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	<title>Gonzalo Sarasqueta &#187; Frente para la Victoria</title>
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		<title>Entre el ingeniero y el Cuervo, la política</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2015 03:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Fecha: 31 de octubre de 2012<b>. </b>Con el dedo levantado, la garganta encendida y una arenga de barricada, el diputado nacional Andrés Larroque trona: “Nunca escuché en la historia hablar de narcosocialismo”. La Cámara Baja se transforma en una caldera a punto de reventar. Vale todo. Insultos cruzados entre los legisladores. El presidente Julián Domínguez pidiendo —en vano y sin autoridad— calma. Silbidos. Más descalificaciones. Y, como si fuera poco, con una sonrisa altanera, el Cuervo ultima: “Ustedes son esclavos de las corporaciones”. El recinto termina de convertirse en una gallera.</p>
<p>Tres años y veintitrés días después, Mauricio Macri agradece por doquier. “Esperanza, “juntos” y “alegría” son las muletillas que pueblan su discurso. A continuación, llueven globos de todos los colores. El dj sacude con Tan Biónica a Patricia Bullrich y Diego Santilli. El Presidente electo saca de la galera un swing inédito. Difícil de superar. Una mezcla de Mick Jagger y Michael Jackson con algunos retazos de Gilda. Alfredo de Angeli, estático, sabe que esta parte de la película no es su fuerte. Abajo, oficinistas sub 40 acompañan con un pogo sincronizado. Rebota el pabellón 6 de Costa Salguero. El país mágico está al palo.</p>
<p>Dos instantáneas de la Argentina. Dos relatos en búsqueda del sentido común de la ciudadanía. <b>Dos interpret</b><b>aciones de la política: una que puso, permanentemente, el dedo en la llaga del conflicto y otra que decodifica a la democracia como la posibilidad del consenso absoluto.</b> El domingo, ante dicha bifurcación, la mayoría escogió el segundo tramo para recorrer los próximos cuatro años. ¿Agotamiento? Puede ser: fueron doce almanaques a pura adrenalina.<span id="more-151"></span></p>
<p>Desde diferentes rincones del edificio social, se venía reclamando bajar los decibeles. Periodistas, intelectuales, dirigentes de la oposición y hasta sectores del mismo kirchnerismo pedían tolerancia. Más oxígeno. Más espacios para el disenso. El debate, en los últimos años, había mutado en una especie de riña donde se medía quién tenía el agravio más filoso. Y vale la pena señalar que esta lógica no fue patrimonio exclusivo de una fuerza política. Si bien es cierto que el Frente para la Victoria, quizás obnubilado por la pluma de Ernesto Laclau, armó el cuadrilátero, pocos de la ribera de enfrente rechazaron la propuesta de calzarse los guantes, morder el bucal y subir a probar suerte al ring. Casi todos tuvimos nuestro round. Algunos más que otros, seguro, pero la autocrítica vale para el conjunto.</p>
<p>Pero parece que esa dinámica es pretérita. Como lo dejó en evidencia el <i>speech</i> dominical de Macri, los vientos están cambiando de dirección. El futuro inquilino de la Casa Rosada, en el medio de la euforia, aseveró —alrededor de cinco veces y de manera distinta— que va a “gobernar para todos”. ¿Es posible? ¿Sin jerarquizar demandas? ¿A favor de todos, en contra de nadie?</p>
<p><b>La narrativa consensual que crece sobre los cascotes del kirchnerismo es tan perjudicial para la democracia vernácula como aquella que esgrimían Cristina Kirchner y sus huestes</b>. Negar el conflicto es ni más ni menos que impugnar la política. Todo entramado social plural está supeditado al choque de intereses contrapuestos. Es sencillo de comprender: mientras haya desigualdades, la tensión siempre va a dar el presente. ¿De un tirón, sin ser aguafiestas? El conflicto permanecerá entre nosotros mientras haya personas que piensen que merecen algo y no lo tienen.</p>
<p>Como la economía existe para solucionar el problema de la escasez (en un pueblo donde todo fuera abundante no sería necesaria), la política se presenta ante nosotros como una herramienta para solventar los enfrentamientos (en una sociedad donde todo fuera armónico prescindiríamos de ella). Su función cardinal es mantener esas colisiones dentro del campo de las instituciones democráticas, la <i>Constitución</i> y la palabra, e impedir que se llegue a la instancia de la coacción física.</p>
<p>El silencio levanta sospechas en democracia. Siempre. Y con razón. Por más que no se las mencione, las disputas siempre están latentes. Listas para transformarse en pugnas concretas. Se inician, se coagulan y, dependiendo de la cintura de los líderes políticos, sociales o sindicales, se descomponen rápida o lentamente. Sin duda, el proceso de desarme de cualquier conflicto se inicia con su identificación. Nombrándolo. Mapeándolo. Colocándolo en la agenda. De ahí la importancia de interpretar a los discursos como proyectores de un orden social, cultural y político. De ahí la relevancia de parar las antenas cuando nos quieran endulzar los oídos con diálogo, optimismo y frenesí para todos.</p>
<p>La política es bipolar por antonomasia. En su seno habitan tanto el conflicto como el consenso. Los estadistas son aquellos líderes con hocico para olfatear en qué momento darle cuerda a uno o a otro. El flamante jefe del Ejecutivo, en el postescrutinio, en lo que podría definirse como el minuto cero de su gestión, cayó en una simplificación que orilló con la demagogia. Claro que a contramano de Cristina. Mientras la abogada opta por el guion dicotómico schmitteano (amigo-enemigo), el ingeniero se compenetra con un libreto carente de adversarios, obstáculos y fricciones. La diferencia radica en que, para la primera, el poder comienza a ser una nostalgia y, para el segundo, un horizonte. Ergo: está a tiempo de encontrar el equilibrio.</p>
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		<title>Una incubadora llamada progresismo</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Sep 2015 03:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En el 2011, la cosmovisión progresista, encabezada por Hermes Binner, recaudaba el 16 % de los votos. Cuatro calendarios después, la cosecha en las PASO osciló entre el 3 % y el 4 %. Números que, además de estacionar a Margarita Stolbizer lejos del podio presidencial, de cara al 2016, ponen en jaque al esqueleto legislativo del espacio en los tres niveles: municipal, provincial y nacional.</p>
<p>Pero más allá de la introspección que haga la socialdemocracia autóctona sobre su performance electoral, la sociedad debería ponerle el ojo al destino de esta fuerza. <b>Salir del microclima polarizante, impuesto por el Frente para la Victoria y Cambiemos, tomar una bocanada de aire fresco y reflexionar sobre la utilidad que tiene para el sistema democrático la presencia de una centroizquierda voluminosa, ágil y vigorosa en el Congreso</b>.</p>
<p>Cuando es leal a su <i>ethos</i> reformista, el progresismo tiene la capacidad de inyectar en la agenda pública problemáticas inéditas, que son ignoradas por la vorágine de la coyuntura, escondidas por poderes fácticos de considerable espesor o, directamente, estériles para la dirigencia política, ya que no implican réditos electorales en el corto plazo. ¿Un popurrí al vuelo?<span id="more-106"></span></p>
<p>En los años ochenta, los juicios a las cúpulas militares de la última dictadura. Aunque entre el 60 % y el 80 % del tejido social aprobaba subir las botas a los estrados de la Justicia, la originalidad del alfonsinismo fue transformar ese consenso ciudadano en política de Estado, a pesar de la reticencia de dos instituciones gravitantes: las Fuerzas Armadas y el Partido Justicialista, que apostaba por la amnistía de los castrenses (Ítalo Luder había declarado que, en caso de llegar al Gobierno, respetaría la ley de pacificación nacional decretada por los uniformados). Luego, con las leyes de punto final y obediencia debida, el avance hecho por el presidente radical quedó cojo. Aun así, el precedente ya estaba sentado: en democracia, las armas también rinden cuentas.</p>
<p>La ley de divorcio vincular (23.515.), promulgada en 1987, fue otro aporte de la década del ochenta. También impulsada por el chascomusense. Y, al igual que en los años cincuenta, cuando fue fomentada por Juan Domingo Perón (ley ómnibus), también fue resistida por una institución poderosa como la Iglesia Católica y por una porción importante de legisladores. La nueva normativa se acopló a nuestras costumbres y, a pesar de los presagios dantescos vertidos por parte de la congregación eclesiástico, no ardió ninguna Babilonia, la gente se sigue casando y la familia continúa siendo la viga estructurante del edificio social.</p>
<p><b>Durante los noventa la acción del progresismo fue reactiva</b>.<b> Básicamente, se dedicó a plantar un dique de contención frente al embate neoliberal</b>. Desde la soledad de su banca en diputados, el socialista Guillermo Estévez Boero advertía las consecuencias que acarrearía el desguace del Estado. Pronósticos que, en este caso, tuvieron su correlato con la realidad: El mercado trituró los sectores públicos estratégicos -fondos de previsión social, recursos naturales, transporte, salud, educación-, abriendo una brecha de desigualdad que se fue incrementando hasta romper las costuras del sistema político-económico en el 2001.</p>
<p>Como atenuante al flagelo de esa pobreza galopante, el economista Rubén Lo Vuolo y aquella Elisa Carrió que, por entonces, secundaba a Alfredo Bravo en su lucha por los derechos humanos, esbozaron los cimientos de lo que sería la asignación universal por hijo (AUH). Un plan social netamente progresista que, a pesar de sus deficiencias, ha producido unos resultados contundentes y se ha ganado el mote de incuestionable. Hoy toda la góndola política lo defiende con uñas y dientes.</p>
<p>En diciembre del 2005, el diputado socialista Eduardo Di Pollina y la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) presentaron por primera vez en el Parlamento un proyecto de ley para que se permitan los matrimonios entre personas del mismo sexo. No tuvieron eco. Pero se plantaron. Insistieron. Y el premio llegó: <b>El 15 de julio de 2010, Argentina fue el primer país de América Latina en reconocer este derecho en todo su territorio nacional</b> (la ciudad de México D.F. lo había logrado en diciembre del 2009).</p>
<p>La lista podría seguir con Pino Solanas señalando la importancia de estatizar YPF, preservar los glaciares y recuperar los ferrocarriles (antes de la tragedia de Once). Todos <i>issues</i> que, al igual que los anteriores, cuando emergen a la superficie del debate público, son incómodos porque mueven las placas tectónicas del sentido común.</p>
<p>Y esto último parece ser la <b>función vital del progresismo en nuestra estructura democrática: ser una fuerza, obstinadamente, contracíclica</b>. A contracorriente de lo “políticamente correcto”. Alérgica a la zona de confort que ofrecen las encuestas. Su responsabilidad radica en incubar aquellas demandas sociales invisibles para el grueso de la dirigencia y colocarlas en la cadena de montaje institucional. Aun sabiendo que, en dicho momento germinal del proceso, los costos superarán a los beneficios. Y que estos últimos, probablemente, terminarán siendo capitalizados política o electoralmente por una subjetividad ajena a la familia de la centroizquierda. Ese es su nudo gordiano y, al mismo tiempo, su mejor carta de presentación.</p>
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		<title>Los siameses Daniel y Mauricio</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Sep 2015 10:12:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El escenario electoral actual ofrece dos niveles de análisis. Si elegimos el lente sin aumento para decodificar la realidad, observamos que hay una polarización imperante entre dos fuerzas: Cambiemos y Frente para la Victoria. Enfrentamiento que, básicamente, reposa en las diferencias que habitan en la genética de las estructuras (recursos, comunicación, militantes, estética, desarrollo territorial,... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/09/08/los-siameses-daniel-y-mauricio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El escenario electoral actual ofrece dos niveles de análisis. Si elegimos el lente sin aumento para decodificar la realidad, observamos que hay una polarización imperante entre dos fuerzas: Cambiemos y Frente para la Victoria. Enfrentamiento que, básicamente, reposa en las diferencias que habitan en la genética de las estructuras (recursos, comunicación, militantes, estética, desarrollo territorial, etcétera) que impulsan a los dos candidatos de mayor fuste y en sus respectivas tradiciones (el macrouniverso del peronismo y el club del liberalismo autóctono).</p>
<p><b>Pero si escogemos el microscopio y lo colocamos sobre el tipo de liderazgo que ejercen Daniel Scioli y Mauricio Macri, la dicotomía le deja su asiento a la homogeneización. </b>Ambos aspirantes, por más que le duela al círculo rojo y al kirchnerismo progresista leal a las directrices de CFK, poseen numerosas similitudes. Y no solo en su visión económica (los dos equipos económicos afirmaron que, después del 10 de diciembre, será ineludible sentarse a negociar con los fondos buitres para acceder al crédito internacional), sino también en su muñeca política.</p>
<p>Tanto el cabecilla naranja como el adalid amarillo poseen unos rasgos que el intelectual Joseph Nye (junior) ubicaría en la categoría de liderazgo femenino. Se los percibe dispuestos a colaborar con los demás, intercambian opiniones con adversarios, son integradores (dentro de ciertos márgenes, obviamente) y replican conductas de sus seguidores. Características, por ejemplo, ausentes en CFK, que, siguiendo la estela del teórico norteamericano, paradójicamente, se encuadraría en el liderazgo masculino: firme, competitiva, absorbente y decidida a dirigir la conducta de los demás. Las vueltas del léxico genérico.<span id="more-100"></span></p>
<p><b>Otro atributo que pule el juego de espejos es el escaso </b><b>magnetismo que generan Macri y Scioli. A ninguno de los dos se lo podría etiquetar como carismático</b>. Lo que abre paso a dos perspectivas: una optimista y otra pesimista. La primera, el próximo presidente no contaría con este recurso emocional que, cuando cae en manos equivocadas, puede mutar en autoritarismo, fanatismo o despotismo. ¿El costado negativo? El carisma, bien utilizado, es una herramienta útil para cohesionar voluntades, generar consenso y direccionar los destinos de una nación; o sea, sin él, el futuro primer mandatario deberá respaldarse, exclusivamente, en las instituciones existentes para hilvanar los diferentes acuerdos. Y, como hemos visto en los últimos años, los partidos políticos, la Justicia, el Congreso y las empresas no sobresalen por su fortaleza, su transparencia y su praxis. ¿Será una buena oportunidad para robustecerlos? El interrogante está abierto. La historia muestra que, exceptuando Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928), los presidentes que carecían de “aura” -Arturo Frondizi, Arturo Illia, Fernando de la Rúa, por citar tres- no pudieron concluir sus Gobiernos.</p>
<p>Luego de doce años de discursos con una fuerte impronta ideologizante, los potenciales inquilinos de Balcarce 50 ofrecen una narrativa con la espuma justa. Pocos renglones para la confrontación, ninguna línea para la épica y las batallas culturales. <b>Con el consenso como estandarte, tanto Scioli como Macri prometen un marco dialógico ajeno a la (supuesta) grieta que cavó el matrimonio Kirchner</b>. Esta tesis todavía la tiene que ratificar el gobernador bonaerense con su presencia en los dos debates presidenciales que están programados. Decisión que servirá para detectar si existe -o no- un hiato entre su lengua y los hechos.</p>
<p>Esta obsesión por evitar cualquier pronunciación ideológica introduce a Scioli y Macri en un hiperrealismo que no está exento de tensiones. Aunque lo oculten, tarde o temprano, tendrán que jerarquizar demandas, necesidades y soluciones. Y esa agenda, si no la ofrecen sus discursos, la terminarán materializando sus hechos. De cualquier modo, como en todo juego democrático, brotará el conflicto entre intereses contrapuestos.</p>
<p>La armonía con los grandes medios de comunicación también los une a estos siameses políticos. A la prensa privada -léase <i>Clarín, La Nación, América, Perfil</i>, etcétera- lo único que le preocupa es la influencia que pueda llegar a tener el cristinismo nuclear en una posible gestión de Scioli. Fuera de eso, el periodismo atisba un escenario mucho más amigable, acorde a sus ambiciones y fértil para expandirse, ya que interpretan que la ley de medios, en cualquiera de los dos casos, pasará a ser letra muerta. Incluso, algunos se ilusionan con ser beneficiados con una nueva distribución de la pauta oficial.</p>
<p>Además de un estilo de liderazgo, es vox <i>populi</i> que los dos candidatos comparten una amistad de larga data. Férrea o endeble, esta relación puede llegar a servir de vaso comunicante durante los próximos cuatro años entre el presidente de la nación y el principal jefe de la oposición. Situación inédita por estas latitudes. Y esto es un dato interesante: en un país donde las instituciones -o los contratos formales- no funcionan adecuadamente, este tipo de vínculos informales puede llegar a oficiar de engranaje para que el sistema marche. Lejos de ser lo ideal, claro está. Pero por algo se empieza.</p>
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		<title>El boomerang feudal</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Aug 2015 16:58:36 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Joven de la Unión Cívica Radical (UCR) acribillado en circunstancias misteriosas en Jujuy. Inquisición político-mediática contra el jugador de fútbol más popular del país por opinar sobre pobreza. Piromanía electoral en el jardín de la república. Protesta, represión policial y tres militantes del Partido Obrero presos, también en Tucumán. Y para rematar esta cronología dantesca,... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/08/31/el-boomerang-feudal/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Joven de la Unión Cívica Radical (UCR) acribillado en circunstancias misteriosas en Jujuy.<b> </b>Inquisición político-mediática contra el jugador de fútbol más popular del país por opinar sobre pobreza. Piromanía electoral en el jardín de la república. Protesta, represión policial y tres militantes del Partido Obrero presos, también en Tucumán. Y para rematar esta cronología dantesca, la senadora nacional del Frente para la Victoria (FPV), Beatriz Rojkés, amplía su antología de frases descarnadas justificando la violencia de género.</p>
<p><b>Tres semanas y monedas pasaron del triunfo en las PASO y Daniel Scioli todavía no pudo pronunciar el lema de su campaña: ¡victoria!</b> Desde el 9 de agosto todo ha sido una migraña para el gobernador. Pálida tras pálida. Y, exceptuando el diluvio que azotó a la provincia bonaerense, todas provenientes de un mismo punto cardinal: el norte. ¿Avatares del destino o causalidad geopolítica?</p>
<p>Para empezar, conviene poner sobre la mesa algunos papeles interesantes: las tres provincias donde sucedieron dichas tragedias están comandadas por mandatarios que están enquistados en el vértice del Estado desde hace varios almanaques. En Jujuy, Eduardo Fellner ha sido jefe del Ejecutivo en dos tramos: 1998-2007 y 2011-actualidad (y va por la reelección), José Alperovich es la máxima autoridad política en Tucumán desde el 2003 hasta la fecha, y Gildo Insfrán, empecinado en triturar cuanto Guinness político se le presente, se encamina a su sexta gestión consecutiva en Formosa. Ergo: estamos <b>hablando de dirigentes alérgicos a la alternancia y con una gran capacidad para conservar sus respectivas parcelas de poder.<span id="more-93"></span></b></p>
<p>¿Cómo lo hacen? Con una colonización extrema del andamiaje estatal. Diluyen los tres poderes republicanos en uno solo, homogéneo, compacto e impermeable a los intereses de la ciudadanía. Borran con nepotismo la <i>accountability </i>horizontal. Y <b>entablan un aceitado sistema de vasallaje moderno, donde cada funcionario vela por la salud política del gobernador y este, a su vez, le garantiza a cada uno seguridad, protección y libre albedrío para hacer negocios privados con las arcas públicas</b>. Enriquecimiento que les permite agregar varios ceros a sus cuentas bancarias, pero también les sirve para alimentar un mecanismo clientelar de profunda capilaridad en el tejido social.</p>
<p>Y este último elemento es una de las piezas claves para comprender la sostenibilidad de estos regímenes autocráticos. Las sociedades de estas provincias se caracterizan por carecer de una robusta clase media y una movilidad social significativa. O sea, se abre un terreno sociológico fértil para implantar relaciones paternales entre la cúspide de la pirámide y los sectores populares. Vínculo que pende de un hilo delgado y que en situaciones críticas puede resquebrarse. Ejemplo ostensible fue la respuesta a un inundado de la legisladora nacional y esposa de Alperovich, Beatriz Rojkés: “Yo tengo 10 mansiones, no una, y estoy acá. Yo puedo estar en mi mansión ahora, pedazo de animal, vago de miércoles”.</p>
<p><b>Envuelve esta metodología un aparato represivo afilado y domesticado para aplastar cualquier síntoma de disidencia</b>. A veces legal, como la policía tucumana -herencia directa de los años de plomo de Antonio Bussi-, que demostró su talante autoritario en las marchas de plaza Independencia, y otras veces paraestatal, como las fuerzas pretorianas de la organización Tupac Amaru en Jujuy, hoy bajo la lupa por la muerte del radical Ariel Velásquez (21). En Formosa, como anticuerpo a la persecución sistemática que vienen sufriendo los pueblos originarios por parte de las “milicias” de Insfrán, ha surgido el liderazgo del cacique Qom Félix Díaz, una oportunidad de diálogo, paz y pluralidad. Justamente, por estos días, diversas agrupaciones están promoviendo su candidatura al Premio Nobel de la Paz, iniciativa que preocupa en el centro de operaciones provincial.</p>
<p>A sabiendas de este delicado diagnóstico, Scioli ha puesto como capataz regional a la esperanza blanca del peronismo: el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Un cuadro que, a diferencia de sus correligionarios, destaca por sus ansias modernizantes (fue el primero en instalar, en el 2013, el sistema de boleta única electrónica en la capital), su apertura al diálogo y su juventud (aunque vale aclarar que va por su tercer período). Resta saber si podrá poner paños fríos a la situación y amansar al barrio septentrional. Las elecciones que se avecinan en el Chaco serán un buen termómetro para saber en qué estado se encuentra su labor.</p>
<p>Pero, en todo caso, lo que debería revisar en algún momento el ex motonauta es la anatomía de este poder que baja del norte. Y no solo por una cuestión de ética o convicciones democráticas, sino también por los daños que le causan a sus pretensiones. <b>Estos enclaves peronistas terminan siendo un boomerang: le brindan instantáneas triunfales, recursos y territorialidad, pero están repletos de costos políticos que él, como flamante líder del espacio, debe asumir como propios</b>. “Hay sumas que restan”, habría que recordarle. Levantar un Herminio Iglesias cada semana es extenuante, por no decir inviable electoralmente.</p>
<p>Claro que el gobernador tampoco dispone de muchas cartas en esta mano. La otra opción sería encuadrarse en el cristinismo. Pero, además de ser tarde para adquirir el <i>ethos </i>camporista, abrir esa puerta le impediría crear su propio “ismo”, salto gramatical que está obligado a dar si desea tomar realmente las riendas del país. No en vano, CFK intenta licuarlo en el Frente para la Victoria en cada ocasión que se le presenta: “La campaña no es contra Scioli, es contra el FPV”, advirtió días atrás. La presidenta es consciente de que, en estas tierras, la libertad de acción se devuelve -tarde o temprano- con parricidio político. Eduardo Duhalde sabe algo de eso.</p>
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		<title>La cara de Aníbal</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jul 2015 08:00:47 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>7:30 am. Salen los primeros rayos de sol en Plaza de Mayo. Por delante del vallado de Casa Rosada aparece él. Saco, corbata, bigote simétrico y semblante imperturbable. Una docena de periodistas lo acosan con preguntas. Tranquilo, responde a todas: a algunas de forma concisa, a otras, con pirotecnia verbal. El graf del noticiero cambia constantemente. Son treinta minutos de títulos resonantes. Chicanas, aforismos, rabietas y acusaciones de alto voltaje decoran el <i>acting.</i> Ha dado su rueda de prensa el jefe de gabinete de la nación, Aníbal Fernández.</p>
<p><b>El precandidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el Frente para la Victoria es un político sin medias tintas</b>. Según la encuestadora Ibarómetro posee una imagen negativa del 50 % y una apreciación positiva del 42,7 %. Números que ponen a la vista la fisura que provoca su personaje en la opinión pública.</p>
<p>Pero también habría que interrogarse cuántos de esos 50 puntos de rechazo son de su patrona, Cristina Fernández de Kirchner. Porque Aníbal, quizás como pocos jefes de ministros, ha comprendido perfecto su papel como dique mediático de la máxima autoridad del país. Día a día atrapa toda munición periodística dirigida al despacho presidencial. En criollo: es el que pone la cara. Para las inauguraciones, las inversiones, las obras y demás buenas noticias está la jefa. Labor que, evidentemente, no interpretaron muy bien Jorge Capitanich ni Juan Manuel Abal Medina.<span id="more-60"></span></p>
<p>Su carrera comenzó como intendente de Quilmes en 1991. Pero su primer blindaje político-mediático lo hizo como secretario general de Eduardo Duhalde, entre enero de 2002 y mayo de 2003. Ahí, en un contexto de crisis institucional, estrenó la verborragia numérica, el sarcasmo y la elocuencia. Los coletazos del corralito y los asesinatos de Kosteki y Santillán fueron sus primeros retos mayúsculos. Después pasó a estar bajo el ala de Néstor Kirchner. Durante su gestión, terminó de transformar su lengua en látigo. Y, desde el 2007 hasta la actualidad, se vistió de escudero de CFK, ocupó diversos cargos: ministro de Justicia, senador, secretario general de la Presidencia y, en dos ocasiones, jefe de gabinete. Derrotero que pone de relieve su pragmatismo o, siendo más benevolente, su lealtad peronista.</p>
<p>“No te entra una bala”, le confesó alguna vez Alejandro Fantino. Razones hay. Aníbal Fernández tiene cintura mediática. Su retórica gana por conocimiento, ingenio o, la mayoría de las veces, cansancio.<b> Maneja los cuatro soportes comunicacionales: televisión, radio, gráfica y redes sociales. En cada uno impone su impronta: una mezcla de altanería, simpatía y picardía</b>. Y, quizás, lo más importante, nunca pierde los estribos. Sabe alterar los ánimos de su interlocutor sin mostrar una microexpresión de fastidio o una subida de volumen.</p>
<p>El desafío que tiene por delante es bisagra: dejar de ser “el alcahuete de los número uno” -actividad que le encanta, según él- y convertirse en un militante de su propia causa. De súbdito de la nación a patriarca de la provincia más poblada del país. Y en ese salto deberá revisar su libreto. O, mejor dicho, sus modos, si realmente quiere ser el gobernador de todos los bonaerenses y no de una pequeña fracción de admiradores. Exabruptos como “La señora Carrió no tiene los patitos en fila”, “¿Sabe cuál es el problema? Que los porteños pasaron muy rápido de las cacerolas al plasma”, “Macri es un vago, vivió toda su vida de franco” o “Los piqueteros ven una pala y les da fiebre”, no conjugan bien con el sillón de Dardo Rocha.</p>
<p>Claro que Jauretche, Yupanqui, Sócrates, Discépolo, Kant, Cervantes y José Hernández seguirán siendo la materia prima de sus exposiciones. La biblioteca no cambiará. Tampoco el estilo enciclopédico, que incluye desde citar de memoria cualquier ley del <i>Código</i> hasta repetir algún fallo de la Corte Suprema en los últimos 50 años.</p>
<p>Probablemente también continúen los duelos con Magdalena Ruiz Guiñazú, María O&#8217; Donnell y Joaquín Morales Solá, entre otros comunicadores críticos del oficialismo. Porque hay que reconocerlo: Aníbal Fernández -más por ansias de <i>celebrity</i> que por convicciones republicanas- nunca abandonó el ring mediático. Mientras el kirchnerismo se replegaba y hermetizaba, el presidente de la Confederación Argentina de Hockey continuó atendiendo y rindiéndole cuentas -a su manera- al cuarto poder.</p>
<p>Y no solo eso. El kirchnerismo se tomó a sí mismo muy en serio. Su afán por convertir todo acontecimiento -por más nimio que sea- en épica hizo de la política un arte dramático, reacia a toda gracia. El chiste, sin duda, no fue la marca de época. Y Aníbal, en este sentido, fue la excepción. Con sus ocurrencias descomprimió. Bajó la espuma del debate. Mantuvo viva la llama del humor. Y admitámoslo: a más de uno, en medio de la indignación, nos arrebató una sonrisa.</p>
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		<title>Las lecciones comunicacionales de Martín Lousteau</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2015 03:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Diversas lecturas políticas proliferaron sobre el balotaje porteño. La mayoría en jerga nacional: hay vida por fuera de la polarización entre el Frente para la Victoria (FPV) y Cambiemos, Macri llegará debilitado a las PASO y el purismo amarillo tiene límites electorales, inclusive, dentro de la Capital Federal. Pero pocos pusieron la lupa sobre la campaña de Martín Lousteau. ¿Qué hizo este joven economista para ponerle suspenso a una película con final cantado? La respuesta habita en el plano comunicacional.</p>
<p>Para empezar, <b>@GugaLusto -así es la cuenta del líder de ECO en Twitter- propuso un discurso de alto riesgo para los tiempos que corren</b>. Con una opinión pública formateada en clave dicotómica, el chico de rulos apostó a una narrativa de superación, no de confrontación. Tomó los aspectos positivos de la gestión PRO y le añadió las demandas latentes en la periferia de la ciudad: desnutrición infantil, problemas de vivienda, deterioro de la salud pública, inseguridad y cuidado del medioambiente. A cada una de estas críticas la acompañó con una propuesta técnica concreta para resolverla y punto. Diagnóstico, análisis y solución, ecuación sintética. Nada de grandes batallas semióticas ni modelos épicos en pugna.</p>
<p>El volumen lo puso con las denuncias. Lousteau acusó tanto al FPV como al Gobierno de la ciudad de utilizar recursos públicos para fines proselitistas. Con esa increpación se distinguió en la arena de los valores y se posicionó como un estandarte de la transparencia. Y, además, alumbró una problemática de larga data en el país: los oficialismos, sean del color que sea, manipulan el andamiaje propagandístico estatal para estaquearse al poder, lo que anula el principio rector de la democracia, la alternancia en los centros de comando.<span id="more-47"></span></p>
<p>Y sobre esta carencia de aparato, Lousteau forjó su virtud<b>. A sabiendas de que no contaba con los resortes de los medios de comunicación privados ni estatales, enfrascados en el maniqueísmo Daniel Scioli-Mauricio Macri, y consciente de que CABA dispone de una tasa de conectividad alta, se sumergió en las redes sociales</b>. Con creatividad, ingenio y sencillez, implementó una campaña basada en los principales dispositivos del ciberespacio.</p>
<p>Facebook, Twitter, Youtube, Instagram, por mencionar algunas, fueron las plataformas comunicacionales desde donde el diputado nacional interpeló a la ciudadanía. Allí estampó su valencia: evolución. Con producciones audiovisuales de calidad -fotografías simbólicamente poderosas, guiones ocurrentes y participación ciudadana en las filmaciones-, diseños descontracturados e información interactiva, entre otros juguetes cibernéticos, rompió el cerco mediático-estatal y se instaló como un estadio superior del PRO y del FPV.</p>
<p>Para llevar adelante este tipo de campaña, el adalid de ECO contó con un ejército de ciberactivistas que viralizaron sus actividades, sus mensajes y sus <i>spots</i>. Un entramado de adolescentes, jóvenes y adultos que combinaron principios con TICS (tecnologías de la información y la comunicación informáticas), fórmula que empieza a ganar terreno en la política y que, de a poco, va desplazando al militante raso de unidad. Por lo visto, el manejo de los lenguajes y los códigos del mundo 2.0 se está convirtiendo en una condición sine qua non<i> </i>para todo aquel que desee comprometerse con alguna fuerza.</p>
<p>A pesar de esta contundencia en la Red,<b> Lousteau no renunció al cara a cara con los vecinos</b>. Las redes sociales estuvieron escoltadas por la tradicional recorrida por los barrios, los timbrazos, las actividades en los clubes, los actos en instituciones de la sociedad civil y los panfletos esquineros. En otras palabras: conjugó la campaña <i>offline</i> con la <i>online</i>. Armó una simbiosis perfecta entre ambas: reprodujo por internet las actividades en el asfalto y viceversa. Un ejemplo preciso de cómo enlazar el espacio virtual con la realidad para potenciar a un candidato.</p>
<p>Y, como enseñanza adyacente del autor de <i>Economía en 3D</i>, queda su postura frente a las encuestas. Mientras la mayoría de los candidatos cada vez se ata más al humor de los sondeos para determinar su futuro, Lousteau los ignoró y confió en su tacto político para elegir el rumbo. Ante la insistencia de ciertos periodistas del círculo rojo para que se bajara de la contienda porque los guarismos no cuajaban, ratificó -una y otra vez- que su derrotero jamás estaría signado por un informe demoscópico. Y el domingo, en cierta medida, le dio la razón: perdió, pero el horizonte se viste de oportunidad para él.</p>
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