en otra muestra de fortaleza, a horas del cierre de listas, le bajó el pulgar al hombre de los trenes. Como premio consuelo, le ofreció la provincia de Buenos Aires. El ministro del Interior y Transporte la rechazó. Prefirió cumplir con su palabra que traccionar electoralmente, desde el distrito más grande del país, la candidatura del ex motonauta. Afuera del kirchnerismo, reconocieron su coherencia; adentro, Aníbal Fernández empezó su crucifixión el viernes, tildándolo de <i>singlista.</i></p>
<p>Cristina, con la inclusión de su ladero en el tándem presidencial, terminó de polarizar el mapa electoral. Dos discursos antitéticos atravesarán la contienda: el populista, encarnado en el Frente para la Victoria, y el republicano, personificado en el frente que encabeza Mauricio Macri, que, en función de esta dicotomía, terminó optando por Gabriela Michetti para condensar una propuesta 100% PRO. D<strong>os interpretaciones de la democracia: una que hace hincapié en su carácter sustantivo, el bienestar de la mayoría, y otra que pone el foco en su funcionamiento, respeto de las reglas y las instituciones.  Escenario que habían pronosticado dos intelectuales de envergadura, como Juan José Sebreli y Ernesto Laclau.</strong></p>
<p>Pero éste no será el único combate. En paralelo, se desarrollará la lucha intestinal del peronismo, protagonizada por la escuadra naranja y el kirchnerismo de paladar negro. Claro que no será televisada ni supeditada al mandato de las urnas. No. Será silenciosa.  Hermética. De entrecasa, como les enseñaron Néstor y Cristina. Y, sobre todo, como nos tiene acostumbrados el justicialismo, con final abierto.</p>
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